El Comercio
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Autor: abochoar_517
Espíritu navideño
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Antonio Ochoa | 31-12-2016 | 8:07| 0

Llegó ese momento del año en que uno debe cambiar el limón y la pimienta en sus artículos por azúcar y canela. Así que, en busca de inspiración navideña, enciendo la tele y pongo las noticias. Enfocan a un reportero entrevistando a un vecino en una calle llena de curiosos y luces azules destellantes. Al parecer, una pareja de jóvenes que esperaban un hijo, se habían instalado como okupas en un portal propiedad de un banco (que se lo había embargado a un ganadero asturiano, arruinado por los precios de la leche). La policía ha venido a desahuciarlos, ponerlos a ellos de patitas en la calle (a parir ya los pondrán después los tertulianos afines) y llevarse a los animales a un refugio (como Dios manda). Pero aparecieron para apoyarlos unos pastorcillos convocados por un tal Ángel, que aún no ha sido identificado porque se fue volando, pero que sospechan que es uno de esos enzarzadores de la coleta. Como los pastores llevaban cayados y corderos al hombro, han tenido que traer a los antidisturbios, que han se han empleado con contundencia. En medio de la refriega, han aparecido tres tipos con pinta de refugiados de Oriente Medio preguntado por una tal Estrella, que seguramente será alguna pirada de una ONG de acogida. Al acercarse, han resultado ir cargados de paquetes sospechosos, por lo que se ha avisado a los artificieros y a la unidad antiterrorista. Y, como detrás venían un montón de camellos, han llamado también a la brigada antidrogas. Total, que se ha montado un enorme belén y los pobres vecinos han salido a las ventanas coreando que querían pasar la noche en paz de una buena vez. Al final se han llevado a todos los implicados a comisaría, incluído un ladrón vestido de rojo al que pillaron intentando entrar a robar por una chimenea con un saco. Se le incautaron varios objetos, especialmente juguetes y colonias, y es que ya no se respeta ni la infancia ni la higiene. ¿Qué fue del espíritu navideño?

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Empeñarse en polémicas
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Antonio Ochoa | 31-12-2016 | 8:05| 0

Lo que más me preocupa del lío entre COFECA y Barriga Hubiera sobre la barra de la Romería del Prao L’Molín y la Noche Rock es que se le achaque a la peña “ánimo de lucro”. Los representantes de organismos públicos deberían medir mejor sus palabras, porque, con la crisis galopante que nos asfixia, es probable que muchos emprendedores estén haciendo ahora mismo las maletas para venirse a Cangas, montar una peña y hacerse ricos. Antes de que nos invadan, déjenme que les explique la clase de negocio que es.
Para empezar, contemos los ciento ochenta euros de cuota. Si vendes lotería, añade un recorrido por los bares de la villa talonario en mano, que suele acabar con tu nariz colorada y tu cartera llena de papeletas intercambiadas y vacía de dinero. Además, si como en este caso llevas la barra de un bar de fiesta, cuenta tus consumiciones y las de los amigos que se acerquen, a los que, como anfitrión, estás obligado a invitar. Por fin, pon las cenas, de las que la peña sólo paga, en el mejor de los casos, una o dos. Súmalo todo y tendrás suerte si desfilar orgulloso con la camisa de tu peña (que pagaste tú) detrás de la bandera y la charanga (que pagó la peña) no te cuesta más de treinta euros al mes. ¡Toma ánimo de lucro!
El ayuntamiento de Cangas tiene la inmensa suerte (que muy pocos otros tienen) de que los grandes eventos de unas fiestas cada vez más grandes los organizan y pagan unas asociaciones privadas cuyo único ánimo es arrimar el hombro y divertirse. Por ello, lo mejor que puede hacer es colaborar cuando se lo pidan y, cuando nadie les llame, no estorbar. Y, si sus recursos no llegan para todo, exponer humilde y amablemente las cuentas, explicar los criterios de distribución y no entrar en polémicas estériles. Es fácil empezar una guerra, pero difícil acabarla y, al final, todos los contendientes pierden. Sólo salen ganando los vendedores de armas.

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Pequeñas cosas
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Antonio Ochoa | 31-12-2016 | 8:04| 0

Muchos creen que los de pueblo estamos apegados a la tradición y desdeñamos las novedades, pero no es cierto. Nos gustan las innovaciones, aunque preferimos que las pruebe antes otro. En tiempos no tan lejanos, un experimento fracasado podía condenarte a un invierno muy, muy largo. Afortunadamente, ahora ya sólo pasamos hambre cuando suspendemos los exámenes médicos y nos castigan a verdura y agua. Pero el recuerdo de las dificultades pasadas pervive y nos empuja a ser cautos. Este año, sin ir más lejos, me han convencido para que probase a plantar primero las berzas y echarles luego el cuito. Espero impaciente el resultado. Les parecerá una preocupación significante en estos tiempos tan complicados, pero es porque sus prioridades y las mías difieren. Para mí, el potaje no es asunto trivial.
Sumergidos como estamos en una batahola de noticias, bulos y cotilleos, olvidamos a menudo la importancia de las pequeñas cosas. Nos preocupa la bolsa que sube y baja, los partidos y famosos que ligan y se enfadan y los temas estrella con que nos bombardean los medios. Pero todo eso apenas será mañana un vago recuerdo. Un buen potaje, en cambio, con sus berzas, sus patatas y su compango casero, se puede saborear días y días y nunca te cansa. Te permite apearte por un instante de ese autobús desenfrenado, lleno de ruido, furia y locos en que se ha convertido el mundo actual y te repone las fuerzas físicas y morales para volver a enfrentarte a ellos. Su aroma, al entrar en la cocina, te hace retornar a la infancia y rememorar caras entrañables y paisajes amigos. Seguro que, cuando algún día volvamos la vista atrás, no serán los penaltis de aquel Clásico, ni los ganadores de aquella guerra, ni los resultados de aquellas elecciones lo que nos vendrá a la mente. Serán cosas más sencillas y cercanas. Cosas que no sabemos apreciar ahora, pero que son las que nos mantienen en pié y hacen girar las ruedecillas del mundo, pequeñas cosas, las verdaderamente importantes.

