Datos importantes sobre las pantallas LED

La tendencia de las pantallas LED (diodo emisor de luz) en el ámbito publicitario es una situación que, según varios especialistas consultados, llegó desde hace varias años al Ecuador.

Actualmente, en algunas ciudades como Valencia, así como en otras ciudades del país, se hacen más evidentes y numerosas. Por ello, el impacto publicitario es cada vez mayor.

Las distintas empresas que se dedican a la instalación de este tipo de publicidad en el país ofrecen precios desde los  30 mil euros, por la colocación, y  1.000 €, por la publicidad.

Sin embargo, la proliferación de este tipo de publicidad en calles y carreteras empieza a generar debate en cuanto a la distracción visual que genera en los conductores y peatones.

Sin ir más lejos, en Valencia se ha colocado una  de estas pantallas LED a la entrada de la ciudad desde la CV-35 donde se puede ver publicidad de grandes marcas como Coca-Cola o bien estrenos de cine.

Ahora falta ver el efecto que puede tener este tipo de publicidad en los conductores, y si puede ser un a distracción para la conducción.

La tecnología LED podría ahorrar 670 millones de toneladas de emisiones de gases de efecto invernadero cada año

La tecnología LED (diodos emisores de luz) podría ahorrar 670 millones de toneladas de emisiones de gases de efecto invernadero cada año, según se desprende de los resultados del proyecto ‘LightSavers’, que se realizó durante dos años y medio en 12 ciudades diferentes como Nueva York, Londres, Calcuta o Sydney.

El estudio señala que la iluminación es responsable del 19% de la energía mundial y de alrededor de un 6% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero por lo que, a juicio de los autores, duplicar la eficiencia en la iluminación a nivel mundial tendría un impacto sobre el clima equivalente a la eliminación de la mitad de las emisiones de toda la producción de electricidad y calor en la UE.

Por ejemplo, en el caso de Estados Unidos, los expertos calculan que recortar la utilización de la energía en un 40% ahorraría 53.000 millones de dólares en costes anuales de energía y supondría una reducción de la demanda de energía equivalente a la producción de 198 centrales eléctricas de tamaño medio.

El estudio también refleja que el alumbrado público con tecnología LED puede generar un ahorro energético de hasta el 85 por ciento. Además, las encuestas reflejan que los habitantes de las ciudades piloto –entre el 68% y un 90%– prefieren este tipo de iluminación, citando los beneficios sociales y ambientales.

Asimismo, la vida útil de la iluminación LED probada oscila entre 50.000 y 100.000 horas, lo que indica un alto retorno de la inversión. El informe subraya que la iluminación LED fue ideada como una tecnología duradera con los mínimos costes de mantenimiento. La tasa de fracaso de los productos LED antes de 6.000 horas de uso es de alrededor del 1% comparado, por ejemplo, con el 10% que presenta la iluminación convencional durante un período de tiempo de uso similar.

El informe completo –’Iluminando Clean Revolution: El ascenso del LED en el alumbrado público y su significado para las ciudades’– se puede consultar en la web ‘www.TheCleanRevolution.org/lighting-the-clean-revolution’ y ha sido presentado como parte de la campaña “Clean Revolution” en Global Compact Corporate Sustainability Forum Río +20 de la ONU, producido por The Climate Group, en asociación con Philips.

Fuente: EuropaPress

Una bombilla para cada tipo de necesidad

Hace ya tiempo que la luz ha pasado a ser un elemento decorativo más del hogar. Amuebla, decora o hace que un ambiente sea más cálido. Pero, la iluminación supone casi el 15% del consumo total de electricidad del hogar, lo que exige que diseño y eficacia vayan unidos.

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Actualmente hay tres tipos de bombillas, cada una con sus características propias. Estudiándolas podrá saber cuál es la más adecuada para cada rincón de su hogar.

