El Comercio
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Autor: abochoar_517
¿Qué les habremos hecho?
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Antonio Ochoa | 21-01-2015 | 5:12| 0

Si alguien te pisa una vez, lo consideras un mero accidente y lo olvidas; si te vuelve a pisar, miras a ver quién es tan torpe; pero, si sigue pisándote, está claro que va a por ti. Esto es lo que sucede en el reciente caso del ganadero multado por llevar leña en el tractor. No dudo que los que crearon esa ley tienen un cochazo oficial y un todoterreno privado para los fines de semana, pero aquí las cosas no son así y cualquiera que haya olido a “cuito” alguna vez lo sabe. El tractor que hay se usa para todo y no parece muy lógico cambiarle el gasoil para bajar al chigre a comprar. Esto es el campo asturiano, no un rancho de California.
Si este hubiese sido un caso aislado, podría pensarse que no fue más que un desdichado incidente debido a una mala redacción de las leyes y a un exceso de celo en su aplicación. Pero ha habido muchos más. Ha habido multas por espantar a los jabalíes de los sembrados (los pobres acaban estresadísimos), por cortar un palo para “guiada” (hay que destruir un árbol entero para fabricar los papeles que te piden para poder cortar una rama) y por muchos otros motivos igual de estrambóticos. No puede ser accidente, ni siquiera torpeza, es que van a por nosotros.
¿Y qué les hemos hecho? Pues existir. El grupo de iluminados que se ha instalado en el poder pretende convertir las alas de Asturias en reservas, desalojando a los paisanos e intenta hacerles la vida imposible. Además, hace falta mucho dinero para mantener todos esos chiringuitos que les permiten vivir como reyes y tiene que salir de nuestros bolsillos. Por eso, los agentes de la autoridad son más recompensados por tener contenta a Hacienda que por proteger a los ciudadanos. Sumen todo eso y sabrán por qué hay que ir con la cartera preparada.

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Cuatro carriles
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Antonio Ochoa | 16-01-2015 | 5:33| 0

Ya se habían secado los ríos de tinta que corrieron sobre la suspensión de la Autovía del Suroccidente y ahora nueva tinta vuelve a caer sobre aquella. Cierto es que el papel lo aguanta todo, pero también lo preserva. Antes de que el asunto se convierta en una de esas charcas electorales sobre las que se vierte toda clase de basura, repasemos las hemerotecas virtuales y las anteriores posturas de cada uno. Esta es una región donde los principales partidos son sucursales, la sumisión te ayuda a trepar y la crítica te hunde. Cuando gobernaba el PP en Madrid, la “izquierda” asturiana criticaba el ritmo de las obras y la “derecha” ovacionaba. Cambiaron las tornas, llegó Pepiño Blanco a inaugurar un trocito y a decirnos que el resto se paraba “sine die” y aquellos mismos que protestaban porque iba despacio, fueron a lamerle lo que hubiera menester sin decir ni “mu” (sólo “beeeee”). Y cuando Cascos creo su partido, los ovacionadores del PP se convirtieron en vituperadores y la autovía dejó de ser para ellos tan genial.
Olvidemos, pues, la demagogia y el politiqueo y vayamos a los hechos. La autovía tiene un indudable impacto positivo en las comunicaciones. Sin embargo, sus cuatro carriles son, precisamente, los que hacen más dudoso su impacto sobre la economía; porque dos de ellos traen, pero los otros dos llevan. Si ahora mismo fuese sencillo vivir en Oviedo y trabajar en nuestra zona y viceversa, ¿serían más los que fuesen que los que viniesen? Si los hoteles del centro pudieran usarse de base para visitar el suroccidente y viceversa, ¿aumentarían las pernoctaciones en nuestros establecimientos? Para que la autovía sea en verdad beneficiosa tenemos que trabajar coordinadamente para aumentar el atractivo de nuestra comarca para personas y empresas y tenemos que empezar a hacerlo ya. De lo contrario, esta nueva vía (si llega) no servirá para alimentar nuestra economía sino para acabar de desangrarla.

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Transiciones
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Antonio Ochoa | 07-01-2015 | 11:25| 0

