El Comercio
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Fecha: febrero, 2017
DESPUÉS DE LA JUBILACIÓN
Guillermo Díaz Bermejo 19-02-2017 | 9:42 | 0

La palabra jubilación, proviene del vocablo latino “iubilatio” que significa expresarse con alegría, gozo o, en definitiva,  júbilo. Significa por tanto, el gozo de no tener que soportar el esfuerzo que implicaba trabajar duro, toda una vida. El problema es que,  normalmente,  la jubilación o retiro de la vida activa, se convierte en el envoltorio edulcorado de un proceso de defunción laboral que te lleva a un periodo de inutilidad social, algo que, por cierto,  tiene muy poco de júbilo o gozo. Lo que sí está claro, al menos en mi caso, es que para evitar frustraciones, las personas jubiladas necesitamos reacomodarnos en un nuevo ciclo de vida, que nos debería de llevar hacia un proceso de jubilación lo más activo posible.

Los jubilados, pertenecemos a una generación que quiere resistirse a envejecer y dejarse llevar por la inactividad del retiro laboral. Por suerte para nosotros, vamos a tener una vida más longeva y nos apetece disfrutar con plenitud, la vida que nos queda por delante. Antes, a los 65 años éramos viejos, pero hoy estamos en buena forma física e intelectual y quizá por eso, se dice  que estamos en la  “madurescencia”.

Después de muchos años de trabajo, carencias, aprietos económicos para pagar la hipoteca del piso, desvelos por cuidar, educar y sacar a nuestros hijos adelante, ahora, ante nosotros, se abre un horizonte diferente, que también puede ser muy activo e interesante. Nosotros, los jubilados nacidos en torno a los 50, ya no somos esos padres o suegros que queremos que los hijos nos estén llamando todos los días. Nosotros tenemos nuestra propia vida y ya no tenemos que vivir en el mundo de nuestros descendientes. No tenemos que seguir preocupándonos por la situación económica de nuestros hijos o nietos. Ya les hemos dado todo lo que necesitaban y ahora es el momento de que ellos asuman su responsabilidad.

Creo que es hora de que empecemos a utilizar ese dinero, que hemos venido ahorrando en toda nuestra vida laboral. No tiene ningún sentido que lo guardemos, para que más adelante lo disfruten otros que no conocen el sacrificio que hemos tenido que hacer para conseguirlo, o que sirva para generar peleas y conflictos entre herederos. No tengamos reparo en comprar cosas que nos gusten. Tampoco es cuestión de que a estas alturas, pensemos en hacer inversiones maravillosas con esos ahorros, que sólo nos van a servir para preocuparnos por lo que pase con ellas o para que seamos engañados por cualquier entidad financiera que nos venda preferentes, derivados u otros productos financieros de los que sólo van a sacar beneficios ellos. Sencillamente, disfrutemos ahora de ese dinero, sin ser egoístas pero tampoco usureros.

Nosotros, los de la generación de los 50, tenemos que proponernos aprender cosas nuevas y útiles y en modo alguno tenemos que quedar al margen de los adelantos tecnológicos. Tenemos que manejar con soltura el ordenador, la Tablet  o los teléfonos inteligentes y a través de esas tecnologías a través del Skype podremos tener videoconferencias con nuestros hijos o nietos cuando estén lejos. Y con el WhatsApp compartiremos cosas con nuestros hijos, familiares y amigos. Nos comunicaremos por correo electrónico con compañeros y amigos, abriremos cuentas en las redes sociales y nos moveremos con soltura en internet para reservar hoteles, comprar billetes de avión o de tren, o para comprar productos mediante comercio electrónico.

Tenemos que ser algo vanidosos y compartir la devoción por mantener y cultivar un cierto estilo personal y cuidado y para eso necesitaremos ir frecuentemente al peluquero, o usar moderadamente cremas o colonias. Pero eso sí, siendo clásicos, ya que los modernismos en la indumentaria, no van a encajar con nuestra edad. No es cuestión que hagamos el ridículo yendo vestidos con atuendos o peinados propios de los jovencitos.  Es absurdo que los hombres pretendamos mantener la figura de los jóvenes astros del deporte o que vistamos trajes de Armani, o que las mujeres sueñen con tener la figura tuneada de una vedette. Ya no somos jóvenes, pero mantenemos un aspecto cuidado.