BOMBILLAS INCANDESCENTES

Son las bombillas clásicas, las de toda la vida. Inventadas por Edison hace más de cien años, el principio por el que emiten luz sigue siendo el mismo de entonces: el filamento de tungsteno se pone incandescente cuando pasa una corriente por él, produciendo la luz. Hay múltiples acabados y formas, aunque sus características son muy similares:

Su duración es de unas 1.000-1.200 horas de luz. A partir de esas horas de uso el filamento de tungsteno se va evaporando y se termina partiendo, momento en el cual la bombilla “se funde”.

Con el tiempo su luz es menos intensa ya que el tungsteno que se va desprendiendo se adhiere a la parte interior del casquillo, ennegreciéndolo.

Aunque es sin duda el tipo de bombilla de menor coste por unidad, si se compara con otros tipos de bombilla su relación durabilidad/precio es menor, por lo que al final sale más cara.

BOMBILLAS HALÓGENAS

A diferencia de las bombillas incandescentes, las halógenas permiten una mayor durabilidad y potencia luminosa al estar tratadas químicamente para no ennegrecerse. Este tratamiento permite que ofrezcan una buena reproducción del color y que su duración sea sensiblemente superior a las incandescentes (entre 2.000 y 3.000 horas de funcionamiento). Existen dos tipos de bombillas halógenas:

A tensión de red. Funcionan con una conexión a la red de 220 V. Su potencia (entre 100 y 1.000 W) es tan alta que suelen ir equipadas con un regulador de intensidad. Sin embargo, es conveniente dejarlas funcionar de vez en cuando a pleno rendimiento para que el filamento se regenere y duren más tiempo. Pueden llegar a estar a 650ºC por lo que el material de la envoltura es de cuarzo (que no permite ser tocado con los dedos al ser muy sensible a la grasa).

A baja tensión. Se usan mediante un transformador (de 12 o 24 V). Su potencia es muy inferior a las de tensión de red (sólo de entre 5 y 100 W). Suelen utilizarse para direccionar la luz a un solo punto y poder, por ejemplo, destacar un cuadro en una pared. El transformador requiere estar en un lugar ventilado y lejos de material inflamable.

BOMBILLAS DE BAJO CONSUMO

Es el tipo de bombilla que más ha crecido en los últimos años, ya que existen nuevos diseños que permiten adaptarlos a lámparas normales. Su composición es diferente a la de incandescentes y halógenas. Su interior está relleno de vapor de mercurio a baja presión que al contacto con la descarga eléctrica produce luz ultravioleta. A su vez, esa luz ultravioleta al contacto con el polvo fluorescente que recubre el interior del tubo produce luz normal.

Si se va a sustituir una bombilla incandescente por una de bajo consumo, hay que tener en cuenta que para producir la misma luz necesitan que el número de vatios sea 4 ó 5 veces inferior. Es decir, si la bombilla incandescente era de 100 W, la de bajo consumo tendrá que ser de 20 W. Actualmente hay dos tipos de lámparas de bajo consumo:

Tubos fluorescentes. Usadas en lugares que requieren de mucha iluminación (cocinas y baños normalmente). Su luz es fría y en cierto modo, desagradable. Son además de un tamaño muy superior al de las bombillas (en realidad son tubos). Eso sí, su duración está fuera de toda duda, permitiendo un uso de entre 6.000 y 10.000 horas. Esto es debido a que de toda la energía que producen, convierten en luz hasta el 30% (una bombilla incandescente no llega al 10%).

Bombillas de bajo consumo. Adaptadas a los casquillos comunes, permiten ser utilizadas en lámparas normales. Si bien su precio es muy superior al de una bombilla incandescente o halógena, su durabilidad también lo es. En realidad, aunque cuesten seis veces más que una halógena, pueden llegar a durar ocho veces más. También consumen un 80% menos de electricidad. Su tiempo de amortización suele ser de unos dos años. Eso sí, deben usarse en habitaciones cálidas, ya que su rendimiento baja mucho con el frío (por lo que no son válidas para exteriores).

Para que el consumo de las bombillas sea aún menor, se han diseñado los adaptadores fotoeléctricos. Estos adaptadores incluyen una fotocélula que permite que las bombillas permanezcan encendidas sólo el tiempo necesario, garantizando el ahorro energético.

El Comercio Digital

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