El Comercio
img
Autor: Alberto del Río
La Serrana
img
Alberto del Río Legazpi | 17-09-2017 | 12:04| 0

(Serrana Gutiérrez-Pumarino fundó el más tradicional establecimiento de hospedaje avilesino,  actualmente considerado como una de las referencias hoteleras históricas de Asturias).

      Cuando en Avilés comenzó a ser realidad la industrialización, allá por el siglo XIX, la ciudad se colmó de gente foránea, necesitada de comida y cobijo. Y surgieron las primeras fondas.

      Fue, aquel, un periodo febril de obras y sonados acontecimientos, premonitorio del que se viviría -unos cien años más tarde- cuando nos cayó ENSIDESA encima.

Serrana Gutiérrez-Pumarino Martinez.

Serrana Gutiérrez-Pumarino Martínez.

      Entre las fondas que nacieron en Avilés, una de las más afamadas era ‘La Celesta’ (que ocupaba el número 8 de calle de Adelante, hoy La Estación) propiedad de Celesta Martínez, que procedente de Manzaneda había montado el negocio en Sabugo, ayudada por su sobrina, también gozoniega, Serrana Gutiérrez-Pumarino Martínez.
Serrana estaba casada con José González-Posada, más conocido por Pepe ‘El de las Huelgas’, capataz en las obras de canalización de la Ría, lo que hizo que gran parte del cuerpo técnico que trabajaba en el estuario se hospedara en la fonda, haciendo de ella un próspero negocio.
      A la muerte de Celesta, Serrana se hizo cargo de la empresa familiar, que ya demandaba una expansión, por lo que en 1867 fundó -en un edificio situado entre el palacio de Camposagrado y el final de la calle de La Ferrería- la ‘Fonda La Serrana’.
      Y allí se plantó, tan serrana, la Serrana. En el lugar más histórico de la Villa, a pie del famoso puerto avilesino, en el solar donde, durante siglos, estuvo la fortaleza de la poderosa familia de Las Alas.

El Hotel La Serrana codo con codo con el palacio de Camposagrado. Una imagen que hoy ya no se puede ver.

El Hotel La Serrana codo con codo con el palacio Camposagrado. Una imagen, en la calle La Muralla, que hoy ya no se puede ver.

      El suyo fue el primer establecimiento hotelero, a la espera del progreso que podría traer el esperado ferrocarril (vendría en 1890) y la modernización que entonces experimentaba la ciudad -y de lo que ya hemos hablado en episodios anteriores- atravesada por una espectacular transformación urbana e industrial.
      Por eso no fue, nunca, ‘La Serrana’ una fonda al uso. Plantada frente al Paseo del Bombé (antecedente del parque de El Muelle) sus salones empezaron a acoger todo tipo de reuniones sociales. Y a nadie extrañó que -en 1917- pasase a denominarse ‘Hotel La Serrana’, justo cuando al otro lado del -entonces ya construido- parque de El Muelle (esquina entre las calles Carreño Miranda y Emile Robin) abría sus puertas ‘El Gran Hotel’, un espectacular edificio, que fracasó, al poco, como albergue de lujo.
      Mientras tanto no hacía más que aumentar el prestigio de ‘La Serrana’, hasta el punto de figurar en la ‘guía Michelín’ de la época: el libro de viajes de Alfonso Pérez-Nieva. En él está escrito que: «Avilés tiene dos notas que no deben olvidarse. Una antigua y otra moderna. La antigua es el Fuero o Carta puebla, precioso documento, el primero escrito en romance. Y ‘La Serrana’, donde se almuerza como en el ‘Lhardy’ de Madrid. Instruir… comiendo».
      En el establecimiento se alojaron multitud de personajes famosos de paso por Avilés. Entonces no era conocido, localmente, por su nombre comercial: ‘La Serrana’, sino como ‘el hotel’, bastante definitorio (le hizo sombra, poco tiempo, el ‘Iberia’)
      Desde uno de sus balcones se leyó, el 2 de abril de 1893, el primer pregón de las fiestas de ‘El Bollo’, que había fundado uno de los huéspedes fijos del hotel: el médico Claudio Fernández Luanco.
      Y hasta fue residencia, continuada, de los primeros directivos de aquella enorme ENSIDESA, una de las mayores siderúrgicas del mundo, que instaló sus primeras oficinas en el número 29 de la vecina calle La Ferrería.22-serrana-hotel-la-serrana-sello-fb-koldo
      A finales de la década de los sesenta, del pasado siglo XX, los sucesores del negocio (Serrana había fallecido, trabajando claro, el 16 de julio de 1916), se trasladan a la calle de La Fruta después de haber comprado el nuevo ‘Hotel Luzana’, más céntrico y con mayor capacidad.
      Pero el restaurante y la cafetería siguieron llevando -durante años- el histórico nombre de ‘La Serrana’ y manteniendo las virtudes que le procuraron fama y premios: cocina excelente y esa gran categoría profesional que siempre caracterizó a sus empleados.
      Hoy, ‘La Serrana’ da un débil destello -de su gloria pasada- en un luminoso que anuncia una cafetería en La Fruta. Pero en la Historia local, resplandece Serrana Gutiérrez-Pumarino, pionera del Avilés de parada y fonda.
      Persona de talante y talento. Un lujo.
(Reedición del Episodio publicado en el diario LA VOZ DE AVILÉS de 18 de diciembre de 2011)

