El Comercio
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Casco Histórico de Avilés ¿Patrimonio de la Humanidad?
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Alberto del Río Legazpi | 28-07-2013 | 09:14| 19

Avilés que tiene gran calidad patrimonial ¿tendrá madurez, política y social, para intentar acceder a esta categoría mundial?

Hace siete veranos Armando Sirvent Palacio-Valdés, biznieto de Armando Palacio Valdés y residente en Copenhague, me envió un reportaje publicado, el 17 de Febrero de 2005, en el ‘Berlingske’, periódico danés, sobre Asturias y que terminaba tal que así: «Y Avilés, por donde mucha gente pasa de largo pensando que es una pesadilla industrial a causa de las vistas desde la autopista, tiene un centro de la ciudad que es un perla, y que un día será nombrada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO»

El ‘Berlingske’ no es un diario cualquiera. Es un medio muy respetado, en Europa, por su rigor y seriedad informativa, aparte de ser uno de los diez periódicos más antiguos de mundo.

Y ésta, del Casco Histórico de Avilés como Patrimonio de la Humanidad, es una cuestión que, algunos, hemos planteado en el pasado.

Por ejemplo Carlos Ferrán Alfaro, arquitecto del Plan Especial del casco histórico avilesino, que había sido premiado anteriormente por su Plan Especial de reforma interior de Alcalá de Henares, ciudad que posterior­mente fue declarada por la UNESCO ‘Patrimonio de la Humanidad’.

Ferrán, afirmaba que ‘en algunos aspectos, el casco histórico de Avilés tiene incluso más importancia que el de Oviedo’. Y argumentaba que la Villa avilesina estaría en condiciones de ser declarada, por la UNESCO, Patrimonio de la Humanidad, como Alcalá de Henares o Salamanca, porque ‘si bien Avilés no tiene tantos monumentos como estas dos ciudades, su núcleo histórico cuenta con mayor extensión y una mejor configuración’

Gran parte del casco antiguo de Avilés, está declarado desde 1955, por el Estado español, ‘Conjunto Histórico Artístico’, y de él siempre ha sido un admirador Federico Mayor Zaragoza, destacada personalidad internacional que, entre otras cosas, fue Director General de la UNESCO desde 1987 a 1999

En una su visita suya (en 2001) y durante una comida en Salinas, le preguntamos abiertamente sobre las posibilidades que tendría Avilés para acceder al máximo título internacional en materia patrimonial. Sorprendentemente afirmó que nuestras posibilidades no eran remotas, como muchos podrán pensar, exponiendo luego la filosofía que utilizaba UNESCO para la concesión de estos galardones.

De su explicación saqué en consecuencia que la opción de Avilés se aglutinaría, sobre todo, en torno a nuestra ‘ciudad barroca’: un conjunto, urbanísticamente articulado, de cuatro palacios y dos calles (Rivero y Galiana).

Por todo lo cual, vengo en dar a preguntar: ¿Porqué demonios no se plantean las autoridades locales ésta cuestión o sea el inicio de trámites -y las acciones necesarias- para solicitar, a la UNESCO, la candidatura de Avilés a ser Patrimonio de la Humanidad?

¿Qué tenemos que perder?

En la vida, en la política, una pizca de osadía puede tener consecuencias grandiosas. Ocurre pocas veces, pero ocurre. Aunque para eso, antes hay que atreverse, hay que dar la cara, hay que osar. O sea.

 

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Salinas playa querida, Salinas de mis amores
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Alberto del Río Legazpi | 21-07-2013 | 09:11| 1

En asuntos playeros, es Castrillón quien tiene el protagonismo en la cosa comarcal avilesina. Y en su costa deslumbra Salinas, que parece un reportaje del National Geographic, sembrada de paseos, chalés, gauzones, anclas, surfistas y dunas.

Salinas está en el centro de un aspa que va de La Peñona al Peñón de Raíces. Y de ‘Las Conchas’ (restaurante) a San Martín de los Pimientos.

Tantas veces mostrada fotográficamente desde el aire (Nardo Villaboy, mayormente) –que es desde donde mejor se aprecia su magnitud en la zona marítima asturiana– Salinas es como una enorme V, un vector, que se va afilando hacia el oeste hasta irse al Cuerno (playa) para terminar esfumándose por un túnel que la une con Arnao.

Al otro lado del túnel está El Dólar (playa también) que es terreno capital (y nunca mejor dicho) de la Real Compañía Asturiana de Minas, histórica empresa pionera en la industrialización avilesina y quien hizo posible la gran población, al construir –en aquella pequeña aldea al lado del mar, llamada Salinas y no se sabe ciertamente el porqué del topónimo– casas para sus directivos en la fabricación del zinc.

Y si la Real Compañía la comenzó, luego vinieron los tranvías –el de vapor, o sea ‘La Chocolatera’, y el eléctrico, que incluso coincidieron años funcionando conjuntamente– que llevaban gente bien a los balnearios, bien a los que buscaban baños de ola, pecadores ellos, sin recato de techo alguno. Y también surgieron los hotelitos, de los profesores universitarios de Oviedo (¡Vade retro Gijón!) y su Colonia veraniega de estudiantes. Hasta que la llegada de ENSIDESA y compañía, la convirtió en privilegiada ciudad-dormitorio de Avilés.

En este punto, su desarrollo fue meteórico y ahí resuena Treillard , restallante apellido histórico local, uno como hotelero fundador de balnearios y otro como alcalde. Y éste, en la segunda mitad del siglo XX, empezó a urbanizar a todo trapo y tanta marcha cogió que se pasó veinte estaciones con más de cuatro Gauzones.

Por entonces, Salinas era el discreto encanto de la burguesía, pero sin la acidez de Luis Buñuel. Al otro extremo San Juan –con una contaminante factoría química del año catapún al lado– tenía acidez en el medio ambiente. Era playa de clases medias avilesinas y también bajas, que venían de Oviedo en trenes especiales. Apurando se podría decir que a San Juan, mayormente, iba la base y a Salinas los de lavase y peinase. Cosas de la coña marinera.

Es famosa por su espectacular playa (la más concurrida de Asturias, junto con la de Gijón), su magnífico paseo marítimo o el Museo de las Anclas, ocurrencia de Agustín Santarua. Lo que ya no es de tanto conocimiento son sus cuidadas y arboladas calles, con profusión de espléndidas viviendas de variadas arquitecturas (es el Biarritz asturiano), ni tampoco su condición de pionera centenaria en el turismo regional con aquellos espectaculares Balnearios y Naútico. O la esforzada por preservar su imponente conjunto dunar de El Espartal, hoy declarado monumento natural.

Cuando los técnicos juegan a los diques en San Juan de Nieva, la mar se cabrea y se lleva por delante el triunfal paseo marítimo de Salinas. Pero se repone.

Y cuando no es el paseo, la mar rizada la deja calva de arena. Pero le termina creciendo o termina poniéndose una peluca alquilada en Cabo Vídio.

