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Fecha: septiembre, 2016
El regalo de Eladio Muñiz
Alberto del Río Legazpi 25-09-2016 | 11:18 | 0

          El solar que había comprado Eladio Muñiz García estaba prácticamente en las afueras de Avilés, al final –eran los inicios del siglo XX– de la nueva calle de La Cámara que venía creciendo desde la plaza de España hacia el barrio de Sabugo.

          El 27 de diciembre de 1900 el ‘El Diario de Avilés’ informaba que «Hace días se encuentra en Avilés el acaudalado capitalista D. Eladio Muñiz que se propone dar co­mienzo a la mayor brevedad a un magnífico edificio, con fachadas a las calles de La Cámara y Cuba for­mando entre ambas una gran rotonda. Este edificio por su esbeltez hermoseará notablemente dichas ca­lles. Los planos son del distinguido arquitecto municipal de Oviedo, Sr. La Guardia».

           Eladio Muñiz que había hecho fortuna en Cuba y parcialmente en Chile, había viajado desde Madrid en el tren correo que salía de la capital española a las 7.00 y llegaba a Avilés (teóricamente) a las 12.44 del día siguiente.

          El cántabro Juan Miguel de la Guardia, como dije, fue quien diseñó la mansión de Eladio Muñiz y no Federico Ureña como por error se cita en algunas publicaciones. De la Guardia era entonces arquitecto municipal de Oviedo, ciudad que guarda excelentes edificios por él proyectados. Este de Avilés no les va a la zaga.

          Se trata de una casa de 1.374 metros cuadrados que consta de bajo, dos plantas y un ático coronado por una cúpula que soporta una llamativa linterna acristalada, fantástico mirador de madera y zinc, para aquel tiempo en el que al no haber edificios de alturas se dominaba gran parte de Avilés y sobre todo el puerto, asunto no baladí para un industrial como Eladio Muñiz.

          La elegancia de la fachada se corresponde en el interior con materiales nobles, maderas coloniales portuguesas, vidrieras de Maumejean… La casa quedó lista –y en su inicio la servidumbre constaba de nueve personas entre cocineras, doncellas y ama de llaves– en octubre de 1903, y un mes antes se había inaugurado la iglesia nueva de Sabugo. Quédese el lector con esta coincidencia de fechas.

          Esta mansión ha conjugado tanto con el verbo regalar que tal parece de cuento.

          El caso es que Eladio Muñiz, aquel indiano que llegó a concejal del partido liberal, cuando la obra está terminada contrae matrimonio y le regala a su esposa la propiedad del edificio. Años más tarde y habiendo pasado parte de la casa por alquileres esporádicos, el comerciante Victoriano Balsera lo compra para regalárselo a su hija Josefina quien a su vez, y al fallecer, lo dona (al fin y al cabo un regalo disfrazado por notario) por testamento a la parroquia de Sabugo. Al igual que el jardín y huerta del solar; un espacio hoy ocupado por una manzana de edificios delimitada por tres calles: Cuba, José Cueto y José Manuel Pedregal. La manda testamentaria incluía crear un colegio, el actual de Santo Tomás, hoy sito en la calle González Abarca después de haber estado domiciliado en el palacete de Eladio Muñiz, lo mismo que estuvo, en tiempos del párroco Mateo Valdueza Pérez, la Casa Rectoral del templo de Sabugo.

          Hoy el edificio acoge en sus plantas primera y segunda actividades sociales y religiosas de la parroquia y en el bajo una entidad bancaria, que siempre están a la caza y captura de esquinas de esplendor. 

          Pero es la anécdota, digamos que romántica, la que le queda al personal. Eso de que la mansión construida por Eladio Muñiz García fuese el regalo de bodas que le hizo a su esposa Carmen Rodríguez Villamil… Recuerdo al filósofo Gustavo Bueno, cuando en una ocasión se lo comenté ante el edificio, mirándome entre incrédulo y divertido.

          Hoy la céntrica esquina que forma la casa de Eladio Muñiz es un regalo arquitectónico de lujo que adorna el paisaje urbano de Avilés.

