El Comercio
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Autor: abochoar_517
Tierra Media
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Antonio Ochoa | 21-06-2017 | 11:01| 0

Bilbo acabó titulando el libro en el que relataba sus aventuras “Historia de una ida y una vuelta”. Me parece que los que vayan a narrar las peripecias del PSOE durante estos últimos tiempos tendrán que pagarle derechos de autor. Recordarán ustedes que nuestro simpático hobbit fue arrancado de su retiro por un mago, enviado a salvar el tesoro de unos enanos de las garras de un temible dragón rojo (cosa que logró gracias a un anillo que lo volvía invisible) y al final regresó a su retiro mucho más rico en sabiduría y oro. Los paralelismos son evidentes y, una vez que los determinemos claramente, el reparto de papeles será sencillo.

Para empezar por lo obvio, todos sabemos quiénes han estado disfrutando del Tesoro Público de este país, por tanto, el papel de Thorin Escudo de Roble le corresponde a D. Mariano Rajoy. Para sus doce compañeros, habrá que hacer un casting entre el medio millón de enanos que pululan por ahí, viviendo del dinero de todos. Para el papel de Smuag tenemos a D. Pablo Iglesias, aunque hacer de él un temible dragon rojo que escupe fuego por la boca va a requerir un montón de efectos especiales y de maquillaje. Para Gandalf el Gris, el mago que empuja a Bilbo a la primera línea a pesar de sus reticencias y que se dedica a manipular los eventos desde la sombra sirviendo a intereses desconocidos, tenemos sin duda a Felipe González.

Para terminar, el papel estelar, el de Bilbo, corresponde por derecho a D. Javier Fernández, arrancado de su cómodo sillón para rescatar el tesoro de los enanos del gusano rojo, con su anillo único que le permitió salir de las insondables simas oscuras habitadas por Gollum (¿Villa?) sin que nadie recordase haberlo visto por allí. Y eso le deja a D. Pedro Sánchez con el papel de Frodo. Él y sus compañeros no han pintado nada en este libro, pero hay grandes esperanzas depositadas en ellos para la continuación. La fantasía es algo maravilloso.

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Este año será Allande
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Antonio Ochoa | 30-05-2017 | 9:01| 0

Parece que fue ayer o, recordando las peripecias vividas, hace una eternidad; el caso es que la Asociación de Mujeres Río Nisón de Allande ha alcanzado la mayoría de edad y celebra estos dieciocho años de existencia renovando su candidatura a Pueblo Ejemplar de Asturias. El año pasado, a pesar  de ser novatas en estas lides, quedaron a un pasito de conseguirlo. Pero ahora cuentan con experiencia y energías renovadas y este año serán ellas.

Y se lo merecen, porque no es sencillo crear una asociación de esta categoría en una comarca tan castigada demográficamente como la nuestra. Porque el papel de la mujer en nuestro mundo rural es tan vital como, paradójicamente, invisible y, al reivindicarlo y hacerse ver y oír, han abierto los ojos y el camino a muchas otras. Porque desde su nacimiento no han parado de organizar actividades para sus socias y para todo el pueblo. Desde aquella inicial recuperación de los “aguinaldeiros” hasta la consolidada Feria de Otoño, su dedicación y esfuerzo han contribuido a revitalizar la vida social y económica del concejo.

Y se lo merecen porque han conseguido concitar el apoyo de todos los allandeses, el de los concejos limítrofes y el de numerosas personas de todos los ámbitos sociales, en el resto de Asturias y en todo el mundo. El éxito de su campaña solicitando el envío de postales de apoyo ha sobrepasado sus expectativas y no cejarán hasta que no quede un sólo rincón el planeta que no esté representado.

Y se lo merecen porque representan la lucha de un rinconcito del mundo alejado de los centros de poder y asolado por todas las crisis por sobrevivir, por mantener la esperanza y la identidad. Porque representan el amor y compromiso de todos aquellos que han tenido que emigrar de su tierra natal. Porque representan, en fin, un poquito de lo mejor de Asturias. Por eso vamos a estar todos ahí, apoyándolos, y por eso este año será la Asociación de Mujeres Río Nisón, este año será Allande.

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Reflexiones de oro
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Antonio Ochoa | 27-05-2017 | 11:07| 0

Hace poco compartía con mi familia mesa y mantel para celebrar las bodas de oro de dos de mis primos (aunque nadie lo diría viéndolos). Allí, por supuesto,  como el resto de los “chavales” de mi edad, me dediqué a comer y charlar sin tasa, a beber y bailar con mucha más moderación y, en general, a pasar un día inolvidable. No hay muchas ocasiones en las que se reúnan cuatro generaciones de una familia y esas pocas merecen una buena celebración. Al recordarlo ahora, pasada la fecha, además de una sensación cálida, me vienen a la mente algunas reflexiones.

