El Comercio
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Fecha: diciembre, 2017
El pasmoso caso del ‘barroco boticario’ de Avilés
Alberto del Río Legazpi 31-12-2017 | 12:12 | 0

A lado de palacios y calles del siglo XVII surgieron empresas medicamentosas.

             Fue el siglo de los Shakespeare, Galileo, Newton, Cervantes, Velázquez y Rembrandt. Fue cuando las potencias europeas –que esquilmaban a la recién ‘encontrada’ América– dieron, también en descubrir Australia. Los chollos no paraban.

            John Napier introducía los logaritmos en las matemáticas o se llevaba a cabo la primera transfusión de sangre. Y en la India construían el Taj Mahal.

            Era el siglo XVII.botica-la-camaraimagen1

           Por entonces, la villa avilesina –como Asturias– sufría una profunda crisis económica, hambruna incluida. Pero como siempre hay sitio para la paradoja, resulta que la población se salió de las murallas y comenzó una histórica transformación urbana, con el arte barroco como línea maestra constructiva.

            Uno detrás de otro se levantaron los palacios del marqués Ferrera, el municipal, y el del indiano gozoniego –enriquecido en Perú– García Pumarino. Y cosidos, entre ellos, por soportales, surgió una plaza monumental (un ‘Parche’, artístico donde los haya) de la que parten dos asombrosas calles (Rivero y Galiana) también de traza barroca.

            Ha de saberse, que en Avilés, el comercio –por lo general– no se diversifica, si no todo lo contrario. Hay rúas en los que se amontonan los gremios. Cosa chocante, que viene de antiguo, aparentemente reñida con la moderna lógica productiva. El mayor ejemplo está en su calle mayor (La Cámara) abarrotada de ópticas. Episodio aparte, que da que pensar.botica-rivero-imagen3

            Pero lo comercial trasciende a lo artístico, cobrando dimensiones monumentales cuando se observa que en los cuatro principales palacios de la Villa (Ayuntamiento, Ferrera, García Pumarino y Camposagrado) tienen en vecindad inmediata una (por lo menos) farmacia o botica, cuando no un centro médico. O que en calles barrocas, caso de Rivero, haya también, curiosas señas artístico-medicinales.

            Este hecho, impar y alambicado, nos lleva a afirmar que el ‘barroco boticario’ o ‘farmacéutico’ avilesino es único en Europa, constituyendo una variedad artística misteriosa y –ciertamente– extravagante.

            Escribe Guillermo Díaz–Plaja que ‘el barroco es una técnica y un estado de espíritu’. Pues en Avilés quisiera verlo yo explicando el curioso fenómeno de que en un espacio tan raquítico como plaza de España y calle de La Fruta (en el que apenas cabrían dos campos de fútbol) haya cuatro palacios del siglo XVII y cumpliendo todos ellos funciones sociales: gobierno local (el municipal), hotel de cinco estrellas (Ferrera), escuela de arte (Camposagrado) y sala cinematográfica (García Pumarino o de Llano Ponte).

            Rafael Alberti decía que ‘el barroco es la profundidad hacia fuera’. Tal  exuberancia verbal del poeta andaluz me sirve de muleta para explicar que dichas mansiones palaciegas tienen farmacia o botica, o centros médicos (presentes o pasados) en sus aledaños. El barroco avilesino o prodiga medicina o tiene magnetismo medicamentoso. Es cuestión de fijarse y contar.

            Dos de ellos (Ferrera y García Pumarino) tienen ubicada botica a su vera. O casi.

            En el palacio municipal o ayuntamiento son dos las farmacias (De la Flor y Llorente). Cosa razonable, ya que en tal edificio gubernativo circula mucho personal que necesita acompañarse de calmantes, aspirinas y astringentes, por aquello de no salir descompuestos de la mansión oficial.botica-la-fruta-imagen2

            Y donde ya la cosa alcanza el máximo nivel es en el palacio de Camposagrado, la joya de la corona del casco histórico. Con una farmacia en las inmediaciones, en la calle de la Fruta, y otra –que tampoco le pierde ojo– en retaguardia (plaza de Pedro Menéndez), tiene a su costado derecho una clínica médica privada. No me digan.

