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Fecha: marzo, 2016
Un ramo de veintisietes, ‘marzianos’ ellos
Alberto del Río Legazpi 27-03-2016 | 11:11 | 0

(El 27 de marzo es día, de varios años, que sirve para dar un repaso anecdótico a tiempos pasados en Avilés)
         Según el calendario cristiano hoy, 27 de marzo de 2016, es domingo de Pascua Florida, día también en el que se inician las fiestas primaverales de Avilés siguiendo el diseño trazado en 1893 por Claudio Fernández–Luanco Riego (Castropol 1838–1916) que pasó treinta años largos en la ciudad como médico municipal, reparando tristezas sanitarias y repartiendo alegrías colectivas, pues ideando festejos era un ciclón, aparte de ser un notorio misógino, muy amigo de tertulias y un declarado coñón.
          Más serio fue lo que tuvo lugar el 27 marzo de 1513 cuando el navegante español Juan Ponce de León puso pie en tierra en la costa este de los [actuales] Estados Unidos de América y bautizó lo descubierto como La Florida, porque aquel también era otro día de Pascua.

Cine Florida a punto de derribo.


          Luego vendría lo de Pedro Menéndez de Avilés y San Agustín de La Florida, por lo que –con el tiempo que fueron siglos– a Florida le dedicaron una calle, en el barrio de Sabugo, donde también construyeron un cine que llevó su nombre durante años hasta que fue derribado, por la cosa inmobiliaria, un 27 marzo de 2006.
          La última película proyectada en el cine Florida fue ‘La guerra del hierro’, título acorde con el tiberio montado en aquellos años en Avilés por la crisis siderúrgica mundial que borró miles de puestos de trabajo y creó una depresión social de muchos bigotes.
          El golpe fue tan gordo que, en 2008, Vicente A. Areces, Presidente [entonces] del Principado intentó sacar a flote en la Ría de Avilés (lo que hizo correr ríos de tinta) una isla destinada a cambiar el urbanismo avilesino. Isla virtual bautizada, antes del parto, como Innovación. Hoy la Ría sigue embarazada al respecto, pero con esporádicos espasmos innovadores que dan algún resquicio a la esperanza.

Kevin Spacey y Joan Manuel Serrat, mano a mano.


          Lo que si vio la luz fue un espacio arquitectónico mágico a la vera de la Ría, donde Areces había decidió levantar en terrenos que fueron siderúrgicos –toda una declaración de intenciones– un centro cultural con vocación universal, siguiendo planos del histórico arquitecto Oscar Niemeyer. Aquello estuvo irradiando el nombre de Avilés por el mundo antes incluso de su inauguración, a golpe de jazz de Woody Allen y teatro de William Shakespeare y Kevin Spacey, que tuvo un espectacular eco en los medios del 27 de marzo de 2011.
          Las hemerotecas apabullan –si uno se toma la molestia– con este asunto del Niemeyer, aquella gran esperanza blanca destinada a espantar depresiones sociales y que, al poco de un cambio de gobierno regional, fue espantada brutalmente.
          Puestos a ir de culo, posición deprimente donde las haya, saltemos siglos atrás –buscando más veintisietes– valiéndonos para ello de los Libros de Acuerdos del Ayuntamiento, únicos informantes del pasado remoto. Por ellos sabemos que el 27 de marzo de 1486 «Los jueses e rregido­res e procuradores desta Villa asentaron con Pero Andres, car­pentero, vecino desta Villa» para que se hiciera cargo de unas cuantas reparaciones en el templo parroquial de San Nicolás de Bari (hoy iglesia de San Antonio de Padua).
          En otro 27 de marzo, de 1889, el concejal Rufino Fernández, velando el hombre porque Rivero deshiciera sus estrecheces urbanas, pide retirar hacia atrás la capilla que hay en dicha calle. Lo que milagrosamente logró el susodicho Rufino.
          Otro 27 de marzo, este de 1930, David Arias Rodríguez del Valle, volvió a tomar posesión de su cargo de Alcalde de Avilés que había logrado por votación democrática siete años antes, pero del que lo había descabalgado la Dictadura del general Primo de Rivera, que se deshizo como un flan en 1930.

En primer plano, Jaime Matas, ministro de Medio Ambiente y José María León, alcalde de Castrillón.