La primera es que, por más que digan que vamos perdiendo el sentido del gusto con el tiempo, el sabor del reencuentro se va haciendo más intenso con cada año que pasa. Quizás porque cada vez son más los recuerdos que compartimos, quizás porque cada vez es menos el tiempo que dedicamos a hacerlo, cuando los remolinos del río de la vida nos juntan nos dejan en la boca un gusto agradable y un deseo de reunirnos más a menudo que, desdichadamente, la pereza y el ajetreo cotidiano acaban dejando en simples intenciones. Tendríamos que hacer un alto en el torbellino de nuestra vida, examinar cuidadosamente nuestras prioridades y calcular cuánto tiempo dedicamos a la gente que queremos y cuánto, a cosas que realmente no necesitamos.

Sin embargo, tendremos que buscar otro motivo para juntarnos ya que las bodas de oro se van a ir convirtiendo en eventos infrecuentes. Nuestros padres se casaron jóvenes y llegaron en muchos casos a ellas. Para nosotros, que nos casamos cerca de los treinta, será más difícil y para nuestros hijos, que esperan casi a los cuarenta, será algo excepcional. Entre esas cuatro generaciones que estábamos allí reunidas hubo un salto abismal en cuanto a nivel y calidad de vida. Pasamos de la miseria, el atraso y el aislamiento de principios del siglo pasado a un mundo moderno mucho mejor, pero no sin pagar por ello un alto precio demográfico.

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Desmemoria
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Antonio Ochoa | 27-05-2017 | 11:06| 0

Repasemos un poco la historia reciente. En las últimas elecciones generales el PP se encontró con que, para poder asumir el gobierno, tendría que contar con el apoyo del PSOE (o su abstención, que es lo mismo). El entonces Secretario General socialista, Pedro Sánchez, no estaba por la labor, manteniéndose en la idea de que la oposición está precisamente para oponerse, no para bajarse los pantalones a la primera. Pero un golpe palaciego encabezado por la casta noble del PSOE lo depuso e instauró una Gestora que se apresuró a aupar al señor Rajoy a la Moncloa. Es decir, D. Mariano es Presidente del Gobierno gracias a estas personas que no dudaron en llevar al PSOE al borde de la ruptura para conseguirlo.

Una de los barones que participó en la operación, asumiendo de paso la Presidencia de la Gestora, fue nuestro Presidente autonómico, pero nadie se lo imaginaría oyéndolo. Día sí, día también, sale en los medios quejándose de que el gobierno central discrimina a nuestra región, pero ni una sola vez ha reconocido que ese gobierno está ahí gracias, precisamente, a él. Nunca ha reconocido que, si lo hacen mal, él se equivocó al apoyarlos y le corresponde parte de la responsabilidad. Se ve que aquel “clásico” de “sostenella y no enmendalla” se ha convertido en el lema de nuestra “clásica” clase política. Y se ve que les funciona, o no estarían ahí.

Aunque todo podría deberse a problemas de memoria; a todos nos pasa con el tiempo. Quizás sea por eso que el Sr. Fernández vota un día “azul” en el Parlamento y se define al día siguiente como “rojo” en la tele. O puede ser que D. Javier carezca de habilidades como negociador y D. Mariano se aproveche y lo líe. Si es así, debería hacer un curso en el País Vasco. Ellos si saben negociar y, por eso, cada poco les da el Gobierno en pleno un buen concierto, mientras que a nosotros, todo lo más, viene algún ministro a tocarnos la gaita.

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Nos hemos quedado helados
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Antonio Ochoa | 27-05-2017 | 10:58| 0

Han bastado tres noches para despertarnos de nuestro sueño veraniego y demostrarnos que aun estamos lejos del estío. Tres gélidas noches que han devuelto los bañadores a los arcones y destruido buena parte de los cultivos. Tres noches de helada que, allí donde pegó de pleno, marchitó los brotes de las viñas y dejó las huertas como un solar; los efectos sobre los frutales están aun por ver. Ahora sólo nos queda evaluar los daños, salvar lo que quedó, replantar lo que se pueda, resignarnos con las pérdidas y extraer de esto una lección para el futuro.

La naturaleza no es una maestra amable y no conviene irritarla porque sus admoniciones no suelen ser cariñosas. Durante semanas nos hemos dedicado a calentar el ambiente a base de incendios. Se ve que ella se ha cansado y ha decidido enfriar los ánimos y recordarnos quién manda. Y no está de más que lo haga porque, a veces, la locura destructiva parece apoderarse de la gente y la búsqueda del beneficio a corto plazo nos hace olvidar que la Tierra es nuestra casa común y la atmósfera nuestro tejado. Si socavamos sus cimientos, caerá sobre nuestras cabezas y ni el dinero ni el poder ni ninguna otra cosa podrá salvarnos.

Parece que, entre la polilla guatemalteca y frío polar, este año las patatas de casa van a ser escasas y las compradas no saben igual. No sé hasta que punto afectará a la cosecha de uva, pero, si además de las patatas bravas nos falla el vino, el próximo invierno será largo y triste. Rogemos a los cielos que, por lo menos, “no nos venga por el ganao” porque, si el tercero de los pilares básicos de nuestra gastronomía se tambalea, para enero tendremos todos un tipito envidiable y sólo nos quedará el consuelo que pedir que abran la Presa del Molín para ir allí a lucirlo. Pero, en fin, ya saben, el humor es el único azúcar capaz de endulzar los tragos amargos, así que “a mal tiempo …”

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