El Comercio
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Categoría: Los episodios avilesinos
Ministros ‘Made in Avilés’

            La cosa fue en los fugaces tiempos políticos de la primera República española que apenas duró dos años, del 11 de febrero de 1873 al 29 de diciembre de 1874. En situaciones así puede ocurrir que cuando los sentimientos entran por la puerta la razón salta por la ventana, algo que puede quedar ilustrado cuando se lee que «una mañana, la criada de la fonda donde se hospedaba [el filósofo avilesino Estanislao Sánchez–Calvo] al entrar en su alcoba para anunciarle la aproximación de la hora en que tenía que acudir a su puesto del Ministerio de Hacienda, le dijo: ­Don Estanislao, ¿no sabe la noticia? ¡Cayó la República!… Se desperezó Sánchez–Calvo y sin asombros ni lamentos ante la noticia que derrumbaba sus ideales políticos y le anticipaba la cesantía, contestó: ­‘Bueno, entonces podré dormir la mañana’. Y dio media vuelta en la cama».

Fernando Morán, sentado en la trastienda de El Recorte, librería que estuvo en la calle Rivero de Avilés, acompañado por Raúl Trabanco propietario de la misma.

Fernando Morán, sentado en la trastienda de El Recorte, librería que estuvo en la calle Rivero de Avilés, acompañado por Raúl Trabanco propietario de la misma.

            Al filósofo puede que le hubiese saltado la razón por la ventana aunque bien es verdad que Sánchez–Calvo tenía fama de dormilón de peana. La anécdota la cuenta Constantino Suárez ‘Españolito’ a propósito del carácter del intelectual que por entonces ejercía como secretario particular del Ministro de Hacienda republicano, el ovetense Manuel Pedregal Cañedo padre del también ministro José Manuel Pedregal que fue uno de los seis –naturales o vecinos de Avilés– que llegaron a ocupar tan alto cargo político y diferentes gobiernos resaltando que más de la mitad de los avilesinos ostentaron el sillón ministerial en más de dos, e incluso tres, ocasiones.

              Los citaré por edad, dignidad y gobierno comenzando por Servando Ruiz Gómez (Avilés, 1821–Vigo, 1888) que fue ministro por partida doble. Primero en 1871, militando en el Partido Radical,  lo fue de Hacienda y en 1883 ya en posiciones políticas más moderadas ocupó la cartera de Estado en el gabinete del asturiano Posada Herrera. Ruiz–Gómez fue un hombre muy activo tanto en el terreno político como en el periodístico donde fundó los semanarios El Eco de Gijón y La Crónica.22-ministros-ruiz_gomez

              Estanislao Suárez–Inclán (Avilés 1822–1890) nacido en el palacio que su familia tenía en la calle de La Ferrería, terrenos hoy ocupados por los edificios de Cruz Roja y Correos. Vivió entre Avilés y Madrid (cuando se tardaba días en cubrir dicho trayecto) donde fue diputado durante doce legislaturas consecutivas. A él se debe el impagable proyecto de ley de canalización de la Ría (mayúscula ella) avilesina siguiendo planos del ingeniero ovetense Pérez de la Sala. En 1883 fue nombrado ministro de Ultramar, o lo que es lo mismo: de las pocas colonias que le quedaban entonces a España por el mundo.

            Félix Suárez–Inclán (Avilés, 1854–Madrid, 1939). Abogado y jurista, hijo de Estanislao, siguió las huellas de su padre dedicándose, con mucho éxito, a la política. En 1902 se hizo cargo de una especie de ministerio ‘multifunción’ que llevaba el siguiente nombre: Agricultura, Industria, Comercio y Obras Públicas. Más tarde fue ministro de Hacienda y en dos ocasiones, la primera en 1912, en un Gobierno presidido por Romanones y la segunda sólo en contados días de septiembre de 1923 ya que un golpe de Estado del capitán general de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, proclamó una Dictadura en España que duraría siete años.22-ministros-estanislao_suarez_inclan_en_la_ilustracion_espanola_y_americana

            Julián García San Miguel (Avilés, 1841–Olmedo. Valladolid, 1911), segundo marqués de Teverga, fue durante años líder del Partido Liberal avilesino y uno de los artífices de la modernización de la ciudad entre siglos XIX–XX, cuando ésta fue ensanchada  urbanísticamente, se canalizó el estuario avilesino haciendo posible el puerto industrial con la construcción de la dársena de San Juan de Nieva y, entre muchas modernidades, la llegada el ferrocarril. García San Miguel ocupó la cartera ministerial de Gracia y Justicia entre 1901 y 1902 en el gabinete presidido por Mateo Sagasta.

