El Comercio
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Retos del verano
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Antonio Ochoa | 10-07-2017 | 20:00| 0

Un desafío bastante complicado en estas fechas es recorrer la calle Mayor de lado a lado sin paradas y sin incurrir en grave descortesía. Incluso corriendo en ropa deportiva con los auriculares calados sería difícil de hacer sin acabar calificado como “un poco raro”, que es la forma amable de decir que no todos tus tornillos están en el agujero que les corresponde, pero te queremos igual. Pasado el cuarenta de mayo y liberados del sayo, nos lanzamos a la reconquista de calles, cruces, plazas y terrazas, que hierven de gentes que van y vienen intentando sortear grupitos de tertulianos y acabando absorbidos por uno u otro de ellos. El sonido de decenas de conversaciones entremezcladas (en ese tono mesurado que nos caracteriza) sirve como banda sonora del ambiente callejero veraniego.

Y es que no concebimos pasar al lado de alguien remotamente conocido sin intercambiar unas palabras. Como poco, en caso de extrema urgencia, decimos: “¡Hasta luego!” (curiosa fórmula que resume en dos palabras la frase: “Lo siento muchísimo, me encantaría pararme a charlar, pero tengo una prisa loca”). Un simple “¡Hola!” ni siquiera cumple los mínimos para dos desconocidos en un ascensor si no lo acompañas de un breve comentario climatológico. A partir de ahí, unas preguntas sobre la salud y logros recientes personales y familiares (específicas, si dominamos el terreno; en términos vagos, si andamos un poco perdidos) y, actualizados los mutuos currículos, entramos en materia. Dependiendo de los interlocutores (y del día), podremos oír desde simples cotilleos hasta sesudos análisis políticos o deportivos. Tampoco faltarán los estudios genealógicos (“¡Si, hombre! El primo de Pepe, el que se casó con la cuñada de Julián el de Casa Xulianón de Linares.”) a los que siempre has de contestar: “¡Ah, ese Pepe!”, aunque no te suene de nada ninguno de los nombrados, so pena de tener que escuchar otra explicación aún más larga y complicada. Nos despediremos, caminaremos diez metros y volveremos a empezar con el siguiente grupo. Somos gente sociable y nos sentimos orgullosos de serlo.

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Cuentas y cuentos
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Antonio Ochoa | 08-07-2017 | 10:15| 0

Según un análisis de la última encuesta del CIS, el 72% de los españoles piensa que el principal problema de este país es el paro, el 45% piensa que es la corrupción y el 22%, la situación económica. Antes de leerlo, hubiera estado de acuerdo con los segundos, pero he cambiado de idea. Suponer que el cien por cien de los españoles piensa es un enorme exceso de optimismo; si fuese así, no estaríamos como estamos. Pero pretender que piensan ciento cuarenta de cada cien demuestra que en España existe un problema aun mayor,  el principal: hemos olvidado las matemáticas y por eso no distinguimos las cuentas de los cuentos.

Un ejemplo de aritmética: En el pueblo de Calabobos vivían 500 familias de clase media que gastaban 100€ semanales en restaurantes, bares y demás y el rico del pueblo que gastaba 1000€. Multiplicamos, sumamos y salen más de dos millones y medio de euros anuales, que permitían vivir holgadamente a los diez establecimientos que existían. Pero llegó la crisis, el paro, las hipotecas, los bonos basura, las subidas de impuestos,  las amnistías fiscales y las demás plagas bíblicas y las familias vieron esfumarse sus ahorros. Ahora ya no salen, porque bastante tienen con llegar a fin de mes. Pero el dinero no se esfumó. El rico es muchísimo más rico. Ahora ya no gasta 1000€, sino 50.000€, pero lo hace en las Seychelles. Se ha tenido que mudar porque los bares del pueblo cerraron y la vida allí es muy triste y aburrida.

¿Conoce algún Calabobos? ¿Muchos, tal vez? Pues la próxima vez que alguien le intente vender rescates bancarios, rebajas fiscales, subvenciones a grandes empresas y otras zarandajas,  use las matemáticas; sume, reste, multiplique y divida y verá que no le salen las cuentas, que todas estas medidas sólo sirven para que ricos sean cada vez más ricos y eso no es lo mejor para este país, sólo es lo mejor para ellos y para los que enredan con las cuentas para vivir del cuento.