            Si a esto unimos que la calle Rivero (donde durante siglos estuvo el Hospital de Peregrinos) comienza casi –en su margen derecho– con una farmacia y que termina, en su margen izquierdo con otra, pues la cosa da que pensar.

            De lo anterior hay que deducir que estamos hablando de que el 30% de las farmacias del centro urbano de Avilés, (sobre un total de veinte) complementan (o custodian o protegen) los monumentos del arte barroco de Avilés. Y que de dichos porcentaje la titularidad recae, por abrumadora mayoría, en féminas. Lo que se hace constar a los efectos oportunos.

            Botica y barroco. Arte y medicina. Original conjunción física y química, de piedra noble y herbolario medicinal, que destruye la teoría expuesta por el escritor argentino Jorge Luís Borges, que mantenía que ‘el barroco es condenable por razones éticas’. Supongo que, de vivir ahora, al de Avilés lo aprobaría por razones médicas.

            El ‘barroco boticario avilesino’ es arte, saludable y absolutamente original.

            Como hielo ardiendo.

(Reedición revisada del episodio publicado en La Voz de Avilés del 13 noviembre 2011)

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La misteriosa, literaria e histórica calle de La Ferrería
Alberto del Río Legazpi 24-12-2017 | 12:02 | 0

     La que guarda más vestigios del Avilés inicial. La número uno de las que discurrían entre las murallas, demolidas en el siglo XIX. Pasear por ella es ingresar en un pasmoso túnel del tiempo. Una misteriosa sensación andar transitando por épocas pasadas a la que te llevan sus edificios y su conformación urbana, confirmada durante siglos, como principio y final: entrada y salida, de Avilés, según se viajara por tierra o por mar.ferreria-tunel-alberto-z-00x-9-ferreria-tunel-luz-img_8840-bis

      Calle rápida. La única que iba de puerta a puerta de muralla. De la del Alcázar (inicio en El Parche) a la de La Mar -en la confluencia con la calle de La Muralla y a la vera de la iglesia parroquial- donde estuvo situado el puerto hasta el siglo XIX.

      Traspasaba, como un puñal, la ciudadela medieval (conocida como La Villa). Era -y algo le queda- estrecha, con tramos oscuros y soportales, hoy cambiantes y asombrosamente fascinantes.

      Tuvo muchos nombres, aunque el actual (recobrado en 1979) es el más cabal. Porque cuadra con haber sido calle de herreros o también -otra teoría- de que al inicio de la rúa había una gran ferrería. Cosa premonitoria esto del hierro, pues las primeras oficinas de la siderúrgica Ensidesa se abrieron, en la década de los cincuenta, en el número 29 de esta calle.ferreria-luis-alfonso-22-soportales-la-ferreria-luis-alfonso-bis

      Fue en tiempos lejanos, la vía principal, por estar a pie de obra del puerto. La que atesora recuerdos del siglo XII: iglesia de los Franciscanos, o del XIV, como el palacio de Valdecarzana y la capilla de (los de) Las Alas. Edificios que transmiten.

      Los historiadores norteamericanos que vienen a beber de las fuentes de los archivos históricos de Avilés, se asombran e impresionan con lo que ven y palpan en esta calle, donde nació el Adelantado de La Florida (en casa que estuvo en el solar del actual edificio número 29),  vivió de casado (al inicio de la calle, margen izquierda) y donde está enterrado (iglesia llamada De los Padres).

