El Comercio
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Fecha: diciembre 4, 2017
LA REVOLUCIÓN PENDIENTE
Guillermo Díaz Bermejo 04-12-2017 | 6:40 | 0

Me sirve de pie para hilvanar este artículo, lo que dijo el dramaturgo y premio nobel, Bernard Shaw: No dejamos de jugar porque nos hacemos viejos. Envejecemos porque dejamos de jugar.

Las generaciones de mi edad, mayores de 65 años y hoy jubilados, hemos nacido en una dictadura, en la que luchábamos por defender unos derechos y unas libertades. Luchábamos por alcanzar una democracia. Luchábamos por defender la igualdad de derechos entre los hombres y las mujeres o por combatir el racismo. Luchábamos por conseguir mejores servicios y una mayor calidad de vida Nos esforzábamos, trabajábamos duro, sufríamos estrecheces económicas, sacábamos a nuestros hijos adelante dándoles la mejor formación posible. Y en esa lucha continuada y muchas veces difícil, casi sin darnos cuenta, llegamos a la edad de la jubilación.

En esta nueva situación aceptada, pero muchas veces no querida, creo que las personas jubiladas tenemos ante nosotros una revolución pendiente y debemos de luchar por ganarla. Por suerte (no por desgracia, como algunos economistas sostienen, al decir que somos un problema para el sistema de pensiones y una amenaza en ciernes para el sistema económico), los españoles somos mucho más longevos y tenemos más calidad de vida que generaciones anteriores, gracias al buen sistema sanitario que tenemos y que seguro está entre los mejores del mundo, aunque algunos lo critiquen.

Aceptamos que el sistema económico o político decidiera que a los 65 años hoy y a los 67 dentro de un tiempo, todos tenemos que jubilarnos y por tanto ya tenemos que ser viejos, porque, según dicen, estamos obsoletos y amortizados. La cuestión es ¿a qué edad envejecemos?, porque una cosa es el envejecimiento y otra muy distinta es la longevidad. La longevidad (que por suerte para nosotros, es de las más grandes del mundo, debido a  que tenemos un claro incremento de nuestra esperanza de vida), es una cuestión de años cumplidos en el calendario, pero el envejecimiento no es sólo una cuestión de calendario, es sobre todo una actitud mental.

Desde mi punto de vista, los jubilados tenemos que tener una visión positiva del envejecimiento y tenemos que luchar para seguir manteniéndonos activos tanto física como mentalmente, ya que estamos ante el hecho constatable de que la población está viviendo muchos más años y con mucha más calidad de vida que otras generaciones anteriores. Con esta visión positiva, los jubilados tenemos que volver a luchar en esta nueva revolución que está ante nosotros y que tenemos que ganar. En modo alguno podemos asumir y aceptar la definición que la Real Academia de la Lengua hace sobre la jubilación o la vejez, cuando dice que nos cesan y nos dan un derecho a pensión por razón de vejez. O que nos dispensan del trabajo, por razón de nuestra edad o decrepitud que no nos permite realizar las actividades que teníamos o que nos incumbían, o cuando coloquialmente se nos dice que nos desechan porque somos inútiles. O sencillamente porque llegamos a una edad, donde ya tenemos derecho a la pensión de jubilación.

Tampoco podemos asumir ni aceptar que nosotros, los jubilados o los viejos, somos un problema porque generamos muchos gastos en pensiones, en sanidad, en dependencia o en otras muchas cosas. Muy al contrario, nosotros somos una gran oportunidad de negocio para el mundo empresarial donde pueden focalizarse nuevas inversiones dirigidas a los jubilados. Frente a este real hecho demográfico de una mayor longevidad, seguro que aparecerán nuevas actividades empresariales dirigidas a este sector de la población, que sin duda alguna van a generar muchos beneficios para ellas. Por tanto, nosotros no somos una carga. Somos una oportunidad de negocio.

Me niego a que se hable de nosotros como unas personas que tras la jubilación, tenemos toda clase de achaques, manías propias de los viejos, que se nos olvidan las cosas, que ya somos analfabetos digitales, que lo mejor que podemos hacer es dedicarnos a pasear para molestar lo menos posible, o a hacer viajes con el IMSERSO con bailes de salón incluidos, o que, como no tenemos nada que hacer, nos dediquemos a pasear a nuestros nietos.

Es cierto que, por mi edad de calendario, yo ya me estoy haciendo mayor, pero en modo alguno por mi manera de ser y de actuar.  No pretendo tener una segunda juventud cuando sigo haciendo buenas y largas rutas en bicicleta, esquiando o haciendo toda la serie de actividades  que mi estado físico me permite, aunque sea mayor. La etapa de la juventud ha quedado atrás y ya la tengo superada. No pretendo emular por tanto, todas aquellas actividades que hacía cuando era joven, pero si pretendo  romper esos estereotipos que se dan a la vejez. Pretendo vencer actitudes viejistas.

Quiero seguir haciéndome mayor cultivando mi aspecto físico, cultivándome intelectualmente a través de la formación, reciclando mis conocimientos profesionales e incluso emprendiendo nuevos procesos formativos. Me gusta sentirme orgulloso de mi edad y de haber llegado a donde he llegado. Pero esto no es suficiente y de ahí que quiera luchar por esa revolución pendiente que implica que siga preocupado y critique la política y la injusticia social.

Quiero resistirme a que algunos jóvenes me digan que nosotros ya estamos obsoletos y por eso reto a esos jóvenes a que en buena lid debatan conmigo sobre el uso por ejemplo de las nuevas tecnologías o que debatan conmigo sobre esa formación académica reglada en la que estoy inmerso ahora mismo, o que debatan conmigo sobre cuestiones empresariales o profesionales.

Nosotros somos un grupo muy numeroso y heterogéneo. Cada uno somos diferentes y también tenemos necesidades diferentes, pero hay algo importantísimo que nos une y es que tenemos la serenidad de la madurez, experiencia, sabiduría e independencia. Pero diría aún más, muchos seguimos teniendo coraje y fuerza. Y por eso considero que una sociedad coherente, debe de dar protagonismo a las personas que venimos de esta generación, ofreciéndonos la posibilidad u oportunidad de que podamos seguir estando activos.

Mi edad ya no importa, lo que importa es que ya tengo bastantes años y bastantes experiencias vitales para no tener miedo y para hacer aquello que quiero y siento. Y lo que quiero sencillamente es iniciar la revolución contra el envejecimiento, pasando a un envejecimiento activo en esta etapa de la vida en la que podemos seguir creciendo personalmente. Como alguien dijo. “tenemos que dar vida a los años y no solamente año a la vida. La población no envejece. Lo hacen las personas”.

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Sobre el autor Guillermo Díaz Bermejo
El blog de un jubilado activo dedicado al voluntariado social, permanentemente aprendiendo en materia del derecho de las nuevas tecnologías y crítico con la política y la injusticia social.