El Comercio
img
Sin cambios
img
Antonio Ochoa | 16-04-2017 | 09:25| 0

Recuerdo aquellos días de vino y rosas cuando Aznar, con sus pies sobre la mesita de Bush, nos aseguraba que los mercados eran nuestros ángeles guardianes y, si se les dejábamos actuar libremente, nos harían ricos y felices a todos. Sólo se equivocó en lo de “todos”, a él y a algunos más sí que los hicieron. Recuerdo también los días de resaca y espinos que siguieron a aquella borrachera colectiva y recuerdo a Zapatero contándonos que los mercados eran demonios que devastaban nuestro país y que eran ellos y no lo mucho que habíamos bebido los culpables de nuestros dolores de cabeza.
Pero lo grave no es que ellos lo dijeran, es que nos lo creímos y, aun peor, que sigamos creyendo las milongas que nos cuentan. Y es que los españoles, enfrentados a un problema colectivo, tendemos más a buscar culpables y recetas mágicas que a asumir responsabilidades. Preferimos echar la culpa al gato y esperar que papá lo arregle. Por eso llevan tantos años engañándonos. Cuando se han pasado expoliando y la cosa va mal, aparece un salvador con un remedio sencillísimo y que no requiere ningún esfuerzo. Lo compramos, no funciona, sale otro mejor, lo compramos, sigue sin funcionar, nos ponemos enfurruñados y entonces sacan algún cabeza de turco para que nos desahogemos lanzándole piedras. Mientras tanto, o bien la cosa se ha arreglado sola, o bien ya no tiene remedio y nos hemos acostumbrado a vivir así. El caso es que los verdaderos culpables se van de rositas y pueden seguir viviendo a nuestra costa.
Nadie nos dirá que nuestros problemas son culpa nuestra y que su solución depende exclusivamente de nosotros. Nadie lo dirá porque eso no da votos y nadie quiere oírlo porque es más fácil creer en panaceas universales y en enemigos imaginarios. Es duro ponerse manos a la obra, asumir responsabilidades y empezar por cambiar nuestra propia actitud para poder cambiar la sociedad. Pero ese es el único camino y, cuanto más tardemos en tomarlo, más duro será.

Ver Post >
Patas arriba
img
Antonio Ochoa | 16-04-2017 | 09:17| 0

Tengo la sensación de que el famoso cambio que prometió Felipe González allá por el 82 está llegando ahora, después de tanto esperarlo. Este país ya (como decía el Sr Guerra) “no lo conoce ni la madre que lo parió” y no me refiero sólo a los millones de desempleos que se han creado desde entonces. Es que todo está patas arriba. Hasta los meteorólogos (gente seria) parecen haber colocado las nubes y los soles al revés en el mapa del tiempo, que ves esas imágenes de nieve en las carreteras de allá abajo​ y de gente de aquí en la playa en marzo y tienes que frotarte lo ojos.
Y es que, ¡cómo ha cambiado el Levante! Tantos años haciendo manifestaciones en demanda de trasvases de agua y siendo un bastión del PP y, de repente, los cielos se abren diluvio tras diluvio y riadas de agua y lodo se llevan por delante décadas de sequía, coches, puentes y chamizos. Y, por si esto fuera poco, el subsuelo político se abre también escándalo tras escándalo y riadas de desvergüenza y corrupción se llevan por delante décadas de mayorías, presidencias, alcaldías y chiringuitos. No es de extrañar que, con la que está cayendo, las empresas que aspiran a trabajar para la Administración ya no regalen trajes; ahora regalan chubasqueros.
¡Qué diferencia con nuestra Asturias! Aquí asistimos impasibles y resignados a nuestra decadencia. Preferimos marchitarnos y desparecer antes que arriesgarnos a cambiar. Nosotros, “antiguos revolucionarios”, somos ahora el más firme sostén de la vieja España del pelotazo y el “tuya-mía”. Aquí los cielos se cierran y las cloacas se tapan. Apenas unas pocas lloviznas esporádicas alivian la sed de un suelo cada vez más necesitado de agua y unos pocos procesos judiciales menores alivian la sed de una ciudadanía cada vez más necesitada de justicia. Dejamos, incluso, que las alas de nuestra región se atrofien como las de las gallinas y es lógico. ¿Para que las queremos si ya no nos queda valor para intentar levantar el vuelo?