      La Ferrería, como antigua calle principal, ha sido escenario de todo tipo de historias. Desde festejos medievales, hasta de tragedias, la última originada en 1937 por un bombardeo de la aviación del general Franco sobre la ciudad (Avilés se había declarado fiel a la legalidad republicana) y que hizo blanco causando víctimas mortales en uno de sus más antiguos edificios, el actual número 10.ferreria-felix-gonzalez-22-hache-historica-calle-medieval-de-la-ferreria

      Es calle literaria, hoy con un edificio universitario incluido, que gustaba de pasear a Armando Palacio Valdés. Aquí nació el novelista Juan Ochoa, y aquí vivió y murió (portal número 31), Estanislao Sánchez-Calvo, uno de los más destacados filósofos asturianos, especie a proteger en vista de lo escasos que son. Frente a su casa nació la galaxia Gutemberg local, la primera imprenta avilesina propiedad de Antonio María Pruneda. Y también el diario ‘La Voz de Avilés’ domicilió en el actual número 27 de la calle durante muchos años.

      El desconocido (y ya tiene garambaina decir esto) escritor avilesino-cubano Rafael Suárez Solís, nuestro más prolífico autor literario, la describe con desparpajo y nombre cambiado, en su novela ‘Un pueblo donde no pasaba nada’, que mira por donde últimamente pasa de todo, incluso lo que nunca debería haber pasado: que se esté jugando a un peligroso pim-pam-pum con el Centro Niemeyer, reconocido referente mundial, asturiano, en materia cultural. Cuidado, cuidado, que hay historias que no se pueden reescribir…ferreria-alto-soportal-z-x-000000-1-9-la-ferreria-buen-soportal-oye-img_1287-bis

      Por cierto que La Ferrería es la calle del casco histórico más cercana y comunicada, visualmente, con el espacio diseñado por el arquitecto brasileño. Paseándola, oteas en su zona media, la pasarela de acceso al Niemeyer; y casi al final -cerca de un edificio que, con suerte, algún día será museo de la historia urbana de Avilés- divisas la cúpula del famoso centro cultural internacional.

      Las arquitecturas, tradicional y vanguardista, se han terminando soldando y constituyendo una potentísima señal de identidad artística ‘Made In Avilés’.

      La Ferrería es calle recóndita y legendaria.

(Episodio, revisado, publicado en La Voz de Avilés el 19 septiembre 2011)

Calle La Ferrería desembocando en la de La Muralla. En la esquina de la derecha parte del edificio del hotel La Serrana. (Foto cedida por Cástor G. Ovies).

Calle La Ferrería desembocando en la de La Muralla. En la esquina de la derecha parte del edificio del hotel La Serrana. (Foto cedida por Cástor G. Ovies).

 

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Ensidesa, arrasando que es gerundio
Alberto del Río Legazpi 17-12-2017 | 11:09 | 1

En 2007 se derribaron los antiguos Club y Residencia de Ingenieros que la empresa tenía en Avilés y, hoy, diez años después el solar es un páramo.

          La Empresa Nacional Siderúrgica S. A. (Ensidesa) construyó en Avilés, a finales de la década de los 50, una moderna urbanización de viviendas que fue bautizada popularmente con distintos nombres: Los Bloques de Ingenieros, Poblado de Ingenieros o también Los Bloques e incluso Ingenieros a secas.

          El nombre lo dice todo pues estaba destinada fundamentalmente a ingenieros y, en menor número, a otros titulados universitarios con cargos de alta responsabilidad en la factoría siderúrgica avilesina.

          La política social en materia de viviendas de Ensidesa se inició en la década de los 50 con el poblado para obreros y empleados –una excelencia urbanística– en Llaranes; otro para peritos industriales en bloques conocidos como Las Estrellas en El Pozón y cerca de este, el de La Rocica para empleados de categoría media; el de empleados de categoría superior (Ingenieros) fue para Avilés.

La singular urbanización. Foto de Nardo Villaboy en su libro 'Avilés desde el aire' (1996).

La singular urbanización. Foto de Nardo Villaboy en su libro ‘Avilés desde el aire’ (1996).

