El Comercio
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Los cuernos de la Ría
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Alberto del Río Legazpi | 10-12-2017 | 17:24| 0

            El mundo, aparte de muy ruidoso, va muy rápido. Por ejemplo un conocido mío, Pepe Mouriño, que estuvo trabajando dos años en los Estados Unidos durante 2004 y 2005, no reconoció a su regreso a Avilés el paisaje de la ría al ver que por fin no veía las montañas de lodos que enmierdaron la zona alta del estuario, entre los puentes Azud y San Sebastián, durante los años siderúrgicos.22-aviles-escultura-panoramica-paseo-ria-img_6162

            También comprobó que el estrecho camino asfaltado –en el que también operaban los rederos del puerto pesquero– que corría entre la avenida del Conde Guadalhorce (o carretera de San Juan) y la Ría, delimitado por árboles, bancos de cemento y norays, también había desaparecido. Había sido desplazado por un magnífico paseo de 986 metros de largo, por 15 de ancho, con balaustrada metálica, iluminación, césped, menos árboles que antes, bancos de madera y una escultura gigantesca con tres enormes conos. Luego le dieron detalles.

            Su autor era el pintor, escultor y enseñante, Benjamín Menéndez Navarro a quien la Autoridad Portuaria, entonces presidida por Manuel Ponga, había encargado una escultura para aquel nuevo paseo después de desechar la idea de plantar una fuente.

            Benjamín se puso a la tarea y presentó un proyecto titulado ‘Avilés’, que fue aprobado, de tres conos de acero corten de unos 30 metros de altura unidos en orden disperso del suelo al cielo. Tengo leído que explicó que «Se trata de una trilogía que recoge muchos momentos vitales y creativos. Es un canto, un poema dedicado a la mar, a la historia de la ciudad y a la ría que le dio origen» (Para conocer con más detalle la trayectoria del escultor recomiendo el artículo de Cristina del Río publicado en LA VOZ DE AVILÉS, 8 de octubre de 2017, titulado ‘El discurso escrito sobre acero’).

La popularidad de la escultura se traduce en publicaciones e incluso en repostería. El pastel se llama Conos.

La popularidad de la escultura se traduce en publicaciones e incluso en repostería. El pastel se llama Conos.

            La obra requería un complicado trabajo de ingeniería, construcción e instalación, lo que hizo que los portuarios buscasen otros patrocinadores y colaboradores (públicos y privados) que compartiesen el coste de la gigantesca obra de arte. Los encontraron y y el asunto echó a andar.

            Se realizó en Avilés, en el Polígono Empresarial Principado de Asturias (PEPA) donde ingenieros y operarios especializados planificaron y trabajaron, durante 18 meses, en su fabricación y posterior unión de 225 piezas que ensambladas formarían los conos de 30 de metros de altura y un peso total de 60 toneladas. Su traslado e instalación también fueron complicados y hubo que cortar el tráfico dos días en la carretera de San Juan.

            Ya dije que Benjamín Menéndez había bautizado su obra como ‘Avilés’, pero el personal le buscó otros nombres, hasta se hicieron quinielas: Los pinchos. Las púas. Los mástiles. El encuentro. Oricio. Orición (seguramente de admiradores gijoneses). Ojalá (parece que este fue nombre de gusto del autor). Los pirulís. Acero cornudo. ¡Coño que cono!… Tricuerno. Acero cabrón (seguramente los hartos ‘de la moda’ del acero corten). Tricono. El tricornio de la Ría y, con el que se hubiera quedado Pepe, Los cuernos de la Ría.

            Son tres enormes conos de acero (28, 29 y 30 metros) que desde el suelo parten unidos, en orden disperso hacia el cielo con diferentes ángulos de inclinación y dirección. El conjunto tiene 32 metros de ancho y 28 de fondo.

Cae la tarde en la Ría (Foto de Luis Alfonso del Río Legazpi)

Cae la tarde en la Ría (Foto de Luis Alfonso del Río Legazpi)

            El material utilizado para la escultura es acero, hoy producto ya históricamente asociado a Avilés, pero acero corten (corrosión tensada: cor–ten) que se irá oxidando,  efecto que protegerá a la pieza del deterioro.

            ‘Avilés’, inaugurada oficialmente el 15 de septiembre de 2005, es ya una incontestable referencia en la ciudad y también en Asturias ya que es la escultura urbana más grande de la región, poco más que el «Sagrado Corazón» del Naranco ovetense y más de tres veces que el «Elogio del horizonte» de Gijón. La magnitud, presencia y perspectiva de los tres conos dominan y atraen la vista sobre ellos. Disparo visual impresionante.

            La obra ha quedado anclada, al lado del nuevo puerto deportivo, en la margen izquierda de la Ría y es un jalón, otro más, que marca su reconquista. Un episodio aparte.

            En los siguiente años Pepe Mouriño –vecino de la conocida calleja Los Cuernos– asistió en persona a otros hitos de dicha reconquista como fueron el ‘nuevo’ puente de San Sebastián, que une las dos márgenes de la ría, y la inauguración del complejo cultural trazado por el arquitecto brasileño Oscar Niemeyer en la margen derecha.

            Y hoy, doce años después de inaugurada la escultura de Benjamín Menéndez en la margen izquierda, se divisa a la Ría –aquella enorme cloaca– virando, a pesar todavía de alguna salpicadura contaminante, del negro al tecnicolor.

            Tratando de recuperar la salud.

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Palacios multiusos
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Alberto del Río Legazpi | 03-12-2017 | 10:32| 0

(El trajín que han tenido desde el siglo XIV hasta hoy los palacios de Avilés).

          Desde hace 700 años no hay un solo palacio en Avilés que haya sido utilizado exclusivamente para lo que se construyó. Casi todos ellos han tenido una actividad múltiple, en algún caso frenética y en otro muy lamentable.

         Aclarando que tomo el término palacio en su sentido más amplio (como edificio no exclusivamente de reyes y nobles) paso a relacionar, por orden cronológico, las ocupaciones que tuvieron.

