El Comercio
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Las Hoces de Valdeteja
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Sonia Barbosa | 21-09-2017 | 09:25

Todos sabemos lo que es esa sensación agria de llevar varios días sin pilotar nuestras motocicletas. Personalmente, más de una semana me resulta casi impensable y lo que entra dentro de mi normalidad es bajarme del autobús y ponerme el traje de la moto. Eso, cuando no me pierdo unos cuantos días por cualquier lugar, ni siquiera voy a concretar nombre, porque alguna vez he ido algo a ciegas y no se me ha ocurrido más que susurrarle a ´Trailera´ uno de nuestros dichos populares asturianos: ´Yo conduzco, tú me guías´. Suele darse el caso de que muchos paraísos quedan ocultos tras la relevancia turística que han ido adquiriendo otros. Cuando hablo de esto siempre pongo como ejemplo la cascada del Pímpano, en el concejo de Villayón que, a escasos 50 metros de la carretera, sin señalización alguna para llegar hasta ella, se ha convertido en uno de mis escondites preferidos. Pese a ello, las cascadas de Oneta son las que gozan de un reconocimiento pleno dejando de lado a las anteriormente citadas. Puede que la primera no lleve tanta agua como las segundas pero el emplazamiento en el que se ubican es tan exageradamente mágico que cualquiera que las contemple no olvidará nunca el haberlas visitado.

Todo esto viene a raíz de uno de los destinos escogidos durante este viaje: las desconocidas Hoces de Valdeteja cuya valía ha sido desplazada por la gran importancia que desde siempre han adquirido las archifamosas Hoces de Vegacervera.

 

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Atravesadas por una calzada romana, han sido formadas por la erosión del rio Curueño y a lo largo de su recorrido nos encontraremos con varios puentes romanos y medievales. El más conocido el del Verdugo, nombre que le viene porque antiguamente era un lugar donde se administraba justicia. Las de Valdeteja poco o nada tienen que envidiar a Vegacervera. Puede que su longitud sea algo menor pero eso, desde luego, no le resta espectacularidad. En este viaje, el cual viene caracterizado porque un 95% lo pasé bajo la lluvia, atravesaremos una de las mancomunidades más agrestes de León.

 

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Paisajes que parecen vírgenes entre montañas calizas y aposentadas sobre una base de verdes praderías. Una mezcla afrodisíaca para la vista de cualquiera y unas carreteras multiparcheadas cuyo asfalto parece desaparecer por momentos y en las que pondremos a prueba las suspensiones de nuestras motocicletas. Por la zona de la cuenca, la lluvia parece querer liberarse y las aguas del río Caudal bajan sosegadas. A lo lejos, asoman algunos picos de las montañas entre la temprana niebla que se ha levantado. Son las 8:00h de la mañana y ya llevo casi una hora y media sobre ´Trailera´. El Puerto de Pajares lleva meses en obras y hoy, con la lluvia, este tramo se ha convertido en un auténtico barrizal. En lo alto, apenas puede verse nada por las adversas condiciones meteorológicas y, muy próxima, se encuentra la Colegiata de Santa María de Arbás, de estilo tardorrománico y declarada Monumento Histórico Artístico en 1.931. Con un origen como hospital de peregrinos, terminó siendo la iglesia parroquial de la localidad. Sus puertas hoy, permanecen cerradas.

 

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En Villamanin me desvío hacia la Collada de Cármenes y el camionero que llevo delante me hace señas para que pueda adelantarle, gesto que agradecí enormemente. El paso por la población, que hoy parece fantasma, es estrecho y llama la atención su iglesia, detrás de cuyo campanario asoman las montañas a modo de silueta natural. A pocos kilómetros, una solitaria carretera me llevará a Valdeteja pasando por pueblos con nombres tan curiosos como Pedrosa.

 

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La perspectiva del valle desde aquí va modificándose y los pinachos calizos dibujan formas asimétricas en el cielo mientras que sus laderas se cubren de una alfombra salpicada de flores amarillas cuyo aroma se extiende rápidamente y se mezcla con el olor de la hierba mojada. Valdeteja es uno de esos lugares de paso que quise rescatar del olvido. Curiosamente, un lugar de cine pues aquí llegó a tener una casa el actor Vigo Mortensen el cual quedó enamorado de la belleza de este valle.

 

 

 

 

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Algún lugareño me comenta que en el bar hay varias fotos suyas en el pueblo pero, desafortunadamente, es muy temprano y aún no ha abierto. Una anciana asomada a la ventana se dirige a mí pronunciando unas sabias palabras: ”hoy no es un buen día para la moto con esta lluvia”. Lo sé pero las ganas son superiores a cualquier impedimento que se me presentase y hoy no había lugar para la duda. De todas formas, después de las últimas pingaduras, ¿qué más da una más?.

 

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En la parte alta del pueblo, después de pasar la iglesia, sobre el suelo una inscripción ´Plaza Vigo Mortensen´. Lo más sencillo es pasársela de largo, como hice yo que tuve que preguntar a Jose, un chico motero que se encontraba realizando unos trabajos de pintor en el lugar. Coincidencias de la vida también pertenece a la familia GS con su BMWF800GS. Según él, ´para cualquier cosa que necesite´ en Pajares, donde reside, puedo encontrarle. Ir haciendo amigos en los viajes es una de mis mayores recompensas. Muy cercanas están ya las Hoces de Valdeteja que no impactan tanto por su angostura, sino más bien por la belleza paisajística del entorno al que dan lugar en el que las curiosas formas diseñadas por la caliza ordenan un paisaje virgen. No hay normas ni reglas pero el resultado es sorprendente y es imposible no rodar por su recién asfaltado firme sin ladear la cabeza para contemplarlas e, incluso, hacer varios altos en el camino.

 

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Continuando viaje llego hasta una de las cascadas que más me atraen y no por su tamaño sino más bien por el recóndito lugar en el que se encuentra: la cascada de Nocedo de Curueño o Cola de Caballo.

 

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Muy próxima al pueblo del mismo nombre, sin duda ocupa uno de los primeros puestos en mi ránking de favoritos. Un tesoro de la Naturaleza que el hombre ha sabido destapar para su disfrute. En este mágico lugar el agua se desliza salvajemente por las verticales y deformadas paredes montaña adentro. En época de lluvias apenas puede uno acercarse debido a la gran cantidad de agua que desprende. Hoy este lugar está desierto, solo para mí.

 

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La melodía de su música se convierte en mi compañera por momentos y mojo mis manos junto a su tranquila orilla. Un agua transparente y fría y, mientras, ha dejado de llover.

 

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Un viaje pasado por agua prácticamente en su totalidad pero qué a gusto se está cuando se está bien. ¿O no es verdad?.

 

Colaboradores: Motos Gijón, Neumáticos Motoval Oviedo, Dynamicline, ROM(Rutas Organizadas en moto), Kariburen(alquiler de motocicletas en Asturias).

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