El Comercio
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Categoría: Los episodios avilesinos
Sexo con seso

      Algunos celebramos estos días la transición política española –tan alabada internacionalmente– a la que unos ponen en solfa sin conocerla, otros negándose a reconocerla y los de más allá, multitudes, que no se enteraron de la fiesta.

      Vi y viví desde Avilés (algo tengo escrito y lo que te rondaré morena) aquel tiempo en el que la democracia entró como una exhalación y sin romperlo ni mancharlo proclamó el rescate de temas hasta entonces a la sombra unos y en la sombra otros. El sexo por ejemplo.

Miembros de aquella primera Corporación de Ayuntamiento democráticos (1979-1983). Foto tomada en abril de 2009.

Miembros de aquella primera Corporación de Ayuntamiento democráticos (1979-1983). Foto tomada en abril de 2009.

      La batalla principal de la modernización social la dieron las dos corporaciones (de 1979 a 1987) presididas por el socialista Manuel Ponga Santamarta.

      La de los ochenta, en Avilés, fue una década que comenzó –en plena crisis siderúrgica– declarando a la ciudad «Zona de atmósfera contaminada» y terminó inaugurando tanto una de las mejores casas municipales de cultura del norte de España como una de las acerías (LD-III) más modernas del mundo.

      Pero el acero aunque incandescente no es tumescente y yo quiero hoy hablar del sexo, tema tabú entonces en el país.

       Por ejemplo, me acuerdo de las controversias sobre la educación sexual cuando en 1986 se diseñó una campaña nacional denominada ‘Jóvenes y anticoncepción’ que comenzó a desarrollarse con carácter experimental en Barcelona, Zaragoza, Valladolid y Avilés.

Manuel Ponga Santamarta. Alcalde de Avilés (1979 a 1988).

Manuel Ponga Santamarta. Alcalde de Avilés (1979 a 1988).

      El hecho de que Avilés figurase junto a tres grandes ciudades españolas vino determinada por su alta tasa de población joven –llegó a ser la más alta de Europa– y por disponer de una oficina municipal de Información Juvenil con una demanda considerable.

      Avilés contaba, en 1985, con 24.431 jóvenes entre 16 y 30 años, de los que el 68% eran menores de 26 años. El 57,5 % tenía pareja estable y solamente el 24 % usaba anticonceptivos. Pero del 84,4% de ‘los solteros’ no empleaba ningún método de contraconcepción.

      Aquí y entonces, como en todo el país, hacer estudios, proponer debates y planificar programas sobre el sexo, siempre nos sobrepasó, aunque no tanto como se pensaba. Por ejemplo en votación celebrada en un Pleno del Ayuntamiento avilesino en septiembre de 1986, la antes citada campaña ‘Jóvenes y anticoncepción’ fue votada por los partidos de izquierda y por gran parte de los concejales de Coalición Popular (el antecedente del PP) excepto por dos. Era una sorprendente noticia el que la izquierda y la derecha política estuvieran por el cambio en este terreno.

      No todo fue un camino de rosas que también hubo espinas que hicieron daño. Recuerdo, en enero de 1987 cuando fue condenada, por un Juzgado avilesino, la farmacéutica Ángeles Panizo, por negarse a vender anovulatorios a un joven matrimonio. La pareja volvió con un agente municipal a la farmacia de Rivero, en exigencia de sus derechos, pero nada de nada, que si quieres arroz Catalina que la farmacéutica nanay. Entonces intervino la Justicia y un tribunal dictó sentencia considerando probado que «ambos jóvenes recibieron malos tratos de palabra y vejaciones por parte de la farmacéutica», así que o pagaba 5.000 pesetas de multa o sufriría cinco días de arresto. Aquello levantó ampollas en unos y coñas a todo trapo y de todo tipo en los otros.

Nelly Fernández Arias. Concejala Ayto. Aviles. Senadora.

Nelly Fernández Arias. Concejala Ayto. Aviles. Senadora. 

      En 1989 tuvo lugar un suceso menos ‘berlanguiano’ cuando el Colegio Oficial de Médicos de Asturias denunció al Centro de Planificación Familiar de Avilés. Algo muy grave pues era la primera vez, en España, que un colegio oficial de medicina decidía presentar una denuncia ante los tribunales por presuntos delitos de abortos ilegales, que por entonces eran todos aquellos que no estuvieran basados en razones terapéuticas, éticas y eugenésicas.