            José Manuel Pedregal Sánchez–Calvo (Oviedo, 1871–Avilés, 1948). Fue un político que defendió durante considerable tiempo los intereses de Asturias y Avilés en Madrid. En 1922 fue ministro de Hacienda, militando en el Partido Reformista, como su padre (Manuel Pedregal Cañedo) lo había sido durante la primera República (en 1873) y para colmo de casualidades ambos duraron cuatro meses en el cargo. Fue presidente de la Institución Libre de Enseñanza (que habían fundado su padre junto y Giner de los Ríos), de la Asociación para la Enseñanza de la Mujer, de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y del Consejo de Estado. Éste Pedregal caminó en su vida personal y política por el periodo más tormentoso de nuestra reciente historia: proclamación de la II República por la que luchó, Revolución de 1934 y la Guerra Civil.

José Manuel Pedregal.

José Manuel Pedregal.

              Fernando Morán López (Avilés, 1926). Escritor y diplomático. En política fue senador, eurodiputado y candidato del PSOE a la alcaldía de Madrid. Pero sin duda el cargo más trascendental, e histórico, es el de haber sido ministro de Asuntos Exteriores entre 1982 y 1985 en el primer gabinete socialista de Felipe González ya que en ese periodo Morán finalizó las negociaciones para el ingreso de España en la Comunidad Europea. La foto de la firma de adhesión (El Rey Juan Carlos I, Felipe González y Fernando Morán) está en los libros de texto.

              El avilesino Morán, actualmente residiendo en un sanatorio madrileño, coronó una virtud política asturiana poco conocida como es la defensa del europeísmo y del occidentalismo, que fue algo venido a la región de la mano de intelectuales como Gaspar Melchor de Jovellanos o Pedro Rodríguez de Campomanes, hecho que resalta con entusiasmo Salvador de Madariaga (ministro de Instrucción Pública en la segunda República) en su libro ‘De Galdós a Lorca’ (Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1960)  cuando a afirma que «En Asturias halla Carlos III sus estadistas; de Asturias vienen hoy todavía los españoles más útiles para la labor llamada de europeización». Y después de otras citas y razonamientos remata la faena, el intelectual republicano desde el exilio, dejando escrito que «Cataluña se esfuerza por ser Europa, mientras que Asturias quiere ser Asturias y esto es mucho más europeo que aquello».

              Las cosas claras y el chocolate espeso.

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Cuesta de la Molinera

      En la segunda mitad del siglo XIX calles y plazas que habían estado protegidas por la muralla –donde hoy se concentra gran parte del casco histórico de Avilés– estaban saturadas tanto de edificaciones como de personal.

Calle Cuesta de la Molinera (Foto Luz Villasana)

Calle Cuesta de la Molinera (Foto Luz Villasana)

      Había que pinchar el globo que suponía el taponamiento de la calle de La Fruta (entonces más corta que hoy) originado por el jardín–huerta que rodeaban parte del palacio del marqués de Camposagrado que no entraba en razones a pesar de las peticiones del Ayuntamiento (en 1860) para que La Fruta pudiera tener salida hacia la hoy calle La Muralla, siguiendo el modelo de la calle de La Ferrería.

      Hubo que esperar a 1876 cuando el inmueble cambió de dueño para derribar el dichoso paredón.

      Surgieron, entonces, la nueva plaza de Camposagrado y una pequeña calle de notable desnivel que fue bautizada oficialmente como La Unión, por motivos obvios, aunque no tardó mucho el personal en adjudicarle extraoficialmente el de Cuesta de la Molinera, nombre que unos asocian a un pequeño negocio de venta de harina –situado al resguardo de la fachada del palacio– gestionado por la propietaria de un molino de Arlós conocida popularmente como ‘La Molinera’. Otros dicen que lo que se montó allí fue un pequeño bar, muy popular, llamado La Molinera.22-molinera-la-molinera-img_7925-bis-copia

      La calle nació con un solo portal (cifra que nunca se movió) que ejercía de entrada lateral al palacio. Cuenta Luis Muñiz Suárez en su libro ‘Historia de La Voz de Avilés (1908–2008)’que el periódico local tenía en sus primeros tiempos dos puntos de venta al público, uno en las arcadas del Ayuntamiento y el otro en La Cuesta de la Molinera.

      Yo también recuerdo que en esta pronunciada subida dio sus últimos pasos el 16 de julio de 1916, víctima de un infarto, una de las primeras (que se sepa) grandes empresarias de la historia local, hablo de Serrana Gutiérrez Pumarino, más conocida como La Serrana, nombre también de su famoso hotel entonces casi pegado a Camposagrado.

      El tiempo sigue avanzando y nos plantamos en el 4 de marzo de 1938, fecha en que se aprueba un nuevo callejero al poco de la entrada de las tropas franquistas en Avilés. La Cuesta de La Molinera pasó entonces a llamarse calle del Comandante Caballero.

El dirigente nazi alemán Heinrich Himmler, en el centro de la foto, durante su visita a España en 1940. A la derecha, también con gafas, Gerardo Caballero.