 

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‘E la nave va’ por una calle de Avilés
Alberto del Río Legazpi 18-09-2016 | 11:29 | 0

Hay una calle en San Juan de Nieva, paralela a la Ría, que tiene la singularidad de ser la única desde la que se divisa el Océano Atlántico.

          San Juan de Nieva es un pueblo costero asturiano dividido en dos por la mar salada y partido en tres por los ayuntamientos de Castrillón, Gozón y Avilés.

          La geografía y la administración local hacen picadillo a un San Juan que debe su invernal apellido a la mítica península de Nieva.

          En San Juan mueren (y nacen) vías de comunicación, aunque hoy –y para el marinero en tierra que escribe este episodio– sea un ‘finisterre’, un lugar donde acaba la carretera para coches y el camino de hierro para trenes. Aquí comienza la mar y si el peatón quiere seguir ha de continuar como nadador.

          En la parte del pueblo de la margen izquierda  –hoy comido urbanísticamente por la Autoridad Portuaria de Avilés y merendado administrativamente por Castrillón y Avilés– termina una línea ferroviaria actualmente de cercanías y que en tiempos fue de largo recorrido. Hablo del famoso exprés nocturno Madrid–San Juan de Nieva, algunos de cuyos vagones (de la compañía que había puesto en marcha el mítico ‘Orient Express’) traían el glamuroso rótulo de ‘Compañía Internacional de Coches Cama y de los Grandes Expresos Europeos’, que no sé porqué a veces venía en portugués lo que te remitía a una imposible ensalada literaria de aventuras de John le Carré y poemas de Fernando Pessoa.

          En la otra margen de la Ría, la derecha, y en la península de Nieva está lo que queda hoy en pie como zona urbana de San Juan. También está divida administrativamente; hay casas en calles sin bautizar que pertenecen al municipio de Gozón. La única rotulada pertenece al de Avilés y lleva el nombre de Antonio Fdez. Hevia, uno de los propietarios (junto con su hermano Aniceto) del astillero soldado al pueblo. El empresario falleció en 1918, en un accidente ocurrido durante la botadura de un buque y la Corporación avilesina le rindió homenaje, el 26 de junio de 1942, dándole su nombre a esta calle situada a orillas, y en paraelelo, de la bocana de la Ría.

La línea de puntos divide San Juan de Nieva. De la mitad de la foto, y para abajo, es Gozón; de la mitad hacia arriba Avilés.

          También el Ayuntamiento avilesino tiene dentro de su ‘Catálogo de bienes inmuebles del municipio’ localizadas, con categoría de protección parcial, un conjunto de casas populares (nº 12), el astillero (nº 14) y dos casas tradicionales con mirador (números 4 y 6). Estas últimas, al borde del precioso paseo marítimo con ‘muro’ de maroma, son las más llamativas de la localidad y en una de ellas tuvo el famoso ‘Pachico’ tienda y mesón, en su día muy visitado por su excelente caldereta de mariscos, a orillas del giro que hace la Ría y que es conocido como Curva de Pachico, que también  tiene su historia en episodio aparte.

          ‘Pachico’ (Francisco Corostola Alcíbar) junto con ‘Rico El Buzo’ (Ricardo García Fernández) y ‘Pepe La Vara’ (José Fernández García) son tres personajes históricos de la margen derecha de la Ría de Avilés.

          A mí éste San Juan que queda en pie (en Avilés conocido como el ‘San Juan de allá’) siempre me había olido a cine, al Visconti de ‘Muerte en Venecia’. Todo por una foto del hotel ‘La Rosa’, situado al lado de la Peña del Caballo, que daba comida, bebida y alojamiento a gente atrevida que venía desde Avilés –en un vaporcito que hacía la línea– a tomar baños de mar mostrando una pequeña parte de sus carnes (con bañadores más o menos del estilo del hoy noticioso burkini) antes de que comenzase a funcionar el Balneario de Salinas.

