El Comercio
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Autor: albertodelriolegazpi_62010
Jueces de paz en las calles de Avilés
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Alberto del Río Legazpi | 14-01-2018 | 11:01| 0

En 1892 el Ayuntamiento queriendo poner orden y sentido común en el callejero local encargó a dos conocidos intelectuales el estudio del mismo.

      Fue el 2 de diciembre de 1891 y siendo alcalde de Avilés José Cueto, que era un tipo innovador, cuando el Ayuntamiento aprobó designar a David Arias García y a Estanislao Sánchez–Calvo «como personas eruditas y versadas, para que estudien y propongan el nombre que deben llevar varias calles, toda vez que los que actualmente tienen carecen de sentido y significado de ninguna clase».

      Un abogado nacido en Riberas de Pravia y enamorado de la historia de Avilés y un filósofo avilesino con proyección internacional que, aparte de secretario de un ministro, también fue alcalde de Oviedo aunque menos de un mes en el cargo.

      En cuestión de un año redactaron su propuesta para dar nombre a varias calles del centro urbano y alrededores, que fue aprobada el 15 de enero de 1892 por el pleno del Ayuntamiento. Cito la mayoría de los cambios que fueron tal que…

      «La Calle de Cabruñana será Fray Valentín Morán». Y así fue, pero hasta 1979 cuando volvió a  recuperar su nombre.

      «La calle de la Industria, será Llano-Ponte». Y lo sigue siendo.

Calle El Sol.

Calle El Sol.

      «Que la travesía de La Cámara lleve el nombre de Alfonso 7º (sic)». Antes de ser bautizada ya la gente la conocía como Calleja Los Cuernos y así continúa siendo hoy, como respondiendo al irónico verso de José Martín Fernández, divertido autor de comedias, que en 1892 y en su habitual sección del periódico rimó: ‘Alfonso VII es nombre que han querido dar a una estrecha travesía;/ no hay avilesino hoy día que la quiera así llamar,/ pues, lector, como sabrás,/ hay nombres que son eternos,/ y calleja de los cuernos…. será por siempre jamás’.

      «La Calleja del Moclín, será Las Alas». Hoy continúa con ese nombre salvado el detalle de que el Ayuntamiento no vigiló la rotulación de las placas y desde 1892 hasta 2015 estuvo constando en ellas calle Los Alas. Fueron unas cuantas docenas de Corporaciones las que, por lo que se ve, no se enteraron de algo que estaba a unos 6 metros del Ayuntamiento, que es donde nace dicha calle.

      «La del Sol será Pedro Solís». Sí, pero hasta 1979 en que pasaría a recuperar su nombre y ser Pedro Solís (fundador del Hospital de Peregrinos que hubo en la calle Rivero)  mandado a tomar por San Juan de Nieva.

      En Sabugo «La de Adelante, será La Estación. La de Atrás ‘Bances Candamo’. La de Enmedio, ‘Carreño Miranda’». Mientras las dos últimas conservaron su nombre la primera sufrió una vuelta de tuerca cuando en 1925 (tiempos de la dictadura de Primo de Rivera) fue renombrada como General Zubillaga hasta que la primera Corporación democrática de 1979 la devolvió a La Estación.

Calle La Estación.

Calle La Estación.

      «La de la Muralla, será Marqués de Teverga». Y así fue cumplido hasta que en 1979 volvió a ser La Muralla.

      «La Alameda vieja y Pescadería, será Plaza de San Sebastián». No pasó mucho tiempo, en 1929, cuando pasó a ser llamada Reina Doña María Cristina y en 1938 Santiago López marqués de Casa Quijano, que ya me contarán. Aunque todo fue inútil porque el personal siga llamándola como hace más de un siglo: Plaza del Pescado o La Pescadería, pese a que de pescado no le quedan ni las raspas.

      «El cruce de las calles de Florida y El Progreso [actual Marcos del Torniello] será Plaza de la Merced». Ya, ya… Aquí los cambalaches fueron de mareo; en 1924 la plaza ya mudó a General Primo de Rivera. En 1933 a plaza de la República, pasando a ser de Italia en 1938 y de Fernández-Ladreda (ministro de Franco) en 1946 para volver a ser de La Merced en 1979.

