El Comercio
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DESPRESTIGIO SINDICAL
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Guillermo Díaz Bermejo | 17-01-2017 | 13:37

Hoy, a primera hora, la Guardia Civil registró la sede de la UGT en Oviedo, dentro de una operación por presuntas irregularidades en las subvenciones de formación y detuvo a seis personas, entre las que está el ex secretario general del sindicato.

Ya llueve sobre mojado. En 1993, UGT empezó a moverse por los fangos, quedó involucrada en el gran escándalo económico de la cooperativa de viviendas PSV,  y dejó por el camino a 20.000 trabajadores afectados por el escándalo. Siguió después el escándalo de los ERE y de los cursos de formación en Andalucía. También en Asturias tenemos la chequera del histórico dirigente asturiano Villa y sus cuentas millonarias. O qué decir del uso de las famosas tarjetas black,  por parte de los representantes de los trabajadores, en Caja Madrid. O del dinero, tanto procedente de subvenciones públicas, como de las cuotas de los propios trabajadores, que se dedicaban tanto a financiar ilegalmente al sindicato con facturas falsas, como a pagar esas pequeñas corruptelas que eran las mariscadas, a viajes de placer, a la compra de relojes Rolex, o a la compra de maletines de viaje o bolígrafos.

Las prácticas sindicales vergonzantes, o dicho sin ambigüedad, corruptas, tanto de UGT como de CCOO, dejan al descubierto en lo que se han convertido las organizaciones sindicales, presas tanto del propio sistema sindical, como de sistema político. Sin duda alguna, la corrupción sindical surge como consecuencia del manejo de unos dineros que, procedentes de subvenciones del erario público y de las propias cuotas de los afiliados, que en vez de emplearse para beneficiar a los intereses de los trabajadores afiliados al sindicato, se emplean para financiar al sindicato y a los intereses de sus dirigentes. Es un paralelismo idéntico al de la corrupción en los partidos políticos.

Creo que las organizaciones sindicales, presas de un sistema similar a los partidos políticos, han quedado involucradas tanto en la corrupción a gran escala, como en las corruptelas, donde, además de dádivas y prebendas en modo de regalos,  se defendían los intereses de los propios dirigentes sindicales liberados, por encima de los intereses de los trabajadores a los que representaban.

El grado de desafección de los trabajadores hacia los sindicatos es tan grande que sólo basta ver las últimas encuestas del CIS, donde a una pregunta como: ¿por qué se alejan los españoles del sindicalismo? , un 38% de las respuestas es “porque no sirven para nada”. Muy equivocados están los dirigentes sindicales cuando dicen que si están perdiendo afiliados es porque hay menos trabajadores en activo. Si están perdiendo afiliados es porque los trabajadores están viendo de modo claro que, con el fuerte desempleo que aún tenemos,  esas subvenciones destinadas a reciclar a los parados para facilitarles el empleo, las destinan a esas operaciones corruptas ya conocidas.

Esto sólo tiene un nombre: están robando a los trabajadores y están robando también a algunas ONGs que sí hacen esta formación a los desempleados, que sí ayudan a la búsqueda de empleo y que sí se preocupan por defender a los trabajadores en riesgo de exclusión social.

Mientras estas ONGs reciben calderillas a modo de subvención para realizar las mismas labores de los sindicatos, estos reciben unas subvenciones millonarias, las invierten en no se sabe qué, y después derivan a sus trabajadores a esas ONGs, para que les den ropa, para que les den de comer y para ver si les encontramos un trabajín. No es la primera vez que, en mi condición de voluntario de una ONG, tuve que llamar a algún sindicato para afearles su conducta, cuando nos mandaban a alguno de sus afiliados para que les proporcionáramos las necesidades básicas de ropa y alimentos y además para que viéramos si podíamos ayudarlos a encontrar un trabajo. Más descaro ya no cabe.

En este momento, los sindicatos ya se han quedado sin discurso ante sus trabajadores, ya no pueden seguir moviéndose con unas estructuras ancladas en el pasado, ya no pueden seguir recibiendo cuantiosas ayudas procedentes del erario público, ya no pueden seguir defendiendo los intereses del sindicato y de sus dirigentes sindicales liberados. A mi juicio, si no se regeneran, los sindicatos están sumidos en una crisis tan grande, que puede llevarlos a su total desaparición.  Los impuestos de los ciudadanos no pueden ser destinados a mantener a estos desprestigiados sindicatos que sólo pretenden lucrarse en beneficio propio, que son capaces de aliarse con una empresa si esto les genera beneficios, abandonando a los trabajadores que son a los que realmente tenían que defender y no han defendido.

Más desprestigio ya no cabe.

Sobre el autor Guillermo Díaz Bermejo
El blog de un jubilado activo dedicado al voluntariado social, permanentemente aprendiendo en materia del derecho de las nuevas tecnologías y crítico con la política y la injusticia social.