El Comercio
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El precio de la dignidad
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Antonio Ochoa | 14-11-2016 | 16:28| 0

“España” es un preciosa palabra, con su “ñ” distintiva y desafiante. Es, también, extremadamente flexible ya que, dependiendo del hablante y del contexto, puede significar algo tan general como “el conjunto de los ciudadanos y el territorio a lo largo de la historia”, algo más concreto como “los intereses de mi partido” e, incluso, algo tan específico como “mis cuentas en Panamá”. Por ello, es normal que, cuando el Comité Federal del PSOE decidió facilitarle al PP el gobierno por “el bien de España”, muchos de sus militantes y partidarios no entendieran de qué “España” estaban hablando exactamente y manifestasen su descontento. Porque, seamos serios, si los votantes socialistas pensasen que Rajoy era lo mejor para el país, le hubieran votado a él hace un año y, si creyesen que era lo menos malo, le hubieran votado hace cuatro meses.
Y es que las apelaciones de D. Mariano a la unidad de todos frente a la crisis pueden revolver un poco el estómago a cualquier socialista con memoria suficiente como para recordar cuán fervientemente apoyó el PP a Zapatero cuando empezaron los problemas. Los populares parecen coincidir con el Sr. Trump de los EEUU en que eso de “velar por el interés común” sólo se aplica cuando también es el tuyo particular, en los demás casos se usa lo de “leña al mono”. Por supuesto, desde su punto de vista, la lógica es impecable, pero para cualquier socialista de corazón, es un sapo demasiado grande para tragarlo sin sentir arcadas. No es de extrañar que muchos se planteen largarse dando un portazo, pero para hacer esto necesitas tener otro sitio donde ir o unas convicciones tan firmes que prefieras ir al paro antes de renunciar a ellas. Desgraciadamente, la integridad y la política profesional son muy difícilmente compatibles y algo tan valioso como la dignidad no puede mantenerse sin pagar un alto precio. Ahora es un excelente momento para comprobar cuántos hechos respaldan todas esas bonitas palabras y declaraciones altisonantes que hemos oído últimamente.

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Allande
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Antonio Ochoa | 25-10-2016 | 18:18| 0

Hace unos días, se juntaban en la Pola representantes de las distintas asociaciones que existen en el concejo. Fue una simple reunión informal, una primera toma de contacto para conocerse y hablar. Es un primer paso, pero muy interesante y confío en que tenga continuidad y proyección. En una comarca como la nuestra, la sensación de soledad y abandono puede acabar disuadiendo a la gente que quiere hacer cosas. Saber que otros grupos cerca de tí están peleando por sacar adelante proyectos similares supone un gran estímulo. Si añadimos la posibilidad de intercambiar experiencias, establecer canales de comunicación y colaboración y crear algún tipo de organización que permita seguir haciéndolo en el futuro, no hay duda de que esta idea merece todo nuestro apoyo.
Porque en verdad Allande lo necesita. El despoblamiento es cada vez más acusado y el envejecimiento, más preocupante. Aparte de la ganadería, apenas existe actividad económica y el sector de servicios no resistirá la caída de población. La emigración a América, tan importante un día para el desarrollo del concejo, va perdiendo peso conforme las nuevas generaciones van olvidando los vínculos con la tierra natal de sus ancestros. Los emigrantes más recientes, al centro de Asturias o a otras grandes ciudades, mantienen sus casas natales y las visitan en vacaciones y demás. Son, desde luego, un apoyo para la supervivencia del concejo, pero no son una solución a sus problemas a largo plazo.
Es imprescindible que las personas que aún viven aquí, especialmente la juventud, se pongan en primera fila a tirar del carro. Por ello, ver tantas caras jóvenes en la reunión del otro día me animó. Mientras corra savia nueva por sus ramas, el vetusto árbol allandés no se marchitará por completo y habrá la esperanza de una nueva primavera. Animo a los que acudieron a la cita a perseverar en esta iniciativa, a los que no pudieron ir, a que se sumen y a todos los demás a colaborar. La tarea que hay por delante es enorme y nunca sobrarán manos.