      «El camino que parte del final de la calle del Progreso a San Cristóbal, será Avenida de San Cristóbal, dejando de existir los nombres de la Parada y el Truébano». Sin embargo desde 1938 es Avenida de Alemania.

Calle Cabruñana.

Calle Cabruñana.

      «La carretera de Pravia será Avenida de Pravia». Y lo estuvo siendo hasta 1938 en que pasó a ser Avenida de Lugo y en 1979 su primer tramo (desde la casa de Larrañaga hasta el antiguo fuente–lavadero) se convirtió en Avenida de Los Telares.

      «…Y la travesía o calleja del Cementerio, será González Abarca». Nombre que sigue llevando hoy como si se supiera que nada cambiaría y que la calle dedicada a este obispo, casi cien años más tarde conduciría al tanatorio de Avilés. No somos nada, Chema.

      Los dos intelectuales culturalizaron y modernizaron parte del callejero, pero buena parte de sus cambios en el centro urbano, como se ha visto, fueron alterados, algunos con fundadas razones. Y es que la cosa no tiene arreglo cuando anda por medio la condición humana.

      Si hoy David Arias García y Estanislao Sánchez–Calvo pudiesen echar un vistazo desde su, presunto, rincón de gloria en la historia de esta ciudad, quedarían atónitos ante los cambios que sufrieron no solo las calles que ellos bautizaron, sino también las que luego a ellos fueron dedicadas. El abogado e historiador tiene una calle en Versalles que no se sabe si está dedicada a él o a su hijo (el alcalde David Arias) y al filósofo le llevaron la que tuvo a su nombre tuvo frente a su casa (hoy lista para ser vendida como pisitos) hasta un trastero de Galiana.

      De la derrota en la cosa del callejero nadie se libra, ni concejales, ni intelectuales. La vanidad partidista y la circunstancia histórica imponen placas a nombre de ganadores en calles y plazas.

      Hay quien dice que hay tres clases de mentiras: las reales, las estadísticas y las del callejero.22-callejero-lva-a-100

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‘El Grillo’, ironía en papel amarillo
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Alberto del Río Legazpi | 07-01-2018 | 11:17| 0

Este es un episodio cocinado, exclusivamente, por las informaciones que generó una publicación inusual en el periodismo asturiano.

            Hoy, 7 de enero, hace cuarenta y cinco años que salía a la calle un nuevo suplemento de LA VOZ DE AVILÉS llamado EL GRILLO.22-grillo-portada-foto-que-manda-sustituye-a-la-anterior

              En la Gran Enciclopedia Asturiana, buscándola o al azar, se puede encontrar la siguiente entrada «GRILLO, EL. ‘Suplemento mensual de La Voz de Avilés’. El primer número aparece en enero de 1973, y en julio de este mismo año deja de publicarse. Su contenido lo forman artículos sobre litera­tura y cine, así como comentarios satíri­cos de temas de actualidad. Dirigido por Alberto del Río, cuenta, entre otras, con las colaboraciones de Luis de Izarra, Ra­món Rodríguez. Manuel V. Bordaberri, Eugenio Orlando González, Luis Javier Álvarez, Juan Ureña, José A. Doval y ‘Lluis de Asturica’. Impreso en La Voz de Avilés, constaba de 16 páginas de 48 x 27 cm. (L. C.)».

José Antonio Doval.

José Antonio Doval.

            El periodista y escritor Luis Muñiz Suárez en su libro ‘Historia de La Voz de Avilés (1908–2008). Noticias de la Comunicación S.A., Madrid, 2008’ matiza, acertadamente, que «estaba  impreso en formato tabloide (28 x 38,7 cm) sobre papel amarillo, pri­mero con 24 páginas que se reduje­ron a 16 desde el tercero de los 6 nú­meros que se publicaron y aparecía con el periódico el primer domingo de cada mes».

            De este excelente libro de Luis Muñiz entresaco algunos párrafos del capítulo titulado ‘El Grillo, una bocanada de aire nuevo’.

Luis Muñiz.

Luis Muñiz.

