El Comercio
img
Siempre nos quedará el Germán
img
Alberto del Río Legazpi | 19-11-2017 | 10:35| 0

          La moda no se vota sino que bota y rebota a capricho de diseñadores y tendencias. Excepto en casos como el de la hostelería y en concreto de las llamadas zonas húmedas o sitios de copas, donde vota el capricho de los consumidores.

            Por ejemplo en Avilés, y en las décadas de los 60 y 70 del pasado siglo, tuvo fama –que se extendió a toda Asturias– el barrio de Sabugo. Pasados los años decayó allí la juerga ya que a la marea le dio por subir por Galiana donde anduvo dos lustros para bajar más tarde a La Ferrería y Rivero, estabilizándose en los últimos tiempos en las zonas citadas aunque parece que superadas por El Carbayedo y un renacido Sabugo. Y aquí, en el antiguo barrio de pescadores, y como cafetería–restaurante el local decano es el Germán.22-german-pagina-lva

            En LA VOZ DE AVILÉS de hace cerca de cien años solía venir insertado, con frecuencia y en lugar destacado, un anuncio donde se podía leer, sin puntos pero con comas, que «En el sitio más céntrico y pintoresco de Avilés, frente a la ría, con precio­sas vistas al Parque del Muelle, y a la entrada de la población, próximo a la estación del ferrocarril del Norte y a la parada de los tranvías de Villa-Ale­gre a San Juan de Nieva y Arnao, se halla este moderno y elegante Restaurant ‘Bar Astur’, el mejor de la villa». Era un local regentado por Antonio Menéndez, más conocido como El Molinero hasta que, en 1935, fue adquirido por Germán Blanco Arias. 

          Germán que era hombre de sobrada experiencia como empleado en el mundo hostelero y hotelero avilesino (Café Imperial y Gran Hotel, por ejemplo) se puso detrás de la barra y sacó adelante el negocio con la ayuda de su esposa Antonia Varela y algunos de los siete hijos del matrimonio. El hombre fallecería, en 1953, haciéndose cargo su familia del tinglado hostelero reformándolo y cambiándole el nombre que todavía llevaba de Bar Astur por el de Germán que con el tiempo alcanzaría fama en la ciudad.

          Ese tiempo llegó en 1962 cuando Mario, uno de los hijos de Germán, se hace cargo del negocio y comienzan las reformas que convierten el interior del local en la cafetería de moda de Avilés, algo que duró muchos años.

          Al mediodía era sitio, los domingos hasta los topes, de vermuts (acompañados de gambas a la gabardina y sicilianos) de gente joven, parte de la cual transitaba de arriba abajo y de abajo arriba –era la moda, oiga– por el paseo central y sobre todo la acera del vecino parque del Muelle.

Por la derecha, Mari Rubio (esposa de Mario), Germán Blanco hermano de Mario, que aparece de pié entre dos amigos.

Por la derecha, Mari Rubio (esposa de Mario), Germán Blanco hermano de Mario, que aparece de pié entre dos amigos.

          El dinamismo que le dio Mario al Germán también lo convierte en lugar de tertulias de las que salieron iniciativas que enriquecieron socialmente la ciudad.

          Por ejemplo, Román López Villasana cuenta como en su tertulia Pepe Ventura, un amigo suyo, hablaba mucho y bien de las cualidades de un nuevo deporte llamado balonmano. Román se animó y con la bendición de Toso Muñiz (presidente de la Atlética Avilesina) creó la sección de  balonmano un deporte hoy muy popular en la ciudad.

          Igualmente Villasana nos tiene contado que fue en el Germán, donde reunido con el periodista de la COPE José María Alonso ‘Chemari’ y Abelardo González bautizaron, después de darle muchas vueltas, a un grupo folklórico que habían fundado anteriormente como Sabugo ¡Tente Firme! que desde entonces ha venido creciendo hasta convertirse en Fundación.

          En 1970 Mario Blanco da el siguiente paso –con el local ya como referente de modernidad en su diseño interior– convirtiéndolo en restaurante que ofrece no solo calidad gastronómica sino gracia para ofertarla. El solomillo del Germán ‘era mantequilla por encima del bien y del mal y sustento de las paredes que vemos’ o la ensaladilla rusa ‘auténtica, del Kremlin de los buenos tiempos’… Por entonces se incorporó (en 1972) al negocio su hijo Germán (no podía llamarse de otra forma), que aprendió de Mario todas estas maravillas, aparte de popularizar combinados como el gin fizz o el bloody mary.

          En 1992 tras el fallecimiento de Mario es su hijo Germán, excelente profesional, quien se hace cargo de esta cafetería ejemplo de equilibrio entre tradición y modernidad que ahí sigue –un lugar con vistas al puerto, hoy al Centro Niemeyer y siempre al parque del Muelle– después de haberla fundado su abuelo Germán y entre medias de ambos Mario, hijo de uno y padre del otro, quien era capaz de ponerle una vela al diablo con tal de que siguiera habiendo luz.

          Por tanto Ana, en este local donde viven o duermen tantos recuerdos de tantas generaciones, con luz o a oscuras, hazte cuenta de que –como diría Rick en ‘Casablanca’– siempre nos quedará el Germán.

A la izquierda Mario Blanco. A la derecha, su hijo Germán Blanco. En el centro Claudio Celard, yerno de Mario y cuñado de Germán.

A la izquierda Mario Blanco. A la derecha, su hijo Germán Blanco. En el centro Claudio Celard, yerno de Mario y cuñado de Germán.

Ver Post >
Un padre de las células madre
img
Alberto del Río Legazpi | 12-11-2017 | 21:20| 0

(El doctor Francisco Vizoso Piñeiro, residente durante muchos años en Salinas, es hoy una autoridad en el revolucionario campo de la medicina regenerativa).

          El otro día me encontré de nuevo con Francisco Vizoso, personaje muy cercano para el público en general por el constante eco que sus extraordinarias investigaciones sobre las células madre encuentran en los medios de comunicación.

Francisco Vizoso en el casco histórico de Avilés.

Francisco Vizoso en el casco histórico de Avilés.

          En Avilés su persona resulta familiar, pues ha estado viviendo veinte años en Salinas y por tanto peregrinando constantemente a la villa, sobre todo para patear el casco histórico. ‘Vicio’ que sigue conservando cuando puede pues ya no vive aquí.

          Explorar, descubrir… es lo que ocupa gran parte del tiempo de este prestigioso cirujano y actual responsable de la Unidad de Investigación en el gijonés Hospital de Jove. Sus días, a juzgar por su dedicación, deben tener 43 horas cada uno.

          Fran Vizoso volvió a Avilés aunque en esta ocasión para revolver el cotarro, o sea al personal que lo escuchaba fascinado en un salón de la Casa de Cultura hablando del estado actual de las investigaciones de su equipo sobre las células madre, materia en la que el científico es un adelantado, otro más, aunque Vizoso lo sea en investigación y no de La Florida.