El dirigente nazi alemán Heinrich Himmler, en el centro de la foto, durante su visita a España en 1940. A la derecha, también con gafas, Gerardo Caballero.

      Gerardo Caballero Olabézar (Vitoria, 1890–Madrid, 1980) fue un comandante que jugó un controvertido papel en julio de 1936, durante la rebelión franquista en Oviedo. Al año siguiente el comandante Caballero es nombrado Gobernador Civil de Asturias y quizá esa sea la principal razón para dedicarle una calle en Avilés.

      Posteriormente tuvo distintos destinos por toda España llegando a alcanzar el grado de teniente General. Hay una foto histórica en la que Gerardo Caballero aparece formando parte de la comitiva que acompañó al alemán Heinrich Himmler en su visita a España en 1940. Himmler fue uno de los más destacados nazis del régimen de Hitler, donde ocupó varios cargos entre ellos el de supervisor de los campos de concentración, repartidos por Europa y Rusia, en los que murieron asesinadas –por motivos mayormente étnicos e ideológicos– entre 11 y 12 millones de personas (once y doce millones, repito porque se dice muy pronto) durante la Segunda Guerra Mundial de los cuales más de la mitad eran judíos. Una de las peores tragedias de la humanidad que se tiende a olvidar cuando no a esconder. «Son odiosos e ignorantes quienes aún niegan el Holocausto» dijo hace poco el ex presidente norteamericano Barack Obama.

      Regresamos a Avilés, donde el 18 de julio de 1979 y entre los acuerdos, tomados por la primera Corporación democrática para variar el callejero, figura el de darle a la calle del Comandante Caballero el nombre de Cuesta de La Molinera.

La Cuesta (señalada con flecha) en plano parcial de dibujo de Miguel Solís Santos ‘Puerto de Avilés 1870’

La Cuesta cuando era un jardín (señalada con flecha) en plano parcial de un dibujo de Miguel Solís Santos ‘Puerto de Avilés 1870’

      Por lo demás es ésta la vía más corta (25 metros) del centro urbano, pero la única donde se puede asistir a una exposición permanente sobre aquella muralla medieval que durante siglos defendió a Avilés; en la Cuesta de La Molinera un corte vertical de la misma –encastrado en el palacio de Camposagrado– nos muestra la altura que tenía, al igual que en el pavimento una zona sombreada señala el ancho que ocupaba la cerca defensiva.

      Justo en el centro está instalado un bolardo, cilindro metálico que entra y sale constantemente del suelo, obedeciendo órdenes informáticas de control del tráfico rodado en zona monumental. Es la muralla que, por lo del bolardo, algunos le dicen erótica donde hay que escribir electrónica y que sustituye a la medieval derrumbada cincuenta años antes de que naciera esta Cuesta de La Molinera, hoy un verso urbano suelto en el casco histórico de Avilés.

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Telefónica historia

(Historia del teléfono en Avilés incluido el móvil que todo lo movilizó).

            La calle de San Bernardo se convirtió a finales del siglo XIX en sede de buena parte de las maravillas tecnológicas que por entonces modernizaron Avilés. Por ejemplo, allí tuvo lugar en el verano de 1896 la primera sesión cinematográfica, aquel embrollo de imágenes en movimiento que daba miedo de ver porque se te venían encima. Pero antes –en 1890– ya había llegado el teléfono, aparato milagroso que permitía a una persona escuchar a otra situada a kilómetros de distancia, algo que parecía sacado de un libro de Julio Verne. 

Primera central telefónica, 1924. Calle La Muralla.

Primera central telefónica, 1924. Calle La Muralla.

            Llegó a Avilés de la mano de la Sociedad Industrial Asturiana que dirigía el ingeniero José Tartiere Lenegre uno de los patriarcas de la modernización de Asturias.

            El servicio telefónico que comprendía la red Oviedo–Gijón–Avilés comenzó a plantar postes y tender cables y la cosa fue progresando hasta el 2 de enero de 1911, fecha en la que Avilés pasó de la comunicación local a la provincial.

            En 1915 la compañía de Tartiere traspasó el negocio, que avanzaba con dificultades, a una sociedad formada por los industriales locales Juan Oria (propietario de la fábrica Harinas El Aguila que se alzaba, y allí sigue, en El Arbolón) y David García Somines (del célebre y celebrado Teatro–Circo).

            Poco tiempo después la Interurbana de Teléfonos de España se hizo cargo del tinglado telefónico avilesino y comenzó una campaña comercial más efectiva abriendo unas modernas oficinas en el número 6 de la calle Marqués de Teverga, hoy La Muralla.

            Pero cuando comenzó a notarse la expansión telefónica, muy dificultosa por su alto coste (150 pesetas por teléfono cuando el salario medio de un peón era de 1,50), fue en 1924 al crearse la Compañía Telefónica Nacional de España en Avilés engulló a la Interurbana y potenció los servicios telefónicos que comenzaron a extenderse a industrias, negocios y profesiones liberales.