          Y el otro día, cuando partía el trasatlántico ‘Europa’ unos niños que se bañaban al lado de la rampa de San Juan saludaron una y otra vez, y no sé porqué en italiano, a los viajeros del crucero al grito de ¡Arrivederci! ¡Arrivederci!… mientras la nave hacía sonar su sirena; la escena me recordó al Fellini de ‘E la nave va’ y sobre todo a la secuencia del trasatlántico de ‘Amarcord’ e hice –desde la calle Antonio Fdez. Hevia, con el barco navegando a mi izquierda y coches circulando a mi derecha– una foto que les muestro de la nave encarando majestuosa el mar mientras caía el sol.

          Y todo eso ocurrió aquí en Avilés, en una calle del San Juan ‘de allá’ donde puedes ver el San Juan ‘de acá’; grúas con pinta de dinosaurios e iglesia vanguardista; faro de Avilés e isla La Deva; Océano Atlántico e la nave va.

          El acabose.

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Medio siglo no es nada
Alberto del Río Legazpi 11-09-2016 | 11:21 | 1

(Reflexiones al leer un ejemplar de LA VOZ DE AVILÉS del domingo 11 de septiembre de 1966)

          El periódico, que tiene el lector en sus manos o que ojea en Internet, tenía en 1966 su sede en el número 16 de la calle La Ferrería, entonces llamada Marqués de Pinar del Río.

          Constaba de seis páginas y la información estaba controlada, léase censurada, por la autoridad gubernamental con mano de hierro sin guante de seda.

Ejemplar de LA VOZ DE AVILÉS de hoy, domingo, 11 de septiembre de 2016

          Al margen de eso, pero sin olvidarlo nunca, había noticias nacionales que hoy pueden parecer surrealistas como es el caso de una cena en honor del general Franco, entonces Jefe del Estado, en pleno centro de San Sebastián (Guipúzcoa). Hoy Donostia (Gipuzkoa).

          Mientras, en la comunista Checoslovaquia, al otro lado del ‘telón de acero’, abundaba la delincuencia juvenil y para combatirla decía el titular periodístico que «los melenudos no podrán entrar en los cines de estreno ni obtener puestos de trabajo». Leña al mono y si lleva melena más.

          En Estados Unidos, donde se vivía una carrera por la conquista espacial en competencia con la malvada URSS, el presidente Johnson, informaba en portada de LA VOZ DE AVILÉS, declaraba que «continuaré la guerra en el Vietnam con el mayor empeño». Fueron 400.000 toneladas de bombas de napalm.

          En China, donde reinaba Mao Tse Tung, los dirigentes comunistas habían dado nueva vuelta de tuerca (la Revolución Cultural) y «decidido eliminar los aspectos humanitarios e intelectuales de la obra de Marx». Vaya por Dios.

          Y así iba el mundo aquel domingo de 1966, mientras que Avilés, que tenía entonces 72.765 habitantes y un alcalde llamado Francisco Orejas,  era una ciudad que aumentaba de población de un modo tan espectacular como la suciedad que le venía por tierra, mar y aire a consecuencia de la atroz contaminación de las factorías metalúrgicas que, a su vez, daban trabajo a miles de personas de aquí, allí y allá. Nunca se sabe donde empieza lo bueno y acaba lo peor.

          Aquel domingo, de hace medio siglo, encontramos noticias como que el Instituto Carreño Miranda que podría obligar a suspender matriculación de nuevos alumnos. Uno de los muchos problemas sociales derivados de la oleada inmigratoria.

          En el puerto industrial enorme actividad, sobre todo en la Dársena de San Agustín donde el periódico registraba diez buques atracados aparte de otros esperando y seis más en San Juan de Nieva. En el puerto pesquero se rularon 12.500 kilos de bonito.

Las Meanas en 1966.

          El ocio estaba dominado por la oferta cinematográfica (la tele se reducía a dos canales de TVE) de las salas Marta y María, Ráfaga, Clarín, Palacio Valdés, Florida y Campos, anunciados en el periódico, que también informaba de romerías en Llaranes y en el poblado Francisco Franco (hoy La Texera y Versalles); y ya en plan fino se publicitaba en la ‘boite’ del Bar Boheme el baile de tarde aunque (eso sí) de 8.15 a 10.30 de la noche. El ‘Black is Blak’ abrasaba pero ‘Un sorbito de champagne’ refrescaba.

