El Comercio
img
LOS QUE AVERGÜENZAN MI CAMISETA
img
Iván de Santiago González | 30-05-2017 | 15:03

LOS QUE AVERGÜENZAN MI CAMISETA

 

Verán que he estado calladito toda la temporada futbolística. Como usted, como tantos, hemos visto lo que ha ido ocurriendo, contento algunas veces, prudente otras, expectante las más de ellas. Muchos domingos apretando los dientes, y muchos lunes intentando que comenzase rápida la semana para olvidar que al Real Oviedo, en Soria, en Almería, en Zaragoza, o fuera donde fuera, le habían vuelto a ganar, y generalmente por goleada.

Luego llegaba el domingo siguiente, se nos engatusó con alguna victoria, se nos mantuvo con el palo y la zanahoria, se nos dibujó alguna promesa. Y, como resulta que la fe es, por encima de todo, creer aquello que no se ve, seguimos teniendo fe.

Y así se nos ha ido el año una vez más, entre promesas y falsas esperanzas. Y todo se acabó el pasado domingo, cuando los farsantes a quienes les entregaron mi camiseta, nuestra camiseta, no pudieron prorrogar más sus mentiras, porque se vieron incapaces de seguir aplazando su falsaria conducta, la perpetua de todo el año. La que nos ha ido embaucando durante nueve meses para poder justificar sus millonarios salarios.

Y es que ha habido unos tipos a quienes les han dado nuestra camiseta, amigos oviedistas, y la han deshonrado de un modo palmario. Iban comandados, la panda de incapaces a quienes se les puso en sus piernas el orgullo de representar a esta ciudad, por un novato en la categoría.  El jefe de esta pandilla era un andaluz que no había jamás logrado nada, y al que pusieron al frente de un grupo que, entre otras cosas, se había cargado a un buen hombre el año pasado solamente porque osó ponerles a trabajar y les dijo que más entrenar y menos hablar. Que hablan los políticos o los periodistas, los futbolistas corren.

Estos individuos, que tienen por trabajo lo que para usted o para mí sería solamente motivo de orgullo, vestir la camiseta del Real Oviedo y poder saltar al Carlos Tartiere, o allá donde sea, a dejarse la piel por el equipo, sin embargo, no han sabido dignificar lo que representan. Quizá ni siquiera lo comprendan. Muchos de ellos tocan para este grupo la batería, pero mañana tocan las maracas en otra banda, y, si la cosa se pone fea, compran una gaita y hacen bolos en las fiestas de prao. Es lo que significa ponerse al servicio de un equipo por unas monedas. Llevamos dos mil años de mercenarios, y ahora los tenemos bien cerca.

Ninguno de ellos merece llevar la camiseta del Real Oviedo. Ninguno de ellos, desde el entrenador hasta el último de los que apenas ha ido convocado, se ha hecho acreedor no de nuestro respeto, sino de nuestro saludo. Lo que necesitan es curarnos de lo que nos han hecho. Y la cura solamente es posible mediante la purga que otorga el alejamiento.

Todos los que les hemos padecido, los que el pasado domingo, a eso de las 22 horas, solamente queríamos encerrarnos en una habitación o en un baño para llorar por todo lo que ustedes no han hecho, por el terrible daño que nos han hecho, les despreciamos profundamente.

A ustedes no les importará, porque les van a pagar la ficha igual. Pero yo me quedo mucho más satisfecho diciéndoselo. Muchos no dormiremos algunas noches, hasta que somaticemos que hasta junio del año que viene no podrá hacerse nada. Con que ustedes no duerman un par de ellas, para mí, suficiente. Y si el resto las duermen lejos de Oviedo, mucho mejor.

Abogado y escritor. Grafólogo. Presidente de la Sociedad Asturiana de Grafología. Profesor de la Escuela de Práctica Jurídica y del Máster en Abogacía de la Universidad de Oviedo. Autor de cinco novelas publicadas y ganador de varios premios de relato. Exconcejal del Ayuntamiento de Oviedo en el período 2007-2011.