Ver Post >
Lágrimas en el vino
img
Antonio Ochoa | 13-03-2017 | 16:19| 0

Hace unos días la Denominación de Origen Vino de Cangas se vestía de luto por el inesperado fallecimiento del que hasta hace poco fuera su Presidente, José Manuel Redondo. Siendo, como era, una persona entrañable, muchos que le querían y habían colaborado con él se me han adelantado a glosar su figura y sus logros. Quiero aportar, sin embargo, mi pequeño granito de uva, centrándome en lo que fue una de las pasiones de su vida, el vino de Cangas, y en esa eterna pelea entre la memoria y el olvido, quiero romper mi lanza la primera.
Porque a muchos les costará recordar o imaginar cuál era la situación del sector vinícola cangués hace dos décadas. No diré que nuestro vino entonces fuese “peleón”, pero hay que reconocer que era “combativo” y sólo los paladares más acostumbrados podían soportar sus acometidas. Los métodos de cultivo y elaboración estaban totalmente obsoletos y la superficie de viñedos que quedaba era poco más que testimonial. A todo esto hubieron de enfrentarse José Manuel Redondo y sus compañeros sin otras armas que el entusiasmo, el conocimiento y la profesionalidad. Una tarea hercúlea, muchas veces ingrata, que no hubieran podido llevar a cabo sin un enorme amor por la viña y el vino de Cangas heredado de sus ancestros.
Cuando paladeamos ahora nuestros caldos disfrutando de la calidad que han alcanzado o un premio concedido a alguno de ellos nos permite apreciar el prestigio que han conseguido en todo el mundo, no podemos sino asombrarnos de la magnitud del logro y sentir admiración por aquellos que nos han llevado hasta aquí. Los seres humanos terminamos nuestro viaje siempre demasiado rápido, pero, si nuestro paso es firme, las huellas que dejamos detrás permanecen largo tiempo. José Manuel Redondo dejó una profunda huella en los que le conocían y en la DO Vino de Cangas y, de todos los homenajes que sin duda se le harán, el de mantener viva su obra será el que más contribuya a que su memoria perdure.

Ver Post >
Libros
img
Antonio Ochoa | 13-03-2017 | 16:17| 0

Mientras leía hace poco las noticias locales en El Comercio, una foto captó poderosamente mi atención. Varios empleados y voluntarios colocaban libros procedentes de una donación en la biblioteca de Corias. El lugar y la actividad me retrotrayeron de inmediato casi medio siglo atrás. Yo, lector voraz a mis diez años, entraba en aquella inmensa sala por primera vez y quedaba extasiado ante tanta abundancia. Porque, aunque en mi casa todos éramos aficionados a la lectura y, diseminados por los lugares más inverosímiles, había novelas, comics, revistas y todo tipo de material impreso, nunca había podido imaginar siquiera que pudiera existir un lugar con tantos libros juntos, hilera tras hilera, estante sobre estante, la promesa de un festín de lectura interminable, casi infinito.
Allí pasé algunos de los mejores ratos de mi adolescencia, ajeno a cuanto me rodeaba mientras mi imaginación recorría vastos desiertos y espesas junglas. Allí, aconsejado por profesores y compañeros o inducido por mi propia curiosidad, exploré los más diversos géneros, temas y autores. La selección disponible de unos y otros era incompleta y expurgada, pero nunca dejé de aprender algo con cada libro, aunque sólo fuese a desarrollar mi sentido crítico. Alguna vez, incluso, trepé al pasillo superior cerrado a investigar lo que llamábamos “la zona prohibida” y que, en realidad, contenía libros antiguos, muchos en latín, cuya integridad peligraría en nuestras ávidas manos infantiles.
Cuando visité el parador al poco tiempo de terminar la reforma, me dolió ver los estantes vacíos como tumbas expoliadas y saber que les han devuelto su alma, su razón de ser, me reconforta. En estos tiempos en que nos bombardean y manipulan con imágenes y sonidos, un espacio tranquilo donde leer y pensar es imprescindible. Nosotros, lectores, debemos defender estos reductos de reflexión y calma frente a la invasión de lo inmediato y efímero. Debemos hacer proselitismo del sano vicio de leer, ser “vendedores” de libros, aunque sean electrónicos. Porque un mundo de bibliotecas vacías será un mundo de cabezas vacías y un bien triste lugar para vivir.

