El Comercio
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Fecha: mayo, 2017
Hábiles de Avilés
Alberto del Río Legazpi 28-05-2017 | 11:13 | 0

(Fotomatón de algunos personajes importantes en la historia de Avilés que pueden ser avilesinos bien de nacimiento, bien ‘de pación’ e incluso de pasión).

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Armando Palacio Valdés

              En una ocasión me preguntaron en la radio, creo que fue en la RPA, acerca de los personajes más destacados de la ciudad a lo largo de la historia y a los que yo –por cuestión onomatopéyica a la que soy adicto– denomino Hábiles de Avilés basándome en la segunda acepción que del término ‘hábil’ se puede leer en el diccionario de la Real Academia: ‘dotado del talento para actuar adecuadamente o lograr su objetivo’. 

              Avilés, con una historia tan estirada, es muy fértil en hábiles personajes. En próximos episodios pienso detallarlos por gremios, actividades o por lo que se me ocurra, pero hoy como muestra doy una relación que abarca diversos campos y acoge no solo a los que aquí nacieron o a los que aquí pacieron, también a quienes de fuera vinieron y hablaron de Avilés en distintos ámbitos aparte, por supuesto, de los que, de aquí o de allá, tomaron medidas que favorecieron a la ciudad.

              La respuesta que di en la radio creo recordar que empezó con el rey castellano Alfonso VII que junto con su abuelo Alfonso VI fueron los muñidores del Fuero de Avilés que el primero confirmó en 1155 lo que el segundo había dispuesto ya en 1085. El Fuero, que dio carta de naturaleza a la villa asturiana, fue una suerte de privilegio legal de la que gozó la población avilesina y su territorio durante siglos y que pone a las claras la importancia que tuvo la villa durante la Edad Media cuando su puerto llegó a ser, durante un tiempo, el más importante del norte atlántico de la península ibérica.

            Bartolomé Carreño (Avilés, hacia 1503–Sevilla, 1568). Cuando usted escuche el término Bermudas asociado a paraíso fiscal universal o a triángulo geográfico pavoroso, acuérdese de que fue el marino avilesino Bartolomé Carreño quien primero exploró, en 1538, estas islas Bermudas descubiertas por el andaluz Juan Bermúdez quien sin embargo no logró desembarcar. Fue Bartolomé un destacado marino que llegó tener el mando de la flota de la Carrera de Indias compuesta por seis barcos de guerra.

            Pedro Menéndez de Avilés (Avilés, 1519–Santander, 1574) marino de guerra y también primer indiano de Avilés. Desde que fundó San Agustín de La Florida, la hoy mayormente considerada como la más antigua ciudad norteamericana, a este avilesino la historia lo tuvo escondido en buena parte por la leyenda negra que le endosaron ingleses y franceses. Pero desde inicios del siglo XX su trayectoria marina fue conocida y reconocida incluso más en los Estados Unidos de América que en España, lo que lo dice casi todo. Quien antes fue el coco hoy es héroe de manual.

            Juan Carreño Miranda, nació en 1614 en Carreño (según manifestó expresamente en dos ocasiones) lo que también quiere decir que es natural de Avilés, pues por entonces el concejo de Carreño formaba parte del alfoz avilesino de donde su fue siendo niño. Fue pintor de cámara del Rey Carlos II y su obra se halla repartida en museos de casi todo el mundo y también en iglesias como es el caso de la impresionante bóveda del templo madrileño de San Antonio de los Alemanes. Puede que sea el  artista asturiano más importante de todos los tiempos. Falleció en Madrid en 1685.

            Francisco Bances Candamo (Avilés, 1662–Lezuza, 1704) hijo de un sastre de Sabugo, de niño también se tuvo que ir de Avilés y la vida terminó llevándolo por el camino de las letras destacando como poeta y dramaturgo, aunque en el terreno personal deslices propios y envidias ajenas lo despeñaron de tal manera que pasó de ser escritor favorito en la Corte a los infiernos burocráticos muriendo, sospechosamente por envenenamiento, siendo funcionario de segunda de Hacienda en un pueblo albaceteño en cuyo cementerio casi no se alcanza a distinguir su tumba. Un drama que como autor puede que le hubiese gustado escribir.

            Pedro Lucuce Ponce (Avilés, 1692–Barcelona, 1778) fue ingeniero militar, matemático y cosmógrafo. Solo diré que en una exposición sobre las ciencias, organizada en Oviedo por el Gobierno del Principado en 2008, un panel que mostraba a los doce científicos asturianos más importantes de la historia estaba encabezada por Pedro Lucuce al que seguían Severo Ochoa, Menéndez Pidal, Grande Covián… No sigo.

            Armando Palacio Valdés (Entrialgo. Laviana, 1853–Madrid, 1938) sí que es más conocido y admirado. Escritor universal, traducido a considerable número de idiomas, fue el mayor publicista literario que ha tenido Avilés.