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Administrar el éxito
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Antonio Ochoa | 25-10-2016 | 18:17| 0

La reciente edición de la Fiesta de la Vendimia ha superado, creo yo, las expectativas más optimistas en cuanto a visitantes, animación y repercusión mediática. Este evento se está consolidando como una de las citas obligadas del otoño asturiano y, además de las personas que vienen durante estos días, contribuye grandemente a hacer nuestra comarca más conocida y, por tanto, a atraer al turismo durante el resto del año. Aparte de naturaleza, gastronomía y vino, hemos descubierto que tenemos otra cosa que le encanta a la gente: buen ambiente. Quizás nosotros, acostumbrados a compartir cotidianamente mesas, vinos, pinchos, tertulias y risas, no nos percatemos de lo inusual que es encontrar esto en una población del tamaño de Cangas, pero los visitantes lo aprecian y lo disfrutan y conviene incorporarlo a nuestros activos.
Es una estupenda iniciativa que ha alcanzado el éxito, pero los éxitos deben ser cuidadosamente administrados, pues bajar es mucho más fácil que subir. Solemos quejarnos (con razón) de las deficiencias de nuestras comunicaciones, pero esto no perece estar siendo un obstáculo significativo para que la gente venga. Nuestras propias infraestructuras, sin embargo, parecen estar teniendo más problemas para absorber el aumento de visitantes. Nuestra oferta de alojamiento se ha visto claramente desbordada y eso sí ha impedido a muchas personas venir; algo que empieza a suceder en cada vez más momentos del año. Potenciar los alojamientos rurales ofreciendo medios de transporte hasta la villa no sería mala idea ya que el ambiente de vinos y el coche no casan nada bien.
Otra tema que suele causar dificultades es el incremento de la circulación rodada por el núcleo urbano. Cangas no es sitio del mundo mejor diseñado para el tráfico, con sus dos travesías convergiendo sin alternativa en un punto. Los de casa solemos subsanarlo a base de paciencia, tolerancia, mucha amabilidad y ninguna bocina, pero esto no funciona con los forasteros. Ninguno de los dos problemas es crítico ahora mismo, pero ahora mismo es buen momento para empezar a buscar soluciones sin agobios.

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Todo a estribor
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Antonio Ochoa | 12-10-2016 | 16:10| 0

Por fin se ha completado la única verdadera transición que ha habido en este país. Y no me refiero al paso de la dictadura a la democracia. Para esa aún nos faltan décadas, eso suponiendo (contra todo pronóstico) que algún día pongamos de verdad manos a la obra en ello. Me refiero a la deriva del PSOE desde la izquierda marxista hasta la derecha pura y dura. Cuarenta años tardó la generación de Felipe González en conseguirlo, pero ya está. Ya pueden integrarse en el PP sin que se note la menor diferencia entre unos y otros.
El final de este proceso ha sido un auténtico homenaje a uno de los clásicos de la “otra Transición”: el 23F. Los días previos estuvieron llenos de ruido de sables, apelaciones al bien de la patria y a la identidad del partido (“¿Antes roto que rojo?”) y continuas referencias al viejo general (éste, el Sr. González, demasiado presente en cuerpo aún). Toda una coreografía para prepararnos para el golpe de mano, el “todo el mundo al suelo”, el “pronto llegará para hacerse cargo la autoridad competente, no la de los militantes, por supuesto”. ¡Cuántos recuerdos! Entonces éramos jóvenes y tontos. Ahora ya no somos jóvenes.
A partir de este momento, se emplearán a fondo en los medios de comunicación que han ido tomando (casi todos) para que la gente (especialmente, los militantes del partido socialista) acepten comulgar con una rueda de molino del tamaño de un portaaviones: lo mejor para el PSOE y para España es que gobierne el Sr. Rajoy. Nunca, iluso de mi, esperé oír a un dirigente del partido que fundara Pablo Iglesias decir esto. Por supuesto, explicarán que es inevitable (no sé por qué), que abstenerse no es apoyar (no veo la diferencia) y hablarán de negociaciones (repartos, más bien). Nos dirán que traguemos, que es por nuestro bien, pero cada vez nos duele más la garganta. Pobre PSOE, nacido del amor de un Pablo rojo y enterrado por el temor a otro Pablo rojo.

