El Comercio
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Autor: albertodelriolegazpi_62010
Los cuernos de la Ría
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Alberto del Río Legazpi | 10-12-2017 | 11:05| 0

            El mundo, aparte de muy ruidoso, va muy rápido. Por ejemplo un conocido mío, Pepe Mouriño, que estuvo trabajando dos años en los Estados Unidos durante 2004 y 2005, no reconoció a su regreso a Avilés el paisaje de la ría al ver que por fin no veía las montañas de lodos que enmierdaron la zona alta del estuario, entre los puentes Azud y San Sebastián, durante los años siderúrgicos.22-aviles-escultura-panoramica-paseo-ria-img_6162

            También comprobó que el estrecho camino asfaltado –en el que también operaban los rederos del puerto pesquero– que corría entre la avenida del Conde Guadalhorce (o carretera de San Juan) y la Ría, delimitado por árboles, bancos de cemento y norays, también había desaparecido. Había sido desplazado por un magnífico paseo de 986 metros de largo, por 15 de ancho, con balaustrada metálica, iluminación, césped, menos árboles que antes, bancos de madera y una escultura gigantesca con tres enormes conos. Luego le dieron detalles.

            Su autor era el pintor, escultor y enseñante, Benjamín Menéndez Navarro a quien la Autoridad Portuaria, entonces presidida por Manuel Ponga, había encargado una escultura para aquel nuevo paseo después de desechar la idea de plantar una fuente.

            Benjamín se puso a la tarea y presentó un proyecto titulado ‘Avilés’, que fue aprobado, de tres conos de acero corten de unos 30 metros de altura unidos en orden disperso del suelo al cielo. Tengo leído que explicó que «Se trata de una trilogía que recoge muchos momentos vitales y creativos. Es un canto, un poema dedicado a la mar, a la historia de la ciudad y a la ría que le dio origen» (Para conocer con más detalle la trayectoria del escultor recomiendo el artículo de Cristina del Río publicado en LA VOZ DE AVILÉS, 8 de octubre de 2017, titulado ‘El discurso escrito sobre acero’).

La popularidad de la escultura se traduce en publicaciones e incluso en repostería. El pastel se llama Conos.

La popularidad de la escultura se traduce en publicaciones e incluso en repostería. El pastel se llama Conos.

            La obra requería un complicado trabajo de ingeniería, construcción e instalación, lo que hizo que los portuarios buscasen otros patrocinadores y colaboradores (públicos y privados) que compartiesen el coste de la gigantesca obra de arte. Los encontraron y y el asunto echó a andar.

            Se realizó en Avilés, en el Polígono Empresarial Principado de Asturias (PEPA) donde ingenieros y operarios especializados planificaron y trabajaron, durante 18 meses, en su fabricación y posterior unión de 225 piezas que ensambladas formarían los conos de 30 de metros de altura y un peso total de 60 toneladas. Su traslado e instalación también fueron complicados y hubo que cortar el tráfico dos días en la carretera de San Juan.

            Ya dije que Benjamín Menéndez había bautizado su obra como ‘Avilés’, pero el personal le buscó otros nombres, hasta se hicieron quinielas: Los pinchos. Las púas. Los mástiles. El encuentro. Oricio. Orición (seguramente de admiradores gijoneses). Ojalá (parece que este fue nombre de gusto del autor). Los pirulís. Acero cornudo. ¡Coño que cono!… Tricuerno. Acero cabrón (seguramente los hartos ‘de la moda’ del acero corten). Tricono. El tricornio de la Ría y, con el que se hubiera quedado Pepe, Los cuernos de la Ría.

            Son tres enormes conos de acero (28, 29 y 30 metros) que desde el suelo parten unidos, en orden disperso hacia el cielo con diferentes ángulos de inclinación y dirección. El conjunto tiene 32 metros de ancho y 28 de fondo.

Cae la tarde en la Ría (Foto de Luis Alfonso del Río Legazpi)

Cae la tarde en la Ría (Foto de Luis Alfonso del Río Legazpi)

            El material utilizado para la escultura es acero, hoy producto ya históricamente asociado a Avilés, pero acero corten (corrosión tensada: cor–ten) que se irá oxidando,  efecto que protegerá a la pieza del deterioro.