            En entrevista concedida al autor del libro «Alberto del Río asegura que ‘en los ambientes culturales asturianos fue una refe­rencia y una publicación muy celebrada’ y cree que, aunque duró poco, ‘fue un tam-tam que movilizó el ambiente cultural asturiano… traspasando incluso fronteras, porque algún medio de Madrid se hizo eco de él’. Explica que durante un tiempo había hablado con otros dos amigos, Juan Cueto Alas y José Antonio Doval Liz (…). De Juan Cueto sería complicado resumir aquí su historial de escritor y periodista prolífico columnista convertido en experto en comunicación, fundador de la revista cultural Cuadernos del Norte de la Caja de Ahorros de Asturias, fue el primer director de Canal+ en nuestro país y luego directivo de Telepiú en Italia. José Antonio Doval Liz, por su parte, era profesor de Literatura de la Universidad de Oviedo y su prematura muerte truncaría una prometedora carrera literaria». (…)

Amelia Valcárcel

Amelia Valcárcel

             «Alberto del Río, con la ayuda de sus dos amigos, reunió para elaborar El Grillo a un interesante grupo de colaboradores, todos gratis et amore, como subraya Del Río, entre ellos, además de los promotores ya mencionados, Ramón Rodríguez —artista plástico que fue di­rector de la Bienal de Arte Ciudad de Oviedo y dirige actualmente la Escuela Municipal de Cerámica de Avilés y el Centro Municipal de Exposiciones—, Pedro de Silva —que años después sería presidente del Gobierno del Principado de Asturias—, Luis Javier Alvarez — uno de los fundadores del movimiento bablista— y Amelia Valcárcel, catedrática de la Universidad de Oviedo, que luego sería Consejera de Cultura del Principado y actualmente Consejera de Estado y vicepresidenta del Patronato del Museo del Prado». El autor del libro que estoy citando, Luis Muñiz, también fue destacado colaborador, junto con Javier Medina un abogado gijonés loco por el cine que firmaba como Monsieur de Saint Font. Los dibujantes Matías y Pachi, el historiador Paco Mellén, Eugenio Orlando González, Santiago Hevia, Tomás Martín Arnoriaga, el cantautor Víctor Manuel (firmando como Víctor). Y más.

Juan Cueto Alas.

Juan Cueto Alas.

            Alberto del Río destaca del suplemento ‘su desenfado, la ironía que a veces podía lle­gar al recochineo o a un puyazo fuerte, que acusaba la autoridad pertinente, principalmente cuando se tocaban temas tabú’. Y esa parece ser la causa de su desaparición: ‘Cada vez que salía un número, me llegaban los ecos del malestar del delegado provincial de Información y Turismo, Francisco Serrano Castilla (…) Hubo un momento en el que la empresa ya no aguantó más presiones y dio carpetazo al invento tras publicar seis números mensuales (…)». Aquello fue en junio de 1973.

Ramón Rodríguez.

Ramón Rodríguez.

            La revista Asturias Semanal de fecha 23 de junio de 1973 –con foto de una portada de ‘El Grillo’– publicaba un artículo titulado ‘Adiós a un alegre cri–cri’ donde anunciaba que «Parece ser que un cri-cri que poco a poco se iba haciendo famoso en Asturias y que cada mes se emitía desde ‘El Grillo’, suplemento mensual de ‘La Voz de Avilés’, dejará de sonar.

              Desde hace unos cuantos meses un equipo joven, alegre, divertido y asturiano, mil por mil, dirigido por Alberto del Río, analizaba en (desde) ‘El Grillo’ la actualidad regional con un desparpajo similar a su lucidez. ‘El Grillo’ hizo su entrada en el mundillo periodístico asturiano en momentos particularmente graves y muy pronto su reconfortante sonido se dejó oír en este valle de lágrimas»

Lluis Xabel Álvarez.

Lluis Xabel Álvarez.

              Y sigue la revista asturiana señalando que «‘El Grillo’ intentó practicar una mirada joven y humorística sobre nuestra preocupante realidad regional. Y ‘El Grillo’ ha dejado de emitir sonidos. Creemos que no estamos tan sobrados de esta clase de experiencias periodísticas como para prescindir de ellas de un severo plumazo (…). Desde estas páginas decimos hasta siempre a ese alegre cri-cri que supo poner asturianamente, es decir, con humor, unos cuantos puntos sobre algunas de las muchas íes que por ahí andan sueltas, vivitas y coleando impunemente».