Durante el año pasado hemos asistido a una nueva vuelta de tuerca en esa larga serie de transiciones que han sido nuestros último medio siglo. En los setenta, los españolitos habíamos pasado de ser niños asustados a adultos reivindicativos y esa fue la verdadera primera transición. Fue el poder de la calle y no ninguna milagrosa conversión de los franquistas en demócratas lo que acabó con la dictadura. Entonces, una plaga de trepas encabezada por Felipe González se abalanzó sobre las instituciones, echó a todos los que habían luchado altruistamente por la democracia y nos convenció de que nos relajásemos, disfrutásemos y dejásemos la política en sus manos. Los españolitos pasamos de defender nuestros derechos a ser meros usuarios y esa fue la segunda transición. Así pudieron sobornar, infiltrar o destruir todas las organizaciones sociales existentes hasta dejarnos totalmente desarmados en sus manos. Después llegó Aznar con los suyos y nos explicaron que, si nos convertíamos en especuladores, todos seríamos ricos. Así que los españolitos dejamos de ser ciudadanos y nos pasamos a ser individuos insolidarios dispuestos a triunfar a cualquier coste. Esas fue la tercera transición.
Y llegó la crisis y esta enorme estafa piramidal se vino abajo. Nos dimos cuenta de que habíamos sido los primos en un gigantesco timo de la estampita y que nos lo habían robado todo. Con el desengaño llegó la rabia y la impotencia. Miramos alrededor y descubrimos que no había a quién acudir, que estábamos rodeados de contaminación política por todos lados. Y, poco a poco, como medio siglo antes, se empezaron a oír voces sueltas llamando a la acción. Voces que se convirtieron en coros y se unieron en masas corales. Durante este año pasado, los españolitos fuimos dejando de ser víctimas inermes y volvimos a ser ciudadanos reivindicativos. Esta es la cuarta transición (u otra vez la primera) y espero que esta vez sí, por fin, consigamos crear entre todos un país democrático.

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Lotería
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Antonio Ochoa | 25-12-2014 | 1:42| 0

Pasado el sorteo de Navidad, se acaba la etapa de las ilusiones y hay que volver a enfrentarse a la realidad. Eso sí, no olvide hacer un cuidadoso recuento de todos esos sueños que tuvo estos días, meter el veinte por ciento de ellos en un sobre y enviarlo al Sr. Montoro en el Ministerio de Hacienda para evitar problemas. Una clara muestra del poco respeto que el Gobierno siente por nuestra inteligencia es que se sigan anunciando las cantidades de los premios como si este descuento no existiese y que se insista en llamar impuesto a este expolio de esos escasos golpes de fortuna a los que los ciudadanos normales pueden aspirar.
Además de este sorteo en el que participamos individual y voluntariamente, existe otro colectivo, el de los Presupuestos Generales nacionales y autonómicos, en el que también, queramos o no, nos jugamos mucho. Desdichadamente, tampoco en este hemos sido últimamente muy afortunados. En el número de la finalización de la autovía hasta La Espina, por ejemplo, apenas conseguimos el reintegro y el de su ampliación hasta la Meseta ni siquiera entró en el bombo. Aquí en Cangas le cayó una pedrea al número del matadero, pero estamos tan escarmentados de tantas primeras piedras que nunca llegaron a conocer la segunda que dudamos de que al final nos toque.
La gente corriente siempre confió en la suerte para cumplir algunos de sus sueños particulares más locos. Por desgracia, muchos ya no juegan para poder comprar un yate con el que pasear a la familia sino comida con la que alimentarla. Y, por desgracia, la solución a acuciantes problemas colectivos de nuestra comarca se ve sometida también a vaivenes políticos no menos aleatorios que el sorteo tradicional, aunque aquí lo que gira no son bombos sino intereses y corruptelas. Son cosas que debemos cambiar porque el azar nunca fue un buen sustituto de la justicia. De todos modos, ¡suerte!

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Recuerdos
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Antonio Ochoa | 16-12-2014 | 7:33| 0

En aquellos tiempos no tan lejanos en los que las casas de los pueblos tenían que ser casi autosuficientes, dos cosas medían su riqueza: el tamaño de la mayada y el tamaño de la matanza. Ambas determinaban el status social de cada casa y la cantidad de días del año en los que sus miembros tenían que ir a la cama con las tripas protestado. No es de extrañar, pues, que cada casa del pueblo los celebrara con un pequeño festejo en el que los vecinos y familiares que colaboraban en el trabajo compartían pitanza y jolgorio.
Las mayadas desparecieron hace tanto tiempo que sólo los que sobrepasan la cuarentena recuerdan haber participado en alguna. Quizás ese es el problema del comunismo actual: los jóvenes no sólo no conocen una sociedad sin consumo, tampoco conocen las herramientas de su bandera. Claro que, aun recordando con nostalgia aquellos días de trabajo y diversión compartida, no añoro ni a Stalin ni el cultivo minifundista de cereales, consecuencia ambos de épocas de miseria que espero seamos capaces de evitar que vuelvan.
Las matanzas, en cambio, resistieron, porque el embutido casero no admite comparación con ningún otro y, una vez probado, es difícil prescindir de él. No es seguro, sin embargo, que este hecho incontestable que permitió su supervivencia frente al avance de los tiempos pueda hacerlo frente al avance de las edades. En primer lugar, pasada la cincuentena y una vez que te han convencido para que dejes de fumar y beber, el siguiente vicio que te piden que sacrifiques en aras de alcanzar el siglo es la carne de cerdo (tan adictiva como los anteriores). En segundo lugar, la gente que realmente domina todos los pasos de ese proceso mágico que va del gochu adulto a la ristra de chorizos es cada vez más mayor y está para menos trotes. O los jóvenes toman el relevo o esto se acaba.

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