El Comercio
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Iván de Santiago González | 13-05-2017 | 07:50

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¡Hoy estamos de aniversario! ¿Cómo que se han olvidado? Bueno, no pasa nada. Es lo que ocurre en las relaciones largas. Y esta ya lleva más de seis años. Pero no se preocupen, que goza de buena salud y va para largo, o al menos eso espero. Es un detallito de nada, pero seguir levantándome con ustedes cada martes y cada sábado sigue siendo un lujo. Es la quingentésima ocasión en que me cuelo en sus casas, comparto el apresurado café del martes o el vermouth más relajado del sábado, y eso, se quiera o no, son muchas veces.

En estos años, algunas cosas no han cambiado. Mandaba Gabino y sigue mandando. Areces mandaba y sigue mandando. Están en otros lugares, pero el “statu quo” sigue siendo parecido. Asturias era entonces una región con bajos índices en casi todo y ahora mejora poco, pero seguimos siendo la aldea de Astérix y Obelix que se rebela contra las imposiciones. Acaso pobres pero honrados.

Otras sí han variado. En política, de la que hemos hablado mucho, hasta que un día convinimos que no merecía la pena hacernos mala sangre constantemente, han variado gobiernos municipales, ha mutado el poder en administraciones autonómicas e incluso a nivel del Estado. La corrupción sigue ahí, y por mucho que gritemos, difícilmente vamos a acabar con ella a corto plazo. Pero que no quede por la lucha diaria.

Hemos hablado de muchas cosas. Del Real Oviedo, que tantas ansias y esperanzas concita en aquella columna titulada “La novia que nunca olvidaste” que tan buena acogida y difusión tuvo. Hemos loado sin rubor a la Fundación Princesa de Asturias y criticado a sus críticos (permítanme el pleonasmo a riesgo de la cacofonía) y recibido algunos palos en redes sociales por algunas columnas como la titulada “¿Indignados?”. Sirvan ambas de ejemplo puntual, no exhaustivo, de cosas buenas y malas que han contenido estas crónicas, que siempre gustan a unos y disgustan a otros “por ser propio de la condición humana”, como decía D. Alonso Quijano.

Sobre todo hemos conversado de Oviedo, de esta ciudad que tanto orgullo y tantos disgustos nos causa a diario. Pero sobre todo, han sido esta quinientas columnas la crónica de lo que ha pasado, lo que ocurre y lo que vendrá. Porque se nutre de lo que ustedes me trasladan, desde la calle abandonada, al problema en el colegio, a la colaboración en un evento solidario, a ciertas dosis de humor al modo de Eduardo Mendoza (o de simple aspirante a serlo) que en ocasiones nos damos para quitar el agrio sabor férrico de algunas realidades que nos circundan.

Nos hemos despedido de muchos, que se nos fueron siempre antes de que lo esperásemos. Recuerdo especial hoy para Gerardo Herrero, fiscal del TSJA, que nos dejó un caluroso verano o para mi amigo César Figaredo, presidente de FEMETAL, cuya ausencia aún digerimos con dificultad.

Estos artículos, estas quinientas citas que hemos mantenido, mis queridos lectores, no son más que la demostración de que la prensa en papel tiene un futuro tan enorme como su pasado. Que nos sigue siendo imprescindible conocer qué pasa a nuestro lado, y que nos lo cuenten quienes lo han vivido, lo han padecido o lo han disfrutado. Desde quien nos deja a quien gana un meritorio premio. Desde un viaje a un lugar del que Oviedo tiene mucho que aprender a los mensajes a quienes deben conocer Oviedo, no solamente porque hay que conocer El Salvador antes que Santiago, sino porque la ciudad y la región lo merecen, y ofrecen tantas cosas que nos daría para otras 5.000 columnas como esta.

Quiero agradecerles su fidelidad. El hecho de que, tras tantas ocasiones en las que uno está más o menos acertado, tiene mejor o peor día, se le calienta la tecla con una injusticia o acaso no sepa transmitir aquello que pretende, sin embargo, ustedes estén ahora leyéndome una vez más.

Y quiero hacer una mención especial a EL COMERCIO. Son quinientas ocasiones. Cinco veces cien en las que he escrito con la más absoluta libertad sobre todo lo que he estimado. En ocasiones mejor y otras no tanto. En estos seis años y pico. En estas quinientas columnas, jamás se me ha modificado una línea, un título, una consideración. Jamás. Coincida o no con supuestas líneas editoriales o de negocio que algunos dicen que ahora marcan los medios. Eso no es lo que yo vivo.

Lo que yo vivo es la preclara voluntad de quienes hacen este periódico de que sea un espacio de traslado de todo lo que el humilde cronista que se dirige a ustedes estime, en el modo que sepa hacerlo y el deseo de que a ustedes les plazca. Eso, en un momento en que la prensa atraviesa un pantano cuya salida cuesta cada día un esfuerzo, es un exceso que se agradece cada vez que uno enfrenta su compromiso con ustedes.

Solamente me queda prometerles amor eterno. Es lo que se hace en los aniversarios, y hoy no podía faltar. Mientras EL COMERCIO siga honrándome permitiendo que traslade lo que ustedes mismos me cuentan, lo que me ocurre, lo que pensamos ambos o lo que deseamos que sea nuestra ciudad y nuestra región, aquí me tendrán, fiel a nuestras citas.

¡Por muchos años más!.

Abogado y escritor. Grafólogo. Presidente de la Sociedad Asturiana de Grafología. Profesor de la Escuela de Práctica Jurídica y del Máster en Abogacía de la Universidad de Oviedo. Autor de cinco novelas publicadas y ganador de varios premios de relato. Exconcejal del Ayuntamiento de Oviedo en el período 2007-2011.