          El periódico anunciaba el horario de misas en las iglesias de la ciudad y la media de las celebradas en cada templo era de cinco a siete. Miles de fieles cumplían con la obligación de oír misa entera los domingos y fiestas de guardar.

          En deportes destacaba la eliminación del tenista español Manolo Santana del trofeo de Forest Hill y la victoria, por KO, del púgil norteamericano Cassius Clay (que se hacía llamar Muhammad Alí) sobre el alemán Karl Mildenberger.

          Los máximos representantes del futbol local iniciaban ese domingo jornada liguera en tercera división; el Real Avilés recibía al Santamarina, equipo de Mieres, y el Ensidesa se desplazaba a Luarca.

          Se seguía hablando del fichaje, producido días antes, de Fernando Arias por el Sevilla; el club andaluz ante la pasividad, o ineptitud, del Avilés se hizo con los servicios del jugador avilesino que también era batería del conjunto musical ‘Los Llamas’. Al Bosco, equipo de juveniles de Ensidesa, llegaba Toni Fidalgo quien con los años sería, entre otras cosas, adjunto a la presidencia de la Liga Nacional de Fútbol Profesional.

          En aquel 1966 Asturias estaba entre las provincias españolas más ricas y Avilés era una especie de Eldorado para miles de españoles en busca de empleo.

          Hoy, cincuenta años después, Asturias –que en ese tiempo ha pasado del Holoceno al Antropoceno– es de las regiones españolas situadas en el furgón de cola y, al igual que Avilés, experimenta una peligrosa pérdida demográfica.

          Por lo demás, y acogiéndome a una versión libre de la letra de un famoso tango, cincuenta años no es nada comparado con los miles de siglos que la especie humana lleva arruinando el planeta tierra.

          La farmacia de guardia de mañana lunes, de hace medio siglo, corresponde a José Luis Hortal –en la avenida de Portugal– uno de los mejores profesores que he tenido, aparte de ser el más tranquilo y pausado agitador cultural que he conocido.

          No somos nada, nina.

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El adelantado Paco Menéndez, de Avilés
Alberto del Río Legazpi 04-09-2016 | 6:37 | 2

Francisco Menéndez González, nacido en Avilés, fue un adelantado en el mundo de la informática donde hoy es considerado un clásico por su obra maestra ‘La abadía del crimen’.

          Adelantado tiene varias acepciones en diccionario y enciclopedias. Una de ellas define a una persona de cierto calado social que llevaba adelante una empresa pública por mandato del Rey. 

          Por ejemplo a un destacado marino avilesino llamado Pedro Menéndez, Felipe II le encomendó, en 1565, explorar y colonizar las costas de Florida en  América del Norte, cosa que consiguió. A partir de entonces ha venido siendo conocido como Adelantado de La Florida y reconocido como personaje destacado tanto en los Estados Unidos como en España. Y la cosa no quedó ahí ya que la ciudad donde nació, Avilés, es definida por algunos como la Villa del Adelantado. Otros creen que esto es pasarse, pero ese es otro episodio.

Paco Menéndez (Avilés, 1965-Sevilla, 1999). Fotograma capturado de un video filmado por Juan Delcán.

          Luego está el informático Paco Menéndez, otro avilesino que es adelantado en el sentido de alguien ‘que se anticipa a su tiempo en alguna cosa’ usado como sustantivo; por ejemplo cuando decimos que Picasso fue un adelantado. No trato de poner en paralelo a Pablo Picasso con Paco Menéndez, sino dar un sentido exacto al término ‘adelantado’ que creo es el justo para referirse a este creador avilesino.

          De todas formas, distintos medios del mundo informático ya lo tienen calificado como un adelantado en el mundo de la programación de videojuegos una de las industrias más importantes en el sector del ocio del mundo. El diario LA VOZ DE AVILÉS también lo ha venido haciendo, de un tiempo a esta parte, en artículos debidos principalmente a la pluma de Fernando del Busto.

          El nombre que figura en el Registro Civil de Avilés, del hoy  famoso Paco Menéndez, es el de Francisco Menéndez González, nacido en 1965. Fue uno de los hijos del matrimonio formado por Magdalena González Fernández y César Menéndez Roces, quienes al poco del nacimiento de Paco trasladaron el domicilio familiar a Madrid.

