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Fecha: febrero, 2015
La Transición en Avilés, apuntes de 1975 a 1979
Alberto del Río Legazpi 22-02-2015 | 11:11 | 1

       En febrero del año 1976, a Avilés, se le estaba viniendo encima una catástrofe en forma de sucesos inquietantes.

       Después de dos décadas de vacas gordas pastando en aquellos verdes valles de Llaranes y Trasona, la granja de acero comenzó a cantar las diez de últimas. Echando la vista atrás, entonces nos parecía imposible que gran parte de aquel monumental tinglado fabril, estrenado pocos años antes, se pudiera ir al carajo, así como si nada.

      Eran tiempos inauditos, donde era difícil reír y era difícil llorar. De euforia para unos, de canguelo para otros. A la muerte, dos meses antes, del general Franco, Jefe del Estado español, se unía el tambaleo de ENSIDESA, una de las mayores siderúrgicas de Europa, tocada de lleno por la crisis energética mundial. Nuestro gigante de acero resultó tener los pies de hojalata y acabamos descompuestos en prados desteñidos (contaminados ya lo estábamos y en cantidades industriales) tan propios de las vacas flacas.

      Recuerdo, en medio de aquel inquietante panorama, una noticia relacionada con Agatha Christie que prueba lo lejos que nos quedaba entonces Europa. La escritora británica, fallecida en enero de aquel año, había apuntalado con su obra literaria los déficits de la balanza de pagos inglesa, debido a la venta de más de 300 millones de ejemplares de sus novelas policíacas.

      Policía real y en cantidad había llegado entonces a Avilés para controlar la primera gran huelga de ENSIDESA, conocida como ‘la huelgona’ (nombre justificado, aparte del hecho de que buena parte de la plantilla era de Gijón.Veriña, por ser la primera gran protesta sindical de la España post Franco). Impactaron mucho las cargas de ‘los grises’ (ese era, entonces, el color del uniforme de la Policía Armada) el domingo 25 de enero en los alrededores de la iglesia nueva de Sabugo, donde se intentaban encerrar los huelguistas, así como en el edificio sindical de la plaza del Vaticano. Edificio y lugares del callejero avilesino nos ilustran perfectamente sobre el protagonismo de parte de la Iglesia en la Transición española.

Los Reyes de España y el alcalde de Avilés, Ricardo Fernández, en la plaza de España el 19 de mayo de 1976.

 

      Así las cosas, el domingo 1 de febrero de 1976, el hasta entonces concejal, Ricardo Fernández Suárez tomó posesión de la Alcaldía de Avilés. Sucedía a Fernando Suárez del Villar (Figols.Barcelona, 1918–Avilés, 1989), regidor de Avilés desde 1965 y que había presentado la dimisión a escasos meses de la muerte de Franco, en noviembre de 1975.

      Ricardo Fernández Suárez, más conocido como ‘Rico’, persona de carácter cordial y dialogante, nacido en Manzaneda (Gozón) y conocido empresario de transportes de viajeros, fue elegido por sus compañeros de Corporación. El Gobernador Civil ya no nombraba alcaldes, facultad ahora de los concejales, paso intermedio hasta que en 1979 con los Ayuntamientos democráticos, los alcaldes lo fueron a consecuencia del voto ciudadano.

      En sus tres años y veintidós días de mandato, el nuevo alcalde fue la cara municipal avilesina en la transición democrática, periodo político cuyo inicio y terminación está sujeto a tropecientas teorías. Una de ellas lo sitúa entre la proclamación del Rey Juan Carlos, el 22 de noviembre de 1975, como Jefe del Estado y la llegada de la democracia a los ayuntamientos españoles en las elecciones municipales del 3 de abril de 1979.

      Avilés no fue ajeno a aquellos tiempos de cambio y recambio, de revolcones pero no de revoluciones. Con el nuevo alcalde llegaron algunos aires nuevos. Además tuvo la fortuna de representar a la ciudad en la inauguración de grandes proyectos locales y regionales, tiempo antes planificados.