          Se construyó entre finales de 1958 y 1959 en lo que entonces eran las afueras de la ciudad, en la calle González Abarca, casi frente al lavadero público de Sabugo, la vieja Hidroeléctrica y las escuelas de Sabugo.

          En una parcela de cerca de nueve mil metros cuadrados se levantaron cuatro grandes bloques de catorce viviendas cada uno; viviendas de entre 230 y 300 m2 cada una. El conjunto fue diseñado por el arquitecto Ignacio Fiter Clavé, quien completó la urbanización con un edificio destinado a Club de Ingenieros y otros dos para Residencia de solteros, ingenieros, claro.

          Hay que decir, cuanto antes, que era una urbanización arquitectónicamente original e impecable. Perteneciente, según la revista digital Monsacro «al denominado movimiento Moderno de la arquitectura de las primeras décadas del siglo pasado, que lo singulariza totalmente del resto de las viviendas construidas por entonces en Avilés».

Ficha de construcción de uno de los bloques (10 junio 1958). Foto cedida por Fernando Soler.

Ficha de construcción de uno de los bloques (10 junio 1958). Foto cedida por Fernando Soler.

          Todas sus edificaciones estaban dotadas de ascensor, calefacción, agua caliente central y garaje; el recinto estaba cerrado a no residentes por un muro, luego verja, con vigilancia privada. Era una urbanización de lujo en una ciudad enloquecida por la carencia de viviendas demandadas por los miles de personas que de toda España llegaban, entonces, a Avilés buscando trabajo. Por eso Los Bloques de Ingenieros crearon resentimiento social en la ciudad, algo que con los años y las edificaciones que empezaron a rodearlo se fue apagando.

          A partir de la década de los 70, con la llegada de la crisis energética, Ensidesa entró en barrena y empezó a tirar cosas por la borda. En aquel sálvese quien pueda se deshizo de sus poblados y de la propiedad de las viviendas de los mismos que pudieron comprar, opcionalmente, sus inquilinos.

          En Avilés el Club de Ingenieros y los dos inmuebles de la Residencia, pasaron de propiedad pública a privada y se reconvirtieron a la hostelería y hotelería (luego centro geriátrico) respectivamente. Aquello fue algo socialmente impactante en la ciudad.

          El selectísimo Club de Ingenieros de la extinta Ensidesa reconvertido en sidrería  fue tremendo, algo que las generaciones actuales no entenderán. Hubo estudiosos, es un decir, que quedaron alcoholizados por aquel suceso hostelero.

          Se pasó de la finura de camarero que hacía la bisagra lumbar susurrando “señor, su Chivas 12 años” al sonoro “¿Pongoi otro culín, jefe? Aquello fue la democracia, siguen diciendo algunos.22-ingenieross-foto-2-cimg1708

          Pero estos negocios tampoco fueron bien y comenzó la especulación de los terrenos, terminando el asunto en que se iban a construir 300 viviendas en tres torres de catorce pisos, para “oxigenar” el suelo, arguyó el concejal de Urbanismo del Ayuntamiento avilesino. Qué cosas, oiga. Y arrasaron las edificaciones, por supuesto.

          Con  lo que otros símbolos más de una era industrial, que transformó por completo esta ciudad, al garete. Destruyeron, arrasando o achatarrando,  paisajes y edificaciones características de la segunda mitad del siglo XX, símbolos que marcaron la historia de Avilés, como en su tiempo hicieron el románico, el gótico o el barroco.22-ingenieros-cimg1898-bis

          Y se fueron abajo los edificios en cuestión y el original conjunto quedó fracturado perdiéndose unos símbolos arquitectónicos de los años cincuenta, únicos en el país. Una urbanización notable de la que casi nadie se había ocupado. No tuvo detrás defensores –personas, medios e instituciones– del patrimonio industrial como los que hubo en el intento de salvar instalaciones industriales, con la excepción –que yo sepa– de Monsacro y concretamente de Fernando Soler del Campo.

