El Comercio
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Bajo capas de papel
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Antonio Ochoa | 09-12-2014 | 06:23| 0

“La muerte de uno es una tragedia, la muerte de millones es estadística” Iosif Stalin
Una de las desventajas de esta Sociedad de la Información es que el continuo bombardeo de noticias hace que cada una de ellas por separado parezca insignificante. Desde el comienzo de la crisis, los medios de comunicación han ido llevando día a día la crónica de las caídas en desgracia de diversos colectivos, abocados a un futuro incierto por el paro, la explotación o los abusos de los poderosos. Despido a despido, estafa a estafa, un considerable sector de la antigua clase media española ha pasado a engrosar las filas de los parias, mientras otros engordaban con su miseria. Y los periódicos han ido poniendo cara a sus desdichas, voz a sus protestas, gemido a sus quejas. Pero, al día siguiente, llegaban nuevos diarios con nuevas caras, voces y gemidos que iban enterrando los anteriores bajo una gruesa capa de papel y olvido; números en una estadística de sufrimientos nacionales, aun a medias de escribir.
Tenemos que resistirnos a caer en esta dinámica deshumanizadora. No debemos permitir que los rostros se difuminen en nuestra memoria y la solidaridad se apague en nuestros corazones. Tenemos que rescatar de su tumba de papel a aquellos que una vez suscitaron nuestro apoyo. Cuando, como ahora, nos indignemos con los trabajadores de Alcoa, abandonados a la codicia de las empresas eléctricas, hemos de recordar también a otras víctimas anteriores, como los mineros de nuestra zona que tanto tiempo llevan sufriendo en el limbo judicial y laboral al que empresa, gobierno y sindicatos les han condenado. No dejemos que nuestra rabia ante las injusticias se enfríe. No nos resignemos a que nuestros ministros dediquen su mandato a hacer méritos para ingresar en los consejo de administración de las eléctricas o, como en el caso del Sr. Soria, méritos incluso para presidirlos.

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Chapuzas
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Antonio Ochoa | 03-12-2014 | 16:27| 0

Hablaba el otro día de esas visitillas preelectorales de prebostes que, a partir de ahora, empezarán a proliferar. Por supuesto, todos los políticos participan en ese juego, pero los que están en el poder tienen dos ventajas: viajan en coche oficial y, además de muchas promesas, pueden hacer inauguraciones. Claro que, en estos tiempos en que la corrupción ha dejado (y sigue dejando) secas las arcas públicas, ya no hay tanto dinero para hormigón y asfalto; pero eso no es obstáculo. La picaresca nacional es capaz de hacer milagros multiplicadores. Además de el “ir a inspeccionar las obras” del que ya hablamos, están las inauguraciones por fases (recuerden el HUCA), con lo que de una sola obra se pueden sacar montones de fotos electorales.
Tenemos también la multiplicación de obras merced a otro clásico español, la chapuza, mucho más dañino aún que lo anterior. En vez emplear el dinero que hay en unos pocos proyectos serios que realmente solucionen problemas, se despilfarra en multitud de chapucillas que no son (en el mejor de los casos) más que parches temporales. La carretera de Villalar, de la que hablamos, es un claro ejemplo. Es estrecha, con curvas muy cerradas y firme deplorable. Necesita, pues, eliminar las curvas más problemáticas, ensanchar con una cuneta transitable y asfaltar. Sólo se está haciendo esto último. ¿Consecuencias? La elevación del nivel de la calzada hará imposible aprovechar el exterior para cruzarse con otros vehículos, con lo que acabará siendo aún más estrecha y peligrosa. Pero claro, así, con el mismo dinero, se podrán inaugurar unas cuantas carreteritas estrechas y peligrosas más; hacerse muchas más fotos y ganar un montón de votos. Luego, cuando lleguen los problemas, quedarán cuatro años de chollo asegurados y, en ese tiempo, la gente olvida. Durante décadas este sistema ha funcionado. Hay quien asegura que los ciudadanos ya no tragan, pero eso sólo el tiempo lo dirá.

