El Comercio
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Goteras
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Antonio Ochoa | 08-01-2016 | 10:21| 0

Si el secreto de un buen retejador es hacer una gotera nueva cuando tapa las viejas, nosotros nunca obtendremos el título. El año nuevo empieza con las mismas goteras que el antiguo, convertidas con el tiempo en auténticos boquetes. No hemos echado fuera la crisis. No la notamos tanto porque nos hemos acostumbrado a convivir con ella, como si fuera una más de la familia. Pero ahí sigue, a pesar de las macrocifras maquilladas y las microcifras resignadas, devorando nuestro estado de derecho después de haberse tragado el del bienestar y abriendo un abismo cada vez mayor entre los que tienen y los que no. Un enorme agujero en nuestro techo, cuyas exigencias llevamos demasiado tiempo tolerando mientras esperamos que desaparezca por si sólo.
Tampoco hemos arreglado el tema de Cataluña, que empezó como una pequeña mancha de humedad en nuestra constitución y, décadas de chapuzas después, se ha convertido en una catarata (en ambos sentidos: inunda la actualidad política e impide ver con claridad). El tiempo es quizás un buen médico para los resfriados, pero es un mal dentista y lo de Cataluña no es una gripe, es una caries. Esperar que se cure sólo no hará más que empeorarlo. Esto por supuesto, beneficia electoralmente a los nacionalistas y xenófobos de allí y de aquí, pero no creo que a los ciudadanos corrientes de ambos lados les parezca bien. Probablemente, como sucedió antes en Escocia o en Quebec, el tan anatemizado referéndum podría ser un buen inicio para poner a cada uno en su sitio.
Y tampoco hemos conseguido regenerar la vida pública de nuestro país, expulsando a la parasitaria “clase política” existente y recuperando el control sobre nuestra democracia. Nos ha faltado el coraje para completar esta necesaria “segunda transición” y nos hemos quedado a medio camino, que es lo mismo que en ninguna parte. Espero que en este año nuevo que empieza pongamos manos a la obra para solucionar todas esas goteras que nuestro pobre y querido país soporta, porque nadie las arreglará por nosotros.

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En llamas
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Antonio Ochoa | 29-12-2015 | 19:24| 0

Bromeaba el otro día sobre los efectos del calentamiento global en el clima político sin imaginar que un efecto mucho más letal estaba a punto de manifestarse en toda su crudeza. La combinación de una larga sequía otoñal, un fuerte viento y grandes dosis de locura y maldad convirtió a los montes asturianos en un infierno en llamas. En estas circunstancias, cualquiera que inicia un fuego es un auténtico terrorista y como tal debería ser tratado. No hay justificación posible para un acto que destruye nuestro patrimonio común, deja a familias en la calle y, frecuentemente, acaba costando vidas, como ha sucedido en este caso.
Ahora bien, no debemos permitir que esta condena absoluta nos impida buscar más allá para determinar cómo los incendios han podido alcanzar semejante magnitud. Algo debe fallar en la planificación de nuestra política de montes para que tal cosa suceda y ese algo debe ser identificado y subsanado antes de que el problema se vuelva crónico. Nuestro patrimonio natural no puede ser abandonado como un rehén indefenso en manos de locos y canallas.
Deberíamos, por ejemplo, dejar de buscar el beneficio rápido y empezar a pensar a largo plazo. Durante los últimos años, se ha subvencionado la plantación de pinos y, como consecuencia, ahora somos mucho más vulnerables. En cambio, los castañedos, hayedos o robledales, que forman auténticas barreras contra el fuego, están en recesión. Es hora de cambiar esto. Por otro lado, los responsables políticos y técnicos y los ecologistas de fin de semana deberían dejar de considerarse depositarios de la verdad absoluta y de tratar a los habitantes del medio rural como intrusos en el paraíso. No lo somos, somos sus legítimos dueños y sus guardianes. Nosotros lo hemos creado y conservado y, al pretender ahora arrebatárnoslo, lo están destruyendo. El monte, que era una importante fuente de recursos, es ahora fuente de problemas y conflictos. Sigue siendo nuestro, quizás, pero sólo en el registro; en las leyes, es totalmente ajeno. Es hora de cambiar eso también.