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Consexuar
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Antonio Ochoa | 08-12-2016 | 1:11| 0

Dado que los votantes nos hemos puesto de acuerdo en no dar a ningún partido la mayoría absoluta, a los votados no les queda más remedio que ponerse de acuerdo para poder repartirse el pastel. Por eso, la nueva expresión de moda entre nuestra clase política es “consensuar”, desplazando a la mítica “por el bien de España”. Antes de mucho, a alguien se le ocurrirá unir las dos y será un bombazo. No tardaremos en ver al PSOE y al PP bailando pegaditos el bolero “Tenemos que consensuar por el bien de España” con D. Mariano Rajoy y D. Javier Fernández dando ejemplo en el centro de la pista.
Imbuido lógicamente de ese espíritu, nuestro gobierno autonómico ha presentado unos presupuestos de “consenso” y prácticamente lo han logrado a la primera. Todos los partidos están de acuerdo en que son inaceptables excepto el PSOE, que no acepta esa conclusión. No está mal para empezar. Por lo que se ve, en Asturias aún no gustamos de ritmos melosos. Seguimos siendo “viejos rockeros” (“viejos””, al menos, somos cada día más). Si esto no cambia, podríamos ver los presupuestos prorrogados nuevamente, lo que equivale a tener, en vez de nuevo gobierno, una fotocopia del anterior.
Y no es que las copias sean malas en sí. A veces los originales manuscritos vienen con tantos tachones y faltas que es mejor seguir con lo que había. De todos modos, estamos en los primeros compases y ya se sabe que la noche y el alcohol etílico van diluyendo los escrúpulos éticos y estéticos y uno puede acabar bailando con cualquiera. Es posible que Dña. Mercedes no quiera ser menos que D. Mariano y se anime a dar unas vueltas con D. Javier. Además, está IU, eterno compañero de baile de los gobiernos socialistas. Tanto tiempo juntos tiene que haber dejado un poso de cariño. Esto, como en la célebre película, podría ser el principio de una hermosa amistad. O tal vez siempre han sido amigos y no lo sabíamos. ¿Usted qué cree?

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Colores y sabores
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Antonio Ochoa | 08-12-2016 | 1:10| 0

He recorrido la carretera de Pola a Cangas durante muchos otoños y, a pesar de ello, no dejo de maravillarme con el paisaje. Cuando crees que ya lo has visto todo innumerables veces, una nube repentina o un rayo de sol imprevisto te descubren algo nuevo, un matiz o un aspecto que nunca antes habías percibido. Transitar por el medio del bosque, bajo un dosel de árboles, en esta época del año es como sumergirse en una auténtica borrachera de colores. Rojos, dorados, castaños y verdes se mezclan y se separan, contrastan y se complementan en más maneras de las que el ojo puede percibir y aún la mente puede imaginar. Una orgía de matices y formas que engancha la vista e invita a detenerse para contemplarla. Si alguien está esperando el momento ideal para gozar de la belleza de nuestra comarca, difícilmente podría encontrar otro mejor que éste. Aquellos que han ido al valle del Jerte a ver la naturaleza ataviada con la inocente pureza de la Primera Comunión, tienen la oportunidad de disfrutarla aquí, en su plena madurez, vestida para comerse el mundo.
Y no se deje disuadir por las incertidumbres del clima otoñal o las pocas horas de luz. Las nubes, los jirones de niebla e, incluso, la lluvia no hacen sino realzar el paisaje añadiéndole el “sabor” típico de nuestra tierra. Un cielo plomizo hace más vívidos, más cercanos, los colores recién lavados. Además, una pizca de frío es un condimento ideal para nuestra suculenta gastronomía. Nuestros potes, carnes, butiechos, choscos y demás platos “ligeros” están diseñados expresamente para ayudarnos a superar cualquier inclemencia. Por otro lado, estos atardeceres tempranos invitan a acogerse a alguno de nuestros bares, catar nuestros afamados vinos, probar nuestros pinchos y gozar de una conversación sin prisas. Si tuviera que dibujar el Paraíso, una mesa de un bar con su tapa de embutidos y su vino de Cangas, una tertulia de amigos y el sonido de la lluvia tamborileando contra los cristales oscuros no sería mala imagen.

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