Ver Post >
Los kilométricos y generalmente artísticos soportales de Avilés
img
Alberto del Río Legazpi | 10-09-2017 | 10:36| 0

    En rigurosa descripción académica, soportal es un espacio exterior cubierto, construido junto a un edificio, cuya estructura se sujeta con columnas y precede a las entradas principales; generalmente rodea una plaza o recorre una calle.
    El soportal permitía, cuando no había electricidad, trabajar a los artesanos delante de sus talleres, resguardados de lluvia o sol. Lo mismo que a los vendedores de productos del campo, cuando el mercado de Avilés se desparramaba por todo el casco histórico de la ciudadela amurallada.222.SAN FRANCISCO. SOPORTALES GRANDES HORIZAONTAL.Img_4451
    Nuestro mérito, contra lo que ha ocurrido en otros lados, está en haber sabido, querido y podido, conservarlos, a lo largo de los siglos.
    Un paseo por calles y plazas de Avilés demuestra la calidad y cantidad de los soportales que hemos recibido -colosal herencia- de tiempos pasados y que seguimos incrementando.
    Suman más de tres kilómetros, entre antiguos y modernos. Y adoptan gran cantidad de formas, colores y estilos.
    Los más antiguos son los que pertenecen a las calles de La Ferrería, Bances Candamo, Galiana, Rivero, plaza de España, y Carbayedo. Algunos, situados en la calle Bances Candamo, en el barrio de Sabugo, puede que sean incluso anteriores al siglo XVII, que fue cuando Avilés empezó a crecer fuera de la murallas, lo que dio origen a la plaza de España y las calles de Rivero y Galiana. Un apoteósico conjunto soportalado.
     Entre finales del siglo XIX y principios del XX, Avilés dio otro estirón urbano muy notable. De entonces son los de la calle San Francisco -cuyos edificios son un magnífico muestrario arquitectónico- donde algunas de las columnas, de los soportales son de una notable singularidad, como los que imitan la garra de un ave rapaz.
    También de este periodo son los soportales de la plaza del mercado (plaza Hermanos Orbón) característicos de la arquitectura del hierro. O los de la esquina de la plaza Pedro Menéndez y La Muralla (conocida como la del antiguo Café Colón) y que remite directamente al barrio viejo de la ciudad norteamericana de Nueva Orleans o a la plaza de Armas de Iquitos, en Perú.
    Los soportales de Avilés, artísticamente, atrapan. Si no que se lo pregunten a directores de cine desde Gonzalo Suárez o José Luis Garci hasta llegar Woody Allen, que realizó varias tomas en Galiana, aunque finalmente no las incluyó en su película ‘Vicky Cristina Barcelona’.22.casco historico. FOTO PARA BLOG. IMG_9570 TRIS
    Con Fernando Fernán-Gómez, anduve subiendo y bajando Galiana y llaneando por Rivero, repetidamente. Siempre bajo soportales, que para él eran como enormes decorados teatrales errantes por el tiempo.
    -Estamos caminando por un siglo cambiado, Alberto, y eso es muy grande.
    Recuerdo otra ocasión, con Eusebi Casanelles, presidente, entonces, del poderoso Comité Internacional para la Conservación del Patrimonio Industrial (Ticcih). Fue un paseo mañanero y lluvioso que nos obligó a comprar paraguas, porque Casanelles, fascinado, se negaba al refugio (lógica meteorológica) del soportal con el criterio de que entonces no podría admirar el soportal (lógica estética).
    En Avilés, de tanto convivir con ellos, olvidamos que son un referente emblemático, una suerte arquitectónica singular que cose casas en calles y plazas.
    Son la sal del Avilés monumental.