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Calentito
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Antonio Ochoa | 24-12-2015 | 10:58| 0

El cambio climático está derritiendo el permafrosf de la tundra política española. Con ello, salen a la luz gran número de restos corruptos que, hasta ahora, se habían conservado ocultos bajo el hielo. De hecho, es difícil recorrer la prensa diaria sin sentir náuseas por el fuerte olor a descomposición. Toda esa materia orgánica ha hecho brotar aquí y allá movimientos de protesta que, tímidamente al principio y con más fuerza después, volvieron lanzar por los aires gritos largo tiempo congelados (“libertad “, “igualdad”, “democracia”). Poco a poco el paisaje político empezó a cambiar. Los partidos tradicionales, como antiguos glaciares gigantes, empezaron a derretirse y de las semillas de viejos sueños de justicia surgieron nuevos partidos. Hasta el ambiente social huele diferente, aunque, si estamos viviendo un cambio o una primavera fugaz, el tiempo lo dirá.
El efecto invernadero también ha afectado a la campaña electoral. Los contendientes se han empleado con inusual ardor, con entradas por detrás, codazos, provocaciones y ayudas arbitrales. El debate estrella por el título, bajo los buenos modos y el pretendido juego limpio, estuvo calentito, tenso, jugado al límite del reglamento y lleno de agarrones y piscinazos. Hasta el partido amistoso entre Sánchez y Rajoy, destinado a recaudar votos para proteger a políticos en peligro de exclusión parlamentaria, acabó con entradas duras, fueras de juego sin pitar y penaltis dudosos. ¡Qué lejos parecen aquellos tiempos del ” tuya, mía, cabecina y gol”!
Un último efecto del aumento de la temperatura social ha sido la agresión sufrida por D. Mariano. No es la primera vez que la violencia irrumpe en la campaña electoral. El terrorismo doméstico primero y el islamista después han intentando antes condicionar nuestro voto. Cierto que esta vez ha sido sólo un puñetazo, que “más cornás da el hambre” y que siempre habrá locos y fanáticos, pero que haya muchos que les rían la gracia demuestra lo enrarecido que está el clima social y lo necesario que es que se recupere la fe en la justicia y las instituciones.

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Sondeo electoral
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Antonio Ochoa | 16-12-2015 | 17:09| 0

Dos clases de sondeos nos son familiares: los que se hacen en el suelo para extraer agua y los que se hacen en el electorado para extraer mentiras. Los primeros son los únicos que pueden aportarnos algo, deberíamos pasar totalmente de los segundos. Antes aún intentaban arrimar el ascua a la sardina del patrón con cierto disimulo, pero ahora han perdido la vergüenza. Ponen la brasa directamente bajo la sardina del que paga, tiran las otras a la basura y a cobrar. Y no es que yo (ni nadie) tenga ni idea de qué resultados obtendrán los diferentes partidos. Pero tampoco importa, mientras no cambie la actitud de la sociedad, la composición del parlamento será meramente anecdótica.
Los corruptos, los cobradores y pagadores de comisiones, no son más del 2% de los españoles. Si les sumamos los sicarios, los que les hacen el trabajo sucio a cambio de las migajas de lo robado, no pasan del 10%. El problema son ese 35% de acólitos que, una vez en su vida, hicieron un esfuerzo para decidir a quién votar y les supuso un desgaste mental tan grande que seguirán votando eternamente a los mismos con tal de no volver a tener que pensar. También está ese 35% de pasotas, que han conseguido salirse de la inercia del voto fijo, pero aún no han conseguido llegar a ningún otro sitio. Y así les va al 20% de sufridores, demasiado honestos para ser corruptos, demasiado dignos para ser sicarios, demasiado inteligentes para ser acólitos, demasiado enérgicos para ser pasotas y demasiado desafortunados para ser daneses. Pocos empeños hay más ingratos que el de intentar pensar por tu cuenta en España. Históricamente vilipendiados, perseguidos, encarcelados, exiliados, quemados o fusilados, su futuro no parece ahora más halagüeño.
Por supuesto, los resultados de mi sondeo (al igual que los de todos los demás) son totalmente inventados. Por supuesto, espero que (unos y otros) demuestren estar equivocados. Por supuesto, desearía que los eternos sufridores tuvieran al fin una alegría, pero lo dudo mucho.

