El Comercio
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CAZA AL HOMBRE. SIERO. ÁNGEL GARCÍA
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Iván de Santiago González | 12-10-2017 | 18:31| 0

CAZA AL HOMBRE. SIERO. ÁNGEL GARCÍA

 

Desde antaño, los ejércitos siempre buscaron minar a los rivales. Cuando alguno sobresalía entre sus filas, se imponía la llamada caza al hombre. Buscaban con ello eliminarle por cualquier medio, considerando que con ello no solamente privaban al enemigo de un hombre, sino que minaban su moral y eso les conduciría a la victoria.

En esa caza al hombre, todo vale. Se le buscaba por todos los medios y se le eliminaba sin respetar ni la Convención de Ginebra ni nada parecido. Para esta labor, generalmente, se contrataba a los mercenarios más sanguinarios, con menos apego por la vida y los valores, porque no se valoraba su capacidad de crear, sino de destruir.

Hace tiempo que la política se ha convertido en una amalgama de lo peor de nuestra sociedad, y entre las cosas peores se encuentra la guerra. Allí, en una diáspora obligada, porque en ningún otro sitio les quieren, han llegado muchos mercenarios encargados de destruir con las palabras – afortunadamente, no se les confían otras armas – a cualquiera que su formación política les encomiende. Da igual los medios, no hay tratados internacionales, no existen derechos humanos, ni presunción de inocencia, ni siquiera un atisbo de estudio o seriedad antes de publicar informaciones insidiosas. Son mercenarios, no lo olviden, y para ellos todo vale.

Esta semana le ha tocado a Ángel García, Alcalde de Siero. Los mercenarios municipales de Podemos han intentado destruirle con una información sobre una empresa que le pertenecía allá por el año 1999 y que lleva disuelta la friolera de catorce años. En el Registro Mercantil consta aún el Alcalde de Siero como administrador de la misma. El Registro Mercantil es público, así que hay que padecer una idiocia avanzada para entender que alguien que tenga algo que ocultar va a permanecer como administrador de una empresa, que es un dato que cuesta 8.80 € y 20 minutos conocer a cualquiera. El Alcalde explica que está disuelta y liquidada, y acaso olvidó inscribir dicha liquidación en el Registro, pero que es obvio que no trabaja con ella hace casi veinte años.

Pero los mercenarios de la caza al hombre no salen al día siguiente a pedir perdón. Para ser honrados, ni los propios compañeros del Alcalde, la Federación Socialista Asturiana, que le tuvieron durante meses en una “investigación interna” que acabaron archivando porque no había nada raro, han salido una sola vez a pedir perdón por dudar de la honorabilidad de alguien.

Los mercenarios municipales ya habían disparados sus armas, en una rueda de prensa, y lo que sea verdad o no lo sea no les importa. Hay que cazar a un tipo, y todo vale.

Los que hemos padecido idéntica situación lo conocemos bien. Los compañeros de partido del Alcalde de Siero lo intentaron conmigo hace unos años en el Ayuntamiento de Oviedo, con datos sesgados, apoderamientos públicos y relaciones nunca ocultadas. Cuando todo pasó, nadie ha pedido perdón nunca. Unos están jubilados, desde que Wenceslao López les echó de la AMSO, y la otra hace poco aún fue detenida por la Guardia Civil por su participación en las presuntas estafas de los cursos de formación de UGT. Será la justicia poética.

Pero yo, con independencia de la ideología de uno y de su partido político, creo en la dignidad y la democracia. Puede que difiera ideológicamente con el Alcalde de Siero, o con un concejal de Pravia, o con la teniente Alcalde de Tineo, pero por encima de todo, me repugnan terriblemente los mercenarios que buscan la caza al hombre, los que creen que en política todo vale, los que pretenden destruir a la persona y no al político, los que intentan matar civilmente a un hombre o mujer que ocupa un cargo. Esos, que nunca piden perdón, me espantan. Y espero que la política les saque de su mundo.

En su día me tocó a mí. Esta semana al Alcalde de Siero. La semana que viene a otro. Mientras los que rebuscan en la basura crean que pueden dar una rueda de prensa y manchar con su cornucopia de palabras huecas, y mientas haya alguno que les crea, seguiremos permitiendo la caza al hombre.

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YO TAMBIÉN SOY UN ULTRA
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Iván de Santiago González | 07-09-2017 | 14:41| 0

                                                YO TAMBIÉN SOY UN ULTRA

 

Este fin de semana tenemos derbi futbolístico. Hace catorce años que el Real Oviedo y el Real Sporting no se ven las caras. Han militado en categorías distintas, ustedes lo saben. El Oviedo ha pasado mil y un penurias y el Sporting en segunda con el Oviedo en segunda B y, después, el Sporting en primera y el Oviedo en segunda. Todos deseamos que, a poder ser el año que viene, el partido sea en la máxima categoría. De momento, en segunda. Para crear afición.

No tengo intención alguna de ocultar mi oviedismo, demostrado contra viento y marea, y contra críticas feroces sobre lo escrito en estas páginas para los que siguen pensando que EL COMERCIO es un periódico de Gijón, y no uno de Asturias, con sede en Gijón, pero con una edición de Oviedo cada vez más importante que, entre todos, intentamos hacer mejor cada día.