          He de recordar a otros avilesinos, de nación o de pación, destacados en este campo –algunos ya fueron episodio aparte y otros lo serán próximamente– como Pedro Lucuce Ponce (matemático e ingeniero militar), Celestino Graiño Caubet (padre de innovadores recursos medicinales), Francisco Graiño Obaño (astrónomo), Eduardo Carreño Valdés (naturalista) o los médicos Aznar González (Blas y Claudio), etc. Aparte, por supuesto, de la investigación industrial.

El científico con algunos de sus colaboradores. Por la izquierda: Noemí Eiró, Belén Fernández y Luis Ovidio González.

El científico con algunos de sus colaboradores. Por la izquierda: Noemí Eiró, Belén Fernández y Luis Ovidio González.

          Actualmente Francisco Vizoso, es un profesional muy destacado en el panorama internacional de la medicina regenerativa con células madre, considerada como la del futuro y con la que parece que se podrían evitar muchos de los efectos adversos de los fármacos y de los trasplantes. Una revolución.

          Hace tres años la Unidad de Investigación del Hospital de Jove que dirige, presentó un importante avance (otro más) en la lucha contra las enfermedades degenerativas al hacer público el descubrimiento de un tipo de células madre procedentes del útero de mujeres en edad fértil, poseedoras de un extraordinario potencial para regenerar tejidos dañados de cualquier tipo, desde neuronas hasta músculos o huesos. Y siguen avanzando en este campo, llave de nuevas terapias contra enfermedades actualmente sin cura.

          Francisco Vizoso tiene declarado «Desconozco el grado de éxito que podemos tener, pero sé que el mayor fracaso es no intentarlo».

El conferenciante Francisco Vizoso y Alberto del Río presentador del acto.

El conferenciante Francisco Vizoso y Alberto del Río presentador del acto.

            Con tal filosofía se toma su trabajo este hombre, del que tengo leído que un día se presentó en su consulta hospitalaria un viejo pescador de Candás con una bolsa repleta de calamares como gratitud por una operación de hernia que le había efectuado Fran Vizoso. Éste se lo agradeció mucho pero más le agradecería, le dijo, que lo llevara con él en su barca un día en que saliera a pescar. Pero no fue un día, porque desde entonces el científico estuvo saliendo con el pescador en una pequeña y vieja barca a las cinco de la mañana, de muchos fines de semana y durante cinco años hasta que la edad del marinero (92 años), lo permitió. El viejo pescador trataba al médico como un hijo, tanto que a su muerte le dejó en herencia su vieja embarcación. No trato de establecer paralelismos con Hemingway y su obra ‘El viejo y el mar’, pero tengo para mí que aquello fue la madre de todas las válvulas de escape para un científico y cirujano súper abrumado por la responsabilidad de su trabajo. De hecho Vizoso confesó haber aprendido, con aquella experiencia, grandes cosas de la pesca ‘y de la vida’.

          Y ahí sigue fiel, tanto a su misión de investigador como a su labor misionera divulgativa. Habla de medicina en foros abiertos al público en general y se le entiende todo, no tiene letra de médico. Aquí en Avilés platicó sobre el potencial terapéutico que poseen las células madre del cuello uterino, descubiertas en Jove, en un mundo en la que casi el 40% de su población padece enfermedades que conllevan la pérdida de tejido por procesos inflamatorios y patologías como el Alzheimer, la esclerosis, o la artritis reumatoide, dice Vizoso. Estamos pochos, digo yo.

Gráfico de Emaze.

Gráfico de Emaze.

          También anunció que tras los éxitos que dichas células madre han tenido en roedores, esperan que la Agencia Española del Medicamento les facilite los permisos pertinentes para iniciar los ensayos clínicos con personas. O sea, la hora de la verdad que decía García Lorca y le copiaron los taurinos.

          Los hallazgos de Vizoso, y su equipo de Jove, parieron también un proyecto ciudadano de apoyo, una fundación de ámbito nacional formada por agentes sociales y asociaciones de pacientes conocida como FICEMU (Fundación para la Investigación con Células Madre Uterinas) con sede social en Gijón. La presidencia del Comité Científico de FICEMU recae, como no, en Francisco Vizoso.

          Estoy hablando, así a vuela pluma, de alguien que lleva dirigidas 30 tesis doctorales o que es autor de más de 200 publicaciones científicas (180 de ellas internacionales) y otras 200 comunicaciones en congresos nacionales e internacionales. Está honrado por números reconocimientos sociales, aparte de 50 galardones científicos, entre ellos el ‘Premio Nacional de Cirugía’ o el  ‘Severo Ochoa’ o el ‘Claudia Ellis’ del Instituto Catalán de Oncología.

          Fue otro investigador bioquímico, Federico Mayor Zaragoza, quien me dijo hace años paseando por Sabugo que ‘El pasado hay que mirarlo como el retrovisor del coche, con el tiempo suficiente para seguir adelante’. Esta sentencia, del ex Director General de la UNESCO, creo que retrata a Francisco Vizoso Piñeiro, trabajador incansable como no se pueden ustedes imaginar, siempre mirando hacia delante, indesmayable e ignorando dificultades e injusticias –más abundantes de lo normal y que él calla– quizá porque sabe que la vida es demasiado corta para perder el tiempo lamentándose sobre todo cuando hay que seguir explorando para entrar en esa realidad curativa, tan fascinante, de las células madre.

          Un mundo éste, el de las células madre, donde Vizoso es uno de los padres.

Ver Post >
El vaqueiro ilustrado de Avilés
img
Alberto del Río Legazpi | 05-11-2017 | 19:32| 0

José Manuel Feito natural de Somiedo es cura en Miranda, aparte de académico del Instituto de Estudios Asturianos y bastantes cosas más.

          Si echas un vistazo a uno de los mejores inventos que ha dado esta región como es la Gran Enciclopédica Asturiana –obra magna del editor Silverio Cañada– comprobarás que pocos avilesinos vivos tienen, como José Manuel Feito Álvarez, una referencia literaria tan amplia.

         De fisonomía apacible y dotado de un sentido del humor coñón que gracias a Dios practica con tanta frecuencia como extremada maestría, este sacerdote al que muchos le dicen párroco de Miranda de Avilés siendo cosa que nunca fue, sino ecónomo que es grado jerárquico menor lo que, bajo mi punto de vista, le facilitó un tiempo, tan precioso como preciso, para enriquecer a la sociedad avilesina y a la cultura asturiana.22-feito-mirando-foto-de-feito

         Nacido en 1934 en el territorio vaqueiro de la Pola de Somiedo, ‘estudió para cura’ cuando el Seminario asturiano andaba a saltos entre Tapia, Valdediós y Oviedo. Pasó hambre y frío en los tres sitios. Por azar dijo su primera misa en el pabellón que la Santa Sede tenía en la Expo de Bruselas, en 1958. Posteriormente, y después de haber sido capellán y profesor en un colegio de huérfanas en Los Cabos (Pravia), fue destinado en 1964 a la parroquia de Miranda, en la zona alta de Avilés, de donde ya no se movería; y quien lo intentó fracasó, tal fue el caso del Obispado de Oviedo cuando ‘reorganizando la plantilla sacerdotal’ intentó su traslado –de eso no hace mucho– y se armó la de Dios es Cristo en Miranda, en los medios de comunicación y sobre todo en la red social Facebook. La autoridad eclesial reculó y Feito sigue entre nosotros.