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Campaña
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Antonio Ochoa | 12-12-2015 | 10:21| 0

Hete aquí que me he levantado esta mañana (con un catarro considerable) y me he encontrado la villa llena de colorines propagandísticos, como si la primavera de los carteles hubiera llegado a Cangas. Eso no ha contribuido a mejorarme el humor, la verdad. Si la cosa ya era pesada hasta ahora, estos quince días van a ser insoportables. Dado que no puedo permitirme unas vacaciones en las antípodas, voy a tener que hacer acopio de paciencia y humor para sobrellevar el temporal. Les recomiendo que hagan lo mismo.
Para empezar, los lemas de campaña son bastante aburridos. Se podrían mejorar y adecuar a la realidad sólo con hacerles unas pequeñas modificaciones. Creo, por ejemplo, que “¿España? ¿En serio?” sería mucho más adecuado para el cachondeo que se han traído con nosotros en el PP. “Necesito la mayoría para tener futuro” describiría mucho mejor la situación del candidato del PSOE. Podemos debería probar con “Contamos contigo”, es mucho más movilizador y tiene un toque nostálgico. Ciudadanos necesitaría algo así como “Con ilusos” para que sus votantes se vayan preparando para lo que sucederá si ganan. Unidad Popular, tal como parecen ir las cosas, más que lema, necesita un buen plan de jubilación, así que le bastará con “”.
Por otro lado, los mítines suelen ser un tostón insufrible, pero pueden volverse más divertidos con unas cuantas preguntas bien intencionadas dirigidas a los candidatos. Me permito sugerirles algunas: ¿Cuánto tiempo lleva viviendo de la política? ¿A qué se dedicaba antes? ¿Cuándo se enteró de que en su partido había mucha gente corrupta? ¿Cómo consiguió ignorar durante tanto tiempo algo que sabían todos los demás españoles? ¿Alguna vez denunció alguna práctica corrupta dentro de su propio partido? ¿Cree que con lamentarlo a posteriori basta para combatir la corrupción? Les aconsejo, eso sí, que antes de empezar a preguntar se sitúen cerca de la salida y que, cuando vean a los sicarios azuzar a las turbas, salgan por pies. Esta gente se juega los garbanzos y no está para bromas.

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Leitariegos
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Antonio Ochoa | 02-12-2015 | 06:54| 0

Hace poco ha habido una reunión promovida por la plataforma “Leitariegos Existe”, a la que estaban convocadas todas las personas de la zona interesadas en el tema. Resultó alentador que tanta gente de diferentes ámbitos se animase a participar y es de esperar que muchos de los ausentes se sumen en futuras convocatorias. Puede que la estación de esquí no sea la panacea universal, pero es importante para toda la zona. Estamos inmersos en una gran crisis de la que no nos sacará una gran solución, pero quizás sí muchas soluciones pequeñas y ésta es una de ellas.
Debemos, pues, para empezar, olvidar las zarandajas del pasado sobre agravios y disputas territoriales. Nos hubiera ido mejor si todo el dinero y energía que se empleó en estas tonterías se hubiera dedicado a colaborar para mejorar todos. Los de Villablino jamás derribaron un avión cangués, el puerto no es Crimea y ya hay demasiado Putin suelto por el mundo, no hacen falta más. La frontera es sólo una línea imaginaria, la comarca es toda una, al norte y al sur, y, si a ellos les va ahora un poquito peor que a nosotros, conviene ser humildes y recordar el refrán sobre vecinos y barbas.
Una estación de esquí es un atractivo turístico que, además, se integra perfectamente en la imagen que pretendemos vender. Naturaleza y deportes al aire libre son conceptos que queremos que los turistas asocien con nuestra comarca. Por ello es importante sumar todos los esfuerzos y no dejar a nadie fuera. Esto va más allá de fronteras y de partidos políticos, es nuestra supervivencia económica lo que nos jugamos y debemos definir unas líneas de actuación en las que todos, los del norte y los del sur, los de la izquierda y los de la derecha, estemos de acuerdo y nos comprometamos a defender ahora y en el futuro. El primer paso por el buen camino ya se ha dado, si no nos desviamos en peleas y egoísmos, podremos hacer algo importante.

