El Comercio
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Fecha: agosto, 2017
ABUELOS DESBORDADOS
Guillermo Díaz Bermejo 23-08-2017 | 7:27 | 0

Creo que fue hace tres años cuando escribí un artículo, en el que hablaba de los problemas que teníamos los que empezábamos a entrenarnos como abuelos, para adaptarnos al nuevo entorno que representaban las vacaciones veraniegas. En aquél proceso de adaptación y con un entrenamiento a veces complicado, parecía que la prueba había quedado superada y que ya teníamos la soltura suficiente para convivir con los nietos de un modo hasta relajado y muy divertido. Además de estar a su cuidado, quedaba tiempo para dar los habituales paseos en bicicleta, para ir a tomar una sidra con la pandilla, o para salir a cenar algún día solos mi mujer y yo.

Pasaron algunos años, el número de nietos aumentó y, craso error, cuando creías que ya habías superado la prueba, sin saber cómo, entraste en una fase de total desbordamiento. Casi sin darte cuenta, a final de junio, empiezas a recibir llamadas de tus hijos diciéndote: Papá, poneros las pilas que los niños terminan el cole y como hace tanto calor en Madrid, vamos a dejároslos para que ya os vayáis a Tapia con ellos, que seguro os lo vais a pasar genial jugando en la playa. Preparándote para cumplir las indicaciones de tus hijos, empiezas a organizar toda la logística. Fruto del entrenamiento anterior, decido que lo mejor es que primero me traslade yo solo a Tapia para transportar todos los artilugios. Como tengo un coche monovolumen bastante amplio, seguro que lo podré hacer si problema. ¿sin problema? Empiezo a meter cunas, tablas de paipo, juguetes, maletas llenas de ropa, silla de bebé así como otros aparatajes varios y caramba, que el coche va hasta los topes y hasta tengo problemas para cerrar el portón trasero. Agobiado por esta primera situación, me pregunto, ¿cómo es posible que cuando mis hijos eran pequeños, cinco personas y todo el equipaje, cabíamos en un Citroen GS, para irnos de vacaciones?

Vuelta a Oviedo para trasladar a la familia. No hay problema, porque en mi monovolumen iremos todos muy cómodos, que para eso lo compré habilitado para llevar siete plazas. Para ubicar a dos niños, instalo dos sillas homologadas en los asientos traseros, y otra especial en los intermedios, para colocar al bebé, que por normas de tráfico tiene que ir instalada en sentido contrario a la marcha. Al lado irá su madre para atenderla, así como la chica que tenemos en casa de servicio doméstico. En el asiento delantero irá mi mujer y a sus pies llevará a Jana, nuestra coker, ya que “como somos pocos, parió la abuela”. ¿Qué no había problema? Sin saber cómo, aparecieron nuevos equipajes y nuevamente el coche hasta los topes. Como finalmente todo no cabe, tranquilos, no hay problema, dejaremos aquellas bolsas que no sean del todo imprescindibles, y en un próximo traslado que haga a Oviedo, ya las llevaré.

¡Al fin! ya estamos instalados en la casa de verano. A partir de ahora ya irá todo sobre ruedas que para eso somos abuelos expertos. Al día siguiente, casi sin haberte aposentado, recibes la llamada de tu otro hijo ¿Papá ya estáis instalados? Nosotros salimos de Madrid algo tarde y llegaremos hacia las 9 de la noche. Tened preparada la cena y la cama para Carlos que seguro llegará muy cansado.  No hay problema. Todo bajo control. Además, como en este primer finde de veraneo también están mis hijos y sus mujeres, entre todos resolveremos bien la cuestión.

Los papás regresan de nuevo a Madrid, porque tienen que trabajar y mi mujer y yo nos quedamos al cuidado de los cuatro niños. No hay problema que para eso tenemos experiencia. Primera noche solos con los niños que tardan en dormirse porque están algo excitados con la marcha de sus papás. A media noche uno llama: ¡Abuelaa que mi cama está mojada! Meada monumental, colchón a secar y el niño a la cama con mi mujer. A las 8 de la mañana el pajarito mañanero se despierta, empieza a chillar y despierta a los otros. Empiezas a levantarlos. Uno huele algo mal y vas a mirarle el dodotis. Cagada antológica. Y como al meterlo en la cama, el dodotis se lo había puesto yo, probablemente mal, la mierda llegó a la camiseta y también a la sábana de la cama. Bah, cosas normales en los niños.