Pedro de Silva.

Pedro de Silva.

            Por su parte en La Nueva España, 29 de julio de 1983, José Manuel Rad en un artículo titulado ‘Del caos o El Grillo’ escribe que «En el año 1973, Alberto del Río inicia en LA VOZ DE AVILÉS sus tareas relacionadas con la publicación de un suplemento llamado ‘El Grillo’, de carácter mensual, color amarillo, lo que no dejaba de ser una innovación. (…) El canto de ‘El Grillo’ no tardó en ser tildado de exagerado y por eso fue clausurado cuando apenas tenía seis meses de vida».

            Finalmente añado que más detalles sobre gestación, nacimiento, vida y muerte de aquel suplemento en papel amarillo serán motivo de un episodio aparte.

            En papel blanco, por supuesto.

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El pasmoso caso del ‘barroco boticario’ de Avilés
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Alberto del Río Legazpi | 31-12-2017 | 12:12| 0

A lado de palacios y calles del siglo XVII surgieron empresas medicamentosas.

             Fue el siglo de los Shakespeare, Galileo, Newton, Cervantes, Velázquez y Rembrandt. Fue cuando las potencias europeas –que esquilmaban a la recién ‘encontrada’ América– dieron, también en descubrir Australia. Los chollos no paraban.

            John Napier introducía los logaritmos en las matemáticas o se llevaba a cabo la primera transfusión de sangre. Y en la India construían el Taj Mahal.

            Era el siglo XVII.botica-la-camaraimagen1

           Por entonces, la villa avilesina –como Asturias– sufría una profunda crisis económica, hambruna incluida. Pero como siempre hay sitio para la paradoja, resulta que la población se salió de las murallas y comenzó una histórica transformación urbana, con el arte barroco como línea maestra constructiva.

            Uno detrás de otro se levantaron los palacios del marqués Ferrera, el municipal, y el del indiano gozoniego –enriquecido en Perú– García Pumarino. Y cosidos, entre ellos, por soportales, surgió una plaza monumental (un ‘Parche’, artístico donde los haya) de la que parten dos asombrosas calles (Rivero y Galiana) también de traza barroca.

            Ha de saberse, que en Avilés, el comercio –por lo general– no se diversifica, si no todo lo contrario. Hay rúas en los que se amontonan los gremios. Cosa chocante, que viene de antiguo, aparentemente reñida con la moderna lógica productiva. El mayor ejemplo está en su calle mayor (La Cámara) abarrotada de ópticas. Episodio aparte, que da que pensar.botica-rivero-imagen3

            Pero lo comercial trasciende a lo artístico, cobrando dimensiones monumentales cuando se observa que en los cuatro principales palacios de la Villa (Ayuntamiento, Ferrera, García Pumarino y Camposagrado) tienen en vecindad inmediata una (por lo menos) farmacia o botica, cuando no un centro médico. O que en calles barrocas, caso de Rivero, haya también, curiosas señas artístico-medicinales.

            Este hecho, impar y alambicado, nos lleva a afirmar que el ‘barroco boticario’ o ‘farmacéutico’ avilesino es único en Europa, constituyendo una variedad artística misteriosa y –ciertamente– extravagante.

            Escribe Guillermo Díaz–Plaja que ‘el barroco es una técnica y un estado de espíritu’. Pues en Avilés quisiera verlo yo explicando el curioso fenómeno de que en un espacio tan raquítico como plaza de España y calle de La Fruta (en el que apenas cabrían dos campos de fútbol) haya cuatro palacios del siglo XVII y cumpliendo todos ellos funciones sociales: gobierno local (el municipal), hotel de cinco estrellas (Ferrera), escuela de arte (Camposagrado) y sala cinematográfica (García Pumarino o de Llano Ponte).

            Rafael Alberti decía que ‘el barroco es la profundidad hacia fuera’. Tal  exuberancia verbal del poeta andaluz me sirve de muleta para explicar que dichas mansiones palaciegas tienen farmacia o botica, o centros médicos (presentes o pasados) en sus aledaños. El barroco avilesino o prodiga medicina o tiene magnetismo medicamentoso. Es cuestión de fijarse y contar.

            Dos de ellos (Ferrera y García Pumarino) tienen ubicada botica a su vera. O casi.

