El Comercio
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Autor: guillermo.diaz_1400504256366
ESPIONAJE CONSENTIDO
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Guillermo Díaz Bermejo | 17-02-2018 | 9:18| 0

Son las 8 de la mañana y aunque no tengo despertador, automáticamente se me enciende la luz de la mesilla, se levanta la persiana que está programada para realizar esa función a la hora que tengo determinada y se conecta el aparato de radio. Todo esto está programado por una central domótica que se conecta con los sensores instalados en la casa   de modo inalámbrico. Tras la ducha y un buen desayuno, voy al despacho a leer prensa por internet, a contestar algunos correos y a conectarme a Facebook para colgar alguna cosa en mi muro. Hacia las 10 de la mañana meto el móvil en el bolsillo salgo de casa para ir a Secot, Este móvil lleva dentro un GPS que registra mis movimientos y controla todos los desplazamientos que hago. Igualmente llevo una pulsera electrónica que controla las horas que he dormido, los pasos que voy dando día a día, las calorías que voy consumiendo, o los pisos que subo y bajo. Me registra también sobre un Google maps el recorrido que he hecho en la ciudad. Después cojo el coche y conecto el navegador para que me lleve a una calle que no conozco. Vuelvo a casa y al acercame a ella, mi móvil emite una señal que automáticamente desconecta la alarma de intrusión que tengo conectada. Al entrar en mi despacho, de modo automático empieza a sonar la música que tengo programada y que oigo por cuatro altavoces inalámbricos.

Esto no es una escena de ciencia ficción. Ni tampoco vivo en una casa del futuro. Mi vida es una vida inteligente que ya existe. Mi vida ya está dentro de un mundo interconectado donde de modo voluntario, estoy consintiendo que me espíen de muchas formas y maneras. Es decir, la tecnología me permite más calidad de vida y mejores servicios, pero, desde el momento en que tengo tantas cosas al alcance de mi teléfono o al alcance de una central domótica conectada a internet, he accedido a que de modo consentido sea espiado por muchas empresas y organizaciones.

A modo de ejemplo, al abrir sesión en Facebook, la página me dice qué amigos tengo cerca de donde estoy ubicado, me dice en qué restaurante han estado otros amigos y sobre todo me va añadiendo publicidad de páginas que he visitado para comprar algo y que, sin leer nada de sus normas, he aceptado que me instalen cookies o he autorizado que me envíen publicidad. En el móvil que he metido el en bolsillo, llevo instaladas algunas aplicaciones y como ya se ha descubierto, muchas de esas aplicaciones que tengo instaladas, llevan rastreadores que permiten recoger datos sobre mí, sin que yo me entere. Y de este modo, por ejemplo, el rastreador escucha los altavoces de una tienda en la que he entrado a comprar y por ello puede saber en qué establecimiento estoy comprando. De ese modo esa aplicación informa al competidor para que contraataque y me ofrezca precios mucho más competitivos que esa tienda física.

Una vez que estoy fuera de casa, desde el mismo móvil, pulsando un botón, puedo subir o bajar persianas, apagar luces, ver las cámaras que tengo dentro de la casa para detectar intrusos, o para controlar quien está dentro o lo que hace. Incluso, si quiero mediante un mensaje el teléfono móvil me avisa de la salida o a llegada a casa de mi mujer, hijos o asistenta, o si por el contrario la casa está vacía.

Siguiendo con el móvil, como ese artilugio lleva instalado un GPS de ubicación, los operadores de telefonía pueden conocer todos mis movimientos. De hecho, el propio gobierno utiliza el sistema Sitel para detectar no sólo mis movimientos, sino todas las llamadas telefónicas que he hecho o todos los mensajes que he enviado o lo que he chateado con alguien.