22.soportal. CIMG0694

(Reedición del episodio publicado en ‘La Voz de Avilés’, el 31 de julio de 2011)

Ver Post >
Federico García Lorca en El Parche
img
Alberto del Río Legazpi | 03-09-2017 | 10:47| 0

(Hace hoy 85 años, un 3 de septiembre de 1932, actuó en la plaza de  España de Avilés (popularmente conocida como El Parche) la mítica compañía de teatro universitario La Barraca, dirigida por el poeta andaluz, en medio de la confusión mediática e incidentes habidos durante la representación).

              El escritor andaluz Federico García Lorca director artístico del Grupo de Teatro Universitario ‘La Barraca’, orgullo del ministerio de Instrucción Pública de la Segunda República española, le confesó al diario ‘Región’ que de Asturias le gustaban mucho los verdes tan cambiantes de su paisaje así como la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo. Adrede o no, se guardó lo que más le fascinaba: el folklore popular asturiano, especialmente las nanas, en las que ya lo había iniciado, años antes en Madrid –cuando ambos coincidieron en la Residencia de Estudiantes de la Institución Libre de Enseñanza– Eduardo Martínez Torner quien con el tiempo sería famoso musicólogo, compositor y concertista.

Sobre foto original de Luis del Río Legazpi, se ha reaalizado una figuración informática.

Sobre foto original de Luis del Río Legazpi, se ha realizado una figuración informática.

              Cuando las dos camionetas y el pequeño autobús del grupo teatral formado por universitarios en vacaciones de verano y dirigida por escritores (García Lorca y Eduardo Ugarte) llegaron, en el verano de 1932 procedente de Galicia a Grado, enfilaron directamente a la casa de un amigo de García Lorca, y gran desconocido para asturianos y españoles en general. Hablo de Valentín Andrés Álvarez autor, entre muchas cosas más, de ‘La guía espiritual de Asturias’. En su casa se alojó la compañía. No me extrañaría un ápice que el lugar programado de las actuaciones (siempre al aire libre) de La Barraca en Asturias (en Grado la plaza de Ponte, en Avilés El Parche, en Oviedo El Fontán y en Cangas de Onís el patio del Instituto) fueran ‘insinuadas’ anteriormente por Valentín Andrés al poeta granadino. El gran humanista moscón conocía el resorte cultural de las poblaciones asturianas.

              Después de descansar, los teatreros ­con monos azules ellos y con vestidos de cuellos redondos blancos ellas­ descargaron los camiones, armaron el escenario, se quitaron el uniforme, se vistieron de teatro y escenificaron su repertorio de piezas cortas de teatro clásico español. Finalizada la función se fueron todos a cenar a una sidrería de Grado con Valentín Andrés Álvarez y Prudencio Merino ‘Polenchu’, famoso cantante de tonadas; por tanto la cosa terminó a las tantas.

              Boni Ortiz en su obra ‘El teatro en Asturias durante la República y la Guerra Civil’ hace un excelente relato sobre esta gira de La Barraca, pero quisiera complementar lo ocurrido en Avilés, con la ayuda de la información aparecida entonces en el periódico local.

Componentes de La Barraca. En la fila inferior, sentado a la izquierda García Lorca.

Componentes de La Barraca. En la fila inferior, sentado a la izquierda García Lorca.

              El 2 de septiembre el diario LA VOZ DE AVILÉS destacaba en primera página el acontecimiento de la representación de La Barraca al día siguiente en Avilés «patrocinada por la Biblioteca Popular Circulante y con la ayuda de varios entusiastas de la cultura» enfatizando que «dirige el cuadro artístico el gran poeta Federico García Lorca, lo que nos releva de todo encomio» y terminaba reconociendo desconocer (increíblemente) tanto el lugar de la representación como el programa de la misma, aventurando que serían autos de Calderón de la Barca, cuando en realidad serían obras de Cervantes las ofrecidas por La Barraca.

              Esto fue el prólogo a una desdichada representación que tuvo lugar al día siguiente, el sábado 3 de septiembre de 1932. Ese día el periódico avilesino amaneció informando en un tono, claramente molesto, que «anoche han llegado los estudiantes que constituyen el grupo artístico (…) esperábamos se nos informase acerca de la hora de la función y obra u obras a representar, pero al cerrar la presente edición no había llegado a nosotros noticia alguna para trasladarla al público».