Porque no hay quien pueda, no hay quien pueda, con Salinas marinera. Marinera y pecadora (sic), no hay quien pueda, por ahora.

Corto y cambio, para citar a José. M. Castañón en su obra “Mi padre y Ramón González de la Serna”): «Una nostalgia pasmosa me aprieta en estos momentos. Aquel Salinas, me inquieta al saber que sigue viviendo tan verde, tan marítimo…»

Sabía que Salinas es la mar del verde.

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Literatura de Armando Palacio Valdés que fue llevada el cine
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Alberto del Río Legazpi | 14-07-2013 | 09:29| 1

El cine y Armando Palacio Valdés tuvieron –no se si decir tienen, porque en una de éstas igual le da un pronto a Pedro Almodóvar y adapta una obra del escritor asturiano– un idilio que, casi, no tiene parangón en la historia de los autores clásicos españoles.

Porque si exceptuamos a Blasco Ibañez (con 16 adaptaciones cinematográficas) y Pérez Galdós (con 14), luego viene el autor asturiano.

Son trece, las películas basadas en la obra Palacio Valdés. Y además con dos singularidades: que ‘La Hermana SanSulpicio’ (obra que tanto sofocaba, literariamente, a Pío Baroja, de igual manera que éste escritor vasco ponía de los nervios a Francisco  Umbral) fue llevada en cuatro ocasiones a la gran pantalla. Un récord en el cine español.

La otra, particularidad, es que dio su aprobación para que una jovencísima Magdalena Nile del Río,  debutase cinematográficamente, en la primera de las cuatro versiones de esa película, con el nombre artístico de Imperio Argentina, naciendo así uno de los mayores mitos de la canción española. Pero esto de la San Sulpicio, el autor asturiano y las folklóricas españolas es episodio aparte.

El enamoramiento entre el cine y Palacio Valdés se inició 1925, cuando las películas aún no tenían sonido, con el estrenó de ‘José’ . Desde entonces y hasta 1971, se realizaron trece adaptaciones de nueve de sus novelas: cuatro versiones (una muda y tres sonoras) de ‘La Hermana San Sulpicio’ (una de ellas con el título de ‘La novicia rebelde’), dos de ‘Santa Rogelia’ (una con el título de ‘Rogelia’). Y una de: ‘José’, ‘La aldea perdida’ (con el título de ‘Las aguas bajan negras’), ‘El señorito Octavio’, ‘Sinfonía pastoral’ (con el título de ‘Bajo el cielo de Asturias’, ‘Los majos de Cádiz’ (con este título y también con el de ‘La maja de los cantares’), ‘Tiempos felices’ y ‘La fe’.

Entre los actores que protagonizaron dichas películas, están algunos de los, hoy, clásicos de la historia cinematográfica, teatral y música ligera española: Fernando Fernán Gómez, Miguel Narros, Fernando Rey, Julia e Irena Caba Alba, Amparo Rivelles, Imperio Argentina, Carmen Sevilla, Rocío Dúrcal, María Dolores Pradera, etc.

Como curiosidad, adicional, y para no perder la armonía, decir que el autor de la banda musical de una de sus películas es el gran compositor andaluz Joaquín Turina. Y en otra canta Junior, al que algunos lectores recordarán.

Las novelas de Palacio Valdés, por su temática popular y estilo narrativo eran muy apetecidas para directores y guionistas cinematográficos españoles, pero el autor asturiano no pudo llegar a Hollywood como era su deseo, a pesar de que tuvo conversaciones, al respecto, con la productora norteamericana Fox. Lo que le disgustó, pues vio que lo había conseguido Vicente Blasco Ibáñez con la adaptación de ‘Los cuatro jinetes del Apocalipsis’, que además supuso el lanzamiento del ‘sex symbol’ Rodolfo Valentino. Pero al universal escritor asturiano, y sin Hollywood que valga, nadie le quita su protagonismo en el lanzamiento mundial de Imperio Argentina, cantaora, bailarina y actriz, tan destacada que fue la segunda artista en actuar en el Carnegie Hall de Nueva York.

También hay que decir que hay dos películas, de Palacio Valdés, que reflejan la temática industrial asturiana. Una es ‘Las aguas bajan negras’, basada en la novela ‘La aldea perdida’, obra que constituye una denuncia contra el progreso brutal que destrozaba la Arcadia feliz de los pequeños pueblos asturianos. Quien le iba a decir, a Palacio Valdés, que hoy las aguas ya no bajan negras, y no por una cuestión de concienciación ecológica de aquí, sus paisanos. Sino porque cerraron las minas, lo que viene a ser una tragedia, en sentido inverso al denunciado por el autor lavianés-avilesino.

Por cierto que ‘Rogelia’, dirigida por Rafael Gil en 1968, se rodó en la factoría avilesina de ENSIDESA, cuando la empresa siderúrgica estaba en su apogeo. Otro caso, este de la industrialización de Avilés, que para algunos fue el final, dramático, del  ‘dolce far niente’ de la histórica Villa.

Menuda película ésta.

 

*A continuación se ofrecen las fichas técnicas de las películas basadas en obras de Armando Palacio Valdés:

JOSÉ. España, 1925.

Director: Manuel Noriega. Producción: Cartago Films

Argumento: Novela homónima de Armando Palacio Valdés

Guión: Carlos Primelles. Fotografía: José María Beltrán. Decorados: Antonio Sánchez

Intérpretes: José Ballester, Vicente García, José Gaspar, Javier de Rivera, Ramón Meca, Manuel Miranda, Carmen Ortega, Carmen Rico, Enriqueta Soler, Dolores Valero, Antonio Zaballos.

Estreno: 22 de febrero de 1926. Madrid. Real Cinema Príncipe Alfonso

 

LA HERMANA SAN SULPICIO. España, 1927.

Director: Flo­rián Rey. Producción: Perseo Films.

Argumento: Novela homónima de Armando Palacio Valdés

Guión: Florián Rey. Fotografía: José María Beltrán. Decorados: José María Torres

Intérpretes: María Amaya, Imperio Argentina, Erna Bécker, Carmen Fernández, Guillermo Figueras, Ramón Meca, Ricardo Núñez, Carmencita Poujade, Modesto Rivas, Evaristo Vedia.

Distribución: Unión Cinematográfica Española. Estreno: 13 de febrero de 1928. Madrid. Palacio dela Música

 

LA HERMANA SAN SULPICIO. España,1934

Director: Florián Rey. Producción: Cifesa

Argumento: Novela homónima de Armando Palacio Valdés

Guión: Florián Rey. Fotografía: Enrique Guerner, Carlos Pahisa. Música: Joaquín Turina

Intérpretes: Anita Adamuz, María Anaya, Imperio Argentina, Nicolás Díaz Perchicot, Cándida Folgado, Rosita Lacasa, Miguel Ligero, Luis Martínez Tovar, Mari Paz Molinero, Pilar Pomés, Emilio Portes, Olga Romero, Salvador Soler Mari, Enrique Vico

Distribución: Cinexport. Estreno: 18 de octubre de 1934. Madrid. Cine Rialto

 

SANTA ROGELIA. España-Italia.1939.

