El Comercio
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Autor: albertodelriolegazpi_62010
Sabugo, la flor de la maravilla
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Alberto del Río Legazpi | 18-10-2017 | 9:21| 0

       Fue la pesca la que labró su pasado como pueblo. Capturaban productos del mar con barcas armadas por ellos, lo mismo que luego hicieron con galeras y galeones. Por ejemplo, para Pedro Menéndez de Avilés, cuando puso rumbo a la América del norte
       Por siglos estuvo bastante clara la identidad de Sabugo como pueblo. Hoy, su núcleo central (plaza del Carbayo) se ha reconvertido en una de las zonas hosteleras más famosas de Asturias.
       Por lo que se ve, aquí siempre mandó la humedad. Ayer marinera y hoy sidrera. Ni los mareantes antes por los violentos oleajes. ni los mareados ahora por los vapores etílicos, mayormente.
       Los libros más antiguos del Archivo Histórico local nos informan que en el año 1479 el alcalde de mar, de Sabugo, era Pero López. Mientras la vecina y poderosa Villa de Avilés tuvo tres regidores ese mismo año (Juan del Peso, Juan Rodríguez y Ferrando de Cabada). Sabugo, tenía forma y maneras de ente autónomo.22-sabugo-plaza-carbayo-foto-aerea-reducidos-pixels
       Y también llama la atención la cuestión de su iglesia de Santo Tomás de Canterbury (siglo XIII), que dependía de la jurisdicción eclesiástica de Pravia y no de la de su vecina y tan próxima: la avilesina de San Nicolás de Bari (siglo XII).
       Ambos templos construidos con poca diferencia en el tiempo, lo que dice mucho sobre la importancia de Sabugo edificado sobre suave colina resbalando hacia la mar, en un lugar próspero en flores de saúco, planta que siempre sirvió como infusión (‘fervidiello’) para sus habitantes mayoritariamente marineros, pescadores y artesanos de útiles marinos. Todos vivían del mar y muchos morían en él.
       Pueblo de gentes humildes y aguerridas, celosos de su ‘independencia’ respecto a la villa, a la que estuvo ‘unida’ durante siglos por un enclenque puente de madera. Símbolo de la desunión social entre ambos.
       Sabugo fue trazado con tiralíneas: la calle de Alante, hoy de La Estación; la de Atrás, ahora de Bances Candamo; la de Enmedio, actualmente de Carreño Miranda y su recoleta plaza (con su extraordinaria iglesia) que, en tiempos, lució un arrogante carbayo, donde antes hubo un fresno, una fuente pública y un cementerio adosado al templo.
       Sabugo fue ‘descaradamente’ rico (en la Edad Media) y luego descarnadamente pobre y sufridor, en mayor número que otras zonas de la población , de calamidades sanitarias.22-sabugo-calle-bances-candamo-sabugo
       Y luego ocurrió que en el siglo XIX Avilés rescató terreno al mar y ensanchó su zona urbana construyendo el parque del muelle y la actual plaza del mercado. Una vez creados estos espacios llanos y habitados, Avilés engulló definitivamente a Sabugo, al que integró como barrio.
       La ‘invasión’ quedó completada al inaugurarse (1890) la nueva estación de ferrocarril de Avilés en terrenos ocupados antaño por sus carpinteros de ribera (astilleros de épocas pasadas).
       Todavía quedan rescoldos de ‘su suspirada independencia’, en alguna de las coplas bailadas al sosegado ritmo de danza prima: ‘Mal haya quien puso el puente para pasar a la Villa, sabiendo que hay en Sabugo la flor de la maravilla’.
       Hoy, aquel pueblo marinero es una de las zonas mas nobles de ese Avilés de por los siglos de los siglos amén.
       Su historia es tan variada en acontecimientos que exige episodios aparte. Y si alguna conclusión hubiese que sacar ahora, es que Sabugo no es mejor ni peor, que éste, aquel o el de más allá.
       Sabugo, es distinto. Punto.
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(Revisión del episodio publicado en LA VOZ DE AVILÉS, del domingo 16 de octubre de 2011)

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María Zambrano, sabia con savia en Avilés
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Alberto del Río Legazpi | 15-10-2017 | 11:13| 0

(La famosa intelectual andaluza tiene en la ciudad asturiana un parque y una calle que llevan su nombre).

