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Colegio San Fernando

Una ráfaga florida
Alberto del Río Legazpi 15-11-2015 | 11:14 | 0

(Un 15 de noviembre de 1941 abrió sus puertas, en Avilés, el cine Florida. Y en igual día y mes, pero de 1957 lo hizo el cine Ráfaga…)

         En Avilés y el año de 1941 aún se reparaban los estropicios causados por la recién terminada Guerra Civil. Me refiero a los destrozos físicos, que los morales mala reparación tuvieron e incluso algunos aún perduran.
            El caso más llamativo de edificio arruinado era el del Ayuntamiento sobre el que había caído una bomba a las 10 de la mañana del 1 de octubre de 1937, justo en el centro del edificio, destruyendo el interior sin causar víctimas y quedando en pie la fachada. Avilés había permanecido fiel al poder legal de la República y sufrió cuatro bombardeos de la aviación franquista. Corto y cambio.
            En aquel 1941, con el que comenzaba, la ciudad tenía 18.037 habitantes que trataban de recuperar la normalidad en medio de la resaca posbélica.

El San Fernando en su etapa fundacional.


            No eran buenos tiempos pero surgieron cosas, por ejemplo el Colegio San Fernando, que tanta importancia tendría en generaciones posteriores de avilesinos y que se ubicó en la mansión privada –palmera incluida– que Cayetano Prada tenía en el barrio de La Magdalena. El 30 de octubre, su promotor y director el sacerdote Víctor Pérez García–Alvera, abrió las puertas del nuevo centro iniciando el curso 50 alumnos de Preparatoria e Ingreso, 34 de Bachillerato y 17 de Comercio.
            También se puso en marcha, el 24 de agosto y en una de las plantas del espectacular edificio en su día construido para Gran Hotel frente al parque del Muelle, una subdelegación del Centro Asturiano de La Habana, entidad de ocio, organizadora de actos festivos y algunos culturales.
            Pero lo que festejó mucho el personal fue el estreno de una sala dedicada exclusivamente a la exhibición de películas como fue el cine Florida. El Teatro Palacio Valdés y el Pabellón Iris (en la calle de La Cámara), ofrecían espectáculos variados entre ellos el cinematográfico, pero no estaban al día en las continuas novedades técnicas que se producían en este campo.
            Diseñado por los arquitectos Somolinos Hermanos y para el empresario Braulio Iglesias Moyano, el nuevo cine se construyó en la calle de La Cámara (frente a uno de los costados de la Iglesia Nueva de Sabugo) y se inauguró –entradas a tres pesetas– con la proyección de la película alemana (no olvidemos que por esa fecha tenía lugar, por así decir, la segunda Guerra Mundial) ‘Un baile en la ópera’, el 15 de noviembre de 1941.
            Y, dando un considerable salto en el tiempo, en otro 15 de noviembre, pero del año 1957, fue inaugurado en Avilés otro cine: el Ráfaga. Debía su nombre al de su promo­tor, Rafael García, fabricante de camisas. Ubicado en La Rocica, a un paso de Villalegre, contaba con 716 butacas y la primera película que proyectó fue ‘La familia Trapp’, también alemana, lo que son las cosas. Pero pronto se especializó en sonados estrenos hollywoodienses como ‘Los diez mandamientos’, ‘Ben-Hur’, etc., a los que acudían los avilesinos que vivían en el centro, primero en tranvía y luego en autobús, cuando no dando un largo paseo. Había mucho demanda –no existía la TV– y no bastaba, con los cines céntricos que en aquel 1957 ya había en Avilés: Florida, Marta y María, Clarín y Palacio Valdés.
            Habían pasado 16 años de un cine (Florida) a otro (Ráfaga), y Avilés había dado un vuelco espectacular en todos los sentidos ya que, en ese interregno, había sido la ciudad elegida para instalar industrias del vidrio, aluminio y sobre todo una gigantesca factoría de acero. Fue un pistón que reventó todos los corsés de la histórica villa, que hervía en todos los sentidos y por todas las esquinas.
            El Ráfaga era un cine con mucho aforo, como entonces requería una ciudad con una población que rondaba los 40.ooo habitantes. Un aumento desmadrado respecto a los 18.000 de 1941. Una simple resta dice que el aumento, en 16 años, fue de 22.000 personas. Una barbaridad reventadora de estadísticas, una historia de calambres sociales.
            Y en aquel año 1957 el protagonismo lo tuvo la inauguración del primer Horno Alto –por el entonces Jefe del Estado, general Franco– de ENSIDESA la mayor factoría siderúrgica de España y con el tiempo una de las más importantes de Europa.