Dirección: Edgar Neville, Roberto de Ribón y Carlo Borghesio.

Producción: Producciones Hispánicas (España) y Safic (Italia)

Argumento: Novela homónima de Armando Palacio Valdés

Guión: Edgar Neville y Roberto de Ribón. Fotografía: Francesco Izzarelli, Jan Stallich

Decorados: Guido Fiorini. Montaje: Mario Bonotti. Música: Federico Moreno Torroba

Intérpretes: Irene Caba Alba, Rafael Calvo, Emilio García Ruiz, Juan de Landa, Germana Montero, Mimí Muñoz, Luis Peña, Pastora Peña, Rafael Rivelles, Porfiria Sanchis.

Distribución: Industrie Cinematografiche Italiane

 

LA MAJA DE LOS CANTARES. Argentina, 1946. (En España comercializada como LOS MAJOS DE CÁDIZ)

Dirección: Benito Perojo

Argumento: Basada en la novela ‘Los majos de Cádiz’ de A. Palacio Valdés

Guión: Pascual Guillén. Fotografía: Antonio Merayo. Escenografía: Guillermo López Naguil. Vestuario: Federico Ribas. Montaje: Jorge Gárate. Música: Guillermo Cases

Intérpretes: Imperio Argentina, Mario Gabarrón, Amadeo Novoa, Chita Soto, María Luisa Ortiz, Enrique San MiguelVicente Ariño, André Barretta (h), Laberinto y Terremoto, Gema Castillo

Distribución: Cinenacional. Estreno: 5 de julio de 1946

 

LA FE. España, 1947.

Director: Rafael Gil. Producción: Suevia Films

Argumento: Novela homónima de Armando Palacio Valdés

Guión: Rafael Gil. Fotografía: Alfredo Fraile. Decorados: Enrique Alarcón. Montaje: Sara Ontañón. Música: Manuel Parada

Intérpretes: Fernando Aguirre, Pablo Álvarez Rubio, Ángel de Andrés, Manuel Arbó, Irene Caba Alba, Ricardo Calvo, Félix Dafauce, Rafael Durán, Juan Espantaleón, Félix Fernández, Fernando Fernández de Córdoba, José Franco, Camino Garrigó, Casimiro Hurtado, Julio Infiesta, Julia Lajos, Candida Losada, Guillermo Marín, Arturo Marín, Carmen Ortega, José Prada, Amparo Rivelles, Carmen Sánchez, María Victorero

Distribución: Suevia Films-Cesáreo González. Estreno: 22 de octubre de 1947. Madrid. Palacio dela Música

 

LAS AGUAS BAJAN NEGRAS. España, 1948.

Director: José Luis Sáenz de Heredia. Producción: Colonial Aje

Argumento: Novela ‘La aldea perdida’ de Armando Palacio Valdés

Guión: Carlos Blanco Hernández y José Luis Sáenz de Heredia. Fotografía: José Fernández Aguayo, Alfredo Fraile, César Fraile. Decorados: Luis Santamaría

Montaje: Julio Peña Heredia. Música: Manuel Parada

Intérpretes: Carlos Agosti, Pablo Álvarez Rubio, Mario Berriatúa, Tomás Blanco, Julia Caba Alba, Raúl Cancio, Guillermo Cereceda, Mary Delgado, Félix Fernández, Fernando Fernández de Córdoba, Charito Granados, Alfonso Horna, Rufino Inglés, José Jaspe, José María Lado, Luis Pérez de León, Elisa Méndez, Antonia Plana, Adriano Rimoldi, Antonio Riquelme

Distribución: Ballesteros. Estreno: 28 de octubre de 1948. Madrid. Cine Avenida

 

EL SEÑORITO OCTAVIO. España, 1950.

Director: Jerónimo Mihura. Producción: Emisora Films

Argumento: Novela homónima de Armando Palacio Valdés

Guión: Antonio Abad Ojuel, Miguel Mihura. Fotografía: Federico G. Larraya, Georges Périnal, Decorados: Juan Alberto Soler. Montaje: Antonio Isasi. Música: Ramón Farrés.

Intérpretes: Enrique Aycart, Tomás Blanco, Adrián Caramillo, Elena Espejo, Ricardo Fuentes, Montserrat García, Camino Garrigó, Pepito Goda, Carmen Llanos, Mery Martín, Pedro Mascaró, Conrado San Martín, Eugenio Testa, Rosita Valero

Distribución: Hispano Fox Films SAE. Estreno: 27 de julio de 1950. Madrid. Cine Coliseum

 

BAJO EL CIELO DE ASTURIAS. España, 1951.

Director: Gonzalo Pardo Delgrás. Producción: IFI

Argumento: Novela ‘Sinfonía Pastoral’ de Armando Palacio Valdés. Guión: Manuel Bengoa y Margarita Robles. Fotografía: Pablo Ripoll. Montaje: Ramón Quadreny.

Música: José María Torrens

Intérpretes: Isabel de Castro, Alfonso Estela, José Luis González, Soledad Lence, Luis Pérez de León, Silvia Morgan, Augusto Ordóñez, Carlos Otero, José Ramón Giner, Carlo Tamberlani, María Zaldívar

Distribución: Ifisa. Estreno: 30 de julio de 1951. Madrid. Cine Colise

 

TIEMPOS FELICES. España, 1951.

Director: Enrique Gómez. Producción: Dayna Films

Argumento: Novela homónima de Armando Palacio Valdés. Guión: Emilio Castro, Enrique Gómez, Luis María Delgado y José Ochoa. Fotografía: César Fraile

Decorados: Eduardo Torre de la Fuente. Montaje: José Antonio Rojo. Música: Juan Durán Alemany

Intérpretes: Fernando Aguirre, Antonio Albert, Carlos Alonso, Ángel Álvarez, Margarita Andreu, Antonio Pérez Juste, Manuel Arbó, Rafael Bardem, Carlota Bilbao, José Burgos, Paquito Cano, Julita Castellanos, Matilde Conesa, Rafael Cortés, María Dolores Pradera, Ramón Elías, Emilia Escudero, Fernando Fernán-Gómez, Casimiro Hurtado, Rufino Inglés, José Luis Alonso, Manuel de Juan, Amparo Martí, Carmen Moya, Miguel Narros, Francisco Pierrá, José Prada, Manuel Requena, Manuel San Román, Emilio Santiago, José Vivó, Xan das Bolas

Distribución: Universal Films Española. Estreno: 26 de octubre de 1950. Barcelona. Cine Fantasio

 