            Hay que decir que el teléfono trajo consigo la singularidad de que las centrales, que comunicaban a los abonados entre sí, estuvieran atendidas por mujeres siguiendo el ejemplo norteamericano, país donde comenzó a funcionar en 1876 aquel invento del emigrante italiano Antonio Meucci y no del emigrante escocés Graham Bell.

            En 1925 los abonados a la Red Telefónica Urbana de Avilés era de 260 encabezada (con el teléfono número 1) por el comerciante Victoriano Fernández Balsera y sin embargo «El señor marqués de Ferrera» (sic) tiene el número 33, otra señal más de que la rancia nobleza había capotado ante industriales de nuevo cuño que les comieron la tostada. El listín telefónico de 1925 es todo un mapa sociológico del Avilés de entonces.

Segunda central, 1953. Calle Dr. Graiño.

Segunda central, 1953. Calle Dr. Graiño.

            A principios de 1950 el número de abonados alcanzaba los 500, atendidos por veinticinco operarias, a cuyo frente estaban Alvarina Muñiz García y Ángeles González Sánchez. Los abonados tenían que llamar, a golpe de manivela, a la centralita para que las telefonistas (que trabajaban en régimen de turnos) les comunicaran con el número deseado. El resto de la población tenía que, si quería comunicarse telefónicamente con alguien, acercarse a la central de la calle Marqués de Teverga y solicitar conferencia. Podían pasar horas, e incluso días, de espera.

            Pero en aquella década de los cincuenta el servicio telefónico de Avilés ‘sufrió’ un gran tirón con la llegada de miles de personas al rebufo del aluminio de Endasa, el vidrio de Cristalería y el acero de Ensidesa, empresa que llegó a crear su propia central telefónica, un original edificio felizmente rescatado hace poco de la piqueta merced a una valiosa iniciativa de asociaciones vecinales de Llaranes.

            La llegada de los gigantes metalúrgicos y los avances tecnológicos que supuso el automatismo en las comunicaciones telefónicas requerían la construcción de un edificio ex profeso. El alcalde avilesino Román Suárez–Puerta ofreció, el 12 de julio de 1950, parte del solar recién adquirido por el Ayuntamiento del antiguo palacio de Suárez Inclán (hoy parcialmente ocupado por instalaciones de Cruz Roja y Correos) en la calle de La Ferrería. Pero 142,5 metros cuadrados eran una anécdota solariega, así que la Telefónica maniobró y consiguió que el Ayuntamiento pagase un solar, propiedad de José María Maqua, en la calle Dr. Graiño donde levantó un edificio de tres pisos inaugurado el 11 de julio de 1953.

            La técnica se agiliza, desaparece la telefonista ya que el usuario puede marcar directamente el número deseado desde nuevos aparatos con disco giratorio cuya instalación abarató notablemente el precio generalizando su uso. A finales de siglo XX eran 31.000 el número de líneas telefónicas de Avilés, cifra que da cuenta del crecimiento espectacular de los aparatos fijos o sea los teléfonos inmóviles.  22-telefono-img_7022-jpg-tris

            Pero en el siglo XXI entró en avalancha –aquí y en todo el planeta– ‘el móvil’, teléfono celular sin hilos, con múltiples funciones, venta libre, pequeño tamaño (lo abarca la palma de la mano) que acabó con la telefonía tradicional y está transformando usos y costumbres. Algunos dicen que es una parte más del cuerpo humano.

          Se espera que en 2020 haya en el planeta más personas con un teléfono móvil que con agua corriente o electricidad. Un mundo donde España es el país con más móviles por habitante (lo poseen un 96% de ciudadanos), le siguen Jordania e Israel (95%), China (93%) y Estados Unidos (85%). Estos aparatos arrasan, hasta Leonard Cohen canta que «He perdido un teléfono con tu olor en él» y yo le añado al maravilloso poeta canadiense que además los números que él no guardó en la memoria de la tarjeta SIM se perderán para siempre como lágrimas en la lluvia. Aunque hay quien mantiene que si tu móvil se moja hay que meterlo en un recipiente lleno de arroz, porque de noche el arroz atraerá a los chinos y ellos te lo arreglarán.

            Una amiga de Santiago del Monte define a la naturaleza salvaje como aquel sitio donde el móvil tenga menos de dos barras de cobertura. Y un amigo del Carbayedo cree que los móviles terminarán por hacer a los hombres mear sentados y sabe Dios qué cosas más. Al respecto tengo leído que en algunas iglesias italianas, a la entrada, cuelga un cartel que dice que «El Señor se comunica con vosotros de muchas formas pero seguramente no os llamará nunca al móvil, así que apágalo». Tal vez pronto tengan que cambiar el texto del aviso o descolgar el cartel.

            Porque el del teléfono móvil es un proceso que no cesa, como la crisis del Real Avilés, aunque éste se está quedando sin cobertura.

