El Comercio
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Aquel Avilés con muralla de piedra, que duró siglos
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Alberto del Río Legazpi | 25-11-2017 | 22:09

            Nos enseñaron desde niños que Avilés –en su salada y afilada historia– vivió cientos de años protegida por murallas que la resguardaban de peligros sin cuento, que le venían por tierra y mar.

             Por entonces –tiempos medievales– tenía una población  relativamente próspera y generalmente privilegiada por un Fuero concedido por los reyes, que protegía a sus habitantes del abuso que ejercía la asilvestrada nobleza (este término tómenlo en el sentido ortográfico) sobre los asturianos.

            La villa avilesina jugaba un papel vital dentro del negocio marítimo internacional, gracias a su puerto, situado al fondo de la Ría y por tanto seguro cobijo para las naves que, por entonces, eran bastante enclenques para soportar vendavales incluso amarradas en puerto.

            Los efectos comerciales de Avilés viajaban hasta la próxima villa de Oviedo, y de allí se extendían por ciudades castellanas. Y viceversa.muralla-aviles-siglo-xv-javier-marinas-alberto-del-rio

            La muralla tenía un perímetro de forma oval de, aproximadamente, 800 metros de longitud, cercando un territorio de unos 47.000 m.2, atravesado por cuatro calles. Su superficie venía a ser como la mitad del actual parque Ferrera.

            La cerca no tiene partida de bautismo (se calcula que fue levantada entre los siglos IX y XI), aunque sí de defunción ocurrida en 1823 al finalizar su demolición a golpe de pico, con nocturnidad histórica y alevosía legal. Los sacamantecas financieros avilesinos, de la época, se pusieron las botas.

            Pero esto del pelotazo decimonónico y aquello de la vida en el cercado, son episodio aparte. 

            Hoy solo diré que la muralla tenía cinco puertas, inicio o final de calles, como se puede ver en el dibujo de Javier Marinas, que es una recreación –elemental– en torno a los siglo XIV / XV.

            La actual calle de La Ferrería (entre 1 y 4) era la más importante y estaba divida en dos tramos. El que va (del 1 al 6) desde la puerta del Alcázar (fortaleza militar de la villa) hasta la casa de Valdecarzana, era conocido como calle Principal o de la Ferrería. Y el segundo (desde el 6 al 4) calle Mayor o de San Nicolás. La actual plaza de Carlos Lobo, llevaba el nombre de San Nicolás.

            La Fruta también tenía dos tramos: Desde la puerta de la muralla, conocida como de Cima de Villa (2) o Cimadevilla y también del Reloj, la calle llevaba el primero de los nombres, hasta su entronque con la –hoy– calle El Sol. Enlace donde también domiciliaba el poder civil (Casa del Concejo, o sea: Ayuntamiento). A partir de aquí, y hasta el final, La Fruta, era conocida como calle Oscura por la acusada estrechez de la misma.

            Ambas calles principales estaban unidas por la del Sol, entonces con nombres cambiantes como: calle del Azogue o de la Pescadería, debido a su ‘especialización’ en el comercio de pescado.

            La de San Bernardo iba de la puerta 3 (de La Cámara o del Postigo) a la 5 (puerta del Puente), contigua a los alfolíes de la sal. Era el tránsito oficial, por la villa amurallada, del Camino Real que venía del interior asturiano e iba hacia Gozón. Era la calle más larga, pero la menos poblada, hasta que se instaló en ella el convento de San Bernardo.

            La muralla, en su perímetro interior tenía un camino llamado de Ronda, que circunvalaba toda la cerca.

            El cementerio estaba al lado de la iglesia de San Nicolás de Bari (7) y de la capilla de Las Alas.

            Al puerto de Avilés, el más importante del norte peninsular allá por el siglo XIV, se accedía, al final de La Ferrería, por la puerta de La Mar (4).

            Luego –separado por el agua y unido por un puente– estaba el pueblo de Sabugo con su alcalde de mar, su población pescadora, su iglesia (8) y sus astilleros.

            Como la población iba en aumento, surgieron arrabales como la plaza de Fuera de la Villa (hoy plaza de España), La Galiana y El Ribero, que más adelante –en el siglo XVII– se urbanizarían.

            Después de aquella muralla secular nos llegó, en los inicios de este siglo XXI, una muralla electrónica que protege al casco histórico del tráfago del tráfico y cuyas almenas se llaman bolardos. El mismo equipo con diferentes camisetas.

(Edición corregida del episodio publicado en el diario La Voz de Avilés de 17 de junio de 2012)

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Espacio dedicado a aspectos históricos, biográficos, costumbristas y artísticos, fundamentalmente de Avilés y su comarca actual, así como a territorios que, a lo largo de los siglos, le fueron afines. Tampoco se excluyen otras zonas del planeta