       Un día buscando la farmacia de guardia me encontré con gran sorpresa con una calle llamada María Moliner. Y al doblar la esquina de tan enciclopédica señora descubrí otra dedicada a la filósofa María Zambrano y también un parque bautizado con su nombre. Municipal hazaña administrativa que no logró ni el mismísimo Adelantado de La Florida americana aunque sí otra mujer, la religiosa Luz Casanova. El callejero local a veces se hace admirar.

María Zambrano en 1933.

María Zambrano en 1933.

       Aquello ocurrió justo al comenzar el siglo XXI. Cincuenta años antes, al haberse establecido en Avilés la gran industria –Endasa (léase Alcoa), Cristalería (que ahora se hace llamar por su nombre francés de St.Gobain) y sobre todo la siderúrgica Ensidesa (hoy Arcelor–Mittal)– habían arribado, con urgencia, a la ciudad miles de personas buscando parada y fonda, la que se pillara, para trabajar en las factorías citadas.

       Y como todo fue tan inopinado en aquel El Dorado industrial, se conjugó el verbo urbanizar a velocidad de vértigo naciendo así barrios vertiginosamente espantosos; el poblado de Llaranes fue la excepción que confirma edificaciones atropelladas como las de La Carriona o el barrio de La Luz. Es lo que traen las urgencias. Luego y coincidiendo con la llegada de los Ayuntamientos democráticos la cosa se calmó bastante y comenzaron a crecer complejos urbanos de un modo más sosegado y, sobre todo, racional.22-zambrano-parque-fuente-028

       El sureste de la ciudad es el penúltimo lugar ‘colonizado’ por el urbanismo, porque el último es La Grandiella lugar fronterizo con el Corte Inglés local. Hacia esa llanura del sureste frenada por las colinas donde se asientan Miranda, Heros y San Cristóbal de Entreviñas, creció Avilés a finales del siglo XX. A la zona se la conoce como El Quirinal, nombre de una antigua finca ubicada en un extremo de Las Meanas, topónimo que muchos turistas toman por lo fisiológico.

       En El Quirinal, ya decía, se construyó racionalmente (viviendas, servicios sanitarios, educativos y deportivos) y surgieron edificaciones altas, medianas y también unifamiliares. Pero lo que llama mucho la atención son los nombres de sus calles (tanto aquí como en las urbanizaciones vecinas de Valgranda, separadas del Quirinal por la llamada ‘Carretera de la Plata’) dedicadas a destacadas mujeres de ámbito nacional e internacional y en distintos campos. El callejero tiró aquí, gracias a Dios, la casa por la ventana.

       Hablo de gente como Victoria Kent, Dolores Medio, Sor Juana Inés de la Cruz, Dolores Ibarruri, María Lejá­rraga, Elena Soriano, Aida de la Fuente, Isabel Oyarzábal, Somaly Man, Obdulia García, Emilia Pardo Bazán, Margarita Nelken, María Moliner y María Zambrano.22-zambrano-parque-el-bosque-maria-zambrano-img_8523

       Entre las dos Marías últimas hay un parque –inaugurado en el año 2000 y que ocupa 4.000 metros cuadrados– que lleva el nombre de la intelectual andaluza María Zambrano. Se trata de una recoleta zona boscosa con un catálogo vegetal de avellanos, acebos, abedules y robles plantados sobre una colina con bancos, me refiero a los de asiento por supuesto. Al otro lado de la calle José Cueto, que divide el parque, está la zona infantil y otra posteriormente añadida.

       Se trata de un espacio verde curiosísimo llamado ‘El bosque comestible’ (ecosistema que imita la estructura del bosque natural utilizando principalmente plantas comestibles) merced a un proyecto de Adrian Hopkins (siempre aparece un inglés en estas historias) secundado por la vecindad, y que realizó la Escuela Taller Vedelar promovida por la Fundación Secretariado Gitano en colaboración con el Ayuntamiento de Avilés, financiando la obra los gobiernos autonómico, nacional y europeo.

       María Zambrano Alarcón (Vélez–Málaga, 1904-Madrid, 1991) fue, según la Enciclopedia Oxford de Filosofía, la más importante figura femenina del pensamiento español del siglo XX. Discípula ‘apasionada’ del filósofo José Ortega y Gasset (casi siempre se refería a él como ‘Don José’) realizó buena parte de su obra basada en algunas ideas de su maestro que ella singularizó vertiéndolas en numerosas publicaciones.

