El Comercio
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Tertulias
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Antonio Ochoa | 18-09-2017 | 20:11| 0

Hace poco, en uno de esos momentos de debilidad que todos padecemos, encendí la tele mientras desayunaba y, quizás por fatalidad o porque proliferan a esa hora, me encontré con una tertulia. Mientras localizaba el mando, tuve la oportunidad de escuchar una (supuesta) gracieta comparando la destrucción causada por el Irma con la causada por el régimen castrista. Cambié de canal, caí en otra tertulia y hete aquí que escucho la misma gracia en boca de otro tertuliano. ¿Telepatía? Bueno, no me pareció muy normal, pero tampoco, paranormal. ¿Casualidad? Podría ser, si este tipo de “coincidencias” no fuesen demasiado frecuentes para ser fruto del azar. No, la explicación es más sencilla, más prosaica: “Consignas”.

Cada día, los comités correspondientes de los partidos se reúnen para decidir cuáles quieren que sean los temas de actualidad y lo quieren que sus simpatizantes piensen sobre dichos asuntos. A continuación, les explican a sus “tertulianos”, “informadores” y “escritores” de plantilla lo que tienen que decir y éstos lo repiten en telediarios, programas de opinión y artículos, sin problema. Después, como en una epidemia, sus seguidores asimilan el virus y lo trasmiten a sus amigos, extendiendo la plaga a toda la población. Muy pocos parecen molestarse en hacer “zapping” para contrastar versiones y, menos aún, en aplicar su propio sentido crítico a lo que oyen.

Con este corrupto y extendido sistema, la “opinión libre” del “pueblo soberano” acaba siendo mucho menos libre y soberana de lo que convendría en un país democrático formado por ciudadanos y mucho más propia de una secta formada por creyentes. Resulta deprimente también lo poco que cuesta encontrar en este país a alguien que mienta, manipule y calumnie por tí a cambio de un puñado de monedas. Por el bien de nuestra democracia, deberíamos reducir drasticamente la oferta de sicarios armados con palabras envenenadas y aumentar en igual medida el número de ciudadanos capaces de notar cuándo los están adulando y diciéndo lo que quieren oír para manipularlos. Cuando alguien te acaricia la oreja, algo quiere de tí.

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Seguimos adelante
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Antonio Ochoa | 10-09-2017 | 17:53| 0

No pudo ser. El premio de Pueblo Ejemplar de Asturias se va al Oriente este año. Ni Allande ni Moal han podido ver sus esfuerzos culminados con el éxito. Es lógico sentir una cierta decepción y una sensación como de resaca después de todos estos meses de ajetreo. Pero éste es sólo un pequeño revés, un paso al lado (que no atrás) que tenemos que asumir. Sólo queda felicitar a los ganadores y volver a la tarea. Ellos hubieron de presentarse seis veces para conseguirlo, no son mal “ejemplo” de constancia para copiar. Cuando persigues un sueño, no importa las veces que caigas, lo importante es que cada vez aprendas algo y vuelvas a levantarte.

De ningún modo debemos pensar que todos nuestros desvelos han sido en vano. La labor realizada, los apoyos conseguidos y el espíritu de trabajo en común están ahí y ahí seguirán para que podamos continuar construyendo sobre ellos, tanto en este asunto como en otros. El futuro de nuestra comarca no puede quedar al albur de decisiones ajenas. Saldremos a flote o nos hundiremos por la fuerza de nuestros brazos. Si alguien aparece a echarnos una mano, bienvenido sea, pero seremos ilusos si esperamos que los tirones hacia arriba superen a los empujones hacia abajo. Porque, últimamente, las declaraciones de nuestros dirigentes están tan llenas de buenas palabras como sus decisiones, llenas de malos hechos. Hablan de “proteger el medio rural”, pero luego se dedican a amargarnos la vida a los que vivimos aquí a base de prohibiciones y trabas, de modo que parecen querer protegerlo de nosotros, echándonos. Dicen que hay que ” fijar población”, pero sus disposiciones parecen más encaminadas a evitar a toda costa que alguien pueda establecerse aquí y crear un negocio, de manera que la población se fije en el Centro. Si hemos empezado a levantar cabeza ha sido gracias a nosotros mismos y, si queremos llegar a ponernos en pié, tendremos que seguir sudando. De Oviedo sólo vendrán a hacerse fotos y colgarse medallas cuando toque.