      El 19 de mayo de 1976 fue un día histórico para Avilés. Con asistencia de los Reyes de España se abrió para uso público el hasta entonces parque privado del marqués de Ferrera, abrazado por calles emblemáticas como Rivero y Galiana. También, en esa fecha, se inauguró el Hospital San Agustín, primer centro sanitario moderno de la comarca.

      Dos meses antes, el nuevo alcalde avilesino, asistía junto con los de Oviedo y Gijón a la inauguración de la autopista A-8, más conocida como la ‘Y’, que unía las tres principales ciudades asturianas. Se vertebraba, por fin, la zona central de la región. La nueva vía, libre de peaje, estaba construida para aguantar un tráfico de 37.000 vehículos diarios y no los 86.000 actuales.

      Pero ENSIDESA era la gran preocupación y para evitar su desaparición se sucedían todo un rosario de manifestaciones de apoyo. Queda recuerdo de la más multitudinaria convocada bajo el lema de «Salvar ENSIDESA es salvar Asturias».

      Pero si la siderurgia frenaba, la pesca se embalaba, en 1978, con un nuevo muelle de 302 metros, trasladándose la rula a sus nuevas instalaciones en el centro de la carretera de San Juan. También se inauguraron los cines Chaplin, en Las Meanas, y Canciller, en Versalles. Y se constituyeron las primeras asociaciones de vecinos como Llaranes, El Pozón o La Luz.

      Espectacular fue la transición del colegio San Fernando, en 1976, con el traslado desde La Magdalena –su sede histórica a la sombra de una palmera– hasta la parte alta de Avilés, al haber adquirido las instalaciones del, hasta entonces, colegio de los Agustinos.

      Y miles de personas abarrotaron el terreno de juego y los graderíos del estadio ‘Suárez Puerta’ no para ver fútbol sino para escuchar mítines de líderes políticos como la comunista Dolores Ibarruri ‘Pasionaria’, en su primera intervención pública en España desde su regreso del exilio, o el socialista Felipe González. 

      Por aquella época, 1978, es fundada la Unión de Comerciantes de Avilés y Comarca (UCAYC). Y también la Editorial Ayalga.

      Y en abril de 1979 se celebran las primeras elecciones municipales democráticas después de cuarenta años de dictadura, donde el partido más votado fue la UCD, del presidente del Gobierno Adolfo Suárez, cuya lista encabezaba en Avilés el exalcalde Ricardo Fernández ‘Rico’ que había dejado la Alcaldía –siendo sustituido por Ramón Luis González García-Cuevas, que sería alcalde un par de meses– a princi­pios de febrero para poder presentarse por la Unión de Centro Democrático que obtuvo 15.091 votos, 13.462 el PSOE y 6.159 el PCA. La coalición entre estos dos últimos partidos, hizo que fuera elegido alcalde el socialista Manuel Ponga, lo que será episodio aparte.

      Porque éste lo ha sido de apuntes, y algún que otro pespunte. En próximos episodios sobre la Transición ya vendrán despuntes, puntos y puntazos.

      Punto final

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Pedro Menéndez de Avilés y su empresa en los Estados Unidos de América
Alberto del Río Legazpi 15-02-2015 | 11:11 | 3