En definitiva, tengo que reconocer que el uso de mi teléfono móvil, el uso de la domótica, el uso de redes sociales, el uso de servicios de Google y otros, me ha colocado en una situación en la que estoy aceptando voluntariamente que me espíen. Es un manifiesto espionaje consentido ya que, en algún modo estoy aceptando el uso de muchas cosas que me facilitan la vida, o que me proporciona divertimento, a cambio de ponerme en manos de ese Gran Hermano que todo lo ve y todo lo espía, y además lo hago con no mucho cargo de conciencia.

De hecho, ya he leído la noticia de que en Estados Unidos se ha estado espiando a los ciudadanos a través de sus teléfonos móviles, cámaras web y otros muchos dispositivos conectados a internet. De modo concreto, en España, como decía antes, nuestro gobierno está utilizando el sistema Sitel que, aun cuando se dice que sólo se utiliza bajo mandamiento judicial, tiene insuficientes garantías jurídicas y eso hace que policía, guardia civil o miembros del CNI, puedan recoger datos asociados de las comunicaciones, sin que para ello sea necesaria la autorización judicial.

Por tanto, si en este nuevo mundo llamado “internet de las cosas” donde todo está interconectado en la red, donde hay geolocalización, donde además de móviles, hay pulseras y relojes inteligentes, donde ya se están experimentando coches autónomos sin conductor, es más que evidente que la privacidad desaparece ante nuestra necesidad o conveniencia de tener servicios mejores o más cómodos.  Por ejemplo, yo sé perfectamente que Facebook compró WhatsApp porque de ese modo obtenía millones de números de teléfono que sin duda iba a utilizar para fines altruistas, sino para fines comerciales. Pero, pese a eso yo no me he dado de baja en esos servicios y, muy al contrario, soy muy activo en los mismos.

También sé que en el móvil tengo un micro y que cuando quiero buscar algo en Google, en vez de escribir, uso el comando de voz y sé que todo lo que diga o escriba en la búsqueda de Google, todo va a terminar grabado y registrado en sus servidores.

En resumen, estamos viviendo en una gran paradoja. Por un lado, tenemos una gran preocupación por nuestra privacidad, cerramos puertas y ventanas para que nuestros vecinos no nos vean y no sepan lo que hacemos, pero después, nos ponemos en manos de ese gran hermano de los datos, desnudamos nuestra intimidad y (muchas veces sin enterarnos porque ni tan siquiera hemos leído las condiciones de uso de los servicios), cedemos nuestros datos a empresas tecnológicas como Facebook. Google, Telefónica, Vodafone, etc. y con ello estamos facilitando que puedan producirse filtraciones y cesiones de esos datos de modo abusivo, además de estar abriendo la puerta a toda clase de ciberdelitos.

La pregunta que en este estado de cosas yo haría a cualquier ciudadano es: querido amigo ¿qué prefieres? ¿Más libertad y comodidades o más protección de tu intimidad personal? Aunque, casi me anticipo a decir que ya sé la respuesta, porque si como ocurre en mi caso, yo sí me preocupo de leer las condiciones de uso cuando utilizo uno de esos servicios tecnológicos y aun sabiéndolo, tomo la decisión de utilizar los medios que me proporcionan servicio, comodidad o incluso placer. Lo que sí tengo muy claro es que ninguna empresa me va a ofrecer servicios gratuitos si no es a cambio de algo. Y evidentemente, lo que ofrecemos a cambio son nuestros datos personales y con ello aceptamos abiertamente que nos espíen.

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PORTAVOZAS Y MIEMBRAS
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Guillermo Díaz Bermejo | 09-02-2018 | 10:27| 0

Hace algunos años ya escribí algo que titulaba “cargos públicos y cargas públicas”, hablando de las lindezas linguísticas de algunos dirigentes políticos. Primero empezó el lehendakari Ibarretxe con eso de los vascos y las vascas, después siguió la ministra Bibiana Aído con lo de los miembros y las miembras y ahora nos encontramos con con la  ”Portavoza” de  la “miembra” de Podemos, Irene Montero. Me sorprende que muchos políticos y algunos periodistas defiendan y utilicen de modo insistente, para dar más visibilidad a las mujeres, los dos géneros: ciudadanos y ciudadanas, niños y niñas, usuarios y usuarias, etc.