         Como la memoria es flaca citaré alguno de los hechos con los que este peculiar ciudadano, un activista cultural de primer orden, ha contribuido a enriquecer la historia de Avilés.

         Por lo pronto y empezando por lo más próximo sabedor, como era, que el cura goza de un puesto privilegiado para recoger la cultura tradicional de su entorno no perdió ni un momento en ponerse manos a la obra en Miranda, singular población con un rico pasado histórico y social que languidecía.

          En el tiempo que le dejaba libre su labor religiosa, Feito, comienza a recuperar y poner al día aspectos históricos, etnográficos e incluso lingüísticos y así vuelve a resucitar la jerga (el bron) de los caldereros de la zona que estos utilizaban en sus ventas por lugares castellanos. De ahí se deriva la creación del Seminario del Bron que será la base para las bianuales Jornadas Gremiales que reúnen a especialistas de distintos lugares de Asturias y España.AVILES.- JOSE MANUEL FEITO PREMIO LVA ©Foto Marieta

         La artesanía, y en especial la cerámica, fue otro de sus rescates teórico y práctico, pues aparte de ser autor de publicaciones diversas puso en marcha una Escuela de Cerámica proyecto del que tomó ejemplo, en el inicio de la década de los ochenta del pasado siglo, el Ayuntamiento avilesino al crear la Escuela–Museo de Cerámica que José Manuel Feito codirigió durante un tiempo con Ramón Rodriguez.

          También trabajó –es que no para– la etnografía asturiana agrupando en un libro datos y aspectos que se iban perdiendo sobre la artesanía en el trabajo del cobre, barro, queso, sidra, madera… Recorrió pueblos y aldeas grabando imágenes y palabras que tamizadas plasmó en un libro sobre artesanía popular que sentó un precedente. Y también sobre folklore y artesanía realizó películas en formato doméstico que fueron premiadas en Festivales Cinematográficos.

          A la parroquia le dio aires super modernos, baste decir que fue la primera de Asturias, que yo sepa, que tuvo página web cuando pocos manejaban la informática que igualmente aplicó al censo parroquial. Este hombre siempre fue por delante, pues tiempo atrás había formado un grupo de la JOC (Juventud Obrera Católica) no bien visto por el régimen franquista. También dio marcha, como promotor, a un grupo de jóvenes mirandinos componentes de un grupo de folk llamado ‘Madreselva’ que grabó discos lo que trajo consigo que la mismísima TVE (entonces la única emisora de televisión de España) se plantara en Miranda a rodar un documental sobre el pueblo y el grupo musical.

          La poesía estuvo desde siempre en su vida. Aparte de publicar varios libros de poemas formó parte de destacados grupos poéticos como ‘Jueves Literario’ (que publicaba en LA VOZ DE AVILÉS) reunido en torno a la histórica poeta avilesina Ana de Valle.

          Y todo esto sin contar su labor docente en distintos centros educativos, sus constantes conferencias y colaboraciones en periódicos y revistas, así como la autoría de guiones para TVE. Es miembro, desde hace bastantes años, del Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA).

          Estoy peinando sin raya, o sea sin detalle porque no me caben, algunos de los campos en los que ha trabajado, hasta ahora, excepto en el  eclesiástico porque lo desconozco. Le tengo leído que «Fui al Seminario porque el cura de Somiedo habló con mi madre, y también el maestro, y le dijeron: ‘Este chaval es un poco despejado; tendría que estudiar’. Y la única posibilidad era el Seminario. Yo era un chiquillo disciplinado y lo fui en el Seminario».

          Ha recibido múltiples galardones de poesía, periodismo, cinematografía… pero yo destacaría el Premio Nacional de Artesanía Marqués de Lozoya (Madrid 1983).

           No conozco persona viva de Avilés que domine con tanta erudición la vida, entresijos y anécdotas de importantes personajes de la historia de la ciudad sobre los que ha publicado artículos y libros. Sus trabajos están realizados con tanta pulcritud como serenidad en un tiempo en el que hoy ya es pasado mañana.

         Y por encima de todo está esa su disposición a ayudar, a echar una mano, que junto con su llaneza y sencillez en el trato son algo ciertamente inusual y muy de agradecer. Virtudes que tapan los defectos, que tendrá como todo bicho viviente, este ilustre vaqueiro ilustrado hoy convertido en un personaje, en un clásico, de Avilés.

En el programa de TeleAvilés "Asturias en Vivo" intervenían (de izda. a dcha.) Armando Arias, José Manuel Feito, Justo Ureña, Alberto del Río y Ramón Baragaño, presentador y director del conocido programa semanal de opinión que estuvo años en antena.

En el programa de TeleAvilés “Asturias en Vivo” intervenían (de izda. a dcha.) Armando Arias, José Manuel Feito, Justo Ureña, Alberto del Río y Ramón Baragaño, presentador y director del conocido programa semanal de opinión que estuvo años en antena.

 

Ver Post >
Calle Cuba, otra seña caribeña en Avilés
img
Alberto del Río Legazpi | 29-10-2017 | 12:15| 0

      En su ‘Topografía médica de Avilés’, editada en 1913, el gran José Villalaín tenía muy claro que «el aspecto, en conjunto, de Avilés es acubanado. Parece una población de Cuba salpicada de vetustas casas de hidalgos». Esto puede que sea discutible pero el médico de Salinas resulta casi incontestable cuando escribe que «en la música popular avilesina hay mucho de Cuba, y hasta existe una graciosa guajira adulterada y asturianizada que se toca con gaita. Hay muchas habaneras».22-cuba-img_5834

      Aparte del hecho de avilesinos que fueron gobernadores de la isla (caso de Pedro Menéndez) está la cuestión de la emigración. En Avilés, lo de ‘hacer las Américas’ consistía en emigrar a Cuba donde había muchos avilesinos que te podían allanar el camino. Y los muy pocos que regresaron ricos y poderosos (los indianos) tuvieron considerable presencia socio–económica en la vida local lo que está reflejado en el callejero local, donde aparecen calles con sus nombres y una  plaza, pero destaca sobre todos ellos la calle Cuba que naciendo en La Cámara moría en los confines de la ciudad.

      El primer gran edificio que le dio vida fue el Teatro–circo Somines (1877) también conocido como La Peña. Pero fue la construcción de la mansión, en 1903, del indiano Eladio Muñiz que había hecho fortuna, en Cuba por supuesto, la que le dio caché. El inmueble estaba rodeado de jardín y huerta y humildes casas de planta baja, un conjunto hoy sustituido por la manzana de edificios de exageradas alturas entre las calles Cuba, La Cámara y Pedregal.