Dicho esto, hoy me quiero detener en el debate que ha surgido con respecto a la iniciativa de un grupo de chavales del Oviedo (esos que llevan años en campos de tercera, embarrados, fríos, sin gradas) de realizar una camiseta que se vende junto a la entrada y el viaje, en la que se lee “INVASIÓN ALDEA”. Han saltado las alarmas, se ha calificado de violenta la actuación, e incluso las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado han llamado la atención al Oviedo por apoyar a los ultras violentos.

Aquí me paro. ¿Esto es violencia? ¿Acaso estamos todos locos?. Recuerdo esas series americanas de los años 90 donde el farisaico emporio televisivo ponía a un chaval bebiendo una cerveza y en la siguiente escena era un alcohólico que había destrozado su vida mientras los demás se paseaban por el Campus de Harvard. Es el país donde el crack tiene más consumidores y que se lleva por delante 90 familias diarias.

Acaso queramos entrar en semejante pantomima. ¿Violencia una camiseta que ponga “INVASIÓN ALDEA”?. Me permito recordar a algunos que quizá violencia es el casco roto que tengo aún en casa de mis padres. Es un casco azul que comprábamos para ir al Molinón. Está roto por una piedra que me lanzaron en aquella esquina en la que a modo de “ratonera” nos metían a los hinchas oviedistas tras habernos traído caminando en una burbuja por todo Gijón mientras nos insultaban y nos escupían. Mientras nos tenían escondidos en los alrededores del Estadio para dejarnos entrar un minuto antes, precisamente cuando llovían las piedras.

Quizá alguno se ha olvidado de una pancarta que rezaba “Los Ultra Boys con el fútbol amateur” cuando el Real Oviedo se enfrentaba al Sporting B, víctima de la desidia e ignorancia de unos dirigentes que le llevaron al abismo. Muchos no quieren recordar a Abelardo, santo y seña del sportinguismo, alegrándose de haberle dado la “puntilla” al Oviedo para que no subiese. Aún algunos tenemos en la mente imágenes de Gijón, donde muchos se reunían a ver el partido del Oviedo con camisetas del Cádiz mientras 155 oviedistas eran maltratados tras haber recorrido España en autobús.

Si uno iba a Burgos, a Vigo, a Bilbao, siempre había camisetas del Sporting y algún loco que viajaba solo para buscar pelea. Frente a ello, algunos quisimos ver siempre fútbol. Y animamos, y nos tocó sufrir. Pero estamos muy mayores para aguantar tonterías semejantes.

Una simple camiseta de un grupo de chavales no es violencia, ni incitación, ni nada parecido. Y si la policía lo cree, se equivoca. Si, como esperamos, todo va bien, perfecto, pero si hay – por ambos bandos – alguno que decide que el fútbol conlleva pegarle al rival, será un desequilibrado a quien hay que sancionar y sacar de los campos, pero al que no estimula una camiseta, sino el alcohol, las drogas o su mente enferma.

Cuando un día, regresando de Gijón en la burbuja, mi tía me saludó desde el paseo del muro de San Lorenzo y me insistió para que me quedara a cenar en su casa, intenté salir a hablar con ella. Un tipo me escupió y un policía me dio un toletazo para que volviera a la “formación”. ¿Y es violencia “INVASIÓN ALDEA”?. Esto no es Melrose Place,  es el mundo real, y no es más que un partido de fútbol. Ahí debe quedarse. Si los que supuestamente tienen que tener la cabeza fría dicen sentirse amenazados o preocupados por cosas tan nimias, estamos comparando al que bebe una cerveza con el que consume crack.

Dejémonos de pantomimas. Hemos visto mucha violencia y, afortunadamente, va en retroceso. Estos no son ultras, son simples aficionados. Y si ellos son ultras, yo mismo, que he padecido muchas más cosas, también lo soy.

Que veamos buen partido. Y que gane el Oviedo.

No me he podido resistir.

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JUANA RIVAS: PUNTO Y FINAL
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Iván de Santiago González | 31-08-2017 | 20:32| 0

JUANA RIVAS: PUNTO Y FINAL

 

Como siempre que me voy a meter en un charco, en un tema que, por su especial sensibilidad, soy consciente que va a dar lugar a polémica, hemos de comenzar con una máxima: la violencia de género es una lacra de nuestro siglo. Hay un grupo de varones locos que creen que puede disponer de la vida o la integridad de quienes les han acompañado en un tramo de su vida. Que se consideran con algún derecho de propiedad sobre ellas y por ello las insultan, las maltratan o acaban asesinándolos. Frente a ellos, la máxima firmeza de la ley y el máximo reproche social. Son delincuentes y no merecen otro trato.

Dicho esto, hemos vivido este verano el culebrón de Juana Rivas. Todo comenzó allá por finales de julio cuando una pobre chica de Maracena, Granada, se negaba a entregar a sus hijos a un padre maltratador. Esto dio lugar a una inmediata y enorme campaña de solidaridad a su favor. Ya saben, el “Juana está en mi casa”, todo el mundo solidarizándose con ella y el propio Presidente del Gobierno diciendo que no parecía lógico que esa pobre mujer tuviera que poner a dos menores en manos de un maltratador.