Vamos a ver, yo no soy ningún experto lingüista, ni tan siquiera un buen conocedor de la gramática española. Tengo 68 años y desde la escuela, pasando después por el instituto, tuve la suerte de estudiar bajo unos planes de estudio en los que se valoraba el esfuerzo y se perseguía una formación integral. (viendo lo que veo en los modernos planes de estudio, creo que esa formación que recibíamos en aquellos tiempos era mejor que la actual). De modo concreto recuerdo que, ya en primero de bachiller, una b o una v mal puestas, o una acentuación incorrecta, implicaban una fuerte bajada de la nota de un examen.

Ciñéndome a la gramática, aprendí qué por economía lingüística, cuando utilizamos el plural, ha de hacerse sólo en género masculino. Hoy en día, la propia Real Academia Española se manifiesta en el sentido de decir que utilizar en plural el género masculino y femenino, es un circunloquio innecesario puesto que emplear el género no marcado, es suficientemente explícito para abarcar a los individuos de uno y otro sexo. Frente al uso de “señoras y señores” o “damas y caballeros”, la RAE sostiene que puede tratarse de un tratamiento de cortesía comúnmente conocido, pero técnicamente, este tratamiento destruye la economía del lenguaje.

Parece por tanto que, una cosa es el género puramente gramatical de nuestra lengua castellana (el masculino es el género no marcado que incluye a individuos de ambos sexos) y otra cosa distinta es el sexo de una especie. El uso del plural masculino ya tiene antecedentes latinos muy claros y variados: reges (el rey y la reina); filii (los hijos y las hijas; frates (el hermano y la hermana), etc. Y es precisamente esta confusión y también razones de tipo ideológico o sexista, la que lleva a que muchos adopten la práctica del desdoblamiento de género en sus discursos. Aducen para ello que la lengua castellana es machista al referirse en plural, sólo al género masculino, pero ignoran que ese plural genérico derivado del latín no tiene nada que ver con la composición de nuestra sociedad y sí con la necesidad de simplificar la oratoria. Y una prueba clara de que el género no significa sexo es que, al menos que yo sepa, una mesa no tiene una vagina, al igual que un sol no tiene un pene.
Si yo ahora digo que el oso es una especie en extinción en Asturias, evidentemente me estoy refiriendo a la especie y no a los osos machos o las osas hembras. O si digo que los recortes sociales del gobierno han perjudicado a los españoles, está claro que no me estoy refiriendo sólo a los hombres por contraposición a las mujeres. O si en la calle pregunto a un amigo por sus hijos, es evidente que estoy preguntando por su hijo y su hija. Por tanto, cada vez que los políticos recurren a estos desdoblamientos, es evidente que se están apartando no ya del lenguaje gramaticalmente correcto, si no del propio lenguaje común.

Y si haciendo esas redundancias lingüísticas, se quedan tan panchos y creen que son unos genios del discurso utilizando su lógica parda, centrada en el sexo y no en el género, que me digan si cuando hablan a los vocales de una junta, van a decir señores “vocales” y señoras “vocalas”, porque entonces cuando se refieran a la “presidencia”, también tendrán que referirse al “presidencio”. Y entonces concluirán que si es una mujer será “la presidenta”, pero si es el hombre será el “presidento”. De modo similar, siguiendo su lógica basada en el sexo, en vez de “capilla ardiente” tendrían que decir “capilla ardienta”.