Deberíamos de resistirnos a la tentación de vivir con hijos o nietos. Lo razonable es que los visitemos, que vayamos a sus casas como invitados, que compartamos vivencias con ellos, pero que no pretendamos refugiarnos para que terminen cuidándonos. Cuando nuestra situación física o psíquica empiece a ser complicada, es mejor que busquemos ayudas externas, y si nuestro dinero nos lo permite, que busquemos cuidadores que nos asistan. Con ello, evitaremos ser una carga para nuestros hijos o nietos, que han de tener su vida propia.

Es bueno que utilicemos nuestros conocimientos o habilidades y para ello nada mejor que practicar el voluntariado social, ya que por experiencia propia sé, que haciendo esto en una ONG, además de ayudar a personas que lo necesitan, me estoy ayudando a mí mismo, puesto que estoy activo física y mentalmente, y además estoy reciclando conocimientos que me permiten mantenerme actualizado. Cultivemos hobbies, tengamos una vida saludable, caminando, haciendo deporte moderado y alimentación equilibrada. Mantengámonos ocupados cuidando el jardín, haciendo bricolaje, teniendo tertulias con amigos. Es bueno que nos mantengamos al día, leyendo libros, incluso matriculándonos en los cursos que algunas Universidades y centros de formación, tienen para mayores. Es bueno que nos hagamos miembros de asociaciones, que participemos y nos impliquemos en sus actividades y en definitiva que nos mantengamos activos. Participemos en eventos sociales y culturales puesto que lo importante es que salgamos de casa y que cultivemos las relaciones.

Salgamos, viajemos, y démonos los gustos de los cuales antes nos privamos para dar lo mejor a nuestros hijos. ¿Por qué tenemos que tender a angustiarnos con pequeñeces? En la vida todo pasa y los buenos momentos deben de ser recordados, pero los malos momentos, mejor que los olvidemos cuanto antes. Tratemos de no vivir de los recuerdos hablando siempre de cosas como “en mis tiempos”. Mi tiempo es hoy y ahora. Y si en ese tiempo de hoy y ahora, tenemos dolores y molestias propias de la edad, no las acrecentemos hablando de ellas. Este sólo es un problema mío y de mi médico y a nadie más le interesa. Y sobre todo, seamos disfrutones y riamos mucho. Para terminar, si alguien le dice, como yo ya he oído, que nosotros ya estamos obsoletos, no le haga ningún caso, ignórelo. Nosotros ya hemos hecho muchas cosas en la vida y además las seguimos haciendo entre tanto nuestra salud nos lo permita.

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JUSTICIA IMPARCIAL Y MODERNA
Guillermo Díaz Bermejo 03-02-2017 | 9:56 | 0

Últimamente, el Ministro de Justicia Sr. Catalá parece mostrarse muy activo, defendiendo en público la necesidad de que la justicia sea más rápida, que sea más ágil y que haya Jueces y Fiscales independientes, para que actúen con autonomía y para que puedan desempeñar bien su trabajo. El 28 de Enero pasado se expresó en estos términos, en una ponencia que tuvo lugar en Riojaforum y ayer, en un encuentro que tuvo con representantes de las asociaciones de Jueces, volvió a insistir en la necesidad de revisar el sistema de elección de los vocales del Consejo General del Poder Judicial, así como los nombramientos de los presidentes de tribunales y magistrados del Tribunal Supremo, introduciendo criterios de transparencia y objetividad en los procesos selectivos.

Los ciudadanos venimos percibiendo y muchas veces sufriendo, la exasperante lentitud, ineficiencia y baja calidad de la justicia y por eso, resulta esperanzador escuchar al Ministro defendiendo una Justicia del siglo XXI más ágil, con buenas leyes, con mejores medios materiales y con mejores plantillas. El problema, como dice el refrán, es que del dicho al hecho hay un trecho.