      El caso es que el Centro de Planificación de Avilés gozaba de un gran prestigio, había sido creado tras la constitución de los ayuntamientos democráticos (1979) por iniciativa de la concejala socialista Nelly Fernández Arias que más tarde sería senadora por Asturias. Este servicio municipal era citado como modelo en congresos y cursos en el campo de la educación sexual.

      La revolera mediática tuvo ecos nacionales sumándose a otras originadas, en otras latitudes, con el tema del aborto. El concejal socialista de Sanidad y Servicios Sociales, Ángel Álvarez (puesto que había ocupado anteriormente Nelly Fernández Arias) negó tajantemente que en el Centro avilesino tuvieran ni quirófanos ni capacidad para realizar abortos, algo evidente por otro lado pues era un organismo de acceso público que atendía a la planificación y asesoramientos familiares y anticonceptivos. Y añadía, el concejal, que «detrás de esta polémica hay un interés económico, porque nuestro servicio ha mermado en unos 20 millones de pesetas, los ingresos de ciertos ginecólogos que tienen consulta privada».

      Con la polémica al rojo vivo el presidente del Colegio de Médicos regional, batiéndose en retirada, declaraba que «nunca habían asegurado que los abortos se hubiesen practicado en el Centro municipal» pero argumentaba que debían los responsables del organismo municipal –dada la gran demanda ciudadana– de tener conocimiento de quienes y en qué lugares se practicaron 177 abortos ilegales… En fin.

      Entre acusaciones, que en el fondo ocultaban el enfrentamiento entre la medicina privada y la sanidad pública aparte de razones éticas y de creencias religiosas, fueron constantes las discusiones. Y las polémicas sexuales habitaron entre nosotros.

      Pero poco a poco, despacito oye, la cosa fue entrando en vereda –valga la expresión– y la sociedad comenzó a razonar, a discutir civilizadamente, simplemente aplicando un poco de seso al sexo.

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Pasarela del centro al Centro

Desde el centro de la ciudad se accede peatonalmente a la antesala del Centro Niemeyer por un zigzagueante camino de acero.

            Hace hoy ciento veintisiete  años y tres días que llegó a Avilés la, entonces, modernidad del ferrocarril.

            Lo hizo una vez desplazados los muelles del puerto marítimo, desde el final de la calle de La Ferrería donde habían estado anclados durante siglos, a la recién canalizada Ría. Y también, aprovechando el viaje, derribando el puente de piedra de San Sebastián pues decían los responsables que impedía el paso franco del camino de hierro, lo que para otros fue una irresponsabilidad histórica.

            Aquel 6 de julio de 1890 comenzó Avilés a perder su fachada marítima, quedando la ciudad separada de puerto y ría. Con el tiempo fue aumentando y hoy es un muro enorme compuesto por dos vías de ferrocarril, ancha y estrecha, una carretera urbana de dos carriles y una arteria portuaria. Así que no digan barrera ferroviaria, digan barrera de carreteras y vías.22-pasarela-niemeyer-img_5170-pasarela-bis

            Cuando en 2006 el Gobierno del Principado, entonces presidido por el socialista Vicente ‘Tini’ Álvarez Areces, decidió instalar en la margen derecha de la Ría (mayúscula ella) de Avilés un proyecto del famoso arquitecto brasileño Oscar Niemeyer,lo primero que se preguntaron muchos es como se iba a acceder al mismo desde la ciudad. Se consiguió echándole mucho acero a la cosa.  Y acero corten, ‘palabro’  derivado de ‘corrosión tensada’.

            Los accesos se repartieron y mientras la Autoridad Portuaria construyó una corta pasarela que unía las dos márgenes del estuario y el Principado acondicionó la entrada en automóvil desde la carretera de Luanco al Niemeyer… al Ayuntamiento (Corporación presidida por la socialista Pilar Varela) le tocó conectar peatonalmente el centro de la ciudad con el nuevo Centro Cultural. Lo hizo con una  pasarela de acero corten que vuela zigzagueante, de la que alguien dijo que las personas que vienen parece que van y las que van parece que vienen,  durante 305 metros de recorrido entre la plaza de Santiago López (popularmente ‘La del pescado’ y también ‘La Pescadería’) y el paseo marítimo, salvando el tráfico automovilístico de la calle del Muelle y el ferroviario de Renfe y Feve poniéndote, prácticamente, a pie del multicolor puente metálico de San Sebastián, antesala del Niemeyer.22-pasarela-niemeyer-img_5174-pasarela

            El proyecto, con un coste de 3,4 millones,  fue obra del arquitecto Aitor López Galilea y del ingeniero Raúl Escribá Peyró y se convirtió en una realidad que el personal pudo pisar en marzo de 2011.