Señores políticos genios de la oratoria, entérense, que se dice estudiante y no estudianta; paciente y no pacienta; independiente y no independienta;  dirigente y no dirigenta; o residente y no residenta. A algunos periodistas también les diría que por el hecho de ser hombres, no son periodistos, que son periodistas.  Termino parafraseando a una profesora que dirigió una carta abierta a un grupo de personas que habían firmado un manifiesto en defensa del género y que decía: Tengo la esperanza de que esta carta llegue a esos ignorantes semovientes (no ignorantas semovientas, aunque ocupen cartas ministeriales) y hacerles ver que esos firmantes del manifiesto eran: el dentisto, el poeto, el sindicalisto, el pediatro, el pianisto, el golfisto, el arreglisto, el funambulisto, el proyectisto, el turisto, el contratisto, el paisajisto, el taxisto, elartisto, el periodisto, el taxidermisto, el telefonisto, el masajisto, el gasisto, el trompetisto, el violinisto, el maquinisto, el electricisto, el oculisto, el policío del esquino y, sobre todo, ¡el machisto!

Concluyo diciendo: No es lo mismo ser “un cargo público” que “una carga pública” Igual estoy equivocado y pensando bien, sólo son una carga pública.

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PENSIONES
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Guillermo Díaz Bermejo | 25-01-2018 | 5:04| 0

Acabo de recibir una carta del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, firmada por la ministra Fátima Báñez, en la que me comunica que, con el objeto de conciliar mejoras anuales garantizadas con la necesaria salvaguarda económica para las generaciones futuras, el incremento de mi pensión en 2018, será de un 0,25%. Leí esta carta con resignación, ya que este mínimo legal, se viene aplicando desde los cinco últimos años. Pero también la leí con bastante indignación porque esta carta, en la que el gobierno se da todo el autobombo del mundo, vanagloriándose de unos éxitos que sólo son medias verdades, se ha gastado la friolera de 4,9 millones de euros que es el costo de enviar 9 millones de cartas que tienen un costo de 0,55€ de franqueo cada una, conforme a las tarifas de Correos.

Me indigna, asimismo, que oculte el real incremento del IRPF que se aplica a estas pensiones, IRPF que, a mi juicio, en modo alguno puede ser aplicable, ya que la pensión no es una renta del trabajo. En su caso, sería una renta del capital de ese saco de las pensiones que se ha llenado con las cotizaciones de muchos años atrás, y como todo el mundo sabe, las rentas del capital tienen un tipo impositivo mucho más bajo.

La leí con resignación también, al acordarme que hace dos años, en una conferencia de prensa posterior al Consejo de Ministros, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, había admitido que ese 0,25% es un alza modesta, pero que va a tener un mayor efecto en la capacidad de compra de los pensionistas, al coincidir con una inflación igual a O, o negativa. El caso es que, en 2017, la inflación fue del 1,12% y en 2016 del 1,5%.

Estoy convencido, además, que se seguirá aplicando en años futuros, ya que, según sostiene la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIRF), el sistema de pensiones estará en déficit al menos hasta 2020. El problema es que, aun cuando es necesario un pacto de estado sobre las pensiones, ni el Gobierno ni la oposición, parece que tengan prisa en conseguirlo. Me acordé igualmente de que, tiempo atrás, el presidente también había dicho que, en el tema de las pensiones, el Gobierno hace lo que puede.

Lo cierto es que la llamada hucha de las pensiones se vacía, pero nadie se atreve a confesar que ese gigantesco saco de las pensiones, que se ha ido llenando durante más de cincuenta años y que, sin duda alguna, sostendría sin problema el desequilibrio actual entre cotizantes y pensionistas, ha sido usado para otros fines distintos a los de pagar pensiones. Es indignante que el gobierno de Mariano Rajoy haya destinado al rescate de las Cajas de Ahorros, la misma suma que había en la llamada hucha de las pensiones.

Lo cierto es que, incumpliendo sus promesas electorales y después de haber negado de modo reiterado que no iba a tocar las pensiones, el Sr. Rajoy incumplió manifiestamente la propia legislación que, en aquel momento existía para regularizar las pensiones y privó a los pensionistas de su adaptación al incremento del IPC que legalmente les correspondía. No me sorprende esto porque ya estoy acostumbrado a que el presidente del Gobierno diga una cosa para hacer justamente la contraria. Dice reiteradamente que las medidas de pensiones son “difíciles y dolorosas” o que “no hacemos lo que nos gusta sino lo que podemos” o “que el objetivo es equilibrar el presupuesto”. En resumen, justificaciones, justificaciones y más justificaciones.