            En el palacio municipal o ayuntamiento son dos las farmacias (De la Flor y Llorente). Cosa razonable, ya que en tal edificio gubernativo circula mucho personal que necesita acompañarse de calmantes, aspirinas y astringentes, por aquello de no salir descompuestos de la mansión oficial.botica-la-fruta-imagen2

            Y donde ya la cosa alcanza el máximo nivel es en el palacio de Camposagrado, la joya de la corona del casco histórico. Con una farmacia en las inmediaciones, en la calle de la Fruta, y otra –que tampoco le pierde ojo– en retaguardia (plaza de Pedro Menéndez), tiene a su costado derecho una clínica médica privada. No me digan.

            Si a esto unimos que la calle Rivero (donde durante siglos estuvo el Hospital de Peregrinos) comienza casi –en su margen derecho– con una farmacia y que termina, en su margen izquierdo con otra, pues la cosa da que pensar.

            De lo anterior hay que deducir que estamos hablando de que el 30% de las farmacias del centro urbano de Avilés, (sobre un total de veinte) complementan (o custodian o protegen) los monumentos del arte barroco de Avilés. Y que de dichos porcentaje la titularidad recae, por abrumadora mayoría, en féminas. Lo que se hace constar a los efectos oportunos.

            Botica y barroco. Arte y medicina. Original conjunción física y química, de piedra noble y herbolario medicinal, que destruye la teoría expuesta por el escritor argentino Jorge Luís Borges, que mantenía que ‘el barroco es condenable por razones éticas’. Supongo que, de vivir ahora, al de Avilés lo aprobaría por razones médicas.

            El ‘barroco boticario avilesino’ es arte, saludable y absolutamente original.

            Como hielo ardiendo.

(Reedición revisada del episodio publicado en La Voz de Avilés del 13 noviembre 2011)

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La misteriosa, literaria e histórica calle de La Ferrería
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Alberto del Río Legazpi | 24-12-2017 | 12:02| 0

     La que guarda más vestigios del Avilés inicial. La número uno de las que discurrían entre las murallas, demolidas en el siglo XIX. Pasear por ella es ingresar en un pasmoso túnel del tiempo. Una misteriosa sensación andar transitando por épocas pasadas a la que te llevan sus edificios y su conformación urbana, confirmada durante siglos, como principio y final: entrada y salida, de Avilés, según se viajara por tierra o por mar.ferreria-tunel-alberto-z-00x-9-ferreria-tunel-luz-img_8840-bis

      Calle rápida. La única que iba de puerta a puerta de muralla. De la del Alcázar (inicio en El Parche) a la de La Mar -en la confluencia con la calle de La Muralla y a la vera de la iglesia parroquial- donde estuvo situado el puerto hasta el siglo XIX.

      Traspasaba, como un puñal, la ciudadela medieval (conocida como La Villa). Era -y algo le queda- estrecha, con tramos oscuros y soportales, hoy cambiantes y asombrosamente fascinantes.

      Tuvo muchos nombres, aunque el actual (recobrado en 1979) es el más cabal. Porque cuadra con haber sido calle de herreros o también -otra teoría- de que al inicio de la rúa había una gran ferrería. Cosa premonitoria esto del hierro, pues las primeras oficinas de la siderúrgica Ensidesa se abrieron, en la década de los cincuenta, en el número 29 de esta calle.ferreria-luis-alfonso-22-soportales-la-ferreria-luis-alfonso-bis

      Fue en tiempos lejanos, la vía principal, por estar a pie de obra del puerto. La que atesora recuerdos del siglo XII: iglesia de los Franciscanos, o del XIV, como el palacio de Valdecarzana y la capilla de (los de) Las Alas. Edificios que transmiten.

      Los historiadores norteamericanos que vienen a beber de las fuentes de los archivos históricos de Avilés, se asombran e impresionan con lo que ven y palpan en esta calle, donde nació el Adelantado de La Florida (en casa que estuvo en el solar del actual edificio número 29),  vivió de casado (al inicio de la calle, margen izquierda) y donde está enterrado (iglesia llamada De los Padres).