              Al día siguiente, domingo, se puede leer en LA VOZ DE AVILÉS que la actuación de La Barraca tuvo lugar en la plaza de la Constitución (El Parche) «ante un inmenso gentío» y que las obras representadas de Miguel de Cervantes fueron ‘La cueva de Salamanca’, ‘Los dos habladores’ y ‘La guarda cuidadosa’ conquistando muchos aplausos. Pero… «Ha sido verdadera lástima que una gran parte, la mayor parte del público, dejase de saborear las bellezas de dichas obras clásicas y apreciar todo el valer de los artistas, debido al egoísmo y desaprensión de unos cuantos concurrentes que, encaramándose en las sillas, privaron de ver las escenas a muchísima gente, provocando a la vez ruidosas protestas de la misma…».

              Un desastre. Primero la falta de información más elemental (lugar de representación, hora de inicio y obras a representar). Y segundo los incidentes a cargo de personas que reventaron –premeditadamente o no– el espectáculo, pues hay que entender que tuvieron que ser espectadores situados en las primeras filas ya que privaron de ver la función a la mayoría.

              No sabemos de la reacción de la compañía ante los incidentes, ni tampoco la del propio García Lorca. Desconocemos también donde cenaron, se alojaron y se ignora si fueron recibidos, como era costumbre allá por donde iban, por la Corporación local que en Avilés, entonces, estaba presidida por David Arias Rodríguez del Valle a quien hay que suponer irritado por estos incidentes y la repercusión que los mismos pudieran tener en la ‘imagen cultural’ que tenía Avilés.

Federico García Lorca (dibujo de Elías+Santamarina)

Federico García Lorca (dibujo de Elías+ Santamarina)

              Además todo esto ocurrió en la ciudad donde vivía (compartiendo residencia con Madrid) uno de los políticos republicanos más prestigiosos de Asturias, y para algunos también de España, como era el ex ministro José Manuel Pedregal, que había sido en 1917 presidente de la Institución Libre de Enseñanza un organismo donde la obra y la influencia de hombres y mujeres formados en él ha sido de una importancia incalculable para España. Precisamente cuando José Manuel Pedregal fue presidente de dicha Institución y en uno de sus organismos dependientes (la Residencia de Estudiantes) ya estaba instalado el aragonés Luís Buñuel y al poco tiempo llegarían, como alumnos, el granadino Federico García Lorca y el catalán Salvador Dalí.

              Buñuel murió en su exilio de México, García Lorca sigue enterrado en lugar desconocido desde que fue asesinado en los inicios de la Guerra Civil. Y a Dalí lo desenterraron hace poco, por mandato judicial, de la tumba que tiene en su museo de Figueras (Gerona), algo tan surrealista que ni hubiera imaginado el Salvador.

              El teatro es una escuela de llanto y de risa, dejó escrito García Lorca.

              Como la vida misma.

22-garcia-lorca-en-parche-lva-pagina

Ver Post >
Anita Arias que fue Ana de Valle
img
Alberto del Río Legazpi | 27-08-2017 | 10:31| 0

(Es una de las mujeres más honradas por homenajes y recuerdos de la historia de Avilés).

      Fue al bueno de Eugenio Bueno, poeta y maestro de profesión, a quien debo los primeros detalles, complementados luego por los escritos de Marian Suárez y José Manuel Feito, sobre la niña nacida en el agosto de 1900 y cuyo nombre en la partida de bautismo de San Nicolás de Bari ha quedado registrado como Anita (sic) Casilda Arias Iglesias pero a quien todo el mundo conoce hoy como Ana de Valle.

Ana de Valle (1900-1983)

Ana de Valle (1900-1983)

      Era una de los tres hijos (los otros fueron Celestino y Nieves) del matrimonio formado por Francisco Arias, afilador y jornalero,  y María Iglesias, maestra de Sabugo.

      Anita vive infancia y juventud en Avilés y se casa en julio de 1921 con Eladio García Valle, del que adoptaría más tarde el segundo apellido para uso literario (Ana de Valle) y con quien compartiría también labores artesanales en su taller de encuadernación de la plaza de Álvarez Acebal, contiguo al primer arco de Galiana, donde hoy se puede ver una lápida que recuerda a la poeta.

      Publicó sus primeros poemas en el diario LA VOZ DE AVILÉS en 1924, colaborando después en distintas revistas y publicaciones hasta que en 1932 ve la luz su primer libro ‘Pájaro Azul’.

