El Comercio
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Apolillados
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Antonio Ochoa | 13-03-2017 | 16:14| 0

Por más gaitas que suenen en la TPA y monteras piconas que oscurezcan el Sella, las señas de identidad asturianas (como nuestra economía y demografía) han entrado en un proceso de decadencia peligrosa. El aire de nuestra pobre región huele a estancamiento, a oscuridad y a podredumbre, como esos armarios a los que hace muchísimo que no abrimos las puertas para airearlos, necesitados de una limpieza a fondo que elimine los trastos viejos y los hongos, polillas y carcomas.
Peligran nuestros bosques donde cada primavera menos castaños despiertan del letargo invernal y más elevan sus ramas desnudas al cielo, quizás en súplica, quizás en protesta. El chancro y el tinte, dos hongos parasitarios, se ceban en ellos sin que nadie los defienda. Peligran nuestros pueblos donde la burocracia y los intermediarios, dos carcomas parasitarias, han ido minando la moral de los paisanos hasta hacerlos casi desaparecer. Y peligra, ahora, nuestra patata, gran señora de las mesas astures, atacada por la polilla parasitaria guatemalteca.
Difícil resulta concebir nuestra gastronomía tradicional sin este sabroso tubérculo y difícil imaginar nuestras huertas sin su ciclo anual de siembra y recolección. Podremos, tal vez, engañar a los turistas plantando pinos, contratando actores foráneos para que paseen por nuestros pueblos vestidos de asturiano e importando patatas. Pero los de aquí sabremos que todo está mal. Ni los pinos dan castañas, ni los actores pronuncian el “Ho” con el acento debido, ni los productos importados saben lo mismo. ¿Cómo va a “maridar” una patata francesa con un butiecho, si ni siquiera hablan el mismo idioma?
¿Y qué hace nuestra Administración al respecto? Pues muchas cosas: echar la culpa al calentamiento global o al gobierno central, decir que pasa en todas partes, prometer el oro y el moro y esperar que escampe. Porque nuestra clase política también esta llena de hongos, polillas y carcomas parasitarios. Lleva demasiado tiempo cerrada, sin una buena limpieza a fondo, y necesita urgentemente que se abran las puertas, se saquen los trastos viejos y se ponga una buena dosis de naftalina.

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Puro aire
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Antonio Ochoa | 14-02-2017 | 16:58| 1

La ventolera levantada por el programa de Calleja ha dejado chiquito al reciente vendaval. Reconozco que no lo vi cuando lo pusieron porque soy más partidario de vivir las cosas que de verlas en la tele. Si quiero disfrutar de la maravillosa naturaleza de nuestra comarca, salgo a pasear y, si quiero disfrutar del famoso ingenio de Antón Chicote, voy a su bar y, de paso, disfruto también de sus no menos famosos vinos y patatas bravas. Pero, gracias a esas nuevas tecnologías que vinieron a enseñarnos, pude verlo ayer y así opinar con conocimiento de causa.
Para empezar, me encanta que el Director del Parque sea una persona joven, apasionada de su trabajo, pero también de la música y otras cosas. Si fuese un talibán de la naturaleza, incapaz de divertirse, de reírse de si mismo o de pensar en otra cosa, me preocuparía por él y por los que le rodeamos. Lo que se necesita para gestionar algo tan complejo como un parque natural es una persona “natural”, sencilla y abierta y no algún fanático adorador de robles.
Fue gracioso ver a los pretendidos misioneros que venían a descubrirnos las maravillas de las redes sociales descubrir que tenían más cosas que aprender de los indígenas que cosas que enseñarles (que también) y me agradó ver que unos y otros lo encajaron con naturalidad. La idea original del Sr. Calleja de venir de redentor (o provocador) es “pelín” insultante. Por suerte para él, unos geniales interlocutores cambiaron lo que podría haber sido un resultado penoso en un programa divertido, especialmente para nosotros los indígenas que, además de entender las palabras, entendemos los silencios y los gestos del asturiano de la zona. Como negativo, la propaganda (apenas) encubierta y no haber entendido desde el principio que las misiones y los “americanos” que nos traían la civilización son cosas del pasado. Pero Calleja es Calleja y, si a uno no le gusta, puede pasar de tele. ¡Hay tantas cosas que hacer en el mundo y tan poco tiempo!