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La Atlética y su edad de oro

La Asociación Atlética Avilesina (AAA) desde su fundación en 1932 ha sido una sociedad modélica en la formación de deportistas especialmente siendo presidente Fructuoso Muñiz ‘Toso’.

            Si alguna vez oyes a alguien pronunciar el término ‘La Atlética’ es muy probable que se esté refiriendo a un club deportivo de Avilés, al igual que si allí escuchas citar el nombre de ‘Toso’ alguien está hablando, casi fijo, del histórico dirigente de una las sociedades deportivas más destacadas de Asturias patria querida y España de mis amores.

Directivos y atletas de la AAA en Campeonatos de Asturias. Oviedo, 1964

Directivos y atletas de la AAA en Campeonatos de Asturias. Oviedo, 1964

            Tengo escrito que la Asociación Atlética Avilesina es una modélica institución deportiva dirigida, en su época dorada, por Fructuoso Muñiz Suárez ‘Toso’ con la colaboración desinteresada de directivos de muchos bemoles que se aglutinó en torno a él y que no solo revalorizó el deporte base local sino que consiguió proyectar el nombre de la ciudad a nivel internacional a través de la organización de prestigiosas pruebas atléticas.

            La Atlética había sido fundada en 1932 por gente joven que debatió sobre sus fines en bancos (elemento del mobiliario urbano) del parque del Muelle pues fue necesario juntar varios de la zona central del parque para poder discutir sin andar a voces. Anécdota que tiene escrita, con gracia y en verso, Agustín Espolita en la revista El Bollo 1989.

             Los fundadores de la Atlética de Avilés, según la lista oficial enviada en 1932 al Gobierno Civil, fueron: José Aguirre, Eduardo Díaz Pérez, Ramón Granda Alonso, Ismael Espolita, José Suárez Ovies, Jesús Suárez Blanco, Hermógenes Solís Vigil, Celestino Arias, Ángel Rodríguez P. de la Draga, Cayetano Prada, Policarpo Riego Cuervo, Carlos Suárez, José Tamargo, Leopoldo y Julián Lorda Arbesuk, En­rique F. Llorián, Abelardo González Miguélez, Luis Gutiérrez González, Ramón González Oliver y José Ramón Cuervo.

Primera salida Grupo Montaña. 15 agosto 1971 a Las Hoces del Río Aller. (Foto Ramón Gago)

Primera salida Grupo Montaña. 15 agosto 1971 a Las Hoces del Río Aller. (Foto Ramón Gago)

            Desde su fundación desarrolló una actividad deportiva notable y, aunque con altibajos, en ello sigue según detallaremos en otro episodio, porque hoy voy a centrarme en su época de mayor esplendor, su edad de oro, y que es la que corresponde a la desarrollada bajo la presidencia de ‘Toso’ Muñiz y sus impagables, en todos los sentidos, colaboradores. Cito a los que yo conocí: José Antonio Suárez ‘Pepete’, Vicente ‘Tente’ Gómez, los hermanos Gago (Enrique, Marcelo, Ramón y Patxi), Acacio F. Puente, Agustín González (que en 1995 sería alcalde de Avilés), Jorge García Pravia, Paco Mellén, Margarita Cuervo–Arango (esposa del presidente), Román L. Villasana, Pepín Redondo, Miguel Sama, ‘Poldo’ González, Agra, Ramón Núñez y Armando Benítez. Pero había más… Mérito de Toso fue aglutinar conocimiento y voluntarismo de todos ellos para facilitar la práctica del deporte a la población avilesina.

Román L. Villasana

Román L. Villasana

            Basándose en su particular principio de Arquímedes de: «Dadme una palanca y moveré el deporte en Avilés» Toso cogió a la Atlética en 1960 y la presidió hasta 1991. El crecimiento fue extraordinario, los trofeos se acumularon incluida la copa Stadium ‘al mejor club deportivo español de 1987’.22-atletica-el-rey-copa-stadium

            La palanca cundió lo suyo y Toso nunca la aflojó, siempre aceleró. Lo sé en carne propia porque no tuve forma de resistir (un año duró el ‘cerco’) a su pretensión de que pusiera en marcha una nueva actividad: el grupo de montaña de la Atlética.

            Hubo tiempos anteriores en que el estadio Suárez Puerta se llenaba para ver fútbol de segunda división los domingos por la tarde. Por la mañana algunos ya habían estado en La Pista de la Exposición viendo partidos de balonmano (modalidad deportiva activada por Román López Villasana) o de baloncesto (coordinado por Juan Alustiza) de la Atlética y otros en algunos sábados–noche, emboscados en la penumbra iban a La Pista Cubierta a ver boxeo especialmente cuando subía al ring ‘Dacal’ el primer deportista de la Atlética que trajo una medalla olímpica para Avilés, algo que luego repetirían otros. Episodio aparte son los atletas.