La justicia, que es lenta, pero es efectiva, fue actuando durante un mes ocioso como es el de agosto. La cosa fue creciendo y las redes sociales eran mosaicos compuestos para mostrar que todo el mundo estaba con Juana. Los que no decíamos nada al respecto, o nos permitíamos dudar de una versión – quizá por la experiencia profesional de 20 años en el foro, sabiendo que lo que cuenta una parte nunca es toda la verdad – incluso éramos calificados de cafres y retrógrados. Pero muchos no dijimos nada. Yo mismo decidí esperar, a ver qué decían los tribunales. Mientras tanto, Juana tenía tantas casas como españoles y a mí mismo me costó, como a muchos otros, discusiones con su esposa, su madre, sus amigas, todo lo que no fuera mostrar una fe ciega en lo que Juana contaba.

Avanzó agosto y supimos que lo del maltrato había sido hace años. Que después se rehízo la relación e incluso nació otro niño. Que vivieron juntos durante mucho tiempo hasta que, un día, Juana Rivas le dijo a su pareja que se iba a España con sus hijos de vacaciones, negándose luego a volver. Un secuestro de menores internacional de libro. Empate en delitos por ambas partes.

Requerida Juana para entregar a los menores, decidió huir y esconderse. Comenzó a ganar en delitos a su pareja 2 a 1. Se la puso en busca y captura. La instrucción procesal la conocíamos en las noticias de las 3, donde su “asesora jurídica” – que luego resultó que no era abogada, lo cual me aclara muchos de los pasos de esta mujer – decía que tenía todo el apoyo de la Junta de Andalucía y que no iba a comparecer ni a entregar a los menores. Otro de los letrados que la asistía en uno de los muchos frentes judiciales que Juana se fue abriendo, le recomendaba (a través de programas de televisión, porque no sabía dónde estaba) que se entregase y pusiese los menores a disposición del padre, porque se estaba buscando graves problemas judiciales.

Un día, al fin, Juana comparece ante el juzgado, que le toma declaración y la pone en libertad. Sale del juzgado enarbolando su orden, diciendo que se va a casa con sus niños. Escasa victoria sobre una cuestión que solamente ella había provocado. El cerco se estrecha. Cuando el ultimátum vencía, Juana Rivas entrega a sus hijos. El padre asume la tutela que un juzgado le ha otorgado – y yo soy de los que conozco los juzgados y sé que si le dan la guarda y custodia es porque no es tan malo como nos lo pintan – y dice que seguirá luchando, ahora contra los múltiples frentes que tiene abiertos.

Aquí se acaba la historia. Juana Rivas ya no será portada de nada. Sus 15 minutos de desgracia televisada han concluido. Los menores están con quien la justicia ha dicho que merece su guarda y custodia. A Juana la va a abandonar todo el mundo, porque en estos tiempos, en los que vemos 1100 noticias nuevas por minuto en las redes sociales, Juana Rivas ya es pasado. Sus niños, por los que decía que daría la vida, ahora están peor que al comienzo, porque su madre sin duda será condenada por secuestro, por desobediencia, o por todo al mismo tiempo. Y no podrá acudir a pedir una custodia con unos antecedentes que, por las malas recomendaciones recibidas, la han convertido en delincuente. Santa a ojos de muchos, culpable a los ojos del Código Penal.

Se ha acabado la historia. Y podría haberse escrito de un modo más sencillo, más bonito, y, sobre todo, más eficaz para dos menores que se han visto en el centro de un huracán que no buscaron. En cuanto crezcan, leerán la hemeroteca o meterán en google el nombre de sus padres, y verán cosas que no agradan a nadie.

Es el punto y final. El triste y anunciado punto final.

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EL OVIEDO DE VERANO
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Iván de Santiago González | 25-08-2017 | 11:00| 0

                                                                    EL OVIEDO DE VERANO

 

Si usted coincide con un vecino todos los días de la que sale al trabajo es probable que coincida con él tomando una botella de sidra en el bar del puerto de Luanco en período estival. Si cada tarde, al regresar a casa, se cruza con una chica morena, muy guapa, que le sonríe y le da las buenas tardes en la calle Fruela, es muy plausible que esa misma sonrisa la vea en la Avenida del Gayo. Si se encuentra con algún amigo al acudir a una sesión de Ópera de Oviedo, es casi seguro que se encontrarán ustedes en los conciertos de la torre del reloj que, cada vez menos, lamentablemente, se programan en la capital del concejo de Gozón.

Y es que es sobradamente conocido que Luanco es el Oviedo de verano. El éxodo masivo de carbayones que se dividen en muchas localidades costeras de Asturias, en Luanco es legión. En las mismas calles, en las mismas plazas, los ovetenses nos acercamos al mar a apenas 35 km de casa.

Y hoy les traigo a estas páginas no la estampa bucólica y veraniega que todos vemos en sus calles y sus plazas. No a la gente morena con su bolsa de pipas y su cerveza en la mano. No las tablas de paddle surf ni las bicicletas de los niños, sino las reclamaciones de muchos de los que allí habitan cuando los veraneantes desaparecemos, que ven que existe palmaria diferencia entre el Luanco que muestran las fotos y el que algunos padecen todo el año.

Frente a la zona que habitualmente pasean veraneantes permanentes y ocasionales, circunscrita al espacio que se ubica entre la playa de la Ribera y la playa actual, donde, es cierto, todos los días que el sol nos premia son muchos, todos, los que disfrutan de ella, hay un Luanco muy cercano, acaso olvidado.