            El nuevo paseo metálico originó las consiguientes discusiones sobre todo por la desnudez vegetal de la plaza que se quedó en pelotas. Pero, polémicas aparte, la pasarela del Niemeyer es el primer triunfo sobre ese descomunal muro de carreteras y vías, que algunos llaman barrera y que separa a Avilés de su fachada marítima en la que nació y con quien convivió desde hace la tira de siglos.

            Los más de seis años que lleva anclada la pasarela han demostrado lo práctico (tiene un constante tráfico peatonal) que ha resultado su instalación, temporal creo yo, hasta que desvíen automóviles y trenes por otras rutas, algo de lo que se viene hablando mucho pero resolviendo poco. Paciencia y a barajar.22-pasarela-pabellon-mercado-img_8352

            Además creo que la pasarela ha venido a reafirmar algo, por si no estaba suficientemente claro, como fue el acierto de instalar el Niemeyer en la parcela actual de la margen derecha de la Ría, a la que ha bendecido con arquitectura vanguardista. Y así, hoy, desde el centro histórico de la ciudad, en la margen izquierda, se va hasta allí en unos minutos caminando por una senda de acero de 3 metros de ancho que vuela por encima de coches, camiones y trenes, al tiempo que descubres paisajes desconocidos de la ciudad y  su Ría. Pasarela con vistas.

            Ya digo, del centro al Centro. Y viceversa.

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El Pabellón Iris

(Era una casa de Avilés hecha con maderas del Báltico donde vivía Buster Keaton).

          Un día, en la esquina de un tiempo anterior, Armando Fernández Cueto ‘El Parafuso’ levantó en el centro de Avilés un llamativo edificio de aspecto modernista construido con maderas del Báltico y que fue bautizado como Pabellón Iris.

Calle de La Cámara, en la década de los 50. A la izquierda el Pabellón Iris. (Foto cedida por Castor G. Ovies)

Calle de La Cámara, en los años 50. A la izquierda el Pabellón Iris. (Foto Castor G. Ovies)

            Edificado en un solar propiedad de César Galán Carbajal, su fachada central daba a la calle de La Cámara y las laterales a la de Rui Pérez una y a la plaza de La Merced la otra. O sea que estaba a unos cien metros de la nueva iglesia de Sabugo construida hacía cinco años para jubilar al templo medieval de la plaza del Carbayo que se había quedado pequeño para tanto feligrés como había entonces.

            Fernández Cueto, maestro de obras –no tenía el título de arquitecto ni falta que le hacía– fue el autor de espectaculares edificios de Avilés. Diseñó el Iris después de haber construido la Escuela de Artes y Oficios muy cerca de Galiana y antes de levantar el Gran Hotel frente al parque del Muelle.

            Explotado por la empresa de espectáculos Botting Club, el Pabellón Iris que acogería cine, teatro, ópera, zarzuela y varietés fue inaugurado el 26 de abril de 1909 y ocupadas sus 650 localidades con la representación teatral de ‘Las de Caín’ de los hermanos Quintero.

            El Iris, al igual que su hermano mayor el Teatro–Circo Somines (en la calle Cuba) del que lo separaba unos metros, acogió todo tipo de actos y espectáculos aunque mayormente, teatro, varietés y cine. De hecho fue el primer local que nació en Avilés para vender la proyección de películas.

Interior del Iris (Plumilla de Castor)

Interior del Iris (Plumilla de Castor)

            El Somines fue destruido por una bomba en la Guerra Civil y allí en Sabugo se quedó solo el Pabellón Iris dejando alto el pabellón hasta que aparecieron  aquellas modernidades cinematográficas llamadas Florida, Clarín y Marta y María. No hay que olvidar que por entonces el mayor entretenimiento del personal era el cine y que miles de personas llegaban incesantemente –años cincuenta del siglo pasado– a Avilés buscando trabajo en la siderúrgica que estaban construyendo al otro lado de la ría. También el teatro Palacio Valdés le había comido al Iris el negocio teatral y musical. La ruina.

            Así que demolido fue en 1960 el Pabellón Iris, aquella isla de madera del Báltico en medio del  mar de cemento y ladrillos del centro de Avilés.