Pero, en realidad ¿el Gobierno está haciendo verdaderamente lo que puede? Pues yo digo categóricamente que no. Sólo ha metido la tijera en pensionistas, trabajadores y funcionarios, pero sigue resistiéndose reiteradamente en aplicar medidas en las castas políticas.

A modo de ejemplo, ha habido una iniciativa popular firmada por más de 500.000 ciudadanos (mínimo legal exigido para poder formularla), en la que se sometía al Parlamento una Proposición de Ley para eliminar las prebendas que los políticos tenían una vez acabado su mandato. Con todo el descaro del mundo el presidente del Congreso acordó no admitir a trámite esta iniciativa, escudándose en que el artículo 72 de la Constitución, reserva a las Cámaras, de modo exclusivo, este tipo de iniciativas. Si hubiera habido voluntad política de recortar, seguro que sí se habría admitido a trámite.

Y ¿para cuándo las reducciones de empresas públicas deficitarias de lo que tanto se habló? Apenas se ha reducido un 5%. Y ¿para cuándo la supresión del Senado que no sirve de nada? Y ¿para cuándo el recorte, solapamiento de competencias, y centralización de Administraciones Autonómicas y Ayuntamientos?

Y si hablamos de carga impositiva, en vez de tantas subidas de IVA y otros impuestos, cuando de una vez por todas, va a dar órdenes para que el 80% de los efectivos de la Agencia Tributaria sean orientados a intervenir y fiscalizar las grandes fortunas y las grandes empresas, que es donde están las grandes bolsas de fraude?

No sigo poniendo más ejemplos porque me indigno aún más… Sólo decirle Sr. Rajoy que Vd. ha prometido electoralmente unas cosas y está haciendo todas las contrarias. Está actuando como un funcionario de la UE y sólo se limita a cumplir sus instrucciones y para limitarse a hacer sólo esto, nos sobran políticos en España. Funcionarios cualificados que los tenemos y muy buenos, podían gestionar sin problema todas esas instrucciones que nos llegan de Bruselas.

Ya no me vale eso de escudarse en la herencia del anterior gobierno socialista. Al igual que el Sr. Zapatero ha sido el peor de los presidentes que hemos tenido, usted se está convirtiendo en el presidente que está incumpliendo todas sus promesas. Yo a esto lo llamo fraude político.

 

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CULTURA EMPRENDEDORA
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Guillermo Díaz Bermejo | 17-01-2018 | 12:11| 0

Finalizado el ejercicio 2017, en la asociación a la que pertenezco, SECOT (seniors españoles para la cooperación técnica), hemos realizado un análisis y una valoración de las personas interesadas en el emprendimiento, que han acudido a nuestras oficinas, en busca de apoyo para montar su propio negocio.

Acudieron a nosotros bastantes desempleados en busca de ayuda para salir del paro y buscar en el autoempleo una fórmula para ganarse la vida. No obstante, en este último año, probablemente a causa de la reactivación del mercado de trabajo, pese a que sólo solo se encuentren trabajos temporales o precarios, el número de personas que recurrieron a nuestros servicios de asesoramiento y consejo, para emprender una actividad, se redujo a más de la mitad.

También es cierto que a nosotros llegaron muchas personas que, con el señuelo de la tarifa plana para autónomos, implantada por el Gobierno en 2013 y que reducía ostensiblemente las cotizaciones a la seguridad social, veían en ello una oportunidad de emprender. Pero, el problema estaba en que tenían su idea de trabajar por cuenta propia, muy poco madurada, y sobre todo sin un buen plan de negocio, lo que evidentemente, los abocaba al fracaso. Fueron muchos los casos en que nuestro asesoramiento y diagnóstico final fue: “no te lances a la aventura, que tu negocio no va a ser viable”. Por el contrario, han sido muy pocos los casos en los que nuestra opinión fue: “adelante, tu idea de negocio es viable”. Evidentemente nuestros equipos de seniors se volcaron y tutelaron a estas personas hasta poner en marcha su negocio.