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Corias
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Antonio Ochoa | 12-10-2016 | 16:09| 0

Hace poco, los antiguos alumnos de Corias celebraban su reunión anual. Y, como cada año, me vuelve a la memoria el tiempo que pasé allí. Me recuerdo a mi mismo, recién salido del pueblo con diez años, frente a aquel inmenso caserón gris con rejas en las ventanas; recuerdo los claustros interminables y la avalancha de caras nuevas. La primera visión del edificio sobrecogía, por mucho que tus padres hubieran intentado animarte. Porque ir a Corias no era un castigo; no era un colegio para la élite, pero tampoco era un reformatorio para malos estudiantes. Éramos chicos normales enviados por sus familias (a costa de bastantes sacrificios, en muchos casos) a hacer bachillerato, en una época en la que la educación se consideraba la llave de un futuro mejor.
Si preguntas a antiguos internos sobre su vida allí, probablemente saldrán a relucir la disciplina y el frío. Con medio millar de chavales llenos de energía e “ideas” pululando alrededor, las normas eran indudablemente rígidas y los castigos inmediatos y, en caso de no atraparse a los culpables con las manos en la masa, generales. Eso, sin embargo, no nos impedía hacer travesuras; al contrario, aumentaba la emoción y estimulaba el ingenio. Y los inocentes pagaban por los culpables, sin rechistar; la siguiente vez podía ser al revés. Además, en invierno, al lado del río y sin calefacción entre aquellos gruesos muros de piedra, hacía frío.
Pero no es eso lo que rememoramos nosotros cuando nos juntamos. Al contrario, nos reímos de las veces que nos libramos por los pelos y de las que caímos con todo el equipo; recordamos el calor de los amigos; el apoyo mutuo en los momentos difíciles, las experiencias compartidas, las conversaciones interminables. Aunque tiritases bajo el agua fría de la ducha, por dentro sentías el calor de los que te rodeaban. Calor al que, por cierto, contribuía el cariñoso recibimiento que siempre nos dispensó la gente de Cangas, del que estamos profundamente agradecidos y que hace que nos sintamos todos un poco cangueses.

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¡Que pague Rita!
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Antonio Ochoa | 12-10-2016 | 16:08| 0

Pongo las noticias en la tele y no sé si soy un atónito espectador, un sufrido figurante o la víctima en un programa de cámara oculta. La formación de gobierno está degenerando en culebrón, con sus interminables capítulos de amores y desamores, cortejos y traiciones, intrigas y sorpresas. Pero lo de la corrupción se ha convertido en un auténtico reality, con sus grabaciones indiscretas, sus nominados, sus expulsados y esa lucha por la supervivencia, tan soterrada como despiadada, las buenas palabras y las sonrisas educadas siempre prestas en los labios y el puñal afilado siempre listo en la manga. Olvidémonos de grandes hermanos y sigamos los telediarios. Hoy por hoy, la charcutería política es mucho más entretenida que la casquería del famoseo.
Y, entre los nombres que van apareciendo (muchos, en términos absolutos; pocos, comparados con los que quedan sin descubrir), el de exalcaldesa de Valencia brilla con luz propia. Ayer mismo era una estrella de su partido, una de las líderes de una comunidad famosa anteriormente por sus frutas y verduras y ahora, además, por sus chorizos tamaño XXL. Hoy todo cambió. Los mismos que la elogiaban a lametazos la critican sin pudor, los que se daban codazos para hacerse una foto a su lado la rehúyen como si estuviera apestada. Todos han sabido siempre lo que había, todos aceptaron de ella dádivas y chollos, todos querían trepar con ella, pero ninguno quiere hundirse a su lado. Puro reality. ¿Y por qué todos la señalan ahora con el dedo? ¿Se excedió de oratoria etílica? ¿Aceptó regalitos caros? ¿Blanqueó dinero para el partido? ¿Cuántos entre la clase política no cometieron esos pecados? Hay mucho caradura que se ha puesto morado y ahora intenta escaquearse de la cuenta. “¡Que pague Rita!”- dicen. Pero ella se resiste y con razón. ¿Por qué va a pagar Rita sola lo que se han comido entre tantos? ¿Recuerdan lo de “el que esté libre de culpa que tire la primera piedra”? Aplíquenlo al partido y no volará ni una chinita pequeña.