Me cuentan sus vecinos que solo es necesario salir 900 metros del centro urbano para encontrarse con la desazón. Con barrios como Aramar donde no se produce el mínimo mantenimiento. Donde los servicios de limpieza municipal o de desbroce de caminos se olvidan de pasar. Donde se colocaron unos bolardos sintéticos en la antigua carretera general que, lejos de desalentar a los que van como locos, les impulsan a saltar como si se tratara de una montaña rusa. Se desoyeron sus peticiones de badenes en condiciones, de asfalto, y elevados de verdad, como uno pude ver en toda España y en toda Europa. El badén artificial es una solución triste y barata. Hace al político pensar que ha cumplido. Obliga al ciudadano a no dormir cada vez que pasa un coche en horario nocturno. Quizá el Alcalde y el equipo de gobierno no viven cerca de esa carretera abandonada por ellos mismos.

En la calle Oviedo (curiosa coincidencia con este éxodo masivo de carbayones que narramos en el presente) los empresarios y vecinos de la zona narraban estas mismas páginas, que en invierno, en esa calle absolutamente céntrica, las ratas campan a sus anchas sustituyendo a los veraneantes, sin que se haga nada desde el Consistorio, a apenas 900 metros a pie de dicha ubicación.

La playa del dique, que debería ser punto de atracción turística, es un basurero perenne para que el que jamás nadie ha mirado, desaprovechando la oportunidad de convertir la villa en un punto de referencia con más objetivo que meter 3.000 coches en un aparcamiento saturado una tarde de verano.

La capital del concejo de Gozón es mucho más que “Luanco al mar”. Una iniciativa estupenda que te pone en el mapa 3 días, pero que necesita más atención, cuidado y promover la desestacionalización y el cuidado de los vecinos.

No puede uno centrarse en limpiar dos calles para los que llegamos de Oviedo y olvidarse de los que pasan allí todo el año, pagan sus IBI, sus licencias de negocio y, sobre todo, votarán en apenas 22 meses. Ahí es donde alguien se acordará de ellos. Esperamos que sea un poquito antes. O ya no les creerán.

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LOS QUE AVERGÜENZAN MI CAMISETA
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Iván de Santiago González | 30-05-2017 | 15:03| 0

LOS QUE AVERGÜENZAN MI CAMISETA

 

Verán que he estado calladito toda la temporada futbolística. Como usted, como tantos, hemos visto lo que ha ido ocurriendo, contento algunas veces, prudente otras, expectante las más de ellas. Muchos domingos apretando los dientes, y muchos lunes intentando que comenzase rápida la semana para olvidar que al Real Oviedo, en Soria, en Almería, en Zaragoza, o fuera donde fuera, le habían vuelto a ganar, y generalmente por goleada.

Luego llegaba el domingo siguiente, se nos engatusó con alguna victoria, se nos mantuvo con el palo y la zanahoria, se nos dibujó alguna promesa. Y, como resulta que la fe es, por encima de todo, creer aquello que no se ve, seguimos teniendo fe.

Y así se nos ha ido el año una vez más, entre promesas y falsas esperanzas. Y todo se acabó el pasado domingo, cuando los farsantes a quienes les entregaron mi camiseta, nuestra camiseta, no pudieron prorrogar más sus mentiras, porque se vieron incapaces de seguir aplazando su falsaria conducta, la perpetua de todo el año. La que nos ha ido embaucando durante nueve meses para poder justificar sus millonarios salarios.

Y es que ha habido unos tipos a quienes les han dado nuestra camiseta, amigos oviedistas, y la han deshonrado de un modo palmario. Iban comandados, la panda de incapaces a quienes se les puso en sus piernas el orgullo de representar a esta ciudad, por un novato en la categoría.  El jefe de esta pandilla era un andaluz que no había jamás logrado nada, y al que pusieron al frente de un grupo que, entre otras cosas, se había cargado a un buen hombre el año pasado solamente porque osó ponerles a trabajar y les dijo que más entrenar y menos hablar. Que hablan los políticos o los periodistas, los futbolistas corren.

Estos individuos, que tienen por trabajo lo que para usted o para mí sería solamente motivo de orgullo, vestir la camiseta del Real Oviedo y poder saltar al Carlos Tartiere, o allá donde sea, a dejarse la piel por el equipo, sin embargo, no han sabido dignificar lo que representan. Quizá ni siquiera lo comprendan. Muchos de ellos tocan para este grupo la batería, pero mañana tocan las maracas en otra banda, y, si la cosa se pone fea, compran una gaita y hacen bolos en las fiestas de prao. Es lo que significa ponerse al servicio de un equipo por unas monedas. Llevamos dos mil años de mercenarios, y ahora los tenemos bien cerca.

Ninguno de ellos merece llevar la camiseta del Real Oviedo. Ninguno de ellos, desde el entrenador hasta el último de los que apenas ha ido convocado, se ha hecho acreedor no de nuestro respeto, sino de nuestro saludo. Lo que necesitan es curarnos de lo que nos han hecho. Y la cura solamente es posible mediante la purga que otorga el alejamiento.

Todos los que les hemos padecido, los que el pasado domingo, a eso de las 22 horas, solamente queríamos encerrarnos en una habitación o en un baño para llorar por todo lo que ustedes no han hecho, por el terrible daño que nos han hecho, les despreciamos profundamente.

A ustedes no les importará, porque les van a pagar la ficha igual. Pero yo me quedo mucho más satisfecho diciéndoselo. Muchos no dormiremos algunas noches, hasta que somaticemos que hasta junio del año que viene no podrá hacerse nada. Con que ustedes no duerman un par de ellas, para mí, suficiente. Y si el resto las duermen lejos de Oviedo, mucho mejor.