Preparativos del desayuno: Uno que no quiere, al otro que no le gusta, que esto es mío, que me pongas Clan en la tele, que no me quites este sitio, que ese juguete es mío. ¡Uff! Objetivo conseguido, pero, de pronto mi mujer mira el reloj y ¡caramba si ya son las 11!. Quédate aquí con ellos que yo tengo que ir corriendo a la tienda a comprar. Entre tanto esperas, siguen las disputas, las peleas, las carreras, toda la casa patas arriba y tu venga a vociferar. Pero, igual da, ni te escuchan. Ellos a lo suyo.

Regresa mi mujer con la compra y empezamos los preparamos para ir a la playa. Sesión de cremas protectoras y hala a coger los artilugios playeros. Paipos, sillas, sombrilla, cubos y rastrillos, toallas. ¡¡eh eh para!! Que no podemos llevar tanto trasto. Seleccionemos sólo lo necesario. ¿Seleccionar?  Que yo quiero esto, que yo quiero lo otro, que yo quiero llevar todo. Nuevo grito autoritario del abuelo y todos llorando a la playa. Llegas a la arena, empiezas a quitar las camisetas y de pronto ves un revuelo en la orilla. Resulta que mientras quitabas la camiseta a uno, otro sale corriendo a toda velocidad hacia la orilla y una ola bajera le pega un buen revolcón. Una señora que estaba allí lo saca del agua al tiempo que masculla ¡qué padres serán estos que abandonan a su hijo en la orilla! Señora, yo soy el abuelo y estoy a su cuidado y es que mientras quitaba la camiseta al hermano, en dos segundos este se me escapó corriendo a la orilla. Ah. Bueno, lo entiendo.

Tras quedar deslomado ejerciendo de ingeniero de caminos canales y puertos, con las paletas y los cubos en la orilla del agua, al fin tienes un respiro y puedes ir a pegarte un bañito para quitarte toda la arena que tienes metida hasta salvas sean las partes. Regreso a casa, duchas, carreras y a preparar las comidas.  Sigue siesta reparadora y nuevamente la ceremonia de los preparativos playeros, idéntica a la de la mañana. Subes de la playa a las 8, son las 11 de la noche y aun los niños siguen corriendo de un lado a otro de la casa. Nuevo grito del abuelo que para eso es el viejo gruñón y todos a la cama. ¡Al fin! ya podemos relajarnos. Vamos a ver si picoteamos algo para cenar y pronto a la cama, que la noche puede ser muy dura. Mañana será otro día.

Le digo a mi mujer, relajate que ya queda poco para que nuestros hijos vengan y ellos ya empezarán a ocuparse de los niños. Nuevo error. Con los padres en casa la situación aún empeora más y el lio crece. Cuando pensabas que ibas a quedar liberado con la presencia de los padres, las cosas se complican aún más. Qué razón tenía un amigo mío cuando me decía que los nietos se compartan mucho mejor cuando están solos con sus abuelos. Pero es que, además, cuando pensabas salir a cenar solos tú y tu mujer para relajarte del follón, de pronto tus hijos reciben llamadas de sus amigos y te dicen ¿podéis quedaros con los niños? Es que queremos ir a cenar con los amigos. Mis hijos llaman a sus amigos y les dicen: Contad con nosotros que tenemos cobertura. Pues nada, a ver si hay suerte y mañana podemos quedar liberados, aunque me temo que igual se repite la historia.

En fin, no quiero cansar a nadie con esta historia de un abuelo gruñón, como me dicen que soy yo. Pero, creo estar seguro si digo que otros muchos abuelos que lean esto, estarán pensando lo mismo que yo. Es verdad que te entra cierta melancolía o tristeza cuando se van de nuevo a Madrid y te despides de ellos, pero, ¡qué ganas tengo de que se acaben las vacaciones de verano para relajarme y disfrutar de la libertad, la soledad y la tranquilidad doméstica! Por el momento, toca disfrutar de esa tranquilidad que se produce cuando todos los niños se han ido a la cama y están dormidos. Ahora es ese momento sublime que se produce cuando tienes un vino en a mano y lo saboreas tranquilamente relajándote del follón que has tenido en casa todo el día. Buenas noches.

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VIAJAR EN FEVE
Guillermo Díaz Bermejo 18-08-2017 | 8:23 | 0

Esta es la crónica de un viaje, en un tren de FEVE de la línea Ferrol/Gijón, realizado a paso de burra y propio de principios del Siglo XX, aun cuando estamos en una moderna España del Siglo XXI, que presume de tener una de las redes ferroviarias de alta velocidad más desarrolladas del mundo, con trenes Ave, Albia o Avant que superan los 250 km/h.

