El Comercio
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Anita Arias que fue Ana de Valle
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Alberto del Río Legazpi | 27-08-2017 | 09:16

(Es una de las mujeres más honradas por homenajes y recuerdos de la historia de Avilés).

      Fue al bueno de Eugenio Bueno, poeta y maestro de profesión, a quien debo los primeros detalles, complementados luego por los escritos de Marian Suárez y José Manuel Feito, sobre la niña nacida en el agosto de 1900 y cuyo nombre en la partida de bautismo de San Nicolás de Bari ha quedado registrado como Anita (sic) Casilda Arias Iglesias pero a quien todo el mundo conoce hoy como Ana de Valle.

Ana de Valle (1900-1983)

Ana de Valle (1900-1983)

      Era una de los tres hijos (los otros fueron Celestino y Nieves) del matrimonio formado por Francisco Arias, afilador y jornalero,  y María Iglesias, maestra de Sabugo.

      Anita vive infancia y juventud en Avilés y se casa en julio de 1921 con Eladio García Valle, del que adoptaría más tarde el segundo apellido para uso literario (Ana de Valle) y con quien compartiría también labores artesanales en su taller de encuadernación de la plaza de Álvarez Acebal, contiguo al primer arco de Galiana, donde hoy se puede ver una lápida que recuerda a la poeta.

      Publicó sus primeros poemas en el diario LA VOZ DE AVILÉS en 1924, colaborando después en distintas revistas y publicaciones hasta que en 1932 ve la luz su primer libro ‘Pájaro Azul’.

      Hace deporte (velocidad y salto) en la Asociación Atlética Avilesina y también ingresa en el PSOE donde desarrolla una intensa actividad en pro de la emancipación de la mujer, pero no deja de seguir publicando poesía en distintos medios, hasta que en octubre de 1937, próximas a entrar en la ciudad las tropas de Franco, Anita Arias (Ana de Valle como firmaba sus trabajos poéticos) sale de Avilés (su marido estaba en el frente combatiendo en el bando republicano) con sus padres y sus tres hijas (Ana María, Margarita y Rosario) con destino a Barcelona. Será el inicio hacia el exilio.

Algunos componentes del grupo poético ‘Jueves Literarios’. En la primera fila, Eugenio Bueno, María Dolores Fernández, Marian Suárez, Ana de Valle, María Eugenia Hernández, Herme G. Donis y Jose Manuel Feito. Detrás en segunda fila, José María Chamorro y Enrique Santos.

Algunos componentes del grupo poético ‘Jueves Literarios’. En la primera fila, Eugenio Bueno, María Dolores Fernández, Marian Suárez, Ana de Valle, María Eugenia Hernández, Herme G. Donis y Jose Manuel Feito. Detrás en segunda fila, José María Chamorro y Enrique Santos.

      Es en la capital catalana donde el estallido de un bombardeo sobre la ciudad dispersará por años a la familia. Fue algo terrible. A Ana y a su padre las explosiones los pilló mientras guardaban cola para retirar alimentos, el padre resulta herido y Anita lo acompaña al hospital donde nada pueden hacer por él los médicos. Al regresar al domicilio familiar lo encuentra vacío pues su madre y sus hijas, ante la tardanza de Ana y temiéndose lo peor, huyen hacia Francia como miles de personas en la estampida originada por el citado bombardeo y la aproximación de las tropas de Franco. Ana, en solitario, se ve obligada también a cruzar la frontera, hay que suponer que en un lamentable estado de ánimo. Mientras, su marido Eladio, ignorante de todos estos hechos regresaba a Avilés poco después de finalizada la contienda civil.

      Estalla la segunda Guerra Mundial y Francia es invadida por los nazis. Anita Arias, que no sale de una para entrar en otra, pasará trece años en el exilio, primero en Narbona y luego en Gierp, pequeño pueblo minero, ganándose la vida en un taller de costura. A sus hijas, después de una agotadora búsqueda las acaba encontrando acogidas por un matrimonio belga y otro francés. Tiene que esperar hasta 1952 para volver a Avilés ella sola –pues con el tiempo sus hijas echarán raíces en Francia, dos de ellas y en Bélgica la otra– y rehacer su vida junto a su marido.

Dos hijas, en el centro, de la poeta invitadas a la celebración del centenario de su madre en 2000. Al fondo el domicilio de Ana de Valle.

Dos hijas, en el centro, de la poeta invitadas a la celebración del centenario de su madre en 2000. Al fondo el que fue domicilio de Ana de Valle y el taller de encuadernación.

      Esta mujer fue una gran persona de esas que agradeces conocer y de la que guardas memoria. Comprometida políticamente en tiempos difíciles se enfrentó a ellos con trabajo, sencillez, fortaleza y por supuesto con poesía, que no es poco. Recuerdo su particular Padrenuestro: «Hoy te diría, Señor, / Padre nuestro que estás/ entre todos/ ¡tan cercano y tan lejano!/ líbranos un poco de nosotros/ mismos/ y de los otros también, / por los siglos de los siglos/ amén».

      Pero lo admirable de ella fue ese caminar con delicada sencillez por la vida, donde quienes la conocieron nunca la oyeron hablar con rencor en lo que se refiere al drama personal que llevó a cuestas, ni tampoco mostrar odio o resentimiento en tiempos feroces; le tengo leído a José Luis García Martín que «fue una escritora a la que el miedo no dejó crecer».

      Ana de Valle está en ‘stand by’ vital, a la espera, buscándose, como confiesa en un poema escrito a los 80 años: «Traspasada estoy/ por un puñal certero/ y todavía me espero… Qué importa el tiempo/ si cada día que pasa/ hay más luz dentro».

      Volvería a la burbuja familiar, a Bélgica, con una de sus hijas, donde fallecería en 1983. Su marido Eladio había muerto, en 1975, durante unas vacaciones en Llanes.

Desde la izquierda: Luis Antonio de Villena, Ana de Valle y Enrique Molina Campos.

Desde la izquierda: Luis Antonio de Villena, Ana de Valle y Enrique Molina Campos.

      Ana de Valle tiene dedicada una calle en Avilés, una placa en la casa donde vivió, un premio nacional de poesía que lleva su nombre y muchos homenajes. Su obra literaria es episodio aparte, como también aparte fue esta mujer de espíritu juvenil y tacón alto, de tan menuda apariencia física como mayúscula categoría humana.

      Soy del tamaño de lo que veo y no del tamaño de mi estatura, decía el gran Fernando Pessoa. Como anillo al dedo le queda eso a Ana de Valle.

 

 

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Espacio dedicado a aspectos históricos, biográficos, costumbristas y artísticos, fundamentalmente de Avilés y su comarca actual, así como a territorios que, a lo largo de los siglos, le fueron afines. Tampoco se excluyen otras zonas del planeta