El Comercio
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Fecha: mayo, 2016
Lobos
Antonio Ochoa 28-05-2016 | 10:57 | 0

Las relaciones entre ganaderos y lobos nunca han sido fáciles y eso no va a cambiar en un futuro cercano. Los primeros piensan que la única solución definitiva es el total exterminio de los segundos. Los defensores del lobo piensan que la solución es la completa erradicación de los ganaderos. No se habla de exterminio, de momento, pero sus reses deben quedar como alimento para depredadores. Los lobos no opinan, pero necesitan comer con frecuencia. Es ridículo pretender que se lleven bien, pero puede crearse un marco dentro del que puedan sobrellevarse. Y, evidentemente, este marco ha de ser fruto del consenso, un punto de equilibrio entre intereses contrapuestos y no la imposición de una parte, aunque ésta crea estar en posesión de la verdad absoluta.
Si no han reformado la Constitución sin avisar, vivir lejos de la ciudad no te hace ciudadano de segunda. Ahora bien, cualquier medida de protección supone generalmente una pérdida de derechos, una especie de expropiación encubierta, por la que debes ser indemnizado. Si las limitaciones que imponen al uso de tus terrenos te impide sacarles un rendimiento normal, si especies protegidas destruyen tu propiedad, los responsables de esas medidas deben compensarte por la pérdida y dicha compensación debe estar basada en precios de mercado. Si la expropiación de una finca en Oviedo deja arruinado al Ayuntamiento, no puede, al mismo tiempo, el Principado pretender ocupar las fincas de Fuentes del Narcea a cambio de simples promesas. Especialmente, teniendo en cuenta que, ahora mismo, las promesas políticas cotizan muy por debajo del bono basura. Buenos euros para los especuladores y buenas palabras para los paisanos me parece el colmo de la desvergüenza. Tal vez a los del barrio Utopía de Oviedo la muerte de un ternero les parezca un documental de vida salvaje, pero para un ganadero es una grave pérdida, hayan sido lobos, osos, perros o conejos carnívoros. Tan indefenso le han dejado frente a unos como frente a otros y no tiene porque asumirla por no vivir en la Calle Uría.

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Más madera
Antonio Ochoa 21-05-2016 | 10:21 | 0

Habíamos quedado hartos del culebrón tipo “Juego de Tronos” de la anterior precampaña, campaña, elecciones y postcampaña, creíamos que ya habían acabado todos los episodios y resulta que pretenden volver a ponerla entera desde el principio. Da fatiga sólo de pensarlo. Los niños están aburridos de que los achuchen para las fotos; los vendedores de la plaza están cansados de que les venga a estrechar la mano gente que nunca les compró una lechuga; los tertulianos a sueldo ya han gastado todas sus calumnias y mentiras y necesitan tiempo para inventar otras nuevas; apenas queda dinero en las arcas para echar tres o cuatro parches de asfalto que casi da vergüenza inaugurar y la gente se burla de las promesas. La “clase política” ha agotado todas sus municiones convencionales y no ha conseguido acabar con los plebeyos invasores. Ahora, desde su encumbrado castillo en el que, como los nobles de antaño, habían disfrutado durante décadas de sus privilegios, contemplan asustados como las turbas vuelven a lanzar un asalto contra las murallas.
Pero no se dejarán desalojar de sus cómodos sillones sin resistencia; no renunciarán al coche oficial y al saqueo de las arcas públicas sin sangre. Es la batalla final y todo vale para poner al populacho en su sitio. Sus fieles mesnaderos mediáticos ya han comenzado el bombardeo desde sus torres televisivas y radiofónicas. Sus leales vasallos de infantería van a tener que pelear casa por casa si quieren que les sigan echando las migajas. Y ellos, la élite política que tan sabiamente ha dirigido el país hacia la prosperidad, saltarán a la arena lanzando sus gritos de guerra: “¡Corrupción o muerte!” y “A la cárcel sólo van los pobres!”. Los golpes bajos, las puñaladas traperas, las tretas más sucias y las traiciones más rastreras estarán a la orden del día. ¡Que se preparen todos esos disidentes, porque no saben lo que les espera! Les van a llover palos de todos lados, incluso de los sitios más inesperados e impensables. ¡Más madera. Es la guerra!

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Hortelanos maduros
Antonio Ochoa 21-05-2016 | 10:20 | 0