LA HERMANA SAN SULPICIO. España, 1952

Director: Luis Lucia, Producción: Benito Perojo

Argumento: Novela homónima de Armando Palacio Valdés

Guión: José Luis Colina, Manuel Tamayo. Fotografía: Antonio López Ballesteros

Montaje: Antonio Ramírez de Loaysa. Música: Juan Quintero

Intérpretes: Ana de Leyva, Julia Caba Alba, Milagros Carrión, Manuel Gómez Bur, Juana Guinzo, Casimiro Hurtado, Manuel Luna, Juanita Manso, Jorge Mistral, Antonio Ozores, Antonio Riquelme, Rosario Royo, Carmen Sevilla

Distribución: Rosa Films. Estreno: 6 de octubre de 1952. Madrid. Cine Rialto

 

ROGELIA. España, 1963

Director: Rafael Gil. Producción: Rafael Gil

Argumento: Novela ‘Santa Rogelia’ de Armando Palacio Valdés

Guión: Antonio Abad Ojuel y Rafael Gil. Fotografía: Michel Kelber. Música: Juan Quintero

Intérpretes: Tomás Blanco, Irán Eory, Félix Dafauce. Rosita Palomar, Félix Fernandez, Arturo Fernández, Lola Gaos, Julio Infiesta, José María Cafarell, José María Tasso, Mabel Karr, José Nieto, Pina Pellicer, Félix de Pomés, María Luisa Ponte, Fernando Rey

Distribución: Warner Española

 

LA NOVICIA REBELDE. España, 1971

Director: Luis Lucia, Producción: Cámara Producciones Cinematográficas

Argumento: basado en la novela ‘La Hermana San Sulpicio’ de Armando Palacio Valdés. Guión: José Luis Colina, Luis Lucia y Manuel Tamayo, Fotografía: Antonio López Ballesteros. Música: Gregorio García Segura

Intérpretes: Rocio Dúrcal, Maruchi Fresno, Ángel Garasa, Isabel Garcés, Teresa Gimpera, Guillermo Murray, Nicolás Díaz Perchicot, José Sazatornil (‘Saza’), Máximo Valverde

Distribución: Imperial Films

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Lo chocante de algunos nombres que se dan en Avilés
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Alberto del Río Legazpi | 07-07-2013 | 08:09| 7

Cuando, hace unos años, visitaron la ciudad componentes de una cofradía de Sevilla, alucinaron en colores morados, al oír que a los miembros de la principal cofradía ‘semanasantera’ avilesina, los llamaban ‘los sanjuaninos’. Luego el alucine derivó a castaño oscuro, cuando supieron que la capilla de Nuestro Padre Jesús de Galiana, era conocida como ‘Jesusín’ de Galiana y la del Santísimo Cristo y San Pedro, de la calle Rivero, como la de San ‘Pedrín’.

Se les razonó que era una cuestión de cariño, de proximidad.

–También nosotros queremos mucho al Jesús del Gran Poder y no se nos ocurre llamarle Jesusito…

–Si, pero vosotros sois de la tierra de María Santísima y nosotros de la de La Santina…

–¿La Santina? ¿La llamáis así por pequeñita?

–Al contrario. La llamamos así porque ye muy grandona.

Jesusín de Galiana. Avilés.

Y haciéndose cruces –porque es difícil de entender, gracias a Dios, este asunto– marcharon los sevillanos desconcertados por la confianza que nos tomábamos con los santos. Debieron pensar que nos faltaba algún tornillo. Pero les quedó por saber –se hubiesen destornillado de risa– sobre la el nacimiento y la singularidad de otros nombres avilesinos.

Empezando por el caso del poblado de Pescadores, diseñado por el arquitecto Carlos de Miguel e inaugurado en junio de 1943, por el entonces ministro de Trabajo, José Antonio Girón de Velasco. El acto fue recogido, en imágenes, por las cámaras del noticiario cinematográfico NO+DO (Noticiarios y Documentales), lo que resultó todo un acontecimiento para Avilés, ya que entonces al no haber televisión –aunque a algunos lectores les parezca increíble– este era el único medio de transmisión de noticias en imágenes y el noticiario era exhibido, en las salas de todos los cines de España, antes de las películas. O sea que lo que aparecía en el Nodo tenía una trascendencia enorme.

–¿Viste nin? ¡Salimos en el Nodo!

Y ‘Nodo’ le quedó, desde entonces, endilgado al nuevo grupo de viviendas de Pescadores, que por cierto sustituyeron al barrio tradicional de Sabugo como albergue de gentes del mar, tal y como había venido ocurriendo durante siglos.

El caso es que aquello fue el principio, porque algo parecido ocurrió en otros poblados surgidos, a partir de 1950 con la llegada en tromba, y agárrate que hay curva, de Ensidesa y compañía (Cristalería, Endasa etc.). Generalmente los poblados se bautizaron adoptando el nombre del lugar: Llaranes, La Luz, La Carriona… Pero otros no. Tal fue el caso del oficialmente nombrado como San José Artesano, que pasó a ser conocido como ‘El Tocóte’, porque la pregunta machacona, dada la carencia de vivienda, era:

–¿Tocóte el piso, nina?

Luego está el caso del Francisco Franco, poblado conocido popularmente como ‘El Tocaráte’, para desespero de la autoridad política de la época. Y eso fue porque al ser construido después del anterior, el consuelo que se les daba a los que no habían conseguido vivienda en ‘El Tocóte’ era:

–Tranquilina ‘tocaráte’ en el nuevo que están haciendo … Ya verás.

Hoy empieza a ser más conocido, por algunos, como ‘La Texera’.

Pero la toponimia avilesina alcanza tintes mundiales en las coincidencias que tiene con nombres o lugares ubicados en países extranjeros.

Tenemos, por ejemplo, el barrio de El Quirinal que tiene igual denominación que el palacio romano donde reside el presidente dela República italiana. Y sin salir de la capital de Italia, sépase que en Avilés también hay una Plaza del Vaticano, de la que parte una calle, llamada –era de cajón– Juan XXIII y una avenida de San Agustín, cosas estas que no tiene la de Roma. Conste en acta.

Pero si hasta los famosos jardines franceses de Versalles tienen su homónimo en un barrio avilesino de ese nombre, que está prácticamente al lado del ‘Tocaráte’, para entendernos.

Y si la meca de los casinos mundiales está en la ciudad norteamericana de Las Vegas, (la mayor población del estado de Nevada, aunque no su capital) en la comarca avilesina también tenemos Las Vegas, que tampoco son la capital del concejo de Corvera, pero si su mayor población.

Y eso por no hablar de la turística ciudad costera chilena de Valparaíso. Porque igual topónimo –y esto si que es la caraba en bicicleta– tiene la mítica fuente que, durante siglos, cubrió las necesidades de sed e higiene (elemental) de la histórica Villa asturiana. Un Valparaíso, de agua salada, en Chile y otro Valparaíso, de agua dulce, en Avilés.