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Viene el señorito
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Antonio Ochoa | 27-11-2014 | 06:49| 0

Ciertas costumbres políticas muy antiguas se resisten a desaparecer. Una de ellas es la visita del señorito. Esa parafernalia del coche oficial, la escolta de las fuerzas vivas locales, la foto de prensa, las promesas… es demasiado golosa para resistir la tentación. El otro día vino a vernos el Director General de Infraestructuras (o así) y la imagen de la noticia no sólo era idéntica a otras que vi yo en pantalón corto, era idéntica a otras que vio mi tatarabuelo. Nada cambia porque nosotros no cambiamos. El hombre llegó, soltó su rollo y nadie pareció sorprendido de que, entre las pocas preguntas que le hicieron, no estuviera la única importante: ¿Qué ha venido usted a hacer aquí exactamente?
Están arreglando una carretera, cierto. ¿Y qué? ¿No ha visto nunca ese señor cómo se hace una carretera? Un poco tarde para aprender, al final de su mandato. ¿No se fía de sus técnicos? Un poco tarde, también. ¿Quiere enterarse de qué les parece a los indígenas la obra? ¡Estupendo, pero otra vez un poco tarde. Ofrecer ahora soluciones a fallos que se hubieran evitado preguntando a los afectados sólo demuestra prepotencia, improvisación y despilfarro de recursos. Los cargos políticos son “servidores” públicos, no “amos”. El dinero que usan es de todos y su obligación es dar explicaciones de cómo lo administran y no pretender hacernos “regalos” con él.
Claro que, con mucha mayor probabilidad, la finalidad del viaje era ganar votos y disfrutar de la gastronomía canguesa. Por supuesto, comparto totalmente la conveniencia de lo segundo y comprendo la necesidad política de lo primero, Lo que no me parece nada bien es que ni uno ni otro se hagan con nuestros impuestos. Ya va siendo hora de que el dinero gastado corresponda a los fines: fines particulares, dinero particular; fines del partido, dinero del partido; fines realmente públicos (e imprescindibles), dinero público.

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Adjetivos
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Antonio Ochoa | 19-11-2014 | 07:01| 0

La ex alcaldesa de Vegadeo, Servanda García, afirma en una entrevista que “la gente está defraudada, pero los primeros indignados somos los políticos”. Se ve que tiene problemas con los adjetivos. “Defraudados” estamos cuando no nos toca la primitiva o nuestro equipo pierde. Cuando nos roban nuestros ahorros, ponen en peligro nuestras pensiones, destrozan nuestra sanidad y condenan a nuestros jóvenes al exilio laboral lo que estamos es furiosos, hartos y asqueados, pero no “defraudados”. Porque el problema no es sólo que se hayan llevado el dinero, es que, para conseguirlo, no dudaron en destrozarnos la casa. El peor problema no fueron los camiones que entraban por una puerta del Musel y salían por otra sin descargar; no fueron las subvenciones que entraban en caja y salían en maletines; fue esa regasificadora que no ha llegado a ponerse en marcha y ese macropuerto que no seremos capaces de mantener.
Me pregunto de qué están “indignados” los políticos. ¿Cuántos de ellos nunca aceptaron regalos, aprovecharon el dinero público para lujos privados, favorecieron a la empresa de un allegado o colocaron a un familiar? Y, de esos seres excepcionales, ¿cuántos no sabían lo que estaba pasando? ¿Creían quizás que los parientes de los políticos eran más listos y por eso se colocaban mejor; que cuando la empresa del “amigo” era la mejor y por eso se llevaba todas las adjudicaciones; que sus colegas se hacían ricos a base de “herencias”? ¿Quieren que creamos que son Los Santos Inocentes o creen que los inocentes somos nosotros? Pues los ciudadanos de este país han superado, afortunadamente, la edad de la inocencia. ¿Y, saben? Creo que eso es lo que indigna a los políticos: que ya no nos dejemos engañar con el “y tu más”, que ya no traguemos lo que nos echen, que tengan que ir al juzgado como cualquier otro delincuente. ¿Y, saben? Cuanto más indignados están ellos, más contentos estamos nosotros.