Franco, a la derecha, atiende a explicaciones del ingeniero Amalio Hidalgo. Al fondo, con gafas claras, el alcalde avilesino Eduardo Fernández Guerra.


            También fue el año que entró en servicio la línea del FEVE Avilés–Pravia. Y en el espléndido poblado construido por ENSIDESA en Llaranes se inauguró un colegio de niños que todavía hoy da gusto verlo, aunque el fetén es el de las niñas, un modelo de arquitectura aplicada al didactismo cosa fina.
            Y si ejemplar fue el poblado de Llaranes desastroso fue el de La Luz, construido entre este año de 1957 y 1962, por el industrial y luego banquero Domingo López Alonso. Un conjunto de 2.056 viviendas, en la ladera noroeste del monte de La Luz en Villalegre, que fue publicitado como el colmo de la modernidad europea y resultó ser un poblado sin apenas servicios y con viviendas carentes de calidad y pequeñas. Lo que se dice un pufo en toda regla.
            No terminaría el año sin abrir otro cine más: el Patagonia, en el barrio de Miranda a finales de 1957, y hoy en el candelero pues estando protegido como Patrimonio Cultural por el Principado de Asturias, al Ayuntamiento avilesino se le fue la gloria por la memoria y autorizó su derribo. La escandalera montada está en los juzgados.
            Y también fue en 1957 cuando se pusieron las bases de lo que hoy es la actual Unión Europea y cuando la [hoy difunta] URSS puso en órbita el primer satélite artificial del mundo de nombre ‘Sputnik’.
            El Florida y el Ráfaga están unidos por un 15 de noviembre, festividad religiosa del sabio Alberto Magno, de distintos años en los que soplaron ráfagas floridas de historias.

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La Transición en Avilés, apuntes de 1975 a 1979
Alberto del Río Legazpi 22-02-2015 | 11:11 | 1

       En febrero del año 1976, a Avilés, se le estaba viniendo encima una catástrofe en forma de sucesos inquietantes.

       Después de dos décadas de vacas gordas pastando en aquellos verdes valles de Llaranes y Trasona, la granja de acero comenzó a cantar las diez de últimas. Echando la vista atrás, entonces nos parecía imposible que gran parte de aquel monumental tinglado fabril, estrenado pocos años antes, se pudiera ir al carajo, así como si nada.

      Eran tiempos inauditos, donde era difícil reír y era difícil llorar. De euforia para unos, de canguelo para otros. A la muerte, dos meses antes, del general Franco, Jefe del Estado español, se unía el tambaleo de ENSIDESA, una de las mayores siderúrgicas de Europa, tocada de lleno por la crisis energética mundial. Nuestro gigante de acero resultó tener los pies de hojalata y acabamos descompuestos en prados desteñidos (contaminados ya lo estábamos y en cantidades industriales) tan propios de las vacas flacas.

      Recuerdo, en medio de aquel inquietante panorama, una noticia relacionada con Agatha Christie que prueba lo lejos que nos quedaba entonces Europa. La escritora británica, fallecida en enero de aquel año, había apuntalado con su obra literaria los déficits de la balanza de pagos inglesa, debido a la venta de más de 300 millones de ejemplares de sus novelas policíacas.

      Policía real y en cantidad había llegado entonces a Avilés para controlar la primera gran huelga de ENSIDESA, conocida como ‘la huelgona’ (nombre justificado, aparte del hecho de que buena parte de la plantilla era de Gijón.Veriña, por ser la primera gran protesta sindical de la España post Franco). Impactaron mucho las cargas de ‘los grises’ (ese era, entonces, el color del uniforme de la Policía Armada) el domingo 25 de enero en los alrededores de la iglesia nueva de Sabugo, donde se intentaban encerrar los huelguistas, así como en el edificio sindical de la plaza del Vaticano. Edificio y lugares del callejero avilesino nos ilustran perfectamente sobre el protagonismo de parte de la Iglesia en la Transición española.

Los Reyes de España y el alcalde de Avilés, Ricardo Fernández, en la plaza de España el 19 de mayo de 1976.

 

      Así las cosas, el domingo 1 de febrero de 1976, el hasta entonces concejal, Ricardo Fernández Suárez tomó posesión de la Alcaldía de Avilés. Sucedía a Fernando Suárez del Villar (Figols.Barcelona, 1918–Avilés, 1989), regidor de Avilés desde 1965 y que había presentado la dimisión a escasos meses de la muerte de Franco, en noviembre de 1975.