         Palacio de Valdecarzana (siglo XIV). En origen construido por un rico comerciante en la calle La Ferrería que instaló en la planta baja su negocio mientras la superior fue su residencia familiar. En el siglo XVII lo compró el marqués de Valdecarzana y de ahí le viene al edificio lo de palacio. Dos siglos más tarde fue adquirido para vivienda particular por el abogado Fernando Mª Ochoa que también fue alcalde de Avilés (de 1861 a l864); en vivienda tan historiada nació su hijo Juan, el que luego sería famoso escritor. A principios del siglo XX el palacio acogió a las Escuelas Manjonianas. Más tarde su planta baja fue disfrazada de comercio de vinos y coloniales. En 1933 una sociedad de servicios ligada a los consignatarios avilesinos son los nuevos inquilinos. En 1939 es el Ministerio de Trabajo quien lo ocupa y punto.  Más tarde el Servicio Sindical Portuario instala allí alguna oficina y un Dispensario Clínico. Los bajos también funcionaron como economato de portuarios y de una empresa estatal, mientras que la planta superior fue ocupada por servicios municipales, hasta que 1998 se procede a su rehabilitación siendo alcalde Agustín González (de 1995 a 1999), para convertirlo en sede del Archivo Municipal de Avilés. De momento sigue así.

         Palacio de Ferrera (siglo XVII). Construido, con dos escudos en sus dos fachadas, como residencia de los marqueses de Ferrera en Avilés. Durante la Guerra Civil y hasta que las tropas de Franco entraron en la ciudad se establecieron en él el Comité de Guerra Republicano y la Comisión de Agricultura. Terminada la contienda el palacio volvió a sus dueños quienes más tarde lo vendieron a la familia Sitges hasta que a principios del siglo XXI se hizo con el una sociedad que lo rehabilitó para hotel de máxima categoría. El Ferrera pasó de dos escudos a cinco estrellas.

          Palacio Municipal (siglo XVII). El Ayuntamiento se instaló aquí en el siglo XVII pero era mucho espacio para tan poco funcionario municipal, por lo que puso en alquiler la planta baja para comercios múltiples. En el siglo XX cesó la actividad mercantil y los bajos fue recuperados para usos municipales. Ya había empezado a crecer la plantilla y ya nunca dejaría de hacerlo.22-palacios-multiuso-camposagrado

          Palacio de Camposagrado (siglo XVIII). Sobre un palacio anterior muy primario, propiedad de una rama de la familia de Las Alas, el marqués de Camposagrado lo adquirió y remodeló totalmente. Luego le sucedió en la propiedad el marqués de Santiago. En 1809, durante la Guerra de la Independencia, las tropas francesas entraron en la ciudad y lo convirtieron en su cuartel general hasta su retirada en 1811. En el siglo XX se estableció en sus bajos una de los comercios con más solera de Asturias, ‘Los Castros’, que cerró sus puertas finalizando ya el siglo. Después de una serie de operaciones inmobiliarias el palacio fue adquirido por el Ayuntamiento, siendo alcalde Agustín González y más tarde, en los inicios del siglo XXI, con Santiago Rodríguez Vega (de 1999 a 2007) al frente de la Corporación, se convirtió en Sede de la Escuela Superior de Arte del Principado de Asturias. Aún se escuchan los aplausos.

         Palacio de García Pumarino o Llano–Ponte (siglo XVIII). Construido por uno de los primeros indianos asturianos, Rodrigo García Pumarino, fue intercambiado por su herederos con las propiedades que la familia Llano–Ponte tenía en Sabugo. En el primer tercio del siglo XX se convirtió en el Liceo de Avilés, entidad educativa que cesó sus actividades en 1936, al comienzo de la Guerra Civil. La República lo convirtió en Cuartel de las Milicias. Al término del conflicto fue convento de monjas carmelitas. Más tarde adquirido por dos socios que lo vaciaron totalmente dejando solo en pie la fachada para convertirlo, en 1949, en lo que fue cine Marta y María, que cesó en sus actividades en 2013. Actualmente se anunció la intención de instalar en el, desgraciado, inmueble un gran asador. Qué cosas.22-palacios-multiuso-foto-que-manda-balsera

         Palacio de Maqua (siglo XIX). Residencia de la familia de ese nombre hasta que en el siglo XX el edificio ‘se convirtió’ en el Colegio Santo Ángel. Siendo alcalde Manuel Ponga (de 1979 a 1988) el Ayuntamiento compró el inmueble dentro de una operación –vista hoy como histórica– de adquisición de edificios notables de la ciudad (palacios de Maqua, Balsera y mansión de Arias de la Noceda) para instalar en ellos servicios municipales garantizando la conservación de los valiosos inmuebles. El palacio de Maqua está a la espera de una seria reparación que lo deje listo para nuevas actividades.

         Palacio de Balsera (siglo XX). Construido por el comerciante Victoriano Fernández Balsera como residencia familiar fue vendido por sus herederos, a finales del siglo XX como ya dije, al Ayuntamiento que estableció en él la sede del Conservatorio Municipal de Música. Y solfeando sigue.

         Música e historia. Tengo por cierto que un pueblo no vale solamente por lo que ha sido, vale también por lo que es, por su aspecto, por su conservación.

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La plaza que te emplaza en Avilés
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Alberto del Río Legazpi | 29-11-2017 | 21:48| 0

La de Álvarez Acebal, antigua de San Francisco, es una encrucijada prodigiosa

            Una plaza que le hubiera encantado a Marcel Proust, fanático del tiempo y de las magdalenas.

            En principio fue territorio franciscano, desde que la orden religiosa llegó a esta villa amurallada en el siglo XIII (solamente se instalaban en poblaciones muy destacadas) y los monjes construyeron su convento –era su costumbre– en las afueras. Aquí lo hicieron en una colina cercana al sur de la muralla de ahí su nombre primigenio: Convento de San Francisco del Monte.

            Unos cuatrocientos años más tarde comenzó Avilés a crecer por esta zona (y por el arrabal de Rivero) y parte de los terrenos –dedicados a huertas– de los frailes fueron ‘secularizados’, para que discurriera por aquí la nueva calle de Galiana. Porque sabido es que el uso hace costumbre y ésta, según el dicho, hace hábito… pues héteme aquí que el hábito urbano desplazó al frailuno.

            De tal guisa nació la plaza, bautizada como de San Francisco. Aunque mucho después, en 1922, cambió el nombre por el de Domingo Álvarez Acebal, ilustre ciudadano que había dedicado más de cincuenta años a la educación. No obstante parte del imaginario popular, a esta plaza, también le adjudica el nombre de ‘El jardinin’.22-plaza-alvarez-acebal-cimg0082-bis

            En Álvarez Acebal desembocan las calles de San Francisco y Alfonso VII (que el personal conoce, faltaba más, como ‘La calleja los cuernos’). Y de Álvarez Acebal salen Galiana, que ya pasaba por aquí hace trescientos y pico de años, y Julia de la Riva que lo hace desde 1907.