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Cadenas de mentiras
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Antonio Ochoa | 14-02-2017 | 16:57| 0

Todos hemos recibido (¿Y reenviado?) un buen montón de mensajes de móvil de esos que, por el bien de la humanidad, piden ser reenviados a todos sus conocidos. Cuando uno de ellos aterriza en tu entorno, más vale apagar el “tiruluru” del teléfono para no parecer una discoteca. Su texto advierte de un supuesto peligro (virus o estafas, generalmente), incita a aprovechar imaginarios chollos o anima a participar en alguna inexistente causa solidaria. No importa, porque son todos falsos.
Estas cadenas ya existían antes. Siempre ha habido embusteros que se aprovechan de la credulidad y buena fe ajenas. Pero Internet les ha dado una dimensión inaudita y nos ha permitido comprobar la cantidad de unos y de otros que hay. Y no es que nos sorprenda el número de tramposos que pulula por ahí. Al fin y al cabo, somos los inventores de la picaresca. Pero, precisamente por eso, porque vivimos en el país que vivimos, que haya tanta gente que crea cualquier noticia que le llega y que se la cuente a sus amigos sin verificar su autenticidad es absolutamente asombroso y, a la vez, muy preocupante.
Porque lo que en Whatsapp es sólo una leve molestia, en el ámbito general de los medios de comunicación es un grave peligro. Y ahí también proliferan las falsedades, las medias verdades, las insinuaciones calumniosas y las tergiversaciones interesadas, lanzadas aquí no por bromistas o gamberros, sino por sicarios pagados para manipularnos. El problema es que, igual que reenviamos el aviso de virus, repetimos la información sin comprobar si es cierta. No sólo dejamos que nos engañen, les ayudamos a engañar a los que confían en nosotros. Por eso, la próxima vez que les llegue un bulo por la pantallita pequeña o por la grande, no lo pasen sin verificar su autenticidad, no permitan que les encadenen, sean un eslabón suelto y libren su vida y la de sus amigos de mentiras. La Sociedad de la Información, si ésta es falsa, nos convierte en esclavos de los manipuladores.

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Pedimos, luego nos dan
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Antonio Ochoa | 31-01-2017 | 22:09| 0

Una de las principales lacras de nuestra depauperada democracia es el mal uso de los fondos públicos debido a nuestra errónea actitud respecto a su propiedad. Los ciudadanos corrientes, que deberíamos sentirnos sus auténticos propietarios, los vemos como algo ajeno y los políticos, meros administradores temporales, se consideran sus verdaderos dueños. Nuestro desapego se nota en lo mucho que nos cuesta pagar impuestos y en lo fácilmente que nos desentendemos de su gestión. Cierto que estamos hartos de ver como el dinero pasa de nuestros pobres bolsillos particulares a otros bolsillos particulares más opulentos sin apenas recalar en la arcas públicas, pero deberíamos hacer algo más al respecto que usarlo como disculpa. Porque nuestra apatía no deja de alimentar una sensación de posesión en la clase política que, a juzgar por la tranquilidad con que muchos se lo embolsan, ya es demasiado grande.
Incluso en la gestión no delictiva de los dineros públicos sufrimos de esa tergiversación de roles continuamente. De hecho, ya ni la notamos. Leemos declaraciones como: “Pedimos al Ayuntamiento (o Principado) que nos arregle X” y no nos chirría ese “pedimos”. Porque realmente “pedimos”, como pueblerinos asustados, de pie ante la mesa del señorito, con la boina entre las manos y la cabeza gacha, suplicándole su favor. Nos hemos resignado a ser mendigos de nuestro propio dinero, siervos en nuestra propia tierra, sin que nuestra dignidad proteste. Por eso, a cualquier politiquillo del tres al cuarto hay que hacerle la pelota para que, con las migajas de los Presupuestos, te “construya” una acera o te “de” una subvención para un proyecto social, como quien arroja un mendrugo de pan a un pobre. Por eso, hay que reírle las gracias cuando viene a hacerse la foto. Por eso, las prebendas políticas se van haciendo hereditarias y nosotros vamos pasando de ser ciudadanos que exigen lo que consideran justo a lacayos que hacen zalemas esperando las dádivas de sus amos. Y por eso, porque nosotros “pedimos” no podemos quejarnos de que ellos nos “den”.