            En su inexacto medio siglo de vida tuvo el famoso local gloriosos huéspedes como Raquel Meller, La Chelito, María Guerrero, Lola Membrives, Regino Sainz de la Maza, Mi­guel Fleta o la chispeante Fornarina. Artistas que si hoy son míticos cuando vinieron a actuar al Iris algunos ya eran figuras internacionales caso de La Fornarina de la que se puede decir con toda propiedad que actuó en los principales teatros de Madrid, así como en el Apollo Théatre de París, el Alhambra de Londres, Coliseo dos Recreios de Lisboa, Palais Soleil de Montecarlo y en el Pabellón Iris de Avilés.22-iris-buster-keaton-rodando-hard-luck-1921-1100x733

            Recuerdo haber leído que cuando falleció la famosa cupletista tempranamente, en Madrid, la empresa del Iris organizó una misa funeral en la vecina iglesia nueva de Sabugo, actuando el sexteto musical del Pabellón que interpretó varias piezas religiosas. Hubo risas y también crujir de dientes.

            Yo que descubrí al Iris de niño cuando él ya era viejo, tengo asociada su arquitectura interna y externa a barracón de película del Oeste. Pero sobre todo a la figura de Buster Keaton –en el Iris vi por primera vez películas suyas– aquel caballero tan serio que me enseñó más que a reírme, a descojonarme de muchos aspectos que rodean a la seriedad, algo que nunca le agradeceré lo suficiente.22-iris-la-fornarina-3

            Íbamos poco al Iris porque era incómodo y estaba hecho un asco, pero sobre todo porque mejores películas y en pantallas más grandes las ponían sus vecinos, también en la calle de La Cámara, el Florida y sobre todo el Clarín que además tenía porteros que parecían almirantes con sus gorras de plato y entorchados en las hombreras de sus ‘manferlanes’.

            El Iris, la pequeña joya modernista de madera, puede que fuera un símbolo del cambio de tiempo que experimentó la ciudad con la llegada del tsunami industrial de nombre Ensidesa. Cuando nació el teatro–cine, en 1909, la villa rondaba los 13.000 habitantes y cuando lo mataron ya eran unos 48.000. Así que quizás se puede hablar, en Avilés, de un antes y un después del Iris.

            Quizá, pero… «Cata catapún, catapún candela ¡Arza p’arriba, Polichinela! Cata catapún, catapún, catapún, como los muñecos en el pim pam pum», cantaba La Fornarina.22-iris-publicidad-1254-negocios

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Ministros ‘Made in Avilés’

            La cosa fue en los fugaces tiempos políticos de la primera República española que apenas duró dos años, del 11 de febrero de 1873 al 29 de diciembre de 1874. En situaciones así puede ocurrir que cuando los sentimientos entran por la puerta la razón salta por la ventana, algo que puede quedar ilustrado cuando se lee que «una mañana, la criada de la fonda donde se hospedaba [el filósofo avilesino Estanislao Sánchez–Calvo] al entrar en su alcoba para anunciarle la aproximación de la hora en que tenía que acudir a su puesto del Ministerio de Hacienda, le dijo: ­Don Estanislao, ¿no sabe la noticia? ¡Cayó la República!… Se desperezó Sánchez–Calvo y sin asombros ni lamentos ante la noticia que derrumbaba sus ideales políticos y le anticipaba la cesantía, contestó: ­‘Bueno, entonces podré dormir la mañana’. Y dio media vuelta en la cama».

Fernando Morán, sentado en la trastienda de El Recorte, librería que estuvo en la calle Rivero de Avilés, acompañado por Raúl Trabanco propietario de la misma.

Fernando Morán, sentado en la trastienda de El Recorte, librería que estuvo en la calle Rivero de Avilés, acompañado por Raúl Trabanco propietario de la misma.

            Al filósofo puede que le hubiese saltado la razón por la ventana aunque bien es verdad que Sánchez–Calvo tenía fama de dormilón de peana. La anécdota la cuenta Constantino Suárez ‘Españolito’ a propósito del carácter del intelectual que por entonces ejercía como secretario particular del Ministro de Hacienda republicano, el ovetense Manuel Pedregal Cañedo padre del también ministro José Manuel Pedregal que fue uno de los seis –naturales o vecinos de Avilés– que llegaron a ocupar tan alto cargo político y diferentes gobiernos resaltando que más de la mitad de los avilesinos ostentaron el sillón ministerial en más de dos, e incluso tres, ocasiones.