Y luego están Pénjamo, El Pelame, Nondivisa… Una toponimia de vendimia.

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Las tres calles más antiguas del Sabugo histórico
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Alberto del Río Legazpi | 30-06-2013 | 06:08| 8

Sabugo, desde los orígenes de Avilés, siempre ha sido punto y aparte.

Situado en una pequeña colina, a la que no podía llegar el agua del mar, que penetraba entre Sabugo y la Villa amurallada hasta el parque de Las Meanas… ni tampoco el agua de las marismas del Campo del Faraón (donde hoy está el parque del Muelle), ni del Campo de Caín, en cuyos terrenos, junto con los de Las Aceñas, se levanta la actual plaza del mercado.

Calle de La Estación, a la izquierda, vertiendo hacia la actual Avda. Los Telares. A la derecha la estación de FF CC

El núcleo urbanístico, medieval de Avilés se organizaba en torno a las calles de La Ferrería,La Fruta y El Sol, estando las dos primeras unidas por esta última, componiendo una perfecta ‘H’. Y de otra letra idéntica disponían en Sabugo las De Adelante (D’alante) y Atrás (D’atrás), unidas por la calle de En Medio (D’enmedio).

Siempre llevaron estos nombres hasta 1892, en que se cambió el callejero, apasionante deporte municipal muy practicado, al menos en Avilés.

Y, a partir de entonces, la De Atrás, se llamó Bances Candamo, en homenaje al escritor (dramaturgo de Cámara de Carlos II) nacido en ella.

La de Enmedio, pasó a ser la del artista avilesino Carreño Miranda, el pintor asturiano más famoso de todos los tiempos, con obra en los principales museos del mundo. Hoy esta calle es un homenaje artístico a él, con un conjunto mural cerámico de Ramón Rodríguez, y una escultura de ‘Favila’.

Calle Carreño Miranda. La que une 'la movida'

Bances Candamo y Carreño Miranda, fueron todo un lobby intelectual avilesino en el Madrid del siglo XVII y, por eso y por más cosas, son episodio aparte.

Y, finalmente, la calle de Adelante paso a ser La Estación, por motivos obvios (el tren había llegado en 1890), nombre que –después de un largo paréntesis a favor de General Zubillaga– recuperó en 1979

Sabugo fue siempre, hasta hace unos años, pueblo de pescadores. No hace tanto que de aquí salían sus hombres a la mar y sus mujeres a la Villa, coronándose con un rodete la cabeza para colocar en ella una caja de pescado y enfilar con desparpajo, a vender, al grito de «¡Sardines fresques! ¡Que rebrinquen! ¡Mirai que bocartinos, muyeres, tan vivos!».

En Irlanda se hizo famosa una pescadera, Molly Mallone, que iba cantando su mercancía, allá por el siglo XVII, por la zona portuaria de Dublín, «¡Mejillones y berberechos! ¡Vivos!». Una canción la inmortalizó y una escultura, en aquella ciudad, la recuerda.

En Sabugo –aparte de un pub que lleva el nombre de la legendaria pescadera irlandesa– también hay una estatua, aunque está dedicada a Eugenia Martinez Vallejo (‘La Monstrua’, personaje de la Corte del Rey Carlos II). Somos tan clásicos como orondos.

Calle Bances Candamo. Tipismo puro.

Y, también, vamos sobrados de canción y bailes, desde que –hará unos cincuenta años– a tres entusiastas sabugueros (Román L. Villasana, José María G. Alonso ‘Chemari’ y Abelardo González) les dio por bautizar a un grupo folklórico como ‘Sabugo ¡Tente Firme!’. Aquello, cosa histórica, fue el principio de un acabose en toda una Fundación que concede Sardinas de Oro a notables españoles en todos los campos. Y todo esto sin abandonar gaita, tambor, jota de Pajares y habaneras cosa fina.

Sabugo es famosa zona de copas desde mitad del pasado siglo, en que dejó de ser barrio de pescadores, de mareantes, y pasó a serlo de pecadores en comidas y bebidas. Es muy visitado por su tipismo urbano y por su oferta hostelera. Ya tengo escrito que, actualmente, más que de mareantes viene a ser de mareados de sidra, vino y demás familia etílica.

Anécdotas aparte, Sabugo es incomparable, siempre lo fue, y hablar de él es hablar de la historia de Avilés en carne viva.

Ya escribía James Joyce, tan dublinés como la pescadera Molly Mallone, que no hay pasado ni futuro, que todo fluye en un eterno presente.

Por tanto decir: ‘Sabugo eternamente a la vera de Avilés’, es una verdad que rebrinca.

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El marchoso tranvía eléctrico de Avilés
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Alberto del Río Legazpi | 23-06-2013 | 06:08| 6

El poeta Antonio Machado rimaba entusiasmado, rememorando un viaje en tren por ‘Campos de Castilla’, de esta guisa: «El tren camina y camina / y la máquina resuella / y tose con tos ferina / ¡Vamos en una centella!».

En Avilés también todo empezó a ir muy rápido desde aquel domingo 6 de julio de 1890, cuando llegó el tren por primera vez. Fue la señal para que, como una centella, se disparase una red de caminos de hierro, por las calles del centro de la ciudad y poblaciones de alrededores. Llegaba el tranvía.

Avilés. Calle de La Cámara.

El tren siempre ha tenido ese halo de fascinación, tan de libro y de cine. Y en eso le sigue el tranvía, que al fin y al cabo es un tren de andar por casa y a los escritores les suele invitar a la nostalgia, exceptuando casos como el de Armando Palacio Valdés, que se fracturó una cadera al bajar de un tranvía, cosa que, la verdad, no da para romanticismos.

Sépase que el primer tranvía de Asturias, funcionó en Avilés, a partir de 1893. Era de vapor y su pequeña locomotora ‘lucía’ un gigantesco y asfixiante penacho de humo marrón. Era ‘La Chocolatera’. Sus cinco kilómetros de vía, unían la Villa del Adelantado con Salinas, siguiendo lo que hoy es carretera nacional.

Pero el tranvía fetén, el clásico, era el eléctrico. Y comenzó a funcionar el domingo 20 de febrero de 1921. Quédense con esta fecha que hay confusión, cosa fina, con ella.

Salinas. 'La Cantina', hoy 'La Toldilla'

Ese día y después de los obligados actos protocolarios, ante el Ayuntamiento, ya entró en funcionamiento el tramo Salinas-San Juan de Nieva-Avilés-La Texera.

Posteriormente fueron entrando los demás: el 15 de enero de 1922 lo hizo el de Salinas-Arnao y el 12 de febrero el que unía La Texera con Villalegre. Finalmente, el 19 de agosto de 1923, el de Arnao-Piedras Blancas.

Desde los extremos del recorrido, la parada de El Foco, en Villalegre –entonces barrio residencial de mucho pisto– hasta la de Casa Zapico, en Piedras Blancas, el trazado de vía se acercaba a los 15 kilómetros y el tiempo utilizado en recorrerlos era de hora y media.