Un buen día, hablando con mis hijos sobre algunos comentarios que habíamos oído durante las vacaciones, relativos a la belleza de los paisajes costeros que se contemplaban desde las ventanillas del tren, planeamos coger el FEVE y hacer una excursión a Vivero. Analizamos los horarios y nos encajaban perfectamente para salir de la estación de Tapia a las 11, llegar a Vivero, dar un paseo, comer y regresar a las 5,30. Plan perfecto.

Cogemos los coches para acercarnos a la estación de Tapia de Casariego, que está a 7 km del pueblo y surge el primer interrogante: Si esa estación está en un paraje solitario, en el que la población más próxima es La Roda ¿por qué la llaman de Tapia, con lo que eso implica de confusión a los viajeros que creen llegar a Tapia y resulta que cuando bajan den tren, descubren que están en un despoblado y que tienen que ponerse a caminar siete quilómetros para llegar a su destino? Aparcamos los coches en algo que se parece a un matorral, y entramos en la estación, mejor dicho, algo que se parecía a una estación y que me recuerda a esas estaciones de las películas del oeste, situadas en parajes solitarios, donde el vaquero espera a la llegada del tren, tumbado con el sombrero tapándole la cara. Deterioro total, abandono, pintadas en lo que parecía ser la sala de espera y alguna que otra defecación humana probablemente de algún pasajero que igual iba un poco apurado.

Cuando estábamos esperando, pasa por allí un lugareño y nos dice que tenemos que subirnos al andén para que el maquinista nos vea, ya que si no el tren no para. Es decir, algo parecido a hacer auto stop pero en este caso ferroviario. Con un retraso de 10 minutos llega y nos subimos todos. Nos atiende amablemente el revisor, nos pregunta hasta donde vamos y pagamos los billetes. Nos informa que en Ribadeo igual tenemos que hacer trasbordo a otro tren, pero que estemos tranquilos que él nos informará, ya que unas veces hay que hacerlo y otras va directo. Nos aclara que él lo sabrá una vez lleguemos a la estación y el maquinista reciba aviso del área de tráfico. Nos matiza también que como es de Gijón, esas son cosas de Feve no las entiende. Que igual es que como ya estamos en Galicia, la respuesta en gallego es “depende”.

Empieza el viaje del tracatra. En el tren que hemos cogido, sólo hay cinco viajeros, así que como de mi familia nos hemos subido seis adultos y cuatro niños, tenemos la mayoría absoluta. El tren es nuestro y los niños se divierten corriendo de acá para allá. Contrariamente a molestar, esos cinco viajeros nos dicen que no nos preocupemos por los niños, que hasta están más cómodos y los chicos son un buen estímulo para soportar el aburrimiento de un viaje tan pesado e incómodo.

En lo que se refiere al paisaje, he de decir que, en la mayor parte del trayecto, el tren circula por unas trincheras llenas de vegetación que impiden ver cualquier tipo de paisaje, ya que son auténticos túneles de ramaje. Pero es que, además, de modo sorprendente, el convoy va rozando materialmente contra los arbustos y matorrales que han crecido al lado de la vía. El revisor, que a estas alturas del viaje ya se ha sentado a hablar tranquilamente con nosotros, nos dice que como no hay presupuesto, no se desbrozan las vías y que cuando salgamos fuera, podremos ver cómo el tren tiene la pintura totalmente rayada por rozar contra las ramas de los árboles.

Llegamos a Ribadeo, el tren se detiene en la estación, se baja el revisor y en unos segundos ya nos dice que nos bajemos, que hay que hacer trasbordo. Que el otro tren ya llega y lo cogeremos en el mismo andén. Continuamos el trayecto en otro convoy totalmente viejo y deteriorado y en un recorrido que en coche se haría en no más allá de 30 minutos, llegamos a Vivero tras dos horas y media de viaje.  Excepto las estaciones de Ribadeo y Burela, todas las demás están en parajes deshabitados y lejos de los núcleos urbanos, por lo que resulta difícil de entender que pueda haber viajeros que se desplacen a ellas para coger el tren. Se aprecia también que, al igual que la de Tapia, todas están totalmente desgradadas y en un estado de abandono deplorable.