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Calentito
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Antonio Ochoa | 08-07-2017 | 10:14| 0

¡Cómo se ha puesto la cosa! La temperatura está por las nubes; el ambiente, cargado, amenazando una tormenta que nunca llega; la electricidad estática (la de los que están) es tan alta que cualquier roce hace saltar chispas. Menos mal que los especímenes llariegos no son muy inflamables porque, de lo contrario, el riesgo de incendio sería altísimo. Pero me parece que les estoy confundiendo, no hablo del tiempo, hablo del PSOE asturiano. El anuncio del Gran Comendador de los Creyentes Socialistas de que ya no libraría más batallas ha dejado huérfanas a sus mesnadas. Y no es que no fuera de esperar. Encima de que D. Javier nunca fue muy combativo, para una vez que intenta hacer de D. Pelayo, acaba como D. Rodrigo, el último rey visigodo al que le cayeron por todos lados. No es de extrañar que se le haya apagado el ardor guerrero.

¿Y qué van a hacer ahora sus fieles? Gente que entró en el 82 con Felipe González, “por el cambio”, y que lleva desde entonces luchando contra todos los cambios, excepto el climático. Gente absolutamente leal; tanto, que ya fueron leales antes a Villa, De Silva, Rodríguez-Vigil, Trevín, Marqués y Areces; muchas veces, simultáneamente. ¿Cómo van a sobrevivir sin coche oficial, si no saben lo que es un taxi? ¿Quién los va a defender? Porque los cargos políticos hacen muchos amigos y unos poquitos enemigos, pero, desaparecida la poltrona, los primeros también desaparecen; los segundos, en cambio, permanecen para siempre. ¡Pregúntenle al Sr. Villa qué fue de todos aquellos que le lamían las botas!

Es normal que el ambiente esté calentito. Es normal que menudeen las puñaladas traperas, como la que le asestaron a Adriana Lastra en Wikipedia (delicioso y poco usual ejemplo de artículo biográfico escrito por un enemigo). Es normal que intenten cambiar las caras de delante para que “los caras” de  detrás puedan seguir ahí eternamente. No es una lucha por los garbanzos, es una lucha por la parrillada de marisco y eso es algo muy serio.

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Andaremos a caballo
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Antonio Ochoa | 21-06-2017 | 21:04| 0

Había una vez un caballito que era el símbolo de la Caja de Ahorros de Asturias. Era un asturcón rojo para representar los fines sociales y el apego a la región de la entidad. El equino retozaba libre por el monte. Por supuesto, tenía que soportar alguna garrapata y a veces los grandes lo echaban de los pastos más verdes debido a su tamaño, pero llevaba una vida apacible porque la escopeta del abuelo mantenía a raya a los lobos. Pero el abuelo murió de viejo y los nietos cayeron sobre la herencia como buitres sobre la carroña. En pocos años el caballito se llenó de parásitos y había tanta gente subida en él que apenas podía dar paso. Fue perdiendo fuerzas y color hasta quedar negro y el banco fue perdiendo nombre hasta quedar en CajAstur.

Entonces, los señoritos alegaron que las empresas privadas eran mucho más eficientes que las públicas y regalaron el caballito a unos amiguetes, porque esto sería muy beneficioso para Asturias. Y así fue. Para empezar, “regularizaron” la plantilla prejubilando a los que tenían derechos y sueldos dignos y metiendo gente con contratos temporales y sueldos míseros (beneficio 1). Además, “optimizaron” la red de oficinas cerrando algunas, dejando a medio gas otras y echando personal (beneficio 2). Vendieron su participación en empresas asturianas como Hidroeléctrica a capitales extranjeros, quedando el futuro de nuestra región en manos de gente a la que le importamos un bledo (beneficio 3). Y, por fin, dejaron claro que los negocios son negocios, eliminando cualquier pretensión de servicio público o fin social (beneficio 4). Si se me ha olvidado algún otro “beneficio”, no dejen de decírmelo.