          Total, que desde que aquel concejal avilesino habló de oxigenar el suelo han pasado diez años e ignoro si se ha oxigenado o no, pero seguro que se ha oxidado.

          Es un vergonzoso borrón en la ciudad.

 

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Los cuernos de la Ría
Alberto del Río Legazpi 10-12-2017 | 11:05 | 0

            El mundo, aparte de muy ruidoso, va muy rápido. Por ejemplo un conocido mío, Pepe Mouriño, que estuvo trabajando dos años en los Estados Unidos durante 2004 y 2005, no reconoció a su regreso a Avilés el paisaje de la ría al ver que por fin no veía las montañas de lodos que enmierdaron la zona alta del estuario, entre los puentes Azud y San Sebastián, durante los años siderúrgicos.22-aviles-escultura-panoramica-paseo-ria-img_6162

            También comprobó que el estrecho camino asfaltado –en el que también operaban los rederos del puerto pesquero– que corría entre la avenida del Conde Guadalhorce (o carretera de San Juan) y la Ría, delimitado por árboles, bancos de cemento y norays, también había desaparecido. Había sido desplazado por un magnífico paseo de 986 metros de largo, por 15 de ancho, con balaustrada metálica, iluminación, césped, menos árboles que antes, bancos de madera y una escultura gigantesca con tres enormes conos. Luego le dieron detalles.

            Su autor era el pintor, escultor y enseñante, Benjamín Menéndez Navarro a quien la Autoridad Portuaria, entonces presidida por Manuel Ponga, había encargado una escultura para aquel nuevo paseo después de desechar la idea de plantar una fuente.

            Benjamín se puso a la tarea y presentó un proyecto titulado ‘Avilés’, que fue aprobado, de tres conos de acero corten de unos 30 metros de altura unidos en orden disperso del suelo al cielo. Tengo leído que explicó que «Se trata de una trilogía que recoge muchos momentos vitales y creativos. Es un canto, un poema dedicado a la mar, a la historia de la ciudad y a la ría que le dio origen» (Para conocer con más detalle la trayectoria del escultor recomiendo el artículo de Cristina del Río publicado en LA VOZ DE AVILÉS, 8 de octubre de 2017, titulado ‘El discurso escrito sobre acero’).

La popularidad de la escultura se traduce en publicaciones e incluso en repostería. El pastel se llama Conos.

La popularidad de la escultura se traduce en publicaciones e incluso en repostería. El pastel se llama Conos.

            La obra requería un complicado trabajo de ingeniería, construcción e instalación, lo que hizo que los portuarios buscasen otros patrocinadores y colaboradores (públicos y privados) que compartiesen el coste de la gigantesca obra de arte. Los encontraron y y el asunto echó a andar.

            Se realizó en Avilés, en el Polígono Empresarial Principado de Asturias (PEPA) donde ingenieros y operarios especializados planificaron y trabajaron, durante 18 meses, en su fabricación y posterior unión de 225 piezas que ensambladas formarían los conos de 30 de metros de altura y un peso total de 60 toneladas. Su traslado e instalación también fueron complicados y hubo que cortar el tráfico dos días en la carretera de San Juan.

            Ya dije que Benjamín Menéndez había bautizado su obra como ‘Avilés’, pero el personal le buscó otros nombres, hasta se hicieron quinielas: Los pinchos. Las púas. Los mástiles. El encuentro. Oricio. Orición (seguramente de admiradores gijoneses). Ojalá (parece que este fue nombre de gusto del autor). Los pirulís. Acero cornudo. ¡Coño que cono!… Tricuerno. Acero cabrón (seguramente los hartos ‘de la moda’ del acero corten). Tricono. El tricornio de la Ría y, con el que se hubiera quedado Pepe, Los cuernos de la Ría.

            Son tres enormes conos de acero (28, 29 y 30 metros) que desde el suelo parten unidos, en orden disperso hacia el cielo con diferentes ángulos de inclinación y dirección. El conjunto tiene 32 metros de ancho y 28 de fondo.

