El Comercio
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Fecha: agosto, 2016
NIÑOS MALEDUCADOS
Guillermo Díaz Bermejo 21-08-2016 | 4:25 | 0

Ayer, hurgando por las redes sociales, me encontré con la fotografía de un aviso colgado en un bar de Logroño y que transcribo a renglón seguido:

“AVISO: Rogamos a aquellos clientes que tienen a sus hijos maleducados, que los mantengan controlados mientras permanezcan en este local, de modo que no molesten a otros clientes con carreras, empujones y gritos. Están ustedes en un bar y no en un parque o en un patio de recreo. Entendemos que los niños son inquietos, pero ustedes entiendan que los demás queremos estar tranquilos y no tenemos por qué padecer la escasa o nula educación de algunos padres que sin el menor respeto a los que les rodean, permiten a sus hijos comportarse como animales. Muchas gracias en nombre de los clientes y del personal del establecimiento.”

Este curioso aviso no hace más que confirmarme que lo vivido por mi, tan sólo hace unos días, no es un caso aislado o anecdótico, sino que es algo frecuente. Hacia las dos de la tarde, y como de costumbre en vacaciones, voy al establecimiento hostelero habitual para tomar una sidra con los amigos. Nos sentamos en una mesa donde hay un banco corrido, sobre el que dejo los periódicos que llevo en la mano. Al poco tiempo, entra una pareja con dos niños de unos cinco o seis años que se sientan en una mesa de al lado. En pocos segundos, esos niños empiezan a comportarse como auténticos “atilas”. Se suben al banco donde estábamos sentados y empiezan a empujarnos, a gritar, a pisotear y a manosear los periódicos.

Primero, de modo cariñoso trato de apartar a los niños…. ¡andad guapos…id con vuestros papis! Como el ataque infantil no remite, empiezo a utilizar un tono más enérgico y en semblante serio les digo: ¡por favor niños, dejad esos periódicos donde están e iros con vuestros padres! No sólo no se apartan, sino que más divertidos aun, empiezan a reírse y a incrementar la dosis del juego… ¡¡ja.ja.ja. miraaaa, se enfada y todooo!

Como ni mis tonos, ni los tonos del camarero que también intervino, servían para algo, uno de mis amigos se levanta de la mesa y va en busca de los educados padres que estaban sentados en la mesa de al lado, entretenidos jugando con una consola y seguramente muy relajados por lo bien que lo estaban pasando sus hijos. Por favor, ¿queréis ocuparos de vuestros hijos que nos están dando la lata sin parar? ¡¡Hombreee, por qué se ponen Vds. así! No se dan cuenta de que nuestros hijos son hiperactivos. Tienen ustedes un muy bajo nivel de tolerancia. Es que… cada día la gente es más gruñona. Pobres niños. Ustedes quieren resolverlo todo con un azote. Además, por favor déjennos en paz… no pretendan darnos a nosotros lecciones sobre cómo tenemos que educar a nuestros hijos.

Pienso que este incidente es la consecuencia de una generación de niños intocables y sobreprotegidos a los que nadie tiene derecho a reprender. Y lo más preocupante es que probablemente, porque estos padres tienen poco tiempo para ocuparse de sus hijos en el día a día, cuando están con ellos, tienden a consentirles todos sus caprichos y en definitiva a  malcriarlos, con las consecuencias negativas que esto puede generar en su futuro cuando sean adultos.