La realidad es que en España aún hay muy poco emprendimiento. En este momento, tras Bulgaria, somos el penúltimo país de la UE en número de emprendedores. Según datos de la OCDE, sólo un 2,6% de las personas entre 18 y 65 años deciden crear una empresa o un negocio propio. También estamos alejadísimos de Estados Unidos donde sí hay verdadera cultura emprendedora. Las causas de este bajo nivel de emprendimiento seguro que son varias, pero probablemente las más importantes son de tipo cultural o educativo.

En el transcurso del pasado ejercicio 2017, hemos hablado mucho con la Universidad, con los Centros de Formación Profesional y con algunas organizaciones que pretenden impulsar el emprendimiento. La impresión con la que nos quedamos no es muy halagüeña. Se da la circunstancia además que lo que hemos podido confirmar, son los datos de un estudio realizado por Educa2020 y la Fundación Axa, a través de una encuesta ¿y después de la Universidad qué? Sólo uno de cada diez estudiantes afirma que quiere montar su propio negocio. Parecido dato, lo constatamos personalmente en SECOT con ocasión de la impartición de algunas píldoras formativas que hemos hecho en algunos Centros de FP, donde en aulas con 25 o 30 alumnos, a la pregunta de cuántos de ellos pensaban montar su negocio, sólo dos o tres levantaban la mano.  La idea más extendida entre los estudiantes es trabajar en la función pública o en una gran multinacional. Parece que la preferencia de la mayor parte de los estudiantes es alcanzar esa hipotética seguridad laboral que proporciona ser funcionario o ser empleado de una gran empresa.

La cuestión a nuestro juicio es muy clara, si queremos que haya más jóvenes emprendedores, que a la larga son los que van a generar nuevos empleos (las pequeñas Pymes son las que más empleo generan), es preciso ir cambiando esta mentalidad para que tanto desde la Administración, como desde la enseñanza universitaria y de FP, se empiece a dar valor a la actividad emprendedora. Cambiando esa mentalidad en las aulas, poco a poco y haciendo que la Administración vaya reduciendo ese complejo marco jurídico, lleno de normas mercantiles, laborales, fiscales y lleno también de una enorme y dispersa normativa, con leyes, reglamentos autonómicos u ordenanzas locales, se podrá ir abriendo el camino para que las personas emprendan negocios, sin necesidad de gastarse ingentes cantidades de dinero en asesoramientos de todo tipo, necesarios para iniciar la actividad.

Las Administraciones tanto centrales como autonómicas o locales, asimismo, tienen que dar un gran giro y empezar de verdad a mejorar las actuales políticas de apoyo al emprendimiento. No valen parches por aquí y por allá. Se necesitan políticas claras y concretas. Paralelamente a esto, como el emprendedor suele encontrarse siempre con grandes dificultades de financiación, se necesita de modo urgente que se impulsen nuevos calales de financiación, tanto bancarios como no bancarios, incluso con la concesión de ayudas a esta financiación.

Los seniors de Secot, organización sin ánimo de lucro y declarada de utilidad pública, somos directivos de empresa, profesionales y empresarios, qué al llegar a nuestra jubilación o prejubilación, decidimos dedicarnos de modo altruista a ayudar y asesorar a esos emprendedores. Somos voluntarios y no cobramos por nuestros servicios de asesoramiento. No entendemos por tanto qué desde las Administraciones, qué si tienen medios, no nos ayuden a impulsar y patrocinar la prestación de estos servicios que prestamos de modo altruista, promoviendo y desarrollando necesarios acuerdos de colaboración. ¿acaso es que la Administración no valora unos servicios que se prestan de modo altruista y desinteresado?