Cae la tarde en la Ría (Foto de Luis Alfonso del Río Legazpi)

Cae la tarde en la Ría (Foto de Luis Alfonso del Río Legazpi)

            El material utilizado para la escultura es acero, hoy producto ya históricamente asociado a Avilés, pero acero corten (corrosión tensada: cor–ten) que se irá oxidando,  efecto que protegerá a la pieza del deterioro.

            ‘Avilés’, inaugurada oficialmente el 15 de septiembre de 2005, es ya una incontestable referencia en la ciudad y también en Asturias ya que es la escultura urbana más grande de la región, poco más que el «Sagrado Corazón» del Naranco ovetense y más de tres veces que el «Elogio del horizonte» de Gijón. La magnitud, presencia y perspectiva de los tres conos dominan y atraen la vista sobre ellos. Disparo visual impresionante.

            La obra ha quedado anclada, al lado del nuevo puerto deportivo, en la margen izquierda de la Ría y es un jalón, otro más, que marca su reconquista. Un episodio aparte.

            En los siguiente años Pepe Mouriño –vecino de la conocida calleja Los Cuernos– asistió en persona a otros hitos de dicha reconquista como fueron el ‘nuevo’ puente de San Sebastián, que une las dos márgenes de la ría, y la inauguración del complejo cultural trazado por el arquitecto brasileño Oscar Niemeyer en la margen derecha.

            Y hoy, doce años después de inaugurada la escultura de Benjamín Menéndez en la margen izquierda, se divisa a la Ría –aquella enorme cloaca– virando, a pesar todavía de alguna salpicadura contaminante, del negro al tecnicolor.

            Tratando de recuperar la salud.

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Palacios multiusos
Alberto del Río Legazpi 03-12-2017 | 11:08 | 0

(El trajín que han tenido desde el siglo XIV hasta hoy los palacios de Avilés).

          Desde hace 700 años no hay un solo palacio en Avilés que haya sido utilizado exclusivamente para lo que se construyó. Casi todos ellos han tenido una actividad múltiple, en algún caso frenética y en otro muy lamentable.

         Aclarando que tomo el término palacio en su sentido más amplio (como edificio no exclusivamente de reyes y nobles) paso a relacionar, por orden cronológico, las ocupaciones que tuvieron.

         Palacio de Valdecarzana (siglo XIV). En origen construido por un rico comerciante en la calle La Ferrería que instaló en la planta baja su negocio mientras la superior fue su residencia familiar. En el siglo XVII lo compró el marqués de Valdecarzana y de ahí le viene al edificio lo de palacio. Dos siglos más tarde fue adquirido para vivienda particular por el abogado Fernando Mª Ochoa que también fue alcalde de Avilés (de 1861 a l864); en vivienda tan historiada nació su hijo Juan, el que luego sería famoso escritor. A principios del siglo XX el palacio acogió a las Escuelas Manjonianas. Más tarde su planta baja fue disfrazada de comercio de vinos y coloniales. En 1933 una sociedad de servicios ligada a los consignatarios avilesinos son los nuevos inquilinos. En 1939 es el Ministerio de Trabajo quien lo ocupa y punto.  Más tarde el Servicio Sindical Portuario instala allí alguna oficina y un Dispensario Clínico. Los bajos también funcionaron como economato de portuarios y de una empresa estatal, mientras que la planta superior fue ocupada por servicios municipales, hasta que 1998 se procede a su rehabilitación siendo alcalde Agustín González (de 1995 a 1999), para convertirlo en sede del Archivo Municipal de Avilés. De momento sigue así.