Antiguas casas en calle Cuba. Al fondo el edificio del cine Clarín y la iglesia nueva de Sabugo.

Antiguas casas en calle Cuba. Al fondo el edificio del cine Clarín y la iglesia nueva de Sabugo.

      Luego se plantó el parque de Las Meanas; más tarde, y en tiempos republicanos del alcalde David Arias, se construyeron a la vera del parque nuevas instalaciones para la Exposición [hoy plaza exenta en el solar que ocupó] de Ganados y pocos años después el estadio deportivo.

      A partir de la mitad del siglo y con la llegada de miles de personas buscando trabajo en las grandes factorías algunos edificios comenzaron a crecer en altura y la calle vio, en 1965, como se le añadían las de Pedregal y López–Ocaña  que venían a morir en ella, excepto la de Francisco Orejas, que uniendo las hoy plazas del Vaticano y La Guitarra (hablo en serio) marcó el final de Cuba (me refiero a la calle que conste). Y así sigue.

Empiezan a crecer los edificios en la calle Cuba. Pero aún no había nacido El Atrio.

Empiezan a crecer los edificios en la calle Cuba. Pero aún no había nacido El Atrio.

      Pero fue la construcción en 1985 del llamado edificio El Atrio –en la manzana donde estuvo asentado el Somines junto con pequeños talleres– con un centro comercial en sus bajos lo que disparó la vitalidad de esta vía pública.

      Hoy es una calle de 250 metros de largo, muy activa en su primer tramo y el resto muy tranquila y agradable discurriendo en paralelo, hasta su final, con el parque de Las Meanas.

      Como dándole la razón a Villalaín, la calle Cuba es otra seña caribeña más en Avilés. Y no sé por qué coño, hoy, este episodio está tan preñado de ‘eñes’ de Cataluña y España.

 

A la derecha, nacimiento de la calle Cuba que finaliza a la izquierda de la foto. Enfrente la calle López-Ocaña.

A la derecha, nacimiento de la calle Cuba que finaliza a la izquierda de la foto. Enfrente la calle López-Ocaña.

Ver Post >
Arte en muros
img
Alberto del Río Legazpi | 25-10-2017 | 20:56| 0

          El pasado jueves, 19 de octubre de 2017, fue inaugurado un mural obra del artista David Muñoz ganador del concurso previamente convocado por el Ayuntamiento avilesino y realizado en la medianera de un edificio que vierte a la glorieta de la plaza de Los Oficios, el mayor nudo de tráfico automovilístico de la ciudad.

Ramón Rodríguez.

Ramón Rodríguez.

          Es justo el momento de hacer recuento, de hacer historia, sobre los murales artísticos distribuidos por los espacios públicos de Avilés . Fue en 1993 cuando se inauguró el primero y desde entonces el arte no ha dejado de trepar por los muros del centro urbano y de los barrios, con tanta ansia creativa que me obliga a extenderme más allá de un episodio. Relaciono, en el de hoy, los realizados desde 1993 hasta 2002, ambos inclusive y donde el artista Ramón Rodríguez tiene un protagonismo relevante.

'Homenaje a Carreño Miranda'.

‘Homenaje a Carreño Miranda’.

          ‘Centenario de las fiestas de El Bollo’ de Ramón Rodríguez. 1993. Plaza de Camposagrado. Se trata de un mural 2,50×8,50 metros, realizado mediante la técnica de serigrafía cerámica sobre gres industrial; hay incrustados cinco bollos (hierro, aluminio, zinc, vidrio y cerámica) que representan los productos fabricados por industrias ubicadas en la comarca avilesina. El mural está complementado, en su parte inferior, por una fuente pública instalada por el Ayuntamiento de Avilés con caños que vierten de cabezas de leones.

          ‘Homenaje a Carreño Miranda’ de Ramón Rodríguez. 1997. Calle Carreño Miranda. Mural de 3×7 metros de  serigrafía cerámica sobre gres industrial, que reproduce la silueta de ‘La Monstrua’ (Dª Eugenia Martínez Vallejo) vestida y desnuda –obras pictóricas del artista avilesino, del siglo XVII, Juan Carreño Miranda colgadas en el Museo del Prado– resuelta con colores fundamentales y una frase firmada por el pintor asturiano. Entre el mural y la estatua (que es del artista ‘Favila’ y está también dedicada al personaje retratado por Carreño) y sobre seis columnas, de 2×0,50, se reproduce ‘La Monstrua’ adelgazada en serigrafía cerámica.

Carlos Suárez.

Carlos Suárez.

          ‘Cero drogas’ (Obra colectiva). 1997. Calle Galiana. Este mural graffiti mide 3×12 metros y fue realizado (al ser el proyecto ganador de un concurso convocado con motivo del ‘Día Mundial contra las drogas’) en el muro del número 17 de la espectacular calle porticada, y que corresponde al palacete conocido como ‘el de Arias de la Noceda’ actual sede de los servicios sociales y medioambientales municipales. Actualmente este mural ha sido sustituido por otro realizado, años después, por Xuan Alyfe y del que hablaremos en otro episodio.

'El Bosque Encantado'.

‘El Bosque Encantado’.

         ‘El Bosque Encantado’ de Carlos Suárez. 2001. Avenida de Los Telares. Espectacular conjunto de paneles instalado en la Estación Intermodal (autobuses y trenes) de Avilés, que fue premiado en un concurso público convocado en 1997 por el Rotary Club de Avilés. Está constituido por 20 paneles de 5×3,50 m, separados por columnas, que crean un efecto de perspectiva (de más de 70 metros) para viandantes y vehículos. Con esta obra, el autor, quiso también recuperar el espíritu y la magia de los bosques que durante siglos poblaron el territorio avilesino.

          ‘Mural de las Ciudades Hermanas’ (Obra colectiva). 2002. Parque de Ferrera. Se trata de un panel, al lado del estanque, de 1,40×3,60 metros (con obra en anverso y reverso) donde un total de 41 artistas realizaron esta obra cerámica (cuatro azulejos, por autor, como máximo) para conformar un mural conmemorativo del hermanamiento de Avilés con San Agustín de la Florida (considerada la ciudad más antigua de los EE UU) fundada por el marino avilesino Pedro Menéndez. La realización técnica fue de la Escuela Municipal de Cerámica de Avilés cuyo director Ramón Rodríguez coordinó el proyecto.