            ‘Avilés’, inaugurada oficialmente el 15 de septiembre de 2005, es ya una incontestable referencia en la ciudad y también en Asturias ya que es la escultura urbana más grande de la región, poco más que el «Sagrado Corazón» del Naranco ovetense y más de tres veces que el «Elogio del horizonte» de Gijón. La magnitud, presencia y perspectiva de los tres conos dominan y atraen la vista sobre ellos. Disparo visual impresionante.

            La obra ha quedado anclada, al lado del nuevo puerto deportivo, en la margen izquierda de la Ría y es un jalón, otro más, que marca su reconquista. Un episodio aparte.

            En los siguiente años Pepe Mouriño –vecino de la conocida calleja Los Cuernos– asistió en persona a otros hitos de dicha reconquista como fueron el ‘nuevo’ puente de San Sebastián, que une las dos márgenes de la ría, y la inauguración del complejo cultural trazado por el arquitecto brasileño Oscar Niemeyer en la margen derecha.

            Y hoy, doce años después de inaugurada la escultura de Benjamín Menéndez en la margen izquierda, se divisa a la Ría –aquella enorme cloaca– virando, a pesar todavía de alguna salpicadura contaminante, del negro al tecnicolor.

            Tratando de recuperar la salud.

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Palacios multiusos
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Alberto del Río Legazpi | 03-12-2017 | 11:08| 0

(El trajín que han tenido desde el siglo XIV hasta hoy los palacios de Avilés).

          Desde hace 700 años no hay un solo palacio en Avilés que haya sido utilizado exclusivamente para lo que se construyó. Casi todos ellos han tenido una actividad múltiple, en algún caso frenética y en otro muy lamentable.

         Aclarando que tomo el término palacio en su sentido más amplio (como edificio no exclusivamente de reyes y nobles) paso a relacionar, por orden cronológico, las ocupaciones que tuvieron.

         Palacio de Valdecarzana (siglo XIV). En origen construido por un rico comerciante en la calle La Ferrería que instaló en la planta baja su negocio mientras la superior fue su residencia familiar. En el siglo XVII lo compró el marqués de Valdecarzana y de ahí le viene al edificio lo de palacio. Dos siglos más tarde fue adquirido para vivienda particular por el abogado Fernando Mª Ochoa que también fue alcalde de Avilés (de 1861 a l864); en vivienda tan historiada nació su hijo Juan, el que luego sería famoso escritor. A principios del siglo XX el palacio acogió a las Escuelas Manjonianas. Más tarde su planta baja fue disfrazada de comercio de vinos y coloniales. En 1933 una sociedad de servicios ligada a los consignatarios avilesinos son los nuevos inquilinos. En 1939 es el Ministerio de Trabajo quien lo ocupa y punto.  Más tarde el Servicio Sindical Portuario instala allí alguna oficina y un Dispensario Clínico. Los bajos también funcionaron como economato de portuarios y de una empresa estatal, mientras que la planta superior fue ocupada por servicios municipales, hasta que 1998 se procede a su rehabilitación siendo alcalde Agustín González (de 1995 a 1999), para convertirlo en sede del Archivo Municipal de Avilés. De momento sigue así.

         Palacio de Ferrera (siglo XVII). Construido, con dos escudos en sus dos fachadas, como residencia de los marqueses de Ferrera en Avilés. Durante la Guerra Civil y hasta que las tropas de Franco entraron en la ciudad se establecieron en él el Comité de Guerra Republicano y la Comisión de Agricultura. Terminada la contienda el palacio volvió a sus dueños quienes más tarde lo vendieron a la familia Sitges hasta que a principios del siglo XXI se hizo con el una sociedad que lo rehabilitó para hotel de máxima categoría. El Ferrera pasó de dos escudos a cinco estrellas.