            En este sitio inaudito, está el convento (hoy parroquia de San Nicolás desde 1867) con muestras de románico, gótico y hasta un claustro, barroco, que luce un vestigio prerrománico. También la más funcional Casa de Cultura de Asturias (realizada por las Corporaciones presididas por Manuel Ponga y Santiago Rodríguez, sin olvidar el empeño del concejal de Cultura, Pepe Martínez). Por aquellos años ochenta, el Ayuntamiento adquirió el palacio Balsera para convertirlo en Conservatorio de Música.

            Otro que tal baila es el edificio de Artes y Oficios, inaugurado en 1891 siendo alcalde Florentino Álvarez-Mesa. Fue un proyecto arquitectónico del genial Armando Fernández Cueto que era maestro de obras, que conste.

            Estos edificios se pueden comprobar visualmente, si uno se sitúa en la posición que sugiere la niña de la fotografía.

            Y al terminar la vuelta al ruedo anteriormente propuesta, la mirada comienza a caminar por el monumental muestrario arquitectónico de la calle San Francisco abajo, traspasanado El Parche más artístico de España (siglo XVII) y terminando en la chimenea del Sinter (106 m. de altura), símbolo de aquella ENSIDESA que revolucionó Avilés, a mediados del siglo XX.

            El otro día, comentaba con Luz Villasana, que esta plaza te coloca, te emplaza en Avilés, una villa premiada a efectos monumentales –lo último fue el Niemeyer– que ojala sepa conservar por los siglos de los siglos, amén.

(Edición corregida del episodio publicado en el diario LA VOZ DE AVILES del 12 febrero de 2012).

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Aquel Avilés con muralla de piedra, que duró siglos
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Alberto del Río Legazpi | 25-11-2017 | 22:09| 0

            Nos enseñaron desde niños que Avilés –en su salada y afilada historia– vivió cientos de años protegida por murallas que la resguardaban de peligros sin cuento, que le venían por tierra y mar.

             Por entonces –tiempos medievales– tenía una población  relativamente próspera y generalmente privilegiada por un Fuero concedido por los reyes, que protegía a sus habitantes del abuso que ejercía la asilvestrada nobleza (este término tómenlo en el sentido ortográfico) sobre los asturianos.

            La villa avilesina jugaba un papel vital dentro del negocio marítimo internacional, gracias a su puerto, situado al fondo de la Ría y por tanto seguro cobijo para las naves que, por entonces, eran bastante enclenques para soportar vendavales incluso amarradas en puerto.

            Los efectos comerciales de Avilés viajaban hasta la próxima villa de Oviedo, y de allí se extendían por ciudades castellanas. Y viceversa.muralla-aviles-siglo-xv-javier-marinas-alberto-del-rio

            La muralla tenía un perímetro de forma oval de, aproximadamente, 800 metros de longitud, cercando un territorio de unos 47.000 m.2, atravesado por cuatro calles. Su superficie venía a ser como la mitad del actual parque Ferrera.

            La cerca no tiene partida de bautismo (se calcula que fue levantada entre los siglos IX y XI), aunque sí de defunción ocurrida en 1823 al finalizar su demolición a golpe de pico, con nocturnidad histórica y alevosía legal. Los sacamantecas financieros avilesinos, de la época, se pusieron las botas.

            Pero esto del pelotazo decimonónico y aquello de la vida en el cercado, son episodio aparte. 

            Hoy solo diré que la muralla tenía cinco puertas, inicio o final de calles, como se puede ver en el dibujo de Javier Marinas, que es una recreación –elemental– en torno a los siglo XIV / XV.

            La actual calle de La Ferrería (entre 1 y 4) era la más importante y estaba divida en dos tramos. El que va (del 1 al 6) desde la puerta del Alcázar (fortaleza militar de la villa) hasta la casa de Valdecarzana, era conocido como calle Principal o de la Ferrería. Y el segundo (desde el 6 al 4) calle Mayor o de San Nicolás. La actual plaza de Carlos Lobo, llevaba el nombre de San Nicolás.

            La Fruta también tenía dos tramos: Desde la puerta de la muralla, conocida como de Cima de Villa (2) o Cimadevilla y también del Reloj, la calle llevaba el primero de los nombres, hasta su entronque con la –hoy– calle El Sol. Enlace donde también domiciliaba el poder civil (Casa del Concejo, o sea: Ayuntamiento). A partir de aquí, y hasta el final, La Fruta, era conocida como calle Oscura por la acusada estrechez de la misma.

            Ambas calles principales estaban unidas por la del Sol, entonces con nombres cambiantes como: calle del Azogue o de la Pescadería, debido a su ‘especialización’ en el comercio de pescado.

            La de San Bernardo iba de la puerta 3 (de La Cámara o del Postigo) a la 5 (puerta del Puente), contigua a los alfolíes de la sal. Era el tránsito oficial, por la villa amurallada, del Camino Real que venía del interior asturiano e iba hacia Gozón. Era la calle más larga, pero la menos poblada, hasta que se instaló en ella el convento de San Bernardo.

            La muralla, en su perímetro interior tenía un camino llamado de Ronda, que circunvalaba toda la cerca.

            El cementerio estaba al lado de la iglesia de San Nicolás de Bari (7) y de la capilla de Las Alas.

            Al puerto de Avilés, el más importante del norte peninsular allá por el siglo XIV, se accedía, al final de La Ferrería, por la puerta de La Mar (4).

            Luego –separado por el agua y unido por un puente– estaba el pueblo de Sabugo con su alcalde de mar, su población pescadora, su iglesia (8) y sus astilleros.

            Como la población iba en aumento, surgieron arrabales como la plaza de Fuera de la Villa (hoy plaza de España), La Galiana y El Ribero, que más adelante –en el siglo XVII– se urbanizarían.

            Después de aquella muralla secular nos llegó, en los inicios de este siglo XXI, una muralla electrónica que protege al casco histórico del tráfago del tráfico y cuyas almenas se llaman bolardos. El mismo equipo con diferentes camisetas.

(Edición corregida del episodio publicado en el diario La Voz de Avilés de 17 de junio de 2012)

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Siempre nos quedará el Germán
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Alberto del Río Legazpi | 19-11-2017 | 10:35| 0

          La moda no se vota sino que bota y rebota a capricho de diseñadores y tendencias. Excepto en casos como el de la hostelería y en concreto de las llamadas zonas húmedas o sitios de copas, donde vota el capricho de los consumidores.