      Ricardo Fernández Suárez, más conocido como ‘Rico’, persona de carácter cordial y dialogante, nacido en Manzaneda (Gozón) y conocido empresario de transportes de viajeros, fue elegido por sus compañeros de Corporación. El Gobernador Civil ya no nombraba alcaldes, facultad ahora de los concejales, paso intermedio hasta que en 1979 con los Ayuntamientos democráticos, los alcaldes lo fueron a consecuencia del voto ciudadano.

      En sus tres años y veintidós días de mandato, el nuevo alcalde fue la cara municipal avilesina en la transición democrática, periodo político cuyo inicio y terminación está sujeto a tropecientas teorías. Una de ellas lo sitúa entre la proclamación del Rey Juan Carlos, el 22 de noviembre de 1975, como Jefe del Estado y la llegada de la democracia a los ayuntamientos españoles en las elecciones municipales del 3 de abril de 1979.

      Avilés no fue ajeno a aquellos tiempos de cambio y recambio, de revolcones pero no de revoluciones. Con el nuevo alcalde llegaron algunos aires nuevos. Además tuvo la fortuna de representar a la ciudad en la inauguración de grandes proyectos locales y regionales, tiempo antes planificados.

      El 19 de mayo de 1976 fue un día histórico para Avilés. Con asistencia de los Reyes de España se abrió para uso público el hasta entonces parque privado del marqués de Ferrera, abrazado por calles emblemáticas como Rivero y Galiana. También, en esa fecha, se inauguró el Hospital San Agustín, primer centro sanitario moderno de la comarca.

      Dos meses antes, el nuevo alcalde avilesino, asistía junto con los de Oviedo y Gijón a la inauguración de la autopista A-8, más conocida como la ‘Y’, que unía las tres principales ciudades asturianas. Se vertebraba, por fin, la zona central de la región. La nueva vía, libre de peaje, estaba construida para aguantar un tráfico de 37.000 vehículos diarios y no los 86.000 actuales.

      Pero ENSIDESA era la gran preocupación y para evitar su desaparición se sucedían todo un rosario de manifestaciones de apoyo. Queda recuerdo de la más multitudinaria convocada bajo el lema de «Salvar ENSIDESA es salvar Asturias».

      Pero si la siderurgia frenaba, la pesca se embalaba, en 1978, con un nuevo muelle de 302 metros, trasladándose la rula a sus nuevas instalaciones en el centro de la carretera de San Juan. También se inauguraron los cines Chaplin, en Las Meanas, y Canciller, en Versalles. Y se constituyeron las primeras asociaciones de vecinos como Llaranes, El Pozón o La Luz.

      Espectacular fue la transición del colegio San Fernando, en 1976, con el traslado desde La Magdalena –su sede histórica a la sombra de una palmera– hasta la parte alta de Avilés, al haber adquirido las instalaciones del, hasta entonces, colegio de los Agustinos.

      Y miles de personas abarrotaron el terreno de juego y los graderíos del estadio ‘Suárez Puerta’ no para ver fútbol sino para escuchar mítines de líderes políticos como la comunista Dolores Ibarruri ‘Pasionaria’, en su primera intervención pública en España desde su regreso del exilio, o el socialista Felipe González. 

      Por aquella época, 1978, es fundada la Unión de Comerciantes de Avilés y Comarca (UCAYC). Y también la Editorial Ayalga.

      Y en abril de 1979 se celebran las primeras elecciones municipales democráticas después de cuarenta años de dictadura, donde el partido más votado fue la UCD, del presidente del Gobierno Adolfo Suárez, cuya lista encabezaba en Avilés el exalcalde Ricardo Fernández ‘Rico’ que había dejado la Alcaldía –siendo sustituido por Ramón Luis González García-Cuevas, que sería alcalde un par de meses– a princi­pios de febrero para poder presentarse por la Unión de Centro Democrático que obtuvo 15.091 votos, 13.462 el PSOE y 6.159 el PCA. La coalición entre estos dos últimos partidos, hizo que fuera elegido alcalde el socialista Manuel Ponga, lo que será episodio aparte.

      Porque éste lo ha sido de apuntes, y algún que otro pespunte. En próximos episodios sobre la Transición ya vendrán despuntes, puntos y puntazos.