El tranvía (en un viaje virtual, partiendo de Villalegre, sin citar las paradas) pasaba por Los Canapés y atravesaba el casco urbano de Avilés: calle Rivero (encajonado), El Parche (encantado), calle La Cámara (acojonado, por el despendole bajando y abrumado por la fatiga subiendo), giraba 90 grados (con cierto  ‘canguele’) a La Muralla  y volvía a hacerlo (cuidadín, cuidadín… otra vez) para llegar al paseo del parque del Muelle donde tenía parada, y ‘fonda’ si quería el viajero (‘Casa Máximo’, el ‘Santander’, etc.). Cruzaba luego el paso a nivel de Larrañaga, para enfilar la gran recta por la carretera de San Juan, llegar a la dársena portuaria y continuar hasta Salinas, por el antiguo y maravilloso pinar. Posteriormente, y paralelo a la playa, atravesaba el túnel para llegar a Arnao y finalmente a Piedras Blancas.

El tramo Avilés-Arnao, era fundamental para el traslado de los trabajadores –de la Real Compañía y portuarios de San Juan– quienes tenían un bono especial. Los domingos era muy utilizado, gran parte del año, por los aficionados al fútbol, mientras el campo del Real Avilés estuvo en Las Arobias (que fue hasta la mitad del siglo XX). Los domingos también, y por el verano, y con hasta cuatro vagones-jardineras, iba a hasta los topes con usuarios de las playas, principalmente, de San Juan y Salinas.

El tranvía eléctrico, primer medio de transporte colectivo comarcal, significó avance y progreso. Tenía chispa y era alegre y divertido,  o sea marchoso. Hasta que los autobuses entraron en danza y el domingo 31 de diciembre de 1960 el tranvía capotó. Sus unidades ocupaban mucho espacio en unas calles que reclamaban miles de automóviles. La chispa de los troles era derrotada por los tubos de escape, o sea veneno por un tubo.

El tren llegó un domingo a Avilés, día de la semana en que también comenzó a circular el tranvía y, nuevamente domingo, cuando dejó de hacerlo.

Y domingo es hoy, cuando publico este episodio, donde anda suelta la nostalgia de mis domingos infantiles, asociada al binomio tranvía-playa, Avilés-Salinas (cuarenta minutos de trayecto). Entonces era más niño que ahora, aunque más bajín. Y más ingenuo, que ya es decir.

Entonces no imaginaba que los tranvías volverían, como lo están haciendo últimamente, a las ciudades de Europa.

Y mola.

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Graiño es nombre de algunos hombres de ciencia, en Avilés
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Alberto del Río Legazpi | 16-06-2013 | 06:08| 6

La semana pasada, revolviendo papeles, me encontré escritos sin amortizar. Y di con un personaje de nombre Francisco Graiño Obaño, nacido en Avilés, en1867, que fue militar, ingeniero y astrónomo. Que revisó y realizó las cartas hidro­gráficas de varias provincias españolas, en­tre ellas un Atlas completísimo de las Islas Baleares. Que también fue profesor de Astronomía de la Escuela Naval Militar. Y que en 1921 se le nombró director del Observatorio Astronómico de San Fer­nando, máximo centro científico de su especialidad en España.

Por cierto, que es cosa curiosa esta de los hombres de ciencias locales y su relación con los ejércitos, pues este Graiño, astrónomo, se retiró como contralmirante de la Armada y, quiero recordar que, el destacado matemático Pedro Lucuce (1692-1778) lo hizo como mariscal de campo.

El caso es que aquel Graiño me llevó a José María Graiño Obaño, nacido en Villaviciosa, en1872, que en junio de 1915 fue nombrado ingeniero director dela Juntade Obras del Puerto de Avilés, debiéndosele el tra­zado del moderno puerto. Posteriormente desempeñó otros altos cargos fuera de Asturias. Apasionado del periodismo colaboró, con el seudónimo de ‘Juan dela Cosa’, en el semanario avilesino ‘El Progreso de Astu­rias’.

Celestino Graíño Caubet (1873-1942)

Y seguí insistiendo hasta encontrar a otro y este si que me rompió esquemas. Hablo de Celestino Graiño Caubet, nacido en Oviedo en 1873, que estudió farmacia en Madrid y puso una botica, al punto, en Avilés. Pocos establecimientos de éste gremio han llegado ha alcanzar el nombre y la categoría –excedía los límites regionales–  como el que Graiño Caubet logró para el suyo.

Su farmacia, no se limitó a las fórmulas magistrales tradicionales, sino que en la rebotica desarrolló una labor investigadora de tal categoría que consiguió acreditar algunos productos far­macéuticos, que él se encargaba de comercializar y de publicitar en prensa nacional. Remedios medicinales, podríamos decir, ‘Made In Avilés’.

La prensa fue otra de sus muchas devociones, pues llegó a fundar, el diario ‘El Avilesino’ en mayo de 1897, que tuvo corta vida, cosa habitual en aquella época llena de sarpullidos periodísticos. Pero el caballero Graiño Caubet era de largo recorrido y no se arredró. Así que aumentó el volumen de sus colabo­raciones en publica­ciones especializadas y diversos diarios regionales y nacionales. La cosa era de no parar.

Todas las fuentes consultadas destacan su gran categoría –en calidad y en cantidad– en su faceta de conferenciante en temas de vulgariza­ción científica. Dio cientos de charlas, convencido de las bondades de la ciencia.

Es por todo lo anterior y por algo que queda por decir, por lo que su labor intelectual y divulgadora puede calificarse de extraordinaria. Y no se limitó al campo científico, pues entró en otros como el etnográfico, estudiando y difundiendo las costumbres asturianas.

Fue un tipo innovador por encima de todo. Era la modernidad de la época. Estaba, al loro de cualquier novedad, y por eso cuando un medio de transporte recién inventado como la motocicleta, se comercializó en España, quedó fascinado. Daba independencia y permitía conocer, con cierta rapidez otras tierras y ciudades. Y tanto la utilizó que terminó por ser un problema, porque tanto fue el gusto le tomó al invento motorizado que le creo adicción, lo que trajo consigo un abandono del resto de sus febriles actividades. El asunto le ocasionó una depresión de la que salió, al hacerle ver un médico de Luarca (seguramente el mejor ‘diagnóstico’ que dio en su vida) que valiéndose precisamente de la moto, podría hacer turismo a la par que publicitaba sus productos fuera de Avilés. O sea que aprovechara el viaje. Algo tan sencillo como eso volvió en paz a Celestino con su vorágine habitual.

 

 

Que Graiño Caubet estaba como una moto, creativamente hablando, lo demuestra el hecho de que pusiera todas las bases, y el material, para que en Avilés llegara a funcionar un museo, el primero que hubo, en Avilés y en Asturias. Tome nota el personal, de este episodio aparte.