Los historiadores norteamericanos Michael Francis y Annie Francis, junto con Alberto del Río, a la derecha, ante el 'Mural de las ciudadas hermanas'

Los historiadores norteamericanos Michael Francis y Annie Francis, junto con Alberto del Río, a la derecha, ante el ‘Mural de las ciudadas hermanas’

          Los artistas que intervinieron en el mural avilesino fueron (por orden alfabético): María Jesús Antón. Ana Isabel Barrio. Elvira Barrio. María Braña. Alicia Carreño. Jesús Castañón. Charo Cimas. Luís Cora. Carlos Coronas. Cristina Cuesta. Esther Cuesta. Pilar Cuesta. Celsa Díaz. Encarnación Domingo. Ángel Domínguez Gil. ‘Favila’. Ricardo Fernández. Susana Fernández. Ana Fuente. Luís Gago. Angélica García. Benjamín Menéndez. Esther Menéndez Vega. Adelaida Ovana. ‘Pachín’. Vicente Pastor. Fidel Pena. Pedro Pubil. Demetrio Reigada. Mónica Reyes. Ramón Rodríguez. Pablo Hugo Rozada. ‘Sarelo’. Pilar Simón. Julio Solís. Miguel Solís. Carlos Suárez. Luís Suárez Lanzas. Elisa Torreira. ‘Truyés’ y Manuel G. Vidal.

          ‘Pasionarias’ de Ramón Rodríguez. 2002. Plaza de José Martí. Constituido por cerca de 5.000 azulejos industriales de 10×10 cm., que ocupan una extensión de 3,50×14 metros. El mural quiere reproducir una mata de pasionarias que simulan descolgarse por la pared del fondo de la [entonces] nueva plaza situada en la parte trasera de la Oficina de Turismo.

         Seguiremos haciendo recuento, en otro episodio, sobre el arte que se sube por las paredes de Avilés y también del que anda por los suelos.

Ver Post >
Sabugo, la flor de la maravilla
img
Alberto del Río Legazpi | 19-10-2017 | 04:59| 0
       Fue la pesca la que labró su pasado como pueblo. Capturaban productos del mar con barcas armadas por ellos, lo mismo que luego hicieron con galeras y galeones. Por ejemplo, para Pedro Menéndez de Avilés, cuando puso rumbo a la América del norte
       Por siglos estuvo bastante clara la identidad de Sabugo como pueblo. Hoy, su núcleo central (plaza del Carbayo) se ha reconvertido en una de las zonas hosteleras más famosas de Asturias.
       Por lo que se ve, aquí siempre mandó la humedad. Ayer marinera y hoy sidrera. Ni los mareantes antes por los violentos oleajes. ni los mareados ahora por los vapores etílicos, mayormente.
       Los libros más antiguos del Archivo Histórico local nos informan que en el año 1479 el alcalde de mar, de Sabugo, era Pero López. Mientras la vecina y poderosa Villa de Avilés tuvo tres regidores ese mismo año (Juan del Peso, Juan Rodríguez y Ferrando de Cabada). Sabugo, tenía forma y maneras de ente autónomo.22-sabugo-plaza-carbayo-foto-aerea-reducidos-pixels
       Y también llama la atención la cuestión de su iglesia de Santo Tomás de Canterbury (siglo XIII), que dependía de la jurisdicción eclesiástica de Pravia y no de la de su vecina y tan próxima: la avilesina de San Nicolás de Bari (siglo XII).
       Ambos templos construidos con poca diferencia en el tiempo, lo que dice mucho sobre la importancia de Sabugo edificado sobre suave colina resbalando hacia la mar, en un lugar próspero en flores de saúco, planta que siempre sirvió como infusión (‘fervidiello’) para sus habitantes mayoritariamente marineros, pescadores y artesanos de útiles marinos. Todos vivían del mar y muchos morían en él.
       Pueblo de gentes humildes y aguerridas, celosos de su ‘independencia’ respecto a la villa, a la que estuvo ‘unida’ durante siglos por un enclenque puente de madera. Símbolo de la desunión social entre ambos.
       Sabugo fue trazado con tiralíneas: la calle de Alante, hoy de La Estación; la de Atrás, ahora de Bances Candamo; la de Enmedio, actualmente de Carreño Miranda y su recoleta plaza (con su extraordinaria iglesia) que, en tiempos, lució un arrogante carbayo, donde antes hubo un fresno, una fuente pública y un cementerio adosado al templo.
       Sabugo fue ‘descaradamente’ rico (en la Edad Media) y luego descarnadamente pobre y sufridor, en mayor número que otras zonas de la población , de calamidades sanitarias.22-sabugo-calle-bances-candamo-sabugo
       Y luego ocurrió que en el siglo XIX Avilés rescató terreno al mar y ensanchó su zona urbana construyendo el parque del muelle y la actual plaza del mercado. Una vez creados estos espacios llanos y habitados, Avilés engulló definitivamente a Sabugo, al que integró como barrio.
       La ‘invasión’ quedó completada al inaugurarse (1890) la nueva estación de ferrocarril de Avilés en terrenos ocupados antaño por sus carpinteros de ribera (astilleros de épocas pasadas).
       Todavía quedan rescoldos de ‘su suspirada independencia’, en alguna de las coplas bailadas al sosegado ritmo de danza prima: ‘Mal haya quien puso el puente para pasar a la Villa, sabiendo que hay en Sabugo la flor de la maravilla’.
       Hoy, aquel pueblo marinero es una de las zonas mas nobles de ese Avilés de por los siglos de los siglos amén.
       Su historia es tan variada en acontecimientos que exige episodios aparte. Y si alguna conclusión hubiese que sacar ahora, es que Sabugo no es mejor ni peor, que éste, aquel o el de más allá.
       Sabugo, es distinto. Punto.
22-sabugo-manzana-222-sabugo-manzana-alvarez-1251-reducidos-pixel

 

(Revisión del episodio publicado en LA VOZ DE AVILÉS, del domingo 16 de octubre de 2011)
Ver Post >
María Zambrano, sabia con savia en Avilés
img
Alberto del Río Legazpi | 15-10-2017 | 09:45| 0

(La famosa intelectual andaluza tiene en la ciudad asturiana un parque y una calle que llevan su nombre).

       Un día buscando la farmacia de guardia me encontré con gran sorpresa con una calle llamada María Moliner. Y al doblar la esquina de tan enciclopédica señora descubrí otra dedicada a la filósofa María Zambrano y también un parque bautizado con su nombre. Municipal hazaña administrativa que no logró ni el mismísimo Adelantado de La Florida americana aunque sí otra mujer, la religiosa Luz Casanova. El callejero local a veces se hace admirar.

María Zambrano en 1933.

María Zambrano en 1933.

       Aquello ocurrió justo al comenzar el siglo XXI. Cincuenta años antes, al haberse establecido en Avilés la gran industria –Endasa (léase Alcoa), Cristalería (que ahora se hace llamar por su nombre francés de St.Gobain) y sobre todo la siderúrgica Ensidesa (hoy Arcelor–Mittal)– habían arribado, con urgencia, a la ciudad miles de personas buscando parada y fonda, la que se pillara, para trabajar en las factorías citadas.