          Seguimos avanzando hasta el 27 de marzo de 2002 cuando los periódicos dan cuenta de una visita –a Avilés y Salinas– del [entonces] ministro de Medio Ambiente del gobierno de Aznar, Jaime Matas, hombre de verbo ladino, hoy muy apagado en juzgados y cárceles. Matas le hizo un comentario ramplón al Consejero de Medio Ambiente del Principado que pillaron al vuelo algunos miembros de la comitiva, entre ellos De Bernardi periodista de ‘La Voz de Asturias’: «Nosotros estamos para hacer las obras y vosotros para darnos las gracias».
          El 27 de marzo de 2010 la prensa se hace eco de que todos los partidos políticos de Castrillón aprueban, sin fisuras, las obras de recuperación del conjunto histórico industrial de Arnao. Decisión ejemplar y muy llamativa por venir de Castrillón, municipio en el que los partidos que componen la Corporación dan la sensación de vivir en una histórica crispación histérica.
          Finalmente hay un 27 de marzo de 1860 señalado, en algunos libros y crónicas, como día de nacimiento del célebre comerciante Victoriano Fernández Balsera, y es dato falso; dicho personaje consta –en consulta efectuada el jueves 27 marzo de 2014 en el archivo parroquial de Sabugo– como nacido el 27 de junio de 1859, a las dos y media de la mañana «hijo de Félix Fernández (Avilés) y Josefa Balsera (Soto de Luiña)».
          Hasta aquí el ramo pascual de veintisietes ‘marzianos’. Que no marcianos.

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Plantación de estatuas en Avilés
Alberto del Río Legazpi 20-03-2016 | 11:11 | 1

(Donde se describen la mayoría de las estatuas sembradas por Avilés, excepto las del parque del Muelle descritas en el pasado, y las de la senda del Acero, que lo serán en el futuro)
          Me refiero a las estatuas que permanecen a la vista del público durante las 24 horas de todos los días del año en Avilés. Y establezco tres divisiones, atendiendo a la geografía urbana del municipio: Parque del Muelle, senda del Acero y el resto (que son la gran mayoría) son las descritas más abajo.
          Las más antiguas, situadas en ese jardín escultórico que es el parque del Muelle, ya han sido estudiadas en un episodio (LA VOZ DE AVILÉS del 24 junio de 2012) dedicado a las efigies basadas en motivos alegóricos a la mitología griega. En otros dos episodios (21 octubre de 2012 y 20 septiembre de 2015) está narrada la historia del conjunto escultórico que homenajea al marino Pedro Menéndez de Avilés; y otro más describió (el 26 de mayo de 2013) la coña marinera que supone el hecho de dedicarle una estatua a una foca (para muchos visitantes es toda una serendipia) que enfocó Avilés en un momento crucial de su historia cuando, en la mitad del pasado siglo, la ciudad aguantó un tornado metalúrgico de proporciones gigantescas.

'Sol naciente'


          En segundo lugar están las estatuas de la senda del Acero, instaladas entre Avilés y Llaranes y que son un episodio aparte, al igual que los murales y mosaicos distribuidos por todo el municipio.
          El resto se relacionan hoy (sin descartar futuro episodio aparte de algunas de ellas) y constituyen, repito, la gran mayoría de las estatuas sembradas por Avilés y alrededores. Relacionadas por orden cronológico, título de obra, autor, lugar de instalación y algún dato más, son las que sigue.
          ‘Domingo Álvarez Acebal’ de José González Iglesias (‘Pepe Tesa’). Data de 1923. Plaza de Álvarez Acebal. Es un busto sobre peana donde una placa recuerda: «A D. Domingo Álvarez Acebal (1846-1924), pedagogo-matemático, de sus alumnos y el pueblo de Avilés».
         ‘Tejo herido’ de Joaquín Rubio Camín. 1989. Parque Ferrera. Se trata de un árbol enfermo próximo al derribo e indultado a petición del escultor que lo ‘trabajó’ artísticamente una vez reforzada su base con cemento.
        ‘Ara’ de Joaquín Rubio Camín. 1993. Centro Socio–Cultural de Los Canapés. Una especie de altar para el que Camín aprovechó piezas industriales de acero laminado que dispuso a modo de nave de un templo con un prisma en el medio.