La Administración gasta ingentes cantidades de euros procedentes de las arcas públicas, para reinsertar a personas en el mercado laboral, pero, en sentido contrario, se ha olvidado de ayudar a esas personas autónomas que desean iniciar un negocio o una actividad profesional. Es hora de que empiece a poner el foco en estas personas emprendedoras, que, en definitiva, son las que van a crear puestos de trabajo. No es admisible ni aceptable que el número de trabajadores autónomos, se haya reducido en el pasado ejercicio.

Ojalá algún dirigente político lea este artículo, valore lo que hacemos en organizaciones como Secot, donde existe un caudal de conocimientos y experiencia empresarial y promueva que se suscriban acuerdos de colaboración para fomentar el emprendimiento, algo que gustosamente hacemos de modo altruista porque, ayudando a emprendedores nos ayudamos a nosotros mismos que, aunque jubilados, no estamos dispuestos a envejecer mentalmente.

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LA TOMA DE GRANADA
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Guillermo Díaz Bermejo | 03-01-2018 | 8:39| 0

26166851_142571663196798_8397585533785773170_nAyer 3 de Enero de 2018 se cumplió el 526 Aniversario de la Toma de Granada, en la que Boabdil el Chico entregó las llaves de la ciudad a los Reyes Católicos. Es el aniversario capicúa del comienzo de nuestra expansión y dominio de más de medio mundo. Creo que esto debería de hacer reflexionar a nuestros gobernantes sobre la unidad de España y sobre lo que fuimos y deberíamos de ser en el contexto mundial.

Pero, como veo que las bases de “Podemos” están exigiendo a España que pida perdón a los musulmanes por esta gran infamia que ha sido la toma de Granada y como me he quedado confusotelúrico con esa exigencia, traté de encontrar una razón de peso que sostuviera esta petición podemita, empecé a indagar en la hermenéutica, que es un método interpretativo  empleado por la teología, la filosofía, la historia, la jurisprudencia, la lingüística y hasta el psicoanálisis. Me hice una primera pregunta ya habitual en el mundo Luthierano: ¿La hermenéutica telúrica incaica transtrueca la peripatética anotrética de la filosofía aristotélica por la inicuidad fáctica de los diálogos socráticos no dogmáticos?

Como esta pregunta la tenía clarísima y  podía responderla con facilidad, me lancé rápidamente a tratar de interpretar la petición de las bases de Podemos, petición que claramente se incardina en unas declaraciones que hace muchísimos años habían hecho los Incas cuando fueron invadidos por los españoles. Estas declaraciones de Podemos, iguales a las de los Incas, se oponen rotundamente al cambio de la filosofía aristotélica a causa de lo injusto de los diálogos socráticos no dogmáticos. Como todo el mundo sabe, la palabra dogmático viene del dogmatismo que es una postura filosófica que dice que más o menos, se basa en que hay una verdad irrefutable a la vez que indefendible, contrapuesta, excluyente e incluso referente. Entonces la respuesta es no, porque los Incas nunca tuvieron nada que ver con la filosofía aristotélica o socrática, excepto, claro está, cuando los españoles los invadimos y una de sus excusas era, siguiendo la filosofía aristotélica de la guerra justa, que esa guerra había sido injusta.

Seguí filosofando sobre la estupidez humana, la infinidad del Universo, así como sobre la inmortalidad del cangrejo e indagando sobre las cosas que no tienen ningún sentido como por ejemplo qué ser si no sé nada y entonces como no sé nada suelto una parida y digo alegremente que hay que pedir perdón a los musulmanes por conquistar Granada y de paso, dando sentido al sinsentido de la petición, me apoyo en las teorías presocráticas, socráticas y postsocráticas para preguntarme por ese aspecto histórico de la conquista de Granada. La primera cuestión es determinar quién tiene razón sobre pedir perdón o no y como los filósofos no se ponían de acuerdo se crearon grandes combates que resultaron ser el origen del boxeo. (el enfrentamiento más famoso fue el de Parménides y Heráclito ya que el primero le arrancó la oreja de un mordisco y la tiró al suelo).