El museo de Historia Natural lle­gó a reunir una importante co­lección, que contenía especies de mamíferos, aves, invertebra­dos, plantas y algunos ejemplares raros de mineralogía. El museo lo inauguró, en 1944 su hijo Celestino Graiño Cors, que, aparte de suceder a su padre en labores farmacéuticas, fundó en 1945, la Escuela de Maestría Industrial de Avilés, también conocido como FP ‘Juan Antonio Suances’.

Su padre ya había fallecido, en febrero de 1942. Aunque antes había sido declarado «Hijo Adoptivo y Predilecto de Avilés» por el Ayuntamiento que también le había dedicado una céntrica calle que lleva por nombre ‘Doctor Graiño’.

Por ello, sin olvidarme ni del astrónomo, ni del ingeniero, me llama mucho la atención el boticario  Graiño Caubet, caballero que a lomos de una moto, pasó por la vida descubriendo y patentando medicamentos en su rebotica, que publicitaba y vendía, en toda España, que se dice muy pronto. Coleccionaba flora y fauna. Difundía ciencias, por un tubo, en charlas y conferencias. Y lo mismo fundaba un periódico que inventaba un museo.

De todo, como en botica.

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Esa 'Peña del Caballo' no es una peña cualquiera
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Alberto del Río Legazpi | 09-06-2013 | 06:08| 5

Por el estuario avilesino, tanto las fábulas como las certezas andan tan sueltas que, donde menos lo esperas, salta un caballo. Pero no un caballito de mar, sino de ría. Una especie única en el mundo, conocida en cartas marinas, libros y documentos disparejos, como ‘Peña El Caballo’ de Avilés.

La Peña del Caballo, en la margen derecha de la ría, antigua zona de baños. (Foto Archivo FRAN)

Plantada en San Juan de Nieva y llamada así por su caprichoso perfil equino, tiene como prolongación submarina la temible ‘Rechalda del Mar’, peñasco encabronado que fue un tremendo obstáculo para la navegación, al limitar el calado, en la bajamar, a 3 metros(datos de la ‘Revista de Navegación y Comercio’. 1894). Tanto se tardó en darle matarile que algunos creían, a pies juntillas, que la Rechalda era una piedra que crecía.

La cosa dio mucho que hablar y hasta un semanario satírico y un grupo folklórico llevaron su nombre. Y cuando alguien demostraba firmeza se solía decir: «Ye más duro que La Rechalda».

Aunque a base de dinamita y de afeitados de dragas –el último se lo dio ‘D’Artagnan’ en 2008– terminó trasquilada y ‘cedió’ un calado de cerca de 13 metros.

Uno de los cruceros que últimamente hacen escala en la dársena de San Agustín, a un costado del Centro Niemeyer, visto desde uno de los ‘ojos’ de la Peña del Caballo cuando salía del puerto de Avilés, navegando rumbo a Southampton (Inglaterra).

Pero más popular fue la ‘Peña El Caballo’, referenciada en planos de la obra portuaria de 1903 que recogen el proyecto inicial, anterior, de Pérez dela Sala. A su costado hay dibujado un embarcadero y los rótulos: ‘Balneario’ y ‘Playa de baños’. El sitio también era conocido como ‘Baños de Abadil’ y parece que funcionaron, como tales, desde 1875

Y es que, en el tercio final del siglo XIX, cuando empezaron a ponerse de moda los baños públicos en Avilés –publicitados como ‘mitad higiene y mitad salud’– fue la margen derecha dela Ría, la zona escogida por el personal más ‘moderno y rompedor’, que no comulgaban con aquellos versos de Vital Aza:

«Me manda el doctor tomar

baños de mar sin cesar,

pero me falta el valor,

¿Zambullirme yo en el mar?

¡Que se zambulla el doctor!»

Al lado de la Peña funcionó el ‘balneario’ primitivo de Avilés y hasta él llegaban, en lancha de alquiler, los que se atrevían a bañarse públicamente. Algo cuenta Eloy Fernández Caravera en su novela ‘Mayita’ (Ediciones Azucel. Avilés, 1987).

El famoso teatro circo avilesino ‘La Peña’, hoy desaparecido. (Foto gentiliza de Cástor G. Ovies)

‘El Caballo’ se puso de moda y a su alrededor surgieron famosos restaurantes como ‘Casa Tamón’ y ‘La Rosa’… hasta que se montó en Salinas un balneario con instalaciones adecuadas. Eso y un más cómodo transporte, a partir de 1893, en aquel tranvía de vapor conocido como ‘La Chocolatera’.

Aunque la ‘Peña El Caballo’ no cedió en popularidad, tanto que el famoso teatro-circo ‘Somines’, hoy desaparecido y entonces en la calle Cuba, pasó a llamarse ‘La Peña’ y un artista -que firmaba como ‘Borda de Agua’- la pintó en el telón de boca del escenario, de forma que la célebre roca marina protagonizaba el interior del local.

Y ahí sigue, hoy, ‘El Caballo’, pastando en la Ría, tan campante, mientras a su vera pasan buques de más de 60.000 toneladas de carga, o cruceros que transportan cerca de mil pasajeros.

¡Manda ‘calao’!

 

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Eduardo Carreño Valdés famoso científico, desaparecido a los 23 años de edad
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Alberto del Río Legazpi | 02-06-2013 | 06:07| 8

En Avilés, a lo largo de su historia, ha habido científicos como Pedro Lucuce Ponte (que aparte de matemático fue mariscal de campo, y a ver quien mejora imagen tan novelesca), dos de apellido Graiño (Celestino Graiño Caubet, farmacéutico revolucionario y Francisco Graiño Obaño, astrónomo), Blas Aznar González (medicina legalista), y unos cuantos más. Aparte de los investigadores actuales, claro, que son episodio aparte. Pero, de todos aquellos, ninguno como Eduardo Carreño Valdés.

Porque era de una realidad tan fabulosa como breve, tan entrañable como complicada y tan magistral como ignorada.

Suena un triste concierto de advertencia a nuestras civilizadas, ciudad y región, que dándoselas de cultas, generalmente ignoran que este avilesino ha sido una eminencia científica europea a pesar de que tan sólo duró, biológicamente, veintitrés años.

Nació en Avilés el 13 de octubre de 1819 y falle­ció en París en 1842. Echen cuentas.

Histórica imagen del científico avilesino, Eduardo Carreño Valdés, pues fue el primer daguerrotipo, que se conoce, hecho a un personaje asturiano. F. CRABIFOSSE.

De familia numerosa (tres de sus hermanos: Eladio, Feliciano y Pedro, son episodio aparte) cur­só en la villa natal los estudios elementales con tal brillantez, que a los doce años de edad, un tío paterno suyo,  lo llevó consigo a Santiago de Compostela, para procurarle la mejor educación. Posteriormente, tío y sobrino traslada­ron su domicilio a Madrid donde Eduardo cursó, como un meteoro, medicina.