            Hoy quise escribir sobre ‘Toso’ Muñiz para que a nadie se le vaya de la memoria uno de esos personajes que dan carácter y personalidad a la ciudad y por tanto son parte de la Historia de Avilés.22-atletica-la-voz-de-aviles-a-200

 

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Hábiles de Avilés

(Fotomatón de algunos personajes importantes en la historia de Avilés que pueden ser avilesinos bien de nacimiento, bien ‘de pación’ e incluso de pasión).

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Armando Palacio Valdés

              En una ocasión me preguntaron en la radio, creo que fue en la RPA, acerca de los personajes más destacados de la ciudad a lo largo de la historia y a los que yo –por cuestión onomatopéyica a la que soy adicto– denomino Hábiles de Avilés basándome en la segunda acepción que del término ‘hábil’ se puede leer en el diccionario de la Real Academia: ‘dotado del talento para actuar adecuadamente o lograr su objetivo’. 

              Avilés, con una historia tan estirada, es muy fértil en hábiles personajes. En próximos episodios pienso detallarlos por gremios, actividades o por lo que se me ocurra, pero hoy como muestra doy una relación que abarca diversos campos y acoge no solo a los que aquí nacieron o a los que aquí pacieron, también a quienes de fuera vinieron y hablaron de Avilés en distintos ámbitos aparte, por supuesto, de los que, de aquí o de allá, tomaron medidas que favorecieron a la ciudad.

              La respuesta que di en la radio creo recordar que empezó con el rey castellano Alfonso VII que junto con su abuelo Alfonso VI fueron los muñidores del Fuero de Avilés que el primero confirmó en 1155 lo que el segundo había dispuesto ya en 1085. El Fuero, que dio carta de naturaleza a la villa asturiana, fue una suerte de privilegio legal de la que gozó la población avilesina y su territorio durante siglos y que pone a las claras la importancia que tuvo la villa durante la Edad Media cuando su puerto llegó a ser, durante un tiempo, el más importante del norte atlántico de la península ibérica.

            Bartolomé Carreño (Avilés, hacia 1503–Sevilla, 1568). Cuando usted escuche el término Bermudas asociado a paraíso fiscal universal o a triángulo geográfico pavoroso, acuérdese de que fue el marino avilesino Bartolomé Carreño quien primero exploró, en 1538, estas islas Bermudas descubiertas por el andaluz Juan Bermúdez quien sin embargo no logró desembarcar. Fue Bartolomé un destacado marino que llegó tener el mando de la flota de la Carrera de Indias compuesta por seis barcos de guerra.

            Pedro Menéndez de Avilés (Avilés, 1519–Santander, 1574) marino de guerra y también primer indiano de Avilés. Desde que fundó San Agustín de La Florida, la hoy mayormente considerada como la más antigua ciudad norteamericana, a este avilesino la historia lo tuvo escondido en buena parte por la leyenda negra que le endosaron ingleses y franceses. Pero desde inicios del siglo XX su trayectoria marina fue conocida y reconocida incluso más en los Estados Unidos de América que en España, lo que lo dice casi todo. Quien antes fue el coco hoy es héroe de manual.

            Juan Carreño Miranda, nació en 1614 en Carreño (según manifestó expresamente en dos ocasiones) lo que también quiere decir que es natural de Avilés, pues por entonces el concejo de Carreño formaba parte del alfoz avilesino de donde su fue siendo niño. Fue pintor de cámara del Rey Carlos II y su obra se halla repartida en museos de casi todo el mundo y también en iglesias como es el caso de la impresionante bóveda del templo madrileño de San Antonio de los Alemanes. Puede que sea el  artista asturiano más importante de todos los tiempos. Falleció en Madrid en 1685.

            Francisco Bances Candamo (Avilés, 1662–Lezuza, 1704) hijo de un sastre de Sabugo, de niño también se tuvo que ir de Avilés y la vida terminó llevándolo por el camino de las letras destacando como poeta y dramaturgo, aunque en el terreno personal deslices propios y envidias ajenas lo despeñaron de tal manera que pasó de ser escritor favorito en la Corte a los infiernos burocráticos muriendo, sospechosamente por envenenamiento, siendo funcionario de segunda de Hacienda en un pueblo albaceteño en cuyo cementerio casi no se alcanza a distinguir su tumba. Un drama que como autor puede que le hubiese gustado escribir.

            Pedro Lucuce Ponce (Avilés, 1692–Barcelona, 1778) fue ingeniero militar, matemático y cosmógrafo. Solo diré que en una exposición sobre las ciencias, organizada en Oviedo por el Gobierno del Principado en 2008, un panel que mostraba a los doce científicos asturianos más importantes de la historia estaba encabezada por Pedro Lucuce al que seguían Severo Ochoa, Menéndez Pidal, Grande Covián… No sigo.

            Armando Palacio Valdés (Entrialgo. Laviana, 1853–Madrid, 1938) sí que es más conocido y admirado. Escritor universal, traducido a considerable número de idiomas, fue el mayor publicista literario que ha tenido Avilés.