            Por ejemplo en Avilés, y en las décadas de los 60 y 70 del pasado siglo, tuvo fama –que se extendió a toda Asturias– el barrio de Sabugo. Pasados los años decayó allí la juerga ya que a la marea le dio por subir por Galiana donde anduvo dos lustros para bajar más tarde a La Ferrería y Rivero, estabilizándose en los últimos tiempos en las zonas citadas aunque parece que superadas por El Carbayedo y un renacido Sabugo. Y aquí, en el antiguo barrio de pescadores, y como cafetería–restaurante el local decano es el Germán.22-german-pagina-lva

            En LA VOZ DE AVILÉS de hace cerca de cien años solía venir insertado, con frecuencia y en lugar destacado, un anuncio donde se podía leer, sin puntos pero con comas, que «En el sitio más céntrico y pintoresco de Avilés, frente a la ría, con precio­sas vistas al Parque del Muelle, y a la entrada de la población, próximo a la estación del ferrocarril del Norte y a la parada de los tranvías de Villa-Ale­gre a San Juan de Nieva y Arnao, se halla este moderno y elegante Restaurant ‘Bar Astur’, el mejor de la villa». Era un local regentado por Antonio Menéndez, más conocido como El Molinero hasta que, en 1935, fue adquirido por Germán Blanco Arias. 

          Germán que era hombre de sobrada experiencia como empleado en el mundo hostelero y hotelero avilesino (Café Imperial y Gran Hotel, por ejemplo) se puso detrás de la barra y sacó adelante el negocio con la ayuda de su esposa Antonia Varela y algunos de los siete hijos del matrimonio. El hombre fallecería, en 1953, haciéndose cargo su familia del tinglado hostelero reformándolo y cambiándole el nombre que todavía llevaba de Bar Astur por el de Germán que con el tiempo alcanzaría fama en la ciudad.

          Ese tiempo llegó en 1962 cuando Mario, uno de los hijos de Germán, se hace cargo del negocio y comienzan las reformas que convierten el interior del local en la cafetería de moda de Avilés, algo que duró muchos años.

          Al mediodía era sitio, los domingos hasta los topes, de vermuts (acompañados de gambas a la gabardina y sicilianos) de gente joven, parte de la cual transitaba de arriba abajo y de abajo arriba –era la moda, oiga– por el paseo central y sobre todo la acera del vecino parque del Muelle.

Por la derecha, Mari Rubio (esposa de Mario), Germán Blanco hermano de Mario, que aparece de pié entre dos amigos.

Por la derecha, Mari Rubio (esposa de Mario), Germán Blanco hermano de Mario, que aparece de pié entre dos amigos.

          El dinamismo que le dio Mario al Germán también lo convierte en lugar de tertulias de las que salieron iniciativas que enriquecieron socialmente la ciudad.

          Por ejemplo, Román López Villasana cuenta como en su tertulia Pepe Ventura, un amigo suyo, hablaba mucho y bien de las cualidades de un nuevo deporte llamado balonmano. Román se animó y con la bendición de Toso Muñiz (presidente de la Atlética Avilesina) creó la sección de  balonmano un deporte hoy muy popular en la ciudad.

          Igualmente Villasana nos tiene contado que fue en el Germán, donde reunido con el periodista de la COPE José María Alonso ‘Chemari’ y Abelardo González bautizaron, después de darle muchas vueltas, a un grupo folklórico que habían fundado anteriormente como Sabugo ¡Tente Firme! que desde entonces ha venido creciendo hasta convertirse en Fundación.

          En 1970 Mario Blanco da el siguiente paso –con el local ya como referente de modernidad en su diseño interior– convirtiéndolo en restaurante que ofrece no solo calidad gastronómica sino gracia para ofertarla. El solomillo del Germán ‘era mantequilla por encima del bien y del mal y sustento de las paredes que vemos’ o la ensaladilla rusa ‘auténtica, del Kremlin de los buenos tiempos’… Por entonces se incorporó (en 1972) al negocio su hijo Germán (no podía llamarse de otra forma), que aprendió de Mario todas estas maravillas, aparte de popularizar combinados como el gin fizz o el bloody mary.

          En 1992 tras el fallecimiento de Mario es su hijo Germán, excelente profesional, quien se hace cargo de esta cafetería ejemplo de equilibrio entre tradición y modernidad que ahí sigue –un lugar con vistas al puerto, hoy al Centro Niemeyer y siempre al parque del Muelle– después de haberla fundado su abuelo Germán y entre medias de ambos Mario, hijo de uno y padre del otro, quien era capaz de ponerle una vela al diablo con tal de que siguiera habiendo luz.

          Por tanto Ana, en este local donde viven o duermen tantos recuerdos de tantas generaciones, con luz o a oscuras, hazte cuenta de que –como diría Rick en ‘Casablanca’– siempre nos quedará el Germán.

A la izquierda Mario Blanco. A la derecha, su hijo Germán Blanco. En el centro Claudio Celard, yerno de Mario y cuñado de Germán.

A la izquierda Mario Blanco. A la derecha, su hijo Germán Blanco. En el centro Claudio Celard, yerno de Mario y cuñado de Germán.

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Un padre de las células madre
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Alberto del Río Legazpi | 12-11-2017 | 21:20| 0

(El doctor Francisco Vizoso Piñeiro, residente durante muchos años en Salinas, es hoy una autoridad en el revolucionario campo de la medicina regenerativa).

          El otro día me encontré de nuevo con Francisco Vizoso, personaje muy cercano para el público en general por el constante eco que sus extraordinarias investigaciones sobre las células madre encuentran en los medios de comunicación.

Francisco Vizoso en el casco histórico de Avilés.

Francisco Vizoso en el casco histórico de Avilés.

          En Avilés su persona resulta familiar, pues ha estado viviendo veinte años en Salinas y por tanto peregrinando constantemente a la villa, sobre todo para patear el casco histórico. ‘Vicio’ que sigue conservando cuando puede pues ya no vive aquí.

          Explorar, descubrir… es lo que ocupa gran parte del tiempo de este prestigioso cirujano y actual responsable de la Unidad de Investigación en el gijonés Hospital de Jove. Sus días, a juzgar por su dedicación, deben tener 43 horas cada uno.

          Fran Vizoso volvió a Avilés aunque en esta ocasión para revolver el cotarro, o sea al personal que lo escuchaba fascinado en un salón de la Casa de Cultura hablando del estado actual de las investigaciones de su equipo sobre las células madre, materia en la que el científico es un adelantado, otro más, aunque Vizoso lo sea en investigación y no de La Florida.