          Allí, en la Ciudad de los Periodistas, Paco fue creciendo entre estudios y esparcimientos de por aquí y de por allá. Entre estos últimos le fascinaban los videojuegos que funcionaban aliados con los ordenadores, entonces máquinas al alcance de pocos. No tenía problema pues su padre había puesto en marcha una academia informática de nombre ‘Míster Chip’. Una cosa llevó a la otra y a los 15 años, todavía en segundo de BUP, aprendió a programar.

Paco Menéndez disfrazado de monje, en una escena de 'La abadía del crimen'.

          Lo que fascinaba a Paco Menéndez más que el juego en sí era la programación del mismo, así que en compañía de otros amigos ocupaban su tiempo libre trabajando en una sala vacía del negocio informático de su padre. En 1983, cuando todavía era alumno del instituto, se puso a la venta ‘Fred’, videojuego de su autoría junto con Carlos Granados, Fernando Rada y Camilo Cela. Y antes de entrar en la Universidad, a cursar Ingeniería de Telecomunicaciones, otro que llevaba por nombre ‘Sir Fred’.

          Pero lo bueno llegaría cuando Paco Menéndez, fascinado por la lectura de la novela ‘El nombre de la rosa’ de Umberto Eco, se atrevió a ‘ponerla’ en videojuego, algo fuera del estándar habitual de entonces consistente mayormente en marcianitos y en buenos y malos arreándose palos, tiros y bombas.

          Lo llevó a cabo con otro amigo llamado Juan Delcán, entonces estudiante de Arquitectura, que se hizo cargo de la parte gráfica del proyecto, fuera de lo común, de Paco. Hicieron Historia.

          El juego lleva por nombre ‘La abadía del crimen’, ya que Umberto Eco con quien Paco Menéndez su puso en contacto a través de intermediarios no quiso ceder el título de ‘El nombre de la rosa’ para el videojuego. Pero el autor informático, sabedor de todo lo referente al autor literario, quiso ligar para siempre aunque fuera indirectamente su videojuego a la admirada novela del italiano y sabedor de que Umberto había desechado algunos títulos para ella, eligió uno de los descartados: ‘La abadía del crimen’. El videojuego se publicó en 1987.

Sean Connery y Christian Slater en la película 'El nombre de la rosa', novela de Umberto Eco, en la que también está basada 'La abadía del crimen' de Paco Menéndez.

          Eco encontró otro eco, este informático, gracias a la maestría de Menéndez que metió, en un videojuego de tres dimensiones, a dos frailes franciscanos a investigar en un convento de benedictinos. Monumental trabajo informático que va adquiriendo más valor con el paso de los años, algo que se merecía haber conocido su autor, fallecido en Sevilla en 1999. Quienes lo trataron hablan de tipo genial y persona humilde. Desde aquí, hoy, se le ve como hombre de corazón antiguo con mente de futuro.

          En un documentado artículo, firmado por Jaume Esteve en la Revista ‘PS4’, un comentario de Santiago González da en el quid opinando sobre la obra de Paco Menéndez ‘Para los que no lo sepan o no vivieran aquella época, la Abadía del Crimen es al sector del videojuego español lo que el Quijote a nuestra literatura o Bienvenido Míster Marshall a nuestro cine’.

          Hoy ‘La abadía del crimen’ está considerada una obra maestra (nacional e internacionalmente) del videojuego, un clásico que el tiempo va agrandando como los vinos de lujo. Los homenajes de todo tipo no cesan, incluida la petición del nombre de una calle para Paco Menéndez al Ayuntamiento de Avilés; también está en estudio su incorporación al callejero de Madrid.

          Adelantados de apellido Menéndez, conste pues, que en Avilés han nacido dos: Pedro (1519) y Paco (1965).

          Con genio guerrero uno e ingenio creativo el otro. 

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Espacio dedicado a aspectos históricos, biográficos, costumbristas y artísticos, fundamentalmente de Avilés y su comarca actual, así como a territorios que, a lo largo de los siglos, le fueron afines. Tampoco se excluyen otras zonas del planeta