¿Y que fue del caballito? ¡Descanse en paz! Murió y, sobre su tumba, plantaron una especie de tulipán. Después lo quitaron, pero conservan el luto. Mejor para él. Se ahorró la indignidad de ver como su banco, una vez orgullo de Asturias, era vendido por un euro. Y que no les preocupe el futuro de la especie. ¡Será por burros!

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Calidad de vida
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Antonio Ochoa | 21-06-2017 | 21:03| 0

Hablaba el antropólogo Adolfo García en el Foro de la Comunicación y la Escuela de Vegadeo de la mala imagen que se ha creado sobre la vida en las zonas rurales y me parece que puso el dedo en la llaga. Uno de nuestros principales problemas a la hora de fijar población es la extendida idea que en las ciudades se vive mejor y se tienen más oportunidades. Y quizás esto fuera cierto en algún momento del pasado, pero no lo es hoy en día. Existen, sí, desventajas y reivindicaciones pendientes, pero hay otros factores que compensan. Veamos las unas y los otros.

Muchos dirán que el mayor inconveniente (y la principal reivindicación) son las comunicaciones viales. Yo, en cambio, creo que la barrera que más nos separa de los núcleos urbanos no son las carreteras, son las telecomunicaciones. Ahora mismo, la cobertura de móvil en las zonas rurales deja muchísimo que desear y conseguir que te pongan una línea de teléfono que admita ADSL (ni siquiera hablemos de la fibra) es imposible. Y esto, en un mundo donde gran parte de la información, el comercio y el entretenimiento circula a través de las “redes”, es un serio hándicap. Subsanar este déficit sería un gran paso contra el despoblamiento.

Porque en otros aspectos nuestra calidad de vida es muy superior. Criar a tus hijos aquí, por ejemplo, en un entorno seguro, te permite darles una libertad de movimientos impensable en una gran ciudad. Puedes dejarles explorar por su cuenta, pues cada adulto a su alrededor será una mano amiga en caso de problemas. Pueden desarrollar su independencia y captar la realidad “real” con todos los sentidos y no la “virtual” a través de una pantalla. Pueden trepar a los árboles a coger fruta, oír cantar a los gallos antes de convertirse en “pitu caleya” y mojarse y ensuciarse y, en fin, ser niños en un lugar donde esto no es un delito, sino una bendición. Sólo por eso, ya merece la pena traer aquí tu familia.

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Tierra Media
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Antonio Ochoa | 21-06-2017 | 21:01| 0

Bilbo acabó titulando el libro en el que relataba sus aventuras “Historia de una ida y una vuelta”. Me parece que los que vayan a narrar las peripecias del PSOE durante estos últimos tiempos tendrán que pagarle derechos de autor. Recordarán ustedes que nuestro simpático hobbit fue arrancado de su retiro por un mago, enviado a salvar el tesoro de unos enanos de las garras de un temible dragón rojo (cosa que logró gracias a un anillo que lo volvía invisible) y al final regresó a su retiro mucho más rico en sabiduría y oro. Los paralelismos son evidentes y, una vez que los determinemos claramente, el reparto de papeles será sencillo.

Para empezar por lo obvio, todos sabemos quiénes han estado disfrutando del Tesoro Público de este país, por tanto, el papel de Thorin Escudo de Roble le corresponde a D. Mariano Rajoy. Para sus doce compañeros, habrá que hacer un casting entre el medio millón de enanos que pululan por ahí, viviendo del dinero de todos. Para el papel de Smuag tenemos a D. Pablo Iglesias, aunque hacer de él un temible dragon rojo que escupe fuego por la boca va a requerir un montón de efectos especiales y de maquillaje. Para Gandalf el Gris, el mago que empuja a Bilbo a la primera línea a pesar de sus reticencias y que se dedica a manipular los eventos desde la sombra sirviendo a intereses desconocidos, tenemos sin duda a Felipe González.

Para terminar, el papel estelar, el de Bilbo, corresponde por derecho a D. Javier Fernández, arrancado de su cómodo sillón para rescatar el tesoro de los enanos del gusano rojo, con su anillo único que le permitió salir de las insondables simas oscuras habitadas por Gollum (¿Villa?) sin que nadie recordase haberlo visto por allí. Y eso le deja a D. Pedro Sánchez con el papel de Frodo. Él y sus compañeros no han pintado nada en este libro, pero hay grandes esperanzas depositadas en ellos para la continuación. La fantasía es algo maravilloso.

