El Comercio
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Fecha: octubre, 2016
Allande
Antonio Ochoa 25-10-2016 | 8:18 | 0

Hace unos días, se juntaban en la Pola representantes de las distintas asociaciones que existen en el concejo. Fue una simple reunión informal, una primera toma de contacto para conocerse y hablar. Es un primer paso, pero muy interesante y confío en que tenga continuidad y proyección. En una comarca como la nuestra, la sensación de soledad y abandono puede acabar disuadiendo a la gente que quiere hacer cosas. Saber que otros grupos cerca de tí están peleando por sacar adelante proyectos similares supone un gran estímulo. Si añadimos la posibilidad de intercambiar experiencias, establecer canales de comunicación y colaboración y crear algún tipo de organización que permita seguir haciéndolo en el futuro, no hay duda de que esta idea merece todo nuestro apoyo.
Porque en verdad Allande lo necesita. El despoblamiento es cada vez más acusado y el envejecimiento, más preocupante. Aparte de la ganadería, apenas existe actividad económica y el sector de servicios no resistirá la caída de población. La emigración a América, tan importante un día para el desarrollo del concejo, va perdiendo peso conforme las nuevas generaciones van olvidando los vínculos con la tierra natal de sus ancestros. Los emigrantes más recientes, al centro de Asturias o a otras grandes ciudades, mantienen sus casas natales y las visitan en vacaciones y demás. Son, desde luego, un apoyo para la supervivencia del concejo, pero no son una solución a sus problemas a largo plazo.
Es imprescindible que las personas que aún viven aquí, especialmente la juventud, se pongan en primera fila a tirar del carro. Por ello, ver tantas caras jóvenes en la reunión del otro día me animó. Mientras corra savia nueva por sus ramas, el vetusto árbol allandés no se marchitará por completo y habrá la esperanza de una nueva primavera. Animo a los que acudieron a la cita a perseverar en esta iniciativa, a los que no pudieron ir, a que se sumen y a todos los demás a colaborar. La tarea que hay por delante es enorme y nunca sobrarán manos.

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Administrar el éxito
Antonio Ochoa 25-10-2016 | 8:17 | 0

La reciente edición de la Fiesta de la Vendimia ha superado, creo yo, las expectativas más optimistas en cuanto a visitantes, animación y repercusión mediática. Este evento se está consolidando como una de las citas obligadas del otoño asturiano y, además de las personas que vienen durante estos días, contribuye grandemente a hacer nuestra comarca más conocida y, por tanto, a atraer al turismo durante el resto del año. Aparte de naturaleza, gastronomía y vino, hemos descubierto que tenemos otra cosa que le encanta a la gente: buen ambiente. Quizás nosotros, acostumbrados a compartir cotidianamente mesas, vinos, pinchos, tertulias y risas, no nos percatemos de lo inusual que es encontrar esto en una población del tamaño de Cangas, pero los visitantes lo aprecian y lo disfrutan y conviene incorporarlo a nuestros activos.
Es una estupenda iniciativa que ha alcanzado el éxito, pero los éxitos deben ser cuidadosamente administrados, pues bajar es mucho más fácil que subir. Solemos quejarnos (con razón) de las deficiencias de nuestras comunicaciones, pero esto no perece estar siendo un obstáculo significativo para que la gente venga. Nuestras propias infraestructuras, sin embargo, parecen estar teniendo más problemas para absorber el aumento de visitantes. Nuestra oferta de alojamiento se ha visto claramente desbordada y eso sí ha impedido a muchas personas venir; algo que empieza a suceder en cada vez más momentos del año. Potenciar los alojamientos rurales ofreciendo medios de transporte hasta la villa no sería mala idea ya que el ambiente de vinos y el coche no casan nada bien.
Otra tema que suele causar dificultades es el incremento de la circulación rodada por el núcleo urbano. Cangas no es sitio del mundo mejor diseñado para el tráfico, con sus dos travesías convergiendo sin alternativa en un punto. Los de casa solemos subsanarlo a base de paciencia, tolerancia, mucha amabilidad y ninguna bocina, pero esto no funciona con los forasteros. Ninguno de los dos problemas es crítico ahora mismo, pero ahora mismo es buen momento para empezar a buscar soluciones sin agobios.

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Todo a estribor
Antonio Ochoa 12-10-2016 | 6:10 | 0