       Y como todo fue tan inopinado en aquel El Dorado industrial, se conjugó el verbo urbanizar a velocidad de vértigo naciendo así barrios vertiginosamente espantosos; el poblado de Llaranes fue la excepción que confirma edificaciones atropelladas como las de La Carriona o el barrio de La Luz. Es lo que traen las urgencias. Luego y coincidiendo con la llegada de los Ayuntamientos democráticos la cosa se calmó bastante y comenzaron a crecer complejos urbanos de un modo más sosegado y, sobre todo, racional.22-zambrano-parque-fuente-028

       El sureste de la ciudad es el penúltimo lugar ‘colonizado’ por el urbanismo, porque el último es La Grandiella lugar fronterizo con el Corte Inglés local. Hacia esa llanura del sureste frenada por las colinas donde se asientan Miranda, Heros y San Cristóbal de Entreviñas, creció Avilés a finales del siglo XX. A la zona se la conoce como El Quirinal, nombre de una antigua finca ubicada en un extremo de Las Meanas, topónimo que muchos turistas toman por lo fisiológico.

       En El Quirinal, ya decía, se construyó racionalmente (viviendas, servicios sanitarios, educativos y deportivos) y surgieron edificaciones altas, medianas y también unifamiliares. Pero lo que llama mucho la atención son los nombres de sus calles (tanto aquí como en las urbanizaciones vecinas de Valgranda, separadas del Quirinal por la llamada ‘Carretera de la Plata’) dedicadas a destacadas mujeres de ámbito nacional e internacional y en distintos campos. El callejero tiró aquí, gracias a Dios, la casa por la ventana.

       Hablo de gente como Victoria Kent, Dolores Medio, Sor Juana Inés de la Cruz, Dolores Ibarruri, María Lejá­rraga, Elena Soriano, Aida de la Fuente, Isabel Oyarzábal, Somaly Man, Obdulia García, Emilia Pardo Bazán, Margarita Nelken, María Moliner y María Zambrano.22-zambrano-parque-el-bosque-maria-zambrano-img_8523

       Entre las dos Marías últimas hay un parque –inaugurado en el año 2000 y que ocupa 4.000 metros cuadrados– que lleva el nombre de la intelectual andaluza María Zambrano. Se trata de una recoleta zona boscosa con un catálogo vegetal de avellanos, acebos, abedules y robles plantados sobre una colina con bancos, me refiero a los de asiento por supuesto. Al otro lado de la calle José Cueto, que divide el parque, está la zona infantil y otra posteriormente añadida.

       Se trata de un espacio verde curiosísimo llamado ‘El bosque comestible’ (ecosistema que imita la estructura del bosque natural utilizando principalmente plantas comestibles) merced a un proyecto de Adrian Hopkins (siempre aparece un inglés en estas historias) secundado por la vecindad, y que realizó la Escuela Taller Vedelar promovida por la Fundación Secretariado Gitano en colaboración con el Ayuntamiento de Avilés, financiando la obra los gobiernos autonómico, nacional y europeo.

       María Zambrano Alarcón (Vélez–Málaga, 1904-Madrid, 1991) fue, según la Enciclopedia Oxford de Filosofía, la más importante figura femenina del pensamiento español del siglo XX. Discípula ‘apasionada’ del filósofo José Ortega y Gasset (casi siempre se refería a él como ‘Don José’) realizó buena parte de su obra basada en algunas ideas de su maestro que ella singularizó vertiéndolas en numerosas publicaciones.

María Zambrano en 1988.

María Zambrano en 1988.

       Profesora de la Universidad de Madrid, la Guerra Civil de 1936 la obligó a un exilio mareante: París, Nueva York, La Habana (donde conoció a los escritores avilesinos Rafael Suárez Solís y Luis Amado Blanco, colaboradores como ella en la revista ‘Orígenes’), México, Italia y Suiza, antes de su regreso definitivo a España, en 1984, acompañada de sus inseparables gatos que representaban para María la personificación de sus ideales «libertad e independencia, desde el respeto y la integridad tan propios de un gato».

       En 1981 le fue concedido el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades y en 1988 el Cervantes, el más prestigioso galardón de las letras hispanas, siendo la primera mujer que lo consigue.

       He aquí una persona sabia también distinguida en Avilés con una senda, o calle, y la abundante savia de su parque.

       María Zambrano, sabia con savia.

22-zambrano-pagina-de-la-voz-de-aviles-baja-resolucion
Ver Post >
Luanco, aquel médico de Avilés natural de Castropol
img
Alberto del Río Legazpi | 01-10-2017 | 15:29| 0

Claudio Luanco figura en la historia avilesina como un destacado personaje que puso en marcha grandes empresas festivas (El Bollo) y culturales (teatro Palacio Valdés).

            En Avilés el viento del oeste suele traer lluvia y también otras cosas, dicho sea con perdón, como dos médicos que hoy figuran como personajes destacados en la historia de la ciudad. Hablo del fascinante José Villalaín (Navia, 1878–Salinas, 1939) y del impagable Claudio Luanco (Castropol, 1838–1916).22-luanco-bolleria-2013-claudo-luanco-foto-m-g-alonso

            Claudio Fernández–Luanco y Riego, que tal era el nombre oficial que consta en el registro civil de Castropol donde nació, una vez llegado a Avilés afeitó dicha legalidad quedándose en un campechano Claudio Luanco.

            Hizo la carrera de medicina entre Santiago de Compostela y Madrid regresando a Asturias para ejercer como médico rural en un ámbito territorial que abarcaba Castropol, Los Oscos, Taramundi, Vegadeo y Ribadeo. Pero quiso tocar ciudad grande y lo hizo en Avilés donde obtuvo plaza de ‘Médico de Asistencia Pública Domiciliaria’ durante el mandato del alcalde Bonifacio Heres (1874–1879). Por chocante que parezca la medicina, entonces, dependía de alcalde y concejales hasta el punto de que por ejemplo el 15 de enero de 1890 la Corporación acepta que se le facilite al médico Claudio Luanco el microscopio (que el alcalde guardaba celosamente en la caja fuerte de su despacho) para un urgente análisis clínico prometiendo, escribía el doctor Luanco con mucha coña, en su petición  «devolverlo limpio, pues nada de extraño tendría que después del tiempo transcurrido sin hacer uso de él empezara a deteriorarse».

            Del Claudio médico, soltero y residente en el hotel La Serrana todos los años que permaneció en Avilés, se guardan noticias de su eficacia profesional con el plus impagable de su simpatía. Pero fueron los resultados de su implicación en la vida social avilesina los que han hecho de él uno de los personajes destacados en la historia de la misma.

            Claudio Luanco era un tipo de lo más cordial y sociable, miembro de algunas asociaciones y sobre todo de tertulias establecidas en el ‘lobby La Muralla’, donde se reunía los representantes del Avilés pudiente que en escasos metros cuadrados se apelotonaban en los cafés Colón e Imperial, en el Casino (entonces frente al Colón) o en los salones del hotel La Serrana, situado al lado del palacio de Camposagrado. En aquellos, cafés o salones, se discutía todo y de todo.