      La Ferrería, como antigua calle principal, ha sido escenario de todo tipo de historias. Desde festejos medievales, hasta de tragedias, la última originada en 1937 por un bombardeo de la aviación del general Franco sobre la ciudad (Avilés se había declarado fiel a la legalidad republicana) y que hizo blanco causando víctimas mortales en uno de sus más antiguos edificios, el actual número 10.ferreria-felix-gonzalez-22-hache-historica-calle-medieval-de-la-ferreria

      Es calle literaria, hoy con un edificio universitario incluido, que gustaba de pasear a Armando Palacio Valdés. Aquí nació el novelista Juan Ochoa, y aquí vivió y murió (portal número 31), Estanislao Sánchez-Calvo, uno de los más destacados filósofos asturianos, especie a proteger en vista de lo escasos que son. Frente a su casa nació la galaxia Gutemberg local, la primera imprenta avilesina propiedad de Antonio María Pruneda. Y también el diario ‘La Voz de Avilés’ domicilió en el actual número 27 de la calle durante muchos años.

      El desconocido (y ya tiene garambaina decir esto) escritor avilesino-cubano Rafael Suárez Solís, nuestro más prolífico autor literario, la describe con desparpajo y nombre cambiado, en su novela ‘Un pueblo donde no pasaba nada’, que mira por donde últimamente pasa de todo, incluso lo que nunca debería haber pasado: que se esté jugando a un peligroso pim-pam-pum con el Centro Niemeyer, reconocido referente mundial, asturiano, en materia cultural. Cuidado, cuidado, que hay historias que no se pueden reescribir…ferreria-alto-soportal-z-x-000000-1-9-la-ferreria-buen-soportal-oye-img_1287-bis

      Por cierto que La Ferrería es la calle del casco histórico más cercana y comunicada, visualmente, con el espacio diseñado por el arquitecto brasileño. Paseándola, oteas en su zona media, la pasarela de acceso al Niemeyer; y casi al final -cerca de un edificio que, con suerte, algún día será museo de la historia urbana de Avilés- divisas la cúpula del famoso centro cultural internacional.

      Las arquitecturas, tradicional y vanguardista, se han terminando soldando y constituyendo una potentísima señal de identidad artística ‘Made In Avilés’.

      La Ferrería es calle recóndita y legendaria.

(Episodio, revisado, publicado en La Voz de Avilés el 19 septiembre 2011)

Calle La Ferrería desembocando en la de La Muralla. En la esquina de la derecha parte del edificio del hotel La Serrana. (Foto cedida por Cástor G. Ovies).

Calle La Ferrería desembocando en la de La Muralla. En la esquina de la derecha parte del edificio del hotel La Serrana. (Foto cedida por Cástor G. Ovies).

 

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Ensidesa, arrasando que es gerundio
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Alberto del Río Legazpi | 17-12-2017 | 11:09| 0

En 2007 se derribaron los antiguos Club y Residencia de Ingenieros que la empresa tenía en Avilés y, hoy, diez años después el solar es un páramo.

          La Empresa Nacional Siderúrgica S. A. (Ensidesa) construyó en Avilés, a finales de la década de los 50, una moderna urbanización de viviendas que fue bautizada popularmente con distintos nombres: Los Bloques de Ingenieros, Poblado de Ingenieros o también Los Bloques e incluso Ingenieros a secas.

          El nombre lo dice todo pues estaba destinada fundamentalmente a ingenieros y, en menor número, a otros titulados universitarios con cargos de alta responsabilidad en la factoría siderúrgica avilesina.

          La política social en materia de viviendas de Ensidesa se inició en la década de los 50 con el poblado para obreros y empleados –una excelencia urbanística– en Llaranes; otro para peritos industriales en bloques conocidos como Las Estrellas en El Pozón y cerca de este, el de La Rocica para empleados de categoría media; el de empleados de categoría superior (Ingenieros) fue para Avilés.

La singular urbanización. Foto de Nardo Villaboy en su libro 'Avilés desde el aire' (1996).

La singular urbanización. Foto de Nardo Villaboy en su libro ‘Avilés desde el aire’ (1996).

          Se construyó entre finales de 1958 y 1959 en lo que entonces eran las afueras de la ciudad, en la calle González Abarca, casi frente al lavadero público de Sabugo, la vieja Hidroeléctrica y las escuelas de Sabugo.