'Avilés'


         ‘Trecho’ obra conjunta de Benjamín Menéndez, Esther Cuesta, Cristina Cuesta, y Pedro Pubil. 1995. Glorieta de Los Canapés. Presenta forma de dolmen y está realizada en acero.
         ‘Homenaje a los caldereros’ de ‘Emil’. 1996. Erigida en la plaza  de Santa Ana del singular e histórico barrio avilesino de Miranda. Una placa escrita en ‘bron’, dialecto mirandés, detalla «El garo xagó a los machilladores del cuire. El pueblo de Miranda a los caldereros. 1996»
        ‘Armando Palacio Valdés’ de Mauro Álvarez (padre). 1997. Fachada Teatro Palacio Valdés. Busto realizado en bronce y colocado sobre peana, donde se puede leer: «Avilés a Palacio Valdés. 1858-1938».
         ‘Dña. Eugenia Martínez Vallejo ‘La Monstrua’’ de Amado González Hevia ‘Favila’. 1997. Calle Carreño Miranda. Realizada en bronce, está basada en uno de los cuadros del pintor avilesino Juan Carreño Miranda colgado en el Museo del Prado de Madrid.
        ‘El Tratante’ de Amado González Hevia ‘Favila’. 1999. Parque del Carbayedo. Ejecutada en bronce y colocada en el antiguo lugar de celebración de la famosa feria del ganado de Avilés.

'Celebración'


          ‘Marta y María’ de Amado González Hevia ‘Favila’. 1999. Esquina de calles Españolito y El Prado. Es una estatua –de propiedad privada– que representa en bronce a los dos personajes centrales de la novela homónima de Armando Palacio Valdés.
         ‘Carreño Miranda’ de Vicente Menéndez Prendes ‘Santarua’. 2000. Plaza de Camposagrado. Fundición en bronce dedicada al pintor más famoso de la historia de Asturias. En el pedestal una placa explica: «Avilés a D. Juan Carreño de Miranda pintor universal de la Corte y de S. M. el Rey D. Carlos II. Nació en Avilés el 25 de marzo de 1614. Murió en Madrid el 3 de octubre de 1685».
         ‘Punto de Encuentro’ de Pepe Noja. 2002. Glorieta de la Avenida de San Agustín. Obra realizada en acero inoxidable; de los nudos tan característicos en la obra de Noja, nace un cilindro de apreciable altura.
         ‘Eslabón’ de Pepe Noja. 2002. Fachada lateral del edificio de la Oficina Turismo de Avilés, que fue una antigua cárcel, motivo en el que el autor encontró inspiración: el eslabón quiere ser un homenaje a la libertad.
         ‘Hélices de Saint-Nazaire’ (Anónimo). 2003. Esquina calles Ruiz Gómez y Llano Ponte. Son dos grandes aspas de hélices de trasatlánticos realizadas en bronce. Cada una pesa 2.670 K. y miden 1,80 metros de alto por 2,80 de ancho. Obsequio de la ciudad francesa de Saint-Nazaire a Avilés con motivo del hermanamiento entre ambas.

De 'Eslabón' a 'Hélices de St.Nazaire'


         ‘Al hombre que escucha la piedra’ de Ignacio Bernardo. 2003. Calle Cabruñana. Es de mármol amarillo Alhambra y mide: 4,00 x 1,30 x 0,90 m.
         ‘Sol naciente’ de Juanjo Novella. 2003. Parque del Barrio de Pescadores (o el NODO). Obra de acero al carbono de 6 metros de altura y 5,50 de diámetro.
         ‘José Martí’ de Alberto Lezcay. 2005. Plaza José Martí. En el pedestal una placa con el siguiente texto «José Martí y Pérez (1853-1895). Héroe nacional de Cuba. Poeta, escritor, pedagogu, políticu y universal pensador llatinoamericanu. Conceyu Avilés. 2005».
         ‘Avilés’ de Benjamín Menéndez. 2005. Paseo de la Ría. Espectacular conjunto escultórico de 30 metros de altura compuesto por tres conos, de acero corten, dispersos en otras tantas direcciones.
         ‘Espacios para el ser y el estar’, dos instalaciones de Ignacio Bernardo realizadas en el año 2005 y separadas –entre si– por cien metros. Una está en la esquina de la calle José Cueto con Fernando Morán y la otra en la de José Cueto con Fuero de Avilés.
         ‘Entre bambalinas’ de Fidel Pena. 2006. Colocada ante la fachada del Palacio Valdés como homenaje al teatro asturiano. Los materiales utilizados son piedra y aceros (corten e inoxidable).
         ‘Celebración’ de Ignacio Bernardo. 2006. Intersección de las calles Jardines, Dr. Graiño y Fernández Balsera. Escultura de forma cilíndrica, de acero fundido, con un diámetro de 50 cm. y una altura de 7 metros, iluminada interiormente. Al lado de la peana una placa con el poema ‘Canto a uno mismo’ de Walt Whitman: «Me celebro a mi mismo /Cuanto asumo, tú asumirás /porque cada átomo que me pertenece /te pertenece también a ti».