          Palacio Municipal (siglo XVII). El Ayuntamiento se instaló aquí en el siglo XVII pero era mucho espacio para tan poco funcionario municipal, por lo que puso en alquiler la planta baja para comercios múltiples. En el siglo XX cesó la actividad mercantil y los bajos fue recuperados para usos municipales. Ya había empezado a crecer la plantilla y ya nunca dejaría de hacerlo.22-palacios-multiuso-camposagrado

          Palacio de Camposagrado (siglo XVIII). Sobre un palacio anterior muy primario, propiedad de una rama de la familia de Las Alas, el marqués de Camposagrado lo adquirió y remodeló totalmente. Luego le sucedió en la propiedad el marqués de Santiago. En 1809, durante la Guerra de la Independencia, las tropas francesas entraron en la ciudad y lo convirtieron en su cuartel general hasta su retirada en 1811. En el siglo XX se estableció en sus bajos una de los comercios con más solera de Asturias, ‘Los Castros’, que cerró sus puertas finalizando ya el siglo. Después de una serie de operaciones inmobiliarias el palacio fue adquirido por el Ayuntamiento, siendo alcalde Agustín González y más tarde, en los inicios del siglo XXI, con Santiago Rodríguez Vega (de 1999 a 2007) al frente de la Corporación, se convirtió en Sede de la Escuela Superior de Arte del Principado de Asturias. Aún se escuchan los aplausos.

         Palacio de García Pumarino o Llano–Ponte (siglo XVIII). Construido por uno de los primeros indianos asturianos, Rodrigo García Pumarino, fue intercambiado por su herederos con las propiedades que la familia Llano–Ponte tenía en Sabugo. En el primer tercio del siglo XX se convirtió en el Liceo de Avilés, entidad educativa que cesó sus actividades en 1936, al comienzo de la Guerra Civil. La República lo convirtió en Cuartel de las Milicias. Al término del conflicto fue convento de monjas carmelitas. Más tarde adquirido por dos socios que lo vaciaron totalmente dejando solo en pie la fachada para convertirlo, en 1949, en lo que fue cine Marta y María, que cesó en sus actividades en 2013. Actualmente se anunció la intención de instalar en el, desgraciado, inmueble un gran asador. Qué cosas.22-palacios-multiuso-foto-que-manda-balsera

         Palacio de Maqua (siglo XIX). Residencia de la familia de ese nombre hasta que en el siglo XX el edificio ‘se convirtió’ en el Colegio Santo Ángel. Siendo alcalde Manuel Ponga (de 1979 a 1988) el Ayuntamiento compró el inmueble dentro de una operación –vista hoy como histórica– de adquisición de edificios notables de la ciudad (palacios de Maqua, Balsera y mansión de Arias de la Noceda) para instalar en ellos servicios municipales garantizando la conservación de los valiosos inmuebles. El palacio de Maqua está a la espera de una seria reparación que lo deje listo para nuevas actividades.

         Palacio de Balsera (siglo XX). Construido por el comerciante Victoriano Fernández Balsera como residencia familiar fue vendido por sus herederos, a finales del siglo XX como ya dije, al Ayuntamiento que estableció en él la sede del Conservatorio Municipal de Música. Y solfeando sigue.

         Música e historia. Tengo por cierto que un pueblo no vale solamente por lo que ha sido, vale también por lo que es, por su aspecto, por su conservación.

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La plaza que te emplaza en Avilés
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Alberto del Río Legazpi | 29-11-2017 | 10:31| 0

La de Álvarez Acebal, antigua de San Francisco, es una encrucijada prodigiosa

            Una plaza que le hubiera encantado a Marcel Proust, fanático del tiempo y de las magdalenas.

            En principio fue territorio franciscano, desde que la orden religiosa llegó a esta villa amurallada en el siglo XIII (solamente se instalaban en poblaciones muy destacadas) y los monjes construyeron su convento –era su costumbre– en las afueras. Aquí lo hicieron en una colina cercana al sur de la muralla de ahí su nombre primigenio: Convento de San Francisco del Monte.

            Unos cuatrocientos años más tarde comenzó Avilés a crecer por esta zona (y por el arrabal de Rivero) y parte de los terrenos –dedicados a huertas– de los frailes fueron ‘secularizados’, para que discurriera por aquí la nueva calle de Galiana. Porque sabido es que el uso hace costumbre y ésta, según el dicho, hace hábito… pues héteme aquí que el hábito urbano desplazó al frailuno.