La famosa Comida en la Calle (record Guinnes Mundial) forma parte de las fiestas del Bollo de Avilés.

La famosa Comida en la Calle (record Guinness mundial) forma hoy parte de las fiestas del Bollo.

            Y si de una de aquellas tertulias, presidida por Wenceslao Carreño –coronel de Artillería, bebedor risueño y bibliófilo empedernido– salió la iniciativa de una biblioteca popular de préstamo de libros (ver en LA VOZ DE AVILÉS del 18 de enero de 2015 ‘El coronel si tiene quien le escriba’) que se puso en marcha y hoy una realidad triunfante con el nombre de Biblioteca Bances Candamo ¿por qué no iba a salir de allí un festejo masivo de la mano de un médico?

            Y nació al fundarse en una de aquellas tertulias una cofradía llamada ‘El Bollo’, presidida por Claudio Luanco, que acordó organizar una fiesta sonada el primer día de la Pascua florida para olvidar abstinencias, ayunos y vigilias cuaresmales. Sería, en contraposición con la Semana Santa, una fiesta laica multitudinaria basada –según confesó años más tarde el médico Luanco– en la del martes de Pentecostés celebrada en Oviedo y conocida como La Balesquida, repartiendo también vino y bollo. La fiesta avilesina que comenzó en 1893, se fue complementando en el trascurrir de losa años con carrozas decoradas con distintos motivos y con folklore asturiano para dar y tomar. Un éxito total, hoy en día con el añadido de la Comida en la Calle –desde 2017 record Guinness mundial de participación gastronómica en torno a mesa y mantel– y declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional desde 1972.

            Claudio Luanco también le metió mano al carnaval avilesino, pero con todo su obra menos conocida es su lucha, junto con sus amigos, para hacer realidad el teatro Palacio Valdés, edificio que la gente bautizó como ‘el teatro de Luanco’.

El teatro Palacio Valdés fue posible gracias al empuje de gente como Claudio Luanco,

El teatro Palacio Valdés fue posible gracias al empuje de gente como Claudio Luanco,

            A ese nivel popular llevó su implicación  en la construcción de un teatro deseado de boquilla por los poderes de la ciudad pero que nadie se atrevía a poner en marcha ante el temor al fracaso o al ridículo. Y fue entonces cuando Claudio Luanco convoca una reunión en el Ayuntamiento de la que sale una comisión presidida por él mismo (oficializada como «S.A. Del Teatro») que lanzó acciones de quinientas pese­tas y que el médico fue ‘vendiendo’ puerta a puerta por las casas de los notables de la ciudad. Y así se logró poner, en aquel año de 1900, la primera piedra al teatro hoy conocido ‘Palacio Valdés’. Acto en el que Claudio Luanco firmaría, junto a Leopoldo Alas ‘Clarín’ y otros notables, con pluma de oro. En dicha jornada, el catedrático ovetense Adolfo Álvarez-Buylla (uno de los padres de la Extensión Universitaria) sugirió que el teatro debería llevar el nombre de Claudio Luanco… Nadie lo secundó.22-luancooo-img_7918

            Cuando aquel hombre incansable se jubiló volvió a su casa natal de Castropol, entre el sentir de la mayoría y la indisimulada alegría de algunos personajes rancios de la ciudad que lo tenían atravesado, quizás por su gran popularidad. Lo refleja muy bien el fundador de LA VOZ DE AVILÉS, Juan González Wes «Dicen que don Claudio, el creador del nuevo Teatro, el que donó el milagro de estas fiestas de Pascua de resurrección, se fue de Avilés a fundir su amargura en el encantador retiro de Castropol (…) Era un hombre culto, animoso, amante del progreso, buen médico, cordialísimo… pero tomado un poco a broma por quienes carecen del sentido del humor, por ausencia de cultura»        

            Florentino Álvarez Mesa (Alcalde de Avilés entre 1897 y 1908) escribió que «Hubo un tiempo en que Avilés se dormía y D. Claudio Luanco la despertó. ¡Bien por él! (…) Que haya un teatro más, no importó nada… ¡Lástima de Luanco! ¡Cuánto valía!».

            Pero con el tiempo aquel personaje de barba rala y peluquín estrafalario (su bisoñé fue famoso), de aspecto un tanto desaliñado que usaba un ‘paletó’ tres cuartos con cuello de terciopelo, aquel médico desenfadado llamado Claudio Luanco está en la historia de Avilés, con dos calles que lo recuerdan (directa e indirectamente) como un sanador, un gran sanador festivo y cultural.

Ver Post >
La Serrana
img
Alberto del Río Legazpi | 16-09-2017 | 22:27| 0

(Serrana Gutiérrez-Pumarino fundó el más tradicional establecimiento de hospedaje avilesino,  actualmente considerado como una de las referencias hoteleras históricas de Asturias).

      Cuando en Avilés comenzó a ser realidad la industrialización, allá por el siglo XIX, la ciudad se colmó de gente foránea, necesitada de comida y cobijo. Y surgieron las primeras fondas.

      Fue, aquel, un periodo febril de obras y sonados acontecimientos, premonitorio del que se viviría -unos cien años más tarde- cuando nos cayó ENSIDESA encima.

Serrana Gutiérrez-Pumarino Martinez.

Serrana Gutiérrez-Pumarino Martínez.

      Entre las fondas que nacieron en Avilés, una de las más afamadas era ‘La Celesta’ (que ocupaba el número 8 de calle de Adelante, hoy La Estación) propiedad de Celesta Martínez, que procedente de Manzaneda había montado el negocio en Sabugo, ayudada por su sobrina, también gozoniega, Serrana Gutiérrez-Pumarino Martínez.
Serrana estaba casada con José González-Posada, más conocido por Pepe ‘El de las Huelgas’, capataz en las obras de canalización de la Ría, lo que hizo que gran parte del cuerpo técnico que trabajaba en el estuario se hospedara en la fonda, haciendo de ella un próspero negocio.
      A la muerte de Celesta, Serrana se hizo cargo de la empresa familiar, que ya demandaba una expansión, por lo que en 1867 fundó -en un edificio situado entre el palacio de Camposagrado y el final de la calle de La Ferrería- la ‘Fonda La Serrana’.
      Y allí se plantó, tan serrana, la Serrana. En el lugar más histórico de la Villa, a pie del famoso puerto avilesino, en el solar donde, durante siglos, estuvo la fortaleza de la poderosa familia de Las Alas.

El Hotel La Serrana codo con codo con el palacio de Camposagrado. Una imagen que hoy ya no se puede ver.

El Hotel La Serrana codo con codo con el palacio Camposagrado. Una imagen, en la calle La Muralla, que hoy ya no se puede ver.