          He de recordar a otros avilesinos, de nación o de pación, destacados en este campo –algunos ya fueron episodio aparte y otros lo serán próximamente– como Pedro Lucuce Ponce (matemático e ingeniero militar), Celestino Graiño Caubet (padre de innovadores recursos medicinales), Francisco Graiño Obaño (astrónomo), Eduardo Carreño Valdés (naturalista) o los médicos Aznar González (Blas y Claudio), etc. Aparte, por supuesto, de la investigación industrial.

El científico con algunos de sus colaboradores. Por la izquierda: Noemí Eiró, Belén Fernández y Luis Ovidio González.

El científico con algunos de sus colaboradores. Por la izquierda: Noemí Eiró, Belén Fernández y Luis Ovidio González.

          Actualmente Francisco Vizoso, es un profesional muy destacado en el panorama internacional de la medicina regenerativa con células madre, considerada como la del futuro y con la que parece que se podrían evitar muchos de los efectos adversos de los fármacos y de los trasplantes. Una revolución.

          Hace tres años la Unidad de Investigación del Hospital de Jove que dirige, presentó un importante avance (otro más) en la lucha contra las enfermedades degenerativas al hacer público el descubrimiento de un tipo de células madre procedentes del útero de mujeres en edad fértil, poseedoras de un extraordinario potencial para regenerar tejidos dañados de cualquier tipo, desde neuronas hasta músculos o huesos. Y siguen avanzando en este campo, llave de nuevas terapias contra enfermedades actualmente sin cura.

          Francisco Vizoso tiene declarado «Desconozco el grado de éxito que podemos tener, pero sé que el mayor fracaso es no intentarlo».

El conferenciante Francisco Vizoso y Alberto del Río presentador del acto.

El conferenciante Francisco Vizoso y Alberto del Río presentador del acto.

            Con tal filosofía se toma su trabajo este hombre, del que tengo leído que un día se presentó en su consulta hospitalaria un viejo pescador de Candás con una bolsa repleta de calamares como gratitud por una operación de hernia que le había efectuado Fran Vizoso. Éste se lo agradeció mucho pero más le agradecería, le dijo, que lo llevara con él en su barca un día en que saliera a pescar. Pero no fue un día, porque desde entonces el científico estuvo saliendo con el pescador en una pequeña y vieja barca a las cinco de la mañana, de muchos fines de semana y durante cinco años hasta que la edad del marinero (92 años), lo permitió. El viejo pescador trataba al médico como un hijo, tanto que a su muerte le dejó en herencia su vieja embarcación. No trato de establecer paralelismos con Hemingway y su obra ‘El viejo y el mar’, pero tengo para mí que aquello fue la madre de todas las válvulas de escape para un científico y cirujano súper abrumado por la responsabilidad de su trabajo. De hecho Vizoso confesó haber aprendido, con aquella experiencia, grandes cosas de la pesca ‘y de la vida’.

          Y ahí sigue fiel, tanto a su misión de investigador como a su labor misionera divulgativa. Habla de medicina en foros abiertos al público en general y se le entiende todo, no tiene letra de médico. Aquí en Avilés platicó sobre el potencial terapéutico que poseen las células madre del cuello uterino, descubiertas en Jove, en un mundo en la que casi el 40% de su población padece enfermedades que conllevan la pérdida de tejido por procesos inflamatorios y patologías como el Alzheimer, la esclerosis, o la artritis reumatoide, dice Vizoso. Estamos pochos, digo yo.

Gráfico de Emaze.

Gráfico de Emaze.

          También anunció que tras los éxitos que dichas células madre han tenido en roedores, esperan que la Agencia Española del Medicamento les facilite los permisos pertinentes para iniciar los ensayos clínicos con personas. O sea, la hora de la verdad que decía García Lorca y le copiaron los taurinos.

          Los hallazgos de Vizoso, y su equipo de Jove, parieron también un proyecto ciudadano de apoyo, una fundación de ámbito nacional formada por agentes sociales y asociaciones de pacientes conocida como FICEMU (Fundación para la Investigación con Células Madre Uterinas) con sede social en Gijón. La presidencia del Comité Científico de FICEMU recae, como no, en Francisco Vizoso.

          Estoy hablando, así a vuela pluma, de alguien que lleva dirigidas 30 tesis doctorales o que es autor de más de 200 publicaciones científicas (180 de ellas internacionales) y otras 200 comunicaciones en congresos nacionales e internacionales. Está honrado por números reconocimientos sociales, aparte de 50 galardones científicos, entre ellos el ‘Premio Nacional de Cirugía’ o el  ‘Severo Ochoa’ o el ‘Claudia Ellis’ del Instituto Catalán de Oncología.

          Fue otro investigador bioquímico, Federico Mayor Zaragoza, quien me dijo hace años paseando por Sabugo que ‘El pasado hay que mirarlo como el retrovisor del coche, con el tiempo suficiente para seguir adelante’. Esta sentencia, del ex Director General de la UNESCO, creo que retrata a Francisco Vizoso Piñeiro, trabajador incansable como no se pueden ustedes imaginar, siempre mirando hacia delante, indesmayable e ignorando dificultades e injusticias –más abundantes de lo normal y que él calla– quizá porque sabe que la vida es demasiado corta para perder el tiempo lamentándose sobre todo cuando hay que seguir explorando para entrar en esa realidad curativa, tan fascinante, de las células madre.

          Un mundo éste, el de las células madre, donde Vizoso es uno de los padres.

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El vaqueiro ilustrado de Avilés
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Alberto del Río Legazpi | 05-11-2017 | 19:32| 0

José Manuel Feito natural de Somiedo es cura en Miranda, aparte de académico del Instituto de Estudios Asturianos y bastantes cosas más.

          Si echas un vistazo a uno de los mejores inventos que ha dado esta región como es la Gran Enciclopédica Asturiana –obra magna del editor Silverio Cañada– comprobarás que pocos avilesinos vivos tienen, como José Manuel Feito Álvarez, una referencia literaria tan amplia.

         De fisonomía apacible y dotado de un sentido del humor coñón que gracias a Dios practica con tanta frecuencia como extremada maestría, este sacerdote al que muchos le dicen párroco de Miranda de Avilés siendo cosa que nunca fue, sino ecónomo que es grado jerárquico menor lo que, bajo mi punto de vista, le facilitó un tiempo, tan precioso como preciso, para enriquecer a la sociedad avilesina y a la cultura asturiana.22-feito-mirando-foto-de-feito

         Nacido en 1934 en el territorio vaqueiro de la Pola de Somiedo, ‘estudió para cura’ cuando el Seminario asturiano andaba a saltos entre Tapia, Valdediós y Oviedo. Pasó hambre y frío en los tres sitios. Por azar dijo su primera misa en el pabellón que la Santa Sede tenía en la Expo de Bruselas, en 1958. Posteriormente, y después de haber sido capellán y profesor en un colegio de huérfanas en Los Cabos (Pravia), fue destinado en 1964 a la parroquia de Miranda, en la zona alta de Avilés, de donde ya no se movería; y quien lo intentó fracasó, tal fue el caso del Obispado de Oviedo cuando ‘reorganizando la plantilla sacerdotal’ intentó su traslado –de eso no hace mucho– y se armó la de Dios es Cristo en Miranda, en los medios de comunicación y sobre todo en la red social Facebook. La autoridad eclesial reculó y Feito sigue entre nosotros.

