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MEMORIA HISTÓRICA Y LITERATURA
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Iván de Santiago González | 23-03-2017 | 17:20

MEMORIA HISTÓRICA Y LITERATURA

 

            En alguna ocasión hemos hablado de la memoria histórica. Es un debate diario el cambio de denominaciones de las calles. Es una cuestión ideológica y extrema. Me refiero a que las posiciones son irreconciliables, como ustedes saben, y la cuestión es cruenta. Yo ya he dicho cuanto tenía que decir al respecto ,y les prometo también que creo en el derecho de quien gobierna a hacer lo que estima. Es la legitimidad de la democracia. No gusta cuando no se gana, pero el deporte, la vida y la democracia son así. Ganadores y perdedores. La victoria o la derrota duran una semana, cuatro años o una vida, dependiendo de cada caso.

Bien, quiero hoy compartir con ustedes, del mismo modo que recomendarlo vivamente, el último libro de Javier Cercas, uno de los mejores novelistas actuales, a mi modesto entender. Se llama “El monarca de las sombras”. Cuenta la historia de Manuel Mena, tío abuelo del escritor. Se enroló en las filas rebeldes, alcanzó la condición de Alférez Provisional y murió en la batalla del Ebro, en 1938.

Manuel Mena tiene una calle en su localidad natal, Ibahernando, Cáceres. Es un militar falangista y posteriormente franquista. Su caso entra de lleno en la aplicación de la ley de la Memoria Histórica. No hay interpretación. Su nombre debería ser retirado del callejero.

Mas, si uno lee la novela, comprenderá que Manuel Mena tenía 16 años cuando estalló la guerra. Vivía en un pueblo pequeño de Extremadura, la comunidad con más analfabetismo y menos formación de país, donde llegó información sesgada, información de un solo bando, acaso. Llevado por el fervor juvenil, combatió en varios frentes y fue herido al menos en cinco ocasiones.

En uno de los capítulos más brillantes de la novela, Manuel Mena charla con su familia, y uno de sus hermanos le recuerda lo glorioso de los ideales por los que lucha, el servicio que hace a la liberación de la patria y demás monsergas que se llevaban entonces, inciertas la mayoría, elevadas a categoría de mito otras, parciales casi todas. Entonces, Manuel Mena, que ya había comprendido que no hay nada de heroico en la guerra ni en morir por una patria o por unos ideales, ante la insistencia de su hermano en que podría ya volver a casa, le revela que no lo hará, pero no porque crea en una causa que no es la que le vendieron, sino por el simple hecho de que si él vuelve, su hermano sería llamado a filas.

Entonces uno, tras la lectura de la novela, reflexiona. Coincido con un artículo del autor, publicado hace unos años en el que indica que, siendo malos ambos bandos de la guerra, habiéndose cometido atrocidades por todos, sí hubo un grupo que defendía la legalidad y otro que se alzó violentamente contra ella. Este es otro hecho innegable que debemos somatizar si queremos superar conflictos.

Dicho esto, no sé si hay que retirarle la calle en Ibahernando (Cáceres) a quien, desde el punto de vista legal, entra de lleno en la aplicación de la ley de memoria histórica, pero la literatura nos ha revelado que no era sino una víctima más de un conflicto, con miles de circunstancias culturales, locativas y culturales que no se pueden ni se deben olvidar. La ley no pondera circunstancias. Y ni siquiera sé si es momento de hacerlo. Es probable que sea el único modo de hacer justicia con lo que ocurrió, pero sinceramente es una cuestión tan profunda que se me escapa el criterio correcto para no errar.

La opinión y la conclusión se la dejo a ustedes, sin duda más sabios que uno. Y la recomendación de la novela, también.

Abogado y escritor. Grafólogo. Presidente de la Sociedad Asturiana de Grafología. Profesor de la Escuela de Práctica Jurídica y del Máster en Abogacía de la Universidad de Oviedo. Autor de cinco novelas publicadas y ganador de varios premios de relato. Exconcejal del Ayuntamiento de Oviedo en el período 2007-2011.