'Recorrido'


         ‘Recorrido’ de Anabel Barrio y Ramón Rodríguez. 2008. Conjunto escultórico-cerámico, colocado en un extremo del parque del Muelle. Está formado por 25 pilares de cerámica de variados colores que conmemora el veinticinco aniversario de la creación de la escuela de cerámica avilesina.
         ‘Proyecto Crisol’ de Ramón Rodríguez. 2015. Plaza de los Oficios. Conjunto de siete pilares cuadrados (con una altura entre 6,40 y 7 metros y un lado de 0,40 m) revestidos de azulejos de colores que ornamentan la glorieta que hay en dicha plaza, la principal entrada de tráfico rodado a la ciudad. Para el autor el conjunto simboliza la idea de Avilés como ciudad de acogida de gentes de todo lugar.
         ‘Obelisco’. 2015. Parque de Las Meanas. Es una réplica del que hay en San Agustín de La Florida (USA) en homenaje a la Constitución de 1812. Es un regalo que dicha ciudad norteamericana le hace a la de Avilés, con la que está hermanada. Como curiosidad decir que hay otro obelisco, desconozco la autoría, en la calle Suárez del Villar.
          Habrán observado que no hago valoraciones artísticas pues sigo una sentencia del genial José de Villalaín Fernández –y a la que le doy la vuelta en parte– para razonarles que las estatuas aquí relacionadas son lo que son, y tienen tanto de palabrería como los bellos paisajes y las sinfonías hermosas.
          Y es que para gustos hicieron las estatuas.

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Eco mundial de la informática en Avilés
Alberto del Río Legazpi 13-03-2016 | 11:11 | 3

(Una de las singularidades desconocidas de Avilés es su privilegiada relación con la Informática donde, por ejemplo ENSIDESA en la persona de Fernando Soler Mateo, es un referente mundial en la programación de procesos industriales).

          Pocos saben del eco, bien es verdad que de resonancia íntima, que ha producido la muerte del filósofo y escritor Umberto Eco en una pequeña página (18 miembros) que venía durmiendo la siesta, en la red social Facebook, y cuyo nombre lo dice todo: ‘Una calle para Paco Menéndez, Informático’.

Paco Menéndez, posa disfrazado de monje ante su videojuego 'La abadía del crimen'.

          La desaparición del intelectual italiano espabiló la reivindicación de dicha página –cuyo administrador es el periodista de LA VOZ DE AVILÉS Fernando del Busto– y que es lograr un homenaje civil al avilesino Francisco Menéndez González, profesionalmente conocido como Paco Menéndez (Avilés, 1965–Sevilla, 1999), considerado hoy todo un clásico en el mundo de la informática española, por ser el autor –junto con el grafista Juan Delcán– del mejor programa de videojuego de la historia española. Hablo de ‘La abadía del crimen’, basado en la novela de Umberto Eco ‘El nombre de la rosa’.

          También lo de Eco ha tenido eco en Madrid, donde están considerando darle el nombre de una calle a este Menéndez de Avilés, adelantado de la informática, y que será un episodio aparte junto con otros avilesinos pioneros en la historia local en la materia. Pero eso al tiempo.

          Porque hoy toca recordar la proeza mundial de un equipo informático de Avilés, perteneciente a la Empresa Nacional Siderúrgica S.A. (ENSIDESA), abuela de Arcelor-Mittal, al frente del cual estaba un hombre singular y tenaz llamado Fernando Soler Mateo (Vigo, 1928–Madrid 2012), ingeniero, economista y licenciado en Informática.

          Soler fue de los madrugadores de aquella gigantesca empresa, de los empezaron a trabajar en las oficinas de la casa número 29 de la calle La Ferrería, nombre que ni pintado para un domicilio siderúrgico. Tengo escrito que fuimos de la fragua al horno alto.