            Julián García San Miguel (Avilés, 1841–Olmedo. Valladolid), segundo marqués de Teverga, fue líder durante muchos años del partido liberal y está en la historia local por lograr que, en 1890, llegara el ferrocarril a Avilés. También destacó, junto con otros, en la mejora del puerto local.

            Luz Rodríguez Casanova (Avilés, 1873–Madrid, 1949), sobrina de García San Miguel, dedicó su vida a la beneficencia en la que gastó la fortuna que había heredado de su familia. En 1902 abre el primer colegio para albergar niños sin recursos para estudiar y treinta años más tarde ya eran 106 el número de centros que acogían a 14.000 pequeños. En 1920 fundó la congregación de las Damas Apostólicas del Corazón de Jesús, extendida por España, Italia y América. En 1958 la Iglesia inició el lento proceso de su beatificación que ha sido reactivado hace unos meses por el Papa Francisco al nombrarla “venerable”, algo que tradicionalmente suele ser paso previo a la beatificación.

            José Francés (Madrid 1883–Arenys d’Empordà 1964) fue un intelectual madrileño enamorado de Avilés donde pasaba temporadas estivales con su esposa. Aparte de su más que notable actividad cultural en la villa fue el autor, como secretario de Bellas Artes, de la ponencia que sirvió de base para que el Estado español declarase en 1955 a gran parte del casco antiguo de Avilés como Conjunto Histórico–Artístico lo que blindó calles y edificios históricos ante la especulación desmadrada en tiempos de Ensidesa y compañía.

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Fernando Morán López

            Juan Antonio Suanzes (El Ferrol, 1891–Madrid, 1977). Ingeniero naval que fue Ministro de Industria y posteriormente fundador del INI (Instituto Nacional de Industria). Desde ambos cargos fue quien decidió, a mitad del siglo XX, instalar en Avilés una gran factoría siderúrgica (Ensidesa) que causaría la mayor transformación, en todos los órdenes, de la historia de la ciudad.

            Fernando Morán (Avilés, 1926) compaginó la diplomacia con la literatura pero donde alcanzó mayor relieve fue en la política como ministro de Asuntos Exteriores del primer gobierno socialista de Felipe González. Hace poco Jaume Collell escribía en LA VANGUARDIA de Barcelona que «Ahora que Europa se balancea en la incertidumbre conviene recordar al ministro español [Fernando Morán] que en 1985 contribuyó a abrir las puertas para que este país [España] entrara en lo que entonces se conocía como Comunidad Económica Europea». Morán vive actualmente en Madrid.

            Estos son algunos de los personajes hábiles de Avilés y es el momento de recordar las palabras del inolvidable poeta Ángel González  cuando afirma que «la historia de España es como la morcilla de mi pueblo que se hace con sangre y se repite». Por lo que no conviene olvidar que de la misma forma que hubo, y hay, personas hábiles también hubo, y hay, personas viles en Avilés.

            Es condición humana

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Un palacio con mala estrella
Alberto del Río Legazpi 07-05-2017 | 11:24 | 0

Residencia de familias pudientes, centro educativo, cuartel, convento, cine… anuncian que ahora será un asador.

          Juan de Llano Ponte fue un personaje que nació en Avilés (1727) de familia originaria de Soto del Barco, ejerció de obispo en Oviedo y que cuando murió (1805) en Contrueces, barrio de Gijón, las campanas de la catedral tañeron durante dos horas sin descanso, récord fúnebre que es improbable ostente otro avilesino, entre otras cosas porque ninguno más fue obispo de Oviedo. Hubo otros que, nacidos en Avilés, ejercieron de obispos de Ibiza, Santander o Canarias, pero de Oviedo solo Llano–Ponte.

          Fue un prelado fuera de norma para aquella época, por ejemplo tenía amistad con el ilustrado Jovellanos, fue Académico de Historia y un entusiasta colaborador del ‘Diccionario Geográfico–Histórico de Asturias’, proyecto de su amigo Francisco Martínez Marina que no llegó a culminarse. El obispo Llano–Ponte puso a trabajar a muchos párrocos en la recogida de datos sobre sus territorios y coordinó las monografías sobre distintos concejos que desgraciadamente permanecen inéditas en los archivos de la Academia de Historia. Vaya por Dios.

          El obispo venía con mucha frecuencia al palacio familiar de Avilés, un magnífico edificio que los Llano–Ponte habían adquirido en 1774, con permuta del suyo en Sabugo, a los herederos de Rodrigo García Pumarino, quien lo había mandado construir en los inicios del siglo XVIII, a su regreso de Lima (Perú) después de 30 años ausente de España. Detalles pormenorizados sobre el indiano y su casa-palacio están publicados en LA VOZ DE AVILÉS 15 de septiembre de 2013 (episodio ‘Un palacio de novela’) y en la del 12 de abril de 2015 (episodio ‘La película de los cines de Avilés’).