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Gota fría
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Antonio Ochoa | 04-09-2017 | 20:04| 0

Ha sucedido otra vez. Aquella excepcional granizada que azotó la comarca hace algo más de un año ha resultado no ser una excepción. De nuevo la piedra ha asolado las zonas donde ha caído, dejando huertas y viñas completamente destrozadas. Mucho me temo que la famosa gota fría que solía visitar el Levante en estas fechas ha emigrado al Norte y le ha tomado gusto. Todo ello, como culminación de un año extraordinariamente seco y caluroso que ha dejado las reservas de agua bajo mínimos. El clima está cambiando y no para mejor. Las noticias de ciclones, inundaciones y otros desastres naturales relacionados empiezan a ser tan habituales que pronto dejarán casi de ser noticia. A estas alturas, incluso aquellos políticos ultraliberales que hace un par de décadas decían que lo del calentamiento global era un bulo de los ecologistas intentan borrar sus palabras de las hemerotecas. Por lo que sé, sólo el Sr. Trump afirma que no es para tanto y, después de lo de Texas, quizás ni él.

Un cuarto de siglo tarde, lo hemos reconocido. Era necesario, importante, pero, por sí sólo, no sirve para nada. Si dedicamos otros veinticinco años a pensar que hacer, probablemente no tendrá solución. Es necesario tomar medidas ya y éstas han de ser enérgicas, planificadas a largo plazo y afectar a todo el planeta. Desdichadamente, los únicos que pueden hacerlo, nuestros líderes mundiales, no se caracterizan, precisamente, por su grandeza de miras. Se mueven remolonamente entre la presión de la opinión pública (que es la que les sostiene) y los intereses de las multinacionales (que son las que les pagan), procurando contentar a los primeros con palabras y gestos y a las segundas, con hechos y beneficios. Incluso los acuerdos más nimios son rechazados o incumplidos. Sospecho que sólo cuando la situación se vuelva insostenible, se intentará poner remedio. Por mi parte, no me siento muy optimista. Les recomiendo que se vayan preparando. Yo, de hecho, estoy buscando por Internet a ver si Noé dejó planos del Arca.

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Aire nuevo
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Antonio Ochoa | 28-08-2017 | 09:54| 0

Durante mucho tiempo (demasiado) el suroccidente ha ido languideciendo, decayendo, encaminándose, aparentemente resignado, a la extinción. Pero ahora, por fin, algo está cambiando. Al principio fue sólo una vaga sensación, como esa diferencia de luminosidad y esa súbita ráfaga de aire que preludian la lluvia. Pero las gotas han empezado a caer copiosas y ya nadie puede dudar de que una nueva época se avecina. Hemos abandonado atrás la autocompasión, hemos dejado de esperar a que nos salven, nos hemos arremangado y puesto manos a la obra. Por doquier surgen iniciativas, se fortalecen las antiguas asociaciones y se crean nuevas, queremos hacer algo, hemos empezado a creer en nosotros mismos, nos atrevemos a intentarlo y lo vamos consiguiendo.

Hay razones para el optimismo, sí, pero apenas hemos empezado a recorrer el camino. Siglos de abandono no se revierten en pocos años, debemos ser pacientes y tenaces. Tampoco debemos esperar soluciones mágicas. No se trata de encontrar la panacea universal que nos salve, sino de crear muchas cosas pequeñas para que todas juntas hagan una grande. Por eso es muy importante que cada iniciativa sume y no reste a otras. Es muy importante que nos coordinemos y nos apoyemos unos a otros, más allá de colores o localismos. Somos un auténtico paraíso natural lleno de gente natural y productos naturales. Dejemos que ese sea nuestro mensaje unitario al exterior.

Y, aunque nosotros debemos ser los principales artífices de este cambio, no por ello deja de ser bienvenida la ayuda exterior. Ahí están, como he señalado muchas veces, nuestras deficiencias en telecomunicaciones que deben ser resueltas cuanto antes, porque lastran nuestras posibilidades de desarrollo. Pero el apoyo externo no tiene por qué ser sólo material, el apoyo moral es también a veces importante. Está a punto de fallarse el premio de Pueblo Ejemplar de Asturias y la allandesa Asociación de Mujeres Río Nisón opta a él. Su concesión sí que sería un claro mensaje de apoyo a todos los que luchan por sacar a flote este rincón de Asturias.