              Los citaré por edad, dignidad y gobierno comenzando por Servando Ruiz Gómez (Avilés, 1821–Vigo, 1888) que fue ministro por partida doble. Primero en 1871, militando en el Partido Radical,  lo fue de Hacienda y en 1883 ya en posiciones políticas más moderadas ocupó la cartera de Estado en el gabinete del asturiano Posada Herrera. Ruiz–Gómez fue un hombre muy activo tanto en el terreno político como en el periodístico donde fundó los semanarios El Eco de Gijón y La Crónica.22-ministros-ruiz_gomez

              Estanislao Suárez–Inclán (Avilés 1822–1890) nacido en el palacio que su familia tenía en la calle de La Ferrería, terrenos hoy ocupados por los edificios de Cruz Roja y Correos. Vivió entre Avilés y Madrid (cuando se tardaba días en cubrir dicho trayecto) donde fue diputado durante doce legislaturas consecutivas. A él se debe el impagable proyecto de ley de canalización de la Ría (mayúscula ella) avilesina siguiendo planos del ingeniero ovetense Pérez de la Sala. En 1883 fue nombrado ministro de Ultramar, o lo que es lo mismo: de las pocas colonias que le quedaban entonces a España por el mundo.

            Félix Suárez–Inclán (Avilés, 1854–Madrid, 1939). Abogado y jurista, hijo de Estanislao, siguió las huellas de su padre dedicándose, con mucho éxito, a la política. En 1902 se hizo cargo de una especie de ministerio ‘multifunción’ que llevaba el siguiente nombre: Agricultura, Industria, Comercio y Obras Públicas. Más tarde fue ministro de Hacienda y en dos ocasiones, la primera en 1912, en un Gobierno presidido por Romanones y la segunda sólo en contados días de septiembre de 1923 ya que un golpe de Estado del capitán general de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, proclamó una Dictadura en España que duraría siete años.22-ministros-estanislao_suarez_inclan_en_la_ilustracion_espanola_y_americana

            Julián García San Miguel (Avilés, 1841–Olmedo. Valladolid, 1911), segundo marqués de Teverga, fue durante años líder del Partido Liberal avilesino y uno de los artífices de la modernización de la ciudad entre siglos XIX–XX, cuando ésta fue ensanchada  urbanísticamente, se canalizó el estuario avilesino haciendo posible el puerto industrial con la construcción de la dársena de San Juan de Nieva y, entre muchas modernidades, la llegada el ferrocarril. García San Miguel ocupó la cartera ministerial de Gracia y Justicia entre 1901 y 1902 en el gabinete presidido por Mateo Sagasta.

            José Manuel Pedregal Sánchez–Calvo (Oviedo, 1871–Avilés, 1948). Fue un político que defendió durante considerable tiempo los intereses de Asturias y Avilés en Madrid. En 1922 fue ministro de Hacienda, militando en el Partido Reformista, como su padre (Manuel Pedregal Cañedo) lo había sido durante la primera República (en 1873) y para colmo de casualidades ambos duraron cuatro meses en el cargo. Fue presidente de la Institución Libre de Enseñanza (que habían fundado su padre junto y Giner de los Ríos), de la Asociación para la Enseñanza de la Mujer, de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y del Consejo de Estado. Éste Pedregal caminó en su vida personal y política por el periodo más tormentoso de nuestra reciente historia: proclamación de la II República por la que luchó, Revolución de 1934 y la Guerra Civil.

José Manuel Pedregal.

José Manuel Pedregal.

              Fernando Morán López (Avilés, 1926). Escritor y diplomático. En política fue senador, eurodiputado y candidato del PSOE a la alcaldía de Madrid. Pero sin duda el cargo más trascendental, e histórico, es el de haber sido ministro de Asuntos Exteriores entre 1982 y 1985 en el primer gabinete socialista de Felipe González ya que en ese periodo Morán finalizó las negociaciones para el ingreso de España en la Comunidad Europea. La foto de la firma de adhesión (El Rey Juan Carlos I, Felipe González y Fernando Morán) está en los libros de texto.

