El Comercio
img
Autor: abochoar_517
Picaresca y drama
img
Antonio Ochoa | 14-08-2017 | 5:35| 0

Hace poco los medios de comunicación se hacían eco de que el “empresario minero” Rodolfo Cachero se encontraba en busca y captura. No sé si, a la hora de escribir esto, la policía sigue con lo primero o ya ha llegado a lo segundo. Tampoco es que importe más allá de la anécdota. El daño ya está hecho. La liquidación de la minería asturiana ha dejado de ser un drama humano para convertirse en un culebrón judicial. La amargura de miles de familias, la tragedia de comarcas enteras, queda oculta tras este ir y venir de pícaros entre sus palacetes y el de Justicia, con pocas o ninguna parada en la cárcel.

Para todos los que han conocido a empresarios ejemplares como D. Efrén Cires, que siempre intentaron y siguen intentando luchar por su empresa y por sus trabajadores, el contraste no es sólo brutal, es doloroso; doloroso por lo que fue y lo que es ahora, doloroso porque, con gente como Cachero o Alonso al cargo, dentro de poco ya no será nada. Gente que trata a los trabajadores como esclavos y a sus familias, como rehenes, gente que va de lío en lío y de conflicto en conflicto es apropiada para destruir, no para conservar. Probablemente éste era el objetivo desde el principio y, desde luego, éste será el resultado final.

Porque todo esto no da la sensación de ser fruto de la fatalidad ni una plaga bíblica que nos haya caído aleatoriamente del cielo. Todo esto se acomoda demasiado bien a los intereses de las poderosas empresas eléctricas para creer que ha sido simple casualidad; demasiados políticos que participaron en las decisiones acabaron trabajando para ellas, demasiados puntos oscuros en la actuación de los sindicatos. Puede que Victorino Alonso,  Rodolfo Cachero y José Ángel Villa aparezcan ahora como los villanos de esta telenovela que nos quieren contar, pero en la historia real no fueron los únicos ni los más decisivos. Sin importantes apoyos políticos y financieros nunca hubieran podido hacer lo que hicieron.

Ver Post >
Filosofía panieguera
img
Antonio Ochoa | 12-08-2017 | 6:23| 0

Cualquiera se imaginará que pasarse las vacaciones en una casa de pueblo en la que ya no hay  labranza es una especie de paraíso soñado para vagos, lleno de desayunos tardíos, perezosos paseos y largas siestas. Nada más lejos de la realidad. El paisaje asturiano fue creado con el sudor de nuestros antepasados y ese espíritu laborioso ha embebido cada centímetro de esta tierra, que intenta por todos los medios evitar que sus descendientes nos abandonemos a la molicie. Cada hierbajo o animalejo del entorno, cada piedra, cada pared, conspira contra ti. Te ven llegar, te miran con aire desdeñoso y se lanzan a la reconquista del terreno que les ganaron nuestros abuelos.

Hace poco me tocó librar una pequeña batalla en esa guerra interminable. Las paniegas habían invadido (una vez más) la finca pegada a casa, así que, armado con una azada, me lancé a la lucha por el honor de la familia. Las paniegas tienen una raíz profunda; si tiras de ellas, rompen por  el tallo y vuelven a salir enseguida. Has de cavar con la azada para poder erradicarlas. Es una tarea fatigosa y monótona en la que, además de sudar y maldecir, sólo puedes ocupar la mente en compadecerte de ti mismo o en filosofar. Como yo soy más bien de lo segundo, ya que no pude compartir la tarea, comparto, al menos, las conclusiones.

Recuerdo a mi padre haciendo esa tarea. Él me enseñó a mí a hacerlo como mi abuelo le había enseñado a él, decenas de generaciones de mi familia peleándole el terreno a  centenares de la suya. Año tras año, manos encallecidas y espaldas dobladas, perseverancia e ingenio contra resistencia y número. Hemos pasado del hierro a las armas modernas y aun así la balanza sigue indecisa. Yo creo que la naturaleza creó las paniegas para que los humanos aprendieran los valores de la tenacidad y la humildad y, mientras la estirpe de los antiguos paisanos y paisanas camine por estas tierras, las paniegas seguirán ahí combatiéndonos y enseñándonos.

Ver Post >
Digestión
img
Antonio Ochoa | 31-07-2017 | 11:23| 0

Se declaraba el Sr. Cerezo, Presidente del Atlético de Madrid, “sorprendido” por la detención del Sr. Villar. No oí su intervención completa y no sé si su “sorpresa” se debía a que lo hubieran pillado, a que hubieran tardado tanto o a que nunca hubiera podido imaginar que en la Federación hubiese esos tejemanejes. Me temo que se refería a esto último y eso me parecería “sorprendente”  si no hubiera visto lo mismo en otros casos similares. Pensemos en Asturias, quitémosle una “r” al apellido y varios millones al montante de los (presuntos) beneficios y tendremos un caso similar. Repasemos las hemerotecas y descubriremos las mismas expresiones de “sorpresa” en las personas cercanas al interesado.

Y ustedes se preguntarán cómo es posible crear una red clientelar que te sostenga en el cargo durante décadas, pagar apoyos con favores, repartir cargos y contratos entre las personas leales, tomar represalias contra los que te critican y, en fin, montar una estructura mafiosa, sin que se entere nadie más que los colaboradores imprescindibles. Y ustedes sospecharán que la tal “sorpresa” es fingida, para no verse salpicados por las cuasi infinitas corruptelas menores que van apareciendo al destapar la olla. Y será así en muchos casos, pero en otros, quedaron genuinamente “sorprendidos”. Habían escuchado múltiples informaciones y acusaciones previas, pero las achacaron a conspiraciones del “enemigo”. No es culpa suya, es un problema genético.