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Fiestas
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Antonio Ochoa | 28-08-2017 | 09:46| 0

Todo el que se cría en un pueblo desarrolla unos fuertes vínculos con su terruño que no son habituales en otros entornos. Un piso no es más que una caja de aire rodeada de ladrillos y amueblada. Se puede vender sin apenas una pizca de nostalgia. Pero una casa de pueblo hunde sus raíces en la tierra, fue levantada con el sudor de tus ancestros y su memoria la impregna totalmente. Venderla es cómo vender tu propia historia y tu identidad, una ruptura dolorosa que sólo la extrema necesidad podría excusar. La distancia no hace sino reforzar este apego, que sólo el tiempo y la ausencia pueden erosionar. Por ello, el retorno periódico es vital para renovar esos lazos y recuperar esa parte de tu yo infantil que el ajetreo de la vida diaria va desgastando.

Y la mejor ocasión para ese regreso es la fiesta patronal. Esta celebración, que tradicionalmente servía para reforzar los vínculos con la familia y los vecinos, es más importante ahora que trabajos comunales como las matanzas, mayadas y otros han  casi desaparecido. Durante los días anteriores, los caminos, generalmente solitarios, vuelven a sentir los pasos de los que los recorrieron de niños y en los cruces se retoman amistades, se intercambian novedades, se rememoran anécdotas y se ultiman preparativos. Las casas cerradas se abren, las habitaciones vacías se ocupan y, por un tiempo, el pueblo recobra parte de la vida que había perdido.

La fiesta del pueblo es mucho más que una simple noche de baile, de hecho, eso es lo menos importante. Es volver a estar rodeado de las personas con las que creciste, es hacer planes, trabajar y divertirse otra vez juntos. Es retomar el contacto y saber que el tiempo no ha traído el olvido. Es sentir que, vivas donde vivas, siempre te sentirás vecino de tus vecinos. La fiesta ayuda a mantener vivo el pueblo y a renovar los lazos de los que están afuera con él y entre sí y, por ello, nunca debe permitirse que desaparezca.

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Picaresca y drama
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Antonio Ochoa | 14-08-2017 | 15:35| 0

Hace poco los medios de comunicación se hacían eco de que el “empresario minero” Rodolfo Cachero se encontraba en busca y captura. No sé si, a la hora de escribir esto, la policía sigue con lo primero o ya ha llegado a lo segundo. Tampoco es que importe más allá de la anécdota. El daño ya está hecho. La liquidación de la minería asturiana ha dejado de ser un drama humano para convertirse en un culebrón judicial. La amargura de miles de familias, la tragedia de comarcas enteras, queda oculta tras este ir y venir de pícaros entre sus palacetes y el de Justicia, con pocas o ninguna parada en la cárcel.

Para todos los que han conocido a empresarios ejemplares como D. Efrén Cires, que siempre intentaron y siguen intentando luchar por su empresa y por sus trabajadores, el contraste no es sólo brutal, es doloroso; doloroso por lo que fue y lo que es ahora, doloroso porque, con gente como Cachero o Alonso al cargo, dentro de poco ya no será nada. Gente que trata a los trabajadores como esclavos y a sus familias, como rehenes, gente que va de lío en lío y de conflicto en conflicto es apropiada para destruir, no para conservar. Probablemente éste era el objetivo desde el principio y, desde luego, éste será el resultado final.

Porque todo esto no da la sensación de ser fruto de la fatalidad ni una plaga bíblica que nos haya caído aleatoriamente del cielo. Todo esto se acomoda demasiado bien a los intereses de las poderosas empresas eléctricas para creer que ha sido simple casualidad; demasiados políticos que participaron en las decisiones acabaron trabajando para ellas, demasiados puntos oscuros en la actuación de los sindicatos. Puede que Victorino Alonso,  Rodolfo Cachero y José Ángel Villa aparezcan ahora como los villanos de esta telenovela que nos quieren contar, pero en la historia real no fueron los únicos ni los más decisivos. Sin importantes apoyos políticos y financieros nunca hubieran podido hacer lo que hicieron.

