El Comercio
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Quevedo, Cronista Oficial de Avilés
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Alberto del Río Legazpi | 23-07-2017 | 10:30

            Puede leerse, en alguna de las muchas antologías de literatura española, aquel trueno de verso que dejó escrito Francisco de Quevedo para decirle al mundo que «Parióme adrede mi madre, / ¡ojalá no me pariera!, / aunque estaba cuando me hizo, / de gorja naturaleza. / Dos maravedís de luna/ alumbraban a la tierra, /que por ser yo el que nacía, o quiso que un cuarto fuera. / Nací tarde, porque el sol/ tuvo de verme vergüenza, / en una noche templada/ entre clara y entre yema (…)».
            También puede leerse en LA VOZ DE AVILÉS del  17 de agosto de 1927 una humorística semblanza sobre un Quevedo avilesino que dice: «Cual Francisco de Quevedo, es poeta y humorista / que domina guapamente el castellano / y supera en donosura de bablista / al Quevedo, su pariente más cercano. / Quien le vea con bufanda no se asombre / pues el vate es de tal modo friolero / que en el mes señalado en su nombre / estornuda de igual suerte que en enero. / Pasa el día entero escribe que te escribe / ya coplas o ya números con verdadero afán. / Tiene las gafas gordas y el habla delgadina, / nunca queda fartuco de estivas romerías / y siempre saca en verso alguna rapacina (…)».22-quevedo-sentado-en-un-prao

            Y si una de las figuras más importantes de la literatura española como era Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Cevallos (Madrid, 1580–Villanueva de los Infantes, 1645) mudó su nombre a Francisco de Quevedo, a secas, también Julio García Fernández–Quevedo (Madrid 1877–Avilés, 1957) quedó en Julio García Quevedo y más tarde adelgazó a Julio G. Quevedo hasta dar en Y***, que tal parece la raspa de un pescado, pero que es pseudónimo con el que firmó muchos de sus escritos.

            Julio fue uno de los hijos del matrimonio formado por María Fernández–Quevedo González –Llanos y el médico Julio García Zabala, residentes en Madrid y que al poco de su nacimiento se trasladó a vivir a Avilés. Por cierto, no quiero que se me escape, que Paquita hija también de este matrimonio, y por tanto hermana de Julio, sería años después ‘pretendida’ por Leopoldo Alas. Y dicen, quienes de ello saben, que faltó el canto de un duro para que ‘Clarín’ cambiara Avilés por Vetusta.

            Estudió, Julio, primero en el Colegio de La Merced y luego en la Escuela de Comercio para optar a un puesto en la Compañía Arrendataria de Tabacos. A punto de hacerse con él, en 1896, le ofrecieron un trabajo –que acepta sin dudar pues significaba quedarse en Avilés– en la administración del Sindicato Minero, organismo adjunto al puerto de Avilés, fundado y dirigido por Carlos Larrañaga, que tenía sus oficinas en San Juan de Nieva y que más tarde se integraría en la Junta de Obras del Puerto (actual Autoridad Portuaria) donde trabajaría García Quevedo más de medio siglo. Al jubilarse lo hizo, según tiene escrito Venancio Ovies, como Comisario de Muelles.

Calle Rivero.

Calle Rivero.

            Esa fue la vida laboral de este escritor, que se casó en 1906 con Higinia  Suárez–Puerta Rodríguez –matrimonio que no tuvo descendencia– y que vivió en la calle Rivero.

            Lo literario fue algo que, a Julio, le inculcaron desde niño dos personas cercanas como  Bonifacio de las Alas Sabugo, más conocido como ‘Carbayedos’, pero sobre todo su tío José Fernández–Quevedo (Ferroñes, 1850–Oviedo, 1911) que tal era el nombre oficial del celebrado poeta Pepín Quevedo quien aparte de haber sido un histórico Secretario General de la Universidad de Oviedo es uno de los más destacados poetas en asturiano, hasta el punto de que el mismísimo Rubén Darío –que chifló con el bable cuando Pérez de Ayala lo convenció para que viniera a veranear a la desembocadura del Nalón– señala a Pepín como «el aedo (cantor épico) del humorismo y gracia de la poesía asturiana».

            Con tales enseñantes Julio G. Quevedo comenzó escribiendo de niño y ya no paró. A lo largo de su vida utilizó, generalmente, el bable para tratar temas humorísticos y festivos; para sus trabajos en prosa, manejó el castellano.

            No tiene publicado ningún libro. Su obra está dispersa y hay que buscarla en revistas y periódicos, fundamentalmente en LA VOZ DE AVILÉS donde tuvo varias secciones fijas entre las que destacan ‘Dominguerías’ en las que resumía la semana o ‘Quisicosas’ donde ejercía una crítica de espectáculos incluida la cinematográfica, entonces naciente como ese mismo arte, donde encontramos a un escritor muy suelto y desenfadado.22-quevedo-foto-clasica-menos-clara

            Una muestra de su estilo mordaz está, por ejemplo, en un poema leído durante un homenaje a su amigo Marcos del Torniello: «Un poeta ye un babayo, un pelegrin sin cascares que tien el corazón como mantega, que non puede ver llastimes, que cuando sal la luna, y les  estrelles sobre el negro del cielo hechen guella­des, olvidase de todo, de la muyer, los fios y los padres enfilando n’el auto cuatro copies mientres que pierde por manguán les fabes».

            El 6 de agosto de 1943 el Ayuntamiento nombra, a propuesta de  Junta de Monumentos Históricos y Artísticos de Oviedo, a Julio García de Quevedo (sic) Cronista Oficial de Avilés. Antes de producirse la votación para el nombramiento se ausentó (está reflejado en el acta) el alcalde Román Suarez–Puerta Rodríguez –cuñado del escritor (esto lo reflejo yo)– reintegrándose nuevamente al salón de plenos cuando terminó de debatirse este asunto.

            Julio G. Quevedo pasó a ocupar tal cargo honorífico vacante desde la muerte, el 4 de noviembre de 1942, del primer cronista oficial que tuvo Avilés y que fue el sacerdote José Fernández, cuyo nombre lleva una tan céntrica, como mínima en longitud, calle de Avilés que une las de Pedregal y López–Ocaña (termino antes diciendo que es la calle donde está, entre otros negocios, el ‘My Friend’ una de las cafeterías más frecuentadas de Avilés). Volviendo a García Quevedo decir que conservó el título de Cronista hasta su muerte ocurrida el 30 de enero de 1957 y desde tal fecha volvió a permanecer vacante dicho título hasta el 21 de marzo de 1991 en el que fue nombrado Justo Ureña para ocuparlo.

            Así que «Lector: si no tienes una pena muy grande sobre el corazón, que te impida hacerlo, manipula con la alegría (…) Hora que marcha no vuelve, aprovéchalas. Fíjate como los carniceros están gordos y rollizos. Estudia el porqué (…) Goza honestamente de la vida; a su fin tanto han de darte por haber reído como por haber llorado».

            Tales cosas quevedescas dejó escritas Julio García Fernández–Quevedo.22-quevedo-la-voz-de-aviles-bis

Espacio dedicado a aspectos históricos, biográficos, costumbristas y artísticos, fundamentalmente de Avilés y su comarca actual, así como a territorios que, a lo largo de los siglos, le fueron afines. Tampoco se excluyen otras zonas del planeta