      El suyo fue el primer establecimiento hotelero, a la espera del progreso que podría traer el esperado ferrocarril (vendría en 1890) y la modernización que entonces experimentaba la ciudad -y de lo que ya hemos hablado en episodios anteriores- atravesada por una espectacular transformación urbana e industrial.
      Por eso no fue, nunca, ‘La Serrana’ una fonda al uso. Plantada frente al Paseo del Bombé (antecedente del parque de El Muelle) sus salones empezaron a acoger todo tipo de reuniones sociales. Y a nadie extrañó que -en 1917- pasase a denominarse ‘Hotel La Serrana’, justo cuando al otro lado del -entonces ya construido- parque de El Muelle (esquina entre las calles Carreño Miranda y Emile Robin) abría sus puertas ‘El Gran Hotel’, un espectacular edificio, que fracasó, al poco, como albergue de lujo.
      Mientras tanto no hacía más que aumentar el prestigio de ‘La Serrana’, hasta el punto de figurar en la ‘guía Michelín’ de la época: el libro de viajes de Alfonso Pérez-Nieva. En él está escrito que: «Avilés tiene dos notas que no deben olvidarse. Una antigua y otra moderna. La antigua es el Fuero o Carta puebla, precioso documento, el primero escrito en romance. Y ‘La Serrana’, donde se almuerza como en el ‘Lhardy’ de Madrid. Instruir… comiendo».
      En el establecimiento se alojaron multitud de personajes famosos de paso por Avilés. Entonces no era conocido, localmente, por su nombre comercial: ‘La Serrana’, sino como ‘el hotel’, bastante definitorio (le hizo sombra, poco tiempo, el ‘Iberia’)
      Desde uno de sus balcones se leyó, el 2 de abril de 1893, el primer pregón de las fiestas de ‘El Bollo’, que había fundado uno de los huéspedes fijos del hotel: el médico Claudio Fernández Luanco.
      Y hasta fue residencia, continuada, de los primeros directivos de aquella enorme ENSIDESA, una de las mayores siderúrgicas del mundo, que instaló sus primeras oficinas en el número 29 de la vecina calle La Ferrería.22-serrana-hotel-la-serrana-sello-fb-koldo
      A finales de la década de los sesenta, del pasado siglo XX, los sucesores del negocio (Serrana había fallecido, trabajando claro, el 16 de julio de 1916), se trasladan a la calle de La Fruta después de haber comprado el nuevo ‘Hotel Luzana’, más céntrico y con mayor capacidad.
      Pero el restaurante y la cafetería siguieron llevando -durante años- el histórico nombre de ‘La Serrana’ y manteniendo las virtudes que le procuraron fama y premios: cocina excelente y esa gran categoría profesional que siempre caracterizó a sus empleados.
      Hoy, ‘La Serrana’ da un débil destello -de su gloria pasada- en un luminoso que anuncia una cafetería en La Fruta. Pero en la Historia local, resplandece Serrana Gutiérrez-Pumarino, pionera del Avilés de parada y fonda.
      Persona de talante y talento. Un lujo.
(Reedición del Episodio publicado en el diario LA VOZ DE AVILÉS de 18 de diciembre de 2011)
Ver Post >
Los kilométricos y generalmente artísticos soportales de Avilés
img
Alberto del Río Legazpi | 10-09-2017 | 08:36| 0

    En rigurosa descripción académica, soportal es un espacio exterior cubierto, construido junto a un edificio, cuya estructura se sujeta con columnas y precede a las entradas principales; generalmente rodea una plaza o recorre una calle.
    El soportal permitía, cuando no había electricidad, trabajar a los artesanos delante de sus talleres, resguardados de lluvia o sol. Lo mismo que a los vendedores de productos del campo, cuando el mercado de Avilés se desparramaba por todo el casco histórico de la ciudadela amurallada.222.SAN FRANCISCO. SOPORTALES GRANDES HORIZAONTAL.Img_4451
    Nuestro mérito, contra lo que ha ocurrido en otros lados, está en haber sabido, querido y podido, conservarlos, a lo largo de los siglos.
    Un paseo por calles y plazas de Avilés demuestra la calidad y cantidad de los soportales que hemos recibido -colosal herencia- de tiempos pasados y que seguimos incrementando.
    Suman más de tres kilómetros, entre antiguos y modernos. Y adoptan gran cantidad de formas, colores y estilos.
    Los más antiguos son los que pertenecen a las calles de La Ferrería, Bances Candamo, Galiana, Rivero, plaza de España, y Carbayedo. Algunos, situados en la calle Bances Candamo, en el barrio de Sabugo, puede que sean incluso anteriores al siglo XVII, que fue cuando Avilés empezó a crecer fuera de la murallas, lo que dio origen a la plaza de España y las calles de Rivero y Galiana. Un apoteósico conjunto soportalado.
     Entre finales del siglo XIX y principios del XX, Avilés dio otro estirón urbano muy notable. De entonces son los de la calle San Francisco -cuyos edificios son un magnífico muestrario arquitectónico- donde algunas de las columnas, de los soportales son de una notable singularidad, como los que imitan la garra de un ave rapaz.
    También de este periodo son los soportales de la plaza del mercado (plaza Hermanos Orbón) característicos de la arquitectura del hierro. O los de la esquina de la plaza Pedro Menéndez y La Muralla (conocida como la del antiguo Café Colón) y que remite directamente al barrio viejo de la ciudad norteamericana de Nueva Orleans o a la plaza de Armas de Iquitos, en Perú.
    Los soportales de Avilés, artísticamente, atrapan. Si no que se lo pregunten a directores de cine desde Gonzalo Suárez o José Luis Garci hasta llegar Woody Allen, que realizó varias tomas en Galiana, aunque finalmente no las incluyó en su película ‘Vicky Cristina Barcelona’.22.casco historico. FOTO PARA BLOG. IMG_9570 TRIS
    Con Fernando Fernán-Gómez, anduve subiendo y bajando Galiana y llaneando por Rivero, repetidamente. Siempre bajo soportales, que para él eran como enormes decorados teatrales errantes por el tiempo.
    -Estamos caminando por un siglo cambiado, Alberto, y eso es muy grande.
    Recuerdo otra ocasión, con Eusebi Casanelles, presidente, entonces, del poderoso Comité Internacional para la Conservación del Patrimonio Industrial (Ticcih). Fue un paseo mañanero y lluvioso que nos obligó a comprar paraguas, porque Casanelles, fascinado, se negaba al refugio (lógica meteorológica) del soportal con el criterio de que entonces no podría admirar el soportal (lógica estética).
    En Avilés, de tanto convivir con ellos, olvidamos que son un referente emblemático, una suerte arquitectónica singular que cose casas en calles y plazas.
    Son la sal del Avilés monumental.

22.soportal. CIMG0694

(Reedición del episodio publicado en ‘La Voz de Avilés’, el 31 de julio de 2011)

Ver Post >
Espacio dedicado a aspectos históricos, biográficos, costumbristas y artísticos, fundamentalmente de Avilés y su comarca actual, así como a territorios que, a lo largo de los siglos, le fueron afines. Tampoco se excluyen otras zonas del planeta