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Juntos
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Antonio Ochoa | 11-11-2014 | 06:41| 0

Este fin de semana la Asociación Cultural “El Arbedeiro” de Navelgas ha entregado su Panoya de Oro a la Sociedad de Artesanos “Nuestra Señora del Carmen” de Cangas del Narcea. Este acto de hermanamiento entre dos grupos de personas, próximas en el espacio y cercanas en el sentimiento de defensa de las tradiciones, me ha hecho pensar una vez más en lo importante que el movimiento asociativo ha sido y es en la defensa y conservación de nuestra identidad cultural y de las cosas importantes de nuestro entorno. Por separado somos como briznas de paja que cualquiera puede romper o voladores sueltos en una tarde de verano, a los que nadie hace caso. Pero, cuando nos juntamos, nos convertimos en una riestra que puede sostener un peso enorme, en una Descarga que atruena el cielo.
Es una verdadera pena que esa unión que demostramos en lo que toca a nuestra tierra chica no la sigamos demostrando en otros aspectos de la vida pública. Hubo un tiempo en que juntos cambiamos este país. Por desgracia, nos dejamos convencer de que la labor ya estaba hecha y de que podíamos dejar la administración de nuestras conquistas sociales en mano de políticos y sindicalistas. Fue un terrible error que hemos tenido que lamentar amargamente. Todo el esfuerzo de varias generaciones ha sido dilapidado. Ahora mismo, las cotas de democracia, justicia social y honestidad pública no son sensiblemente superiores a las de 1974; de hecho, en el último aspecto, probablemente sean peores.
Así que tendremos que volver a poner manos a la obra, dejar de llorar por las esquinas, juntarnos y empezar otra vez a recuperar nuestros derechos. Los mayores tal vez se acuerden de cómo se hace. Los más jóvenes están aprendiendo (a la fuerza) a toda velocidad. Nos queda por delante otra Transición y a ver si esta vez, de verdad, hemos aprendido de los errores del pasado.

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Matadero
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Antonio Ochoa | 06-11-2014 | 15:50| 0

Las primeras nieves sobre los picos de las montañas anuncian la llegada del invierno y las últimas noticias sobre el matadero de Cangas anuncian la llegada de las elecciones locales. El actual es el tercer intento que recuerdo y perdónenme si no estoy convencido de que sea el último. Por alguna extraña coincidencia, tanto ahora como antes, siempre se presentó como proyecto estrella para un “siguiente” mandato que luego no llegaba.
En tiempos del Sr. Cuervo, se ponía en duda su rentabilidad. En aquellos años se creaban montones de empresas municipales “rentables”, si consideramos que rentabilidad quiere decir dar beneficios a los administradores y pérdidas a los ciudadanos. Y, claro, un matadero sería todo lo contrario. En Cangas, saliendo del juzgado (un edificio que muchos políticos visitan hoy en día y muchos más no visitan, pero deberían) en dirección a Oviedo, podrán ver dos buenos ejemplos de inversiones “rentables”. Un agujero para un Centro de Salud y otro agujero para un Centro de la Tercera Edad que nunca llegaron a nada, obra de los anteriores alcaldes, ambos tan costosos como “rentables”. No son, por supuesto, los únicos ejemplos. Repartidos por nuestro entorno podrán ver centros de interpretación, museos y demás cerrados y condenados al derrumbe, muros de cincuenta metros que costaron más que la Gran Muralla y vías asfaltadas con un diseño tan eficiente que pasan por delante de las casas de todos los amigos sin acercarse a ninguna de los adversarios.
Un tema como el matadero en un concejo ganadero como Cangas debería ser un “tema de concejo” para todos los partidos y gozar de un absoluto consenso. El hecho de que no haya sido así demuestra que la “rentabilidad” que han buscado siempre está muy lejos de ser la que beneficia a los ciudadanos. El otro hecho (más que probable) de que ahora unos intenten colgarse medallas y otros tirarlo por tierra demuestra que todo sigue igual.