            Julián García San Miguel (Avilés, 1841–Olmedo. Valladolid), segundo marqués de Teverga, fue líder durante muchos años del partido liberal y está en la historia local por lograr que, en 1890, llegara el ferrocarril a Avilés. También destacó, junto con otros, en la mejora del puerto local.

            Luz Rodríguez Casanova (Avilés, 1873–Madrid, 1949), sobrina de García San Miguel, dedicó su vida a la beneficencia en la que gastó la fortuna que había heredado de su familia. En 1902 abre el primer colegio para albergar niños sin recursos para estudiar y treinta años más tarde ya eran 106 el número de centros que acogían a 14.000 pequeños. En 1920 fundó la congregación de las Damas Apostólicas del Corazón de Jesús, extendida por España, Italia y América. En 1958 la Iglesia inició el lento proceso de su beatificación que ha sido reactivado hace unos meses por el Papa Francisco al nombrarla “venerable”, algo que tradicionalmente suele ser paso previo a la beatificación.

            José Francés (Madrid 1883–Arenys d’Empordà 1964) fue un intelectual madrileño enamorado de Avilés donde pasaba temporadas estivales con su esposa. Aparte de su más que notable actividad cultural en la villa fue el autor, como secretario de Bellas Artes, de la ponencia que sirvió de base para que el Estado español declarase en 1955 a gran parte del casco antiguo de Avilés como Conjunto Histórico–Artístico lo que blindó calles y edificios históricos ante la especulación desmadrada en tiempos de Ensidesa y compañía.

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Fernando Morán López

            Juan Antonio Suanzes (El Ferrol, 1891–Madrid, 1977). Ingeniero naval que fue Ministro de Industria y posteriormente fundador del INI (Instituto Nacional de Industria). Desde ambos cargos fue quien decidió, a mitad del siglo XX, instalar en Avilés una gran factoría siderúrgica (Ensidesa) que causaría la mayor transformación, en todos los órdenes, de la historia de la ciudad.

            Fernando Morán (Avilés, 1926) compaginó la diplomacia con la literatura pero donde alcanzó mayor relieve fue en la política como ministro de Asuntos Exteriores del primer gobierno socialista de Felipe González. Hace poco Jaume Collell escribía en LA VANGUARDIA de Barcelona que «Ahora que Europa se balancea en la incertidumbre conviene recordar al ministro español [Fernando Morán] que en 1985 contribuyó a abrir las puertas para que este país [España] entrara en lo que entonces se conocía como Comunidad Económica Europea». Morán vive actualmente en Madrid.

            Estos son algunos de los personajes hábiles de Avilés y es el momento de recordar las palabras del inolvidable poeta Ángel González  cuando afirma que «la historia de España es como la morcilla de mi pueblo que se hace con sangre y se repite». Por lo que no conviene olvidar que de la misma forma que hubo, y hay, personas hábiles también hubo, y hay, personas viles en Avilés.

            Es condición humana

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Un palacio con mala estrella

Residencia de familias pudientes, centro educativo, cuartel, convento, cine… anuncian que ahora será un asador.

          Juan de Llano Ponte fue un personaje que nació en Avilés (1727) de familia originaria de Soto del Barco, ejerció de obispo en Oviedo y que cuando murió (1805) en Contrueces, barrio de Gijón, las campanas de la catedral tañeron durante dos horas sin descanso, récord fúnebre que es improbable ostente otro avilesino, entre otras cosas porque ninguno más fue obispo de Oviedo. Hubo otros que, nacidos en Avilés, ejercieron de obispos de Ibiza, Santander o Canarias, pero de Oviedo solo Llano–Ponte.

          Fue un prelado fuera de norma para aquella época, por ejemplo tenía amistad con el ilustrado Jovellanos, fue Académico de Historia y un entusiasta colaborador del ‘Diccionario Geográfico–Histórico de Asturias’, proyecto de su amigo Francisco Martínez Marina que no llegó a culminarse. El obispo Llano–Ponte puso a trabajar a muchos párrocos en la recogida de datos sobre sus territorios y coordinó las monografías sobre distintos concejos que desgraciadamente permanecen inéditas en los archivos de la Academia de Historia. Vaya por Dios.

          El obispo venía con mucha frecuencia al palacio familiar de Avilés, un magnífico edificio que los Llano–Ponte habían adquirido en 1774, con permuta del suyo en Sabugo, a los herederos de Rodrigo García Pumarino, quien lo había mandado construir en los inicios del siglo XVIII, a su regreso de Lima (Perú) después de 30 años ausente de España. Detalles pormenorizados sobre el indiano y su casa-palacio están publicados en LA VOZ DE AVILÉS 15 de septiembre de 2013 (episodio ‘Un palacio de novela’) y en la del 12 de abril de 2015 (episodio ‘La película de los cines de Avilés’).

