El Comercio
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Un palacio con mala estrella
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Alberto del Río Legazpi | 07-05-2017 | 09:24

Residencia de familias pudientes, centro educativo, cuartel, convento, cine… anuncian que ahora será un asador.

          Juan de Llano Ponte fue un personaje que nació en Avilés (1727) de familia originaria de Soto del Barco, ejerció de obispo en Oviedo y que cuando murió (1805) en Contrueces, barrio de Gijón, las campanas de la catedral tañeron durante dos horas sin descanso, récord fúnebre que es improbable ostente otro avilesino, entre otras cosas porque ninguno más fue obispo de Oviedo. Hubo otros que, nacidos en Avilés, ejercieron de obispos de Ibiza, Santander o Canarias, pero de Oviedo solo Llano–Ponte.

          Fue un prelado fuera de norma para aquella época, por ejemplo tenía amistad con el ilustrado Jovellanos, fue Académico de Historia y un entusiasta colaborador del ‘Diccionario Geográfico–Histórico de Asturias’, proyecto de su amigo Francisco Martínez Marina que no llegó a culminarse. El obispo Llano–Ponte puso a trabajar a muchos párrocos en la recogida de datos sobre sus territorios y coordinó las monografías sobre distintos concejos que desgraciadamente permanecen inéditas en los archivos de la Academia de Historia. Vaya por Dios.

          El obispo venía con mucha frecuencia al palacio familiar de Avilés, un magnífico edificio que los Llano–Ponte habían adquirido en 1774, con permuta del suyo en Sabugo, a los herederos de Rodrigo García Pumarino, quien lo había mandado construir en los inicios del siglo XVIII, a su regreso de Lima (Perú) después de 30 años ausente de España. Detalles pormenorizados sobre el indiano y su casa-palacio están publicados en LA VOZ DE AVILÉS 15 de septiembre de 2013 (episodio ‘Un palacio de novela’) y en la del 12 de abril de 2015 (episodio ‘La película de los cines de Avilés’).

          Quizá la circunstancia de los continuados viajes del obispo a Avilés hizo que aportase dinero para realizar obras en la calle Rivero, donde está plantado el palacio. El historiador David Arias García tiene escrito en su ‘Historia General de Avilés y su concejo’ que «En 1794 ofreció a la villa empedrar la calle de Rivero a sus expensas y construir un trozo de carretera que faltaba a la entrada de la misma calle. Entonces se realizó una importante reforma: la calle de Rivero ‘parecía miserable calleja de un barrio’ y el municipio, contrayendo empréstitos, quitó los so­portales de un lado; de tal modo, entre el obispo señor Ponte y el Ayuntamiento ensancharon y hermosearon el antiquísimo Rivero». Otros noticias nos dicen que el obispo ayudó poniendo dinero pero también exigiendo el ensanche (supresión de una de las dos hileras de soportales) para que pasara sin pesares, en sus ‘ires y venires’, su moderna carroza tirada por caballos. Sabe Dios.

Obispo Llano-Ponte, óleo de autor desconocido propiedad familia Cores Uría.

          Aparte del obispo hubo otro Juan de Llano Ponte, sobrino del prelado, que siendo abogado no ejerció como tal dada la fortuna que heredó de su familia. Si lo hizo como escritor en temas científicos y técnicos que firmaba como ‘Juan de las Carreteras’ por los muchos artículos que publicaba en ‘El Faro de Asturias’ sobre las vías terrestres del Principado. Dicen que a sus escritos periodísticos se debe la carretera de Avilés a Grado. Ya se pueden imaginar que tratándose de Asturias el tema de infraestructuras le pudo haber dado, a ‘Juan de las Carreteras’ para media eternidad de no haberse muerto a los 58 años de edad. Antes de eso había cedido la mayor parte del terreno que ocupaba la extensa huerta de su palacio (de largo llegaba casi hasta la Ría y de ancho hasta la plaza de los Oficios) para el ensanche de la ciudad y así nacerían luego las calles Palacio Valdés, las travesías de Rivero (Pablo Iglesias, Libertad y Las Artes) y la que se llamó, en su honor, Llano–Ponte. Vive Dios que merecido fue.

          El tiempo fue pasando hasta que al casarse otro miembro de la familia, Rodrigo de Llano–Ponte (último inquilino nobiliario) con la marquesa de Ferrera abandona el palacio de Rivero que permanecerá cerrado hasta que en 1928 lo adquiere, con la ayuda del obispado, el sacerdote Cándido Alonso Jorge que lo dedicará a centro de Enseñanza (El Liceo Avilesino) hasta 1936 en que cierra al estallar la Guerra Civil.

          Durante el conflicto y hasta que entraron las tropas de Franco en Avilés la República lo convirtió en Cuartel de Milicias. 

          En la nueva circunstancia política sirvió de convento a las monjas Carmelitas de Oviedo hasta que reconstruyeron su convento en 1945.

Interior del palacio. Foto tomada antes de 1945.

          Ese mismo año lo compra la empresa Prafel (Armando Rodríguez del Valle e Ignacio Menéndez Berjano) que demuele el interior del edificio para convertirlo en salón de cine que llamaron ‘Marta y María’, en homenaje a la novela de Palacio Valdés. Fue una lamentable obra (bien es verdad que antes no había legislación que prohibiera destrozar el patrimonio de tal forma) que solo dejó en pie la fachada del inmueble, algo que Justo Ureña en LA VOZ DE AVILÉS del 21 de enero de 2008, siendo ya Cronista Oficial de Avilés, calificó como «una de tantas atrocidades urbanísticas que reiteradamente nos sorprenden, con las que en aras de intereses económicos, poco a poco van desapareciendo los hitos y señales de nuestro pasado». El cine cerró en septiembre de 2013.

          Visto ha quedado que a lo largo de los años este palacio, uno de los tres vértices (junto con el Ferrera y el Ayuntamiento) del triángulo del monumental Parche, corazón del casco histórico de Avilés, ha sido mansión para todo: residencia de familias pudientes, liceo, cuartel, convento, cine… y ahora se anuncia que un grupo hostelero gallego lo compra para abrir un gran asador.

          De acuerdo en que hay que darle uso, pero este edificio emblemático merecía otra cosa aparte de más atención y respeto por parte de quienes controlan económica y políticamente la ciudad. Las cosas del querer.

          Uno confiesa su perplejidad ante lo del asador pero no olvida que el disparate mayor se cometió en 1945 al destruir las estancias palaciegas (capilla incluida) para instalar 995 butacas, taquilla justamente donde estuvo la capilla, cabina con proyector, gran pantalla, bar en el intermedio y servicios al fondo a la derecha.

          Y así el público de Avilés pudo ver a las estrellas mientras el palacio de Llano–Ponte vio las estrellas.

          Cultura a la plancha.

Espacio dedicado a aspectos históricos, biográficos, costumbristas y artísticos, fundamentalmente de Avilés y su comarca actual, así como a territorios que, a lo largo de los siglos, le fueron afines. Tampoco se excluyen otras zonas del planeta