          En la magnífica ‘Revista Monsacro. Arqueología y Patrimonio Industrial’, Fernando Soler Mateo dejó un histórico testimonio de su paso por ENSIDESA, a donde había llegado procedente de la Empresa Nacional Bazán para poner en marcha el departamento de Ordenadores Electrónicos, nombre que entonces sonaba a chino, aunque seguramente otros dirían que a coreano.  

Fernando Soler 'tirando' de impresora.

          Con ‘la empresa’ (que así a secas era conocida, por la gran mayoría, aquella ENSIDESA en Avilés) creciendo a todo trapo, las oficinas centrales se trasladaron de la calle La Ferrería (‘la casa estaba apuntalada en todos los pisos para aguantar tantos papeles y tanta gente como estábamos allí metidos’) a un nuevo edificio en La Marzaniella (Trasona) donde Soler, en 1959, recibió los primeros equipos informáticos que ocuparon considerable espacio en los bajos del inmueble.

          Y ahí comenzó una tan brillante como desconocida navegación informática que Fernando Soler capitaneó, con el apoyo de un ingeniero de armas navales especializado en la construcción de submarinos, llamado Áureo Fernández Ávila, entonces el mandamás de ENSIDESA.

          Con programas informáticos, hoy considerados medievales, llegó a procesar las nóminas de los miles de trabajadores de ENSIDESA, nóminas que se venían haciendo a mano, pura caligrafía contable hoy también considerada medieval. Y seguidamente se procesaron, en Avilés, las nóminas de las plantillas de todas las empresas estatales radicadas en Asturias.

          Aquello fue un anticipo de lo que vino luego cuando puso rumbo al control de los gigantescos almacenes generales de la fábrica, estableciendo programas de bases de datos que agilizaron de manera extraordinaria un trabajo en el que, hasta entonces, se afanaban cientos de personas.

          A esas alturas el departamento de Ordenadores Electrónicos había crecido en medios y en personal. Eran mirados como bichos raros, gurús de lenguaje extraño que manejaban máquinas incomprensibles. Acceder a las instalaciones de Ordenadores era entrar en un mundo nuevo, inmaculado, silencioso. Un orden protegido por aire acondicionado. Algo nunca visto.

          Hoy en día hay múltiples lenguajes de programación como Fortran, Cobol, APL.etc., o sistemas operativos con lenguajes de ayuda como el Unix, múltiples DOS, etc. Pero en Avilés, y por aquellos años 60, solo disponían de un Assembler primitivo y aunque iban informatizando con éxito la factoría –cosa inusual entonces en España– no era suficiente. Soler y los suyos trabajaban febrilmente en un mundo de pasos por dar y viajaban de aquí para allá, o sea Francia o Alemania que es donde se cocinaba la tecnología informática, lo desconocido.

          Y así, sudando la gota gorda, y la neurona también, lograron tan altos niveles de conocimiento que hicieron posible que la navegación informática de ENSIDESA alcanzara reconocimiento mundial. ‘Llegó el sueño esperado’ escribe Soler Mateo.

          Tal hecho, resumido, tuvo lugar en las nuevas instalaciones de Laminación en Frío (entre Trasona y Tabaza). Allí, los de Ordenadores Electrónicos, habían estado hurgando en los procesos de producción, que discutieron, planificaron y finalmente programaron. Pero las pruebas finales por ver si funcionaba todo lo que habían hilvanado, no fue posible hacerlas aquí por la complejidad tecnológica.

          Tuvieron que ir al laboratorio que IBM tenía en la ciudad alemana de Sindelfingen. Escribe Soler «Abrimos las maletas, sacamos los programas ensamblados, los cargamos en los sistemas, introdujimos la información de planta desde los terminales y. . . ¡¡la impresora de planta funcionó!!… Fue la primera aplicación en tiempo real de teleproceso industrial siderúrgico de la historia. Los trabajadores de la planta arrancaron a aplaudir y lo celebramos con Coca Cola. Nosotros tuvimos una de las emociones más grandes de nuestra vida».

          Hicieron historia. Así que al regreso a Avilés el sistema se aplicó y entró en marcha en ENSIDESA que se convirtió así en pionera mundial en esta materia informática de procesos industriales.

          La noticia tuvo eco mundial, así que no fue extraño que la multinacional IBM –entonces símbolo del poderío tecnológico USA en el mundo–  no cesara de traer a Avilés a clientes y a técnicos para que comprobaran en directo la fabricación siderúrgica informatizada, novedad mundial ‘Made In Avilés’, inventada por Fernando Soler Mateo y sus colaboradores donde «Menos los titulados que llegamos de fuera, la plantilla era asturiana y en su mayoría avilesinos».