Sin embargo, dedicó su vida a las ciencias naturales Y particularmente a la Botánica. Con tal intensidad que fue el alumno predilecto de Lagasca, el más destacado sabio hispánico en la materia.

Mas tarde se trasladó a Francia donde residía e investigaba el por entonces más reconocido botánico mundial: Pierre-Edmond Boissier. Otro que quedó trastocado y fascinado por los conocimientos y la capacidad de trabajo de aquel colega español tan joven, al que había conocido en Madrid.

Tan grande fue su popularidad entre los científicos, que el gran Boissier le dedicó un nuevo género de flor bautizada como ‘Carregnoa’. Y Filippo Parlatore hizo lo mismo con su nueva especie ‘Anthoxanthum carrenianum’. Nunca un botánico, entonces con 21 años, gozó en vida de mayores honores entre sus colegas.

Murió en Francia y sus restos mortales fueron inhumados en el cementerio parisino del Pére Lachaise en un panteón costeado por maestros y discípulos. Y digo bien, porque parece mentira, pero ya tenía discípulos a sus años.

La prensa francesa le dedicó homenajes un tanto insólitos para un científico y además extranjero: ‘España ha perdido uno de sus más esclarecidos genios, y Fran­cia uno de los hijos adoptivos que más la hubieran honrado’.

Tiene, Eduardo Carreño Valdés, una calle en Avilés a él dedicada, justicia callejera que se le hizo, por fin, en 1985. La calle, que termina en una empinada cuesta, corre paralela a la vida del personaje, que muriendo tan joven, y tan hondo de sabiduría, consiguió llegar casi a la cima, en medio del reconocimiento internacional por su trabajo a sus –casi burlescos– veintitrés años, o sea cuando llevaba solo cuatro o cinco ejerciendo en el campo científico. Un caso casi increíble. La excepción que confirma la regla.

Eduardo Carreño donó (hasta eso) a su muerte va­rias colecciones zoológicas clasificadas al Museo de Historia Na­tural de Madrid. Pero sobre todo legó su brillante trayectoria.

Inusitada precocidad la de éste relámpago científico que alumbra la historia de Avilés. Flores para este vencedor, derrotado en la batalla de la vida. Y que sean ‘carregnoas’ y ‘carrenianum’.

Otro tipo diez. Mira tú.

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La famosa foca de Avilés
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Alberto del Río Legazpi | 26-05-2013 | 06:08| 9

Este episodio –cercano a algún relato ‘mágico’ de Gabriel García Márquez– es una originalidad avilesina totalmente cierta y hay una foca, en piedra artificial, que así lo certifica.

En principio debe saberse que Avilés estuvo durante siglos amurallada, entre otras cosas para defenderse de piratas y muy especialmente de los vikingos, nórdicos europeos sumamente crueles.

Pero un día atracó en la Ría (mayúscula) de un Avilés, ya sin murallas, otro animal nórdico, aunque pacífico: una foca. Fue el 5 de diciembre de 1951 cuando la población avilesina sumaba 21.340 habitantes. Pronto subiría como la espuma.

Y es que la arribada de la foca coincidió, en el tiempo, con el inicio de las obras de una gigantesca siderúrgica (ENSIDESA). Cosa que –según la teoría del recordado periodista avilesino, Venancio Ovies– era todo un símbolo (por eso la llamó La Foca Precursora) del gigantesco advenimiento industrial que transformó Avilés de cabo a rabo.

Venancio tuvo la clarividencia, de que lo de la foca era algo más que una anécdota. Tanto fue así, que obtuvo un prestigioso premio nacional de periodismo por sus numerosos relatos sobre este suceso, que atrajo a muchos asturianos que, por entonces, visitaron Avilés por ver a la foca que salía en los periódicos.

Y aunque el simpático y exótico animal se las piró al año siguiente, tan misteriosamente como vino (ni pensar quiero en que alguien se le hubiese vendimiado con patatas fritas), quedó para siempre en el imaginario popular. Fue mascota avilesina en actos festivos, como el multitudinario Descenso del Sella.

Por tanto, no fue extraño que se moldeara su efigie, labor donde parece que intervinieron, teórica y prácticamente: Tomás Abascal, Joaquín Muñiz y Pepe ‘El Roxu’. Pero su ‘entronización’, en 1956, fue caso aparte.

Así lo cuenta Venancio Ovies: «una noche, el grupo conjurado de personas en torno al autor de la obra [se refiere en concreto a José Suárez Vega, conocido como ‘Pepe el de Vicente el Parque’ o como ‘Pepe El Roxu’] y donde se incluían Manolo, popularmente ‘Tiriliti’, ‘Pine’, ‘Pruden’, Víctor ‘el del Yate’, ‘Polchi’ [apodo del popular médico, que también fue concejal, Leopoldo Figueiras López-Ocaña], etcétera, llevó la figura en pagana procesión al Parque [del Muelle], entonces denominado General Sanjurjo, para asentar la foca en un parterre. Todo Avilés agradeció la iniciativa, que no precisó de formulismos oficiales, ni de ‘votaciones democraticas’»

Y así, medio en serio, medio en broma, la foca es actualmente, el más insólito –y divertidamente surreal– de los símbolos avilesinos. Porque ¿que población, en España y parte del extranjero, le ha dedicado un monumento a una foca?

La cosa, naturalmente, les choca a los turistas, que desconcertados preguntan a las/los guías turísticos que les enseñan la ciudad:

– Oiga ¿Pero que hace una foca aquí?

– Parece que es una señal industrial de la ciudad, oiga

– ¡Madre mía! ¿Pero que me dice?

Y automáticamente enfocan sus cámaras e inmortalizan a la foca de Avilés.

Quien le iba a decir a Pedro Menéndez de Avilés, Capitán General de la Mar Océana del Rey Felipe II, y fundador de la ciudad más antigua de los Estados Unidos de América, cuyo conjunto escultórico preside el parque, que iba a tener como vecina a una pacífica foca boreal, sin bigotes y en piedra artificial. ¿Un cachondeo histórico? No. La vida, oiga. Hágame el favor.

Y la cosa sigue, porque hace poco se produjo un movimiento artístico de trascendencia internacional: el ‘Avilés Seal Parade’. Y, últimamente, exportamos focas ‘Made In Avilés’. Un episodio aparte.

Para que luego algunos estirados tomen, a la historia, poco menos que como ciencia infusa. Estos desenfocados ignoran que, de vez en cuando, es saludable enfocar la vida –y por tanto la historia– satíricamente y hacer que lo derecho se ponga del revés.

Tal, y como, ocurre con la foca de Avilés.

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Espacio dedicado a aspectos históricos, biográficos, costumbristas y artísticos, fundamentalmente de Avilés y su comarca actual, así como a territorios que, a lo largo de los siglos, le fueron afines. Tampoco se excluyen otras zonas del planeta