En sus paseos primaverales tropezará con trocitos de tierra donde las plantas forman en filas y columnas con precisión militar. Jardines mínimos, sí, pero que en nada desmerecen a su pariente de Versalles. Aunque no lo sepa, tiene ante usted un montón de esfuerzos y desvelos, de ilusiones y de amarguras. Está contemplando tardes enteras de frotarse el lumbago y noches enteras de rascarse la cabeza. Está usted, en resumen, ante una huerta asturiana y merece ser observada con respeto y admiración.
La naturaleza de nuestros valles no da sus frutos a cualquiera y no tolera a perezosos ni pusilánimes. Por abundantes que sean las lluvias, por fértil que sea la tierra, siempre exige un riego suplementario de sudor y un buen abonado a base de “cucho”. Y son ambas cosas arduas de conseguir; el sudor, porque hemos dejado atrás la edad y la costumbre; el “cucho”, porque es un subproducto de las explotaciones ganaderas y cada vez quedan menos en los pueblos.
A algunos la pasión hortícola no nos ha acompañado desde la cuna. Nos ha sobrevenido tardíamente, a raíz de la retirada de la anterior generación, y nos ha traído muchas experiencias y algunas frustraciones. Porque puede que el resultado sea muy bonito, pero el proceso no lo es tanto. La postura de cavar, por ejemplo, destroza todas las bisagras. Por otro lado, siempre hay un montón de de hierbajos intrusos que pretenden medrar con nuestro abono y que hay que eliminar, lo que requiere una gran concentración para evitar confusiones y para no causar más daño con los pies que beneficio con las manos. En caso de duda, una pregunta rápida evita problemas; en caso de accidente fatal, un enterramiento rápido evita broncas. Y luego tenemos un ejército de bichejos que se autoinvitan al banquete, cada uno de los cuales debe ser combatido con armas y tácticas diferentes. Es una labor ingrata e interminable, así que la próxima vez que oiga a alguien presumir de sus hermosas lechugas, sea comprensivo y no se ría.

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Repetimos
Antonio Ochoa 04-05-2016 | 7:38 | 0

Se han confirmado los pronósticos. Los españoles no hemos alcanzado los objetivos mínimos del nivel democrático europeo en las últimas elecciones y vamos a tener que repetirlas. No es que no se viera venir. No habíamos estado atentos en clase, no habíamos estudiado, no habíamos hecho los deberes y la cosa salió como salió. No nos queda más remedio que tirar de codos y prepararnos para la convocatoria extraordinaria de junio. Hay que poner al día la Historia (pasada y reciente), las Matemáticas (sumas, restas y divisiones, sobre todo), la Literatura (distinguir un cuento de un ensayo), Geografía (colocar a España en Europa y no en Centroamérica) y algo de Derecho (qué hacer cuando no lo hay, por lo menos). Con eso podría ser suficiente.
Y no es que las preguntas del examen fuesen muy difíciles. Pero con la primera, que era: “¿Quiere usted un país sin corrupción?”, ya nos hicimos un lío. Aparentemente, todos querían contestar que sí, pero resultó que los dos partidos con más casos de corrupción acabaron siendo el primer y segundo más votados. Esto demuestra lo urgente que es que repasemos a fondo las anteriores asignaturas. Necesitamos tener claro lo que pasó en España en las últimas décadas. Debemos saber lo que sucede cuando la Administración gasta más de lo que ingresa y reparte el mucho entre unos pocos y el poco restante entre los otros muchos. Tenemos que distinguir qué parte es noticia y qué parte, manipulación, en lo que sale en los medios. Hemos de ser conscientes de que, aunque geográficamente España está en Europa, democráticamente está más cerca de Panamá que de Dinamarca y seguimos navegando en dirección Oeste a toda velocidad. Y, sobre todo, que los derechos no se heredan ni te los otorga graciosamente el Estado, que nadie tiene más derechos que los que defiende día a día con uñas y dientes y que aquellos que abandonan la lucha los pierden todos rápidamente. Con eso bastará para aprobar, de lo contrario, estaremos condenados a repetir nuestra historia indefinidamente.

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Retorno
Antonio Ochoa 04-05-2016 | 7:37 | 0

Los humanos también sentimos el mismo atávico impulso que empuja a los salmones a emprender un épico viaje contracorriente para que sus hijos vean la luz a la sombra de las mismas montañas que los vieron nacer a ellos. Nosotros también seguimos la orilla de los ríos a contracorriente, hacia arriba en el espacio, hacia atrás en el tiempo, para que nuestros hijos puedan jugar en las mismas callejas que oyeron nuestros primeros pasos. No importa lo lejos que nos haya llevado la vida ni lo rutilantes que brillen las luces de la ciudad, los que nacimos en un pueblo siempre sentiremos el impulso de volver y la añoranza de las noches estrelladas.
Hay, sin embargo, algo amargo en estos retornos. Son muchas más las ocasiones en que acudimos a acompañar en el dolor de una pérdida que a compartir la alegría de una llegada. Cada vez es menor la lista de presentes y mayor la de añoranzas. Cada vez son menos los hilillos de humo que confirman que el corazón del hogar sigue encendido y más las casas que sueñan con los ojos cerrados. Hay una especie en inminente peligro de extinción en esta zona y somos nosotros.
Nuestros antepasados modelaron estas montañas tan profundamente como la lluvia o el viento, tan profundamente como estas montañas los modelaron a ellos. Añoramos nuestra tierra desde la lejanía, pero también ella nos añora a nosotros. No puede sobrevivir sin nuestra mano amiga. Lo vemos en los árboles enfermos y en los prados cubiertos de matorrales. Los que, en nombre de una pretendida “conservación”, ponen trabas innecesarias a las iniciativas de los vecinos favorecen el despoblamiento y destruyen lo que dicen defender. Buen ejemplo de esto son las gentes de Moal, unidas en una piña para conservar vivo su pueblo organizando la carrera Puerta de Muniellos y la Administración poniendo todo tipo de obstáculos. Deberían premiarlos ya como Pueblo Ejemplar y, en vez de ello, los persiguen para proteger a unos urogallos que sólo existen en Oviedo. Es completamente absurdo.

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