          Y nombra especialmente a Faustino Río Busto, Jesús Álvarez Naves y Rafael Rodríguez Vigil. Todos ellos dejaron ENSIDESA, después de que lo hiciera Soler al poco de jubilarse aquel Áureo Fernández Ávila, presidente de la empresa siderúrgica, que supo proteger la lucidez de Fernando Soler. Los que sucedieron a Don Áureo, como era conocido en ‘la empresa’, dieron signos de no apostar por el futuro informático.

          A Soler y al núcleo de su equipo se los rifaron, como se puede suponer, las empresas punteras. Nuestro hombre siguió su acostumbrado paso laboral –firme y decidido– en otras tierras, e incluso tuvo tiempo para escribir ‘Gestión Informática de la Producción’, una de las obras de referencia en diseño asistido por ordenador.

          Esto de la informática con ribetes universales es –otra más– de las singularidades desconocidas de Avilés, la comarca de Asturias (datos de 2010) con más ordenadores en las viviendas (el 72,4% de ellas tienen algún tipo de ordenador) y también la que cuenta con mayor número de hogares (el 62%) que tienen acceso a Internet.

          Son datos que a Menéndez y a Soler les gustaría saber y no descarto que lo sepan. Como también que en la ciudad hay mucho negocio informático del que cito dos ejemplos como  MrSoft (en la plaza de Camposagrado) o Astarte Informática (excelentes profesionales con quienes Soler haría buenas migas pues están frente a su antigua domicilio avilesino en la calle González Abarca). Y todo eso aparte de empresas como Aspediens, Software AG, Satec y Computer Sciences Corporation (CSC). Ésta última con cerca de 800 trabajadores.

          Baltasar Gracián, celebrado clásico de la Literatura, escribió que «El verdadero saber es de pocos», una sentencia que ni clavada para un clásico de la Informática llamado Fernando Soler Mateo.

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Buscando al escritor Palacio Valdés por Avilés
Alberto del Río Legazpi 06-03-2016 | 11:11 | 0

(Un recorrido tras la estela dejada por Armando Palacio Valdés, un clásico de la literatura española, en la ciudad en la que vivió de niño y donde descansan sus restos).
         Hay dos personajes a los que Avilés tiene a mucha honra, un artista plástico con obra en museos de medio mundo y un escritor que dominaba el arte de narrar y con muchos de sus libros traducidos a varios idiomas. Ellos son Juan Carreño Miranda y Armando Palacio Valdés.
          En su día (LA VOZ DE AVILÉS, 26 de enero de 2014) y como homenaje a Carreño Miranda propuse un paseo por la ciudad para buscar lugares o motivos que nos recordaran a este Pintor de Cámara del Rey de España de hace cuatrocientos y pico de años.
          Hoy lo hago con Palacio Valdés, un clásico de la literatura española, que ha puesto el nombre de Avilés en obras clásicas de la literatura y al que la ciudad ha correspondido con una estela de agradecimientos.
          Comencemos situándonos en la plaza de España –el Parche más artístico de España y parte del extranjero– y ante el palacio municipal démonos por enterados de que allí fue declarado ‘Hijo Adoptivo y Predilecto de Avilés’ el famoso escritor. Y que, casi cien años más tarde, y también allí sellaron (enero de 2008) su hermanamiento los municipios de Laviana y Avilés lo que se consiguió en torno a su compartido sentimiento de admiración hacia la figura de Armando Palacio Valdés.

Calle y teatro Palacio Valdés.