          En una parcela de cerca de nueve mil metros cuadrados se levantaron cuatro grandes bloques de catorce viviendas cada uno; viviendas de entre 230 y 300 m2 cada una. El conjunto fue diseñado por el arquitecto Ignacio Fiter Clavé, quien completó la urbanización con un edificio destinado a Club de Ingenieros y otros dos para Residencia de solteros, ingenieros, claro.

          Hay que decir, cuanto antes, que era una urbanización arquitectónicamente original e impecable. Perteneciente, según la revista digital Monsacro «al denominado movimiento Moderno de la arquitectura de las primeras décadas del siglo pasado, que lo singulariza totalmente del resto de las viviendas construidas por entonces en Avilés».

Ficha de construcción de uno de los bloques (10 junio 1958). Foto cedida por Fernando Soler.

Ficha de construcción de uno de los bloques (10 junio 1958). Foto cedida por Fernando Soler.

          Todas sus edificaciones estaban dotadas de ascensor, calefacción, agua caliente central y garaje; el recinto estaba cerrado a no residentes por un muro, luego verja, con vigilancia privada. Era una urbanización de lujo en una ciudad enloquecida por la carencia de viviendas demandadas por los miles de personas que de toda España llegaban, entonces, a Avilés buscando trabajo. Por eso Los Bloques de Ingenieros crearon resentimiento social en la ciudad, algo que con los años y las edificaciones que empezaron a rodearlo se fue apagando.

          A partir de la década de los 70, con la llegada de la crisis energética, Ensidesa entró en barrena y empezó a tirar cosas por la borda. En aquel sálvese quien pueda se deshizo de sus poblados y de la propiedad de las viviendas de los mismos que pudieron comprar, opcionalmente, sus inquilinos.

          En Avilés el Club de Ingenieros y los dos inmuebles de la Residencia, pasaron de propiedad pública a privada y se reconvirtieron a la hostelería y hotelería (luego centro geriátrico) respectivamente. Aquello fue algo socialmente impactante en la ciudad.

          El selectísimo Club de Ingenieros de la extinta Ensidesa reconvertido en sidrería  fue tremendo, algo que las generaciones actuales no entenderán. Hubo estudiosos, es un decir, que quedaron alcoholizados por aquel suceso hostelero.

          Se pasó de la finura de camarero que hacía la bisagra lumbar susurrando “señor, su Chivas 12 años” al sonoro “¿Pongoi otro culín, jefe? Aquello fue la democracia, siguen diciendo algunos.22-ingenieross-foto-2-cimg1708

          Pero estos negocios tampoco fueron bien y comenzó la especulación de los terrenos, terminando el asunto en que se iban a construir 300 viviendas en tres torres de catorce pisos, para “oxigenar” el suelo, arguyó el concejal de Urbanismo del Ayuntamiento avilesino. Qué cosas, oiga. Y arrasaron las edificaciones, por supuesto.

          Con  lo que otros símbolos más de una era industrial, que transformó por completo esta ciudad, al garete. Destruyeron, arrasando o achatarrando,  paisajes y edificaciones características de la segunda mitad del siglo XX, símbolos que marcaron la historia de Avilés, como en su tiempo hicieron el románico, el gótico o el barroco.22-ingenieros-cimg1898-bis

          Y se fueron abajo los edificios en cuestión y el original conjunto quedó fracturado perdiéndose unos símbolos arquitectónicos de los años cincuenta, únicos en el país. Una urbanización notable de la que casi nadie se había ocupado. No tuvo detrás defensores –personas, medios e instituciones– del patrimonio industrial como los que hubo en el intento de salvar instalaciones industriales, con la excepción –que yo sepa– de Monsacro y concretamente de Fernando Soler del Campo.

          Total, que desde que aquel concejal avilesino habló de oxigenar el suelo han pasado diez años e ignoro si se ha oxigenado o no, pero seguro que se ha oxidado.

          Es un vergonzoso borrón en la ciudad.

 

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Espacio dedicado a aspectos históricos, biográficos, costumbristas y artísticos, fundamentalmente de Avilés y su comarca actual, así como a territorios que, a lo largo de los siglos, le fueron afines. Tampoco se excluyen otras zonas del planeta