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500
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Iván de Santiago González | 13-05-2017 | 07:50| 0

                                                                                     500

 

¡Hoy estamos de aniversario! ¿Cómo que se han olvidado? Bueno, no pasa nada. Es lo que ocurre en las relaciones largas. Y esta ya lleva más de seis años. Pero no se preocupen, que goza de buena salud y va para largo, o al menos eso espero. Es un detallito de nada, pero seguir levantándome con ustedes cada martes y cada sábado sigue siendo un lujo. Es la quingentésima ocasión en que me cuelo en sus casas, comparto el apresurado café del martes o el vermouth más relajado del sábado, y eso, se quiera o no, son muchas veces.

En estos años, algunas cosas no han cambiado. Mandaba Gabino y sigue mandando. Areces mandaba y sigue mandando. Están en otros lugares, pero el “statu quo” sigue siendo parecido. Asturias era entonces una región con bajos índices en casi todo y ahora mejora poco, pero seguimos siendo la aldea de Astérix y Obelix que se rebela contra las imposiciones. Acaso pobres pero honrados.

Otras sí han variado. En política, de la que hemos hablado mucho, hasta que un día convinimos que no merecía la pena hacernos mala sangre constantemente, han variado gobiernos municipales, ha mutado el poder en administraciones autonómicas e incluso a nivel del Estado. La corrupción sigue ahí, y por mucho que gritemos, difícilmente vamos a acabar con ella a corto plazo. Pero que no quede por la lucha diaria.

Hemos hablado de muchas cosas. Del Real Oviedo, que tantas ansias y esperanzas concita en aquella columna titulada “La novia que nunca olvidaste” que tan buena acogida y difusión tuvo. Hemos loado sin rubor a la Fundación Princesa de Asturias y criticado a sus críticos (permítanme el pleonasmo a riesgo de la cacofonía) y recibido algunos palos en redes sociales por algunas columnas como la titulada “¿Indignados?”. Sirvan ambas de ejemplo puntual, no exhaustivo, de cosas buenas y malas que han contenido estas crónicas, que siempre gustan a unos y disgustan a otros “por ser propio de la condición humana”, como decía D. Alonso Quijano.

Sobre todo hemos conversado de Oviedo, de esta ciudad que tanto orgullo y tantos disgustos nos causa a diario. Pero sobre todo, han sido esta quinientas columnas la crónica de lo que ha pasado, lo que ocurre y lo que vendrá. Porque se nutre de lo que ustedes me trasladan, desde la calle abandonada, al problema en el colegio, a la colaboración en un evento solidario, a ciertas dosis de humor al modo de Eduardo Mendoza (o de simple aspirante a serlo) que en ocasiones nos damos para quitar el agrio sabor férrico de algunas realidades que nos circundan.

Nos hemos despedido de muchos, que se nos fueron siempre antes de que lo esperásemos. Recuerdo especial hoy para Gerardo Herrero, fiscal del TSJA, que nos dejó un caluroso verano o para mi amigo César Figaredo, presidente de FEMETAL, cuya ausencia aún digerimos con dificultad.

Estos artículos, estas quinientas citas que hemos mantenido, mis queridos lectores, no son más que la demostración de que la prensa en papel tiene un futuro tan enorme como su pasado. Que nos sigue siendo imprescindible conocer qué pasa a nuestro lado, y que nos lo cuenten quienes lo han vivido, lo han padecido o lo han disfrutado. Desde quien nos deja a quien gana un meritorio premio. Desde un viaje a un lugar del que Oviedo tiene mucho que aprender a los mensajes a quienes deben conocer Oviedo, no solamente porque hay que conocer El Salvador antes que Santiago, sino porque la ciudad y la región lo merecen, y ofrecen tantas cosas que nos daría para otras 5.000 columnas como esta.

Quiero agradecerles su fidelidad. El hecho de que, tras tantas ocasiones en las que uno está más o menos acertado, tiene mejor o peor día, se le calienta la tecla con una injusticia o acaso no sepa transmitir aquello que pretende, sin embargo, ustedes estén ahora leyéndome una vez más.

Y quiero hacer una mención especial a EL COMERCIO. Son quinientas ocasiones. Cinco veces cien en las que he escrito con la más absoluta libertad sobre todo lo que he estimado. En ocasiones mejor y otras no tanto. En estos seis años y pico. En estas quinientas columnas, jamás se me ha modificado una línea, un título, una consideración. Jamás. Coincida o no con supuestas líneas editoriales o de negocio que algunos dicen que ahora marcan los medios. Eso no es lo que yo vivo.

Lo que yo vivo es la preclara voluntad de quienes hacen este periódico de que sea un espacio de traslado de todo lo que el humilde cronista que se dirige a ustedes estime, en el modo que sepa hacerlo y el deseo de que a ustedes les plazca. Eso, en un momento en que la prensa atraviesa un pantano cuya salida cuesta cada día un esfuerzo, es un exceso que se agradece cada vez que uno enfrenta su compromiso con ustedes.

Solamente me queda prometerles amor eterno. Es lo que se hace en los aniversarios, y hoy no podía faltar. Mientras EL COMERCIO siga honrándome permitiendo que traslade lo que ustedes mismos me cuentan, lo que me ocurre, lo que pensamos ambos o lo que deseamos que sea nuestra ciudad y nuestra región, aquí me tendrán, fiel a nuestras citas.