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Gotas
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Antonio Ochoa | 20-09-2016 | 19:21| 0

Llueve después de tanto tiempo. Nada es eterno, ni las sequías ni los veranos. Las persistentes gotas van haciendo desparecer el polvo del paisaje, las terrazas de las calles, los niños de los pozos del río, los veraneantes de los pueblos. Las plazas, los “peneos” y las “caleyas”, ahora vacíos, se preparan para su larga espera invernal, añorando el eco de las risas y el rumor de las conversaciones. En el aire flotan aún las últimas despedidas, algunos “¡Hasta la Navidad!”, algunos “¡Hasta el año que viene!”. El paréntesis veraniego se cierra con un sonido melancólico.
Nada como estas primeras lluvias septembrinas para devolvernos a la realidad, a la triste realidad del abandono que nuestro rinconcito del mundo padece. En pocos días el número de residentes en nuestros pueblos se ha reducido a la mitad y su edad media ha subido al doble. Tras décadas de grandes planes, proyectos faraónicos y declaraciones rimbombantes, hemos llegado aquí, al borde de la extinción, viejos dinosaurios contemplando con añoranza un mundo perdido.
No sé qué soluciones propone el Plan del Suroccidente para este desplome demográfico. Promocionar la natalidad no parece viable. A pesar del vigor que nos caracteriza, a partir de los setenta es complicado convencer a la gente para que tenga más hijos. Tampoco será muy factible convencer a los jóvenes que emigraron de que vuelvan. Las razones que los empujaron a irse siguen ahí, sin resolver. Encontrar trabajo aquí sigue siendo una utopía y conseguir que te instalen una línea telefónica normal para tener ASDL sigue siendo un calvario, uno que te cuesta varios miles de euros, por cierto.
Tal vez deberíamos tomar los estatutos de la Fundación Oso Pardo, que tan bien han funcionado, y crear la Fundación Paisano Suroccidental. Los objetivos son prácticamente los mismos y los métodos podrían copiarse con muy pequeñas variaciones. Unos y otros necesitan sustento, un entorno que les permita vivir con cierta comodidad y que no vengan de afuera a tocarles las narices más allá de lo razonable. Ahí queda la propuesta.

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Contra el olvido
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Antonio Ochoa | 20-09-2016 | 19:05| 0

Ojeo el periódico y, en grandes titulares, aparece la noticia de la renuncia del Sr. Soria (tras días de debates y presiones) al Banco Mundial. Mucho más abajo, en letra mucho más pequeña, leo que los mineros de nuestra comarca continúan su larga lucha. Para ser éste un país que presume de igualdad, las suertes de los que luchan por defender sus derechos y de los que luchan por recortarlos no pueden ser más dispares. Unos continuando con su larga pelea contra la desesperanza y el otro recompensado por haberlos hundido un poquito más. Y no teman que esté preocupado por este pequeño tropiezo. No les quepa duda de que el Banco Mundial encontrará otros candidatos con el mismo perfil que el del exministro. Si algo sobra entre nuestra clase política son candidatos a recortadores. Y tampoco les quepa duda de que los amigos del Sr. Soria encontrarán otra manera menos conspicua de recompensarlo por los servicios prestados. Tienen a su disposición un buen surtido de sinecuras para pagar los favores recibidos, como hemos podido comprobar con otros antiguos ministros y presidentes.
Me duele, en cambio, la situación de nuestros mineros. Han sido utilizados, traicionados, abandonados y casi olvidados por aquellos que decían defenderlos; reiteradamente engañados por los sucesivos gobiernos, que inclumplieron todas las promesas, acuerdos y compromisos; aplastados por el poder de las grandes compañías eléctricas. Pero continúan ahí, resístiendose a desaparecer, sin más apoyos que la razón, la justicia y la lógica. Son uno de los últimos vestigios de un tiempo en el que los trabajadores defendían sus derechos y exigían unas condiciones de trabajo y de sueldo justas. Un tiempo que nos robaron y ahora nos quieren hacer creer que nunca existió, que sólo fue un sueño. Por eso son tan incómodos estos mineros, por eso los denigran desde tantos lados. Son un recordatorio de una dignidad que nunca debimos haber perdido. Y por eso deberíamos apoyarlos todos. Si hoy no luchamos al lado de ellos, algún día lucharemos solos por nosotros mismos.