      Punto final

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La insólita factoría cultural familiar de los Soria
Alberto del Río Legazpi 17-02-2013 | 10:16 | 1

Viene en las enciclopedias que Policarpo Soria Álvarez nació en 1859 en Avilés, donde residió toda su vida. Lo que no detallan es su casamiento con Generosa González García.

Tuvieron seis hijos, nacidos en distintos domicilios familiares, primero en la calle de Rivero (casi frente a la capilla del Cristo) y luego en La Ferrería (casi frente a la mas antigua iglesia medieval de Avilés) sin que el dato religioso vaya más allá de lo meramente geográfico, por situar al lector.

Cuatro fueron pintores y uno músico. Y constituyen, por cantidad y calidad, la más singular familia de artistas avilesinos de la que tengo conocimiento.

Policarpo tenía en las artes –pintura y música especialmente– la pasión de su vida. Y si tenía dotes pedagógicas demostradas en la Escuela de Artes y Oficios, fíjense lo que sería, en casa, a la hora de inculcárselas a sus hijos.

Estudio y trabajo, teoría y práctica, marcaron el compás educativo. La programación era uniforme: estudios de Bellas Artes en Madrid, oposiciones para la enseñanza en Dibujo. Y finalmente pintando, que es un primor. O musicando, que es gerundio

Y así fue como tuvieron, sus hijos, una destacada trayectoria artística. Unos más que otros, que en la vida, el genio y la suerte se enredan como cerezas.

Nicolás (1882-1933), parece ser el  más destacado de todos ellos. Estudió en Bellas Artes de Madrid. Fue profesor de Enseñanza Media en Murcia y en Oviedo. Que era un artista prolífico y de categoría da muestra lienzos como ‘La galerna’, en el Museo de Arte Moderno de Madrid, o ‘La huelga’, en el Bellas Artes de Asturias.

Florentino Soria y el poeta Antonio Machado

Florentino (1884-1961), siguió más o menos el mismo camino de Nicolás. Bellas Artes en Madrid y la vida como docente de dibujo la desarrolló en Baeza (Jaén), donde coincidió con el gran poeta Antonio Machado, enseñante de francés, con quien volvería a coincidir en Segovia.

Terminaría en el Instituto de Gijón, teniendo como compañero de claustro a otro destacado vate: Gerardo Diego, con quien también haría amistad y sería el sustituto de Machado en los largos paseos, a los que Florentino aficionó a ambos poetas. Está considerado como uno de los paisajistas españoles más interesantes de su época. Su ‘Campo astur’, cuelga en el Museo Municipal de Barcelona.

Jesús (1881-1959), formado artísticamente en Madrid, obtuvo la cátedra de dibujo en el Instituto de Orense donde también fue académico de Bellas Artes. Su obra pictórica, con ser notable, es menos conocida que la de sus hermanos.

Marino (1886-1957), el músico, fue sacerdote de mucha relevancia en Llanes y Gijón (párroco de San Pedro). Buen organista, pero sobre todo gran compositor musical armonizando cantos populares y obras clásicas, Marino, fue el introductor en España de la música de Cesar Franck.

Manuel (1890-1967), el último hijo de Policarpo, ejerció de profesor en el Instituto Carreño Miranda y colegio San Fernando, ambos de Avilés, y como director en la Escuela de Artes y Oficios. Sin dejar de pintar, ni de acudir con su obra a exposiciones de ámbito regional y nacional.

Entre los hijos de Manuel destaco –a los efectos de este episodio– a Manolo Soria Gutiérrez (1926-1996), que fue pintor notable, singularizándose como dibujante en revistas y publicaciones. Y a sus hermanos Ramón, que cultiva la pintura, y Marino profesor de Música en el San Fernando.

Si ustedes visitan, en El Carbayedo, la nueva Factoría Cultural de Avilés (puesta en marcha por el Ayuntamiento en 2011), comprobarán que una de las calles que la rodea lleva –y desde 1985– el nombre de Hermanos Soria. ¿Cosas del destino? Puede, oiga, puede.

Pero pienso que Avilés es ciudad que no suele cerrar paréntesis.

Y creo que no es precisamente frecuente toparse, en cualquier lugar, con una tan insólita factoría cultural familiar como la, aquí, formada a partir de Policarpo Soria.

A sus obras me remito.

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Espacio dedicado a aspectos históricos, biográficos, costumbristas y artísticos, fundamentalmente de Avilés y su comarca actual, así como a territorios que, a lo largo de los siglos, le fueron afines. Tampoco se excluyen otras zonas del planeta