      Hoy domingo se celebra el cumpleaños de Pedro Menéndez nacido en Avilés el jueves 15 de febrero de 1519.
      El natalicio parece que tuvo lugar en la calle La Ferrería y  sobre el edificio en cuestión hay dos teorías. Una mantiene que fue en el primero de la margen izquierda de dicha calle, actualmente ocupado por oficinas municipales, y otra señala al solar hoy ocupado por el inmueble numerado con el 29. La Ferrería fue durante siglos la calle mayor de Avilés, población que también es conocida como ‘La Villa del Adelantado’, en honor a la fama conseguida por Pedro Menéndez como fundador de la, hoy mayoritariamente considerada, ciudad más antigua de los Estados Unidos de América.
      En Avilés no. Pero en San Agustín sí que celebran el cumpleaños (conocido como ‘Menéndez Day’) de Pedro Menéndez con sonados actos. Su figura, rodeada aquí de sombras para algunos historiadores, allí es objeto de respeto y agradecimiento por el orgullo de lucir, la ‘vieja’ San Agustín, como decana de las ciudades americanas.
      Y, hablando de historiadores y aniversarios, recuerdo que fue el lunes 3 de febrero de 2003 cuando se abrió al público la sala de consultas en el Archivo Histórico, domiciliado en Valdecarzana. La primera persona que lo utilizó fue el historiador norteamericano y profesor de la Universidad de Florida, Eugene Lyon, que aquellos días estaba en Avilés «Vengo enviado por la ciudad de San Agustín de la Florida para buscar en los archivos de Asturias datos muy trascendentales para nosotros», declaró a la prensa avilesina.
      En los dos meses que permaneció aquí –dentro del acuerdo de intercambios entre el Ayuntamiento local y el de San Agustín de la Florida– el doctor Lyon, como lo conocíamos coloquialmente, consultó archivos municipales, regionales y eclesiásticos. No paró y todo lo hizo sin prisa pero sin pausa.
       ‘Don Alberto, me temo que mi castellano del siglo XXI no es tan bueno como el de los siglos XVI y XVII. Discúlpeme’, era un latiguillo constante de Lyon, que en consonancia con los siglos citados trataba a todo el mundo de don y doña.
       Se alojaba en el hotel ‘Luzana’, hoy en pausa, y a última hora de la tarde cuando los ojos le hacían chiribitas de tanto leer, se refugiaba en el añorado ‘Joey’ de la calle de La Cámara, espléndida cafetería que ejercía en ocasiones de consulado de San Agustín de La Florida, un refugio bañado en té de todas clases y sobre todo de aquellos crujientes churros prestos a navegar en chocolate de las Indias (Made In Isabel) que eran el vicio confesado de este investigador histórico cuyos conocimientos habían hecho posible que el famoso buscador de tesoros, Mel Fisher, localizara el galeón ‘Nuestra Señora de Atocha’ y rescatara del fondo del océano un fabuloso tesoro de metales preciosos, valorado en más de 500 millones de dólares.
      Eugene Lyon, un norteamericano de ascendencia escocesa nacido, en 1929, es una eminencia en la historia de la península de La Florida, a la que llegaron en 1565 Pedro Menéndez y un nutrido grupo de asturianos que al desembarcar en aquellas costas de América del norte y fundar San Agustín de La Florida, pusieron el huevo del urbanismo europeo en lo que con el tiempo serían los Estados Unidos de América. Estirando el razonamiento a lo bestia, aquel avilesino de la calle de La Ferrería, con su fundación ciudadana de San Agustín, hizo posible lo que vino luego: Nueva York, Chicago, Los Ángeles o Miami mismamente.

Eugene Lyon.