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Este año será Allande
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Antonio Ochoa | 30-05-2017 | 19:01| 0

Parece que fue ayer o, recordando las peripecias vividas, hace una eternidad; el caso es que la Asociación de Mujeres Río Nisón de Allande ha alcanzado la mayoría de edad y celebra estos dieciocho años de existencia renovando su candidatura a Pueblo Ejemplar de Asturias. El año pasado, a pesar  de ser novatas en estas lides, quedaron a un pasito de conseguirlo. Pero ahora cuentan con experiencia y energías renovadas y este año serán ellas.

Y se lo merecen, porque no es sencillo crear una asociación de esta categoría en una comarca tan castigada demográficamente como la nuestra. Porque el papel de la mujer en nuestro mundo rural es tan vital como, paradójicamente, invisible y, al reivindicarlo y hacerse ver y oír, han abierto los ojos y el camino a muchas otras. Porque desde su nacimiento no han parado de organizar actividades para sus socias y para todo el pueblo. Desde aquella inicial recuperación de los “aguinaldeiros” hasta la consolidada Feria de Otoño, su dedicación y esfuerzo han contribuido a revitalizar la vida social y económica del concejo.

Y se lo merecen porque han conseguido concitar el apoyo de todos los allandeses, el de los concejos limítrofes y el de numerosas personas de todos los ámbitos sociales, en el resto de Asturias y en todo el mundo. El éxito de su campaña solicitando el envío de postales de apoyo ha sobrepasado sus expectativas y no cejarán hasta que no quede un sólo rincón el planeta que no esté representado.

Y se lo merecen porque representan la lucha de un rinconcito del mundo alejado de los centros de poder y asolado por todas las crisis por sobrevivir, por mantener la esperanza y la identidad. Porque representan el amor y compromiso de todos aquellos que han tenido que emigrar de su tierra natal. Porque representan, en fin, un poquito de lo mejor de Asturias. Por eso vamos a estar todos ahí, apoyándolos, y por eso este año será la Asociación de Mujeres Río Nisón, este año será Allande.

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Reflexiones de oro
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Antonio Ochoa | 27-05-2017 | 09:07| 0

Hace poco compartía con mi familia mesa y mantel para celebrar las bodas de oro de dos de mis primos (aunque nadie lo diría viéndolos). Allí, por supuesto,  como el resto de los “chavales” de mi edad, me dediqué a comer y charlar sin tasa, a beber y bailar con mucha más moderación y, en general, a pasar un día inolvidable. No hay muchas ocasiones en las que se reúnan cuatro generaciones de una familia y esas pocas merecen una buena celebración. Al recordarlo ahora, pasada la fecha, además de una sensación cálida, me vienen a la mente algunas reflexiones.

La primera es que, por más que digan que vamos perdiendo el sentido del gusto con el tiempo, el sabor del reencuentro se va haciendo más intenso con cada año que pasa. Quizás porque cada vez son más los recuerdos que compartimos, quizás porque cada vez es menos el tiempo que dedicamos a hacerlo, cuando los remolinos del río de la vida nos juntan nos dejan en la boca un gusto agradable y un deseo de reunirnos más a menudo que, desdichadamente, la pereza y el ajetreo cotidiano acaban dejando en simples intenciones. Tendríamos que hacer un alto en el torbellino de nuestra vida, examinar cuidadosamente nuestras prioridades y calcular cuánto tiempo dedicamos a la gente que queremos y cuánto, a cosas que realmente no necesitamos.

Sin embargo, tendremos que buscar otro motivo para juntarnos ya que las bodas de oro se van a ir convirtiendo en eventos infrecuentes. Nuestros padres se casaron jóvenes y llegaron en muchos casos a ellas. Para nosotros, que nos casamos cerca de los treinta, será más difícil y para nuestros hijos, que esperan casi a los cuarenta, será algo excepcional. Entre esas cuatro generaciones que estábamos allí reunidas hubo un salto abismal en cuanto a nivel y calidad de vida. Pasamos de la miseria, el atraso y el aislamiento de principios del siglo pasado a un mundo moderno mucho mejor, pero no sin pagar por ello un alto precio demográfico.