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La cizaña
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Antonio Ochoa | 30-11-2015 | 17:30| 0

En este patio de banderas que es el mundo, las del amor, la solidaridad, la tolerancia y el respeto están muchas veces desguarnecidas, pero la del odio siempre está rodeada de fieles. Ésta es una de las más tristes características de los seres humanos: todos tenemos un rescoldo de odio en el fondo de nuestros corazones esperando un soplido que lo haga alzarse en llamas. Es importante asumir este hecho, pues sin él no podríamos interpretar la mayoría de los acontecimientos que ahora mismo nos sacuden. La diferencia es que algunas personas tienen una barrera de sensatez y tolerancia alrededor de las brasas y otras sólo tienen yesca.
Los sucesos de París han sido un ejemplo extremo de este hecho, pero su relevancia y magnitud no debe engañarnos haciéndonos creer que sus autores son ajenos e ininteligibles. Los sentimientos que los empujan a cometer estos actos aberrantes están también dentro de nosotros y debemos empezar por reconocerlo y ponerles freno si queremos extirpar esta lacra del mundo. El odio se alimenta del miedo a los que son diferentes (aunque la diferencia sea nimia) y de la necesidad de buscar culpables para nuestros problemas, que son sentimientos profundamente enraizados en el alma humana. Por ello, al igual que la cizaña, no puede ser erradicado completamente. Pero puede ser arrancado cuando intenta levantar su cabeza, puede evitarse que se extienda y, sobre todo, puede perseguirse implacablemente a los sembradores de cizaña.
Pensemos (más cerca de nosotros) en el tema de Cataluña. Observemos cómo el odio va creciendo en ambos lados. Podemos sentirlo a nuestro alrededor y en nuestro interior. Y, sin embargo, ¿qué nos diferencia? ¿Acaso podríamos distinguir a un catalán de un asturiano en un chiringuito playero? Y, sin embargo, ¿de qué nos acusamos? ¿Acaso no fueron los políticos catalanes los que robaron en Cataluña y los asturianos los que se lucraron aquí? ¿Quién nos está azuzando a unos contra otros y con qué objetivos? ¿Acabaremos matándonos entre nosotros para que los sembradores de cizaña engorden?

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Orgullo, satisfacción y gratitud
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Antonio Ochoa | 16-11-2015 | 06:46| 0

Soy consciente de que, en muchos aspectos, estoy chapado a la antigua. Supongo que uno adquiere sus valores en la infancia y luego es muy difícil cambiarlos. Una de las cosas que me inculcaron es que para crear una persona cabal hay que poner varias tazas de humildad por cada cucharada de orgullo. Es más, me insistieron mucho en que éste último debía ser legítimo, pues el falso siempre lo estropea todo. Desdichadamente, tengo la sensación de que tanto la diferencia entre ambos como la receta están cayendo en el olvido por lo que no estará de más darles un repaso.
El orgullo legítimo debe crecer en el interior de las personas, regado con su sudor y abonado con su sacrificio. Sólo así puede justificarse. Nadie debería erguir la cabeza ondeando logros que no proceden de su propio esfuerzo. Por eso, cuando en la actual tesitura muchos se declaran orgullosos de ser catalanes o españoles, están equivocando completamente el concepto. Pueden, si quieren, sentirse satisfechos de haber nacido en un sitio u otro; incluso, si creen que han sido especialmente afortunados con su lugar de nacimiento, pueden sentirse agradecidos, pero no orgullosos. ¿Qué contribuciones han hecho a la grandeza de su tierra natal? ¿Qué esfuerzos o sacrificios alegan?
Me siento humildemente agradecido de ser español; de haber nacido en un país donde la vida no termina al salir del trabajo, sino que empieza ahí; donde el calor de los demás nos hace sentir cómodos, incluso en los peores días. Pero soy consciente de que mi contribución a todo esto es muy, muy pequeña y de que, si hubiera nacido en Finlandia, sería feliz con los renos y la nieve. En todo este conflicto de Cataluña sobran toneladas de orgullo injustificado y falta humildad. Cuando miras a los demás por encima del hombro, te sientes como un dios observando gusanos; pero, si te giras y los miras a los ojos, te das cuenta de que los seres humanos tenemos muchas más cosas en común que diferencias.