      Aquello fue una epopeya, una historia de gigantes que casi resume Enrique de las Alas Pumariño cuando escribe que «He estado en Miami, he volado a Orlando sobre los Everglades y no he podido dejar de preguntarme que pensarían aquellos hombres de Avilés, que sólo habían visto alguna lagartija, al encontrase con los caimanes»
      Lyon, al igual que Menéndez, también fue marino y sirvió en la guerra de Corea a bordo del destructor USS Hobson (DMS-26). Desde que tenía 38 años ha venido estudiando la trayectoria americana del Adelantado de Avilés y sus acompañantes, mayormente asturianos. Comentaba que sus investigaciones, en España, sobre la época colonial en América hechas fundamentalmente en el Archivo de Indias de Sevilla le ocuparon (sumando estancias) cerca de seis años de su vida.
      Fruto de ese gigantesco trabajo es su obra ‘The Enterprise of Florida’ (‘La empresa de Florida’), magistral descripción de la aventura excelentemente documentada, de la empresa de Menéndez de Avilés. Lyon estaba muy ilusionado con la edición de su libro en castellano, que se le había prometido desde el Ayuntamiento avilesino. Más tarde me entregó el manuscrito de la versión en castellano en la que se trabajó con altibajos, pero con la dedicación que la obra y su autor merecerían, cosa compartida por Adolfo Camilo Díaz (Coordinador de la Casa Municipal de Cultura de Avilés) que asignó dinero para una correcta traducción del libro que realizó la escritora y profesora Natalia Menéndez.
       Seleccionadas las ilustraciones, la obra quedó lista para su edición en 2007 pero de aquel libro ‘La empresa de Florida. Pedro Menéndez de Avilés y la conquista española de 1565–1568’ nunca más se supo. Han pasado ocho años y ni mu.
      Una vez me hablaron de un tipo que leía siempre la última página de los libros antes de empezar, no sea que se muriera antes de acabarlo. Con este alcanzaría la inmortalidad.
       A ver si el nuevo concejal de Cultura, que traerá la primavera electoral, saca a flote el libro del doctor Lyon, varado en algún cajón municipal. Llegaría a tiempo, el nuevo concejal, de homenajear a su paisano Pedro Menéndez de Avilés, Adelantado de La Florida, del que en agosto de este año se celebra el 450 aniversario de su histórico arribo a tierras del norte de América el 28 de agosto (festividad de San Agustín) del año 1565.
       Hay que editar y reeditar. Hay que hacerle memoria a la gente y luchar para que sepa que es mucho peor perder la memoria que la cartera.

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La plaza del Carbayo
Alberto del Río Legazpi 01-02-2015 | 11:11 | 1

        En Avilés, las dos plazas urbanas más antiguas están presididas por iglesias medievales. Una en la Villa, dentro del recinto amurallado, es la [hoy] plaza de Carlos Lobo, históricamente denominada de San Nicolás por estar situada a un costado del templo [entonces] de ese nombre. La otra, la del Carbayo, se levantaba extramuros, en Sabugo, como presidiendo la plaza.

        Ambas vienen al pelo para mostrar y demostrar el distanciamiento que hubo entre la Villa –habitada por nobles, hidalgos de medio pelo y comerciantes– y Sabugo –poblada por gente humilde dedicada a la pesca– y que estaban separados (frontera natural) por el río Tuluergo que no solamente era divisoria urbana sino «límite eclesiástico entre los arciprestazgos de Avilés y Pravia» como tiene escrito Ignacio Ruiz de la Peña al referirse al Avilés bajomedieval, por tanto Sabugo pertenecía al arciprestazgo de Pravia.

        Y si pertenecía a Pravia, estando a un paso (perdón, a un perdón) de Avilés, no hay que darle mas vueltas: había otras cosas que separaban más que lo que pudiera hacer el río.

        Y aunque actualmente el Tuluergo (topónimo más feo que una cama deshecha) desapareció, al discurrir, haciendo funciones de alcantarilla por cauce subterráneo desde el final de la calle José Cueto hasta la Ría de Avilés, durante siglos marcó una frontera física entre la villa amurallada y el pueblo extramuros.

        Estaban penosamente comunicados por un puente de tres al cuarto por el que apenas cabía una caballería con alforjas, tan estrecho que para transportar algo voluminoso de la Villa a Sabugo había que ‘rodear’ por San Cristóbal de Entreviñas y desde allí descender al pueblo marinero. En el siglo XVII hicieran otro puente más ancho, obra cuya conclusión tardó mucho más que demasiado, tradición asturiana que seguimos honrando; ayer mismo, como el que dice, se terminó tras 25 años la Autovía del Cantábrico. Pero no fue hasta el último tercio del siglo XIX, una vez anegadas con cemento las marismas, levantada la plaza del mercado, plantado el parque del Muelle y escondido bajo tierra el río… cuando Avilés colonizó Sabugo.