          Una de las calles que parte de esta plaza es la de Rivero, donde en la casa numerada con el 8 estuvo viviendo cuando lo trajeron a Avilés, siendo un bebé, desde Entralgo (Pola de Laviana) donde había nacido. Una placa –de difícil lectura– allí colocada certifica que «En esta casa transcurrieron los años de niñez y de primera juventud del glorioso novelista Don Armando Palacio Valdés».
          Frente a esta casa se levanta el palacio de Llano Ponte (también conocido como de García Pumarino) un edificio del siglo XVIII que inspiró al escritor para su celebrada novela ‘Marta y María’ escrita en 1883. El propietario de este palacio, en 1949, vació su interior (o sea arrasó capilla artística, salones hermosos, escaleras barrocas y no sigo porque ustedes ya habrán pillado la barbaridad destructora) para convertir la mansión en una sala cinematográfica que bautizó como ‘Marta y María’ queriendo corresponder al homenaje literario que Palacio Valdés le había hecho a este edificio al que de palacio de época, el propietario en cuestión, solo le dejó la fachada.
          A continuación hay que caminar unos metros descendiendo hasta la calle actualmente rotulada a nombre de Armando Palacio Valdés después de haber llevado los de Siglo XIX, Ocho de Octubre, Luis Sirval y José Calvo Sotelo.
          Y en la calle Palacio Valdés se levanta un llamativo edificio bautizado como Teatro Palacio Valdés, cuya primera piedra se puso en 1900 pero no se terminó hasta 1920 por cuestiones económicas finalmente resueltas por un grupo de notables locales al mando de un médico de Castropol llamado Claudio Luanco, un crack –que se dice– del Avilés sociocultural. El teatro, y luego también cine, bajó el telón y cerró sus puertas en 1972. Reabierto en 1992 –por presión popular y la ayuda ‘espiritual’ de Alfonso Guerra, aquel vicepresidente del Gobierno de España que tenía tanto mando en plaza– y después de una larga y costosa rehabilitación, volvió a sus orígenes ofreciendo solamente espectáculos teatrales.
          Ante la fachada del coliseo y sobre peana hay un busto de bronce del novelista, obra del escultor asturiano Mauro colocada por el Ayuntamiento en 1997, con la siguiente inscripción: “Avilés a Palacio Valdés. 1853-1938”.
          En la misma calle también se puede tomar algo en una cafetería que lleva el nombre de la calle y del teatro.
          Y también cerca de esta calle está el domicilio social de la Asociación de Vecinos El Arbolón que lleva el nombre de ‘Palacio Valdés’ como bandera.

Palacio Valdés y su esposa Manuela, en el parque del Muelle (montaje fotográfico).


          Pero habrá que ir –pasando la calle de La Ferrería muy andada por el escritor junto con sus amigos Leopoldo Alas ‘Clarín’ y el filósofo Sánchez Calvo– hasta el parque del Muelle (Jardín Histórico de Asturias) para encontrarse virtualmente con el autor literario, sentado en un banco con su segunda esposa Manolita, pues en sus venidas veraniegas a ‘su pueblo’ se alojaba en el [hoy desaparecido] Hotel La Serrana, a un costado del palacio de Camposagrado, y donde escribió buena parte de ‘Marta y María’.
          Y para ver a estas dos señoritas, aunque sea en bronce, hay que desplazarse hasta una esquina de las calles del Prado y Españolito donde se puede admirar un grupo escultórico (propiedad de un constructor) realizado por el artista avilesino Favila en 1999, en homenaje a la obra de Palacio Valdés.
          Desde aquí deberemos cruzar la ciudad para acceder a la monumental calle de Galiana, que durante años (de 1918 a 1945) llevó el nombre de Palacio Valdés y a quien el escritor dedicó un capítulo en su obra ‘La novela de un novelista’.

El biznieto de Palacio Valdes, Armando Sirvent Palacio-Valdés, con su familia ante el mausoleo del escritor.


          Poco después de finalizar Galiana encontramos el edificio del histórico [por ser el primero] Instituto de Enseñanza Media avilesino, Carreño Miranda, hoy reconvertido en Colegio Público Palacio Valdés. Aquí la paleta mudó a pluma.
          Y siguiendo camino, cuesta arriba, se llega al cementerio de La Carriona donde entre otros monumentales panteones destaca el suyo, regalo del pueblo de Avilés a quien quiso ser enterrado aquí. Se trata de un conjunto escultórico, del andaluz Jacinto Higueras, donde una inscripción labrada en piedra ruega «Viajero, si algún día escalas las montañas de Asturias y tropiezas con la tumba del poeta, deja sobre ella una rama de madreselva. Así Dios te bendiga y guíe tus pasos con felicidad por el Principado».
          Y sean madreselvas, claveles o pensamientos, el caso es que siempre hay flores en la tumba de Armando Palacio Valdés, aquel que tenía el arte de narrar.

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Espacio dedicado a aspectos históricos, biográficos, costumbristas y artísticos, fundamentalmente de Avilés y su comarca actual, así como a territorios que, a lo largo de los siglos, le fueron afines. Tampoco se excluyen otras zonas del planeta