Pasemos ahora a la famosa teoría filosófica apoyada en los “huevos”. En la antigüedad las leyes de la naturaleza estaban regidas por ese argumento de autoridad tan conocido de “por mis cojones”. Los dioses mandaban en todo hasta que aparecieron esos toca cojones que dijeron que los dioses no existían y que por tanto las cosas sucedían porque los más fuertes lo decidían y así la pérfida Isabel la Católica mandó a Colón  en 1492 a explorar, conquistó el Nuevo Mundo y se asentó en el igual que también lo hizo Portugal y después los franceses y los ingleses. España llegó a conquistar la mayor parte de América debido a que fue el país que patrocinó el viaje de descubrimiento, por medio de los Reyes Católicos, y que antes inició la colonización. Mediante una bula del papa Alejandro VI, se declaró legítima la posesión española de todas las tierras encontradas más allá de cien leguas al oeste de las islas Azores. Paralelamente, como la reina Católica no tenía esos atributos ordenó a su marido Fernando que sí los tenía, la toma de Granada, en castigo a los musulmanes que algunos siglos atrás nos habían invadido. Previamente a Isabel, en Asturias, nuestro Don Pelayo ya había empezado a dar estacazos a los sarracenos en la batalla de Covadonga, para expulsarlos.

Así que, si nos apoyamos en la hermenéutica de los Podemitas, España, además de a los musulmanes, tiene que ir corriendo a América a pedir perdón a los americanos. Por tanto, que de modo inmediato se suspendan esos actos que hay programados por los avilesinos para ir un día de estos a La Florida a hermanarse y profundizar en las raíces españolas de los Estados Unidos. No sé si es porque queda muy al Norte, los podemitas se han olvidado de Don Pelayo, ya que de traerlo a la palestra, los Asturianos tendríamos que salir corriendo a pedir perdón a los musulmanes por haber iniciado la reconquista de España. Pues estemos preparados porque cualquier día propondrán que se prohíba el himno de Covadonga.

Igualmente tendremos que salir corriendo a pedir perdón a media Europa, ya que a la muerte de los Reyes Católicos, por esa teoría de “manda huevos” Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, llamado el César, se hizo dueño de medio mundo (en mi imperio nunca se pone el sol). Era Emperador Semper augusto de los romanos, de las dos Sicilias, de Jerusalén de Cerdeña, de Córcega, de los Algarbes, de Algezira, de las indias. Emperador de Alemania, de Austria y del Tirol. Soberano de los Países Bajos,  Duque de Atenas, de Borgoña de Brabante y de Neopatria. Conde del Ruysellón y de la Cerdeña, Marqués de Oristán, Archiduque de Austria. Sentó las bases tras la conquista de Magallanes de las Islas Filipinas y Marianas.

Por tanto, vayamos preparándonos para ir recorriendo media Europa a pedirles perdón por nuestro despropósito de ser sus gobernantes. Ah y se me olvidaba, también tendremos que ir corriendo a África para pedir perdón por ser esos indignos que colonizamos el Sáhara, la Guinea Española, el Protectorado de Marruecos y no sé si se me olvida alguna colonia más. Correremos también a las Islas Filipinas y a Jerusalén.

Uffs ya estoy agotado sólo de pensar cuantos viajes van a tener que hacer nuestros gobernantes para ir pidiendo perdón por todo el mundo. Para terminar ¿han entendido algo de esa filosofía podetocrática de pedir perdón por la toma de Granada? Yo, al igual que les pasaba a los Luthiers, y pese a mis avanzados conocimientos de la interpretación hermenéutica,  no he entendido nada.

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Sobre el autor Guillermo Díaz Bermejo
El blog de un jubilado activo dedicado al voluntariado social, permanentemente aprendiendo en materia del derecho de las nuevas tecnologías y crítico con la política y la injusticia social.