El Comercio
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Patrimonio industrial, habas contadas
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Alberto del Río Legazpi | 08-01-2017 | 10:12

(Antiguos y destacados edificios industriales de Avilés la mayoría de los cuales han sido rehabilitados y aprovechados para otros usos).

              Mi amigo Ángel García Carreño, gestor cultural ejerciente en Pamplona y que es sufridor (por sabedor) del abandono del patrimonio industrial avilesino, me hace llegar un libro sobre el de Navarra que resume las ponencias de un  simposio celebrado allí bajo la coordinación de Víctor Manuel Egia Astibia.

La Curtidora

              Excepcional publicación y excepción que confirma la regla del patrimonio industrial como el gran ignorado siendo como es protagonista, por ejemplo, de buena parte del paisaje de Asturias, región muy valorada a nivel internacional por la arquitectura que han generado las industrias del carbón, siderurgia e hidroeléctricas.

              Buena parte de ese patrimonio (el 33%) está en la comarca de Avilés y en algunos de estos episodios nos hemos referido a él para señalar que desgraciadamente apenas quedan raspas de la industria de cabecera de Ensidesa donde volaron, a ritmo de goma–dos, valiosas arquitecturas incluidas joyas del gótico industrial (ni un Horno Alto quedó en pie) o una catedral del barroco fabril (Central Térmica),edificio único en España que terminó derrumbado y achatarrado entre protestas de todo tipo de organismos, desde colegios de ingenieros y arquitectos de Asturias hasta la mismísima UNESCO.  Le tengo leído a Celestino García Braña, decano del Colegio de Arquitectos de Galicia, que «algunas factorías diseñadas en el siglo XX son una singularidad de su tiempo tal y como las catedrales lo fueron antes».

Antigua Fábrica El Águila

              De aquel baile dinamitero que destruyó el valioso instrumental del heavy metal siderúrgico avilesino solo restan unas baterías de rock. Quiero decir de cok.

              Todo eso ocurrió en la margen derecha de la Ría mientras en la izquierda, donde se asienta la zona urbana avilesina, las cosas pintaron mejor pues se conservaron –y en la mayoría de los casos rehabilitaron– algunas instalaciones industriales construidas hace más de cien años cuando los indianos regresaron de Cuba con el fajo lleno de billetes, justo cuando la perla de las Antillas dejó de ser provincia ultramarina de España y pasó a ser un país independiente excepto para Estados Unidos, por supuesto.

              Por ejemplo La Curtidora, sita en la calle Gutiérrez Herrero (un indiano por cierto) levantada en 1903 para la familia Maribona por el ingeniero Primault siguiendo planos del arquitecto Tomás Acha. La antigua fábrica de curtidos está compuesta por tres naves de muy vistosa decoración de ladrillos rojos y sillares de piedra blancos que hoy, con chimenea emblemática incluida, se ha rehabilitado y convertido en hotel de empresas.

Antigua Ferretería, en Sabugo

              En la misma calle se levantó, en 1893, la fábrica de harinas El Águila que llegó a alcanzar una producción anual de 7.000 toneladas partiendo de trigos de Castilla, Rusia y Estados Unidos. Cerrado el negocio se conservó el edificio principal, una fachada de tres alturas coronado con un águila metálica, así como una nave anexa que sirvieron durante años de cuartel de bomberos. Hoy el inmueble, propiedad municipal, acoge escuelas–taller de formación profesional.

              En el barrio de Sabugo y con fachadas a sus tres calles históricas (La Estación, Carreño Miranda y Bances Candamo) se conserva buena parte de un complejo ferretero (García Fernández y Cia) construido en 1923 siguiendo planos del arquitecto Francisco Casariego. Es un llamativo ejemplo de art déco en un barrio de traza medieval como es Sabugo y es muy discutible que se hubiese permitido su construcción en este lugar. El caso es que se ha conservado y hoy en día el inmueble, de distinta propiedad, se dedica a labores formativas de medicina y a albergue municipal de transeúntes.

Naves de Balsera (izquierda)

              Capitulo aparte son las Naves de Balsera, mandadas edificar a principios del siglo XX por Victoriano Fernández Balsera en terrenos marismeños entre la estación de ferrocarril y los nuevos muelles de la Ría. En solar tan estratégico se levantaron unas grandes y vistosas naves, diseño de reconocido valor patrimonial obra del arquitecto Antonio Alonso Jorge, como almacenes dedicados al comercio ultramarino.

               Clausurado el negocio, las naves llevan años cerradas. Recientemente el exterior de la fachada ha recibido un lavado de cara, pero siguen llevando la cruz del  deterioro por desuso –y sin pares sueltos– en el interior.

              El Gobierno ha declarado, a principios de 2017, a Avilés como uno de los cien paisajes culturales más destacados de España. Que nos conste –y que les conste a las autoridades– que también  tenemos uno industrial, a pesar del destrozo hecho, y que ojalá seamos capaces algún día de valorar también como paisaje cultural, tal y como ha hecho Castrillón con el suyo.

              Quizá con el tiempo, una caña y algo más.

 

Espacio dedicado a aspectos históricos, biográficos, costumbristas y artísticos, fundamentalmente de Avilés y su comarca actual, así como a territorios que, a lo largo de los siglos, le fueron afines. Tampoco se excluyen otras zonas del planeta