      Hace deporte (velocidad y salto) en la Asociación Atlética Avilesina y también ingresa en el PSOE donde desarrolla una intensa actividad en pro de la emancipación de la mujer, pero no deja de seguir publicando poesía en distintos medios, hasta que en octubre de 1937, próximas a entrar en la ciudad las tropas de Franco, Anita Arias (Ana de Valle como firmaba sus trabajos poéticos) sale de Avilés (su marido estaba en el frente combatiendo en el bando republicano) con sus padres y sus tres hijas (Ana María, Margarita y Rosario) con destino a Barcelona. Será el inicio hacia el exilio.

Algunos componentes del grupo poético ‘Jueves Literarios’. En la primera fila, Eugenio Bueno, María Dolores Fernández, Marian Suárez, Ana de Valle, María Eugenia Hernández, Herme G. Donis y Jose Manuel Feito. Detrás en segunda fila, José María Chamorro y Enrique Santos.

Algunos componentes del grupo poético ‘Jueves Literarios’. En la primera fila, Eugenio Bueno, María Dolores Fernández, Marian Suárez, Ana de Valle, María Eugenia Hernández, Herme G. Donis y Jose Manuel Feito. Detrás en segunda fila, José María Chamorro y Enrique Santos.

      Es en la capital catalana donde el estallido de un bombardeo sobre la ciudad dispersará por años a la familia. Fue algo terrible. A Ana y a su padre las explosiones los pilló mientras guardaban cola para retirar alimentos, el padre resulta herido y Anita lo acompaña al hospital donde nada pueden hacer por él los médicos. Al regresar al domicilio familiar lo encuentra vacío pues su madre y sus hijas, ante la tardanza de Ana y temiéndose lo peor, huyen hacia Francia como miles de personas en la estampida originada por el citado bombardeo y la aproximación de las tropas de Franco. Ana, en solitario, se ve obligada también a cruzar la frontera, hay que suponer que en un lamentable estado de ánimo. Mientras, su marido Eladio, ignorante de todos estos hechos regresaba a Avilés poco después de finalizada la contienda civil.

      Estalla la segunda Guerra Mundial y Francia es invadida por los nazis. Anita Arias, que no sale de una para entrar en otra, pasará trece años en el exilio, primero en Narbona y luego en Gierp, pequeño pueblo minero, ganándose la vida en un taller de costura. A sus hijas, después de una agotadora búsqueda las acaba encontrando acogidas por un matrimonio belga y otro francés. Tiene que esperar hasta 1952 para volver a Avilés ella sola –pues con el tiempo sus hijas echarán raíces en Francia, dos de ellas y en Bélgica la otra– y rehacer su vida junto a su marido.

Dos hijas, en el centro, de la poeta invitadas a la celebración del centenario de su madre en 2000. Al fondo el domicilio de Ana de Valle.

Dos hijas, en el centro, de la poeta invitadas a la celebración del centenario de su madre en 2000. Al fondo el que fue domicilio de Ana de Valle y el taller de encuadernación.

      Esta mujer fue una gran persona de esas que agradeces conocer y de la que guardas memoria. Comprometida políticamente en tiempos difíciles se enfrentó a ellos con trabajo, sencillez, fortaleza y por supuesto con poesía, que no es poco. Recuerdo su particular Padrenuestro: «Hoy te diría, Señor, / Padre nuestro que estás/ entre todos/ ¡tan cercano y tan lejano!/ líbranos un poco de nosotros/ mismos/ y de los otros también, / por los siglos de los siglos/ amén».

      Pero lo admirable de ella fue ese caminar con delicada sencillez por la vida, donde quienes la conocieron nunca la oyeron hablar con rencor en lo que se refiere al drama personal que llevó a cuestas, ni tampoco mostrar odio o resentimiento en tiempos feroces; le tengo leído a José Luis García Martín que «fue una escritora a la que el miedo no dejó crecer».

      Ana de Valle está en ‘stand by’ vital, a la espera, buscándose, como confiesa en un poema escrito a los 80 años: «Traspasada estoy/ por un puñal certero/ y todavía me espero… Qué importa el tiempo/ si cada día que pasa/ hay más luz dentro».

      Volvería a la burbuja familiar, a Bélgica, con una de sus hijas, donde fallecería en 1983. Su marido Eladio había muerto, en 1975, durante unas vacaciones en Llanes.

Desde la izquierda: Luis Antonio de Villena, Ana de Valle y Enrique Molina Campos.