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Entre líneas
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Antonio Ochoa | 31-01-2017 | 22:08| 0

Hay noticias que son como sopa de sobre: tan repetidas y anodinas que nos las tragamos sin pensar. Incluso el que la escribe se limita a repetir esquemas y frases de otras anteriores sin más. Una de las pruebas, precisamente, de que no ha habido ningún cambio real en nuestro panorama político es que ni unos ni otros hemos empezado a cuestionarnos todo lo que va escrito entre las líneas y tras las fotos de estos reportajes. Porque ahí, oculto tras un texto anodino y una imagen tópica, hay otro mensaje: el contenido que realmente trasmite la noticia.
Tomemos como muestra la que aparece en El Comercio del 14 de este mes y que me recordó recientemente este hecho. Se titula: “El Principado renovará el firme de toda la carretera AS-15 esta legislatura”. Buena noticia, sí, pero analicémosla en profundidad empezando por el título. ¿Quién es ese Principado? ¿No somos todos nosotros parte de él? Entonces, la noticia debería decir: “Los asturianos vamos a arreglar la AS-15”. No suena igual, ¿verdad? Pues eso es lo que sucederá en realidad: con dinero de los todos los asturianos, funcionarios pagados por los asturianos elaborarán un proyecto para que obreros asturianos (espero) ejecuten la obra. ¿Y que pondrán de su parte esos políticos del famoso “Principado” que salen en la foto? Pues eso, su cara en la foto.
¡Ah, la foto! En los grabados de las pirámides de Egipto ya aparecen imágenes como esta: El joven sacerdote rogando por sus fieles ante Ra y después saliendo al balcón del templo a anunciar que ese año también crecería el Nilo. Tantos años de historia y tan poco avance. Seguimos adorando falsos diosecillos y esperando que nuestros sumos sacerdotes intercedan por nosotros. No me creeré que nuestra divina clase política haya cambiado hasta que aparezca uno al menos que se olvide de anuncios y fotos y deje que sus obras hablen por él. La verdad, los puñeteros egipcios podían haberse limitado a inventar la cerveza y nosotros podíamos haber espabilado un poquito.

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Sucedió en una galaxia muy lejana
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Antonio Ochoa | 31-01-2017 | 22:06| 0

El tiempo se desliza a nuestro lado de manera tan sigilosa que no somos conscientes de su paso. Cómodamente instalados en una imagen mental de nosotros mismos que nunca pasa de la treintena, raras veces nos percatamos de su presencia hasta que algún movimiento brusco nos hace girarnos y lo descubrimos tras nosotros, como un enemigo que se ha acercado subrepticiamente. Nos sucede cuando nos damos cuenta de que ese individuo al que acabamos de referirnos como “chaval” y que se sentaba en el pupitre de al lado ha sobrepasado los sesenta y tiene nietos. Nos sucede cuando observamos que los jóvenes en los bares acuden a nosotros para dirimir discusiones sobre hechos pasados y tradiciones, como si fuéramos archivos con patas. Resulta bastante descorazonador cuando esos hechos sucedieron mucho antes de que hubiéramos nacido, pero aún más cuando son cosas de nuestra infancia y nos sentimos impotentes al intentar explicarlas a alguien que no vivió aquella época.
El mundo que conocimos en nuestros primeros años en el pueblo era tan diferente del actual que incluso las palabras que empleamos para intentar describirlo ya no significan lo mismo ahora. Si decimos “fui de compras a Oviedo”, por ejemplo, un joven interlocutor pensará en una tarde aburrida, pero, para nosotros entonces, era una expedición tan emocionante e infrecuente que se comentaba durante largo tiempo. Decimos “no había televisión” y se encogen de angustia imaginando días y días sin conocer los últimos trapos sucios de los famosos. Pero nosotros no hubiéramos entendido que alguien aireara alegremente sus intimidades y, mucho menos, que se hiciera famoso sólo por eso y viviera de ello. Nunca habíamos conocido la tele y no la echábamos de menos. Podíamos divertimos perfectamente sin ella y sin ordenadores, tablets y móviles. De hecho, algunos aún podemos. No era sólo otro tiempo, era otra galaxia tan lejana que sus mismos conceptos básicos son tan extraños para la gente de ahora como los sables láser y las naves espaciales de George Lucas. ¡Que la fuerza nos acompañe!