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Una casta de nicolases
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Antonio Ochoa | 28-10-2014 | 21:09| 0

En panorama político tan deprimente como el actual, la aparición de Nicolás ha sido la única nota divertida. Ahora que “la casta” es vituperada en todas partes, él quería formar parte de ella. Quería su coche oficial, su tarjeta oficiosa y sus sobornos extraoficiales. ¿Acaso es eso tan extraño? ¿Cuántos nicolases hay en este país esperando una ocasión semejante? Y, después de todo, ¿por qué no? ¿Acaso toda esa caterva de asesores, consejeros y liberados que nos rodea y nos asfixia es mejor que nuestro Nicolás? ¿Acaso los asesores saben algo para poder asesorar? ¿Acaso los consejeros dan consejos que no lleven a la ruina? ¿Acaso los liberados hacen algo distinto de cobrar por el pelotilleo y la lealtad perruna? ¿Cuántos cargos locales, autonómicos o nacionales pueden presumir de un currículo mínimamente decente anterior a su entrada en política? Y, si a pesar de ello están todos ahí gozando de privilegios sin cuento, ¿por qué otros no?
Nicolás tenía todo lo necesario para ser un político triunfador: desvergüenza, desprecio por las normas, habilidad para hacer la pelota, facilidad para engañar y voluntad de trepar pasando por encima de lo que fuese. Pero también tenía prisa y eso fue lo que lo perdió. Para llegar arriba con veintipocos años hay que ser hijo de la casta. De lo contrario, tienes que recorrer lentamente todo el escalafón desde las juventudes del partido, repartiendo por el camino un buen montón de puñaladas y esquivando muchas más. Careciendo de apellidos y de antigüedad, la cosa no podía durar. Podía, sí, pedir maletines como ellos, pero no podía luego otorgar contratos. Podía alquilar cochazos y guardaespaldas, pero no, cargarlos a la cuenta de la autonomía. Podía organizar fiestas suntuosas, pero no, pagarlas con la tarjeta de la Caja. Podría perfectamente haber sido uno de ellos, pero fue demasiado listo y ambicioso para no destacar entre tanto mediocre.

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Sobre crédulos y quejicas
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Antonio Ochoa | 24-10-2014 | 05:50| 0

Dos cosas en las reacciones al caso Villa” me han parecido interesantes y esclarecedoras. En primer lugar, nadie se ha molestado en fingir incredulidad. Todos sus colegas han aceptado sin problemas que era cierto. ¿Por qué? Si a mí me dijeran que Ghandi se dedicaba (por ejemplo) al tráfico de armas, me costaría creerlo. Aun viendo fotos de él con un saco de metralletas a la espalda me costaría. ¿Por qué todo el mundo se lo creyó del Ghandi de las cuencas (centrales) sin necesidad de verlo en la foto con el saco de euros camino de Suiza? ¿Acaso asumen que la mayoría de los políticos son corruptos? Ellos, que son políticos, lo sabrán mejor que nadie; pero, precisamente por ello, sería muy, muy preocupante. ¿O acaso ya lo sabían desde hace mucho, pero, mientras él cortaba el bacalao, comían y callaban? Pues eso daría una imagen de la gente que nos gobierna aún más preocupante.
En segundo lugar, es curiosa la lista de sedicentes damnificados. En una partida, unos ganan y otros se quejan de las cartas. Está muy feo que los que ganan se quejen encima. En este caso, muchos individuos cuya capacidad intelectual y moral sólo puede ser estudiada con microscopio y que llevan viviendo como marajás durante años gracias al señor Villa salen a toda prisa a protestar por los daños que les ha causado. ¡No me fastidien! Si esta fuera una sociedad honesta (sin “Villas”), ellos estarían buscando comida en los contenedores. Si no hablaron con la boca llena, no hablen ahora que tienen llena la barriga. Dejen que los pobres mineros actuales, que trabajan con condiciones y sueldos tercermundistas gracias a ellos, se quejen. Sin duda el miedo a quedarse sin chollo les aterra, pero, cuando uno levanta demasiado las sayas para escapar corriendo, suele quedarse con el trasero al aire.