¡Por muchos años más!.

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ADIÓS A LA LITERATURA
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Iván de Santiago González | 25-04-2017 | 10:59| 0

ADIÓS A LA LITERATURA

 

            La misma semana que celebramos el día del Libro, en el que anualmente celebramos la lectura como parte esencial de la vida, en el que las estanterías salen a la calle, en el que todos cuentan lo que leen, lo que pretenden leer, las ganas que tienen de poder disponer de más tiempo libre para poder viajar con la literatura, y pagar las muchas deudas que tenemos con miles de páginas que nunca podremos afrontar, la misma semana que se entrega el Cervantes a un Mendoza que nos hace sonreír a la vez que conocemos mundos ignotos, la misma semana en que se venden más libros que el resto del año a excepción del período de Navidad y que da gloria ver a todo el mundo paseando por el centro de Oviedo con su bolsa con un ejemplar en la mano, hemos sabido que los nuevos planes de estudio para nuestros hijos ya no incluirán la literatura universal como asignatura obligatoria.

Primero fue la filosofía, después la música. Al parecer son disciplinas prescindibles. Quien quiera estudiar música, que vaya al Conservatorio a la Corrada del Obispo.  ¿Y la filosofía? ¿Esa cosa rara que no sirve para nada? ¿Si me hablasen de marketing, bussiness o comunity manager sí, que eso es futuro, pero la historia de la filosofía a quién le interesa? Da igual quién fuera Hegel, Montesquieu o Kant. El loco que quiera saberlo, aún tiene un hueco en las facultades, pero seguro que sus padres llorarán cuando les diga que quiere estudiar Filosofía.

El mundo practicón para el que preparamos a nuestros hijos se lleva por delante las disciplinas que forman a las personas, pero no engrosan el curriculum. Hace escasas fechas, un cliente me contaba que uno de sus hijos, apenas de 17 años, le había dicho una noche el saldo que tenía la cuenta bancaria de su empresa. Cuando le preguntó cómo lo sabía, le confesó que le había “hackeado” la página, que tenían que poner más protección. Era el mismo, según me confesó, que apenas un año antes, cuando su padre le había regalado un libro de Borges, le dijo que no lo quería, que eso ya no entraba en los exámenes, porque era de ciencias. Al preguntarle la fecha en que Borges escribía, le dijo que le sonaba igual de lejano que Quevedo.

Estas serán las generaciones venideras si la literatura se va de los planes de estudios. Si el día del libro se convierte solamente en la oportunidad de pasar un rato en una librería, y no recordar el aniversario de los dos más grandes autores de todos los tiempos, Shakespeare y Cervantes, a quienes nuestros hijos situarán en la época de Sófocles si nadie les enseña lo contrario. Los escritores, ya grandes olvidados, pasaremos a ser parte solamente de los libros de Historia, algo también muy lejano que, cualquier día, dejará también de ser materia troncal para cambiarse por otra que premie el día inmediato posterior y no deje poso alguno en el alumno para el futuro. La inmediatez no puede ser el criterio de la enseñanza.

Pero, más allá aún, los estudiantes de esta ciudad no sabrán nunca quién es la Señora tan bien vestida que vigila la plaza de la Catedral, Ana Ozores, que no les sonará de nada. No sabrán quiénes son los Rivero ni qué pasaba en la calle La Luna cuando nos lo narró Dolores Medio. “Tigre Juan” será solamente un premio literario que sobrevive a duras penas a base de subvenciones municipales cambiantes con los aires políticos que gobiernen el Consistorio. “El Sudario” no será una magnífica historia de dos americanos que se enamoraron del enorme potencial del carbono 14 en una sábana de la Catedral, sino una cosa rara que los curas sacan dos veces al año. Y finalmente, no sabrán, ni siquiera se acordarán, que hubo “jugadores de billar” en esta ciudad en los años 90 y que el magnífico Avello nos retrató toda una generación.

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CARICIAS A LA CONCERTADA
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Iván de Santiago González | 04-04-2017 | 07:07| 0

CARICIAS A LA CONCERTADA

 

            He leído en estos días titulares agresivos del tipo de “hachazo a la concertada”, “golpe letal”, un nuevo “ataque furibundo” por parte del gobierno del Principado de Asturias, así que he decidido tomarme las cosas un poco menos a pecho y titular este artículo “caricias” a las concertada, aunque ustedes sabrán y verán que de caricias nada, más bien bofetones.

            Conocíamos en estas fechas que el Principado de Asturias ha planteado a las escuelas concertadas el calendario de financiación que les ofrece para el próximo quinquenio, hasta el curso escolar 2022-2023. Hace tiempo que he decidido que ustedes son mucho más listos que yo y que no les agrada que nadie les pretenda crear opinión, que ustedes leen, se documentan y luego piensan lo que estiman. Esto es lo que yo pretendo facilitar: datos.

            El planteamiento que se hace desde el Principado conllevaría la supresión de 32 aulas en el territorio asturiano. Un colegio de Sotrondio perdería cinco unidades, y un colegio de Ciaño tendría dos menos en primaria y otra menos en secundaria. En Gijón, el Santo Ángel de la Guarda y el San Eutiquio pierden varias aulas. En Oviedo, al Nazaret se le quitan, nada más y nada menos, que cinco aulas de infantil y una de las tres de la ESO. En total, la sangría se lleva 32.