              El avilesino Morán, actualmente residiendo en un sanatorio madrileño, coronó una virtud política asturiana poco conocida como es la defensa del europeísmo y del occidentalismo, que fue algo venido a la región de la mano de intelectuales como Gaspar Melchor de Jovellanos o Pedro Rodríguez de Campomanes, hecho que resalta con entusiasmo Salvador de Madariaga (ministro de Instrucción Pública en la segunda República) en su libro ‘De Galdós a Lorca’ (Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1960)  cuando a afirma que «En Asturias halla Carlos III sus estadistas; de Asturias vienen hoy todavía los españoles más útiles para la labor llamada de europeización». Y después de otras citas y razonamientos remata la faena, el intelectual republicano desde el exilio, dejando escrito que «Cataluña se esfuerza por ser Europa, mientras que Asturias quiere ser Asturias y esto es mucho más europeo que aquello».

              Las cosas claras y el chocolate espeso.

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Cuesta de la Molinera

      En la segunda mitad del siglo XIX calles y plazas que habían estado protegidas por la muralla –donde hoy se concentra gran parte del casco histórico de Avilés– estaban saturadas tanto de edificaciones como de personal.

Calle Cuesta de la Molinera (Foto Luz Villasana)

Calle Cuesta de la Molinera (Foto Luz Villasana)

      Había que pinchar el globo que suponía el taponamiento de la calle de La Fruta (entonces más corta que hoy) originado por el jardín–huerta que rodeaban parte del palacio del marqués de Camposagrado que no entraba en razones a pesar de las peticiones del Ayuntamiento (en 1860) para que La Fruta pudiera tener salida hacia la hoy calle La Muralla, siguiendo el modelo de la calle de La Ferrería.

      Hubo que esperar a 1876 cuando el inmueble cambió de dueño para derribar el dichoso paredón.

      Surgieron, entonces, la nueva plaza de Camposagrado y una pequeña calle de notable desnivel que fue bautizada oficialmente como La Unión, por motivos obvios, aunque no tardó mucho el personal en adjudicarle extraoficialmente el de Cuesta de la Molinera, nombre que unos asocian a un pequeño negocio de venta de harina –situado al resguardo de la fachada del palacio– gestionado por la propietaria de un molino de Arlós conocida popularmente como ‘La Molinera’. Otros dicen que lo que se montó allí fue un pequeño bar, muy popular, llamado La Molinera.22-molinera-la-molinera-img_7925-bis-copia

      La calle nació con un solo portal (cifra que nunca se movió) que ejercía de entrada lateral al palacio. Cuenta Luis Muñiz Suárez en su libro ‘Historia de La Voz de Avilés (1908–2008)’que el periódico local tenía en sus primeros tiempos dos puntos de venta al público, uno en las arcadas del Ayuntamiento y el otro en La Cuesta de la Molinera.

      Yo también recuerdo que en esta pronunciada subida dio sus últimos pasos el 16 de julio de 1916, víctima de un infarto, una de las primeras (que se sepa) grandes empresarias de la historia local, hablo de Serrana Gutiérrez Pumarino, más conocida como La Serrana, nombre también de su famoso hotel entonces casi pegado a Camposagrado.

      El tiempo sigue avanzando y nos plantamos en el 4 de marzo de 1938, fecha en que se aprueba un nuevo callejero al poco de la entrada de las tropas franquistas en Avilés. La Cuesta de La Molinera pasó entonces a llamarse calle del Comandante Caballero.

El dirigente nazi alemán Heinrich Himmler, en el centro de la foto, durante su visita a España en 1940. A la derecha, también con gafas, Gerardo Caballero.

El dirigente nazi alemán Heinrich Himmler, en el centro de la foto, durante su visita a España en 1940. A la derecha, también con gafas, Gerardo Caballero.

      Gerardo Caballero Olabézar (Vitoria, 1890–Madrid, 1980) fue un comandante que jugó un controvertido papel en julio de 1936, durante la rebelión franquista en Oviedo. Al año siguiente el comandante Caballero es nombrado Gobernador Civil de Asturias y quizá esa sea la principal razón para dedicarle una calle en Avilés.

      Posteriormente tuvo distintos destinos por toda España llegando a alcanzar el grado de teniente General. Hay una foto histórica en la que Gerardo Caballero aparece formando parte de la comitiva que acompañó al alemán Heinrich Himmler en su visita a España en 1940. Himmler fue uno de los más destacados nazis del régimen de Hitler, donde ocupó varios cargos entre ellos el de supervisor de los campos de concentración, repartidos por Europa y Rusia, en los que murieron asesinadas –por motivos mayormente étnicos e ideológicos– entre 11 y 12 millones de personas (once y doce millones, repito porque se dice muy pronto) durante la Segunda Guerra Mundial de los cuales más de la mitad eran judíos. Una de las peores tragedias de la humanidad que se tiende a olvidar cuando no a esconder. «Son odiosos e ignorantes quienes aún niegan el Holocausto» dijo hace poco el ex presidente norteamericano Barack Obama.