Yo tengo bastante claro que los jueces en sí, cuando ejercen la acción jurisdiccional, tienen sus propias ideas políticas y que en base a esos sesgos ideológicos, aplican el derecho dentro de ese margen razonable de interpretación que han de tener, ya que la ciencia jurídica no está desconectada de las ideologías.

Pero, el problema no está ahí. El problema está en las permanentes injerencias de los poderes políticos, injerencias que ya han sido denunciadas por el Consejo de Europa, que critica abiertamente a España, por no garantizar la independencia del Consejo General del Poder Judicial, desde el momento en que permite que todos los magistrados con cargo de mayor nivel, sean elegidos por el Congreso, el Senado, el Gobierno o las Comunidades Autónomas  Otro modo de injerencia del poder político, se produce desde el momento en que es quien, con los presupuestos generales del estado, tiene la facultad de facilitar o dificultar económica y laboralmente,  el buen o mal funcionamiento de la justicia.

A causa de esta asfixia presupuestaria, en contraste con los avances producidos en sectores públicos como en sanitario, el educativo, Agencia Tributaria, etc. la Administración de Justicia no ha podido superar  su ya sistémico retraso, retraso que se calificaría de tercermundista, si vemos el informe emitido por el World Economic Forum on Judicial Independence, que sitúa a España en la posición sexagésima en un ranking  de calidad de la justicia de los diferentes estados.

No es admisible que nuestra justicia esté, como está, totalmente fragmentada y con una descoordinación absoluta, ya que por un lado está el poder judicial elegido por los partidos políticos y del que dependen los jueces. Por otro está el Ministerio de Justicia del que dependen los Letrados de la Administración de Justicia (antiguos Secretarios) y por otro están los cuerpos de gestión y auxilio procesal, así como la dotación de medios materiales, dependiendo de las diferentes Comunidades Autónomas.

Si de verdad el Ministro quiere llegar a esa soñada justicia imparcial, independiente, eficiente y rápida, va a tener que ponerse las pilas y a toda prisa reunir a las fuerzas políticas para alcanzar un Pacto de Estado. Pacto que ha de alcanzarse a toda prisa para volver a centralizar la administración de justicia, eliminando así su actual fragmentación. Que permita cambiar el actual sistema de elección de los vocales del Consejo General del Poder Judicial por parte de los partidos políticos, por otro en el que sean los propios jueces y magistrados, en votación directa, los que elijan a sus representantes. Igualmente, habría que eliminar la designación discrecional actual de los presidentes de los Tribunales, por otro en el que sean los propios jueces y magistrados quienes los elijan.  Ese pacto  tiene que dotar también de mayor independencia económica a la administración de justicia o en su caso que dote al sistema judicial de los medios personales y materiales que precisa para mejorar la agilidad, la eficiencia y la duración de los procedimientos.

Si no existen esas dotaciones de medios necesarios, tanto para agilizar procesos como para ganar en eficiencia, si no existe una auténtica independencia judicial, de qué pueden servir leyes o decretos que digan que porque lo dice la ley, los procesos van a durar tantos o cuantos meses. Los procesos durarán el tiempo que se requiera, en función a su  complejidad y a los medios con los que cuenten los juzgados correspondientes. Estas leyes sólo serían un canto al sol y ocultarían el verdadero propósito de modernizar o no la justicia, facilitándole todos los medios e instrumentos que necesita.

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MENOS RADARES Y MAS SEGURIDAD
Guillermo Díaz Bermejo 01-02-2017 | 7:21 | 0

En 2015, la Dirección General de Tráfico trasladaba esta noticia: “Nuevo mínimo histórico en el número de víctimas mortales por accidente, desde 1960”. Paralelamente a esto, también decía que 2015 había sido el año con más sanciones por exceder la velocidad permitida, con cerca de 3,29 millones de multas. (en 2014 habían sido 2,46 millones y en 2013, 2,17 millones).  La DGT parecía querer dar a entender que a más sanciones por exceso de velocidad, menos muertes en la carretera.