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Desmemoria
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Antonio Ochoa | 27-05-2017 | 09:06| 0

Repasemos un poco la historia reciente. En las últimas elecciones generales el PP se encontró con que, para poder asumir el gobierno, tendría que contar con el apoyo del PSOE (o su abstención, que es lo mismo). El entonces Secretario General socialista, Pedro Sánchez, no estaba por la labor, manteniéndose en la idea de que la oposición está precisamente para oponerse, no para bajarse los pantalones a la primera. Pero un golpe palaciego encabezado por la casta noble del PSOE lo depuso e instauró una Gestora que se apresuró a aupar al señor Rajoy a la Moncloa. Es decir, D. Mariano es Presidente del Gobierno gracias a estas personas que no dudaron en llevar al PSOE al borde de la ruptura para conseguirlo.

Una de los barones que participó en la operación, asumiendo de paso la Presidencia de la Gestora, fue nuestro Presidente autonómico, pero nadie se lo imaginaría oyéndolo. Día sí, día también, sale en los medios quejándose de que el gobierno central discrimina a nuestra región, pero ni una sola vez ha reconocido que ese gobierno está ahí gracias, precisamente, a él. Nunca ha reconocido que, si lo hacen mal, él se equivocó al apoyarlos y le corresponde parte de la responsabilidad. Se ve que aquel “clásico” de “sostenella y no enmendalla” se ha convertido en el lema de nuestra “clásica” clase política. Y se ve que les funciona, o no estarían ahí.

Aunque todo podría deberse a problemas de memoria; a todos nos pasa con el tiempo. Quizás sea por eso que el Sr. Fernández vota un día “azul” en el Parlamento y se define al día siguiente como “rojo” en la tele. O puede ser que D. Javier carezca de habilidades como negociador y D. Mariano se aproveche y lo líe. Si es así, debería hacer un curso en el País Vasco. Ellos si saben negociar y, por eso, cada poco les da el Gobierno en pleno un buen concierto, mientras que a nosotros, todo lo más, viene algún ministro a tocarnos la gaita.

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Nos hemos quedado helados
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Antonio Ochoa | 27-05-2017 | 08:58| 0

Han bastado tres noches para despertarnos de nuestro sueño veraniego y demostrarnos que aun estamos lejos del estío. Tres gélidas noches que han devuelto los bañadores a los arcones y destruido buena parte de los cultivos. Tres noches de helada que, allí donde pegó de pleno, marchitó los brotes de las viñas y dejó las huertas como un solar; los efectos sobre los frutales están aun por ver. Ahora sólo nos queda evaluar los daños, salvar lo que quedó, replantar lo que se pueda, resignarnos con las pérdidas y extraer de esto una lección para el futuro.

La naturaleza no es una maestra amable y no conviene irritarla porque sus admoniciones no suelen ser cariñosas. Durante semanas nos hemos dedicado a calentar el ambiente a base de incendios. Se ve que ella se ha cansado y ha decidido enfriar los ánimos y recordarnos quién manda. Y no está de más que lo haga porque, a veces, la locura destructiva parece apoderarse de la gente y la búsqueda del beneficio a corto plazo nos hace olvidar que la Tierra es nuestra casa común y la atmósfera nuestro tejado. Si socavamos sus cimientos, caerá sobre nuestras cabezas y ni el dinero ni el poder ni ninguna otra cosa podrá salvarnos.

Parece que, entre la polilla guatemalteca y frío polar, este año las patatas de casa van a ser escasas y las compradas no saben igual. No sé hasta que punto afectará a la cosecha de uva, pero, si además de las patatas bravas nos falla el vino, el próximo invierno será largo y triste. Rogemos a los cielos que, por lo menos, “no nos venga por el ganao” porque, si el tercero de los pilares básicos de nuestra gastronomía se tambalea, para enero tendremos todos un tipito envidiable y sólo nos quedará el consuelo que pedir que abran la Presa del Molín para ir allí a lucirlo. Pero, en fin, ya saben, el humor es el único azúcar capaz de endulzar los tragos amargos, así que “a mal tiempo …”

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