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Pasado y futuro
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Antonio Ochoa | 14-01-2017 | 10:52| 0

Inevitablemente en estas fechas los comentaristas políticos nos afanamos en recordar lo que ha pasado durante año saliente y en predecir lo que podría acontecer en el entrante. Esto nos permite exhibir dos de nuestras carencias: la capacidad de análisis y la visión de futuro. Lean alguno de los artículos que dieron la bienvenida al año 1992, por ejemplo, y verán cuan equivocados podemos llegar a estar. Porque nosotros, en el Día de los Inocentes nos esforzamos en inventar noticias increíbles, pero la realidad, en los restantes 364 Días de los Culpables, nos demuestra que su imaginación supera ampliamente la nuestra. Cuando los españoles nos enteramos de que los estadounidenses habían elegido a Trump, nos costó creerlo y pensamos que les faltaba un verano. Pero debemos recordar que, cuando nosotros volvimos a votar al PP, ellos (los poquitos que saben que España es un país y no una película) pensaron que a los que faltaba un verano éramos nosotros. Y probablemente ambos estamos más acertados valorando el estado de maduración de los otros que eligiendo Presidente.
Durante el 2016 ha habido multitud de noticias que nunca hubiéramos creído de publicarse un 28 de diciembre. Tomemos, por ejemplo, el golpe de mano dado por la “nobleza de sangre” del PSOE contra los rojos plebeyos que querían hacerse con el control del partido para llevarlo a posiciones un poquito más progresistas. Tomemos, por ejemplo, su posterior alianza con el PP para que éste gobernara y cerrar el paso a la izquierda. Aún hoy, sabiendo que es cierto, me cuesta trabajo creerlo. Menos podría, pues, predecir qué futuro tendrá este pacto. ¿Aceptarán los militantes del PSOE que su partido pase de marxismo al feudalismo sin ningún problema? ¿Se resignarán los españoles a olvidarse de la regeneración democrática después de haberla tenido al alcance de la mano? La verdad es que no tengo ni idea, pero me atrevo a decir que se aproximan tiempos duros para los defensores de la libertad, los derechos de los humildes y el sentido común.

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Espíritu navideño
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Antonio Ochoa | 31-12-2016 | 19:07| 0

Llegó ese momento del año en que uno debe cambiar el limón y la pimienta en sus artículos por azúcar y canela. Así que, en busca de inspiración navideña, enciendo la tele y pongo las noticias. Enfocan a un reportero entrevistando a un vecino en una calle llena de curiosos y luces azules destellantes. Al parecer, una pareja de jóvenes que esperaban un hijo, se habían instalado como okupas en un portal propiedad de un banco (que se lo había embargado a un ganadero asturiano, arruinado por los precios de la leche). La policía ha venido a desahuciarlos, ponerlos a ellos de patitas en la calle (a parir ya los pondrán después los tertulianos afines) y llevarse a los animales a un refugio (como Dios manda). Pero aparecieron para apoyarlos unos pastorcillos convocados por un tal Ángel, que aún no ha sido identificado porque se fue volando, pero que sospechan que es uno de esos enzarzadores de la coleta. Como los pastores llevaban cayados y corderos al hombro, han tenido que traer a los antidisturbios, que han se han empleado con contundencia. En medio de la refriega, han aparecido tres tipos con pinta de refugiados de Oriente Medio preguntado por una tal Estrella, que seguramente será alguna pirada de una ONG de acogida. Al acercarse, han resultado ir cargados de paquetes sospechosos, por lo que se ha avisado a los artificieros y a la unidad antiterrorista. Y, como detrás venían un montón de camellos, han llamado también a la brigada antidrogas. Total, que se ha montado un enorme belén y los pobres vecinos han salido a las ventanas coreando que querían pasar la noche en paz de una buena vez. Al final se han llevado a todos los implicados a comisaría, incluído un ladrón vestido de rojo al que pillaron intentando entrar a robar por una chimenea con un saco. Se le incautaron varios objetos, especialmente juguetes y colonias, y es que ya no se respeta ni la infancia ni la higiene. ¿Qué fue del espíritu navideño?