María Zambrano en 1988.

María Zambrano en 1988.

       Profesora de la Universidad de Madrid, la Guerra Civil de 1936 la obligó a un exilio mareante: París, Nueva York, La Habana (donde conoció a los escritores avilesinos Rafael Suárez Solís y Luis Amado Blanco, colaboradores como ella en la revista ‘Orígenes’), México, Italia y Suiza, antes de su regreso definitivo a España, en 1984, acompañada de sus inseparables gatos que representaban para María la personificación de sus ideales «libertad e independencia, desde el respeto y la integridad tan propios de un gato».

       En 1981 le fue concedido el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades y en 1988 el Cervantes, el más prestigioso galardón de las letras hispanas, siendo la primera mujer que lo consigue.

       He aquí una persona sabia también distinguida en Avilés con una senda, o calle, y la abundante savia de su parque.

       María Zambrano, sabia con savia.

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Luanco, aquel médico de Avilés natural de Castropol
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Alberto del Río Legazpi | 01-10-2017 | 11:13| 0

Claudio Luanco figura en la historia avilesina como un destacado personaje que puso en marcha grandes empresas festivas (El Bollo) y culturales (teatro Palacio Valdés).

            En Avilés el viento del oeste suele traer lluvia y también otras cosas, dicho sea con perdón, como dos médicos que hoy figuran como personajes destacados en la historia de la ciudad. Hablo del fascinante José Villalaín (Navia, 1878–Salinas, 1939) y del impagable Claudio Luanco (Castropol, 1838–1916).22-luanco-bolleria-2013-claudo-luanco-foto-m-g-alonso

            Claudio Fernández–Luanco y Riego, que tal era el nombre oficial que consta en el registro civil de Castropol donde nació, una vez llegado a Avilés afeitó dicha legalidad quedándose en un campechano Claudio Luanco.

            Hizo la carrera de medicina entre Santiago de Compostela y Madrid regresando a Asturias para ejercer como médico rural en un ámbito territorial que abarcaba Castropol, Los Oscos, Taramundi, Vegadeo y Ribadeo. Pero quiso tocar ciudad grande y lo hizo en Avilés donde obtuvo plaza de ‘Médico de Asistencia Pública Domiciliaria’ durante el mandato del alcalde Bonifacio Heres (1874–1879). Por chocante que parezca la medicina, entonces, dependía de alcalde y concejales hasta el punto de que por ejemplo el 15 de enero de 1890 la Corporación acepta que se le facilite al médico Claudio Luanco el microscopio (que el alcalde guardaba celosamente en la caja fuerte de su despacho) para un urgente análisis clínico prometiendo, escribía el doctor Luanco con mucha coña, en su petición  «devolverlo limpio, pues nada de extraño tendría que después del tiempo transcurrido sin hacer uso de él empezara a deteriorarse».

            Del Claudio médico, soltero y residente en el hotel La Serrana todos los años que permaneció en Avilés, se guardan noticias de su eficacia profesional con el plus impagable de su simpatía. Pero fueron los resultados de su implicación en la vida social avilesina los que han hecho de él uno de los personajes destacados en la historia de la misma.

            Claudio Luanco era un tipo de lo más cordial y sociable, miembro de algunas asociaciones y sobre todo de tertulias establecidas en el ‘lobby La Muralla’, donde se reunía los representantes del Avilés pudiente que en escasos metros cuadrados se apelotonaban en los cafés Colón e Imperial, en el Casino (entonces frente al Colón) o en los salones del hotel La Serrana, situado al lado del palacio de Camposagrado. En aquellos, cafés o salones, se discutía todo y de todo.

La famosa Comida en la Calle (record Guinnes Mundial) forma parte de las fiestas del Bollo de Avilés.

La famosa Comida en la Calle (record Guinness mundial) forma hoy parte de las fiestas del Bollo.

            Y si de una de aquellas tertulias, presidida por Wenceslao Carreño –coronel de Artillería, bebedor risueño y bibliófilo empedernido– salió la iniciativa de una biblioteca popular de préstamo de libros (ver en LA VOZ DE AVILÉS del 18 de enero de 2015 ‘El coronel si tiene quien le escriba’) que se puso en marcha y hoy una realidad triunfante con el nombre de Biblioteca Bances Candamo ¿por qué no iba a salir de allí un festejo masivo de la mano de un médico?