         Como la memoria es flaca citaré alguno de los hechos con los que este peculiar ciudadano, un activista cultural de primer orden, ha contribuido a enriquecer la historia de Avilés.

         Por lo pronto y empezando por lo más próximo sabedor, como era, que el cura goza de un puesto privilegiado para recoger la cultura tradicional de su entorno no perdió ni un momento en ponerse manos a la obra en Miranda, singular población con un rico pasado histórico y social que languidecía.

          En el tiempo que le dejaba libre su labor religiosa, Feito, comienza a recuperar y poner al día aspectos históricos, etnográficos e incluso lingüísticos y así vuelve a resucitar la jerga (el bron) de los caldereros de la zona que estos utilizaban en sus ventas por lugares castellanos. De ahí se deriva la creación del Seminario del Bron que será la base para las bianuales Jornadas Gremiales que reúnen a especialistas de distintos lugares de Asturias y España.AVILES.- JOSE MANUEL FEITO PREMIO LVA ©Foto Marieta

         La artesanía, y en especial la cerámica, fue otro de sus rescates teórico y práctico, pues aparte de ser autor de publicaciones diversas puso en marcha una Escuela de Cerámica proyecto del que tomó ejemplo, en el inicio de la década de los ochenta del pasado siglo, el Ayuntamiento avilesino al crear la Escuela–Museo de Cerámica que José Manuel Feito codirigió durante un tiempo con Ramón Rodriguez.

          También trabajó –es que no para– la etnografía asturiana agrupando en un libro datos y aspectos que se iban perdiendo sobre la artesanía en el trabajo del cobre, barro, queso, sidra, madera… Recorrió pueblos y aldeas grabando imágenes y palabras que tamizadas plasmó en un libro sobre artesanía popular que sentó un precedente. Y también sobre folklore y artesanía realizó películas en formato doméstico que fueron premiadas en Festivales Cinematográficos.

          A la parroquia le dio aires super modernos, baste decir que fue la primera de Asturias, que yo sepa, que tuvo página web cuando pocos manejaban la informática que igualmente aplicó al censo parroquial. Este hombre siempre fue por delante, pues tiempo atrás había formado un grupo de la JOC (Juventud Obrera Católica) no bien visto por el régimen franquista. También dio marcha, como promotor, a un grupo de jóvenes mirandinos componentes de un grupo de folk llamado ‘Madreselva’ que grabó discos lo que trajo consigo que la mismísima TVE (entonces la única emisora de televisión de España) se plantara en Miranda a rodar un documental sobre el pueblo y el grupo musical.

          La poesía estuvo desde siempre en su vida. Aparte de publicar varios libros de poemas formó parte de destacados grupos poéticos como ‘Jueves Literario’ (que publicaba en LA VOZ DE AVILÉS) reunido en torno a la histórica poeta avilesina Ana de Valle.

          Y todo esto sin contar su labor docente en distintos centros educativos, sus constantes conferencias y colaboraciones en periódicos y revistas, así como la autoría de guiones para TVE. Es miembro, desde hace bastantes años, del Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA).

          Estoy peinando sin raya, o sea sin detalle porque no me caben, algunos de los campos en los que ha trabajado, hasta ahora, excepto en el  eclesiástico porque lo desconozco. Le tengo leído que «Fui al Seminario porque el cura de Somiedo habló con mi madre, y también el maestro, y le dijeron: ‘Este chaval es un poco despejado; tendría que estudiar’. Y la única posibilidad era el Seminario. Yo era un chiquillo disciplinado y lo fui en el Seminario».

          Ha recibido múltiples galardones de poesía, periodismo, cinematografía… pero yo destacaría el Premio Nacional de Artesanía Marqués de Lozoya (Madrid 1983).

           No conozco persona viva de Avilés que domine con tanta erudición la vida, entresijos y anécdotas de importantes personajes de la historia de la ciudad sobre los que ha publicado artículos y libros. Sus trabajos están realizados con tanta pulcritud como serenidad en un tiempo en el que hoy ya es pasado mañana.

         Y por encima de todo está esa su disposición a ayudar, a echar una mano, que junto con su llaneza y sencillez en el trato son algo ciertamente inusual y muy de agradecer. Virtudes que tapan los defectos, que tendrá como todo bicho viviente, este ilustre vaqueiro ilustrado hoy convertido en un personaje, en un clásico, de Avilés.

En el programa de TeleAvilés "Asturias en Vivo" intervenían (de izda. a dcha.) Armando Arias, José Manuel Feito, Justo Ureña, Alberto del Río y Ramón Baragaño, presentador y director del conocido programa semanal de opinión que estuvo años en antena.

En el programa de TeleAvilés “Asturias en Vivo” intervenían (de izda. a dcha.) Armando Arias, José Manuel Feito, Justo Ureña, Alberto del Río y Ramón Baragaño, presentador y director del conocido programa semanal de opinión que estuvo años en antena.

 

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Calle Cuba, otra seña caribeña en Avilés
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Alberto del Río Legazpi | 29-10-2017 | 12:15| 0

      En su ‘Topografía médica de Avilés’, editada en 1913, el gran José Villalaín tenía muy claro que «el aspecto, en conjunto, de Avilés es acubanado. Parece una población de Cuba salpicada de vetustas casas de hidalgos». Esto puede que sea discutible pero el médico de Salinas resulta casi incontestable cuando escribe que «en la música popular avilesina hay mucho de Cuba, y hasta existe una graciosa guajira adulterada y asturianizada que se toca con gaita. Hay muchas habaneras».22-cuba-img_5834

      Aparte del hecho de avilesinos que fueron gobernadores de la isla (caso de Pedro Menéndez) está la cuestión de la emigración. En Avilés, lo de ‘hacer las Américas’ consistía en emigrar a Cuba donde había muchos avilesinos que te podían allanar el camino. Y los muy pocos que regresaron ricos y poderosos (los indianos) tuvieron considerable presencia socio–económica en la vida local lo que está reflejado en el callejero local, donde aparecen calles con sus nombres y una  plaza, pero destaca sobre todos ellos la calle Cuba que naciendo en La Cámara moría en los confines de la ciudad.