Antes, si un niño “se pasaba”, los padres, los abuelos, los tíos, los vecinos, o el ciudadano que pasaba por allí, lo reprendían. Además, ese niño sabía que si era reprendido por ese vecino, corría el riesgo de que sus padres se enteraran y con ello volvería a sufrir otra reprimenda, o incluso un buen azote en el culo. En definitiva, podría decirse que toda una cadena de personas intervenía en la educación del niño. Cuan cierto es por tanto ese proverbio africano que dice: “se necesita un pueblo entero para educar a un niño”

Pero, hoy esto ya no ocurre. Por unas y otras razones se sobreprotege a los niños, se les consienten todos los caprichos, se les da todo lo que piden. Ya es más que evidente que en nuestra sociedad actual, tanta permisividad con los niños, no es buena. Y si no fijémonos en todos los problemas que surgen con esos hijos ya adultos que maltratan a sus padres, o esos alumnos que se suben a las barbas de los profesores sin que estos puedan ejercer ningún tipo de autoridad. Alguna vez tendremos que darnos cuenta de que es necesario cambiar el modelo educativo de los niños y probablemente (alguien seguro que me criticará por ello) un buen azote dado a tiempo es una de las mejores terapias educativas. Qué razón tiene el Juez de Menores Sr. Calatayud, conocido por sus sentencias ejemplarizantes y por lo que decía en un libro que editó, titulado “diez razones para que su hijo sea delincuente”. De otra parte, nos estamos olvidando de los artículos 154 y 155 del Código Civil que aún siguen vigentes y que otorgar a los padres el derecho a “corregir moderadamente a sus hijos”. Una cosa es maltratar que, por supuesto resulta intolerable y otra cosa muy distinta es corregir la actitud de un niño con un azote a tiempo. Ese azote no es maltrato, es educación. Creo yo.

 

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PEDALEANDO
Guillermo Díaz Bermejo 02-08-2016 | 10:05 | 0

Soy muy aficionado a la bicicleta de montaña y normalmente, durante los meses de verano, casi todos los días me pego unas buenas sesiones que, según me dicen, no están nada mal para la edad que tengo. Aparte de ser un ejercicio cardiosaludable, me permite también combatir algunos excesos gastronómicos (uno es débil) así como como disfrutar de paisajes, y paisanajes muy interesantes.

No obstante, amigo lector, aquí y ahora no pienso hablar de mis hazañas deportivas, sino de toda una serie de vivencias que sólo pueden tenerse encima de una bicicleta. Esas vivencias van desde la autoestima y la superación cuando consigues las metas que te habías propuesto al salir, hasta el disfrute de unos paisajes inéditos que nunca podrías ver cuando circulas conduciendo un automóvil. También, cuando el pedaleo es fácil, de manera natural te encuentras contigo mismo y puedes practicar la reflexión. De hecho, a mí me sirve mucho para ordenar mis ideas, ver como hinco el diente a cosas que pueda tener pendientes e incluso para pergeñar algunos artículos que escribo. Eso sí, cuando el pedaleo es difícil por las pendientes que te encuentras, aunque nadie te oye, en silencio sueltas unos cuantos tacos, y te preguntas, pero qué caramba hago yo aquí. Te dan ganas de tirar la bicicleta, pero bueno, por propia autoestima sigues. Así que en estas situaciones mejor dejar las reflexiones o la contemplación del paisaje, para otro momento

Me gustaría empezar hablando de algunas cosas que pasan cuando pedaleas, no diría malas, sino más incómodas. Una de esas cosas que tanto nos enfadan a los aficionados, es la casi siempre presente “ley eólica del ciclista”. Es decir, al salir de casa miras para alguna bandera y observas para dónde rola el viento. Entonces en razón a esto, tratas de elegir una ruta para hacer el camino de ida en contra del viento, cuando vas descansado, ya que de ese modo, al volver, con el viento detrás, podrás hacer un regreso más cómodo. Pues ¡¡caramba!! No sé qué pasa que tires para donde tires, siempre vas a encontrar el viento en contra. Esta ley casi siempre se cumple de modo inexorable.

Otra de las  leyes del ciclista aficionado es que todo lo que se baja, habrá que volver a subirlo. Es decir, como aun vas fresquito y en buena forma, realizas una ascensión y nada más coronar el alto, de pronto, sin mover un pedal empiezas a bajar como un tiro y te dices, joo qué bien, qué bajada más impresionante. Como estás en estado de frenesí con ese descenso, no piensas más que en “tirar palante” hasta que de pronto te paras, revisas el GPS y ves que has bajado doce quilómetros a toda pastilla y que ahora vas a tener que subirlos. Nuevamente te dan las ganas de tirar la bicicleta, pero en un alarde de autoestima, con la lengua fuera llegas a la cima, y además aún te queda alguna cuesta más para regresar a casa.