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Empeñarse en polémicas
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Antonio Ochoa | 31-12-2016 | 19:05| 0

Lo que más me preocupa del lío entre COFECA y Barriga Hubiera sobre la barra de la Romería del Prao L’Molín y la Noche Rock es que se le achaque a la peña “ánimo de lucro”. Los representantes de organismos públicos deberían medir mejor sus palabras, porque, con la crisis galopante que nos asfixia, es probable que muchos emprendedores estén haciendo ahora mismo las maletas para venirse a Cangas, montar una peña y hacerse ricos. Antes de que nos invadan, déjenme que les explique la clase de negocio que es.
Para empezar, contemos los ciento ochenta euros de cuota. Si vendes lotería, añade un recorrido por los bares de la villa talonario en mano, que suele acabar con tu nariz colorada y tu cartera llena de papeletas intercambiadas y vacía de dinero. Además, si como en este caso llevas la barra de un bar de fiesta, cuenta tus consumiciones y las de los amigos que se acerquen, a los que, como anfitrión, estás obligado a invitar. Por fin, pon las cenas, de las que la peña sólo paga, en el mejor de los casos, una o dos. Súmalo todo y tendrás suerte si desfilar orgulloso con la camisa de tu peña (que pagaste tú) detrás de la bandera y la charanga (que pagó la peña) no te cuesta más de treinta euros al mes. ¡Toma ánimo de lucro!
El ayuntamiento de Cangas tiene la inmensa suerte (que muy pocos otros tienen) de que los grandes eventos de unas fiestas cada vez más grandes los organizan y pagan unas asociaciones privadas cuyo único ánimo es arrimar el hombro y divertirse. Por ello, lo mejor que puede hacer es colaborar cuando se lo pidan y, cuando nadie les llame, no estorbar. Y, si sus recursos no llegan para todo, exponer humilde y amablemente las cuentas, explicar los criterios de distribución y no entrar en polémicas estériles. Es fácil empezar una guerra, pero difícil acabarla y, al final, todos los contendientes pierden. Sólo salen ganando los vendedores de armas.

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Pequeñas cosas
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Antonio Ochoa | 31-12-2016 | 19:04| 0

Muchos creen que los de pueblo estamos apegados a la tradición y desdeñamos las novedades, pero no es cierto. Nos gustan las innovaciones, aunque preferimos que las pruebe antes otro. En tiempos no tan lejanos, un experimento fracasado podía condenarte a un invierno muy, muy largo. Afortunadamente, ahora ya sólo pasamos hambre cuando suspendemos los exámenes médicos y nos castigan a verdura y agua. Pero el recuerdo de las dificultades pasadas pervive y nos empuja a ser cautos. Este año, sin ir más lejos, me han convencido para que probase a plantar primero las berzas y echarles luego el cuito. Espero impaciente el resultado. Les parecerá una preocupación significante en estos tiempos tan complicados, pero es porque sus prioridades y las mías difieren. Para mí, el potaje no es asunto trivial.
Sumergidos como estamos en una batahola de noticias, bulos y cotilleos, olvidamos a menudo la importancia de las pequeñas cosas. Nos preocupa la bolsa que sube y baja, los partidos y famosos que ligan y se enfadan y los temas estrella con que nos bombardean los medios. Pero todo eso apenas será mañana un vago recuerdo. Un buen potaje, en cambio, con sus berzas, sus patatas y su compango casero, se puede saborear días y días y nunca te cansa. Te permite apearte por un instante de ese autobús desenfrenado, lleno de ruido, furia y locos en que se ha convertido el mundo actual y te repone las fuerzas físicas y morales para volver a enfrentarte a ellos. Su aroma, al entrar en la cocina, te hace retornar a la infancia y rememorar caras entrañables y paisajes amigos. Seguro que, cuando algún día volvamos la vista atrás, no serán los penaltis de aquel Clásico, ni los ganadores de aquella guerra, ni los resultados de aquellas elecciones lo que nos vendrá a la mente. Serán cosas más sencillas y cercanas. Cosas que no sabemos apreciar ahora, pero que son las que nos mantienen en pié y hacen girar las ruedecillas del mundo, pequeñas cosas, las verdaderamente importantes.

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