        Hecho histórico del que quedan brasas, avivadas en los festejos. En la danza prima del Carmen se canta:

«Malhaya quien puso el puente

para pasar a la Villa.

Sabiendo que hay en Sabugo,

la flor de la maravilla».

Copla duramente contestada por los ‘colonizadores’, en la danza prima de Santa Ana, cuando cantan:

«Es el barrio de Sabugo,

un barrio muy puñetero.

Todo me huele a besugo,

y a suela de zapatero».

        En fin. La plaza del Carbayo es el centro histórico de Sabugo, antes lugar de reunión social y laboral de las gentes de mar y hoy uno de los espacios urbanos más singulares de Asturias que levanta entusiastas elogios. Recuerdo uno, muy brillante, del director cinematográfico y escritor, Gonzalo Suárez, dirigida a quienes le acompañábamos: el Jefe de la Casa del Rey de España, Alberto Aza, el oftalmólogo Luis Fernández Vega y un servidor de ustedes. Bien es verdad que corría la sidra y ellos tomaban, aquel día, ‘Sardinas de oro’ de ‘Sabugo ¡Tente Firme!’

        Hoy se hace en el teatro Palacio Valdés pero antes era en la iglesia medieval de Sabugo de la plaza del Carbayo, donde se hacía la entrega del galardón. Y por allí pisaron, pasaron y posaron, desde una Reina de España, como Sofía de Grecia, hasta un príncipe de Asturias que hoy es Rey de España, pasando por un premio Nobel, nacido en Luarca, llamado Severo Ochoa.

Desde la izqyuerda: Alberto Aza (Jefe de la Casa del Rey), Alberto del Río, Gonzalo Suárez (director cine) y Luis Fdez.Vega (Oftalmólogo).

 

        A la plaza, le viene el nombre de un gran carbayo (roble), esencial en la construcción naval, plantado en su centro. Más tarde, en el siglo XIX, y al haber caído este árbol le dieron (amor de madera) el de plazuela del Fresno, por su vecindad con el camino del Fresno (hoy calle Marcos del Torniello). El 25 de agosto de 1926 le asignaron el de plaza de Fuentes Pila (apellidos de un gobernador civil al que había cosas que agradecer) que no duró mucho porque el 3 de febrero de 1933 lo cambiaron por José Nakens (periodista y activista republicano), hasta que el 4 de marzo de 1938 le devolvieron su histórico nombre del Carbayo.

        Y ahí sigue la plaza en Sabugo, territorio batallador, murmullo laboral de remos y redes, lugar de santo inglés de película (‘Becket’ o santo Tomás de Canterbury), de escritores malditos –maldecidos por la vida como Francisco Bances Candamo, o malditamente desconocidos, caso de Rafael Suárez Solís– y de músicos casi inéditos como Ramón de Garay, autor de seis sinfonías en tiempos de Mozart.

        Sabugo, donde abundaba la flor de saúco, fue población marinera donde unos vivían de ir la mar y otros de lo que aquellos traían de ella.

        Luego se despeñó por la pobreza y lo ahogaron oleadas de epidemias, hasta que el progreso generó otro poblado de pescadores apodado ‘El Nodo’. Pero lo cierto es que hasta que se desecaron las marismas, que lo aislaban según unos o que lo defendían según otros, Sabugo no fue conquistado por Avilés, que lo convirtió en su barrio más castizo y pinturero. Y ahora –por elementales efectos, los puristas dicen que defectos, turísticos– aquel pueblo de mareantes de las mareas se reconvirtió hasta el punto de producir algún que otro mareado, por sidra o vaya usted a saber.

        La plaza del Carbayo tiene una personalidad urbana y social impresionante, comparable al Fontán de Oviedo o al Cimadevilla gijonés. Es un lujo, otro más, de Avilés.

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Espacio dedicado a aspectos históricos, biográficos, costumbristas y artísticos, fundamentalmente de Avilés y su comarca actual, así como a territorios que, a lo largo de los siglos, le fueron afines. Tampoco se excluyen otras zonas del planeta