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De vuelta
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Antonio Ochoa | 20-09-2016 | 19:02| 0

Termina el paréntesis estival, intento retomar el pulso de la actualidad y me cuesta. Parece ser que el PP y Ciudadanos han llegado a un acuerdo de investidura. Algunos pensarán que la formación de Rivera no necesitaba haber hecho tantos preparativos para un viaje tan cortito, pero incluso los viajes más ridículos pueden producir grandes beneficios si se saben aprovechar. No es lo mismo trepar por el partido como meritorio que caer del cielo como salvador. Lo primero da, como mucho, para una concejalía, lo segundo puede llevarte a un ministerio y hasta a una vicepresidencia. Y no es cierto que hayan cambiado de actitud con respecto a la corrupción, es que ahora la ven desde un punto de vista diferente. Los españoles sabemos bien que “corrupción” es cuando otro coloca a su primo, cuando nosotros colocamos al nuestro es una simple prueba de confianza.
Sigo con la puesta al día y veo que aparece Rajoy en el parlamento diciendo que España necesita “un Ejecutivo estable, moderado y eficaz”. Yo a este hombre no lo entiendo. Ahora que estaba convencido de que se presentaba él para presidente, va y nos dice que tenemos que buscar a otro. Y no a uno cualquiera, a uno que sea “estable, moderado y eficaz”, descartando con eso a la mayoría de nuestra clase política. Llega a añadir lo de “honrado” y claramente tendríamos que importarlo de afuera.
De todos modos, si D. Mariano fracasa en su empeño, siempre le quedará porvenir en el fútbol. Al Sporting le vendría bien un central como él para los partidos trabados. Tiene un regate seco que te deja descolocado, siempre crees que va a tirar para algún lado y no se mueve del sitio. Cierto que es casi nulo en la creación de juego, pero es buenísimo echando balones fuera. Su último invento de echarle la culpa de su fracaso al resto de los partidos por no apoyarle es genial. Y tiene razón. ¡Menuda banda de ignorantes insolidarios! ¡Qué tendrá que ver “oposición” con “oponerse”!

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Vacaciones rurales
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Antonio Ochoa | 08-09-2016 | 10:36| 0

Cada vez más gente, llegada la época estival, huye del asfalto y del sol de las playas abarrotadas y busca alojamientos rurales en los que disfrutar de la frescura del contacto con la naturaleza. Pero para algunos de nosotros, que ya nacimos “rurales”, tales estancias campestres distan de ser una novedad, aunque calificarlas de vacaciones requeriría una seria redefinición del término. Podremos, sin duda, olvidarnos de nuestro trabajo habitual, pero hay suficientes otros trabajos esperándonos como para convertir el tiempo de ocio en un bien escaso. Aunque esto ha ido mejorando.
Lejos quedan los tiempos en que casi todas las casas de los pueblos tenían ganado e irse allí de “vacaciones” significaba sudar de sol a sol recogiendo la hierba. Ahora que la mayoría de las cuadras están vacías, esto se ha acabado. Pero en una casa de pueblo siempre hay cosas que hacer, trabajos esperando (a veces desde el verano pasado) nuestra llegada. Los pequeños desperfectos y averías se han ido acumulando, las zarzas y ortigas han ido creciendo sin ningún pudor y el montón de la leña que con tanto cariño apilamos ha quedado reducido a unas tristes astillas. No nos queda más remedio que disponer nuestro organigrama mental de faenas, soltar un suspiro de fastidio resignado ante su extensión, ponernos la ropa de faena y empezar de nuevo.
Nos aprovisionamos en la ferretería y nos lanzamos a nuestro pequeño viacrucis de tornillos, tirafondos y forcejeos. Después echamos gasolina a la desbrozadora y ajustamos la cinta. Hay quien usa aún la guadaña o el rozón pero muy pocos saben ya cabruñar (muchos no saben ni lo que es). Por fin, afilamos el hacha y nos ponemos a la tarea. Los músculos, malacostumbrados por la molicie del invierno, protestan al principio por el súbito maltrato y las agujetas compiten con los mosquitos en darnos la noche, pero poco a poco vamos cogiendo forma y, al final, viendo el trabajo realizado nos sentimos orgullosos, especialmente si no recordamos que el año próximo tendremos que volver a empezar.

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