Desde la izquierda: Luis Antonio de Villena, Ana de Valle y Enrique Molina Campos.

      Ana de Valle tiene dedicada una calle en Avilés, una placa en la casa donde vivió, un premio nacional de poesía que lleva su nombre y muchos homenajes. Su obra literaria es episodio aparte, como también aparte fue esta mujer de espíritu juvenil y tacón alto, de tan menuda apariencia física como mayúscula categoría humana.

      Soy del tamaño de lo que veo y no del tamaño de mi estatura, decía el gran Fernando Pessoa. Como anillo al dedo le queda eso a Ana de Valle.

 

 

22-ana-de-valle-lva-a-100

Ver Post >
Casco Histórico de Avilés ¿Patrimonio de la Humanidad?
img
Alberto del Río Legazpi | 22-08-2017 | 10:53| 0

Avilés que tiene gran calidad patrimonial ¿tendrá madurez, política y social, para intentar acceder a esta categoría mundial?

Hace unos veranos Armando Sirvent Palacio-Valdés, biznieto de Armando Palacio Valdés y residente en Copenhague, me envió un reportaje publicado, el 17 de Febrero de 2005, en el ‘Berlingske’, periódico danés, sobre Asturias y que terminaba tal que así: «Y Avilés, por donde mucha gente pasa de largo pensando que es una pesadilla industrial a causa de las vistas desde la autopista, tiene un centro de la ciudad que es un perla, y que un día será nombrada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO»

El ‘Berlingske’ no es un diario cualquiera. Es un medio muy respetado, en Europa, por su rigor y seriedad informativa, aparte de ser uno de los diez periódicos más antiguos de mundo.

Y ésta, del Casco Histórico de Avilés como Patrimonio de la Humanidad, es una cuestión que, algunos, hemos planteado en el pasado.

Por ejemplo Carlos Ferrán Alfaro, arquitecto del Plan Especial del casco histórico avilesino, que había sido premiado anteriormente por su Plan Especial de reforma interior de Alcalá de Henares, ciudad que posterior­mente fue declarada por la UNESCO ‘Patrimonio de la Humanidad’.

Ferrán, afirmaba que ‘en algunos aspectos, el casco histórico de Avilés tiene incluso más importancia que el de Oviedo’. Y argumentaba que la Villa avilesina estaría en condiciones de ser declarada, por la UNESCO, Patrimonio de la Humanidad, como Alcalá de Henares o Salamanca, porque ‘si bien Avilés no tiene tantos monumentos como estas dos ciudades, su núcleo histórico cuenta con mayor extensión y una mejor configuración’

Gran parte del casco antiguo de Avilés, está declarado desde 1955, por el Estado español, ‘Conjunto Histórico Artístico’, y de él siempre ha sido un admirador Federico Mayor Zaragoza, destacada personalidad internacional que, entre otras cosas, fue Director General de la UNESCO desde 1987 a 1999

En una su visita suya (en 2001) y durante una comida en Salinas, le preguntamos abiertamente sobre las posibilidades que tendría Avilés para acceder al máximo título internacional en materia patrimonial. Sorprendentemente afirmó que nuestras posibilidades no eran remotas, como muchos pensarán, exponiendo luego la filosofía que utilizaba UNESCO para la concesión de estos galardones.

De su explicación saqué en consecuencia que la opción de Avilés se aglutinaría, sobre todo, en torno a nuestra ‘ciudad barroca’: un conjunto, urbanísticamente articulado, de cuatro palacios, dos plazas y dos calles (Rivero y Galiana).Comida en la Calle El Bollo 2016 Avilés ©Foto Marieta

Por todo lo cual, vengo en dar a preguntar: ¿Porqué demonios no se plantean las autoridades locales ésta cuestión o sea el inicio de trámites -y las acciones necesarias- para solicitar, a la UNESCO, la candidatura de Avilés a ser Patrimonio de la Humanidad?

¿Qué tenemos que perder?

En la vida, en la política, una pizca de osadía puede tener consecuencias grandiosas. Ocurre pocas veces, pero ocurre. Aunque para eso, antes hay que atreverse, hay que dar la cara, hay que osar. O sea.

Ver Post >
Espacio dedicado a aspectos históricos, biográficos, costumbristas y artísticos, fundamentalmente de Avilés y su comarca actual, así como a territorios que, a lo largo de los siglos, le fueron afines. Tampoco se excluyen otras zonas del planeta