            De tal guisa nació la plaza, bautizada como de San Francisco. Aunque mucho después, en 1922, cambió el nombre por el de Domingo Álvarez Acebal, ilustre ciudadano que había dedicado más de cincuenta años a la educación. No obstante parte del imaginario popular, a esta plaza, también le adjudica el nombre de ‘El jardinin’.22-plaza-alvarez-acebal-cimg0082-bis

            En Álvarez Acebal desembocan las calles de San Francisco y Alfonso VII (que el personal conoce, faltaba más, como ‘La calleja los cuernos’). Y de Álvarez Acebal salen Galiana, que ya pasaba por aquí hace trescientos y pico de años, y Julia de la Riva que lo hace desde 1907.

            En este sitio inaudito, está el convento (hoy parroquia de San Nicolás desde 1867) con muestras de románico, gótico y hasta un claustro, barroco, que luce un vestigio prerrománico. También la más funcional Casa de Cultura de Asturias (realizada por las Corporaciones presididas por Manuel Ponga y Santiago Rodríguez, sin olvidar el empeño del concejal de Cultura, Pepe Martínez). Por aquellos años ochenta, el Ayuntamiento adquirió el palacio Balsera para convertirlo en Conservatorio de Música.

            Otro que tal baila es el edificio de Artes y Oficios, inaugurado en 1891 siendo alcalde Florentino Álvarez-Mesa. Fue un proyecto arquitectónico del genial Armando Fernández Cueto que era maestro de obras, que conste.

            Estos edificios se pueden comprobar visualmente, si uno se sitúa en la posición que sugiere la niña de la fotografía.

            Y al terminar la vuelta al ruedo anteriormente propuesta, la mirada comienza a caminar por el monumental muestrario arquitectónico de la calle San Francisco abajo, traspasanado El Parche más artístico de España (siglo XVII) y terminando en la chimenea del Sinter (106 m. de altura), símbolo de aquella ENSIDESA que revolucionó Avilés, a mediados del siglo XX.

            El otro día, comentaba con Luz Villasana, que esta plaza te coloca, te emplaza en Avilés, una villa premiada a efectos monumentales –lo último fue el Niemeyer– que ojala sepa conservar por los siglos de los siglos, amén.

(Edición corregida del episodio publicado en el diario LA VOZ DE AVILES del 12 febrero de 2012).

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Aquel Avilés con muralla de piedra, que duró siglos
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Alberto del Río Legazpi | 25-11-2017 | 10:23| 0

            Nos enseñaron desde niños que Avilés –en su salada y afilada historia– vivió cientos de años protegida por murallas que la resguardaban de peligros sin cuento, que le venían por tierra y mar.

             Por entonces –tiempos medievales– tenía una población  relativamente próspera y generalmente privilegiada por un Fuero concedido por los reyes, que protegía a sus habitantes del abuso que ejercía la asilvestrada nobleza (este término tómenlo en el sentido ortográfico) sobre los asturianos.

            La villa avilesina jugaba un papel vital dentro del negocio marítimo internacional, gracias a su puerto, situado al fondo de la Ría y por tanto seguro cobijo para las naves que, por entonces, eran bastante enclenques para soportar vendavales incluso amarradas en puerto.

            Los efectos comerciales de Avilés viajaban hasta la próxima villa de Oviedo, y de allí se extendían por ciudades castellanas. Y viceversa.muralla-aviles-siglo-xv-javier-marinas-alberto-del-rio

            La muralla tenía un perímetro de forma oval de, aproximadamente, 800 metros de longitud, cercando un territorio de unos 47.000 m.2, atravesado por cuatro calles. Su superficie venía a ser como la mitad del actual parque Ferrera.

            La cerca no tiene partida de bautismo (se calcula que fue levantada entre los siglos IX y XI), aunque sí de defunción ocurrida en 1823 al finalizar su demolición a golpe de pico, con nocturnidad histórica y alevosía legal. Los sacamantecas financieros avilesinos, de la época, se pusieron las botas.

            Pero esto del pelotazo decimonónico y aquello de la vida en el cercado, son episodio aparte. 

            Hoy solo diré que la muralla tenía cinco puertas, inicio o final de calles, como se puede ver en el dibujo de Javier Marinas, que es una recreación –elemental– en torno a los siglo XIV / XV.