La tercera ley que quiero comentar es qué si la previsión meteorológica señala que van a caer unas gotas, en algún lado del recorrido te pillará el chubasco encima de tu cabeza. No te da tiempo material a ponerte el chubasquero y ya estás empapado. Quinientos metros más allá reluce el sol. ¡cosas de la bici!.

Voy a pasar ahora a comentar las muchas cosas,  muy positivas, interesantes y bellas que puedes ver en bici. De hecho, todos los días que salgo, voy haciendo fotos y terminare haciendo y colgando el algún lado, un álbum o reportaje fotográfico. En lo que va de verano, entre Navia y Tapia, he visitado catorce palacios y palacetes, construidos en lugares insospechados y alejados del mundanal ruido. Algunos de ellos aún conservan el esplendor que seguro tenían cuando se construyeron en el siglo XVIII. Otros, lamentablemente están en abandono total probablemente por la desidia de la Administración Pública. Igual ocurre con unas preciosas casonas señoriales que hay en algunos pueblos, pero casi todas abandonadas. Memoria de otros tiempos. Merecería la pena hablar aquí de la gran casona de Lagar al lado del rio Porcía que perfectamente podría ser habilitada como hotel para alojar a los muchos aficionados a la pesca. El paraje es de ensueño.

Como casi siempre ruedo por sendas próximas al mar, disfruto de las muchas y preciosas playas que tenemos, algunas de ellas sin acceso rodado, que son  auténticos paraísos naturales. Nada tienen que envidiar a una playa caribeña, bueno, menos el agua que suele estar bastante fría. Y qué decir de los preciosos  acantilados, faros en los cabos, pueblos de pescadores realmente bonitos (Viavelez, o Rinlo al otro lado del Puente de los santos y muy próximo a las afamadas Playas de las Catedrales o de Los Catros. Y qué decir del maravilloso paisaje del que se disfruta a vista de pájaro cuando te detienes en el paso peatonal, en el medio del Puente de los Santos. Castropol que parece una postal, Figueras o Ribadeo. Al otro lado el Castillo de San Damián y el faro de la Isla Pancha.

Si asciendes al Pico el Faro, a unos diez quilómetros de Tapia, te encontraras con un paisaje cautivador. Toda la costa, toda, desde la Ría de Navia, hasta Foz y Burela. Recomendaría a cualquiera que en un día soleado, ascienda en coche hasta un lugar próximo y desde allí, por una senda muy exigente para los ciclistas, llegues a la Capilla de Las Nieves y desde ella goces de tan extraordinario paisaje.

Amigo lector, son palacios, son casas, son pequeños pueblos y son paisajes que nunca disfrutarás conduciendo un coche. Sólo por esto merece la pena pedalear, y de paso además, tendrás la oportunidad de hablar con paisanos que viven esos lugares perdidos, y probablemente, porque poca gente los visita, se  esfuerzan en contarte las historias del lugar, o lo más interesante, hablarte de esos chigres y casas tienda de pueblo, donde se come unes patatines con zorza o con chorizo picante, o un pote asturiano de antología. Cuando entras en esos sitios te informan afablemente diciendo que no tienen carta y que eso poco, ye lo que hay. Uff. De antología gastronómica.

Termino diciendo que al menos a mí me compensan los esfuerzos que hago para llegar pedaleando a esos sitios. Puedes llegar a pueblos perdidos en las brañas. Puedes llegar en definitiva al paraíso natural que tenemos el Asturias.

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Sobre el autor Guillermo Díaz Bermejo
El blog de un jubilado activo dedicado al voluntariado social, permanentemente aprendiendo en materia del derecho de las nuevas tecnologías y crítico con la política y la injusticia social.