      Regresamos a Avilés, donde el 18 de julio de 1979 y entre los acuerdos, tomados por la primera Corporación democrática para variar el callejero, figura el de darle a la calle del Comandante Caballero el nombre de Cuesta de La Molinera.

La Cuesta (señalada con flecha) en plano parcial de dibujo de Miguel Solís Santos ‘Puerto de Avilés 1870’

La Cuesta cuando era un jardín (señalada con flecha) en plano parcial de un dibujo de Miguel Solís Santos ‘Puerto de Avilés 1870’

      Por lo demás es ésta la vía más corta (25 metros) del centro urbano, pero la única donde se puede asistir a una exposición permanente sobre aquella muralla medieval que durante siglos defendió a Avilés; en la Cuesta de La Molinera un corte vertical de la misma –encastrado en el palacio de Camposagrado– nos muestra la altura que tenía, al igual que en el pavimento una zona sombreada señala el ancho que ocupaba la cerca defensiva.

      Justo en el centro está instalado un bolardo, cilindro metálico que entra y sale constantemente del suelo, obedeciendo órdenes informáticas de control del tráfico rodado en zona monumental. Es la muralla que, por lo del bolardo, algunos le dicen erótica donde hay que escribir electrónica y que sustituye a la medieval derrumbada cincuenta años antes de que naciera esta Cuesta de La Molinera, hoy un verso urbano suelto en el casco histórico de Avilés.

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Telefónica historia

(Historia del teléfono en Avilés incluido el móvil que todo lo movilizó).

            La calle de San Bernardo se convirtió a finales del siglo XIX en sede de buena parte de las maravillas tecnológicas que por entonces modernizaron Avilés. Por ejemplo, allí tuvo lugar en el verano de 1896 la primera sesión cinematográfica, aquel embrollo de imágenes en movimiento que daba miedo de ver porque se te venían encima. Pero antes –en 1890– ya había llegado el teléfono, aparato milagroso que permitía a una persona escuchar a otra situada a kilómetros de distancia, algo que parecía sacado de un libro de Julio Verne. 

Primera central telefónica, 1924. Calle La Muralla.

Primera central telefónica, 1924. Calle La Muralla.

            Llegó a Avilés de la mano de la Sociedad Industrial Asturiana que dirigía el ingeniero José Tartiere Lenegre uno de los patriarcas de la modernización de Asturias.

            El servicio telefónico que comprendía la red Oviedo–Gijón–Avilés comenzó a plantar postes y tender cables y la cosa fue progresando hasta el 2 de enero de 1911, fecha en la que Avilés pasó de la comunicación local a la provincial.

            En 1915 la compañía de Tartiere traspasó el negocio, que avanzaba con dificultades, a una sociedad formada por los industriales locales Juan Oria (propietario de la fábrica Harinas El Aguila que se alzaba, y allí sigue, en El Arbolón) y David García Somines (del célebre y celebrado Teatro–Circo).

            Poco tiempo después la Interurbana de Teléfonos de España se hizo cargo del tinglado telefónico avilesino y comenzó una campaña comercial más efectiva abriendo unas modernas oficinas en el número 6 de la calle Marqués de Teverga, hoy La Muralla.

            Pero cuando comenzó a notarse la expansión telefónica, muy dificultosa por su alto coste (150 pesetas por teléfono cuando el salario medio de un peón era de 1,50), fue en 1924 al crearse la Compañía Telefónica Nacional de España en Avilés engulló a la Interurbana y potenció los servicios telefónicos que comenzaron a extenderse a industrias, negocios y profesiones liberales.

            Hay que decir que el teléfono trajo consigo la singularidad de que las centrales, que comunicaban a los abonados entre sí, estuvieran atendidas por mujeres siguiendo el ejemplo norteamericano, país donde comenzó a funcionar en 1876 aquel invento del emigrante italiano Antonio Meucci y no del emigrante escocés Graham Bell.

            En 1925 los abonados a la Red Telefónica Urbana de Avilés era de 260 encabezada (con el teléfono número 1) por el comerciante Victoriano Fernández Balsera y sin embargo «El señor marqués de Ferrera» (sic) tiene el número 33, otra señal más de que la rancia nobleza había capotado ante industriales de nuevo cuño que les comieron la tostada. El listín telefónico de 1925 es todo un mapa sociológico del Avilés de entonces.

