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Dámaso Escribano

El Fonendoscopio

El negocio de los bulos en Internet

Recientemente Univadis se hacía eco de una noticia alarmante respecto a los bulos sanitarios en Internet. La reseña señalaba que las noticias falsas afectan a áreas tan importantes de la medicina como oncología, nutrición, pediatría, dermatología, estética y vacunación. Sergio Vañó, presidente de la Asociación de Investigadores en eSalud (AIES), precisaba que los bulos en estas áreas representan un tercio de las noticias falsas en Internet.

En relación con el creciente poder de la red y su influencia en la ciudadanía, en otro editorial reciente hablábamos del Doctor Google, el ´galeno´ que aconseja a los pacientes sobre temas médicos en Internet y cuya influencia asciende en los últimos estudios a porcentajes de entre el 50 y el 70%. Y muchos pacientes, tras consultar en el ordenador, acuden al médico convencidos de la veracidad de la información leída y, con frecuencia, cuestionando el criterio del profesional sanitario.

 internetLa mayoría de los usuarios, sobre todo los más jóvenes, acuden a la red Internet para casi todo, y también para buscar novedades médicas. No obstante, a pesar de que es un indudable adelanto tecnológico, la sobreabundancia de información en este medio da lugar, con una altísima frecuencia, a noticias infundadas sobre cuestiones de salud, bulos que pueden confundir a personas vulnerables. Una intoxicación de la información sanitaria que ha sido bautizada como ´infoxicación ´.

¿Qué bulos son estos? Por ejemplo, tratamientos alternativos para el cáncer, dietas milagro o alimentos que curan enfermedades (este mes, periódicos como el ABC o el diario As publicaban que “las patatas de McDonald’s podrían curar la calvicie, según un estudio japonés”), mentiras sobre las vacunas, sobre cuestiones sexuales, publicidad de medicamentos prodigiosos, etcétera, etcétera. Pero es el cáncer, una enfermedad desafortunadamente muy popular, quien se lleva la palma, con una ingente información abierta a los ciudadanos, tanto en periódicos generalistas como en webs de todo tipo. En este sentido, un estudio norteamericano realizado en 2009 buscó determinar el tipo, la precisión y el contenido de la información disponible en Internet sobre el cáncer de cabeza y cuello. Se observó que existía una amplia variedad de informaciones y con niveles de precisión variables, muchas veces altamente imprecisa.

Otro foco de desinformación en Internet es el que concierne a la salud sexual, especialmente en el ámbito de la adolescencia. La facilidad y el anonimato que permite la búsqueda de consejo on line, especialmente respecto a temas tan delicados como los métodos anticonceptivos, la interrupción del embarazo o las terapias de cambio de sexo, deben hacer saltar las alertas, ya que las consecuencias de una mala información sobre estas cuestiones en la población joven pueden resultar muy comprometedoras.

¿Por qué sucede todo esto? ¿Por qué, si los pacientes y usuarios de la sanidad tienen a su disposición a médicos, buscan información alternativa a la que, con más rigor y fiabilidad, facilitan los profesionales?

En general, cuando vamos al médico esperamos escuchar que nos va a curar o que nuestra afección va a mejorar; y mejor si, además, no hay efectos secundarios derivados del tratamiento. Pero, por desgracia, no siempre es así: hay patologías que no tienen cura o que no mejoran, y otras que sencillamente no tienen tratamiento. Y son innumerables los bulos (terapias y pseudoterapias milagrosas) que se centran en estos casos. No se ofrecen como alternativa a los antibióticos, al tratamiento hemodinámico de la cardiopatía isquémica o a la cirugía de las fracturas abiertas, todos ellos tratamientos altamente eficaces, sino que aportan respuestas sencillas y con mecanismos simples, fáciles de comprender por todo el mundo, a problemas complejos para los que la medicina científica no ofrece una buena solución.

La inmensa cantidad de personas que acude a Internet para resolver dudas y problemas de salud, lo hace desde posiciones muy diversas: están cansados de la medicina científica, desconfían de ella, han padecido sus efectos nocivos (indudablemente, los tiene), buscan una respuesta más complaciente que la que le ofrece el médico, etcétera. El problema aparece cuando se intoxica la información y ésta llega a sujetos vulnerables, a enfermos necesitados de ayuda que buscan una respuesta a sus dolencias en webs de todo tipo, exponiéndose al peligro de ser engañados.

Un aspecto que conviene aclarar es que las fuentes de las noticias falsas no son ONG; no se trata de personas o empresas altruistas que buscan desinteresadamente el bien de sus semejantes. Detrás de estas noticias, y en general de las pseudoterapias, suele estar siempre lo mismo: el dinero. Son líneas de negocio que se aprovechan de la necesidad y frustración de muchos pacientes desencantados con la medicina científica, o que directamente no confían en ella.

¿Qué se puede hacer ante tal avalancha de bulos e ´infoxicación? Se debe responder con responsabilidad y, al mismo tiempo, con sanciones en los casos más graves. Pero antes de sancionar se debe apelar a la responsabilidad de todos los implicados: por supuesto los medios de comunicación, que deben vigilar lo que publican, por el bien de sus empresas y por el de los ciudadanos; responsabilidad por parte de los famosos que cuentan públicamente (en ocasiones financiados) los beneficios de, por ejemplo, “la sofronización para el cáncer”; responsabilidad por parte de las instituciones públicas y privadas, que pueden exigir la presencia de sellos o códigos que garanticen que la información sanitaria publicada sea de calidad; y responsabilidad, por supuesto, por parte de los médicos.

Los médicos tenemos una responsabilidad que no podemos eludir: guiar a los pacientes en la fiabilidad científica de la información, ayudándoles a filtrarla. Aunque esto no es sencillo, si lo conseguimos lograremos que la información que obtengan nuestros pacientes en Internet y en las redes sociales pueda ser útil y relevante para nuestros objetivos como clínicos. Además de la responsabilidad individual del médico, también existe una responsabilidad corporativa, por parte de los colegios profesionales y de las asociaciones y sociedades científicas. En este sentido la iniciativa de AIES es muy loable: contribuir a que exista información veraz y contrastada sobre salud en Internet.

Temas

Bulos, engaños, internet, mentiras

Un blog de Dámaso Escribano

Sobre el autor

Nací en Madrid en 1947 y ejercí profesionalmente como médico en Madrid, Hospital General de León , Instituto Nacional de Silicosis de Oviedo y Hospital de Jove en Gijón. Soy Doctor en Medicina, especialista en Medicina Interna y Neumologia, Master en Gestión Clínica por la Universidad de Oviedo, especialista en Medicina de Empresa. Durante la vida profesional he desarrollado práctica asistencial, docente y de gestión clínica, tengo múltiples publicaciones científicas editadas en libros y revistas de las especialidades médicas. En la actualidad estudio Antropología por la UNED y como afición soy librero de viejo librería online librosveaylea.com En el momento actual desempeño actividad privada en una consulta en Medicina Interna y Neumología, calle Aguado 29 ENTLO C Gijón. Teléfono 985 13 05 06 Vea y lea: libros seminuevos a precios viejos - Consulta médica del Dr. Dámaso Escribano

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