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TIMO AFRICANO
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Guillermo Díaz Bermejo | 24-01-2017 | 23:13

Los que me conocen, saben que utilizo las redes sociales, tanto por puro divertimento, como por una cierta deformación profesional que me lleva a investigar sobre los riesgos de la red, las suplantaciones de personalidad, los bulos y sobre todo, los ciber delitos. En esta línea, empecé a observar que últimamente, en Facebook, empezaba a haber muchas chicas jovencitas que solicitaban mi amistad. Como es mi costumbre habitual, antes de aceptar una solicitud, entro en el perfil del solicitante y trato de averiguar quién es, qué amigos tiene, si esos amigos son comunes, etc. Esto me permite conocer algo sobre esa persona que pide mi amistad en la red, para decidir si la acepto o no. Cuando entro en el  perfil de esa sospechosa solicitante de amistad,  observo que es una chica muy joven y provocativa, que aún no tiene amigos y que no reside en España. Inmediatamente rechazo la solicitud y punto.

Comentada esta cuestión con amigas de la red, me confirman que ciertamente, ellas también reciben esas sospechosas solicitudes de amistad, pero en su caso, jovencitos de muy buen ver. Por tanto, la cuestión es clara. Aceptando estas solicitudes estamos entrando de lleno en uno de los riesgos de la red y que es el de ser una víctima de estafa, fraude o chantaje.

Un buen día, quizá porque estaba algo ocioso, decidí aceptar una de esas solicitudes de amistad para ver qué pasaba. Entré en contacto con una chica que decía ser de Sierra Leona y que inmediatamente me pidió mi email para facilitar la comunicación. Se lo facilité e inicié  un interesante intercambio de correos. Me dice que es de Sierra Leona, pero que huyó de la guerra de aquel país y que está refugiada en un campamento de Senegal. Me dice que está acogida en la Misión de Cristo Salvador y que el reverendo que la dirige, la deja utilizar su ordenador para comunicarse con el exterior.

Me pide auxilio, me manda dos fotos y me dice que si yo la ayudo a venir a España, ella me ayudará a mí. Para tranquilidad mía, me manda el supuesto teléfono del supuesto reverendo de la misión en la que está acogida. Vamos avanzando en el intercambio de correos y en un momento dado me dice que me va a desvelar un secreto. Que su padre, que tenía una gran fortuna en Sierra Leona, consiguió depositar 4,8 millones de dólares en un banco inglés para que ella, una vez saliese del país, pudiese beneficiarse de ese dinero. Me explica que para poder ayudarla yo debo de recibir ese dinero en mi c/c y una vez ya en mi poder, yo le mandaría a ella el dinero suficiente para que pudiere venir a España y una vez aquí le entregaría esos 4,8 millones de dólares.

Sigo la corriente y le contesto diciéndole que acepto. Acto seguido me manda un montón de datos de un supuesto Clydestade Bank Group donde estaba ese dinero y me dice que tengo que comunicarme con él para que me den instrucciones. Mando un email e inmediatamente me contesta ese supuesto banco dándome instrucciones. Debo de obtener un poder  notarial, necesario para transferir esos fondos a mi cuenta bancaria. , así como el certificado de defunción del titular y una declaración jurada de la hija de que acepta que se me transfiera a mí ese dinero.

Vuelvo a escribirle a ella diciéndole esto y entonces recibo la respuesta de un supuesto abogado senegalés, llamado Daniel Mamadou, con un rimbombante logo “Noble Law Firms&Asociate and equal Rights& Justice. Este supuesto abogado me dice que  tiene el encargo de su cliente (mi amiga), de gestionar los documentos que preciso para obtener el dinero del banco inglés. Esos documentos son, el poder, la declaración jurada y además la legalización y licencia nacional, el estampillo de la Corte de Justicia, traducciones y otros servicios. El costo de todos estos servicios asciende a 820 dólares que he de transferir a la c/c que me facilita de Senegal.

En resumen, hemos llegado al penúltimo paso del intento de estafa. Si yo, movido por la codicia de quedarme de modo tan fácil, con 4,8 millones de dólares, hubiese transferido esos 820 dólares, lisa y llanamente me habrían estafado. Habría perdido ese dinero. En este caso, lo que yo he hecho, es enviar todos los correos intercambiados, a la Unidad de Delitos Telemáticos de la Guardia Civil para que desde allí traten de perseguir esta estafa, algo que resulta muy complicado si los timadores están fuera de nuestro país.

Como han podido ver, este timo africano que acabo de describir, llamado antes estafa nigeriana, es algo muy parecido a nuestro conocido timo de la estampita o del tocomocho. Seguro que mucha gente se preguntará ¿cómo alguien, en los tiempos que corren, y con tanta información, puede picar con esto? Pues sí, amigos míos, sí. Hay gente que sigue siendo estafada con este burdo timo. Lo que ocurre es que esa gente estafada, se avergüenza, y no lo denuncia. Yo he conocido un caso en el que el estafado decidió confesármelo para ver qué se podía hacer. Así que ¡cuidado con lo que hacemos en las redes sociales!.

Sobre el autor Guillermo Díaz Bermejo
El blog de un jubilado activo dedicado al voluntariado social, permanentemente aprendiendo en materia del derecho de las nuevas tecnologías y crítico con la política y la injusticia social.