Tras una buena comida en Vivero, llega la hora del regreso. Como la estación está en lo alto del pueblo, a las cinco empezamos a caminar para estar puntuales y no perder el tren. Una vez en el andén vemos que sólo hay dos chicos jóvenes esperando. Mosqueados ya porque el tren no llegaba a la hora prevista, charlamos con esos chicos y nos dicen que ellos van a la fiesta de San Ciprian y que el retraso es normal, que habitualmente ese retraso es de una hora. Como en el tren iban unos amigos que lo habían cogido en una estación anterior, los llaman por teléfono y estos confirman que ciertamente el tren va retrasado en una hora.

Soportamos estoicamente la espera y al fin nos subimos al convoy. Llegamos de regreso a la estación de Tapia a las 9 de la noche. En este caso, con retraso incluído, la duración del viaje fue de tres horas y media, mas los otros 10 minutos que tardamos en llegar al pueblo en nuestros coches.

Para terminar, he de decir que esa experiencia que esperábamos iba a ser bonita, termino siendo una auténtica pesadilla. Mi conclusión, por tanto, es muy clara: No volveré a utilizar el FEVE como medio de transporte. Ahora comprendo por qué este ferrocarril es tan deficitario. No alcanzo a entender como Renfe no hace nada para sostener este medio de transporte. En este estado, para reducir sus déficits, entiendo que lo más razonable sería eliminar el medio y se acabó el problema. Y como se trata de un servicio público, pienso que podría seguir prestándose con un autobús que, además de pasar por el centro de los pueblos, resultaría a todas luces más barato que un tren.

 

 

 

 

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POLÍTICOS INVESTIGADOS
Guillermo Díaz Bermejo 02-08-2017 | 9:14 | 0

No hace mucho tiempo, participando en una tertulia, pregunté al conferenciante invitado sobre las razones por las que, pese a toda la corrupción política que sufrimos, apenas haya sentencias condenatorias de políticos o banqueros corruptos. Sin duda, por su profesión, tuvo que ser políticamente correcto y se limitó a contestarme diciendo que el confiaba en la Administración de Justicia y en los Fiscales y que los que la han hecho, la terminarán pagando.

Yo sí confío en los Jueces y Fiscales a título personal, pero, por el contrario, en modo alguno puedo confiar en una Administración de Justicia que ante casos alarmantes de corrupción como los que tenemos, actúa con una lentitud exasperantemente (una justicia tan lenta no puede ser justicia), además de estar fuertemente politizada.  Tengo muchas razones para no confiar, razones que, a grandes rasgos, coinciden con lo que vienen denunciando algunas Asociaciones de Jueces y de Fiscales.

A nadie se le escapan las fuertes presiones y las continuadas interferencias del poder político sobre el poder judicial, tratando de controlar al Consejo General del Poder Judicial, al Fiscal General del Estado y al propio Tribunal Constitucional. Frente a los graves casos de corrupción que se produjeron en las filas de casi todos los partidos políticos, ni antes el gobierno del PSOE ni ahora el gobierno del PP, mostraron voluntad política para llegar a pactos y combatir la corrupción.

Desde el momento que, vía Presupuestos Generales del Estado, el poder político estrangula al poder judicial, no dotándolo de los medios personales y materiales que necesita, muy difícil lo va a tener cualquier juez al que le toque instruir un caso de corrupción complejo, para que, con las carencias que tiene en el juzgado, pueda actuar con celeridad y eficacia. En este momento, los juzgados son raudos y veloces para juzgar y condenar a un robagallinas, pero, cuando se trata de estos casos complejos de corrupción, se quedan bloqueados.

Tras todas las tramas corruptas que han ido apareciendo, en este momento tenemos a más de dos mil políticos investigados por corrupción y pese a que hay innumerables casos complejos en los despachos de los jueces, no se ha creado ni un solo nuevo juzgado de instrucción, no se han convocado plazas para nuevos jueces, las plantillas de personal se van reduciendo por mor de las jubilaciones y no se convocan nuevas oposiciones para, como mínimo, mantener la plantilla. Y si me refiero a los medios materiales, tengo que decir que, para instruir estos casos tan complejos del siglo XXI, los medios materiales con los que cuentan los juzgados son de principios del siglo XX.