      El primer gran edificio que le dio vida fue el Teatro–circo Somines (1877) también conocido como La Peña. Pero fue la construcción de la mansión, en 1903, del indiano Eladio Muñiz que había hecho fortuna, en Cuba por supuesto, la que le dio caché. El inmueble estaba rodeado de jardín y huerta y humildes casas de planta baja, un conjunto hoy sustituido por la manzana de edificios de exageradas alturas entre las calles Cuba, La Cámara y Pedregal.

Antiguas casas en calle Cuba. Al fondo el edificio del cine Clarín y la iglesia nueva de Sabugo.

Antiguas casas en calle Cuba. Al fondo el edificio del cine Clarín y la iglesia nueva de Sabugo.

      Luego se plantó el parque de Las Meanas; más tarde, y en tiempos republicanos del alcalde David Arias, se construyeron a la vera del parque nuevas instalaciones para la Exposición [hoy plaza exenta en el solar que ocupó] de Ganados y pocos años después el estadio deportivo.

      A partir de la mitad del siglo y con la llegada de miles de personas buscando trabajo en las grandes factorías algunos edificios comenzaron a crecer en altura y la calle vio, en 1965, como se le añadían las de Pedregal y López–Ocaña  que venían a morir en ella, excepto la de Francisco Orejas, que uniendo las hoy plazas del Vaticano y La Guitarra (hablo en serio) marcó el final de Cuba (me refiero a la calle que conste). Y así sigue.

Empiezan a crecer los edificios en la calle Cuba. Pero aún no había nacido El Atrio.

Empiezan a crecer los edificios en la calle Cuba. Pero aún no había nacido El Atrio.

      Pero fue la construcción en 1985 del llamado edificio El Atrio –en la manzana donde estuvo asentado el Somines junto con pequeños talleres– con un centro comercial en sus bajos lo que disparó la vitalidad de esta vía pública.

      Hoy es una calle de 250 metros de largo, muy activa en su primer tramo y el resto muy tranquila y agradable discurriendo en paralelo, hasta su final, con el parque de Las Meanas.

      Como dándole la razón a Villalaín, la calle Cuba es otra seña caribeña más en Avilés. Y no sé por qué coño, hoy, este episodio está tan preñado de ‘eñes’ de Cataluña y España.

 

A la derecha, nacimiento de la calle Cuba que finaliza a la izquierda de la foto. Enfrente la calle López-Ocaña.

A la derecha, nacimiento de la calle Cuba que finaliza a la izquierda de la foto. Enfrente la calle López-Ocaña.

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Arte en muros
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Alberto del Río Legazpi | 25-10-2017 | 20:56| 0

          El pasado jueves, 19 de octubre de 2017, fue inaugurado un mural obra del artista David Muñoz ganador del concurso previamente convocado por el Ayuntamiento avilesino y realizado en la medianera de un edificio que vierte a la glorieta de la plaza de Los Oficios, el mayor nudo de tráfico automovilístico de la ciudad.

Ramón Rodríguez.

Ramón Rodríguez.

          Es justo el momento de hacer recuento, de hacer historia, sobre los murales artísticos distribuidos por los espacios públicos de Avilés . Fue en 1993 cuando se inauguró el primero y desde entonces el arte no ha dejado de trepar por los muros del centro urbano y de los barrios, con tanta ansia creativa que me obliga a extenderme más allá de un episodio. Relaciono, en el de hoy, los realizados desde 1993 hasta 2002, ambos inclusive y donde el artista Ramón Rodríguez tiene un protagonismo relevante.

'Homenaje a Carreño Miranda'.

‘Homenaje a Carreño Miranda’.

          ‘Centenario de las fiestas de El Bollo’ de Ramón Rodríguez. 1993. Plaza de Camposagrado. Se trata de un mural 2,50×8,50 metros, realizado mediante la técnica de serigrafía cerámica sobre gres industrial; hay incrustados cinco bollos (hierro, aluminio, zinc, vidrio y cerámica) que representan los productos fabricados por industrias ubicadas en la comarca avilesina. El mural está complementado, en su parte inferior, por una fuente pública instalada por el Ayuntamiento de Avilés con caños que vierten de cabezas de leones.

          ‘Homenaje a Carreño Miranda’ de Ramón Rodríguez. 1997. Calle Carreño Miranda. Mural de 3×7 metros de  serigrafía cerámica sobre gres industrial, que reproduce la silueta de ‘La Monstrua’ (Dª Eugenia Martínez Vallejo) vestida y desnuda –obras pictóricas del artista avilesino, del siglo XVII, Juan Carreño Miranda colgadas en el Museo del Prado– resuelta con colores fundamentales y una frase firmada por el pintor asturiano. Entre el mural y la estatua (que es del artista ‘Favila’ y está también dedicada al personaje retratado por Carreño) y sobre seis columnas, de 2×0,50, se reproduce ‘La Monstrua’ adelgazada en serigrafía cerámica.

Carlos Suárez.

Carlos Suárez.

          ‘Cero drogas’ (Obra colectiva). 1997. Calle Galiana. Este mural graffiti mide 3×12 metros y fue realizado (al ser el proyecto ganador de un concurso convocado con motivo del ‘Día Mundial contra las drogas’) en el muro del número 17 de la espectacular calle porticada, y que corresponde al palacete conocido como ‘el de Arias de la Noceda’ actual sede de los servicios sociales y medioambientales municipales. Actualmente este mural ha sido sustituido por otro realizado, años después, por Xuan Alyfe y del que hablaremos en otro episodio.

'El Bosque Encantado'.

‘El Bosque Encantado’.

         ‘El Bosque Encantado’ de Carlos Suárez. 2001. Avenida de Los Telares. Espectacular conjunto de paneles instalado en la Estación Intermodal (autobuses y trenes) de Avilés, que fue premiado en un concurso público convocado en 1997 por el Rotary Club de Avilés. Está constituido por 20 paneles de 5×3,50 m, separados por columnas, que crean un efecto de perspectiva (de más de 70 metros) para viandantes y vehículos. Con esta obra, el autor, quiso también recuperar el espíritu y la magia de los bosques que durante siglos poblaron el territorio avilesino.