Ver Post >
Picar y rascar
img
Antonio Ochoa | 13-03-2017 | 16:16| 0

Recuerdo que, cuando algún visitante se mostraba renuente a echar un pinchito alegando falta de hambre, mi tía siempre los animaba con aquello de: “Picar y rascar es todo empezar”. Ahora, cada vez que repaso lo sucedido en Asturias en las últimas décadas no se me va de la cabeza ese refrán. Porque es muy posible que el desvergonzado comedero en que se convirtieron los dineros públicos empezase siendo un picoteo tímido, bocadito aquí, bocadito allá. Pero acabó siendo un banquete por todo lo alto con cientos de invitados y millones de euros de deuda. Sobrecostes disparatados; obras faraónicas sin sentido de la medida ni de la estética; pajares de bloque de hormigón llenos de corchos con fotos, pomposamente llamados “centros de interpretación” y más caros que una mansión de lujo; riegos asfálticos cobrados a precio de pavimento de mármol y muros medidos en pulgadas y facturados como metros salpican nuestra geografía y nuestra historia.
Rasques donde rasques, aparece algún asunto turbio. Sin embargo, parece que nos resistimos a poner las uñas a trabajar. Apenas hemos arañado un poquito la superficie con contratos de agua o de material escolar y dos o tres obras dudosas; “peccata minuta” comparado con lo que falta. Durante años las arcas públicas han servido de bufet libre para unos pocos. ¿Y ahora que pretenden que paguemos la factura entre todos, vamos a agachar la cabeza y callarnos? ¿Pero cómo van a pagar a escote el jubilado que lo único que comió fue un pincho de tortilla en un monte durante la excursión del Día de Tu Presidente Te Ama y el organizador del viaje que se compró un cochazo y un chalet en la playa con los beneficios? Estamos siendo demasiado educados, demasiado modositos, y dejamos que nos tomen el pelo. Tenemos que olvidarnos de los modales, sacar las uñas y rascar a fondo toda esa podredumbre que hay debajo. Sin eso, nunca conseguiremos eliminar la comezón que nos corroe y acabará infectando el poco tejido sano que nos queda. ¡Rasquemos!

Ver Post >
Apolillados
img
Antonio Ochoa | 13-03-2017 | 16:14| 0

Por más gaitas que suenen en la TPA y monteras piconas que oscurezcan el Sella, las señas de identidad asturianas (como nuestra economía y demografía) han entrado en un proceso de decadencia peligrosa. El aire de nuestra pobre región huele a estancamiento, a oscuridad y a podredumbre, como esos armarios a los que hace muchísimo que no abrimos las puertas para airearlos, necesitados de una limpieza a fondo que elimine los trastos viejos y los hongos, polillas y carcomas.
Peligran nuestros bosques donde cada primavera menos castaños despiertan del letargo invernal y más elevan sus ramas desnudas al cielo, quizás en súplica, quizás en protesta. El chancro y el tinte, dos hongos parasitarios, se ceban en ellos sin que nadie los defienda. Peligran nuestros pueblos donde la burocracia y los intermediarios, dos carcomas parasitarias, han ido minando la moral de los paisanos hasta hacerlos casi desaparecer. Y peligra, ahora, nuestra patata, gran señora de las mesas astures, atacada por la polilla parasitaria guatemalteca.
Difícil resulta concebir nuestra gastronomía tradicional sin este sabroso tubérculo y difícil imaginar nuestras huertas sin su ciclo anual de siembra y recolección. Podremos, tal vez, engañar a los turistas plantando pinos, contratando actores foráneos para que paseen por nuestros pueblos vestidos de asturiano e importando patatas. Pero los de aquí sabremos que todo está mal. Ni los pinos dan castañas, ni los actores pronuncian el “Ho” con el acento debido, ni los productos importados saben lo mismo. ¿Cómo va a “maridar” una patata francesa con un butiecho, si ni siquiera hablan el mismo idioma?
¿Y qué hace nuestra Administración al respecto? Pues muchas cosas: echar la culpa al calentamiento global o al gobierno central, decir que pasa en todas partes, prometer el oro y el moro y esperar que escampe. Porque nuestra clase política también esta llena de hongos, polillas y carcomas parasitarios. Lleva demasiado tiempo cerrada, sin una buena limpieza a fondo, y necesita urgentemente que se abran las puertas, se saquen los trastos viejos y se ponga una buena dosis de naftalina.

