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Ensaladas onomásticas en algunas plazas de Avilés
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Alberto del Río Legazpi | 22-01-2017 | 08:08

          Por regla general el callejero de una población es directamente proporcional al sistema político gobernante en el territorio nacional donde se asienta.

          En Avilés el ejemplo más claro es su actual calle principal. Urbanizada entre siglos XIX y XX y que discurría por el lugar donde estuvo ubicada la fuente medieval conocida como La Cámara, llevó sucesivamente los nombres de un político monárquico (García San Miguel) otro republicano (José Manuel Pedregal) más tarde el de un dictador (General Franco) hasta que el 18 de julio de 1979, con la llegada de los Ayuntamientos democráticos, recuperó su nombre.

          Recuerdo una pintada anónima vista hace años en un paredón de Rivero ‘La política pasa en la calle’. En algunas de Avilés –y de la mayoría de las poblaciones– eso ocurre en su callejero. Tiene escrito Luis Coloma, padre literario del Ratoncito Pérez, que «Por la calle del después se llega a la plaza de nunca».

          De algunas calles avilesinas que tan manoseadas tienen la placa tengo algo escrito, hoy lo hago de algunas plazas que han corrido igual suerte volandera, como es el caso de la plaza de La Merced que ocupa un espacio dominado en gran parte por la iglesia nueva de Sabugo (1903). Durante siglos este lugar formó parte del Campo de Caín (para otros Caguín), pero el 15 de enero de 1892 se la bautizó oficialmente como La Merced en recuerdo del desaparecido convento de tal nombre, que se levantó en este lugar. Aunque el 2 de enero 1924 pasa a ser del General Primo de Rivera que había alcanzado la jefatura del Gobierno español mediante un golpe de estado. Pocos años más tarde la placa fue cambiada por otra donde se leía plaza de la República y ya se imaginarán el porqué. Pero el 4 de marzo de 1938, ya tomado el Avilés republicano por las tropas de Franco, el rótulo fue sustituido por el de plaza de Italia, en inequívoco homenaje a la Italia de Mussolini aliado de Hitler en la Segunda Guerra Mundial, conflicto que perdieron por lo que el 26 de julio de 1946 la plaza se puso a nombre de Fernández–Ladreda ministro franquista que solucionó el problema del abastecimiento de aguas de Avilés. Aquello de ‘La calle es mía’ que le atribuyen a Manuel Fraga es práctica habitual de políticos de variada ideología.  Por fin el 18 de julio de 1979 volvió a recuperar el de plaza de La Merced.

          Otra que tal baila es la, oficialmente, plaza de Santiago López y que casi nadie sabe dónde está aún siendo actualmente una de las más transitadas de la ciudad ya que de ella parte la pasarela del Niemeyer que permite salvar las vías ferroviarias y acceder peatonalmente, después de cruzar la ría por el puente de San Sebastián, al centro cultural internacional.

          Tuvo una historia accidentada. De antiguo era conocida como Alameda Vieja, un pequeño bosque en las afueras de la población que el ingeniero municipal Adolfo De Soignie diseñó como plaza; pero no fue hasta el 15 de enero de 1892 cuando se la bautizó, con todas las de la ley, como de San Sebastián por su proximidad con el puente cercano. En 1929 la renombran pomposamente como plaza de La Reina Doña María Cristina, aunque la gente ya la llamaba ‘plaza del Pescado’ por el pabellón construido ex profeso unos años antes, para venta principalmente de pescadería, y fue ese el nombre que le quedó aunque el 9 de diciembre de 1938 desapareciese el de la reina y fuese sustituido por el del marqués de Casa Quijano, Santiago López, nombre oficial que sigue conservando. Y toda esta novela para que el personal siga, erre que erre, llamándola plaza del Pescado.

          Otra es la plaza oficialmente conocida como Hermanos Orbón que también se ha llamado Plaza Nueva, de las Aceñas, del Mercado, de Abastos y de Julián Orbón; aunque todo el mundo para referirse a ella sigue diciendo ‘la Plaza’, a secas. La suma sale que es plaza de siete nombres.

          Más ordenada en los cambios es la plaza de España, o sea El Parche, que ha sido Plaza Mayor, plaza de la Constitución (en 1869) placa todavía se puede ver en los arcos de entrada al palacio municipal. Desde el 4 de marzo de 1938 fue bautizada como plaza de España. Y es muy curioso que lugar tan espectacular, con tres palacios cosidos entre sí por casas porticadas, sea conocido con nombre tan despectivo –hoy es todo lo contrario– que tuvo su origen cuando en 1893 el Ayuntamiento decidió cambiar parte del suelo empedrado, por una capa de cemento. Algo tan funcional urbanísticamente como el suelo liso no funcionó para buena parte de avilesinos que lo tacharon de chapuza y dictaminaron que aquello era un parche. Hoy El Parche es un término cariñoso con que se conoce al corazón del casco histórico local. Por otro lado es muy difícil que haya por el mundo parches urbanos tan artísticos como este de Avilés. 

          Si desde El Parche subimos por la calle San Francisco (que antes fue llamada sucesivamente La Canal, General Lucuce y José Antonio Primo de Rivera), cruzamos la plaza Álvarez Acebal (antes San Francisco) y ascendemos por Galiana (durante años calle Palacio Valdés) llegaremos a la plaza del Carbayedo que siempre se ha llamado así.

          Parece un milagro después de lo que dejamos atrás en esta caminata por Avilés, pero no olvidemos que la plaza del Carbayedo está situada en un lugar de la villa donde al mismísimo Jesucristo se le conoce como Jesusín. 

Espacio dedicado a aspectos históricos, biográficos, costumbristas y artísticos, fundamentalmente de Avilés y su comarca actual, así como a territorios que, a lo largo de los siglos, le fueron afines. Tampoco se excluyen otras zonas del planeta