El Comercio
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LOS MERCADOS SON LOS CULPABLES
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Guillermo Díaz Bermejo | 01-07-2017 | 09:14

Sí, claro. Todo el mundo lo sabe. La culpa de los problemas económicos que sufrimos, es de esos mercados que son como aves de rapiña, que acorralan a los estados, que hacen que la prima de riesgo se dispare, que ponen en peligro el euro y que en definitiva ponen en el abismo a nuestra estabilidad económica y financiera.

Bien, de acuerdo, pero ¿quiénes son esos mercados culpables? Pues es muy fácil de definir. Es ese enmarañado de entidades financieras, banqueros, tiburones financieros,  que compran, venden, negocian acciones, obligaciones, bonos, fondos de inversión, fondos de pensiones, mesas de dinero, etc. .etc. Estos mercados de capitales son unos enormes monstruos que especulan con millones de euros al día y por eso son los verdaderos culpables de los problemas financieros de los estados y por derivación, de los problemas de nuestras economías domésticas. Bueno, vale. Voy a aceptar tu opinión, pero ¿estás seguro de que la culpa es de los mercados? Es que verás, yo estoy convencido de que en este problema hay muchos culpables.

Mira, yo mismo soy culpable porque soy empleado de una entidad financiera y además de una sustanciosa nomina, me están dando una jugosa retribución variable de modo que, cuantas más operaciones haga y más beneficios consiga, más dinerito y más comisiones entrarán en mi bolsillo. Además, mejor que me espabile, no pregunte si esas inversiones que vendo son buenas o malas y me dedique a ganar dinero, porque si yo gano poco, igual es que tengo poca productividad y entonces puede que piensen en mandarme a mi casita con la carta de despido.

También tengo un hijo culpable, ya que tras finalizar su master empezó a trabajar en la división de inversiones de una gran gestora de fondos de pensiones. Como el chico es muy espabilado aprendió pronto y en este momento es uno de los artífices de que el fondo que gestiona esté obteniendo hoy, con la que está cayendo, una rentabilidad próxima al 7%. Me dice que lo que él hace es analizar lo que está pasando en los mercados y visto esto, decide donde invierte o desinvierte con el único objetivo de conseguir la mayor rentabilidad posible. Sus jefes, al igual que me ha pasado a mí, le dicen que se espabile que no se pregunte si lo que hace es ético o no, y que no baje la guardia, porque si los resultados de sus inversiones empiezan a flojear, tendrán que prescindir de sus servicios.

Mi segundo hijo, que es un mostruito de la informática, también es culpable porque está trabajando en otra entidad financiera y le han encargado el desarrollo de una compleja aplicación informática que permite escrutar minuto a minuto lo que está pasando en los mercados financieros del mundo de modo que, de modo automático, en cuestión de segundos, informa al inversor que la maneja, sobre las decisiones inversoras que han de adoptarse en cada momento. Este complejo sistema informático, facilita tanto las cosas que comprar, vender, invertir o desinvertir acá o allá, es como un juego de niños. Y, claro, como la informática no tiene alma, las decisiones se toman sin valoración alguna de los problemas éticos que estas operaciones puedan generar en los estados y por ende en los ciudadanos.

Pero, además de lo que pasa en mi familia también tengo amigos que son culpables. Tengo un amigo empresario que tiene unas fuertes puntas de tesorería que, como es lógico, las invierte para sacar el mayor provecho posible. Va a su asesor de inversiones y este le aconseja en cada momento qué es lo mejor y ojo que si el consejo no es bueno igual decide cambiar de asesor. Cuanta más rentabilidad mejor. Otro amigo mío, es muy previsor y tiene un buen plan de pensiones para preparar su jubilación. Como en los últimos años los rendimientos del fondo no eran buenos, ha cambió de gestora en dos ocasiones. Ahora está en otra gestora que le está dando una rentabilidad estupenda a medio plazo. Parece que la gestora actual está comprando deuda pública española que está dando una rentabilidad del 5,50% a 10 años. También hay otro amigo que tiene unos ahorrillos y como los depósitos a plazo le daban poco interés, decidió invertir en un fondo de inversión, fondo que eligió porque estaba dando una rentabilidad estupenda (parece que este fondo realiza sus inversiones comprando deuda pública de diferentes estados europeos.).

Pero, aun hay más culpables, claro, y probablemente grandes culpables. Esos grandes culpables son esos avaros banqueros, dueños del dinero, que toman decisiones financieras pensando única y exclusivamente en sus intereses personales, importándoles un comino si sus decisiones de inversión perjudican a estados, instituciones o particulares.

Para el final me reservo quizá a los máximos culpables del problema. Me refiero a los políticos. Estos politócratas que por encima de los intereses de los ciudadanos, persiguen sus propios intereses personales y de partido. Como en dinero es de todos o de nadie, gestionan la administración pública como auténticos despilfarradores. Gastan lo que no tienen y generan enormes déficits públicos. Tras estos despropósitos, como necesitan más dinero para colmar sus aspiraciones, recurren a sus amigos banqueros que les prestan todo el dinero que necesitan. Pero claro, estos, antes que amigos son banqueros, con mucho dinero y con muchos intereses inconfesables. Como consecuencia, le dicen al político toma el dinero y ya me devolverás el favor. Y el favor se devuelve lógicamente no adoptando decisiones políticas o legales que les puedan perjudicar.

Si estos politócratas tuvieran un poco de decencia, lo que harían, es gestionar bien la administración pública no gastando lo que no tienen y además de todo esto, promulgando la legislación necesaria para regular adecuadamente los mercados financieros, vigilarlos, controlarlos y corregir las desviaciones que se pudieren producir.

En este momento estamos metidos en una espiral en la que los políticos y los inversores son los culpables directos, pero sin olvidar que nosotros, los ciudadanos, también tenemos un alto tanto de culpa, bien sea como inversores de nuestros ahorros, o incluso como hipotecados hasta las cejas porque, pesando que esto es “jauja” también nos dedicamos a gastar lo que no teníamos o no podíamos pagar.

En fin, no hay mal que por bien no venga y tenemos que confiar que, metidos en este negro agujero, todos aprenderemos la lección y este sea el paso para salir a flote, que la economía se reactive y que el estado del bienestar no se desmorone. Quiero confiar en esto.

 

Sobre el autor Guillermo Díaz Bermejo
El blog de un jubilado activo dedicado al voluntariado social, permanentemente aprendiendo en materia del derecho de las nuevas tecnologías y crítico con la política y la injusticia social.