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Filosofía panieguera
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Antonio Ochoa | 12-08-2017 | 16:23| 0

Cualquiera se imaginará que pasarse las vacaciones en una casa de pueblo en la que ya no hay  labranza es una especie de paraíso soñado para vagos, lleno de desayunos tardíos, perezosos paseos y largas siestas. Nada más lejos de la realidad. El paisaje asturiano fue creado con el sudor de nuestros antepasados y ese espíritu laborioso ha embebido cada centímetro de esta tierra, que intenta por todos los medios evitar que sus descendientes nos abandonemos a la molicie. Cada hierbajo o animalejo del entorno, cada piedra, cada pared, conspira contra ti. Te ven llegar, te miran con aire desdeñoso y se lanzan a la reconquista del terreno que les ganaron nuestros abuelos.

Hace poco me tocó librar una pequeña batalla en esa guerra interminable. Las paniegas habían invadido (una vez más) la finca pegada a casa, así que, armado con una azada, me lancé a la lucha por el honor de la familia. Las paniegas tienen una raíz profunda; si tiras de ellas, rompen por  el tallo y vuelven a salir enseguida. Has de cavar con la azada para poder erradicarlas. Es una tarea fatigosa y monótona en la que, además de sudar y maldecir, sólo puedes ocupar la mente en compadecerte de ti mismo o en filosofar. Como yo soy más bien de lo segundo, ya que no pude compartir la tarea, comparto, al menos, las conclusiones.

Recuerdo a mi padre haciendo esa tarea. Él me enseñó a mí a hacerlo como mi abuelo le había enseñado a él, decenas de generaciones de mi familia peleándole el terreno a  centenares de la suya. Año tras año, manos encallecidas y espaldas dobladas, perseverancia e ingenio contra resistencia y número. Hemos pasado del hierro a las armas modernas y aun así la balanza sigue indecisa. Yo creo que la naturaleza creó las paniegas para que los humanos aprendieran los valores de la tenacidad y la humildad y, mientras la estirpe de los antiguos paisanos y paisanas camine por estas tierras, las paniegas seguirán ahí combatiéndonos y enseñándonos.

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Digestión
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Antonio Ochoa | 31-07-2017 | 09:23| 0

Se declaraba el Sr. Cerezo, Presidente del Atlético de Madrid, “sorprendido” por la detención del Sr. Villar. No oí su intervención completa y no sé si su “sorpresa” se debía a que lo hubieran pillado, a que hubieran tardado tanto o a que nunca hubiera podido imaginar que en la Federación hubiese esos tejemanejes. Me temo que se refería a esto último y eso me parecería “sorprendente”  si no hubiera visto lo mismo en otros casos similares. Pensemos en Asturias, quitémosle una “r” al apellido y varios millones al montante de los (presuntos) beneficios y tendremos un caso similar. Repasemos las hemerotecas y descubriremos las mismas expresiones de “sorpresa” en las personas cercanas al interesado.

Y ustedes se preguntarán cómo es posible crear una red clientelar que te sostenga en el cargo durante décadas, pagar apoyos con favores, repartir cargos y contratos entre las personas leales, tomar represalias contra los que te critican y, en fin, montar una estructura mafiosa, sin que se entere nadie más que los colaboradores imprescindibles. Y ustedes sospecharán que la tal “sorpresa” es fingida, para no verse salpicados por las cuasi infinitas corruptelas menores que van apareciendo al destapar la olla. Y será así en muchos casos, pero en otros, quedaron genuinamente “sorprendidos”. Habían escuchado múltiples informaciones y acusaciones previas, pero las achacaron a conspiraciones del “enemigo”. No es culpa suya, es un problema genético.

Los españoles somos un pueblo feliz. No sólo vivimos en un país maravilloso, además gozamos de un metabolismo optimizado para aprovechar sus recursos. Eso implica digerir eficientemente  y, por tanto, la sangre debe fluir a las zonas apropiadas dejando otras, como el cerebro, en descanso. Un auténtico español, mientras tiene la barriga llena, cierra los ojos con fuerza y acepta todo lo que le dicen, porque lo contrario supondría pensar y podría cortársele la digestión. Es por eso que no abrimos los ojos hasta que pasamos mucha hambre y es entonces cuando descubrimos “sorprendidos” que nos han estado engañando y nos lanzamos furiosos a la calle. Pura genética.