            Comparo esto con los espectáculos que vemos en alguna ocasión en que hay aulas en centros de zonas rurales que tienen dos o tres alumnos. Y que luchan por sobrevivir. Y son antieconómicas. Pero, si me preguntan a mí, tienen todo el derecho del mundo a luchar por la educación de sus hijos, y como mi dinero también financia esas aulas rurales, creo en ellas y creo que debemos mantenerlas siempre que podamos.

            Pero la concertada no merece menos respeto. Los datos nos dicen que un alumno medio cuesta al Estado o a la administración responsable de la educación unos 6.000 € al año. Un alumno de la concertada solamente 2.900.  Pero, a mayor abundamiento, si los alumnos de la concertada tienen algo es porque sus progenitores lo pagan o las Fundaciones que gestionan los centros lo asumen. Si los niños se mojan en los patios es porque ni se plantea que un Ayuntamiento o una comunidad autónoma les construya una pista cubierta.

            Y lo que debiera ser colaboración se ha tornado en una guerra. Si a mí, alguien me ayudase con los gastos de mi casa, y educase a mis hijos, le estaría agradecido, y no pretendería sacar pecho y decir que no le necesito para nada. Y si, además, tengo un concierto firmado del año 1979, menos aún.

            Pero la ideología, esa que no nos da de comer y no educa niños – o no debiera – sigue haciendo mucho daño. Si gobiernan unos intentan ahogar a la concertada, y el ejemplo lo tenemos en lo que precisamente les traslado en esta columna. Luego vendrán otros y los centros públicos dirán que nadie mira para ellos porque se trata mejor a la concertada, que pretenderá cobrarse los años de ostracismo. Y así, la rueda sigue, y nunca habrá un pacto educativo que se respete y las víctimas seguirán siendo las futuras generaciones de escolares (igual debo decir “escolinos”, dado que van a obligar a nuestros hijos a que el asturiano sea lengua vehicular, nos guste o no).

            Bueno, el caso es que la concertada se acaba de llevar una nueva “caricia” a costa del dinero que se le da, y el próximo quinquenio podrá hacer menos cosas, sus centros estarán más obsoletos, las pizarras digitales tardarán, y los profesores no podrán ver subidos sus sueldos. Será una cuestión ideológica, creerán algunos, pero yo creo que es para sentirse de todo menos orgulloso.

           

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MEMORIA HISTÓRICA Y LITERATURA
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Iván de Santiago González | 25-03-2017 | 07:20| 0

MEMORIA HISTÓRICA Y LITERATURA

 

            En alguna ocasión hemos hablado de la memoria histórica. Es un debate diario el cambio de denominaciones de las calles. Es una cuestión ideológica y extrema. Me refiero a que las posiciones son irreconciliables, como ustedes saben, y la cuestión es cruenta. Yo ya he dicho cuanto tenía que decir al respecto ,y les prometo también que creo en el derecho de quien gobierna a hacer lo que estima. Es la legitimidad de la democracia. No gusta cuando no se gana, pero el deporte, la vida y la democracia son así. Ganadores y perdedores. La victoria o la derrota duran una semana, cuatro años o una vida, dependiendo de cada caso.

Bien, quiero hoy compartir con ustedes, del mismo modo que recomendarlo vivamente, el último libro de Javier Cercas, uno de los mejores novelistas actuales, a mi modesto entender. Se llama “El monarca de las sombras”. Cuenta la historia de Manuel Mena, tío abuelo del escritor. Se enroló en las filas rebeldes, alcanzó la condición de Alférez Provisional y murió en la batalla del Ebro, en 1938.

Manuel Mena tiene una calle en su localidad natal, Ibahernando, Cáceres. Es un militar falangista y posteriormente franquista. Su caso entra de lleno en la aplicación de la ley de la Memoria Histórica. No hay interpretación. Su nombre debería ser retirado del callejero.

Mas, si uno lee la novela, comprenderá que Manuel Mena tenía 16 años cuando estalló la guerra. Vivía en un pueblo pequeño de Extremadura, la comunidad con más analfabetismo y menos formación de país, donde llegó información sesgada, información de un solo bando, acaso. Llevado por el fervor juvenil, combatió en varios frentes y fue herido al menos en cinco ocasiones.

En uno de los capítulos más brillantes de la novela, Manuel Mena charla con su familia, y uno de sus hermanos le recuerda lo glorioso de los ideales por los que lucha, el servicio que hace a la liberación de la patria y demás monsergas que se llevaban entonces, inciertas la mayoría, elevadas a categoría de mito otras, parciales casi todas. Entonces, Manuel Mena, que ya había comprendido que no hay nada de heroico en la guerra ni en morir por una patria o por unos ideales, ante la insistencia de su hermano en que podría ya volver a casa, le revela que no lo hará, pero no porque crea en una causa que no es la que le vendieron, sino por el simple hecho de que si él vuelve, su hermano sería llamado a filas.

Entonces uno, tras la lectura de la novela, reflexiona. Coincido con un artículo del autor, publicado hace unos años en el que indica que, siendo malos ambos bandos de la guerra, habiéndose cometido atrocidades por todos, sí hubo un grupo que defendía la legalidad y otro que se alzó violentamente contra ella. Este es otro hecho innegable que debemos somatizar si queremos superar conflictos.