            Y nació al fundarse en una de aquellas tertulias una cofradía llamada ‘El Bollo’, presidida por Claudio Luanco, que acordó organizar una fiesta sonada el primer día de la Pascua florida para olvidar abstinencias, ayunos y vigilias cuaresmales. Sería, en contraposición con la Semana Santa, una fiesta laica multitudinaria basada –según confesó años más tarde el médico Luanco– en la del martes de Pentecostés celebrada en Oviedo y conocida como La Balesquida, repartiendo también vino y bollo. La fiesta avilesina que comenzó en 1893, se fue complementando en el trascurrir de losa años con carrozas decoradas con distintos motivos y con folklore asturiano para dar y tomar. Un éxito total, hoy en día con el añadido de la Comida en la Calle –desde 2017 record Guinness mundial de participación gastronómica en torno a mesa y mantel– y declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional desde 1972.

            Claudio Luanco también le metió mano al carnaval avilesino, pero con todo su obra menos conocida es su lucha, junto con sus amigos, para hacer realidad el teatro Palacio Valdés, edificio que la gente bautizó como ‘el teatro de Luanco’.

El teatro Palacio Valdés fue posible gracias al empuje de gente como Claudio Luanco,

El teatro Palacio Valdés fue posible gracias al empuje de gente como Claudio Luanco,

            A ese nivel popular llevó su implicación  en la construcción de un teatro deseado de boquilla por los poderes de la ciudad pero que nadie se atrevía a poner en marcha ante el temor al fracaso o al ridículo. Y fue entonces cuando Claudio Luanco convoca una reunión en el Ayuntamiento de la que sale una comisión presidida por él mismo (oficializada como «S.A. Del Teatro») que lanzó acciones de quinientas pese­tas y que el médico fue ‘vendiendo’ puerta a puerta por las casas de los notables de la ciudad. Y así se logró poner, en aquel año de 1900, la primera piedra al teatro hoy conocido ‘Palacio Valdés’. Acto en el que Claudio Luanco firmaría, junto a Leopoldo Alas ‘Clarín’ y otros notables, con pluma de oro. En dicha jornada, el catedrático ovetense Adolfo Álvarez-Buylla (uno de los padres de la Extensión Universitaria) sugirió que el teatro debería llevar el nombre de Claudio Luanco… Nadie lo secundó.22-luancooo-img_7918

            Cuando aquel hombre incansable se jubiló volvió a su casa natal de Castropol, entre el sentir de la mayoría y la indisimulada alegría de algunos personajes rancios de la ciudad que lo tenían atravesado, quizás por su gran popularidad. Lo refleja muy bien el fundador de LA VOZ DE AVILÉS, Juan González Wes «Dicen que don Claudio, el creador del nuevo Teatro, el que donó el milagro de estas fiestas de Pascua de resurrección, se fue de Avilés a fundir su amargura en el encantador retiro de Castropol (…) Era un hombre culto, animoso, amante del progreso, buen médico, cordialísimo… pero tomado un poco a broma por quienes carecen del sentido del humor, por ausencia de cultura»        

            Florentino Álvarez Mesa (Alcalde de Avilés entre 1897 y 1908) escribió que «Hubo un tiempo en que Avilés se dormía y D. Claudio Luanco la despertó. ¡Bien por él! (…) Que haya un teatro más, no importó nada… ¡Lástima de Luanco! ¡Cuánto valía!».

            Pero con el tiempo aquel personaje de barba rala y peluquín estrafalario (su bisoñé fue famoso), de aspecto un tanto desaliñado que usaba un ‘paletó’ tres cuartos con cuello de terciopelo, aquel médico desenfadado llamado Claudio Luanco está en la historia de Avilés, con dos calles que lo recuerdan (directa e indirectamente) como un sanador, un gran sanador festivo y cultural.

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Espacio dedicado a aspectos históricos, biográficos, costumbristas y artísticos, fundamentalmente de Avilés y su comarca actual, así como a territorios que, a lo largo de los siglos, le fueron afines. Tampoco se excluyen otras zonas del planeta