            La actual calle de La Ferrería (entre 1 y 4) era la más importante y estaba divida en dos tramos. El que va (del 1 al 6) desde la puerta del Alcázar (fortaleza militar de la villa) hasta la casa de Valdecarzana, era conocido como calle Principal o de la Ferrería. Y el segundo (desde el 6 al 4) calle Mayor o de San Nicolás. La actual plaza de Carlos Lobo, llevaba el nombre de San Nicolás.

            La Fruta también tenía dos tramos: Desde la puerta de la muralla, conocida como de Cima de Villa (2) o Cimadevilla y también del Reloj, la calle llevaba el primero de los nombres, hasta su entronque con la –hoy– calle El Sol. Enlace donde también domiciliaba el poder civil (Casa del Concejo, o sea: Ayuntamiento). A partir de aquí, y hasta el final, La Fruta, era conocida como calle Oscura por la acusada estrechez de la misma.

            Ambas calles principales estaban unidas por la del Sol, entonces con nombres cambiantes como: calle del Azogue o de la Pescadería, debido a su ‘especialización’ en el comercio de pescado.

            La de San Bernardo iba de la puerta 3 (de La Cámara o del Postigo) a la 5 (puerta del Puente), contigua a los alfolíes de la sal. Era el tránsito oficial, por la villa amurallada, del Camino Real que venía del interior asturiano e iba hacia Gozón. Era la calle más larga, pero la menos poblada, hasta que se instaló en ella el convento de San Bernardo.

            La muralla, en su perímetro interior tenía un camino llamado de Ronda, que circunvalaba toda la cerca.

            El cementerio estaba al lado de la iglesia de San Nicolás de Bari (7) y de la capilla de Las Alas.

            Al puerto de Avilés, el más importante del norte peninsular allá por el siglo XIV, se accedía, al final de La Ferrería, por la puerta de La Mar (4).

            Luego –separado por el agua y unido por un puente– estaba el pueblo de Sabugo con su alcalde de mar, su población pescadora, su iglesia (8) y sus astilleros.

            Como la población iba en aumento, surgieron arrabales como la plaza de Fuera de la Villa (hoy plaza de España), La Galiana y El Ribero, que más adelante –en el siglo XVII– se urbanizarían.

            Después de aquella muralla secular nos llegó, en los inicios de este siglo XXI, una muralla electrónica que protege al casco histórico del tráfago del tráfico y cuyas almenas se llaman bolardos. El mismo equipo con diferentes camisetas.

(Edición corregida del episodio publicado en el diario La Voz de Avilés de 17 de junio de 2012)

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Siempre nos quedará el Germán
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Alberto del Río Legazpi | 19-11-2017 | 11:20| 0

          La moda no se vota sino que bota y rebota a capricho de diseñadores y tendencias. Excepto en casos como el de la hostelería y en concreto de las llamadas zonas húmedas o sitios de copas, donde vota el capricho de los consumidores.

            Por ejemplo en Avilés, y en las décadas de los 60 y 70 del pasado siglo, tuvo fama –que se extendió a toda Asturias– el barrio de Sabugo. Pasados los años decayó allí la juerga ya que a la marea le dio por subir por Galiana donde anduvo dos lustros para bajar más tarde a La Ferrería y Rivero, estabilizándose en los últimos tiempos en las zonas citadas aunque parece que superadas por El Carbayedo y un renacido Sabugo. Y aquí, en el antiguo barrio de pescadores, y como cafetería–restaurante el local decano es el Germán.22-german-pagina-lva

            En LA VOZ DE AVILÉS de hace cerca de cien años solía venir insertado, con frecuencia y en lugar destacado, un anuncio donde se podía leer, sin puntos pero con comas, que «En el sitio más céntrico y pintoresco de Avilés, frente a la ría, con precio­sas vistas al Parque del Muelle, y a la entrada de la población, próximo a la estación del ferrocarril del Norte y a la parada de los tranvías de Villa-Ale­gre a San Juan de Nieva y Arnao, se halla este moderno y elegante Restaurant ‘Bar Astur’, el mejor de la villa». Era un local regentado por Antonio Menéndez, más conocido como El Molinero hasta que, en 1935, fue adquirido por Germán Blanco Arias. 