Pero, llegamos a 2016 y súbitamente, la tendencia se rompe. Se imponen más multas que nunca, pero por el contrario, asciende la cifra de víctimas, poniendo fin a trece años de reducción de la mortalidad en las carreteras. Ciertamente, resulta preocupante este incremento de la mortalidad pero, contrariamente a lo que quiere hacernos pensar la DGT (que lo único que pretende es recaudar cuando más mejor), no es cierto que estas muertes tengan su causa en la imprudencia de conductores,  que superan los límites de velocidad permitidos.

Sólo basta consultar las estadísticas que publica la propia DGT, para poder ver nítidamente, que en autovías y autopistas, vías donde tenemos más radares instalados,  ha habido 102 fallecidos,  en vías convencionales 962, en caminos 43, en vías interurbanas 152 y en otro tipo de vías y ramales de enlace 53. Pero es que, además, nos encontramos con otro dato sorprendete: Ha habido 132 víctimas por infracciones de velocidad  y 1.180 víctimas sin haberse registrado infracción del conductor por exceso de velocidad.

A la vista de estos datos, la cuestión es más que clara. Los fondos del Estado, se están destinando a mejores sistemas sancionadores como son los radares móviles de última generación, o los helicópteros Pegasus, o al cada vez mayor número de radares fijos instalados en las autovías. Se da la paradoja además, que estos radares para cazarnos, se instalan en tramos rectos de las autopistas donde los riesgos de accidentes son escasos (estadísticamente, en estos tramos rectos y bien trazados, no se producen accidentes). Pero nadie en la Administración quiere admitir que la mayor parte de los accidentes se están produciendo por la reducción de la inversión en la mejora de los firmes de las calzadas, la mejora en las vías de circulación convencionales y secundarias, que es donde se concentran los puntos negros de siniestralidad, debidos en gran parte al mal estado del asfalto, a la poca visibilidad o a la falta de poda y limpieza de los ramajes que llegan a interferir en la circulación rodada. Inciden también la falta de iluminación en muchos de esos puntos negros.

Sólo basta con circular por nuestras carreteras asturianas para ver que la calzada está llena de ramajes caídos de los árboles, que la vegetación se apodera del asfalto, que existen parches de bacheados que desestabilizan la rodadura del vehículo, y que incluso tenemos autovías recién construidas, con un firme asfáltico deteriorado en muchos tramos y en muchos casos parcheado de manera deficiente. Esta es la verdadera causa del incremento de los accidentes con víctimas mortales y que la DGT no nos quiera hacer comulgar con ruedas de molino, atribuyendo esto a los excesos de velocidad, causa por la que anuncian que van a instalar aún más radares.

La DGT tiene que asumir de una vez por todas, que la tecnología y los instrumentos de seguridad de los vehículos modernos, permite conducir a velocidades más altas, sin comprometer la seguridad de la conducción. Y por eso yo propongo que, menos radares y más desarrollar el nuevo Reglamento de Circulación que tenía previsto aprobar hace ya más de dos años, en el que se iba a permitir la subida a 130 km/h en ciertos tramos de autovías y autopistas.

La DGT tiene que reconocer también que, actualmente, 17 estados miembros de la Unión Europea, ya tienen incorporadas velocidades máximas de 130 Km/h y en algunos casos superiores. Se da la circunstancia además que esos estados tienen incluso menos siniestralidad que la nuestra.

Por tanto concluyo, menos radares para recaudar sableando a los conductores y más inversiones en la conservación de las carreteras, en la mejora de la seguridad vial, y en la eliminación de los puntos negros de accidente.

 

 

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Sobre el autor Guillermo Díaz Bermejo
El blog de un jubilado activo dedicado al voluntariado social, permanentemente aprendiendo en materia del derecho de las nuevas tecnologías y crítico con la política y la injusticia social.