El Comercio
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Digestión
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Antonio Ochoa | 31-07-2017 | 09:23

Se declaraba el Sr. Cerezo, Presidente del Atlético de Madrid, “sorprendido” por la detención del Sr. Villar. No oí su intervención completa y no sé si su “sorpresa” se debía a que lo hubieran pillado, a que hubieran tardado tanto o a que nunca hubiera podido imaginar que en la Federación hubiese esos tejemanejes. Me temo que se refería a esto último y eso me parecería “sorprendente”  si no hubiera visto lo mismo en otros casos similares. Pensemos en Asturias, quitémosle una “r” al apellido y varios millones al montante de los (presuntos) beneficios y tendremos un caso similar. Repasemos las hemerotecas y descubriremos las mismas expresiones de “sorpresa” en las personas cercanas al interesado.

Y ustedes se preguntarán cómo es posible crear una red clientelar que te sostenga en el cargo durante décadas, pagar apoyos con favores, repartir cargos y contratos entre las personas leales, tomar represalias contra los que te critican y, en fin, montar una estructura mafiosa, sin que se entere nadie más que los colaboradores imprescindibles. Y ustedes sospecharán que la tal “sorpresa” es fingida, para no verse salpicados por las cuasi infinitas corruptelas menores que van apareciendo al destapar la olla. Y será así en muchos casos, pero en otros, quedaron genuinamente “sorprendidos”. Habían escuchado múltiples informaciones y acusaciones previas, pero las achacaron a conspiraciones del “enemigo”. No es culpa suya, es un problema genético.

Los españoles somos un pueblo feliz. No sólo vivimos en un país maravilloso, además gozamos de un metabolismo optimizado para aprovechar sus recursos. Eso implica digerir eficientemente  y, por tanto, la sangre debe fluir a las zonas apropiadas dejando otras, como el cerebro, en descanso. Un auténtico español, mientras tiene la barriga llena, cierra los ojos con fuerza y acepta todo lo que le dicen, porque lo contrario supondría pensar y podría cortársele la digestión. Es por eso que no abrimos los ojos hasta que pasamos mucha hambre y es entonces cuando descubrimos “sorprendidos” que nos han estado engañando y nos lanzamos furiosos a la calle. Pura genética.

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