Ver Post >
Puro aire
img
Antonio Ochoa | 14-02-2017 | 16:58| 1

La ventolera levantada por el programa de Calleja ha dejado chiquito al reciente vendaval. Reconozco que no lo vi cuando lo pusieron porque soy más partidario de vivir las cosas que de verlas en la tele. Si quiero disfrutar de la maravillosa naturaleza de nuestra comarca, salgo a pasear y, si quiero disfrutar del famoso ingenio de Antón Chicote, voy a su bar y, de paso, disfruto también de sus no menos famosos vinos y patatas bravas. Pero, gracias a esas nuevas tecnologías que vinieron a enseñarnos, pude verlo ayer y así opinar con conocimiento de causa.
Para empezar, me encanta que el Director del Parque sea una persona joven, apasionada de su trabajo, pero también de la música y otras cosas. Si fuese un talibán de la naturaleza, incapaz de divertirse, de reírse de si mismo o de pensar en otra cosa, me preocuparía por él y por los que le rodeamos. Lo que se necesita para gestionar algo tan complejo como un parque natural es una persona “natural”, sencilla y abierta y no algún fanático adorador de robles.
Fue gracioso ver a los pretendidos misioneros que venían a descubrirnos las maravillas de las redes sociales descubrir que tenían más cosas que aprender de los indígenas que cosas que enseñarles (que también) y me agradó ver que unos y otros lo encajaron con naturalidad. La idea original del Sr. Calleja de venir de redentor (o provocador) es “pelín” insultante. Por suerte para él, unos geniales interlocutores cambiaron lo que podría haber sido un resultado penoso en un programa divertido, especialmente para nosotros los indígenas que, además de entender las palabras, entendemos los silencios y los gestos del asturiano de la zona. Como negativo, la propaganda (apenas) encubierta y no haber entendido desde el principio que las misiones y los “americanos” que nos traían la civilización son cosas del pasado. Pero Calleja es Calleja y, si a uno no le gusta, puede pasar de tele. ¡Hay tantas cosas que hacer en el mundo y tan poco tiempo!

Ver Post >
Cadenas de mentiras
img
Antonio Ochoa | 14-02-2017 | 16:57| 0

Todos hemos recibido (¿Y reenviado?) un buen montón de mensajes de móvil de esos que, por el bien de la humanidad, piden ser reenviados a todos sus conocidos. Cuando uno de ellos aterriza en tu entorno, más vale apagar el “tiruluru” del teléfono para no parecer una discoteca. Su texto advierte de un supuesto peligro (virus o estafas, generalmente), incita a aprovechar imaginarios chollos o anima a participar en alguna inexistente causa solidaria. No importa, porque son todos falsos.
Estas cadenas ya existían antes. Siempre ha habido embusteros que se aprovechan de la credulidad y buena fe ajenas. Pero Internet les ha dado una dimensión inaudita y nos ha permitido comprobar la cantidad de unos y de otros que hay. Y no es que nos sorprenda el número de tramposos que pulula por ahí. Al fin y al cabo, somos los inventores de la picaresca. Pero, precisamente por eso, porque vivimos en el país que vivimos, que haya tanta gente que crea cualquier noticia que le llega y que se la cuente a sus amigos sin verificar su autenticidad es absolutamente asombroso y, a la vez, muy preocupante.
Porque lo que en Whatsapp es sólo una leve molestia, en el ámbito general de los medios de comunicación es un grave peligro. Y ahí también proliferan las falsedades, las medias verdades, las insinuaciones calumniosas y las tergiversaciones interesadas, lanzadas aquí no por bromistas o gamberros, sino por sicarios pagados para manipularnos. El problema es que, igual que reenviamos el aviso de virus, repetimos la información sin comprobar si es cierta. No sólo dejamos que nos engañen, les ayudamos a engañar a los que confían en nosotros. Por eso, la próxima vez que les llegue un bulo por la pantallita pequeña o por la grande, no lo pasen sin verificar su autenticidad, no permitan que les encadenen, sean un eslabón suelto y libren su vida y la de sus amigos de mentiras. La Sociedad de la Información, si ésta es falsa, nos convierte en esclavos de los manipuladores.