Por fin se ha completado la única verdadera transición que ha habido en este país. Y no me refiero al paso de la dictadura a la democracia. Para esa aún nos faltan décadas, eso suponiendo (contra todo pronóstico) que algún día pongamos de verdad manos a la obra en ello. Me refiero a la deriva del PSOE desde la izquierda marxista hasta la derecha pura y dura. Cuarenta años tardó la generación de Felipe González en conseguirlo, pero ya está. Ya pueden integrarse en el PP sin que se note la menor diferencia entre unos y otros.
El final de este proceso ha sido un auténtico homenaje a uno de los clásicos de la “otra Transición”: el 23F. Los días previos estuvieron llenos de ruido de sables, apelaciones al bien de la patria y a la identidad del partido (“¿Antes roto que rojo?”) y continuas referencias al viejo general (éste, el Sr. González, demasiado presente en cuerpo aún). Toda una coreografía para prepararnos para el golpe de mano, el “todo el mundo al suelo”, el “pronto llegará para hacerse cargo la autoridad competente, no la de los militantes, por supuesto”. ¡Cuántos recuerdos! Entonces éramos jóvenes y tontos. Ahora ya no somos jóvenes.
A partir de este momento, se emplearán a fondo en los medios de comunicación que han ido tomando (casi todos) para que la gente (especialmente, los militantes del partido socialista) acepten comulgar con una rueda de molino del tamaño de un portaaviones: lo mejor para el PSOE y para España es que gobierne el Sr. Rajoy. Nunca, iluso de mi, esperé oír a un dirigente del partido que fundara Pablo Iglesias decir esto. Por supuesto, explicarán que es inevitable (no sé por qué), que abstenerse no es apoyar (no veo la diferencia) y hablarán de negociaciones (repartos, más bien). Nos dirán que traguemos, que es por nuestro bien, pero cada vez nos duele más la garganta. Pobre PSOE, nacido del amor de un Pablo rojo y enterrado por el temor a otro Pablo rojo.

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Corias
Antonio Ochoa 12-10-2016 | 6:09 | 0

Hace poco, los antiguos alumnos de Corias celebraban su reunión anual. Y, como cada año, me vuelve a la memoria el tiempo que pasé allí. Me recuerdo a mi mismo, recién salido del pueblo con diez años, frente a aquel inmenso caserón gris con rejas en las ventanas; recuerdo los claustros interminables y la avalancha de caras nuevas. La primera visión del edificio sobrecogía, por mucho que tus padres hubieran intentado animarte. Porque ir a Corias no era un castigo; no era un colegio para la élite, pero tampoco era un reformatorio para malos estudiantes. Éramos chicos normales enviados por sus familias (a costa de bastantes sacrificios, en muchos casos) a hacer bachillerato, en una época en la que la educación se consideraba la llave de un futuro mejor.
Si preguntas a antiguos internos sobre su vida allí, probablemente saldrán a relucir la disciplina y el frío. Con medio millar de chavales llenos de energía e “ideas” pululando alrededor, las normas eran indudablemente rígidas y los castigos inmediatos y, en caso de no atraparse a los culpables con las manos en la masa, generales. Eso, sin embargo, no nos impedía hacer travesuras; al contrario, aumentaba la emoción y estimulaba el ingenio. Y los inocentes pagaban por los culpables, sin rechistar; la siguiente vez podía ser al revés. Además, en invierno, al lado del río y sin calefacción entre aquellos gruesos muros de piedra, hacía frío.
Pero no es eso lo que rememoramos nosotros cuando nos juntamos. Al contrario, nos reímos de las veces que nos libramos por los pelos y de las que caímos con todo el equipo; recordamos el calor de los amigos; el apoyo mutuo en los momentos difíciles, las experiencias compartidas, las conversaciones interminables. Aunque tiritases bajo el agua fría de la ducha, por dentro sentías el calor de los que te rodeaban. Calor al que, por cierto, contribuía el cariñoso recibimiento que siempre nos dispensó la gente de Cangas, del que estamos profundamente agradecidos y que hace que nos sintamos todos un poco cangueses.

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¡Que pague Rita!
Antonio Ochoa 12-10-2016 | 6:08 | 0

Pongo las noticias en la tele y no sé si soy un atónito espectador, un sufrido figurante o la víctima en un programa de cámara oculta. La formación de gobierno está degenerando en culebrón, con sus interminables capítulos de amores y desamores, cortejos y traiciones, intrigas y sorpresas. Pero lo de la corrupción se ha convertido en un auténtico reality, con sus grabaciones indiscretas, sus nominados, sus expulsados y esa lucha por la supervivencia, tan soterrada como despiadada, las buenas palabras y las sonrisas educadas siempre prestas en los labios y el puñal afilado siempre listo en la manga. Olvidémonos de grandes hermanos y sigamos los telediarios. Hoy por hoy, la charcutería política es mucho más entretenida que la casquería del famoseo.
Y, entre los nombres que van apareciendo (muchos, en términos absolutos; pocos, comparados con los que quedan sin descubrir), el de exalcaldesa de Valencia brilla con luz propia. Ayer mismo era una estrella de su partido, una de las líderes de una comunidad famosa anteriormente por sus frutas y verduras y ahora, además, por sus chorizos tamaño XXL. Hoy todo cambió. Los mismos que la elogiaban a lametazos la critican sin pudor, los que se daban codazos para hacerse una foto a su lado la rehúyen como si estuviera apestada. Todos han sabido siempre lo que había, todos aceptaron de ella dádivas y chollos, todos querían trepar con ella, pero ninguno quiere hundirse a su lado. Puro reality. ¿Y por qué todos la señalan ahora con el dedo? ¿Se excedió de oratoria etílica? ¿Aceptó regalitos caros? ¿Blanqueó dinero para el partido? ¿Cuántos entre la clase política no cometieron esos pecados? Hay mucho caradura que se ha puesto morado y ahora intenta escaquearse de la cuenta. “¡Que pague Rita!”- dicen. Pero ella se resiste y con razón. ¿Por qué va a pagar Rita sola lo que se han comido entre tantos? ¿Recuerdan lo de “el que esté libre de culpa que tire la primera piedra”? Aplíquenlo al partido y no volará ni una chinita pequeña.

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