Para paliar esta situación, todas las asociaciones de Jueces y Fiscales, sin excepción, así como los Letrados de la Administración de Justicia, trasladaron un manifiesto al Sr. Rajoy, pidiendo medidas concretas, pero, lamentablemente, no se ha hecho absolutamente nada. Y es precisamente por esta carencia de medios, por la que muchos políticos corruptos, con toda la ingeniería jurídico fiscal a su alcance, terminen eludiendo la acción de la justicia y la eluden, sencillamente, porque ellos tienen más medios que los propios juzgados, para escaparse de sus garras

En este momento, España está a la cola de la UE en número de jueces por habitante (solo Albania y Moldavia están por detrás de nosotros). Los Tribunales necesitan una policía judicial especializada en temas económicos y fiscales. Se necesita introducir reformas legislativas para evitar como ocurre ahora, que por las administraciones públicas circulen millones de euros sin control alguno. Se necesita modificar el Código Penal endureciendo las penas para los políticos corruptos, ya que resulta inadmisible que se soliciten dos años de prisión, multa e indemnización, para ese senegalés que vende Cds en los bares, que se le someta a un juicio rápido, mientras que muchos políticos corruptos, tras varios años de instrucción del procedimiento, se vayan de rositas a su casa saldando su condena con una pequeña multa.

Resulta igual de inadmisible que a toda velocidad, todo el peso de la ley caiga sobre una joven que ha resultado condenada a cinco años de prisión, porque encontró una cartera en la calle y utilizó una tarjeta de crédito que había en ella para comprarse productos en un supermercado por valor de 200€. Y entre tanto ocurre esto, cuando se trata de políticos y banqueros que materialmente roban fortunas, los asuntos se duermen en los tribunales, se pierden pruebas, prescriben delitos y aquí no pasa nada.

Como principio jurídico es cierto que todos somos iguales ante la ley, pero yo añado: menos los políticos y banqueros corruptos. Y añado también, el peso de la ley sólo cae raudo y veloz, sólo sobre los robagallinas.

En este momento, ante tanta corrupción como ha habido y hay, en casi 40 años de democracia, por la información que tengo, sólo cinco políticos han sido condenados por sentencia firme y han entrado en prisión para cumplir condena y, por supuesto, ninguno de ellos ha devuelvo lo robado, porque resultaron jurídicamente insolventes al no encontrarles propiedades en España, cuando, como es fácil pensar, sus fortunas quedaron guardadas en algún paraíso fiscal, fuera del alcance de los Tribunales españoles. Es cierto que hay 32 políticos en prisión preventiva, como Luis Bárcenas, Jaume Matas, Granados o Francisco González, pero más de dos mil siguen en la calle, en espera de que finalice la instrucción de sus procesos judiciales.

Con un nivel de corrupción política insoportable, es difícil de digerir que más de dos mil corruptos anden por ahí libres, porque los Tribunales, con todas sus carencias, se están moviendo con una lentitud y con una ineficacia que hace imposible una correcta administración de justicia.

En este estado de cosas y con el blindaje que les proporcionan esas carencias de los tribunales, a nadie le va a sorprender que los dirigentes políticos, haciendo alarde de un cinismo monumental, se limiten a mirarse al ombligo y decir: “yo no sé nada, yo no me enteré de nada, yo sólo me dedico a la política y las cuentas las llevan otros (como dijo el Sr. Rajoy hace unos días cuando compareció como testigo), o “que los jueces hagan su trabajo”.

Refiriéndome a esa declaración del Sr. Rajoy como testigo, yo no puedo confiar en un presidente de gobierno que sólo se dedicaba a la política y que, o por no haber vigilado convenientemente a sus cargos políticos, o por haberse equivocado estrepitosamente en su elección, haya generado tan alto nivel de corrupción en sus filas.  Tampoco puedo confiar en él desde el momento en que ha hecho caso omiso a las peticiones que le formularon Jueces y Fiscales. Igualmente, tampoco puedo confiar en un dirigente del PSOE que sólo tiene como objetivo político quitar del poder a Rajoy para instalarse el, pero que oculta todo lo pasado en las filas de su propio partido

Aún no he oído a ninguno de ellos, qué como primera providencia, hablen de un pacto de estado, para luchar contra la corrupción política, con acciones y medidas concretas. Tampoco he oído que ninguno de ellos hable de establecer medidas urgentes, para dotar a los Juzgados y Tribunales de medios materiales y personales suficientes para que puedan perseguir los delitos con eficacia.  Para ellos, lo importante no es esto. Su objetivo es llegar al poder y nada más. ¿es a estos a los que tenemos que votar? Qué pena.

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Sobre el autor Guillermo Díaz Bermejo
El blog de un jubilado activo dedicado al voluntariado social, permanentemente aprendiendo en materia del derecho de las nuevas tecnologías y crítico con la política y la injusticia social.