Dicho esto, no sé si hay que retirarle la calle en Ibahernando (Cáceres) a quien, desde el punto de vista legal, entra de lleno en la aplicación de la ley de memoria histórica, pero la literatura nos ha revelado que no era sino una víctima más de un conflicto, con miles de circunstancias culturales, locativas y culturales que no se pueden ni se deben olvidar. La ley no pondera circunstancias. Y ni siquiera sé si es momento de hacerlo. Es probable que sea el único modo de hacer justicia con lo que ocurrió, pero sinceramente es una cuestión tan profunda que se me escapa el criterio correcto para no errar.

La opinión y la conclusión se la dejo a ustedes, sin duda más sabios que uno. Y la recomendación de la novela, también.

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UNA VIDA SIN ETA
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Iván de Santiago González | 21-03-2017 | 07:58| 0

UNA VIDA SIN ETA

 

            El pasado sábado, un día después de que la banda terrorista que ha asolado este país durante cuatro decenios anunciase que, vencida, exhausta y arrinconada por los ciudadanos y la justicia, entregaba las armas, llevaba a mi hija pequeña a un cumpleaños. Allí, en una charla informal con los niños y niñas que compartían fiesta con ella, se me ocurrió preguntarles, ante las miradas extrañadas de alguno de su padres, si sabían lo que era ETA.

Tienen entre siete y ocho años, y eran doce niños. Ninguno supo decirme qué era o a qué me refería. Salí del Palacio de los niños feliz, sabiendo que ellos tendrán otros problemas, pero no uno que padecimos muchos de nosotros, y que ahora, por fin, se acaba.

            Es lugar adecuado éste para que reflexionemos juntos sobre el daño que nos han hecho, el miedo que han infundido, lo tantísimo que nos han arrebatado y lo mucho que podrían haber logrado si no fuera porque tuvimos la suerte de mantenernos firmes y tener unos gobiernos que siempre supieron que no podía darse un paso atrás. Hay episodios que nunca se nos quitarán de la piel. Personalmente, recuerdo a mi madre, una extenuante tarde de verano llorando a lágrima viva frente al televisor mientras miles de personas se manifestaban y, al mismo tiempo, sabían que dos malnacidos habían pegado tres tiros a Miguel Ángel Blanco.

            Pero no les demos más espacio. No lo merecen. Son Historia. Pasado y del que debemos olvidar. Si queremos saber algo de lo mucho que se ha pasado, me permito recomendarles vívidamente la última novela de Fernando Aramburu, un vasco de lo que ha sabido contar sin miedo y a riesgo de la propia vida, cuanto se ha vivido en algunos rincones de Euskadi. Su título es “Patria”  y es excepcional. O, ya en un atrevimiento personal y en absoluta primicia, invitarles a que lean mi próxima novela, llamada “Allá donde estés” , que en apenas 3 semanas estará en las librerías y que, si bien tiene como temática fundamental el expolio de arte nazi, trata abundantemente sobre el conocido como “impuesto revolucionario” que se recaudaba para seguir manteniendo a los asesinos. Algo aportamos, humildemente, al conocimiento de este modo de extorsión.

            Ya les digo, el triunfo ha llegado a base de constancia y ahora solamente nos queda agradecer a cuantos se han jugado tanto por nosotros. Y contar alguna cosa que nunca se pudo saber. Y yo les cuento hoy una de esas que eriza la piel.

En la casa de un doctor ovetense eminente comíamos hace unos años, con uno de sus cuñados, vasco de nacimiento, devoción y orgullo, que había sido alto cargo de un partido político de los que se denominan “españoles”. Un verano, regresaba de Mallorca con su familia, y aterrizó en Sondika a media mañana. Cuando encendió su teléfono móvil, tenía varias llamadas perdidas de un número desconocido, que no más tarde de diez minutos, le volvió a llamar.

            Era el Secretario de Estado de Seguridad del Gobierno de España. Le preguntó dónde estaba. Al informarle que en el aeropuerto, le dijo que no se moviera, que dos agentes llegarían en unos minutos y le rogó que cogiera el mismo vuelo que acababa de dejar, en dirección contraria. Según me dijo, en aquella época no se pedían explicaciones, porque casi nunca eran agradables.

            Se volvió a Mallorca y hubo de estar allí otro mes. No era un mal destino, me decía, pero estaba en un hotel que nadie sabía, mis padres y mis suegros nos preguntaban dónde estábamos y porqué no regresábamos, y no podíamos contar nada.

Cuando, meses después, salió a la luz una de las famosas “listas” de ETA, este amigo mío era el número dos en los objetivos de la banda terrorista. El viernes le llamé. Le di las gracias por lo mucho que ha hecho por nosotros, y le invité a comer unes “fabes”, que le encantan. Hace años que vive en Madrid. No le mataron, pero acabaron echándole. Como a tantos.

Ahora, los niños que celebran cumpleaños, leerán estas líneas como un cuento del abuelo cebolleta. Y, sinceramente, me alegro much

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Abogado y escritor. Grafólogo. Presidente de la Sociedad Asturiana de Grafología. Profesor de la Escuela de Práctica Jurídica y del Máster en Abogacía de la Universidad de Oviedo. Autor de cinco novelas publicadas y ganador de varios premios de relato. Exconcejal del Ayuntamiento de Oviedo en el período 2007-2011.