         Palacio de Ferrera (siglo XVII). Construido, con dos escudos en sus dos fachadas, como residencia de los marqueses de Ferrera en Avilés. Durante la Guerra Civil y hasta que las tropas de Franco entraron en la ciudad se establecieron en él el Comité de Guerra Republicano y la Comisión de Agricultura. Terminada la contienda el palacio volvió a sus dueños quienes más tarde lo vendieron a la familia Sitges hasta que a principios del siglo XXI se hizo con el una sociedad que lo rehabilitó para hotel de máxima categoría. El Ferrera pasó de dos escudos a cinco estrellas.

          Palacio Municipal (siglo XVII). El Ayuntamiento se instaló aquí en el siglo XVII pero era mucho espacio para tan poco funcionario municipal, por lo que puso en alquiler la planta baja para comercios múltiples. En el siglo XX cesó la actividad mercantil y los bajos fue recuperados para usos municipales. Ya había empezado a crecer la plantilla y ya nunca dejaría de hacerlo.22-palacios-multiuso-camposagrado

          Palacio de Camposagrado (siglo XVIII). Sobre un palacio anterior muy primario, propiedad de una rama de la familia de Las Alas, el marqués de Camposagrado lo adquirió y remodeló totalmente. Luego le sucedió en la propiedad el marqués de Santiago. En 1809, durante la Guerra de la Independencia, las tropas francesas entraron en la ciudad y lo convirtieron en su cuartel general hasta su retirada en 1811. En el siglo XX se estableció en sus bajos una de los comercios con más solera de Asturias, ‘Los Castros’, que cerró sus puertas finalizando ya el siglo. Después de una serie de operaciones inmobiliarias el palacio fue adquirido por el Ayuntamiento, siendo alcalde Agustín González y más tarde, en los inicios del siglo XXI, con Santiago Rodríguez Vega (de 1999 a 2007) al frente de la Corporación, se convirtió en Sede de la Escuela Superior de Arte del Principado de Asturias. Aún se escuchan los aplausos.

         Palacio de García Pumarino o Llano–Ponte (siglo XVIII). Construido por uno de los primeros indianos asturianos, Rodrigo García Pumarino, fue intercambiado por su herederos con las propiedades que la familia Llano–Ponte tenía en Sabugo. En el primer tercio del siglo XX se convirtió en el Liceo de Avilés, entidad educativa que cesó sus actividades en 1936, al comienzo de la Guerra Civil. La República lo convirtió en Cuartel de las Milicias. Al término del conflicto fue convento de monjas carmelitas. Más tarde adquirido por dos socios que lo vaciaron totalmente dejando solo en pie la fachada para convertirlo, en 1949, en lo que fue cine Marta y María, que cesó en sus actividades en 2013. Actualmente se anunció la intención de instalar en el, desgraciado, inmueble un gran asador. Qué cosas.22-palacios-multiuso-foto-que-manda-balsera

         Palacio de Maqua (siglo XIX). Residencia de la familia de ese nombre hasta que en el siglo XX el edificio ‘se convirtió’ en el Colegio Santo Ángel. Siendo alcalde Manuel Ponga (de 1979 a 1988) el Ayuntamiento compró el inmueble dentro de una operación –vista hoy como histórica– de adquisición de edificios notables de la ciudad (palacios de Maqua, Balsera y mansión de Arias de la Noceda) para instalar en ellos servicios municipales garantizando la conservación de los valiosos inmuebles. El palacio de Maqua está a la espera de una seria reparación que lo deje listo para nuevas actividades.

         Palacio de Balsera (siglo XX). Construido por el comerciante Victoriano Fernández Balsera como residencia familiar fue vendido por sus herederos, a finales del siglo XX como ya dije, al Ayuntamiento que estableció en él la sede del Conservatorio Municipal de Música. Y solfeando sigue.

         Música e historia. Tengo por cierto que un pueblo no vale solamente por lo que ha sido, vale también por lo que es, por su aspecto, por su conservación.

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Espacio dedicado a aspectos históricos, biográficos, costumbristas y artísticos, fundamentalmente de Avilés y su comarca actual, así como a territorios que, a lo largo de los siglos, le fueron afines. Tampoco se excluyen otras zonas del planeta