          Quizá la circunstancia de los continuados viajes del obispo a Avilés hizo que aportase dinero para realizar obras en la calle Rivero, donde está plantado el palacio. El historiador David Arias García tiene escrito en su ‘Historia General de Avilés y su concejo’ que «En 1794 ofreció a la villa empedrar la calle de Rivero a sus expensas y construir un trozo de carretera que faltaba a la entrada de la misma calle. Entonces se realizó una importante reforma: la calle de Rivero ‘parecía miserable calleja de un barrio’ y el municipio, contrayendo empréstitos, quitó los so­portales de un lado; de tal modo, entre el obispo señor Ponte y el Ayuntamiento ensancharon y hermosearon el antiquísimo Rivero». Otros noticias nos dicen que el obispo ayudó poniendo dinero pero también exigiendo el ensanche (supresión de una de las dos hileras de soportales) para que pasara sin pesares, en sus ‘ires y venires’, su moderna carroza tirada por caballos. Sabe Dios.

Obispo Llano-Ponte, óleo de autor desconocido propiedad familia Cores Uría.

          Aparte del obispo hubo otro Juan de Llano Ponte, sobrino del prelado, que siendo abogado no ejerció como tal dada la fortuna que heredó de su familia. Si lo hizo como escritor en temas científicos y técnicos que firmaba como ‘Juan de las Carreteras’ por los muchos artículos que publicaba en ‘El Faro de Asturias’ sobre las vías terrestres del Principado. Dicen que a sus escritos periodísticos se debe la carretera de Avilés a Grado. Ya se pueden imaginar que tratándose de Asturias el tema de infraestructuras le pudo haber dado, a ‘Juan de las Carreteras’ para media eternidad de no haberse muerto a los 58 años de edad. Antes de eso había cedido la mayor parte del terreno que ocupaba la extensa huerta de su palacio (de largo llegaba casi hasta la Ría y de ancho hasta la plaza de los Oficios) para el ensanche de la ciudad y así nacerían luego las calles Palacio Valdés, las travesías de Rivero (Pablo Iglesias, Libertad y Las Artes) y la que se llamó, en su honor, Llano–Ponte. Vive Dios que merecido fue.

          El tiempo fue pasando hasta que al casarse otro miembro de la familia, Rodrigo de Llano–Ponte (último inquilino nobiliario) con la marquesa de Ferrera abandona el palacio de Rivero que permanecerá cerrado hasta que en 1928 lo adquiere, con la ayuda del obispado, el sacerdote Cándido Alonso Jorge que lo dedicará a centro de Enseñanza (El Liceo Avilesino) hasta 1936 en que cierra al estallar la Guerra Civil.

          Durante el conflicto y hasta que entraron las tropas de Franco en Avilés la República lo convirtió en Cuartel de Milicias. 

          En la nueva circunstancia política sirvió de convento a las monjas Carmelitas de Oviedo hasta que reconstruyeron su convento en 1945.

Interior del palacio. Foto tomada antes de 1945.

          Ese mismo año lo compra la empresa Prafel (Armando Rodríguez del Valle e Ignacio Menéndez Berjano) que demuele el interior del edificio para convertirlo en salón de cine que llamaron ‘Marta y María’, en homenaje a la novela de Palacio Valdés. Fue una lamentable obra (bien es verdad que antes no había legislación que prohibiera destrozar el patrimonio de tal forma) que solo dejó en pie la fachada del inmueble, algo que Justo Ureña en LA VOZ DE AVILÉS del 21 de enero de 2008, siendo ya Cronista Oficial de Avilés, calificó como «una de tantas atrocidades urbanísticas que reiteradamente nos sorprenden, con las que en aras de intereses económicos, poco a poco van desapareciendo los hitos y señales de nuestro pasado». El cine cerró en septiembre de 2013.

          Visto ha quedado que a lo largo de los años este palacio, uno de los tres vértices (junto con el Ferrera y el Ayuntamiento) del triángulo del monumental Parche, corazón del casco histórico de Avilés, ha sido mansión para todo: residencia de familias pudientes, liceo, cuartel, convento, cine… y ahora se anuncia que un grupo hostelero gallego lo compra para abrir un gran asador.

          De acuerdo en que hay que darle uso, pero este edificio emblemático merecía otra cosa aparte de más atención y respeto por parte de quienes controlan económica y políticamente la ciudad. Las cosas del querer.

          Uno confiesa su perplejidad ante lo del asador pero no olvida que el disparate mayor se cometió en 1945 al destruir las estancias palaciegas (capilla incluida) para instalar 995 butacas, taquilla justamente donde estuvo la capilla, cabina con proyector, gran pantalla, bar en el intermedio y servicios al fondo a la derecha.

          Y así el público de Avilés pudo ver a las estrellas mientras el palacio de Llano–Ponte vio las estrellas.

          Cultura a la plancha.

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