El Comercio
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Pedimos, luego nos dan
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Antonio Ochoa | 31-01-2017 | 22:09

Una de las principales lacras de nuestra depauperada democracia es el mal uso de los fondos públicos debido a nuestra errónea actitud respecto a su propiedad. Los ciudadanos corrientes, que deberíamos sentirnos sus auténticos propietarios, los vemos como algo ajeno y los políticos, meros administradores temporales, se consideran sus verdaderos dueños. Nuestro desapego se nota en lo mucho que nos cuesta pagar impuestos y en lo fácilmente que nos desentendemos de su gestión. Cierto que estamos hartos de ver como el dinero pasa de nuestros pobres bolsillos particulares a otros bolsillos particulares más opulentos sin apenas recalar en la arcas públicas, pero deberíamos hacer algo más al respecto que usarlo como disculpa. Porque nuestra apatía no deja de alimentar una sensación de posesión en la clase política que, a juzgar por la tranquilidad con que muchos se lo embolsan, ya es demasiado grande.
Incluso en la gestión no delictiva de los dineros públicos sufrimos de esa tergiversación de roles continuamente. De hecho, ya ni la notamos. Leemos declaraciones como: “Pedimos al Ayuntamiento (o Principado) que nos arregle X” y no nos chirría ese “pedimos”. Porque realmente “pedimos”, como pueblerinos asustados, de pie ante la mesa del señorito, con la boina entre las manos y la cabeza gacha, suplicándole su favor. Nos hemos resignado a ser mendigos de nuestro propio dinero, siervos en nuestra propia tierra, sin que nuestra dignidad proteste. Por eso, a cualquier politiquillo del tres al cuarto hay que hacerle la pelota para que, con las migajas de los Presupuestos, te “construya” una acera o te “de” una subvención para un proyecto social, como quien arroja un mendrugo de pan a un pobre. Por eso, hay que reírle las gracias cuando viene a hacerse la foto. Por eso, las prebendas políticas se van haciendo hereditarias y nosotros vamos pasando de ser ciudadanos que exigen lo que consideran justo a lacayos que hacen zalemas esperando las dádivas de sus amos. Y por eso, porque nosotros “pedimos” no podemos quejarnos de que ellos nos “den”.

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