Los españoles somos un pueblo feliz. No sólo vivimos en un país maravilloso, además gozamos de un metabolismo optimizado para aprovechar sus recursos. Eso implica digerir eficientemente  y, por tanto, la sangre debe fluir a las zonas apropiadas dejando otras, como el cerebro, en descanso. Un auténtico español, mientras tiene la barriga llena, cierra los ojos con fuerza y acepta todo lo que le dicen, porque lo contrario supondría pensar y podría cortársele la digestión. Es por eso que no abrimos los ojos hasta que pasamos mucha hambre y es entonces cuando descubrimos “sorprendidos” que nos han estado engañando y nos lanzamos furiosos a la calle. Pura genética.

Ver Post >
Estado festivo
img
Antonio Ochoa | 25-07-2017 | 11:36| 0

Además de los cuatro estados típicos de la materia  existe un quinto, el festivo, en el que objetos cotidianos como una bolsa de la compra llena de botellas adquieren propiedades que nos dejan perplejos. Está, en circunstancias normales, resultaría bastante pesada y, si la acarreásemos desde el supermercado, llegaríamos a casa rogando para que no se rompiese y con el brazo agotado de aguantarla. Pero, cuando esa bolsa de la compra pasa al estado festivo (llamado también estado botellón) las leyes de la física dejan de rezar para ella. Sigue llena, pero ya no pesa nada. Cualquier crío enclenque es capaz de transportarla kilómetros de lado a lado de la villa sin fatigarse. Ahora bien, conforme el líquido se va agotando, la bolsa va, paradójicamente, pesando cada vez más y, cuando se acaba del todo, se vuelve tan pesada que entre todos los del grupo no son capaces de levantarla para llevarla al contenedor que está a doscientos metros.

Se sonreirá, pero la mayoría de nosotros hemos experimentado alguna vez ese estado festivo. Recuerde su último vaso de plástico con caipiriña. Iba por la calle bailando con él lleno y no lo notaba en la mano. Pero fue terminarse y empezar a molestarle, a sentir un peso incómodo que le impedía moverse con libertad. Miró alrededor: ningún contenedor, las papeleras llenas, una jardinera allá lejos. Tuvo que hacer un considerable esfuerzo para llegarse a ella a posar el vaso en vez de dejarlo en el suelo. No había sido el único en sentir este misterioso incremento de peso de los vasos vacíos; junto al suyo había muchos más. Por eso, cuando paso al lado del macetón de madrugada, las florecillas parecían sonreírle con afecto y, acercando el oído, podía escuchar sus vocecitas entonando la de “Cangas, mi Cangas….”. Por eso también, para evitar los problemas de alcoholismo entre la flora urbana, conviene instalar los contenedores más próximos en zonas festivas, porque las distancias que un humano normal puede recorrer con un recipiente de licor vacío son limitadas.

Ver Post >
Varitas mágicas
img
Antonio Ochoa | 17-07-2017 | 12:50| 0

La Fiesta de El Carmen tiene algo mágico y no hablo sólo en sentido metafórico (fuego, sonido, ambiente), sino también real. Y no intento tomarles el pelo ni colarles una historia de fantasía como las de Harry Potter. Aunque les cueste creerlo, las varitas mágicas existieron en el pasado y aún existen en Cangas. Los más viejos sin duda se acordarán de unas de avellano que tenían los maestros de antes y que, aplicadas sobre una cabeza infantil, despejaban rápidamente las dudas sobre las normas de acentuación. Afortunadamente, fueron prohibidas pues, aunque tenían efectos beneficiosos sobre la ortografía, su uso prolongado creaba adicción en los que las empuñaban y efectos psicológicos y físicos adversos en los que las recibían. Sin embargo, parte de su magia ha perdurado y se ha trasladado a las varitas de volador.

Cada año tenemos que soportar en La Descarga y demás tiradas algún que otro individuo tan analfabeto que no sabe leer un letrero de peligro, tan ignorante que no sabe para qué sirven las vallas y las cintas de seguridad y tan necio que es incapaz de seguir las advertencias verbales. Pero que no le caiga en la cabeza una vara de volador de manera que le produzca un pequeño arañazo, porque, de repente, descubres que el impacto lo ha vuelto sabio y, ahora, conoce más leyes que el Aranzadi y más medicina que el Marañón, que lo ves ante el juez interpretando el papel de víctima con absoluta convicción y no sabes si quieres darle una “hostia”  o un Óscar. Y no se crean que el sortilegio funciona sólo con los forasteros. A más de uno de  “¡No me digas donde tengo que ponerme, soy de Cangas y llevo poniéndome aquí toda la vida!”, le cae una vara y se le trasmuta la “canguesía” en sabiduría legal inmediatamente. Así que tendrán que perdonar si a veces somos un poco pesados con eso de la seguridad. La Audiencia Provincial es uno de los edificios de Oviedo que menos nos gusta visitar.

Ver Post >

Últimos Comentarios

MariaLadina 12-03-2017 | 10:22 en:
Puro aire
abochoar_517 18-06-2015 | 05:47 en:
Preguntas

Etiquetas

Otros Blogs de Autor