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Vendimia
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Antonio Ochoa | 13-10-2014 | 09:46| 0

Llegó de nuevo a Cangas la Fiesta de la Vendimia. Este evento ha ido ganando prestigio con tal rapidez que se ha convertido en la segunda gran fecha del año cangués, muy poco por detrás de El Carmen. Tiene todas las cosas que nos gustan: buenos amigos, buena conversación, buen vino y buena mesa. Además, está hecha con cariño e ilusión, por gente que realmente cree en lo que hace y con muy escasa interferencia “política”. Es un ejemplo de lo que se puede conseguir cuando la gente se pone a bogar junta en vez de liarse a golpes con los remos. Cierto que en la pasada edición se hubo algunos ecos bélicos. Pero, por suerte, todos parecen haber comprendido que, en las guerras, incluso los que ganan pierden. No se puede pedir a nadie que renuncie a sus principios, pero, para lo demás, el diálogo es una buena receta.
Es un paso en el buen camino y probablemente daríamos muchos más si supiéramos a dónde queremos ir. Hasta ahora hemos ido dando tumbos, esperando acertar por casualidad. Se han despilfarrado montones de dinero en ocurrencias que han quedado en nada y en ideas grandiosas que se vinieron abajo porque no tenían ninguna base. Tal vez sea tiempo de pararnos a pensar cómo podemos sobrevivir juntos en estos tiempos azarosos y, después, empujar todos en esa dirección. Turismo de calidad, vino de cangas y productos naturales parecen unos buenos inicios. Podemos añadir otros, pero no demasiados ni muy dispares.
Así pues, saboreo un buen vaso de vino de Cangas, una buena tapa y hago una pequeña pausa en la conversación para disfrutar del verde paisaje que nos rodea. Mientras, intento decidir si el espectáculo que dan esos mismos que hasta hace poco hacían cola para adorar a Villa pretendiendo ahora lapidarle me divierte, me deprime o me indigna.

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Seguridad
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Antonio Ochoa | 13-10-2014 | 09:45| 0

Hace unas noches unos (de momento) desconocidos reventaron el cierre de una joyería de la villa y robaron los artículos del escaparate. Este tipo de sucesos hace que se tambalee la burbuja de seguridad en la que vivimos. Es cierto que el anonimato es más difícil en las pequeñas villas y eso hace que los delincuentes se sientan más incómodos actuando en ellas, pero cualquier aumento en la criminalidad se hará, sin duda, notar aquí y un incremento importante hará que nuestra protectora burbuja estalle en pedazos. Así pues, ¿a dónde vamos a llegar?
Lo que evita que la gente normal robe es, en esencia, la conciencia de que es algo que está mal (no querríamos que nuestros hijos nos vieran haciéndolo) y el temor de ser pillado y tener que sufrir las consecuencias (ir a la cárcel y perder nuestro estatus). Ahora bien, imagínese que es un pobre peón en paro y ve que (por citar un caso) un montón de políticos, sindicalistas y demás se han pulido quince millones (su sueldo de cien años) del dinero de Cajamadrid (nuestro dinero) y ahora se van con una simple “reprimenda”. ¿En qué situación queda su sentido del bien y el mal? Imagine, además, que se le ha terminado la prestación, ha perdido su casa y anda buscando comida en la basura. ¿Puede el miedo a perderlo todo detenerle cuando ya no le queda nada?
Las personas desesperadas toman decisiones desesperadas y pueden ser fácilmente inducidas a cometer actos en otras circunstancias impensables. Las personas privadas de educación son más propensas a cometer crímenes brutales. Del estado del bienestar al estado de la mafia hay una larga bajada que puede recorrerse en poco tiempo. El camino contrario es cuesta arriba y lleva muchísimo más. En estos momentos, el recuperar la justicia social y combatir la miseria no es una cuestión de conciencia, es una cuestión de supervivencia.

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