El Comercio
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Telefónica historia
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Alberto del Río Legazpi | 11-06-2017 | 09:59

(Historia del teléfono en Avilés incluido el móvil que todo lo movilizó).

            La calle de San Bernardo se convirtió a finales del siglo XIX en sede de buena parte de las maravillas tecnológicas que por entonces modernizaron Avilés. Por ejemplo, allí tuvo lugar en el verano de 1896 la primera sesión cinematográfica, aquel embrollo de imágenes en movimiento que daba miedo de ver porque se te venían encima. Pero antes –en 1890– ya había llegado el teléfono, aparato milagroso que permitía a una persona escuchar a otra situada a kilómetros de distancia, algo que parecía sacado de un libro de Julio Verne. 

Primera central telefónica, 1924. Calle La Muralla.

Primera central telefónica, 1924. Calle La Muralla.

            Llegó a Avilés de la mano de la Sociedad Industrial Asturiana que dirigía el ingeniero José Tartiere Lenegre uno de los patriarcas de la modernización de Asturias.

            El servicio telefónico que comprendía la red Oviedo–Gijón–Avilés comenzó a plantar postes y tender cables y la cosa fue progresando hasta el 2 de enero de 1911, fecha en la que Avilés pasó de la comunicación local a la provincial.

            En 1915 la compañía de Tartiere traspasó el negocio, que avanzaba con dificultades, a una sociedad formada por los industriales locales Juan Oria (propietario de la fábrica Harinas El Aguila que se alzaba, y allí sigue, en El Arbolón) y David García Somines (del célebre y celebrado Teatro–Circo).

            Poco tiempo después la Interurbana de Teléfonos de España se hizo cargo del tinglado telefónico avilesino y comenzó una campaña comercial más efectiva abriendo unas modernas oficinas en el número 6 de la calle Marqués de Teverga, hoy La Muralla.

            Pero cuando comenzó a notarse la expansión telefónica, muy dificultosa por su alto coste (150 pesetas por teléfono cuando el salario medio de un peón era de 1,50), fue en 1924 al crearse la Compañía Telefónica Nacional de España en Avilés engulló a la Interurbana y potenció los servicios telefónicos que comenzaron a extenderse a industrias, negocios y profesiones liberales.

            Hay que decir que el teléfono trajo consigo la singularidad de que las centrales, que comunicaban a los abonados entre sí, estuvieran atendidas por mujeres siguiendo el ejemplo norteamericano, país donde comenzó a funcionar en 1876 aquel invento del emigrante italiano Antonio Meucci y no del emigrante escocés Graham Bell.

            En 1925 los abonados a la Red Telefónica Urbana de Avilés era de 260 encabezada (con el teléfono número 1) por el comerciante Victoriano Fernández Balsera y sin embargo «El señor marqués de Ferrera» (sic) tiene el número 33, otra señal más de que la rancia nobleza había capotado ante industriales de nuevo cuño que les comieron la tostada. El listín telefónico de 1925 es todo un mapa sociológico del Avilés de entonces.

Segunda central, 1953. Calle Dr. Graiño.

Segunda central, 1953. Calle Dr. Graiño.

            A principios de 1950 el número de abonados alcanzaba los 500, atendidos por veinticinco operarias, a cuyo frente estaban Alvarina Muñiz García y Ángeles González Sánchez. Los abonados tenían que llamar, a golpe de manivela, a la centralita para que las telefonistas (que trabajaban en régimen de turnos) les comunicaran con el número deseado. El resto de la población tenía que, si quería comunicarse telefónicamente con alguien, acercarse a la central de la calle Marqués de Teverga y solicitar conferencia. Podían pasar horas, e incluso días, de espera.

            Pero en aquella década de los cincuenta el servicio telefónico de Avilés ‘sufrió’ un gran tirón con la llegada de miles de personas al rebufo del aluminio de Endasa, el vidrio de Cristalería y el acero de Ensidesa, empresa que llegó a crear su propia central telefónica, un original edificio felizmente rescatado hace poco de la piqueta merced a una valiosa iniciativa de asociaciones vecinales de Llaranes.

            La llegada de los gigantes metalúrgicos y los avances tecnológicos que supuso el automatismo en las comunicaciones telefónicas requerían la construcción de un edificio ex profeso. El alcalde avilesino Román Suárez–Puerta ofreció, el 12 de julio de 1950, parte del solar recién adquirido por el Ayuntamiento del antiguo palacio de Suárez Inclán (hoy parcialmente ocupado por instalaciones de Cruz Roja y Correos) en la calle de La Ferrería. Pero 142,5 metros cuadrados eran una anécdota solariega, así que la Telefónica maniobró y consiguió que el Ayuntamiento pagase un solar, propiedad de José María Maqua, en la calle Dr. Graiño donde levantó un edificio de tres pisos inaugurado el 11 de julio de 1953.

            La técnica se agiliza, desaparece la telefonista ya que el usuario puede marcar directamente el número deseado desde nuevos aparatos con disco giratorio cuya instalación abarató notablemente el precio generalizando su uso. A finales de siglo XX eran 31.000 el número de líneas telefónicas de Avilés, cifra que da cuenta del crecimiento espectacular de los aparatos fijos o sea los teléfonos inmóviles.  22-telefono-img_7022-jpg-tris

            Pero en el siglo XXI entró en avalancha –aquí y en todo el planeta– ‘el móvil’, teléfono celular sin hilos, con múltiples funciones, venta libre, pequeño tamaño (lo abarca la palma de la mano) que acabó con la telefonía tradicional y está transformando usos y costumbres. Algunos dicen que es una parte más del cuerpo humano.

          Se espera que en 2020 haya en el planeta más personas con un teléfono móvil que con agua corriente o electricidad. Un mundo donde España es el país con más móviles por habitante (lo poseen un 96% de ciudadanos), le siguen Jordania e Israel (95%), China (93%) y Estados Unidos (85%). Estos aparatos arrasan, hasta Leonard Cohen canta que «He perdido un teléfono con tu olor en él» y yo le añado al maravilloso poeta canadiense que además los números que él no guardó en la memoria de la tarjeta SIM se perderán para siempre como lágrimas en la lluvia. Aunque hay quien mantiene que si tu móvil se moja hay que meterlo en un recipiente lleno de arroz, porque de noche el arroz atraerá a los chinos y ellos te lo arreglarán.

            Una amiga de Santiago del Monte define a la naturaleza salvaje como aquel sitio donde el móvil tenga menos de dos barras de cobertura. Y un amigo del Carbayedo cree que los móviles terminarán por hacer a los hombres mear sentados y sabe Dios qué cosas más. Al respecto tengo leído que en algunas iglesias italianas, a la entrada, cuelga un cartel que dice que «El Señor se comunica con vosotros de muchas formas pero seguramente no os llamará nunca al móvil, así que apágalo». Tal vez pronto tengan que cambiar el texto del aviso o descolgar el cartel.

            Porque el del teléfono móvil es un proceso que no cesa, como la crisis del Real Avilés, aunque éste se está quedando sin cobertura.

Espacio dedicado a aspectos históricos, biográficos, costumbristas y artísticos, fundamentalmente de Avilés y su comarca actual, así como a territorios que, a lo largo de los siglos, le fueron afines. Tampoco se excluyen otras zonas del planeta