Segunda central, 1953. Calle Dr. Graiño.

Segunda central, 1953. Calle Dr. Graiño.

            A principios de 1950 el número de abonados alcanzaba los 500, atendidos por veinticinco operarias, a cuyo frente estaban Alvarina Muñiz García y Ángeles González Sánchez. Los abonados tenían que llamar, a golpe de manivela, a la centralita para que las telefonistas (que trabajaban en régimen de turnos) les comunicaran con el número deseado. El resto de la población tenía que, si quería comunicarse telefónicamente con alguien, acercarse a la central de la calle Marqués de Teverga y solicitar conferencia. Podían pasar horas, e incluso días, de espera.

            Pero en aquella década de los cincuenta el servicio telefónico de Avilés ‘sufrió’ un gran tirón con la llegada de miles de personas al rebufo del aluminio de Endasa, el vidrio de Cristalería y el acero de Ensidesa, empresa que llegó a crear su propia central telefónica, un original edificio felizmente rescatado hace poco de la piqueta merced a una valiosa iniciativa de asociaciones vecinales de Llaranes.

            La llegada de los gigantes metalúrgicos y los avances tecnológicos que supuso el automatismo en las comunicaciones telefónicas requerían la construcción de un edificio ex profeso. El alcalde avilesino Román Suárez–Puerta ofreció, el 12 de julio de 1950, parte del solar recién adquirido por el Ayuntamiento del antiguo palacio de Suárez Inclán (hoy parcialmente ocupado por instalaciones de Cruz Roja y Correos) en la calle de La Ferrería. Pero 142,5 metros cuadrados eran una anécdota solariega, así que la Telefónica maniobró y consiguió que el Ayuntamiento pagase un solar, propiedad de José María Maqua, en la calle Dr. Graiño donde levantó un edificio de tres pisos inaugurado el 11 de julio de 1953.

            La técnica se agiliza, desaparece la telefonista ya que el usuario puede marcar directamente el número deseado desde nuevos aparatos con disco giratorio cuya instalación abarató notablemente el precio generalizando su uso. A finales de siglo XX eran 31.000 el número de líneas telefónicas de Avilés, cifra que da cuenta del crecimiento espectacular de los aparatos fijos o sea los teléfonos inmóviles.  22-telefono-img_7022-jpg-tris

            Pero en el siglo XXI entró en avalancha –aquí y en todo el planeta– ‘el móvil’, teléfono celular sin hilos, con múltiples funciones, venta libre, pequeño tamaño (lo abarca la palma de la mano) que acabó con la telefonía tradicional y está transformando usos y costumbres. Algunos dicen que es una parte más del cuerpo humano.

          Se espera que en 2020 haya en el planeta más personas con un teléfono móvil que con agua corriente o electricidad. Un mundo donde España es el país con más móviles por habitante (lo poseen un 96% de ciudadanos), le siguen Jordania e Israel (95%), China (93%) y Estados Unidos (85%). Estos aparatos arrasan, hasta Leonard Cohen canta que «He perdido un teléfono con tu olor en él» y yo le añado al maravilloso poeta canadiense que además los números que él no guardó en la memoria de la tarjeta SIM se perderán para siempre como lágrimas en la lluvia. Aunque hay quien mantiene que si tu móvil se moja hay que meterlo en un recipiente lleno de arroz, porque de noche el arroz atraerá a los chinos y ellos te lo arreglarán.

            Una amiga de Santiago del Monte define a la naturaleza salvaje como aquel sitio donde el móvil tenga menos de dos barras de cobertura. Y un amigo del Carbayedo cree que los móviles terminarán por hacer a los hombres mear sentados y sabe Dios qué cosas más. Al respecto tengo leído que en algunas iglesias italianas, a la entrada, cuelga un cartel que dice que «El Señor se comunica con vosotros de muchas formas pero seguramente no os llamará nunca al móvil, así que apágalo». Tal vez pronto tengan que cambiar el texto del aviso o descolgar el cartel.

            Porque el del teléfono móvil es un proceso que no cesa, como la crisis del Real Avilés, aunque éste se está quedando sin cobertura.

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Espacio dedicado a aspectos históricos, biográficos, costumbristas y artísticos, fundamentalmente de Avilés y su comarca actual, así como a territorios que, a lo largo de los siglos, le fueron afines. Tampoco se excluyen otras zonas del planeta