Ver Post >
Pedimos, luego nos dan
img
Antonio Ochoa | 31-01-2017 | 22:09| 0

Una de las principales lacras de nuestra depauperada democracia es el mal uso de los fondos públicos debido a nuestra errónea actitud respecto a su propiedad. Los ciudadanos corrientes, que deberíamos sentirnos sus auténticos propietarios, los vemos como algo ajeno y los políticos, meros administradores temporales, se consideran sus verdaderos dueños. Nuestro desapego se nota en lo mucho que nos cuesta pagar impuestos y en lo fácilmente que nos desentendemos de su gestión. Cierto que estamos hartos de ver como el dinero pasa de nuestros pobres bolsillos particulares a otros bolsillos particulares más opulentos sin apenas recalar en la arcas públicas, pero deberíamos hacer algo más al respecto que usarlo como disculpa. Porque nuestra apatía no deja de alimentar una sensación de posesión en la clase política que, a juzgar por la tranquilidad con que muchos se lo embolsan, ya es demasiado grande.
Incluso en la gestión no delictiva de los dineros públicos sufrimos de esa tergiversación de roles continuamente. De hecho, ya ni la notamos. Leemos declaraciones como: “Pedimos al Ayuntamiento (o Principado) que nos arregle X” y no nos chirría ese “pedimos”. Porque realmente “pedimos”, como pueblerinos asustados, de pie ante la mesa del señorito, con la boina entre las manos y la cabeza gacha, suplicándole su favor. Nos hemos resignado a ser mendigos de nuestro propio dinero, siervos en nuestra propia tierra, sin que nuestra dignidad proteste. Por eso, a cualquier politiquillo del tres al cuarto hay que hacerle la pelota para que, con las migajas de los Presupuestos, te “construya” una acera o te “de” una subvención para un proyecto social, como quien arroja un mendrugo de pan a un pobre. Por eso, hay que reírle las gracias cuando viene a hacerse la foto. Por eso, las prebendas políticas se van haciendo hereditarias y nosotros vamos pasando de ser ciudadanos que exigen lo que consideran justo a lacayos que hacen zalemas esperando las dádivas de sus amos. Y por eso, porque nosotros “pedimos” no podemos quejarnos de que ellos nos “den”.

Ver Post >
Entre líneas
img
Antonio Ochoa | 31-01-2017 | 22:08| 0

Hay noticias que son como sopa de sobre: tan repetidas y anodinas que nos las tragamos sin pensar. Incluso el que la escribe se limita a repetir esquemas y frases de otras anteriores sin más. Una de las pruebas, precisamente, de que no ha habido ningún cambio real en nuestro panorama político es que ni unos ni otros hemos empezado a cuestionarnos todo lo que va escrito entre las líneas y tras las fotos de estos reportajes. Porque ahí, oculto tras un texto anodino y una imagen tópica, hay otro mensaje: el contenido que realmente trasmite la noticia.
Tomemos como muestra la que aparece en El Comercio del 14 de este mes y que me recordó recientemente este hecho. Se titula: “El Principado renovará el firme de toda la carretera AS-15 esta legislatura”. Buena noticia, sí, pero analicémosla en profundidad empezando por el título. ¿Quién es ese Principado? ¿No somos todos nosotros parte de él? Entonces, la noticia debería decir: “Los asturianos vamos a arreglar la AS-15”. No suena igual, ¿verdad? Pues eso es lo que sucederá en realidad: con dinero de los todos los asturianos, funcionarios pagados por los asturianos elaborarán un proyecto para que obreros asturianos (espero) ejecuten la obra. ¿Y que pondrán de su parte esos políticos del famoso “Principado” que salen en la foto? Pues eso, su cara en la foto.
¡Ah, la foto! En los grabados de las pirámides de Egipto ya aparecen imágenes como esta: El joven sacerdote rogando por sus fieles ante Ra y después saliendo al balcón del templo a anunciar que ese año también crecería el Nilo. Tantos años de historia y tan poco avance. Seguimos adorando falsos diosecillos y esperando que nuestros sumos sacerdotes intercedan por nosotros. No me creeré que nuestra divina clase política haya cambiado hasta que aparezca uno al menos que se olvide de anuncios y fotos y deje que sus obras hablen por él. La verdad, los puñeteros egipcios podían haberse limitado a inventar la cerveza y nosotros podíamos haber espabilado un poquito.

Ver Post >

Últimos Comentarios

MariaLadina 12-03-2017 | 10:22 en:
Puro aire
abochoar_517 18-06-2015 | 05:47 en:
Preguntas

Etiquetas

Otros Blogs de Autor