El Comercio
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UNA INSTITUCIÓN DE ROBO A GRAN ESCALA
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Guillermo Díaz Bermejo | 05-11-2017 | 10:39

Decía el filósofo americano Murray Rothbard que “el Estado es una institución de robo a gran escala y que los impuestos son tan solo un sistema que sirve para que políticos y burócratas roben el dinero de los ciudadanos y lo despilfarren de manera vergonzosa”.  ¡¡Qué gran verdad!! Creo que a estas alturas, en España podemos decir que esta afirmación es más que correcta.

A la vista de los balances  sobre los delitos cometidos por políticos y funcionarios, que el Poder Judicial vino elaborando, podemos ver que sólo en los dos últimos años, los juzgados y tribunales han procesado o abierto juicio oral a 3.218 políticos. De ellos, hasta ahora, sólo 134 han ingresado en prisión y 633 han sido ya condenados. Pero esto no es nada nuevo, ya que desde que se aprobó nuestra Constitución, la corrupción política ha sido una constante que ha pervertido nuestro sistema democrático.  Cuando Felipe González llegó al poder, anunció una serie de auditorías para descubrir algunos casos de corrupción en el gobierno de UCD. Terminó su legislatura  con 55 casos de corrupción política. En el gobierno de Aznar se registraron 7 casos, en el de Zapatero otros 32 casos y ahora en el de Rajoy ya llevamos 17 casos.

Esta es una muestra de los niveles de corrupción que tenemos en España,  y que a diferencia de otros países, no tiene su origen en policías corruptos, o narcotraficantes, o empresarios mafiosos. En nuestro país el origen de la corrupción está claramente localizado en las castas políticas que incurren en delitos como la prevaricación, la revelación de secretos, blanqueo de capitales, apropiación indebida, fraude, estafa, falsedad documental y quizá algún que otro tipo penal que en este momento estoy olvidando. Sin control efectivo del gasto público, los tentáculos de la corrupción se han extendido a todos los niveles de las administraciones públicas, hasta el extremo que la propia Unión Europea, ante este desmadre, ha publicado un informe del GRECO (Grupo de Expertos sobre la corrupción en España), donde nos critica abiertamente al tiempo que exige que de modo urgente se restaure la credibilidad de las instituciones.

Por si fuere poco, a estos niveles de corrupción, tenemos que añadir los gigantescos despilfarros que se han realizado con gigantescas obras faraónicas que no se necesitaban para nada y que, además, en muchos casos, ni han llegado a inaugurarse.  Sin ánimo de ser exhaustivo quiero referirme a los aeropuertos fantasmas como son los de Ciudad Real, Huesca, Castellón o Corvera en Murcia. En ellos se han despilfarrado más de 4.000 millones para que sólo tengan algún vuelo testimonial y alguno de ellos, además, ha terminado cerrado por falta de uso.  De modo concreto, en el de Castellón, aunque no sirviera para nada, se gastaron 300.000 euros para construir una estatua inspirada en Carlos Fabra.

Podemos hablar también de la construcción de puertos sin barcos, como es el caso de Laredo en Cantabria, o de hospitales que aún siguen sin abrir sus puertas. Podemos referirnos a esos proyectos faraónicos como son la Ciudad de la Cultura en Santiago de Compostela, el Centro de Artes de Alcorcón, la Ciudad de las Artes en Valencia, e incluso de nuestro centollu (Palacio de Congresos de Calatrava), o a algunas líneas y estaciones de AVE, como son las de Tardiente en Huesca, Guadalajara.Yebes, Puente Genil Herrera en Córdoba, Antequera-Santa Ana en Málaga, o Calatayud en Zaragoza. Se trata de unas costosísimas infraestructuras ferroviarias, con unos costes de mantenimiento brutales, y que sólo sirven para recibir a unos muy pocos pasajeros. En este aspecto de paradas de AVE ruinosas, el primer puesto del ranking lo lleva la parada de Tardiente que en 2003 costó algo más de 211 millones de euros y que sólo recibe a cinco o seis pasajeros a la semana. Pero no sólo se trata de paradas de AVE ya que también podemos hablar de vías férreas como por ejemplo los 15,3 km de alta capacidad, que Gallardón decidió construir para unir Madrid con el parque temático Warner. Se invirtieron más de 85 millones para que tras su puesta en funcionamiento, Esperanza Aguirre decretara su cierre ya que costaba 3,3 millones al año y sólo transportaba unos pocos viajeros al día.

Podemos hablar asimismo de las ingentes cantidades de dinero que se invirtieron para pagar grandes diseños a afamados arquitectos como Calatrava, Moneo o Foster y que finalmente no llegaron a ejecutarse.

Pero, las cosas no acaban aquí, ya que como los políticos consideran que somos ricos, según los datos de que se dispone, España es el sexto país del mundo en número de coches oficiales, al disponer de una flota de más de 35.000 vehículos de los que 5.000 están destinados al uso exclusivo de los políticos de turno. ¿se imaginan ustedes cuánto costará el combustible y el mantenimiento de esta mastodóntica flota?.

Y qué decir de nuestras Cámaras de representación, ya que el Parlamento y el Senado también son una fuente de despilfarro con sus privilegios. Yo no puedo entender que estén sentados en sus escaños, sentando cátedra, hablando de subir impuestos a los ciudadanos, o hablando de evasión fiscal, cuando son ellos los que pagan menos impuestos porque tienen unas exenciones fiscales que no tenemos el resto de los ciudadanos. Tampoco se puede entender tampoco que hablen de contenciones salariales o de dificultades con nuestro sistema de pensiones, cuando ellos tienen unos ingresos muy superiores a los de los asalariados más cualificados, con unas asignaciones, unos complementos y unos beneficios para alcanzar el cobro de su pensión vitalicia, que para sí quisieran todos los trabajadores españoles. Hablo de ayudas para el alojamiento, para taxis, para manutención, para gastos de representación o incluso para que puedan tomarse copas en las cafeterías de las instituciones, con precios subvencionados por todos los ciudadanos. Y, además, sin que fiscalmente tengan que tributar por esos ingresos extras. Se da la circunstancia además que, en muchos casos, pueden compatibilizar varios sueldos públicos.

Puedo terminar hablando de nuestros representantes políticos tanto en el gobierno central como en las autonomías o en los ayuntamientos, donde la situación también es indignante, ya que muchos de ellos se han enriquecido a costa de nosotros los ciudadanos, han estado implicados en todo tipo de tramas corruptas, han cobrado comisiones por la construcción de esas obras faraónicas que después no sirven para nada y que siguen ahí, negando descaradamente cualquier tipo de acusación.

Estos políticos que hemos tenido, creyeron que los ciudadanos españoles éramos unos corderitos y que aquí no iba a pasar nada. Pues no, no somos tontos y basta ya. A ver si, tras todo lo que ahora está ocurriendo en Cataluña, donde se están gastando ingentes cantidades de dinero público para volver a la normalidad, estos politócratas y partitócratas que nos han estado gobernando, empiezan a irse a sus casas para permitir que otros políticos, con altura de miras y con sentido de estado, empiecen a gobernar pensando en los ciudadanos y no en ellos o en sus intereses de partido. Por favor, tengan la dignidad de marcharse antes de que los ciudadanos los echemos.

¡¡en qué país vivimos!!.

 

Sobre el autor Guillermo Díaz Bermejo
El blog de un jubilado activo dedicado al voluntariado social, permanentemente aprendiendo en materia del derecho de las nuevas tecnologías y crítico con la política y la injusticia social.