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Estado festivo
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Antonio Ochoa | 25-07-2017 | 09:36| 0

Además de los cuatro estados típicos de la materia  existe un quinto, el festivo, en el que objetos cotidianos como una bolsa de la compra llena de botellas adquieren propiedades que nos dejan perplejos. Está, en circunstancias normales, resultaría bastante pesada y, si la acarreásemos desde el supermercado, llegaríamos a casa rogando para que no se rompiese y con el brazo agotado de aguantarla. Pero, cuando esa bolsa de la compra pasa al estado festivo (llamado también estado botellón) las leyes de la física dejan de rezar para ella. Sigue llena, pero ya no pesa nada. Cualquier crío enclenque es capaz de transportarla kilómetros de lado a lado de la villa sin fatigarse. Ahora bien, conforme el líquido se va agotando, la bolsa va, paradójicamente, pesando cada vez más y, cuando se acaba del todo, se vuelve tan pesada que entre todos los del grupo no son capaces de levantarla para llevarla al contenedor que está a doscientos metros.

Se sonreirá, pero la mayoría de nosotros hemos experimentado alguna vez ese estado festivo. Recuerde su último vaso de plástico con caipiriña. Iba por la calle bailando con él lleno y no lo notaba en la mano. Pero fue terminarse y empezar a molestarle, a sentir un peso incómodo que le impedía moverse con libertad. Miró alrededor: ningún contenedor, las papeleras llenas, una jardinera allá lejos. Tuvo que hacer un considerable esfuerzo para llegarse a ella a posar el vaso en vez de dejarlo en el suelo. No había sido el único en sentir este misterioso incremento de peso de los vasos vacíos; junto al suyo había muchos más. Por eso, cuando paso al lado del macetón de madrugada, las florecillas parecían sonreírle con afecto y, acercando el oído, podía escuchar sus vocecitas entonando la de “Cangas, mi Cangas….”. Por eso también, para evitar los problemas de alcoholismo entre la flora urbana, conviene instalar los contenedores más próximos en zonas festivas, porque las distancias que un humano normal puede recorrer con un recipiente de licor vacío son limitadas.

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Varitas mágicas
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Antonio Ochoa | 17-07-2017 | 10:50| 0

La Fiesta de El Carmen tiene algo mágico y no hablo sólo en sentido metafórico (fuego, sonido, ambiente), sino también real. Y no intento tomarles el pelo ni colarles una historia de fantasía como las de Harry Potter. Aunque les cueste creerlo, las varitas mágicas existieron en el pasado y aún existen en Cangas. Los más viejos sin duda se acordarán de unas de avellano que tenían los maestros de antes y que, aplicadas sobre una cabeza infantil, despejaban rápidamente las dudas sobre las normas de acentuación. Afortunadamente, fueron prohibidas pues, aunque tenían efectos beneficiosos sobre la ortografía, su uso prolongado creaba adicción en los que las empuñaban y efectos psicológicos y físicos adversos en los que las recibían. Sin embargo, parte de su magia ha perdurado y se ha trasladado a las varitas de volador.

Cada año tenemos que soportar en La Descarga y demás tiradas algún que otro individuo tan analfabeto que no sabe leer un letrero de peligro, tan ignorante que no sabe para qué sirven las vallas y las cintas de seguridad y tan necio que es incapaz de seguir las advertencias verbales. Pero que no le caiga en la cabeza una vara de volador de manera que le produzca un pequeño arañazo, porque, de repente, descubres que el impacto lo ha vuelto sabio y, ahora, conoce más leyes que el Aranzadi y más medicina que el Marañón, que lo ves ante el juez interpretando el papel de víctima con absoluta convicción y no sabes si quieres darle una “hostia”  o un Óscar. Y no se crean que el sortilegio funciona sólo con los forasteros. A más de uno de  “¡No me digas donde tengo que ponerme, soy de Cangas y llevo poniéndome aquí toda la vida!”, le cae una vara y se le trasmuta la “canguesía” en sabiduría legal inmediatamente. Así que tendrán que perdonar si a veces somos un poco pesados con eso de la seguridad. La Audiencia Provincial es uno de los edificios de Oviedo que menos nos gusta visitar.

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