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Motos de carbón
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Antonio Ochoa | 16-11-2015 | 06:45| 0

Hay cosas difíciles de explicar. Imaginen que compran un coche a buen precio, levantan el capó y no hay motor. Seguramente pondrían el grito en el cielo. Ahora imaginen que, al cabo de un año o dos, intentan colarles de nuevo el mismo coche. ¿Lo comprarían? ¿No? Pues nuestros partidos gobernantes nos han estado vendiendo una y otra vez la misma moto falsa y una y otra vez la hemos comprado.
Con las elecciones vuelven los vendedores de motos y la del carbón estará en todos los catálogos, porque la situación del sector es ahora mismo terminal. Aquellos que temían por su futuro más allá del 2018 han pecado de optimistas. Probablemente desaparecerá mucho antes. Demasiadas promesas olvidadas y demasiados acuerdos incumplido. Muchos de los que se comprometieron a trabajar por el futuro del carbón y terminaron trabajando por el suyo propio volverán ahora a pedirnos el voto. ¿Les compraremos otra vez la moto?
El problema no es ecológico. ¿Que ecologista honesto puede sostener que es menos dañino para el medio ambiente el carbón importado, extraído sin ningún control, que el nacional, cuyas empresas han de respetar las normas de protección de la naturaleza? Tampoco es económico. ¿Que economista honesto puede sostener que es más rentable para el país darles el dinero a los tratantes de esclavos extranjeros que a los trabajadores nacionales? ¿Existe acaso algún sector que, respetando las leyes españolas, pueda competir con lugares donde las empresas explotan a sus obreros y producen sin ningún control? ¿Hemos de resignarnos y volvernos como ellos o cerrar todo para ser “competitivos”?
El problema es la especulación de las empresas eléctricas tolerada por este gobierno y los anteriores. Son esos vasos comunicantes que llevan a los políticos desde los ministerios a los consejos de administración y viceversa. Son los interese espurios de aquellos a los que no les importa que España se vaya al garete con tal de hacerse ricos. Y, por supuesto, somos nosotros que se lo permitimos.

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Familia
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Antonio Ochoa | 03-11-2015 | 06:49| 0

Más allá de caravanas, flores, ceremonias y reencuentros, Todos los Santos nos permite apreciar hasta que punto la importancia de la familia en la sociedad española ha resistido los embates de los tiempos modernos. Ni la escasez de espacio en los pisos ha impedido que siempre quepa uno más ni la distancia a la que la emigración nos exilia impide que volvamos regularmente a ver a los nuestros. De hecho, los atascos que se forman en las proximidades de los cementerios demuestran que aun aquellos que ya no están conservan un lugar en nuestro afecto.
En el desarrollo de la actual crisis, la familia ha tenido un papel preponderante, aunque ambivalente. Por un lado, el exceso de cariño que nuestros gobernantes sienten por sus parientes, en especial a la hora de repartir cargos y contratos, ha sido una de sus causas. Aunque la atención mediática recaiga ahora sobre los Pujol, miles de pujolitos enchufados a dedo pululan por todas las administraciones y cientos de empresas de pujolitos reciben por la cara millones de euros. Si algo está claro en el caso Pujol es que los catalanes son, aún a su pesar, tan españoles como el que más.
Por otro lado, sin embargo, la solidaridad familiar ha permitido paliar los graves efectos de la crisis. Sin esto, muchas más personas se hubieran visto abocadas al hambre y a la marginación y la probabilidad de un violento estallido social hubiera sido muy alta. Estos duros tiempos nos han hecho darnos cuenta de que el oro de ley dura menos que el cariño de ley y que a los que en los tiempos de bonanza acumularon afectos les fue mucho mejor que a los que sólo acumularon cosas.
La crisis nos ha enseñado que todos los españoles somos una gran familia y que, cuando las cosas les empiezan a ir mal a unos, al final nos van mal a todos. ¡Ah! Y que el grado de parentesco es muy importante también, debemos ser todos hermanos, no unos hermanos y otros primos.

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