          ‘Mural de las Ciudades Hermanas’ (Obra colectiva). 2002. Parque de Ferrera. Se trata de un panel, al lado del estanque, de 1,40×3,60 metros (con obra en anverso y reverso) donde un total de 41 artistas realizaron esta obra cerámica (cuatro azulejos, por autor, como máximo) para conformar un mural conmemorativo del hermanamiento de Avilés con San Agustín de la Florida (considerada la ciudad más antigua de los EE UU) fundada por el marino avilesino Pedro Menéndez. La realización técnica fue de la Escuela Municipal de Cerámica de Avilés cuyo director Ramón Rodríguez coordinó el proyecto.

Los historiadores norteamericanos Michael Francis y Annie Francis, junto con Alberto del Río, a la derecha, ante el 'Mural de las ciudadas hermanas'

Los historiadores norteamericanos Michael Francis y Annie Francis, junto con Alberto del Río, a la derecha, ante el ‘Mural de las ciudadas hermanas’

          Los artistas que intervinieron en el mural avilesino fueron (por orden alfabético): María Jesús Antón. Ana Isabel Barrio. Elvira Barrio. María Braña. Alicia Carreño. Jesús Castañón. Charo Cimas. Luís Cora. Carlos Coronas. Cristina Cuesta. Esther Cuesta. Pilar Cuesta. Celsa Díaz. Encarnación Domingo. Ángel Domínguez Gil. ‘Favila’. Ricardo Fernández. Susana Fernández. Ana Fuente. Luís Gago. Angélica García. Benjamín Menéndez. Esther Menéndez Vega. Adelaida Ovana. ‘Pachín’. Vicente Pastor. Fidel Pena. Pedro Pubil. Demetrio Reigada. Mónica Reyes. Ramón Rodríguez. Pablo Hugo Rozada. ‘Sarelo’. Pilar Simón. Julio Solís. Miguel Solís. Carlos Suárez. Luís Suárez Lanzas. Elisa Torreira. ‘Truyés’ y Manuel G. Vidal.

          ‘Pasionarias’ de Ramón Rodríguez. 2002. Plaza de José Martí. Constituido por cerca de 5.000 azulejos industriales de 10×10 cm., que ocupan una extensión de 3,50×14 metros. El mural quiere reproducir una mata de pasionarias que simulan descolgarse por la pared del fondo de la [entonces] nueva plaza situada en la parte trasera de la Oficina de Turismo.

         Seguiremos haciendo recuento, en otro episodio, sobre el arte que se sube por las paredes de Avilés y también del que anda por los suelos.

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Sabugo, la flor de la maravilla
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Alberto del Río Legazpi | 19-10-2017 | 04:59| 0
       Fue la pesca la que labró su pasado como pueblo. Capturaban productos del mar con barcas armadas por ellos, lo mismo que luego hicieron con galeras y galeones. Por ejemplo, para Pedro Menéndez de Avilés, cuando puso rumbo a la América del norte
       Por siglos estuvo bastante clara la identidad de Sabugo como pueblo. Hoy, su núcleo central (plaza del Carbayo) se ha reconvertido en una de las zonas hosteleras más famosas de Asturias.
       Por lo que se ve, aquí siempre mandó la humedad. Ayer marinera y hoy sidrera. Ni los mareantes antes por los violentos oleajes. ni los mareados ahora por los vapores etílicos, mayormente.
       Los libros más antiguos del Archivo Histórico local nos informan que en el año 1479 el alcalde de mar, de Sabugo, era Pero López. Mientras la vecina y poderosa Villa de Avilés tuvo tres regidores ese mismo año (Juan del Peso, Juan Rodríguez y Ferrando de Cabada). Sabugo, tenía forma y maneras de ente autónomo.22-sabugo-plaza-carbayo-foto-aerea-reducidos-pixels
       Y también llama la atención la cuestión de su iglesia de Santo Tomás de Canterbury (siglo XIII), que dependía de la jurisdicción eclesiástica de Pravia y no de la de su vecina y tan próxima: la avilesina de San Nicolás de Bari (siglo XII).
       Ambos templos construidos con poca diferencia en el tiempo, lo que dice mucho sobre la importancia de Sabugo edificado sobre suave colina resbalando hacia la mar, en un lugar próspero en flores de saúco, planta que siempre sirvió como infusión (‘fervidiello’) para sus habitantes mayoritariamente marineros, pescadores y artesanos de útiles marinos. Todos vivían del mar y muchos morían en él.
       Pueblo de gentes humildes y aguerridas, celosos de su ‘independencia’ respecto a la villa, a la que estuvo ‘unida’ durante siglos por un enclenque puente de madera. Símbolo de la desunión social entre ambos.
       Sabugo fue trazado con tiralíneas: la calle de Alante, hoy de La Estación; la de Atrás, ahora de Bances Candamo; la de Enmedio, actualmente de Carreño Miranda y su recoleta plaza (con su extraordinaria iglesia) que, en tiempos, lució un arrogante carbayo, donde antes hubo un fresno, una fuente pública y un cementerio adosado al templo.
       Sabugo fue ‘descaradamente’ rico (en la Edad Media) y luego descarnadamente pobre y sufridor, en mayor número que otras zonas de la población , de calamidades sanitarias.22-sabugo-calle-bances-candamo-sabugo
       Y luego ocurrió que en el siglo XIX Avilés rescató terreno al mar y ensanchó su zona urbana construyendo el parque del muelle y la actual plaza del mercado. Una vez creados estos espacios llanos y habitados, Avilés engulló definitivamente a Sabugo, al que integró como barrio.
       La ‘invasión’ quedó completada al inaugurarse (1890) la nueva estación de ferrocarril de Avilés en terrenos ocupados antaño por sus carpinteros de ribera (astilleros de épocas pasadas).
       Todavía quedan rescoldos de ‘su suspirada independencia’, en alguna de las coplas bailadas al sosegado ritmo de danza prima: ‘Mal haya quien puso el puente para pasar a la Villa, sabiendo que hay en Sabugo la flor de la maravilla’.
       Hoy, aquel pueblo marinero es una de las zonas mas nobles de ese Avilés de por los siglos de los siglos amén.
       Su historia es tan variada en acontecimientos que exige episodios aparte. Y si alguna conclusión hubiese que sacar ahora, es que Sabugo no es mejor ni peor, que éste, aquel o el de más allá.
       Sabugo, es distinto. Punto.
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(Revisión del episodio publicado en LA VOZ DE AVILÉS, del domingo 16 de octubre de 2011)
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Espacio dedicado a aspectos históricos, biográficos, costumbristas y artísticos, fundamentalmente de Avilés y su comarca actual, así como a territorios que, a lo largo de los siglos, le fueron afines. Tampoco se excluyen otras zonas del planeta