El Comercio
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Siempre nos quedará el Germán
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Alberto del Río Legazpi | 19-11-2017 | 10:35

          La moda no se vota sino que bota y rebota a capricho de diseñadores y tendencias. Excepto en casos como el de la hostelería y en concreto de las llamadas zonas húmedas o sitios de copas, donde vota el capricho de los consumidores.

            Por ejemplo en Avilés, y en las décadas de los 60 y 70 del pasado siglo, tuvo fama –que se extendió a toda Asturias– el barrio de Sabugo. Pasados los años decayó allí la juerga ya que a la marea le dio por subir por Galiana donde anduvo dos lustros para bajar más tarde a La Ferrería y Rivero, estabilizándose en los últimos tiempos en las zonas citadas aunque parece que superadas por El Carbayedo y un renacido Sabugo. Y aquí, en el antiguo barrio de pescadores, y como cafetería–restaurante el local decano es el Germán.22-german-pagina-lva

            En LA VOZ DE AVILÉS de hace cerca de cien años solía venir insertado, con frecuencia y en lugar destacado, un anuncio donde se podía leer, sin puntos pero con comas, que «En el sitio más céntrico y pintoresco de Avilés, frente a la ría, con precio­sas vistas al Parque del Muelle, y a la entrada de la población, próximo a la estación del ferrocarril del Norte y a la parada de los tranvías de Villa-Ale­gre a San Juan de Nieva y Arnao, se halla este moderno y elegante Restaurant ‘Bar Astur’, el mejor de la villa». Era un local regentado por Antonio Menéndez, más conocido como El Molinero hasta que, en 1935, fue adquirido por Germán Blanco Arias. 

          Germán que era hombre de sobrada experiencia como empleado en el mundo hostelero y hotelero avilesino (Café Imperial y Gran Hotel, por ejemplo) se puso detrás de la barra y sacó adelante el negocio con la ayuda de su esposa Antonia Varela y algunos de los siete hijos del matrimonio. El hombre fallecería, en 1953, haciéndose cargo su familia del tinglado hostelero reformándolo y cambiándole el nombre que todavía llevaba de Bar Astur por el de Germán que con el tiempo alcanzaría fama en la ciudad.

          Ese tiempo llegó en 1962 cuando Mario, uno de los hijos de Germán, se hace cargo del negocio y comienzan las reformas que convierten el interior del local en la cafetería de moda de Avilés, algo que duró muchos años.

          Al mediodía era sitio, los domingos hasta los topes, de vermuts (acompañados de gambas a la gabardina y sicilianos) de gente joven, parte de la cual transitaba de arriba abajo y de abajo arriba –era la moda, oiga– por el paseo central y sobre todo la acera del vecino parque del Muelle.

Por la derecha, Mari Rubio (esposa de Mario), Germán Blanco hermano de Mario, que aparece de pié entre dos amigos.

Por la derecha, Mari Rubio (esposa de Mario), Germán Blanco hermano de Mario, que aparece de pié entre dos amigos.

          El dinamismo que le dio Mario al Germán también lo convierte en lugar de tertulias de las que salieron iniciativas que enriquecieron socialmente la ciudad.

          Por ejemplo, Román López Villasana cuenta como en su tertulia Pepe Ventura, un amigo suyo, hablaba mucho y bien de las cualidades de un nuevo deporte llamado balonmano. Román se animó y con la bendición de Toso Muñiz (presidente de la Atlética Avilesina) creó la sección de  balonmano un deporte hoy muy popular en la ciudad.

          Igualmente Villasana nos tiene contado que fue en el Germán, donde reunido con el periodista de la COPE José María Alonso ‘Chemari’ y Abelardo González bautizaron, después de darle muchas vueltas, a un grupo folklórico que habían fundado anteriormente como Sabugo ¡Tente Firme! que desde entonces ha venido creciendo hasta convertirse en Fundación.

          En 1970 Mario Blanco da el siguiente paso –con el local ya como referente de modernidad en su diseño interior– convirtiéndolo en restaurante que ofrece no solo calidad gastronómica sino gracia para ofertarla. El solomillo del Germán ‘era mantequilla por encima del bien y del mal y sustento de las paredes que vemos’ o la ensaladilla rusa ‘auténtica, del Kremlin de los buenos tiempos’… Por entonces se incorporó (en 1972) al negocio su hijo Germán (no podía llamarse de otra forma), que aprendió de Mario todas estas maravillas, aparte de popularizar combinados como el gin fizz o el bloody mary.

          En 1992 tras el fallecimiento de Mario es su hijo Germán, excelente profesional, quien se hace cargo de esta cafetería ejemplo de equilibrio entre tradición y modernidad que ahí sigue –un lugar con vistas al puerto, hoy al Centro Niemeyer y siempre al parque del Muelle– después de haberla fundado su abuelo Germán y entre medias de ambos Mario, hijo de uno y padre del otro, quien era capaz de ponerle una vela al diablo con tal de que siguiera habiendo luz.

          Por tanto Ana, en este local donde viven o duermen tantos recuerdos de tantas generaciones, con luz o a oscuras, hazte cuenta de que –como diría Rick en ‘Casablanca’– siempre nos quedará el Germán.

A la izquierda Mario Blanco. A la derecha, su hijo Germán Blanco. En el centro Claudio Celard, yerno de Mario y cuñado de Germán.

A la izquierda Mario Blanco. A la derecha, su hijo Germán Blanco. En el centro Claudio Celard, yerno de Mario y cuñado de Germán.

Espacio dedicado a aspectos históricos, biográficos, costumbristas y artísticos, fundamentalmente de Avilés y su comarca actual, así como a territorios que, a lo largo de los siglos, le fueron afines. Tampoco se excluyen otras zonas del planeta