          Quizá la circunstancia de los continuados viajes del obispo a Avilés hizo que aportase dinero para realizar obras en la calle Rivero, donde está plantado el palacio. El historiador David Arias García tiene escrito en su ‘Historia General de Avilés y su concejo’ que «En 1794 ofreció a la villa empedrar la calle de Rivero a sus expensas y construir un trozo de carretera que faltaba a la entrada de la misma calle. Entonces se realizó una importante reforma: la calle de Rivero ‘parecía miserable calleja de un barrio’ y el municipio, contrayendo empréstitos, quitó los so­portales de un lado; de tal modo, entre el obispo señor Ponte y el Ayuntamiento ensancharon y hermosearon el antiquísimo Rivero». Otros noticias nos dicen que el obispo ayudó poniendo dinero pero también exigiendo el ensanche (supresión de una de las dos hileras de soportales) para que pasara sin pesares, en sus ‘ires y venires’, su moderna carroza tirada por caballos. Sabe Dios.

Obispo Llano-Ponte, óleo de autor desconocido propiedad familia Cores Uría.

          Aparte del obispo hubo otro Juan de Llano Ponte, sobrino del prelado, que siendo abogado no ejerció como tal dada la fortuna que heredó de su familia. Si lo hizo como escritor en temas científicos y técnicos que firmaba como ‘Juan de las Carreteras’ por los muchos artículos que publicaba en ‘El Faro de Asturias’ sobre las vías terrestres del Principado. Dicen que a sus escritos periodísticos se debe la carretera de Avilés a Grado. Ya se pueden imaginar que tratándose de Asturias el tema de infraestructuras le pudo haber dado, a ‘Juan de las Carreteras’ para media eternidad de no haberse muerto a los 58 años de edad. Antes de eso había cedido la mayor parte del terreno que ocupaba la extensa huerta de su palacio (de largo llegaba casi hasta la Ría y de ancho hasta la plaza de los Oficios) para el ensanche de la ciudad y así nacerían luego las calles Palacio Valdés, las travesías de Rivero (Pablo Iglesias, Libertad y Las Artes) y la que se llamó, en su honor, Llano–Ponte. Vive Dios que merecido fue.

          El tiempo fue pasando hasta que al casarse otro miembro de la familia, Rodrigo de Llano–Ponte (último inquilino nobiliario) con la marquesa de Ferrera abandona el palacio de Rivero que permanecerá cerrado hasta que en 1928 lo adquiere, con la ayuda del obispado, el sacerdote Cándido Alonso Jorge que lo dedicará a centro de Enseñanza (El Liceo Avilesino) hasta 1936 en que cierra al estallar la Guerra Civil.

          Durante el conflicto y hasta que entraron las tropas de Franco en Avilés la República lo convirtió en Cuartel de Milicias. 

          En la nueva circunstancia política sirvió de convento a las monjas Carmelitas de Oviedo hasta que reconstruyeron su convento en 1945.

Interior del palacio. Foto tomada antes de 1945.

          Ese mismo año lo compra la empresa Prafel (Armando Rodríguez del Valle e Ignacio Menéndez Berjano) que demuele el interior del edificio para convertirlo en salón de cine que llamaron ‘Marta y María’, en homenaje a la novela de Palacio Valdés. Fue una lamentable obra (bien es verdad que antes no había legislación que prohibiera destrozar el patrimonio de tal forma) que solo dejó en pie la fachada del inmueble, algo que Justo Ureña en LA VOZ DE AVILÉS del 21 de enero de 2008, siendo ya Cronista Oficial de Avilés, calificó como «una de tantas atrocidades urbanísticas que reiteradamente nos sorprenden, con las que en aras de intereses económicos, poco a poco van desapareciendo los hitos y señales de nuestro pasado». El cine cerró en septiembre de 2013.

          Visto ha quedado que a lo largo de los años este palacio, uno de los tres vértices (junto con el Ferrera y el Ayuntamiento) del triángulo del monumental Parche, corazón del casco histórico de Avilés, ha sido mansión para todo: residencia de familias pudientes, liceo, cuartel, convento, cine… y ahora se anuncia que un grupo hostelero gallego lo compra para abrir un gran asador.

          De acuerdo en que hay que darle uso, pero este edificio emblemático merecía otra cosa aparte de más atención y respeto por parte de quienes controlan económica y políticamente la ciudad. Las cosas del querer.

          Uno confiesa su perplejidad ante lo del asador pero no olvida que el disparate mayor se cometió en 1945 al destruir las estancias palaciegas (capilla incluida) para instalar 995 butacas, taquilla justamente donde estuvo la capilla, cabina con proyector, gran pantalla, bar en el intermedio y servicios al fondo a la derecha.

          Y así el público de Avilés pudo ver a las estrellas mientras el palacio de Llano–Ponte vio las estrellas.

          Cultura a la plancha.

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