          Germán que era hombre de sobrada experiencia como empleado en el mundo hostelero y hotelero avilesino (Café Imperial y Gran Hotel, por ejemplo) se puso detrás de la barra y sacó adelante el negocio con la ayuda de su esposa Antonia Varela y algunos de los siete hijos del matrimonio. El hombre fallecería, en 1953, haciéndose cargo su familia del tinglado hostelero reformándolo y cambiándole el nombre que todavía llevaba de Bar Astur por el de Germán que con el tiempo alcanzaría fama en la ciudad.

          Ese tiempo llegó en 1962 cuando Mario, uno de los hijos de Germán, se hace cargo del negocio y comienzan las reformas que convierten el interior del local en la cafetería de moda de Avilés, algo que duró muchos años.

          Al mediodía era sitio, los domingos hasta los topes, de vermuts (acompañados de gambas a la gabardina y sicilianos) de gente joven, parte de la cual transitaba de arriba abajo y de abajo arriba –era la moda, oiga– por el paseo central y sobre todo la acera del vecino parque del Muelle.

Por la derecha, Mari Rubio (esposa de Mario), Germán Blanco hermano de Mario, que aparece de pié entre dos amigos.

Por la derecha, Mari Rubio (esposa de Mario), Germán Blanco hermano de Mario, que aparece de pié entre dos amigos.

          El dinamismo que le dio Mario al Germán también lo convierte en lugar de tertulias de las que salieron iniciativas que enriquecieron socialmente la ciudad.

          Por ejemplo, Román López Villasana cuenta como en su tertulia Pepe Ventura, un amigo suyo, hablaba mucho y bien de las cualidades de un nuevo deporte llamado balonmano. Román se animó y con la bendición de Toso Muñiz (presidente de la Atlética Avilesina) creó la sección de  balonmano un deporte hoy muy popular en la ciudad.

          Igualmente Villasana nos tiene contado que fue en el Germán, donde reunido con el periodista de la COPE José María Alonso ‘Chemari’ y Abelardo González bautizaron, después de darle muchas vueltas, a un grupo folklórico que habían fundado anteriormente como Sabugo ¡Tente Firme! que desde entonces ha venido creciendo hasta convertirse en Fundación.

          En 1970 Mario Blanco da el siguiente paso –con el local ya como referente de modernidad en su diseño interior– convirtiéndolo en restaurante que ofrece no solo calidad gastronómica sino gracia para ofertarla. El solomillo del Germán ‘era mantequilla por encima del bien y del mal y sustento de las paredes que vemos’ o la ensaladilla rusa ‘auténtica, del Kremlin de los buenos tiempos’… Por entonces se incorporó (en 1972) al negocio su hijo Germán (no podía llamarse de otra forma), que aprendió de Mario todas estas maravillas, aparte de popularizar combinados como el gin fizz o el bloody mary.

          En 1992 tras el fallecimiento de Mario es su hijo Germán, excelente profesional, quien se hace cargo de esta cafetería ejemplo de equilibrio entre tradición y modernidad que ahí sigue –un lugar con vistas al puerto, hoy al Centro Niemeyer y siempre al parque del Muelle– después de haberla fundado su abuelo Germán y entre medias de ambos Mario, hijo de uno y padre del otro, quien era capaz de ponerle una vela al diablo con tal de que siguiera habiendo luz.

          Por tanto Ana, en este local donde viven o duermen tantos recuerdos de tantas generaciones, con luz o a oscuras, hazte cuenta de que –como diría Rick en ‘Casablanca’– siempre nos quedará el Germán.

A la izquierda Mario Blanco. A la derecha, su hijo Germán Blanco. En el centro Claudio Celard, yerno de Mario y cuñado de Germán.

A la izquierda Mario Blanco. A la derecha, su hijo Germán Blanco. En el centro Claudio Celard, yerno de Mario y cuñado de Germán.

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Espacio dedicado a aspectos históricos, biográficos, costumbristas y artísticos, fundamentalmente de Avilés y su comarca actual, así como a territorios que, a lo largo de los siglos, le fueron afines. Tampoco se excluyen otras zonas del planeta